Capítulo 1 de Gustos de una escritora, de May

Gustos de una escritora I

Maritza es una escritora conocida, lo sabía; había creado un sinfín de libros, había roto con las expectativas de su editora, aunque eso significaba que jodiese más. El nuevo desafío además de los malditos tiempos de entrega esta vez, era crear algo nuevo, algo que te hiciese sentir cosas. ‘’Simplemente haz lo tuyo’’ Le dijo Yasna antes de cortarle la llamada muy animada. Ella quería algo erótico, se preguntaba de donde carajos sacaría algo nuevo. Últimamente… ya nada le hacía sentir lo mismo, tampoco las relaciones humanas eran una prioridad.

¡Falta algo! Tal vez … ¡Experimentar! Algo que la inspire a crear nuevas historias y que los lectores puedan estar en el mismo lugar que ella.

Piensa pervertidamente en esa posibilidad…

‘’Hoy será un día diferente’’ se dice a mí misma, un momento de locura, un buen rato antes de encerrarse de nuevo en su escritorio sumergida en las ideas e historias que describe en cada hoja con tanta dedicación y amor.

Maritza

Es por eso por lo que ¡vine a cazar!

Sonrío quedamente viendo la entrada de un local conocido por su bohemia, extravagancia, cuero, cuerdas y público gay. Justo lo que necesito. Mi local favorito, donde dudo que mis lectores puedan encontrarme y donde nadie me conoce…. excepto tal vez la que sirve los tragos.

Viendo en la fila tanta extravagancia. Mi atuendo, jean y top negro, son al menos aceptables.

Al entrar, la tenue luz rojiza y azulada permite saber por dónde vas, la dura y oscura melodía no acalla por completo los gritos y gemidos, el sensual y llamativo sonido del choque entre dos cuerpos, el contacto del cuero, la madera, las cuerdas… contra la piel. Los movimientos de las siluetas, algunas se balancean lentamente, ya sea colgados o sobre algún ser afortunado.

Pero mi objetivo por el momento no es ese, estoy buscando a la persona perfecta para mis fantasías. ¿Cómo lo sabré?

—Sorpréndeme —digo entre dientes.

Me siento frente a la barra y pido un par de cortos fuertes a la bartender, cuando el líquido quema mi garganta, observo de reojo algún juguete nuevo, una mujer con aspecto intimidante y serio me mira con fiereza, se la devuelvo con creces. No, no busco alguien así, que me domine, este no es mi juego, busco a alguien diferente. Sigo mirando mientras un par de chiquillas a mi lado me joden la vista.

—Un gin tonic, por favor −Escucho. La joven de la barra se pone manos a la obra y miro de reojo a dos chicas, apenas las luces dejan entrever el cabello claro de una, la que pidió, alta y delgaducha y el más oscuro de su acompañante. Bebo un poco, se ven jóvenes, la segunda es algo más baja, tiene un traserito adorable.

Como si sintiese mi mirada la más pequeña me mira frunciendo el ceño.

La miro de mala manera.

Se acerca.

— ¿Y tú que me ves? —pregunta. Su tono es rudo, aunque su expresión no. Tiene un rostro juvenil, el cabello teñido de rojo y una pequeña argolla plateada adorna su ceja izquierda.

— ¿Qué parece que estoy mirando? −Respondo.

La mesa donde sirven los tragos… tu culo se cruzó.

— ¿Hablar no es lo tuyo eh? —Me mira burlona. —Me parece que te he visto en alguna parte. —Escruta mi rostro.

—Pues, espero que haya sido bueno —Bebo lo que queda de mi vaso.

Para mi sorpresa se ríe, su amiga nos mira con curiosidad, sin embargo, decide que no valemos la pena porque vuelve su atención a la chica de la barra.

—No huele a que te relaciones mucho con chicas. —Escucho nuevamente su vocecilla jodedora.

Lo peor es que ha acertado, generalmente voy a lo que voy. Pero mis escritos, son pura creatividad.

—Se te está yendo la chica —Comento viendo a su amiga muy interesada en conversar con la señorita que sirve, la que, a su vez, trata de hacer menos contacto visual y de servir a los clientes.

—Nah, ya estaba interesada en ella, yo la acompañé por curiosidad.

—¿Ah sí? Eso es bueno para empezar… —Nos miramos a los ojos por unos segundos, es intrépida. Vuelvo mi atención a la mesa, recibo otro trago. Al menos esta chica puede hacer dos cosas a la vez…— ¿Qué hay con eso?

—Simple curiosidad. —Dice nuevamente con inocencia fingida.

Río de buena gana.

—Así se empieza.

— ¡Tú risa! ¡Lo sabía! −Exclama emocionada. Frunzo el ceño al igual que su acompañante y su futura conquista.

Realmente esta chica no encaja mucho aquí… ni conmigo.

— ¡Eres la escritora!

Hago una mueca, casi boto el alcohol. La razón por la que vengo a estos lugares es disfrutar de la clandestinidad, es decir, se supone que acá no viene el tipo de gente que pide que firme sus libros, tan sobrios y educados. Miro de reojo a un tipo con mascara de perro y semidesnudo, ir por una pelota.

—Interesante. —Digo. Aunque por dentro estoy con tragedia.

Ella ríe.

—Luces como si estuvieses siendo descubierta. ¿Esta es tu otra vida o algo por el estilo?

—Tienes mucha personalidad. —Me indigno —Ya déjame en paz —No me gustan jodedoras.

— Pero ¿cómo nos vamos a conocer si no me hablas de ti?

…

— ¿Me das tu autógrafo? —Pregunta

— ¿Acaso trajiste un libro aquí? —infiero burlona.

—No, pero estoy yo. —Responde con seriedad.

La quedo mirando, así que la pequeña tiene agallas.

— ¿Cómo te llamas? —pregunto.

—Scarlett— Responde ella.

Doy un gran trago y carraspeo.

− ¿Y tu edad?

−Veintidós.

Lo pienso un poco. Es algo atrevida, pero me gusta su actitud.

— ¿Y tú? Pregunta.

—Treinta —Respondo.

—Hmm —Escucho un tonito agudo y casual. —Me gusta que seas mayor.

Pequeña morbosa.

— ¿No vas a abandonar a tu amiga verdad? —Digo en un tonito que pretende ser de reprimenda.

— ¿Quieres que lo haga? Hemos venido juntas, pero ella está bastante entretenida. —Comienza a besarse con la chica de los tragos.

Las quedo mirando indignada, genial, me quedé sin licor. ¡¿Qué pasa con este lugar?!

—Vaya —Solo puedo decir.

— ¿Entonces?

—Ven conmigo —Camino hasta una zona algo más iluminada del pasillo, me giro y le doy una repasada rápida. Es algo baja, sus oscuros ojos viajan por mi rostro.

Solo por el gusto de molestar, me acerco algo veloz a un palmo de su cara. Apenas retrocede, pero me queda mirando casi sin respirar. Mira mi boca y mis ojos con sorpresa por un segundo y luego entrecierra los suyos desafiante.

¡Que dulce!

Eso me gusta.

—Dime una cosa… —Paso mi brazo por su hombro y la giro un poco— ¿Tienes algo de experiencia en esto? —miramos al escenario detrás de ella. Un joven de collar oscuro está siendo sujeto por su ama a la cruz de San Andrés.

Se queda en silencio.

—Un poco…

−Nada ¿verdad? ¿Quieres jugar un rato? —Pregunto inocente como si de ir a jugar a las muñecas se tratase.

A pesar de su silencio, puedo imaginar cómo trabaja su mente pensando los pro y contra de esta situación.

Como lo imaginaba… curiosas.

—Está bien —Responde.

Miro a mi alrededor, aquí está todo lleno, de hecho, hoy está malditamente lleno.

—Ven conmigo. —Sugiero no creyéndome que intento llevarme a esta extraña a mi casa para jugar a solas.

—¿A tu casa? No lo sé, ¿usarás esas geniales habilidades sociales?

—Solo di que sí —Gruño.

—Sí —Dice.

La miro satisfecha con la respuesta.

—Di ‘’sí, por favor’’.

—Sí, por favor —Repite obedientemente, se balancea algo nerviosa en su posición.

Sonrío.

—Ven. —Digo acariciando su mano, unos delgados dedos acarician los míos hasta aferrarse a ellos.

El calor se acrecienta en mi interior.

Me gusta.