Capítulo 3 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

La ‘’aburrición’’ hecha mujer.

Sam

Quizá tenga razón, ¡Pero como diablos hago eso! Sería inútil preguntarle a Pao que quiere, conociéndola querrá que lo descubra por mí misma y por arte de magia.

Bueno, últimamente ha querido salir, a veces me pide que la abrace, otras que vayamos a un parque, o al cine. No siempre tengo ganas y soy sincera con ella ¡¿Acaso ser sincera está mal?!

En la universidad, a la semana siguiente.

Esto no mejora, a veces me habla, a veces vuelve a su frialdad. Después de decirme que no me fijo en los detalles me rindo. ¡No quiero esto! Salgo de mi campus aprovechando mis horas libres y entro a la de Chloe. Está a menos de una cuadra por suerte, y el cambio se nota, ‘’sobre todo en el aire’’ pienso sintiendo el olor a marihuana. Las personas parecen hasta más relajadas que nosotros, hay de todo. En mi facultad, hay un sinfín de colores para cada profesión, todos prolijos y quizá con algo de reticencia a que aparezca un profesor a joder. Veo a una chica de cabello verde y siento envidia, otras más ‘’normalitas’’ todos con un estilo propio. No es que yo quiera hacerme muchas cosas, pero tengo un profesor que probablemente no me dejaría entrar a su clase si me atrevo.

— ¿Entonces podemos hacer uno? — Pregunta un chico con apariencia desgarbada con una lata de Spray.

— ¿Bromeas? — Escucho a Chloe mirando unas hojas. — ¡Hagan dos!

La chica que lo acompaña se ríe.

—Pero ¿No tendrás problemas?

—La juventud tiene derecho a expresarse. — Dice solemne. —… Y pedí permiso, tranquis. — Mira relajadamente a los lados. Cuando me ve queda estática mirándome.

—Bien, manos a la obra. — Dice él.

—Suerte. — Dice Chloe agitando su mano en señal de despedida.

Da unos pasos hasta llegar a mí.

— ¿Buscas a alguien? — Arruga su rostro como temiendo que sea a ella.

—Sí a ti. Si pudiese acudir a alguien más créeme que lo haría.

—Y yo desearía que lo hagas.

Nos miramos con desagrado.

— ¿Y?

—Hum, me ayudas … quiero recuperar a Paola.

Me observa fijamente, sus ojos amarillos estudian los míos. Piensa …

— ¡No se diga más! —Pego un salto. — Pero te advierto que no hago milagros. Si yo fuera ella … — Se levanta de hombros. — Me buscaría a alguien mejor.

— ¡Cierra el pico! — Me enojo. He llegado a esto únicamente por el inmenso amor que le tengo a mi (ex) novia. Seamos sinceros, si se trata de llevarse bien con todo el mundo. Chloe es una puta experta. Ni Tina le gana. —Lo hago porque eres mejor en relacionarte con las personas.

— ¡Nada que ver!

— ¡Hola Chloe! — Escucho a un grupito.

—Hola niñas. — Bromea viendo a unas chicas de primero.

— ¡Hola presi!

—Hola, hola. — Saluda a un par de chicos.

Levanto las cejas.

—Bueno, es un don. — Levanta los hombros. —Aunque hay gente que me desagrada igual. — Me mira significativamente de pies a cabeza.

—Aun así, me ayudarás.

— ¿Y yo qué gano?

— ¿Qué quieres? — No se me ocurre nada que darle que no pueda obtener por otro lugar. —No pensé que fueras de las que siempre necesitan algo a cambio.

—Claro que no. Solo te tomaba el pelo, pero no tienes nada que ofrecer así que …

—Me voy. —Me giro sobre mis talones y la dejo sola.

El sábado de la misma semana

Fer

Estoy feliz de que Sandra me haya contado que Sam fue personalmente a pedir disculpas, estaba francamente preocupada por la mujer que crie, no quise castigarla porque la idea es que ella sola sepa lo que tiene que hacer como la adulta que es. Conversamos y arreglamos las cosas. ¡Y es una suerte! Por más que le exija que se comporte, no podría vivir sin ella. Es decir, ¡por favor!, desde el primer día en que supe de su existencia, hasta el último momento en que la vea e incluso después, es y será mi bebé.

Camino, descalza por la casa y decido que mejor voy al patio con una buena cerveza a mi silla de playa. ¡Puto calor!

—¡Qué hay! —Escucho.

—¡Qué hay Chloe! —Bebo un sorbo.

Lo escupo.

— ¡Chloe! ¡¿Qué haces aquí?!

—Vine a ver a Sam.

Levanto las cejas.

— ¿Eres masoquista?

Se ríe

—No. Ella me pidió eeem, una ayuda con una tarea… y debo decir, que comparten la misma expresión. —Apunta mis cejas. En cuanto a lo que la trae aquí, claramente está mintiendo.

—Bien … ¿Y cómo entraste?

—Por la ventana.

— ¡¿Enserio?!

—No. Tía Sandra me recibió. —Pone una expresión pensativa. — Creo que esto me lo habían preguntado antes.

—Es que ya es una sorpresa que no se note tu presencia. — La molesto.

— ¡Madrina! — Se espanta. — Te das cuenta de que ante cualquier eventualidad. Que ojalá nunca pasara. — Agrega. ¿Tendrías que hacerte cargo de mí?

—Pero si ya eres adulta. — Me hago la desentendida.

— ¡Qué cruel! — Arruga la nariz. Sonrío, es linda la mocosa.

— ¿Y a qué viene eso?

—Ah nada. Quería sacártelo en cara. — Dice muy ufana. Me río y acaricio su cabello con ternura.

—Acá está. — Baja Sandra con Sam. Se miran con intenso desagrado.

—Hola. — Saluda mi hija más seria de lo que es.

—Tú. — Dice Chloe igual.

Compartimos una mirada con mi esposa, esto no me da buena espina.

—Vamos. — Susurra Sam seguida por Chloe, que de milagro mantiene la boca cerrada.

—Demasiadas cosas extrañas por un día. — Susurro viéndolas desaparecer por la escalera.

—Estate atenta por si empiezan a matarse. — Sandra mira insegura el segundo piso.

—Mira lo bueno— apunto— estamos solas— sonrío viendo su mirada coqueta, su cabello caoba cae por su espalda y yo me siento más enamorada, me gusta su personalidad pesada y su carita. Una forma de rostro que Sam heredó. — ¿Te dije que te ves muy bella este día?

—No te va a funcionar Fernanda. — Bromea.

—Claro que sí. — Dejo la cerveza en la mesita y nos recuesto en el sillón.

—Si las niñas bajan. — Susurra cuando beso su cuello.

—No bajaran. — La beso.

Chloe.

—Tu cuarto nunca me ha gustado. —Digo observando el piso gris, las paredes oscuras y la cama con un cubrecama azul oscuro, un juego de pesas al fondo, un notebook y un par de posters de unas bandas diabólicas que probablemente Tina también escucha.

—No me importa. — Dice Sam sentándose.

— ¿No me vas a ofrecer algo para beber?

— ¿Para qué? Debiste venir hidratada de tu casa en primer lugar.

—Eres una pésima anfitriona. Los detalles son los que enamoran a una mujer.

—Como si quisiera enamorarte. — Me mira asqueada.

—No seas idiota. — Me río, es demasiado imposible. — ¿Le ofreces algo a tu novia cuando te viene a ver?

—Nop. — Dice sin mirarme con culpabilidad.

— ¿Es idea mía o si no te digo no te das cuenta? — ¡Debe ser una broma!

—Es un pequeño problema. — Susurra abriendo un mini frigobar y sirviendo bebidas. ¡Y tiene eso para simplificarle el trabajo!

— ¿Y cuándo fue la última vez que le regalaste algo?

—Pues, cuando cumplimos un año.

— ¿Y qué le diste?

—Un chocolate y un libro que necesitaba. — Recibo el vaso, incrédula. Que monótono.

— ¿Cuándo fue la última vez que la invitaste a un lugar?

—A la fiesta del inicio de curso.

— ¡Fue hace semanas!

—Estábamos ocupadas con la universidad. — Se excusa.

— ¿Y qué le gusta hacer?

—Humm. — Piensa. — Le gusta patinar, le gusta caminar por parques, los animales, bailar.

— ¿Cuándo eran amigas no hacían eso juntas?

—A veces se juntaba con el grupo e iban. Otras, me unía yo. No muchas.

—Claro y como ahora son novias me imagino que te ha invitado más veces.

—Sí.

— ¿Y vas?

—Unas cuantas veces. Odio caminar. No sé patinar, los animales no me agradan mucho y soy pésima bailando.

Es verdad, la he visto bailar, Oscar en dos patas se mueve mejor.

Nos miramos.

—Eres pésima.

La mirada avergonzada y triste de Sam me hacen querer ayudarla. Más por lástima que por agrado.

—Está bien, te ayudaré. —Me pongo de pie entregándole el vaso vacío— ¡Esa chica te rogará volver! —Hincho mi pecho con orgullo. —Pero tendrás que poner de tu parte.

—Eh, está bien.

—Empezaremos del principio, necesitas ayuda con urgencia.

— ¡No te pases!

—No te pases, gurú.

— ¿Gurú?

— ¡Gurú, sensei, profesora, maestra Chloe! — Escucho que se atora con la bebida. La quedo mirando mientras se ríe. Su sonrisa es liviana y agradable. Al menos por ese lado, no necesita ayuda.

— Nos veremos una vez a la semana, te dará tiempo para practicar y a mí 6 días para descansar de ti.

—Me parece bien.

—Ahora me largo porque tengo que ir a una junta del centro de estudiantes y luego me imagino que habrá alcohol.

— ¿Otra vez? — ¡Pobre hígado!

—Soy soltera y hago lo que quiero.

Trata de ocultar su risa con una mueca.

—En fin, serán ocho temas que necesitas cultivar con urgencia. —Voy a tener que anotarlas por ahí …

—Te veré dos meses. — Concluye derrotada.

—No es mi culpa que seas tan atroz. Tía Fer y tía Sandra son muy lindas entre ellas, hasta melosas, tú también eres una mala semilla.

—Lárgate. — Dice mirando a la ventana.

—Eso iba a hacer. Adiós. — Me largo de ahí.

#1er tema: trabajar comunicación y la confianza.

— ¿Cómo estás? — Pregunto a Sam simpáticamente.

—Bien. — Me mira recelosa. Muevo mi mano invitándola a decir más. Se supone que debe ser una mujer interesante que den ganas de conocer.

O reconocer en este caso.

— ¿Qué? —Me mira como si le preguntara el secreto del universo.

—Pudiste haberme dicho algo más, o en su defecto ‘’ ¿Y tú?’’

Sonríe malvada.

— ¿Y a mí que me importa cómo estés?

— ¡Pone de tu parte aburrición hecha mujer!

— ¡Cómo me dijiste!

— ¡Aburrición hecha mujer! — respondo desquiciada.

— ¡Tú… — empieza enojada— ¡¿Qué estás haciendo?! —Me ve abriendo el frigobar y sacando una lata de cerveza. — ¡¿Y por qué hay alcohol en mi frigobar?!

— En primer lugar, no soy capaz de soportarte sin alcohol. Segundo, toma una. — Se la lanzo. — Las traje de por ahí. — ¡Mamita Ale perdóname! — Y es sábado. — ¡¿Cómo es posible que esté sobria?!

—Hmm. — La mira pensativa, al final parece decidir dejarse llevar, la abre y bebe un sorbo.

—Bien hecho— La felicito.

— ¿Eh?

— Entonces ¿Cómo estás? — Digo tomando un monumental sorbo.

— Bien— Levanta una ceja irritada en eso mira a otro lado. — ¿Y tú?

—Oh, de maravilla, me gusta la cerveza, sobre todo para estas temperaturas. ¿No te hace pensar en el calentamiento global?

—Sí. — Me mira perpleja.

—Sí bueno, imposible no pensar en eso si te estás derritiendo. Aunque soy más del calor que del frío, odio el frio.

—Yo odio el calor. — Afirma bebiendo.

—Es que eres fría como el hielo. —Le tomo el pelo. —En fin, cuéntame pequeña Sam ¿Qué te gusta hacer?

— ¿Por qué me preguntas eso?

—Porque no hay nada mejor como una persona con la que puedes hablar.

Samantha

Debe estar bromeando, no le veo ninguna utilidad a hablar con ella.

—Me gusta leer.

— ¿¡Enserio?!— Se sorprende— ¡Jamás lo hubiese imaginado!

—Muy graciosa. —Bebo un sorbo, debo reconocer que la cerveza está buena.

—Debe de gustarte algo más que leer. — Señalo la cerveza — ¡Oh! Por fin algo bueno. —Frunzo el ceño.

—No me agradas.

—Conocerás mucha gente que no te agrade, empieza a practicar. — Bromea.

—La música. Recostarme en mi cama, o en una banca en la noche bebiendo algo, leyendo o solamente conmigo misma, escuchar a la gente que me importa, los deportes de contacto, el baloncesto y la buena pastelería. — Suelto todo para que deje de joder. Sus ojos están abiertos de par en par.

— ¿Te gustan las cosas dulces?

—A veces— Aclaro. — Me hace sentir mejor.

— ¡Pero es que es lo mejor del mundo! ¡Y yo pensé que no tenías nada bueno!

—Oye.

—Esto amerita otra cerveza. — Va perezosamente a sacar otra.

— ¿No te vas a alcoholizar aquí verdad?

—Claro que no. — Se sienta y recibo una mirada escrutadora. Levanto una ceja.

— ¿A qué le tienes miedo?

—Justo a ti te voy a decir.

—Es importante que entregues un poco de ti. ¡Adivina a que le temo yo!

— ¿Al silencio?

—Claro que no idiota. — ¿Cómo que idiota?

—De verdad no se me ocurre.

—Me dan miedo las arañas. —Me rio.

— ¡De que te ríes pedazo de Sam!

— ¿Es acaso eso un insulto?

—Para mí sí. — Me molesta — Ya dilo. O no me voy.

—A eso le tengo miedo.

—Muy graciosa.

—No es la gran cosa. — Aclaro. —A los ratones.

— ¡Pero si son bellos! Debe irte de lujo acampando

—No voy a acampar. — Como si quisiera pillarme una de esas cosas.

—Eres aburrida.

—Me lo has dicho.

Chloe.

A veces pienso que no hay manera de que su ex vuelva con ella. ¡Pobre chica!

—Te recomiendo nacer de nuevo— Le tomo el pelo. Dejando mi cerveza en un basurero pequeño.

—Vete al diablo.

—El diablo es mejor que tú. ¡Bruta aburrida! — Salgo corriendo rápidamente y es una suerte porque se oye como una lata le pega a la puerta.

— ¡No vuelvas!

Me río cruel, como si me importara. Bajo a la primera planta.

—Vaya, vaya, si son mis tías amorosas.

Tía Sandra se ruboriza. Creo que aún recuerda como empujó a tía Fer al verme bajar por la escalera.

—Agradecería que olvidaras eso.

—¡Muajaja! Pillinas. — Me rio malvada. — Adiós, que les vaya bien.— Canturreo saliendo de allí.

Llegando a casa.

—Hmmm. Es temprano igual. — Veo la hora entrando. En eso mamá corre hacia mí con cara de desquiciada.

— ¡Mis cervezas Chloe! — Su cabello cae a nivel de su cara lo que la hace ver más loca.

—No sé de qué hablas, probablemente fue Ale. —Sugiero.

— ¡No te creo!

— ¡Mamá! — la miro con los ojos brillantes. — ¿Me crees capaz de robar tus preciadas cervezas?

—Eh ¿Sí?

—Sí. —Escucho a mamá Kate saliendo del dormitorio por el tumulto.

—Fue ella. — Dice Alejandro entrando después de mí.

—¡Familia para que los quiero! — ¡Me retiro indignada! — Me voy a mi dormitorio con la cabeza en alto.

Lunes

Sam

—Odio estar aquí ahora. — Dice al aire prácticamente una compañera amiga de Pao. La que nos acompañó a la fiesta de hace semanas, no hemos hablado mucho. —Hay vocación, pero también juventud. — Bromea.

—Entiendo— Asiento. — Yo también ... —Recuerdo un poco la conversación con ‘’esa’’ dar un poco de mí… —Preferiría estar durmiendo.

—Si— Asiente ella. — ¿Estudiaste hasta tarde ayer?

—Lo hice. — Exhalo— No nos pueden pedir mucho ahora. Míranos. —Observo los rostros luchando por no dormirse.

— ¡Lo mismo digo! De hecho … — empieza a parlotear y Paola nos mira extrañada.

En receso de clases.

— ¡Adiós Sam! — Se despide. Pao me sonríe coquetamente y se va junto a ella.

Sonrío idiota, ¡Ha resultado! ¡Resultó!

Voy casi corriendo a la facultad de Chloe. Milagrosamente la encuentro saliendo con un grupo de amigos. Cargo mis palmas en sus hombros y me mira perpleja.

— ¡Resultó! ¡Y eso que fue la primera! —Mira a sus amigas con una mueca de disculpa y ellos avanzan solos. Me valen verga.

Señala mis manos y las quito de encima.

—Pues claro que resultó. Si pusieras más de tu parte resultaría más. — Ondula un mechón de su cabello con su dedo— Lástima que no quisiste seguir.

—Si, lo siento, quiero seguir. — ¡Maldita sea petiza no te hagas del rogar! — ¡Hagámoslo el sábado de nuevo!

— ¿Hacer qué? — escucho.

Giramos la cabeza al mismo tiempo, Tina nos mira incrédula.

—No nada. — Respondo incómoda ¡Que le digo! es humillante decir que me está ayudando a recuperar a mi ex novia.

—Lo que pasa… — empiezo.

—Le estoy ayudando a superar su miedo a los ratones. — Dice seria. — Hoy tuvo que abrir a uno y le dio menos miedo.

— ¿Enserio aún les hacen hacer eso? —Asiento. —Qué horror, a mí no me gustó. — Se cruza de brazos. — Vamos Sam. No comeré sola.

Me rio, lo que pasa es que quiere ir al mall y aún le dan un poco de miedo los lugares muy amplios.

—Adiós— le digo a Chloe dándole una mirada rápida.

—Adiós tú, que estés mal. Adiós Tina querida. — Bromea. Tina se ríe.

— ¿No vienes? —Pregunta Tina, la miro con molestia.

—Nah, comeré con mi hermanito. Me dará un reflujo con esta. — Me apunta.

—Pues ojalá te de diarrea. — Aprieto los dientes.

— ¡Y a ti se te irrite el colon!

— ¡Y a ti…!

— ¿Van a seguir? — Me interrumpe Tina con cara de aburrimiento. — Maduren. —Nos callamos y nos damos una última mirada de desprecio.

#Segundo tema:

Vocabulario, cumplidos, paciencia.

—Bien— Chloe se sienta pulcramente en mi cama. —Dime un cumplido.

—JAJAJAJAJAJA— me río.

—Estoy hablando en serio pedazo de … de… mujer. — Entrecierra los ojos. Piensa un poco —No. No puedo— Abre el frigobar y saca otra cerveza.

—Lo dices como si fuese muy terrible.

—No muy— me corrige Chloe— … demasiado. Salud.

—Hmm ¿quieres un cumplido para reforzar tu ego? —pregunto

—No. Es importante que, si ves a la ciega de tu ex, le digas algo bonito de su aspecto, ¿cómo sabes que no se esmeró más por ti? lo más probable es que así sea ¡Y sería lindo que lo notes! — Me apunta con el índice.

—Pues, hum— piensa Sam, búscale algo lindo a esta— Me gusta tu cabello es…. Como no sé…. Muuuuy ¿café?

— ¡Imbécil! — reclama. —Ese es tu otro problema, hablas como idiota.

— ¿Perdón? — Empiezo a enojarme.

—No hablas con delicadeza, tu tono es muy monótono, ¡es como si estuvieras aburrida de la vida y eso me desespera!

—Déjame.

— Después no jodas— se pone de pie.

—No ¡siéntate! — Le tomo los hombros para bajarla. ¡No se puede ir! Es una idiota, pero muy efectiva. — Tú, tú… tu pelo se ve suave, bien cuidado y las ondulaciones son… ¿tiernas? —Digo complicada.

—Gracias. — Me mira con evidente menos molestia. — Ahora quítate. — Empuja mis manos con violencia.

Carraspea.

—No vaciles, dilo segura, si no parecerá muy forzado. ¡Y bébete una cerveza por dios! — Se enoja.

Me rio, su expresión cambia y me mira menos pesada.

— ¿Estás de mala influencia?

— Algo así— dice ufana. Saco una y comienzo a beber.

— Bueno sigue, pero dilo rápido y segura.

—Hmm… — Piensa Samantha piensa— Tus… eh. La miro del pelo, su cara, su cuello…

—Si sigues bajando te tiraré la lata.

— No seas tan imbécil —me molesto. En eso la miro con molestia y ahí está. Sus ojos son profundos y de un tono uniforme, muy poco comunes ahora que lo pienso, no había visto un amarillo así. Bueno excepto por tía Kate.

—Tus ojos son muy bonitos.

Chloe me sigue mirando y aparta la vista al suelo, sonrío. y Mamá abre la puerta.

—Les traía… ¿está todo bien?

—Si— me pongo de pie recibiendo comida para picar. Que tierna mamá Sandra.

—Nunca te había visto bebiendo en la habitación, y menos con Chloe. Esto es inusual— mamá dirige sus oscuros ojos de Chloe a mí como si hubiesen dicho que se viene el fin del mundo.

— ¡Ella me extorsiono! — Gimotea Chloe.

—Claro y yo te voy a creer. —Ríe mamá. Rodeo los ojos. —Adiós chicas. — Sorpresivamente, no insiste con el tema.

—Nadie me cree nada. — Arruga la nariz tomando una galleta.

—Eres muy dramática para expresarte. —Tomo otra.

—A ti te falta drama. — Responde. Comemos mirándonos con odio. Para mi sorpresa sonríe. La miro como si fuese idiota. (Bueno lo es)

—Ese es tu otro problema, caes ante el más mínimo insulto, no tienes paciencia.

—Como si me gustara que me falten el respeto.

—Claro que no, pero te exaltas más que la persona que te molesta. Eso es lo que quieren ¡Probemos! Pero primero comida.

—Si fuese Tina, lo soportaría, pero como eres tú, cuida tu nariz. —No sé de lo que soy capaz con esta.

—Me gusta mi nariz— comenta como si hablara del clima.

—A mí no— le tomo el pelo.

— ¡Como que no! — gimotea.

Chloe

¡Con mi amada nariz no! quizá es pequeña y pecosa, ¡pero es MI nariz!

—Pues no se— sonríe de medio lado— es aburrida.

—Irónico que lo digas tu— Me río amargamente. La odio.

— Si fueras más alta se vería mejor. —Escucho.

¡Cómo se atreve! Acaso cree que me hace gracia esto. Me pongo de pie enojada y ella sigue comiendo su galleta como si yo fuera una entretenida comedia de televisión.

—Tú… Tú. ¡Mira tú pelo oscuro y tu piel pálida y tus ojos! — Me enojo ¡En realidad no tienen nada, pero la odio! — ¡Pareces vocalista de una banda de metal! — Arrugo la nariz indignada ¡fue lo primero que se m

…