Capítulo 1 de Fernanda y Sandra, de brity

Especial

Fernanda.

—Si papá, voy en camino —Digo al teléfono, tomo mi abrigo y me dispongo a ir a la puerta. Miro la pantalla de mi móvil, dejo en espera a mi padre jodiendo por el trabajo y respondo la otra llamada. —Si amor —Miro la hora — nos vemos hoy ¿pasó por ti?

—Trabajamos en el mismo lugar —Escucho su risa. Sonrío.

—Iré a tu piso a buscarte, vamos a comer.

—Nos vemos cariño, te dejo que me están llamando otra vez. —Corta.

Cambio la llamada.

—Si lo escuché Dr.—digo antes de que me hable— Nos vemos —corto también.

Mi novia es matrona, trabaja en el mismo lugar que yo, aunque rara vez nos vemos. Habitualmente estoy con otros profesionales en el quirófano. Hoy, como buen lunes, apenas tenemos tiempo para una llamada. Por mi parte el fin de semana estuve documentándome sobre nuestro paciente de hoy, descansaría un poco de los libros pero acorde a la responsabilidad y sobre todo por mi padre, quién es un severo y exigente doctor en quirófano (y un adolescente cuando no) prefiero dar lo mejor de mí.

Tengo buenas relaciones con él, sabe que soy lesbiana, de cualquier manera, sería un idiota si pensase que no lo soy, soy la bollera de revista y el solo tuvo que fingir sorpresa cuando me animé a contarle que tenía una novia. Le doy una última mirada a mi corto cabello, unos ojos azules cansados me devuelven la mirada del espejo, me coloco mi largo abrigo y me subo al auto.

Trabajo, novia, padre, carrera, amigas, bar… es suficiente para mí con todo esto.

Conduzco aproximadamente veinte minutos y evitando aglomeraciones llego al hospital. Mi padre es un celebre médico, muy conocido. Su padre también… y desde luego, también me esfuerzo para serlo. Aspiro a ser como ellos.

—Como estás hija—Saluda papá tocando quedamente mi hombro.

Mira el trasero de una enfermera de reojo. Por suerte nadie lo nota, pero yo sí.

Bueno, justamente eso no aspiro a ser.

—Papá —Gruño. Odio eso de él.

[…]

Recibo el instrumental de la arsenalera, una gota me cae por la frente, apenas estamos empezando y ya esto está... debo tener cuidado…

—Dr… —escucho a mi lado la voz femenina de alguien. Me concentro en lo que tengo que hacer e ignoro a mi padre haciendo de las suyas.

—Buenos días, Sandra… —Lo escucho mientras hago mi trabajo, decido ignorarlos a todos y ser solo el equipo, el paciente y yo.

Sandra.

Hablamos del paciente con el Dr. Adrada, me parece un profesional muy experimentado y sabio, eso hasta la parte donde se pone a mirar chicas como un chiquillo, es un hombre de cabello canoso que probablemente algún día será completamente blanco, ojos azules y una altura que intimida un poco.

Mientras tomo nota, vemos como un grupo de doctores más jóvenes trabajan, sus miradas apenas se apartan del paciente, murmuran.

Paso la mañana trabajando sin parar y apenas tomándome un descanso rápidamente conozco gran parte del complejo, de cualquier manera, es enorme. No tan grande como un hospital Edwards, pero con una basta cantidad de pisos.

Antes de salir recibo un mensaje de mi novio.

‘’Te espero afuera’’

Sonrío y cierro mi casillero. Al salir del hospital lo encuentro de pie al lado de unas bancas, camino rápido hacia él y sonrío.

—¿Y esto? —Miro la botella de vino que tiene en su mano.

—Hoy cumplimos dos años —Dice sonriente. —De camino hasta aquí pensé ‘’ Debo comprar algo para celebrar con mi linda noviecita’’ Me río, David siempre tan casual. Nos hicimos amigos en la universidad, mi madre lo adora, a los 26 años pensé ¿por qué no? Y hemos ya cumplido unos lindos, felices y tranquilos dos años juntos.

No podría ser de otra forma, pienso en lo afortunada que soy, mi brazo se agarra del suyo.

—Vamos.

Fernanda.

—Debiste verme—Digo fascinada. Hasta papá reconoció mi buen trabajo.

— Siempre has sido muy lista, que esperabas. —Sonríe Daniela, toma mi mano. —¿Nos vamos?

Hemos estado juntas apenas unos meses, nos conocimos en una fiesta y descubrimos que trabajábamos en el mismo lugar, después de los esfuerzos por coincidir en los pasillos, todo salió bien y comenzamos a salir.

Dani tiene el pelo castaño, rizado, sus ondas caen más claras bajo sus estrechos hombros, es algo más baja que yo. Es una persona agradable, culta y sincera.

—¿Qué tal si vamos con tus amigas al bar? —sugiere.

—¿El de señoritas del centro? —a ese vamos seguido.

Llegamos y dentro de las mesas repletas de mujeres nos sentamos tranquilamente en un extremo, un poco más lejos del ruido y las risas.

Comemos, pedimos algo de beber y luego de unos besos me distrae una silueta imposible de ignorar. Hago una mueca divertida a Dani, me pongo de pie y voy a molestar.

—Eh, Angie —Le doy unos golpecitos más duros de la cuenta en el hombro solo de fastidiosa. Sonrío burlona. —¿Cómo estás pequeña?

—Sospechaba que vendrías —Me devuelve un par— espero a Noelle. —Da un sorbo. —Siempre llegando tarde… así que me tomé las molestias de empezar —Mira su vaso.

—¿Y Ale? —Pregunto.

Alguien me sorprende pasando su brazo tras mi hombro.

—¿Llorabas por mi cielo? —Sonríe Ale galante. Angie se ríe.

—Ya pensaba que tendría que ir a buscarte a la casa.

—Claro que no, ¡es lunes! —se sorprende.

—¿Y eso que tiene? —pensé que era el peor día para venir a beber.

—Necesito digerir que mañana es martes y pasado mañana, miércoles… —Empieza.

—Debes dejar ese trabajo —Gruño. Hasta yo lo odio.

—Algún día… —Dice. —Pero me gusta la paga.

—Como sabes que no hay una chica especial en otro—Bromeo mirando a Dani.

—No existen las chicas especiales —Responde.

—Todo porque tienes mal gusto —Bromea Angie cruel.

—Hablando de mal gusto —Murmuro viendo a Noelle llegar.

—¿A quién le dices mal gusto? —Levanta una ceja.

—Hablábamos del especial gusto de este grupo por las mujeres.

—¡Yo si tengo buen gusto! —Exclama sorprendida, entonces mira al horizonte. —Quiero a una chica dulce, gentil, de buen corazón —suspira. —Empática…

Angie se ríe.

—De esas que abrazan árboles.

—Exactamente. —Dice.

Nos quedamos mirando con Ale, sonreímos disimuladamente.

—Bueno, al menos parece que una es normal —Bromea ella saludando a mi cita—¿Qué tal Dani? —Saluda a mi novia.

Se dan la mano y nos terminamos sentando todas juntas, hablando de los malos gustos de todas. Al menos yo me libré, Dani parece encajar muy bien.

El martes llegamos somnolientas al trabajo. Entre las bebidas y el sexo nos quedaron unas horas de sueño. Ahora vamos algo tarde.

Nos damos un fugaz beso cuando se va y cuando llego a mi piso corro a los camerinos a cambiarme.

…

—Buenos días Dr. —Saludo a mi padre de pasada.

—Hueles a cantina —Bromea.

—Me dura hasta mediodía. —Informo.

—Siempre dices eso.

Sonrío. Al menos hoy parece ser un día tranquilo.

(…)

—¡No aguanto más! —muero antes de la última cirugía, ¿qué pasa con la gente? ¿Acaso la muerte anda rondando por el lugar?

Me enfoco, antes de empezar por alguna idiota razón me equivoco y tomo el bisturí.

Me desconcentra alguien que entra, le doy una mirada esperando a que sea papá.

Veo a una chica con la cara casi cubierta, se deja entrever un par de brillantes ojos castaños que miran preocupados y unas hebras de cabello… caoba. Los miro curiosa por un milisegundo y vuelvo la vista rápidamente a donde debería estar.

Que impuntual.

Sandra.

¡Segundo día de trabajo! ¡Voy tarde! Busco mis cosas y me visto rápido. Lo peor de todo es que ahora debo ir al quirófano ‘’ ¡Nunca más en la semana!’’ Me miento a mí misma.

Abro rápidamente la puerta y me avergüenzo cuando noto que ya todos están aquí, apenas me dan una mirada, todos excepto el Dr. Que está en medio, apenas entreveo unos ojos azules mirándome con reproche. Aparta su vista de mí y continúa con su trabajo.

Supongo que me he escaqueado bien.

Cuando me estoy quitando la bata y junto con ella los guantes, veo que se acerca el Dr.

Genial, debe ser un pesado, lo miro de mala manera.

—Hola —Dice quitándose todo el arsenal de cosas desechables que tiene encima, finalmente se quita el gorro.

Abro los ojos de golpe. Es una chica.

¿¡Y para qué usa gorro de chico!?

Me confundí, debe ser porque es alta y delgada, ahora que la veo con ropa normal, puedo notar que es una chica, ‘’ ¡Por Dios Sandra!’’ Me reto a mí misma. ¡Claro que es una chica! los chicos tienen manzana, y bueno la voz… y claro más espalda. La de ella es más angosta, me pongo pensativa, Y senos, claro… las chicas tienen senos.

Fernanda

Acaso… ¿Me está mirando las tetas? Pienso sorprendida, miro a mi silenciosa colega levantar la vista de un respingo.

¡Es hermosa!

Quedo boquiabierta.

Sandra.

Por Dios bajé la vista, si lo hice, bajé la vista para corroborar ‘’ ¡pensará que soy una cerda! ¡Claro que es una chica!’’ Tiene muy bonitos ojos por cierto… su cabello corto los resalta.

‘’ ¡Responde maldita sea!’’ Me reprende mi cabeza.

—Hola, soy Sandra Maceri —Sonrío con un tono tan casual como si hablara con cualquier amistad, me quito mi gorro dejando caer mi cabello.

Muestra una sonrisa confusa. Observa mi cabello y mi rostro.

—Si… bueno, no te había visto por aquí…—dice vacilante. —Menuda forma de llamar la atención —Bromea.

Si, ya sabía que algo diría por la hora.

—Ajá—Reconozco de mala gana. Quizá sea de esas que van corriendo a contarle todo al jefe. —Humm, si no me delatas estaría muy agradecida. —Esta jefa de enfermería no destaca por ser simpática.

—No lo haré —Sonríe nuevamente. Abre la puerta para irse del baño. —Por cierto, soy Fernanda Adrada—Dice.

—Hola Fernanda Adrada. —Digo burlona.

Fernanda.

Salgo de allí tropezando con papá.

—¿Y tú? —Me pregunta extrañado.

—¿Qué? —¿Acaso me vio?

—No, aún tienes…—Se queda con la mano en el aire sorprendido. Veo algunas de las prendas desechables y contaminadas que olvidé quitarme. —Oh Dra. Adrada, no estamos en la universidad —Bromea con cierta incredulidad. Se extraña. —¿Estás bien? solo falta que andes por los pasillos manchada de sangre.

—Si —Parpadeo. —Solo me distraje. —Murmuro.

Esa chica era realmente bonita… de una forma única… y extraña.

Sandra.

—¿Y qué tal el aniversario? —cuchichea Lily. Una de mis nuevas colegas, apenas nos conocimos no dejamos de chismosear.

—Fue una velada muy hermosa —Digo pensando en la tranquila cena vagamente y mirando por el pasillo a las personas ir y venir. —¿Qué tal tú?

—Llegamos a casa con mi esposo y terminamos comiendo y durmiendo temprano, como inicio de semana—Ríe. —Un buen panorama lo mires donde lo mires.

Vemos llegar a una chica del área de obstetricia, se queda ahí esperando aparentemente a alguien.

—Fernanda llega más tarde —Le dice Lily casual como si estuviese acostumbrada, mirando aún al computador. Ella asiente.

Grande es mi sorpresa ver a la mujer de hace unas horas dándole un rápido beso y llevándosela de la mano. Las sigo con la mirada casi boquiabierta.

—¿Qué? ¿Nunca has visto dos chicas juntas?

—Creo que en la Universidad —Sonrío. Eso es todo…

Tuve uno que otro compañero gay, pero mis compañeras… ahora que lo pienso, imposible que no haya habido una ¿no?

—¿Eres de familia conservadora?

—Si…—murmuro. Mi padre ya no está, pero mamá en demasía… ¿mi hermano? Nunca hemos hablado sobre eso, que gran comunicación. No es como que se haya podido hablar de cualquier cosa en la mesa tampoco, mamá era tajante con eso.

Cuando vuelven, las evito mirar.

Miércoles.

Lily.

Reviso el computador, mi teléfono, computador, mi teléfono.

—Lily —Escucho.

Pego un saltito.

—¡Fernanda! —Me espanto. —¡Demonios no te oí! —A la hora que es la jefa de enfermería me mata por perder el tiempo.

—Disculpa, por interrumpir tus funciones— mira burlona mi teléfono.

—No sea chismosa Dra. —Bromeo. Fernanda es de las nuestras.

—Descuida —Dice acercándose casual al mesón. —¿Qué tal el inicio de trimestre?

—Bueno, muy tranquilo —Digo. —¿Y el tuyo? Te veo muy feliz —Bromeo pensando en la chica que últimamente viene por ella.

—Si —Sonríe. —¿Y tus nuevas compañeras?

—Todas ellas geniales —Sonrío. Bueno de las nuevas que están asignadas aquí son Sandra, Ashley y María José.

—Lily puedes ingresar esto —Sandra se acerca con una carpeta sacando unos documentos —Solo tomara un poco …—Mira a Fernanda la que la mira inexpresiva a su vez. —de tiempo. —Termina.

—Si —Digo recibiéndolos.

—Ella es extraña —Murmura Fernanda viéndola devolverse por donde vino.

Claro que no. Me parece una chica muy normal y simpática, me agrada,

—Tu eres más extraña.

—¡Muérdete la lengua! —Exclama. Se acerca confidente —¿Qué sabes de ella? —Sigue mirando hacia allá.

La quedo mirando.

—No puedo creerlo.

—¿Qué cosa?

—Compórtese Dra. —Sonrío. —Demonios las lesbianas son cosa seria… tiene pareja Fer.

Resopla.

—¡No porque sea lesbiana voy a estar pendiente de todas las chicas lindas! —Me refuta. —¡Bueno sí, pero no porque sea lesbiana!

Ya…

—¿Y por qué no le hablas tú? —Es lo mejor, me temo que Sandra le matará las ilusiones rápido.

—Porque tiene novio —Bromea. —Las heteros no existen. —Dice tajante.

—…Y tú tienes novia —Le recuerdo.

La miro indignada, ahora falta que sea tan coqueta como su padre. Al parecer el parecido no era solo de afuera.

—Ok. —Dice obviamente arrepentida—Olvida esta conversación…

—Claro que no —Me río. —Pero descuida, soy una tumba.

—¿Tumba de qué? —Se indigna. —No pasa nada.

—No sé, de las chicas lindas —Digo casual.

Hace una mueca de ‘’te odio’’ y se va.

Al llegar Sandra se sienta a mi lado, la veo consultando sus notas concentrada.

Esto se pondrá entretenido por aquí… pienso viéndola. Sandra deja un mechón caoba tras su oreja, arregla su peinado y se queda mirando las hojas.

Sonrío, ok de ninguna manera.

Fernanda.

Hetero, genial, eso significa que está fuera de juego.

Sonrío salvada.

Abro los ojos de golpe.

¿Y por qué carajos me estaba mirando el pecho?

Antes de pensar cosas equivocas, tomo un libro y me voy a sentar a la oficina. ¡Libros! ¡Eso es lo que mi mente necesita! Ojeo el tomo como si tuviera la culpa de mis impuros pensamientos.

No sería racional arruinar mi bella y perfecta vida actual.

‘’Lee Fernanda, lee. ‘’

Sandra.

—¿Sandra podrías entregar estos papeles por mí? Estoy atrasada con esto—Escucho a mi lado.

—Claro —Digo apenas desviando la vista de mis hojas.

—¿Se los puedes entregar a la Dra. Adrada para que los firme y los timbre?

—Si —Digo.

—Está en la oficina.

—Ok. —Respondo tomando las hojas. Lily me las entrega sonriente y yo sonrío a mi vez.

Toco la puerta, al entrar la veo sentada leyendo, tiene el cabello cubriéndole parte de las mejillas.

—Me entregaron estos papeles para usted —Digo.

—Tú —Dice simplemente. —Parecemos de la misma edad. —Sonríe.

—Entonces toma tus papeles —Bromeo algo incomoda.

Se ríe, su risa es liviana.

—Gracias Sandra. —Dice.

La escucho decir mi nombre y la miro de reojo, sus cálidos ojos azules decoran una sonrisa encantadora.

—Entonces que… —Dice.

—¿Qué? —Me extraño.

—¿Qué edad tienes?

—veinticinco —Respondo. Dudo un poco—¿y tú?

—Veintisiete —Sonríe quedamente.

—Ah, una joven —Concedo burlona —Bueno Dra. Que tenga un buen turno.

—Igual para ti —Dice volviendo a sus hojas.

Fernanda

La veo salir de la sala, le doy una repasada de la cabeza a los pies. Sandra es de altura promedio, contextura media y cabello largo.

Y no sé por que demonios me llama tanto la atención.

Abro los ojos de golpe.

¡Parezco de esos doctores pervertidos!

Miro mi libro pegada en la misma hoja…

—Fer… —Pego un salto. Veo a Daniela mirándome de la puerta.

—Dani… —La miro pasmada. ¿Me vio? Miro la hora y me doy cuenta de que me sumergí en mis pensamientos por al menos un cuarto de hora.

—Te ves como si hubieses visto un fantasma —ríe. — Venía a despedirme, me voy a casa, estoy agotada. — Me acerco a darle un beso y al salir me despido con la mano.

¿En qué estaba? Si, el libro.

Jueves.

—Tengo una cita. —Escucho decir a papá. —Con tu madre, así que no estaré en casa si vas.

Luego de años de divorcio, segundo matrimonio, segundo divorcio. Me dice esto, ahora que nos llevamos bien y nos juntamos los jueves a cenar.

—¿Qué?

Se encoge de hombros.

—Algo habrá allí. —Dice poético.

—No estés tan seguro —Pienso en mamá. Tal vez solo quiere mantener una buena relación y ya… —Es mi madre, compórtate —Le advierto algo chocada por la información.

—Fue mi esposa por doce años —Dice.

Y luego se comportó como un idiota… nos costó volver a la relación tan fraternal que tenemos. ¿Acaso no valora eso?

—Será tranquilo, estaremos bien —Ve mis ojos. Azul contra azul. —Ya estamos viejos Fernanda.

—Al menos ya lo asumes. —Bromeo.

—Ser adulto no es fácil —Murmura. —Es fácil perder el norte.

Me quedo en silencio, hay personas y personas.

Mi vista se desvía a un grupo de mujeres saliendo de la oficina de enfermería.

—O el sur —Dice mirándome.

Frunzo el ceño.

Él se despide para ir a la oficina y yo camino por el pasillo siendo interceptada por Lily saliendo de una sala de pacientes bajo cuidados intensivos.

—¡Fernanda! Al fin te encuentro.

—Lily —Digo como saludo moviendo la cabeza.

—¿Tienes tiempo el viernes?

La miro con desconfianza.

—Para qué?

—Saldremos un rato con las chicas para hacerlas sentir bienvenidas y romper el hielo. Ya sabes, Ashley, María… —Me da una miradita. —Sandra. —Mira al suelo con cara de inocencia.

—¿Me vas a molestar para siempre verdad? —Me indigno. —No creo que vaya.

—Pero si las heteros no existen —Dice con la misma expresión.

—No —Repito orgullosamente—No existen.

—Ves —Sonríe.

Sandra.

—¡David que alegría verte! —Mamá deja un beso en cada mejilla de mi novio.

‘’Si mamá, yo también vine’’ pienso.

Aprovechamos el jueves para venir a visitarla, ya que vive sola y mi hermano a veces ronda por aquí para conseguir comida, pero con la universidad y el trabajo lo vemos poco.

Comemos y durante la sobremesa hay un tema que me alerta.

—Si bueno, nos vimos hace unos días con Sandra, siempre se hace poco —Sonríe él.

—Es una lástima que no vivan juntos ¿verdad? —Dice esta.

—Si… tal vez.

—Estamos bien así —Comento.

Mamá es algo intrusa, yo que hace poco vivo sola y le he agarrado cariño a la tranquilidad ¡no soportaré a otra persona husmeando mi espacio en muchos años! afortunadamente él lo tiene claro… espero.

—Si querida… solo decía que así no tendrían que tomarse las molestias de ir a casa de cada uno. —Ella sonríe a David.

—Estoy segura de que podremos con eso. —Bebo mi té.

—Apuesto que a tu casa le falta un toque femenino —Me ignora y conversa con él.

Resoplo.

Pensaba no ir a lo de las chicas, pero creo que mañana me distraeré de esta mujer ¡trato de ser una buena hija! Pero mamá me hace tener la necesidad de salir a desestresarme.

Fernanda.

Viernes.

Me encuentro sentada en una mesa de brazos cruzados, enojada conmigo y con Lily. La miro asesina. Ella sonríe y levanta su coctel burlona.

Estoy sentada al lado de Sandra.

Me bebo todo el vaso de golpe. Pido otro.

Siento su brazo casi rozarme.

¿Por qué estoy pendiente de esas estupideces? Me reprendo.

Mi novia me llama. Tomo el teléfono.

—Hola preciosa ¿dónde estás? —Muevo la pierna ansiosa.

—Amor, me odiarás.

—No jodas —Digo quedamente. Sandra me mira de reojo y sigue conversando con Ashley.

—Pero llegaré más tarde —Me anima.

—Bueno, nos vemos —Digo cortando y recibiendo otro vaso.

—¿Y Dani? —Me pregunta Lily.

—Más tarde —Doy un sorbo.

—Al parecer vinimos todas solteras —Bromea a Sandra y riendo con las demás chicas —Pablo se quedó a ver el juego con sus amigos, ¿y David?

—No le avise —Libera una risita.

Otro sorbo.

—Pero que buenas novias. —Les tomo el pelo.

—Al menos no le digo ‘’no jodas’

…