Capítulo 22 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

El espíritu navideño

Chloe

Viernes.

Luego de clases, me siento frente al ordenador, pongo música y converso con Dani y Javi, supongo que mis queridas compañeras también quieren enterarse de primera fuente de las fiestas de fin de año y organizar nuestras vacaciones. La semana, al menos de la mitad ha sido tranquila, salvo por el hecho de que no tenía idea de que mi hermano tenía tantas fans, ¡morirán! ¡morirán todas! ¡Monstruos insaciables de lujuria!, gimoteo internamente.

Hablo con Tina por Facebook y veo que dejan caer una rosa frente a mí. Mamá Ale levanta una ceja. La tomo, descubro un exquisito aroma, algo suave, la rosa es natural, de color rojo muy oscuro.

— ¡Qué lindo detalle! — alabo. Aunque por su cara no me la envió ella.

—Venía con esto — me entrega una nota.

—A ver, a ver— rio entretenida, ¡no es mi culpa ser tan popular! La leo para enterarme de quién diablos es, pero en lugar de tener un nombre dice ‘’Espero que ya estés mejor del cuello… ‘’

Enrojezco y miro de lado a mamá que tiene los brazos cruzados lista para interrogarme. ¡Estúpida Sam! ¡Haz ganado 10 golpes más! Aunque…. está bonito.

—Ya sabes… por el resfrío.

—Chloe… no soy tan idiota.

—Muy bien, cosas que pasan ¡¿Acaso nunca te ha pasado?!

—Si… — frunce el ceño. — ¿Es la chica esa?

‘’Esa’’ jaja.

—Si… ¿Te molesta?

—Bueno que te deje el cuello así… — me mira seria— supongo que va en serio. —Exhala resignada.

—Ay mamá, sólo es una flor.

—No me refería sólo a la flor.

Nos quedamos mirando.

—No me la imagino— sonríe burlona y se sienta en mi cama — ¿Cómo es?

—Pues… tiene… tiene el pelo oscuro. —Si con eso basta…

—Ya…

—Es… es más alta.

—Ajá —cierra los ojos— ¿y psicológicamente?

—Humm es más tranquila que yo.

—Eso es obvio— bromea. Dejo la rosa en la mesita y me lanzo sobre ella.

—Ya basta de interrogación— ¡Por favor!

— ¿No tienes una foto? — Tengo sólo una, muy escondida en mis carpetas.

—Humm no — me ruborizo.

—Oooh, ¿no podré saber quién es esa que atrapo a mi niña? —Hace un puchero fingido. Rio nerviosa.

—Algún día— la miro seria, dentro de lo que se puede…

—Eso espero. —Sonríe. —Oye, estaba pensando en pasar un día juntas.

— ¿Ah sí?

—Si… como cuando eras pequeña y nos escapábamos— debe pensar en esa vez que Alejandro acompañó a mamá donde nuestra tía abuela por un día. ¡Comimos hasta reventar!

— Lo pasamos genial— recuerdo también cuando íbamos a pescar. Aunque esa vez llevamos a mi hermano… se cayó al agua y espantó a los peces. A mamá Kate casi le da un infarto, nunca la vi tan enojada, y eso que el agua en general estaba bastante tranquila y Ale nadó sin problemas.

— ¿Vamos a pescar? — hace una mueca. —No llevemos a mamá— bromeo.

—Suena bien, pero invitémoslos a ver qué tal.

1 hora después.

—Entreno— se niega Ale cambiando de canal. —Otro día.

— ¡Púdrete! — la razón es que no pesca nada.

—Yo saldré con Caro y Elisa, adiós. —Mamá bebe un sorbo de jugo y mueve las manos como si espantara basura. —Si llueve no van.

— ¡Mandona!

—Ya hace frío, llueve, y tú eres peligrosa hasta en verano— me mira de reojo. —Los dos ojos atentos Alejandra —advierte.

—Si… pero iremos solo por el día.

— ¿Enserio? — gimoteo.

—Pero piénsalo… vamos en la mañana, almorzamos lo que pesquemos— sonríe— y en la tarde unas cervezas. — Susurra. —En la noche no pasaremos frío.

— ¡Tienes razón! — me vuelvo a animar, juro que las cervezas no tienen nada que ver.

—Veré si las chicas van— se anima ella también.

—No irán— ríe mamá.

En eso tienen razón, pero ya qué, ¡Día de madre e hija!

El sábado nos levantamos a las 6am. A pesar de estar animada le tiré una almohada a mamá ¡Mi sueño embellecedor! Llegamos en casi una hora y creo que dejé con babas el asiento de atrás.

A las siete, ya más despierta, armamos una tienda, lo necesario para cocinar peces, más comida y bebida.

Mientras lanzamos la carnada escuchamos música y conversamos, quizá haya un pez que no le preocupe el pop… quien sabe. Mamá siempre pesca algo, yo, depende… ¿tendrá que ver el carácter?

A las 7.30 llega una camioneta y veo a Tía Fer salir feliz. Por suerte viene sola, respiro relajada. Como es muy graciosa nos hace reír con historias pasadas ¡Y tiene cañas profesionales! me presta una y nos cuenta que por fin tuvo un sábado libre.

A las 8:30 me voy a preparar algo para comer, por fin despertó mi apetito, las dejo conversando y cuidando mis cosas. Bostezo haciéndome un pan con algo, es una suerte que mamá se acordara del termo. Les pregunto si quieren algo y como se niegan, más para mí.

— ¿Podrías hacerme uno? —escucho. Me giro y veo al diablo.

— ¡¿Qué rayos haces acá?!

—Mamá me invitó— me mira sorprendida. —Me quedé dormida atrás.

—Ah pues… bien —le doy un pan, ¡Lo hago porque quiero, no porque ella quiera uno!

—Gracias… ¿Te molesta?

—Hmm — la miro dándole una mordida. —La verdad no — su cabello está tomado en una pequeña coleta. Bajo la voz— Pero compórtate. Acá no podemos…ya sabes. —Miro a mamá muy entretenida riéndose. Tía Fer lanza de nuevo y respiro, tranquila.

—Descuida— ríe bajito —Me gusta pescar, antes solíamos venir más seguido con mamá.

— ¿Ah sí? —Entonces la miro bien, una chaqueta oscura y una caña también muy bonita, algo gastada y a juego con su ropa. Está claro que vienen más que nosotras y que se lo toman más enserio.

—Si— sonríe— es tranquilo y relajante. Me extraña que tu estés aquí.

— ¿Bromeas? ¡Comida! — babeo.

—Ah, ahora si— ironiza— ¿Te gustó la rosa? — me pregunta algo insegura, sus ojos se ven mucho más azules en este día con el cielo cubierto de nubes.

—Si… muy bonita. —Respondo un poco ida. Doy un respingo. — ¿Te tomaste enserio lo de los méritos eh?

—A lo mejor— ronronea.

—Ya te dije que te comportes— miro de reojo. —Mamá me trajo la rosa… quiere conocerte— rio burlona.

— ¿Qué le dijiste? —pregunta curiosa.

—Sólo que algún día lo haría, he pensado en llevar alguna amiga, pero las conoce a todas y sería un poco… raro— no me imagino besando a Javiera ¡puaj! ¡puaj! Sobre todo, porque sé lo que hace con esa boca… la observo y veo un destello de enojo. — ¿Algún problema?

—No. Tal vez podría hacer lo mismo.

—Tú madre ya conoce a Tina— comento cruel.

—Pero podría ir a algún bar o algo así a conocer a una chica.

—Atrévete— sonrío. —Eres libre.

—Si —se acerca.

— ¡No me toques! —gruño yendo donde mamá. Antes que de dos pasos me agarra del codo.

—Era broma.

—Ahm. Pues… ¡bien!

Fiel a su palabra, Samantha va al lado de tía Fernanda, ordena sus cosas y se sienta relajadamente a esperar que un pez se coma su carnada. Claramente el silencio, la paciencia y la calma van acorde a su personalidad (cuando no estoy yo).

En una media hora, las 3 miramos indignadas como arranca del río a su primer pez, no me creo gran conocedora, pero creo que es una trucha. Una gran, gorda y deliciosa trucha.

—No les daré —bromea aun sosteniéndola del anzuelo.

—Bah, ¿Cuál es el secreto? — gruño.

—Paciencia, calma y silencio. —Responde— o sea, que estas acabada.

Mamá se ríe.

—Tranquila, ya pescarás uno.

— ¿Y qué has pescado tú? — ¡sin vergüenza no tiene nada!

—A tu madre— se ríe de buena gana.

— ¿Y vaya que te costó eh? — la codea tía Fer.

— ¡Silencio! — dice digna. —Se hacía la difícil— hace un puchero.

— ¡Ah! mi madre— comento feliz. Al cabo de un rato por fin pica algo.

— ¡Yes! — celebro a mi pequeño pescadito.

—Es acorde a tu tamaño— bromea Sam haciéndole bullying.

— ¿Dónde prefieres el truchazo? —apunto a su rostro. Hace una mueca ¡Hum!

—No empiecen— escucho a tía Fer— Es navidad.

—Aún no. —Falta, Falta. — ¿Y qué harán tía?

—Oooh —dice mientras coloca la carnada— iremos a la casa de mi familia. ¿Ustedes también?

—Sip —digo feliz.

—Pórtate bien.

—Ya no tengo doce años— digo indignada, ¡Si yo ya me comporto!

—A veces lo olvido— hace un puchero, melancólica. — Igual que mi Sam— Gimotea. Nos miramos de reojo.

—Los años pasan— digo como que no quiere la cosa— ya sabe, hay cosas que no se pueden evitar… — mamá se pone seria, cosa que ya me esperaba, no así el rostro asesino de tía Fernanda.

—Hasta a mí me preocuparía si algún depredador está al acecho de mi melliza malvada— mira a ambos lados en broma. Me rio mirando de reojo a su hija.

—Descuide, nada interesante— decido molestar un ratito.

—A ya— bromea. — ¡Creo que picó uno! — se distrae.

Seguimos así y aprovechamos de almorzar los que tenemos, que son varios; así que nos damos un banquete. Cuesta reconocerlo, pero mi tía y sobre todo Sam son un excelente aporte. Luego las mayores se dedican a dormir siesta mientras nosotras vigilamos las cañas en la orilla.

Sam se inclina y pregunta bajito.

— ¿Así que nada interesante?

—Silencio depredadora. — sonrío. Ella mira hacia atrás y como sólo sobresalen unos pies de la tienda de tía Fer se acerca más.

—A ver… —canturreo. — Te acusare a mi sobreprotectora tía — pestañeo, coqueta.

Me da un besito en la mejilla y pone más atención a su caña, la mueve un poco hacia atrás y se queda así.

Supongo que está bien… ¡Como se atreve a ignorarme! Le pincho una pierna con el índice, y de ahí lo deslizo para molestar.

—Pensaba que no debíamos exponernos— susurra— y además… entiendo que aún estés enojada por lo del cuello— comenta y me mira sonriente. Enfurruñada tomo mi caña y pesco algo para Alejandro.

Nos ignoramos tanto en la tarde que la Sam y Chloe del pasado estarían orgullosas. A las 7 y media antes de que oscurezca, guardamos las cosas y pescamos lo que se pueda para nuestras familias. Ordeno todo lo que me prestó tía Fer y se lo devuelvo.

Antes de subirse al auto, Sam se acerca y la ignoro.

—Chloe…

— ¡Aaah! —me sorprendo— te acuerdas de que existo— hago un puchero.

—No digas eso — me mira fijamente— ¿quieres hacer algo al llegar?

—Quizá esté muy cansada.

—Oh, está bien…

Antes de que se gire le tomo el codo. ¡No me entiende!

— ¿Qué tienes en mente?

—Es sábado… ya sabes, salir, hacer algo —bueno, no se puede negar que se está esforzando, me rasgo la barbilla.

—Supongo que ya tienes planes, descuida.

—Yo no he dicho eso… —bajo mi mano detrás del auto y acaricio la suya— pasa por mí a las 10 ¿Está bien? — levantó la vista para encontrar sus ojos atentos a mi rostro.

—Si, nos vemos.

—Nos vemos…

Entró al auto y mamá entra unos minutos después.

— ¡A Kate y a tu hermano les encantará esto! —levanta un saco de arpillera.

— Si…

— ¿Estás bien?

—Si… ¿Puedo salir más tarde?

—Claro —empieza a conducir — ¿De fiesta?

—Exacto. ¿Tu harás algo?

—Estoy molida— Ríe. — Sólo quiero dormir.

Dos horas después

—Chloe tu novia— escucho a mamá cuando entra a mi cuarto.

—Ja. Ja… Si muy graciosa. — Se aprovecha de que mamá está dormida y de que Alejandro salió.

Salgo de mi cuarto y veo a Sam en el sofá acariciando a Óscar. Me mira y se queda quieta, simplemente la observo, ropa oscura, cómoda y apegada al cuerpo, nada particularmente inusual. Aunque… no lo necesita.

Mamá carraspea.

— ¿Terminaste? —está mujer.

—No, ¿Dónde van?

—De fiesta— golpeó su cintura con la mía. —Al centro no sé. —La miró dudosa.

—Si — me confirma— descuide, no le quitaré los ojos de encima.

—Eso ya puedo verlo. —Sam enrojece. Jejeje….

—No la molestes. Estaremos bien, yo la cuidaré— ¡Flecto mi brazo y muestro mi poderoso bíceps!

Mamá y Sam fruncen el ceño.

—Cuídala — Dice simplemente entrando a su cuarto.

Gruño, ella me sonríe y se pone de pie.

—Hola.

—Hola — se inclina y besa mi mejilla suavemente, un saludo tranquilo y gentil… que no esperaba. Quizás es porque pasé años viendo lo negativo de ella y hasta hace poco hemos podido conocernos. Conocernos de verdad.

— ¿Vamos?

— ¡Oooh yes! — celebro yendo a mi cuarto para sacar mi chaqueta, revisó mis cosas y abandonamos la casa.

Salimos y notamos de inmediato el frío. Sam propone buscar un bar que tenga calefacción, las dos somos nuevas en este tipo de Bohemia gay. Primero porque Sam sale poco y conocía un par y yo porque soy hetero curiosa.

¡Está bien! ¡Sam me tiene un poco gay! ¡Un poco!

Ya sentadas pedimos unos tragos.

—Por fin— Sam se sienta con una sonrisita cómoda.

— ¿Cómo llegó tu mamá? —pregunto.

—Agotada, se bañó y se durmió ¿Y la tuya? No la vi.

—Creo que ni se bañó antes de dormir —reímos.

Las molestamos un rato y bebemos hasta que es hora de bailar, así que le sugiero ir a la que fuimos cuando le ayudaba a … bueno, cuando la ayudaba en sus cosas. Asiente y cuando entramos nos miramos de reojo. Nos sonreímos a la vez.

—Recuerdo que te fue muy bien con las damas— Sam mueve las cejas.

—Ajá y dejaste que bailará con cualquiera— bromeo.

— ¿Pero no te traumaste o sí? — me dice mientras caminamos.

—Nah, en ese entonces cualquiera bailaba mejor que tú. — ¡Toma!

—Pero ya no es así— me mira con reproche.

—No lo sé— pestañeo, pícara. Con una mirada serena siento su cálida mano sobre la mía, las entrelazamos. Me parece que antes no lo habíamos hecho, la miro un poco temerosa.

—Quizá ahora te sorprenda— camina hacia la pista sin quitar la vista de mí.

Yo diría que ya lo hizo… bailamos un rato y luego bebemos, conversamos de la Universidad y nos reímos de fiestas pasadas que nosotras prácticamente arruinamos. A las 3 cuando salgo del baño y sonríe al verme, me percato de que no nos hemos molestado ni en observar el lugar, si es que hemos mirado algo más que nosotras mismas. Trago saliva y tomo su mano de nuevo, me siento idiota porque me las acabo de lavar y probablemente estén húmedas, Samantha no dice nada, sólo se inclina y me da un besito corto. La sigo y después de bailar unos minutos recuesto mi mejilla en su hombro. Sólo me incorporo cuando se inclina y acaricia mi mejilla con la suya, sus brazos rodean mi cintura y me doy cuenta de que la música se ha tornado más lenta. Cierro los ojos y me dejó llevar. El ambiente es cálido, pero nada como la calidez de la chica que me está abrazando ahora, que se mueve al compás de mis pasos y que no me ha soltado en toda la noche.

—Sam— Se me escapa. Me sonrojo y me doy cuenta de que la música está tan fuerte que quizá no me escuchó.

Pero estoy equivocada… se separa un poco y dice mi nombre, no la escucho, sólo observo sus labios al moverse. Junto las cejas, juraría que estoy sentida con ella, creo… no sé, ahora que la estoy besando ya lo olvidé. Se separa lentamente y sonríe.

Nuevo los labios sin pensarlo demasiado, no sabía que uno además de con el alcohol, podría embriagarse de una persona.

“Te quiero Sam" susurro. No hace falta que me escuche de todas formas. Me queda viendo algo pegada, en eso pronuncia un claro “yo también a ti" asiento un poco imbécil y luego nos dedicamos únicamente a bailar, no fue un momento fácil de digerir, sin embargo, seguimos juntas en una pista en que pareciera que sólo estamos las dos.

...

— ¡Uuuf! —escucho a mi lado— me duelen las piernas.

—Estuvo bueno— sonrío. Prefiero la música de este tipo de locales ahora que lo pienso. Sam asiente y mira la hora, aún está oscuro.

—Supongo que…

—Ni en un millón de años te vas sola en la madrugada.

—Entiendo. —Asiento captando el mensaje— Tienes miedo y no quieres que te deje sola. — Frunce el ceño.

—Claaaro.

—Descuida, tendrás mi protección.

—Eh… tomemos un taxi.

— ¿Hacia dónde?

—Hacia mi casa — sonríe.

—No lo sé… — le tomo el pelo.

—Usa el cuarto de invitados si te doy miedo. — Ahí, justo en el orgullo.

— ¡Jamás me has dado miedo! — ¡Ven aquí! ¡Dónde lo quieres! Ríe y hace parar un auto. Entro indignada, me siento indignada y bajo indignada.

— ¿No se molestarán las tías?

—Yo creo que les molestaría más que te deje sola en la noche. — Revisa sus llaves y abre la puerta.

— ¿Y saben que estás conmigo en primer lugar? —pregunto burlona.

—No. —me toma la mano y entramos a oscuras hasta su cuarto.

— ¿Qué dijiste?

—Sólo que saldría con “alguien".

—Huuumm — la miro coqueta. Se carcajea bajito y nos quitamos el abrigo. Ya colgados aprovecho de comentar.

—Espero que no creas que dormiré con jeans.

—Mis pijamas te quedarán grandes— hace como que piensa. —No me molestaría que duermas sin ellos. —Sonríe sentada en la cama.

Apago la luz.

—Si fuese por ti yo dormiría sin nada. — Me lo comienzo a quitar. Noto como su cuerpo se queda quieto en la penumbra de la oscura habitación.

— ¿Sí?

—Acercarte— susurra. No necesito ayuda, pero me acerco de todas formas. Me baja el Jeans y cuando levantó las piernas me los termina de quitar. Me abraza y acaricio su cabello, su mejilla se desliza por mi vientre y comienza a repartir besitos, parece que el agotamiento se me fue.

Me inclino y hago lo mismo con ella, le quitó el pantalón y entre sonrisitas nos damos besos.

—Oye… —canturreo con su mano en mi trasero. Me tiro sobre ella y me abraza de la cintura, nos besamos largo rato y muy lentamente. En un impulso comienzo quitarle la ropa, beso sus senos y acaricio su cintura. Nos quedamos mirando abrazadas, juego con su ropa interior.

—Adelante —susurra besando mi cuello. También me desviste, nos metemos bien en la cama y nos hacemos cariño el tiempo suficiente para grabarlos nuestros cuerpos.

—Está lloviendo— susurro oyendo el agua golpear el techo.

—Una ventaja — responde Sam bajando de mi vientre.

Me recuesto entendiendo en segundos el mensaje, entreabro la boca y mis jadeos son encubiertos por la lluvia. Oye si, la chica es sabia, debe ser el año de más.

Cuando la temperatura del cuarto comienza a cambiar, sube a mi rostro y me acaricia.

— ¿Me quieres? —sonríe besando mi mejilla y bajando la mano para subir una de mis piernas, siento que estoy muy mojada cuando se recuesta sobre mí, suspira.

—Es una pregunta un poco sucia de hacer si hace segundos estabas con tu cara entre mis piernas. —Bromeo en la penumbra.

—Era la idea— escucho. Toco su trasero con mi pantorrilla y la acerco.

—Sabes que sí, pero no te aproveches. — Le doy un besito oyendo el colchón ceder ante la presión de nuestro movimiento.

—Tampoco es algo que puedo pasar desapercibido.

—Más te vale. —Sonreímos antes de dejar la conversación a segundo plano. Por esta noche sólo quiero que sea mía.

Nos quedamos dormidas al amanecer, nunca pensé sentirme así de feliz y en paz entre los brazos de alguien. La abrazo y beso su pecho antes de entregarme al sueño y la comodidad del sonido de la lluvia.

Cuando despierto me encuentro mirando a la pared, tengo un brazo en mi cintura con el puño descansando en el colchón, me giró y me encuentro con la mitad del rostro de Sam a la vista. Su cabello está muy despeinado, sus labios muy rojos y lo más interesante es que pareciera que sonríe. Le doy un besito y miro al techo. Me sorprende cuando se mueve y me atrae para dejar un besito en mi cabello.

—Despierta —susurro.

—No.

Como la mujer madura que soy beso su nariz para molestar.

—Carajos Chloe. — Masculla algo de infantil entre sueños. Me río bajito.

Saco mi celular, son casi las 12, mi familia sabía que no llegaría así que no me preocupo. Me duele un poco el cuerpo, debe ser porque me puse creativa con Sam, sonrío. Aún puedo oírla gimiendo en mi oído, que coqueta puede ser ¡Pobre Chloe! ¡Estúpida mi heterosexualidad idiota!

Miro a la chica plácidamente dormida a mi lado, no sé, no sé… puedo dejarla dormir, puedo darle más besos o puedo tocar un poquito. Levanto las frazadas y veo una pálida pierna. La acaricio y recuerdo lo de anoche.

—Tienes cara de depravada. —Sam me mira seriamente.

—Lo soy. — ¿Para qué voy a mentirle?

Ríe bajito.

— ¿Dónde está la chica tan dulce que me hizo el amor anoche? —bromea.

—Aquí tocándote el trasero.

—Tiene sentido— acaricia mi cuerpo. — Ven aquí. —Me besa y terminamos acariciando nuestras narices. Me recuesto sobre ella y cubre mi destapada espalda.

Sandra

Cuando ya es mediodía decido asegurarme de que Sam está bien. La sentí llegar anoche, pero quizá esté con res

…