Capítulo 20 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
La que no hace lo que dice
Sábado.
Sam
Suspiro mirando a la pared, no me he levantado ni a comer, me siento derrotada, Paola no quiere saber de mí y Chloe interpretó de la peor manera que me haya ido con ella. ¡No es justo! Yo sólo llegué tarde y traté de terminar con la pelea. ¡Y ese puto de Antonio! Chloe puede hacer lo que quiera, pero si la veo con él no le hablo nunca más!
A quien engaño. Cierro los ojos y me seco una mejilla. Malditas lágrimas que se me escapan.
Tocan mi puerta.
—No. — Gruño.
—Sí. — Entra Tina.
— ¡Tina! — Me sorprendo y no sé por qué si ella siempre está para mí. —Lo siento no pensé…
— ¿Qué vendría? Somos amigas Samy— se queja sentándose en mi cama. Me abraza y acaricia mi espalda. — Ya— susurra. —Tarde o temprano iba a pasar.
—Si —supongo que es verdad.
—Deja que Paola se enfríe— susurra— luego podrán hablar. ¿Qué tal Chloe?
—No sé nada de ella, no vendrá…
Creo que me acostumbré a dejar los sábados para ella…
—Oh bueno, si se podía mal interpretar todo. Pero tienes que explicárselo.
—No querrá escucharme, lo único que hago es pedirle disculpas —me lamento cabreada de mi idiotez.
—A la fuerza— mueve las cejas rápidamente. —Si te quiere lo hará de todas formas.
— ¿Y si no? — siento las tripas abandonarme.
—Samantha deja de subestimar a Chloe.
—Nunca hemos hablado de eso— de lo que sentimos… es tan difícil reconocerlo— Sólo me dijo que no quería estar así siempre.
— ¿Y quién querría? — levanta una ceja. —Debe de sentirse como una especie de amante.
—Pero si no estoy en una relación. — De hecho, por eso empezó todo, se ve tan lejano…
—Pero la sigues viendo. No es necesario tener un acuerdo o compromiso para que te importe alguien ¿o sí?
—No…
—Y tomando en cuenta lo que te gritó.
—Si… debe pensar que no me importa— se me escapa otra puta lágrima.
—Ay Samy— Tina me abraza muy fuerte. —Yo creo que la respuesta está dentro de ti— sonríe. — Que cursi me he vuelto por tu culpa— gruñe y me da un puñetazo suave en el hombro. —Ya, pero enserio… que estos días te sirvan para pensar.
—Necesito hablar con ella.
— ¿Pao?
—No, con Chloe… Paola sólo quiere una respuesta y ya se la di… o algo parecido. —Supongo que la siguiente vez que hablemos, tendré que tener claro todo.
Suena asquerosamente cursi hasta dentro de mi mente, pero yo ya sé el lugar que ocupa Paola en mi corazón, pero Chloe… Chloe está en todos lados. Supongo que debo ubicarla primero. Para saber que rayos hacer.
—Deja que Chloe descanse de ti— me sonríe coqueta— en una de esas te extraña y viene ella.
—Estás hablando de la señorita orgullo.
—Cuando se trata de amor no hay orgullo— estira la boca, la empujo con una sonrisita. —Se que debe ser horrible lo que estás pasando, pero aprovecha la época para distraerte. Algún día, la respuesta llegará a ti. —Dice con sabiduría.
—Quizá ese día sea muy tarde.
—Hmmm — mira al techo— ¿qué tal…? ¿qué tal si te lo propones como meta de fin de año? Descubrir con cual realmente quieres estar.
Suspiro cansada, siento un poco de impaciencia.
—No sé si quiera saberlo— respondo por fin.
—Ambas son buenas chicas— su voz es tan suave que la quedo mirando— estoy segura de que las quieres mucho. Pero sólo una te da lo que necesitas.
— ¿Y que necesito? — pregunto imbécilmente.
—Ese es trabajo tuyo mi joven aprendiz— bromea. —La verdad no sé. No me he enamorado, supongo que el corazón debe volverse loco por una.
—Que cursi Tina— gruño empujándola.
— ¡Oye lo leí en un libro!
Empezamos a empujarnos y a pelear. No sé por qué, liberamos tensiones supongo.
—Niñas— mis mamás nos miran atareadas— tienen 21 años.
Las miro enojada con el puño de Tina en mi mejilla.
— ¿Qué quieren? —me siento en su espalda y escucho un ruidito de dolor.
— ¡Vamos a armar el arbolito! —celebra mamá Fer— pongámosle dulces.
—Que infantil — bromeo poniéndome de pie. Me recuerda a cuando éramos pequeñas, una vez estuvimos toda la tarde desenredando luces con Tina.
— ¡Genial! — celebra esta estirando la espalda. Ellas se adelantan — ¿Te creció el culo o qué? — susurra.
—Está igual.
—El cambio de mano— bromea, le tiro un cojín mientras corre a la puerta y bajo al living.
Lunes.
Chloe.
Camino cabizbaja a la Universidad, por alguna extraña razón al entrar miro hacia atrás. Suspiro.
—Hey, como está la presidenta más cool de la Uni. —Rodo me rodea con su brazo, me mira compasivo.
—Bien— susurro. Beso su mejilla como saludo.
—Ánimo, se vienen buenas fechas, podrás distraerte. —sonrío.
—Tú sólo quieres beber.
— ¡Cómo lo supo! —bromea. Es dos años mayor que yo y un verdadero desmadre. Pero un amigo confiable y mi fiel secretario.
—Por cierto, no has ido a verme. —Le reprocho.
—Oh, diles a las tías que no lloren por mi— bromea. —Por cierto. Lo siento por Antonio… fue un imbécil.
¡Lo había olvidado!
—Lo fue, por supuesto que hablaré con él. — Junto las cejas.
—Mira que decirle violentas a las chicas por sus gustos— ríe— es como imaginar a Tía Ale gritándole a alguien.
Reímos. Es verdad, creo que la única que la ha hecho gritar soy yo.
—Gente que no vale la pena— no me pienso amargar, yo sé lo que valen mi familia y mis tías, también las chicas. Independiente de si me agradan o no. Rodo asiente y se va a su curso.
El día lo pasó con mi amigo que parece decidido a hacerme olvidar los problemas. Se lo agradezco, pero no es tan fácil. El martes se me parte el corazón cuando voy en la acera, noto una mirada en mí y me percato de los ojos desolados de Sam mirándome a lo lejos. Agradezco y odio que no se me acerque. Maldita cobarde.
El miércoles tengo una sorpresa a la salida, me quede organizando cosas y recuerdo que alguien más sale a las 6 p.m.
—Tina. —Digo como saludo.
—Chloe— Sonríe. Hago una especie de mueca parecida a una sonrisa. —Oh vamos, esa no es la cara que estoy acostumbrada a ver.
—Lo siento.
—Ay no digas eso— me abraza. Besa mi mejilla, nos quedamos así.
—Me contaron lo que pasó— susurra.
—Espero que bien —Gruño.
— ¿Chloe? —escuchamos. Veo a Antonio con cara de mosquita muerta frente a mí.
—Adiós. —le digo. Espero que capte que ese adiós es en todo sentido. Tina lo mira horrible y él le corresponde el desagrado. Lo cual, para variar, hace que la cague más, puesto que Tina es muy importante para mí.
— ¿Podemos hablar a solas?
—No.
—Pero…
—Gracias por apartar a Paola de mí, en serio— aún tengo rojo el antebrazo— Pero no puedo estar con alguien que trata así a las lesbianas— tomo aire— gracias a ellas soy todo lo que soy.
—Yo no quise.
—Si quisiste.
— ¡Estaba enojado! —Se excusa. ¿Es una broma?
— ¡Si para ti es una razón suficiente para hacer estupideces entonces me asustas! —Me mira como si le hubiese dicho lo más feo del mundo.
—Miro a Tina— y tú no te mueves de aquí.
—No lo haría— se sorprende— Nunca te dejaría sola con un puto homofóbico.
Antonio se acalora.
— ¡Después de todo este tiempo me joderás por una frase! — exclama.
— ¡No le grites! — Me sorprende el vozarrón de Tina. Ambos quedamos descolocados hasta que Antonio se pone rojo.
— ¡No me des órdenes put…! —Lo toman tan fuerte del polerón que casi lo levantan. Los 3 vemos incrédulos a un tipo alto, bien afeitado y de cabello corto, vestido simple. Habla y parece que, a otra persona, llega otro tipo de en frente, igual pero más musculoso.
— ¿Señorita Edwards se encuentra bien? —esta bufa. Parece que no fuese primera vez.
—Si, no es nada grave de verdad.
—No podemos permitir que sufra algún daño— advierte el primero mirando a Antonio con severidad. Este se trata de soltar inútilmente. Los tipos estos dan miedo. —Ordenes de su madre.
— ¡Argh! — se cubre la frente. — ¡Ya! sólo fue una discusión. Suéltenlo, ¿él no volverá a perder los estribos verdad? —este niega con la cabeza con los ojos muy abiertos. Estoy segura de que, si Tina diese una orden, le darían la paliza de su vida. Por lo bajo.
De repente tomo conciencia de lo poderosa que es. Aunque seamos sinceros; le seguiré tomando el pelo.
Lo sueltan y él sin mirar a nadie se larga rápidamente. Los tipos preguntan un par de cosas a lo que Tina se niega y ellos educadamente se largan.
— ¿Se van? — pregunto curiosa.
—No creo, no puedo ni ir al baño sin vigilancia. —Se cruza de brazos.
— ¿Siempre? — pienso en todas las veces que hemos estado con Tina en el mall, en la calle y aquí.
—Siempre. A menos que sea la mansión, o esté con mi familia. Al menos logré que se sacaran los trajes de hombres de negro— ironiza.
—Uff — la miro. Se ve complicada pero resignada. — Descuida— sonrío y paso mi brazo por su cuello atrayéndola. — Igual te daré tus pataditas si te las mereces. —La miro amenazante juntando nuestras mejillas.
—Yo sé que si— sonríe.
—Por cierto, ¿A qué venías?
—A verte, y quizá conversar, y subirte el ánimo.
—Y a comer— asiento. No como algo del almuerzo…
—Por suerte no pierdes el apetito.
—Ah no, eso sí que no.
—Es raro— comenta cuando caminamos a mi casa— Eres una mocosa hiperquinética y todo eso. Pero a veces muestras una madurez inquietante. Eres difícil de leer.
—Soy Géminis.
Ríe.
— ¿Y eso que tiene que ver?
—Nada. —Estamos frente a la puerta de mi casa. Viene el recuerdo de cuando bese a Sam aquí, suspiro cabreada. Tina me abraza como intuyéndolo.
—¿Qué tal? chicas— saluda mamá Ale. Nos mira evaluadora. — ¿Qué hacen? — entrecierra los ojos.
—Nos interrumpiste justo en el beso. —Bromeo ahuyentando el recuerdo.
— ¿Ah sí? —Mira de una a la otra ¿Qué no entiende el sarcasmo?
—No —rodeo los ojos. —Hace frío mamá.
—Ya, ya. Pasen.
—Descuide tía, no pasa nada. — La saluda.
—Lo sé—ríe—nunca la he visto con una chica. —Mamá del mesón me mira de reojo. ¡Es verdad mamá Ale aún no lo sabe! Supongo que tendré que dejar la hetero—curiosidad. Ni yo me la creo.
Decido que le contaré en otro momento, no porque se lo vaya a tomar a mal, es sólo que ahora estoy con Tina.
Nos sentamos a la mesa y mamá nos ofrece galletitas.
— ¡Por qué no las vi!
—Porque las escondí de ti. —Sonríe cruel.
¡Como indignada! Mamá Kate y Tina se llevan estupendo, supongo que su sentido del humor ayuda. Luego nos vamos a mi cuarto.
—Y bueno— Tina se recuesta en mi cama. — ¿Cómo llevas el escándalo de Paola?
Sin anestesia. Como su madre.
—Supongo que en el fondo sabía que pasaría. —Me cruzo de piernas. —Aunque es imposible conversar con ella. Jura que soy una especie de prostituta o que se yo. —No estoy emitiendo un juicio, pero ella no me conoce para empezar.
— ¿Oye y pasó algo con Antonio?
—Jijijiji…
— ¡Chloe! — me lanza un cojín.
—Oh vamos, al principio Sam sólo era un dolor de culo. — Aclaro. — Eso es parte del pasado.
—Si bueno… ¿No crees que Paola siempre te vio como una amenaza? —su mirada no me gusta nada.
Frunzo el ceño.
—Antes odiaba a Sam. —Era todo menos una amenaza. Ella nos vio muchas veces tiradas en el suelo golpeándonos.
— ¿De verdad la odiabas?
—No… pero me desagradaba profundamente. Tan calladita y mojigata. —Me cruzo de brazos. Lo peor es que recuerdo cuando bromeada de vez en cuando y me hacía reír.
— ¿Y es así?
—No —gruño avergonzada. Tina me observa —No quiero hablar de ella.
—Está bien.
—Se que es tu amiga y todo eso, pero no le cuentes nada.
—No tranquila. —Sonríe. —Decidí que las dejaría solas.
—Muy sabio de tu parte.
Sam.
Maldita semana, ha sido muy lenta, muy triste y para variar siento que todo el ambiente está animado por las fechas y esa alegría me rebota. Para Paola soy parte del amoblado de la Universidad, o de la pared. No sé. Quizá una ventana.
Para Chloe… creo que para Chloe estoy muerta. Trago saliva, miro por enésima vez esta semana en dirección a la facultad de Chloe. ¿Me extrañará? Espero que haya dejado de ver a ese imbécil. Por su bien. Siento mal el estómago y ese impulso en todo mi cuerpo que no deja de insistirme en ir corriendo donde ella y obligarla a abrazarme, o por último mirarme, o quizá insultarme. Lo que sea que signifique que toma en cuenta que existo.
Quizá se deba a que la tengo lejos, a Paola por más que me odie la veo todos los días. De ella no sé nada, a veces ruego que nos topemos, otras veces no. Porque no quiero saber si ya superó todo, Chloe es de las que no se amargan… y yo bueno. Yo no sé bien que pasa. Me gustaría ir a hablar con ambas, pero sé que me pedirán (o al menos Paola) una respuesta. Y no sé qué diablos hacer.
Decirle que, si a Paola significaría no saber más de Chloe, no verla, y que mi yo del pasado me perdone, pero extraño lo inquieta y graciosa que es. Extraño su cuerpo, su olor, verla sonriente, sudorosa, con los ojos cerrados luego de…
Cierro los ojos.
Sería fácil volver. ¿Seré lo suficientemente cobarde? ¿estaré lo suficientemente deprimida?
Llego a mi casa y me recuesto. Miro al techo. Tomo mi celular y no. Me gustaría que se vaya esta pena.
El fin de semana me desconecto de todo, no quiero saber que hacen, no quiero meterme a nada. Además, estudio (o trato de hacerlo) para los exámenes.
El lunes mi voz se reduce a un sonido gutural algo ronco de tanto tiempo callada. El martes recibo una sorpresa.
Me encuentro recostada en mi cama, tocan mi puerta y le digo a mi madre que pase, en su lugar veo a Paola llorosa. Antes de que me ponga de pie corre hacia mí, me abraza y me besa. Desde luego que se lo devuelvo, mi cuerpo ruega por un rato de alegría y los besos de ella son cálidos, suaves y algo húmedos. Saben a reconciliación…
Entonces ¿Por qué aún estoy tan triste?
—Paola— susurro su nombre rogando que se grabe en mí.
—Sam… ¿terminemos con esto sí?
Lloro. Creo que más por mí.
—Pero…
—Ya— me calla. —Quiero olvidarlo.
Cierro los ojos y acaricio su espalda. No cabe duda de que la quiero, no cabe duda de que me gusta besarla. Le abrazo todo lo que extrañé hacerlo estás semanas.
Miércoles.
— ¡Eres una imbécil!
—Gracias. —Es triste que tu mejor amiga te mire así. —Parece que preferías a Chloe.
— ¡No idiota! —gruñe Tina— por mi puedes estar con quien sea, pero esto es casi penoso.
— ¡¿Penoso?!
— ¡Como se te ocurre volver sabiendo que te gusta Chloe!
—Gustar no es suficiente— miro a otro lado. — Además es como un volver condicional.
Me ignora.
— ¿No sientes nada por ella?
No respondo.
— ¿Me vas a decir que ya superaste todo y seguirás adelante?
— ¡Bueno y eso que importa! —sonrío con tristeza— ella ni se molesta en recordar que existo. —Estoy segura de que ni siquiera le importo, probablemente salió el fin de semana y conoció a alguien que la distrajo mientras yo sufría…
— ¡¿Pero y qué querías que hiciera?! Paola le fue a pedir explicaciones que tú debiste haberle dado y después te vas con ella— la mirada que me da es como si yo fuese imbécil. Miro mis pies— no das ni un solo paso por Chloe ¿Por qué Sam? ¿Qué te da miedo?
—No tengo miedo. — mis ojos se nublan. Odio ponerme sensible frente a Tina.
—Samantha— dice bajito. — ¿Es por Antonio? ¿Es por otros chicos? ¿Es porque te asusta su personalidad?
Por el peso que siento dio en el clavo.
—Es porque no confío en ella. Es decir, es excelente, es perfecta, todo muy especial hasta que no la veo. —Reconozco sintiéndome como una mocosa insegura— luego… imagino que tiene a alguien más. Me entero de que después de verme a mí, salió con él… a pesar de todo. — Libero gran parte de mi peso mientras un par de lágrimas me traicionan. Me duele mucho estar con ella y luego enterarme de que vio a Antonio. El chico con el que se besó en una fiesta en mi cara.
Mi problema es que no me siento importante para Chloe. Y eso me hace sentir impotente, nerviosa, asustada de que a mi si me importe.
Tina me observa, suspira y me abraza.
—Sabes, lo que yo diga no servirá— susurra— ¿Quieres un consejo de amiga?
—Sí. —Sonrío. Nuestros consejos de amigas son ley. Y se dicen siempre que sientes que tu mejor amiga la está cagando. El último que yo le di fue cuando terminó con Bruno.
—Habla con ella y dile todo lo que me dijiste y pensaste. —Cierro los ojos, me conoce tanto para saber que digo una frase, pero pienso 3 más.
—Si Paola se entera.
—A la mierda… — responde. —Piensa que si solucionas esto también puedes ofrecerle a ella algo concreto. No las migajas que eres ahora.
—Gracias.
—Piénsalo Samy.
Me permito pensarlo y repensarlo en la oscuridad de mi habitación todo el jueves. El viernes Paola mira con desconfianza mi negativa a salir a pasear. Supongo que tendré que andar escondida. Pero necesito hacer esto. Me levanto la mañana del viernes bastante animada. Me repito que es porque al fin tendré respuestas, y no porque la veré.
Y no, no tienes que besarla.
Cosa que casi se me olvida cuando a las 4pm. abre la puerta de su casa. La quedo mirando con cara de imbécil, lo bueno es que es mutuo. Cambia su expresión de desconcierto a una irritada y trata de cerrar la puerta. La atajo con todo lo que puedo.
— ¡Por favor Chloe!
—No, lárgate.
—Necesito que hablemos.
—No, tú tienes pareja, no deberías estar acá. —Paola se preocupó que, en redes sociales, todos supieran que volvimos.
—Por favor — ruego.
—No. Y no eres mi tipo.
—Pensaba que si— hago fuerza.
—No me gustan las cobardes… —la cierra y me da en el pie.
— ¡Apártate!
—NO. — Auuush… —Además si la cierras me quedaré aquí y tú madre me dejará.
— ¡Le diré que me acosaste!
— No te creerá. —gruño con lágrimas en los ojos. — ¡Además sabes que necesitamos conversar!
— ¿Sobre qué? — empuja la puerta. La sujeto con fuerza.
—Sobre nosotras.
— ¡No hay un nosotras!
— ¡Eso es mentira y lo sabes! —Me enojo. En eso deja de hacer fuerza, me voy unos pasos hacia delante y apoyo mis manos sobre mis rodillas.
—Uuuf — ya erguida veo a Chloe de brazos cruzados.
Observo su cabello castaño y su aspecto desaliñado, me detengo en su pantalón de pijama.
—Bien, pero no me mires así.
—Hmm —omito opinión.
— ¿Y bien?
—Quieres aquí… digo… ¿por si llega alguien?
Me queda mirando pensativa. Mueve los labios, los quedo mirando. ¡Gobiérnate! En eso sonríe lo que me perjudica más.
—Así se dan cuenta la clase de persona que eres.
Golpe bajo.
—Lo intento— susurro.
—Que miedo si no lo intentaras —me da la espalda— sígueme.
Ya en su cuarto se sienta de piernas y brazos cruzados.
—Ya, habla.
—Así no es tan fácil— gruño. Carajos no se dé dónde empezar así que pregunto el tema que me da una molestia estomacal. — ¿Qué pasó con el idiota? —pregunto desconfiada.
—Eso no es asunto tuyo. — No lo es, pero me vale verga.
— ¡¿Me vas a decir que sigues con él?! — pregunto escandalizada. Chloe me mira como si fuese un canal aburrido de televisión.
—Si, y nos vamos a casar. — sonríe. — ¿Eso querías escuchar verdad? una razón para odiarme.
Me tengo que tragar la respuesta, siempre que respondo enojada lo hecho a perder todo.
—No. —Murmuro— es un imbécil. — me cruzo de brazos. —Sólo me preocupaba por ti.
— ¡Si te hubieses preocupado por mí no actuarías de esa manera! — espeta.
— ¿A cuál de todas te refieres? —Bueno siendo sincera la he cagado más de una vez.
— ¡A TODAS! —Me mira enojada, y comprendo que no soy la única guardándose cosas.
—Chloe— abro y cierro los ojos, respiro profundo. — Esa vez que discutieron con Paola…— digo incómoda— no sabía que pasaba, sólo pensé que sacándola de ahí terminaría el escándalo. Únicamente pensé en eso— me excuso.
—Bueno para colmo podrías ser más sincera con ella— ese comentario me patea, pero es verdad.
—Claro y le voy a contar todo lo que hemos hec…
— ¡No estabas con ella! —grita, sus mejillas se ponen algo rosadas, me dan ganas de ir y abrazarla. Pero temo por mí, la toco y mando todo al carajo. — Pero podrías ser más sincera en otros aspectos.
—Si soy sincera en ese aspecto… — ¿tanto nos cuesta decir sentimental? —Me manda al carajo.
—Eso debería hacer —bravuconea. —Y por Dios… —ironiza— n
…