Capítulo 2 de Gustos de una escritora, de May
Gustos de una escritora II
La llevo a mi hogar, la ventaja de vivir en el centro es que no nos tardamos demasiado en llegar.
— ¡Vaya! —Exclama al pasar del cuarto de estar a la gran habitación, ve con curiosidad los cuadros, juguetes y simples adornos con alusión a la sexualidad.
— ¿Quieres probar alguno? —Ofrezco burlona.
—Yo nunca… —Mira con curiosidad mi mobiliario, en especial un carpintero en donde unas cadenas se desprenden por los lados.
— ¿Te gusta ese? Solo debes apoyar tus rodillas —bajo la voz inclinándome un poco y acercándome a su oído — y veremos de qué estás hecha.
— ¿Te vas a ensañar verdad? —susurra girándose hacia mí, no me aparto y ella tampoco. Bajo la mirada a sus labios, me inclino y dejo un lento y delicado beso sobre ellos. Me sorprende acercando su boca a la mía, sus labios son tibios y suaves…
—Haré que lo pases bien —prometo al separarme —Siempre y cuando seas obediente.
— ¿Y si lo hago mal? —Dice en un hilo de voz.
—Entonces serás castigada. —Finalizo. —Vienes a servir… —Un juego de palabras en donde de cualquier manera lo pasará bien… si le gusta divertirse como a mí.
Un sonido indescifrable sale de su garganta. Entre sorpresa y excitación.
Creo que he estado subestimando mucho esta noche a mi nueva fuente de diversión…
— ¿Cómo se dice?
—Sí… por favor —murmura.
Evito morderme el labio.
− ¿Te vestirás acorde a la situación? −me da una miradita hambrienta, trago saliva.
Sigue siendo una preguntona, pagará por eso. Pero es una pregunta que no esperaba… y me gusta.
−Oh, esto te parece poco ¿verdad? −digo burlona. −Espera aquí.
Aunque hoy no fuese con el mejor dress code al local, yo también tengo mi pequeño arsenal. Visto con unos botines altos, unos pantalones de cuero y para el torso… lo pienso un par de segundos mirando la ropa. Algo de látex, algo de cuero, un poco de vinilo, no ¡cadenas! Visto un arnés de pecho.
Me miro al espejo, lo bueno de cambiar de aspecto es que vives otra versión de ti mismo.
‘’La pasión tiene muchas caras’’ leí una vez.
Me acerco a ella, me mira de arriba abajo sorprendida.
Tan sorprendida que me pregunto si me pasé de directa.
Scarlett
Vaya, la semana pasada firmaba autógrafos de oficina y ahora esto
¡Increíble!
Jamás pensé que podría encontrarla en este lugar, o sea, tal vez sí… por los rumores que había escuchado sobre ella, pero ¡jodida madre! Maritza... estaba frente a mí, me resultaba mucho más hermosa de lo que había visto en fotos, mi mente solo maquinaba que se sentirá recorrer su cuerpo con mi boca, hacer realidad todos aquellos escritos que había leído. Gracias a sus historias había tenido fantásticos orgasmos y por ella estaba aquí, experimentando algo que solo pensé estaría en mis fantasías más personales.
Mi curiosidad cada vez crece un poco más ¿se sentirá placer en el BDSM? será cierto o simplemente son patrañas para vender historias calientes.
Trato de mostrarme segura, aunque no tengo idea de cómo irá a terminar esta noche. El primer beso que recibí por parte de Maritza me calentó. ¿Será por el ambiente? ¿por su vestimenta o su cuerpo? por aquella voz con la cual me habla tan sensual e imponente a la vez.
—¿Es tu primera vez? —es lo primero que me pregunta mientras desliza su mano por mi torso.
Si hablo siento que se me escapara algún ruido por lo excitada que me estoy sintiendo, así que solo asiento.
—Me gusta que me respondan—corrige tomándome del cabello, jalándolo suave y firmemente.
—Sí—respondí jadeante.
—¿Y sabes lo que implica? — habla cerca de mi oído—Si aceptas debes obedecer mis órdenes, confiar en mí en todo momento.
—Sí—Suspiro.
—Arrodíllate—vuelve a hablar. Poso mis ojos en los de ella y siento como si fuesen dos esferas llenas de fuego queriendo encender mi cuerpo.
Termino haciendo lo que me pide, estoy arrodillada a su merced, se acerca y lleva sus dedos a mi boca. Por inercia la abro y lentamente comienzo a lamer sus falanges, veo un atisbo de satisfacción y placer en su rostro mientras yo no paro de succionar sus dedos.
—Te gusta. ¿Quieres más? —pregunta
—Sí, por favor—hablé en lo que pareció más una súplica que mi tono habitual.
—Desnúdate—exige. Mientras lo hacía, se dirige a uno de los cajones que estaban cerca de la cama. Tenía mucha curiosidad de qué usaría para jugar conmigo.
La vi caminar frente a mí con una venda color negro.
—Vamos a ver—se relamió el labio al tiempo que escaneaba mi cuerpo desnudo frente a ella.
Me toma de la mano y llevándome más hacia el centro del lugar, sostiene la venda y cubre mis ojos.
Ahora estaba a oscuras, con mi cuerpo en ebullición deseando que me hiciera suya para poder explotar todo esto.
—Tienes prohibido correrte, lo haces y se termina todo—sentencia cerca de mis labios. Trague saliva al escucharla. Puedo sentir su caliente respiración.
Maritza
Como no me responde deslizo mi larga y oscura fusta de cuero por su piel y con velocidad dejo una delgada línea roja entre sus pechos. Escucho un ruidito de sorpresa luego del chasquido.
—Sí… —Antes de que diga nada le dejo otro trazo rojizo sobre su muslo. Esta vez escucho un gritito de dolor.
—‘’Sí, ama’’. —le indico con voz firme y clara. Me gusta su piel, es suave, golpeo su estómago solo por el placer de ver ese hermoso lienzo escrito por mí.
—Sí, ama —Repite.
—Muy bien —digo complacida. Levanto su mentón y rodeando su cuello con mi mano lo aprieto. Me acerco a su oreja.
—Dejaré algo que te hará lucir hermosa. —Tomo un collar rosa sujeto por una cadena y lo coloco en su cuello.
— Siéntate. —Ordeno sintiéndome muy caliente al verla así, tan vulnerable y obediente. Ella se sienta y me desabrocho el pantalón.
Scarlett
Me siento vendada sobre la madera, y escucho un ruido de cremallera bajar, siento la saliva acumularse en mi boca.
Empiezo a sentir sus pasos acercarse hacia a mí, a la expectativa de lo que me hará. Coloca su mano en la parte posterior de mi cabeza llevándome hacía adelante, aspiro su olor. Muero de ganas de probarla.
—¿Quieres ser una buena gatita? —ronronea poniéndome los pelos de punta por su tono de voz.
—Sí, ama—contesto de inmediato.
—Te dejaré que me comas el coño.
Sin esperar más me abalanzo a su zona, pero me detiene de inmediato.
—No tan rápido. Acuéstate—exige y yo solo obedezco.
Al tener los ojos vendados todo se siente con mayor intensidad, no sé qué esperar de mi ama. De repente tengo la sensación de que hay algo cerca de mi rostro, no me atrevo a tocar espero sus indicaciones, pero sé de qué se trata es el mismo olor.
—Ahora sí es todo tuyo—vuelve a hablar.
Acerco mi boca a su centro, se inclina un poco más, de esta manera tengo mejor acceso, lamo sus labios menores con delicadeza rozando todo lo que mi lengua permita, logro escuchar como empieza a gemir y mueve sus caderas sobre mi rostro.
Mis manos presionan su trasero con fuerza, intentado hundirme más en ella, tomo su clítoris en mi boca y empiezo a succionarlo.
—Eres una gatita muy buena lamiendo, demuéstrame todo tu potencial—gime.
Sus palabras hacen eco en mí y en mi centro, me calienta que me hable.
Con la libertad que me ha permitido, llevo uno de mis dedos a su interior y empiezo a moverlo en círculos, sé que esto no es suficiente para ella, decido agregar dos dedos más, escucho un gemido fuerte que brota de su garganta. Solo puedo imaginar su rostro lleno de excitación, mezclado con el sudor de su cuerpo.
Una diosa completa.
Continúo hundiendo mis dedos en ella, mientras mi lengua juega con su clítoris, sus caderas empiezan a moverse con frenesí.
—Más duro, falta poco—habla con la voz entrecortada.
Aumento la velocidad arqueando mis dedos lo suficiente para tocar los suaves pliegues que la hagan explotar, unos minutos más y empieza a convulsionar sobre mí, apretando mis dedos en su interior.
Siento un líquido caliente correr por mis dedos, que delicia de mujer.
—Sin duda, eres una buena putita—golpea mi mejilla sonriente. —Ahora encárgate del desastre que has hecho. Si no dejas limpio te dejaré el trasero ardiendo por semanas. —Le advierto.
Abro sus labios y empiezo a lamer cuidadosamente tratando de quitar todo rastro que haya quedado, al estar vendada creo que mis demás sentidos han mejorado o me he visto en la necesidad de que sea así.
Con mis dedos voy corroborando que todo quede impecable. Me tomo varios minutos, esperando a que sea de su agrado. De un momento a otro siento su carne húmeda sobre mi lengua mojarme más y escucho un sonido gutural de satisfacción.
Toda mi buena obra echada a la basura.
Libero un quejido, mis cejas se arquean, estoy mojadísima, y ella únicamente se levanta, dejándome acostada con su ausencia, esto me está excitando y no he recibido atención.
Como si mis pensamientos libidinosos fueran un castigo, siento un líquido caliente sobre mis pechos, siento el olor de las velas y una fuente de calor sobre mí.
Espero que sepa lo que hace.
—Quiero que estés acá —susurra Maritza con una voz interrumpida por su respiración. —¿Confías en tu ama verdad?
—Sí, ama— respondo.
—Entonces apoya las rodillas y manos al suelo como la perrita que eres —No puedo verla, pero puedo imaginarla sonreír.
Lo hago y empiezo a sentir el calor por mi espalda, mi trasero, mis piernas… seguido por un intenso frío que me hace chillar. Cuando desliza lo que parece ser hielo por mi trasero libero un gritito. ¡Esa zona estaba muy caliente!
—¿Eres una sumisa resistente? —escucho su voz excitada nuevamente. Me excita pensar en que soy capaz de provocar eso en ella.
Acerca su cuerpo a mí y me sonrojo al sentir su torso en mi espalda, sus pechos… la cadena tirando del collar en mi cuello que a su vez presiona contra mi piel. Me cuesta respirar, pero me lo permite si afloja el brazo.
Entreabro la boca al sentir sus manos moverse suavemente por mi trasero hasta llegar a mi ano y acariciarlo con delicadeza.
—¿Tienes ganas verdad? —susurra.
¡Yo pocas veces he hecho esto…!
—Yo no tengo… mucha práctica...—los nervios se apoderan de mí.
Siento un golpe fuerte de su mano en mi nalga derecha, el ruido de su palma resuena en la habitación junto con un sonido gutural que escapa de mi garganta.
—Responde lo que te pregunto —dice lamiendo mi oreja. Hace que me ponga de pie y en lo que doy un par de pasos me empuja hacia delante hasta tropezar y caerme con sorpresa a sus piernas.
¡Mierda me ha dolido!
—Mi esclava no es obediente —susurra provocando tristeza en mí.
Al sentir el primer golpe de algo duro en mi trasero libero un gritito. Me golpea nuevamente, así dos y tres veces más. Es madera, estoy segura.
Comienza a arder, pero a la vez no puedo negar que mis fluidos se incrementan en mi coño.
—Silencio —Ordena.
Aprieto la boca, siento mi rostro rojo, acalorado, lágrimas afloran de mis ojos. Otro golpe, otro y otro, no emito sonido alguno, dejo estar los gritos de dolor en mi boca y acallarlos con fortaleza.
Nunca en mi vida había experimentado algo como esto, cualquiera que me conociese, se moriría si viese lo que estoy haciendo; sin embargo, ahora solo quiero que mi ama disfrute.
—¿Cómo te has portado? —Pregunta.
Siento miedo de responder, un paso en falso y la decepcionaré. Pero sin duda… sería peor no hacerlo.
—Mal, ama —Respondo. —Gracias por su castigo. —Trago saliva esperando haber dicho lo correcto.
—¿Y qué mereces? —esa pregunta puede ser peligrosa, pero no dudo en responder.
—Lo que ordene para satisfacerla. —murmuro apretando el estómago sobre sus piernas.
—Muy bien —me dice. Vuelve a hacerme cariño en el trasero, duele un poco por los golpes anteriores, pero se siente extrañamente bien.
—Me esforzaré, ama —Respondo pensado en si hará lo que estoy pensando.
—Eso espero —murmura haciendo que me arrodille en el suelo.
Toma mi cabello y hace que tenga que apoyar mis manos, levanta mi trasero y con delicados círculos, sumerge un dedo en mi interior.
Me toma por sorpresa y dudo si me gustará que lo haga, sin embargo, me dejo hacer lo que ella desee.
Solo quiero satisfacer a mi ama.