Capítulo 17 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
La media mitad
Chloe.
—Alejandro— subo el tono por quinta vez. Lo muevo.
—No me toques— gruñe más pendiente de lo que ocurre al frente.
— ¿Me vas a ignorar? —empiezo a enojarme. — ¡Por eso mismo no te conté!
Maldita sea ¡sabía que reaccionaría mal!
— ¡Nunca me habías ocultado algo! Y mira esto ¡con esa zorra!
— ¡No le digas así! — Detiene el auto pesimamente en un costado.
—Chloe cualquiera ¡cualquiera! —vocifera— ¡¿Acaso no recuerdas como te trató?! Se está aprovechando, ya sabes como es. ¡Maldita sea! ¡Tiene una novia! ¡Las he visto! ¿Sabes qué? ¡no me importa, volvemos y le doy lo que merece! — espeta furioso. Prende el auto violentamente.
—Alejandro juro que no te dirijo nunca más la palabra— le advierto. —Ya sé que tiene novia, o ex, lo que sea— trago saliva, genial ahora eso se siente pesado…
— ¿Y te gusta ser la otra?
—Terminaron— aclaro rodeando los ojos.
— ¡Y demonios! ¡¿Tú no estabas con Antonio?! — frunce el ceño. — ¿De qué se trata eso? ¿Lo haces de dolida?
— ¡No me duele! — le grito. — ¡Es su vida Ale!
Me queda mirando, pone una expresión de lástima que me revienta.
—Deberías verte la cara. Te duele— vuelve a conducir.
—No estoy dolida, no me importa. —Aprieto los dientes.
—Lo que tú digas. — susurra.
Me siento con los brazos cruzados. Llegamos a casa y bajo detrás de mi hermano. Al entrar vemos a nuestras madres riéndose cerca del horno por vaya a saber qué motivo.
— ¿Está todo bien? — mamá Ale nos mira preocupada.
—Si — Responde Alejandro con una voz serena. Lo conozco, está fingiendo. —Acá está.
— ¿No estaba peleando con Sam verdad? — El solo escuchar su nombre me hace sentir pésimo.
—No claro que no— detecto un poco de sarcasmo. —Se llevan súper.
—No exageres— gruño.
— ¡¿Exagero, yo?! — dice un poco alto. Lo miro furiosa. Si dice algo lo pagará.
Antes de que mamá pregunte qué diablos pasa llega el abuelo.
—Pero si son mis mellizos. — sonríe. Sus ojos amarillos van de mi hermano a mí, llenos de amor. Imposible seguir enojada. Su cabello ya está casi blanco.
— ¡Abuelo! — lo abrazo. Beso su mejilla— me mece suavemente, Luego abraza a Ale. Supongo que nuestras peleas pueden esperar. Jamás se nos ocurriría mostrar un espectáculo frente al abuelo, está muy viejito.
Y además nuestras mamás nos matarían.
Sam.
Me quedo de pie mirando la lluvia, ya es martes y Chloe no me habla. Llevo varios días comiéndome la cabeza si llamarla o irla a ver o no. El problema está en que no se si está arrepentida, o si quiere verme o qué diablos pasó. Ni siquiera respondió un saludo. Miro hacia su facultad.
—Samy… —Tina me mira bajo su paraguas.
—Tina— Saludo sin ganas.
— ¿Está todo bien?
—No. —Sigo mirando hacia la facultad de Chloe.
— ¿Qué pasó? — pregunta suavemente. Debo verme horrible si controla su tono.
—Alejandro— respondo roncamente. Nos miramos un rato, hace un ruido.
— ¿En qué situación? — camino con ella.
—Beso… por suerte. — Me da una miradita, con eso dejé en claro que pasó algo más y Tina lo captó.
— ¿Quieres ir por un té?
— ¿Un té?
—Vamos, me gusta ir. Es ideal para estos días de lluvia.
Hmmm no tengo mucho dinero ahora… Tina parece adivinarlo.
—Samy a mí no me cobran.
— ¿Por qué eres tan famosa? — pregunto en tono de burla.
—Bueno, creo que es el apellido— ironiza— supongo que le da estatus al local.
…
— ¿Ya te acostumbraste? — pregunto unos minutos después viendo su foto con el dueño en la entrada.
—Si— suspira. La miro de reojo, no sabré yo cuando se enojaba y quería que la trataran como al resto. —‘’Un gran poder conlleva a una gran responsabilidad’’.
—Es el precio del dinero— le doy un codazo cariñoso.
—Todos me aman —ironiza.
—Ya sabes que si me jodes te golpearé sin miramientos. —Es mi forma de decir que no me importa cuanto tenga, la voy a tratar igual.
—Lo sé— me toma el brazo y nos sentamos cerca de la ventana.
Pedimos y me mira evaluadora.
— ¿Y bien? pensé que te habías rendido.
—No sé de qué hablas.
— ¿Vas a decirme que después de lo que pasó, ella no te importa?
Nos miramos tanto rato que llegan con las tazas y servicios.
—Quizá un poco.
—Un poco mucho.
—No quiero pensar en eso.
— ¿Y bien…? — lo deja pasar — ¿Cómo fue todo?
Le cuento desde el inicio (a grandes rasgos) hasta que Ale nos pilló.
—Que mala suerte. —Suspira sirviéndose té. Bajo la vista, había olvidado que ya trajeron todo.
—Y no sé qué va a pasar… — suspiro. —Ese imbécil me odia.
—Si yo no fuese tu amiga también te odiaría.
— ¿Perdón? No le he hecho nada malo.
—No. Pero estás aún con Paola… ya sabes, saliendo, haciendo … cosas— mueve la mano. —No me gustaría que ella salga herida.
—Ella está saliendo con el idiota amigo de Bruno, seguro que ni le importa.
—Estás viéndolo muy ciegamente. — Me mira con reproche. — Según tú, ¿Chloe no tiene sentimientos?
—No he dicho eso.
—Cuando hablas así eso parece. —Come un pedacito de pie— te recuerdo que es una chica de 20 años, hasta hace unos meses, heterosexual— me da una miradita, me ruborizo. — ¿Hablas de Paola frente a ella?
Recuerdo lo del sábado.
—Ahora es raro— reconozco— la nombré y fue muy incómodo.
— ¿Y ella te habla de Antonio? —recuerdo con pesar que tuvo consideración en no decir nada.
—No lo nombró.
—Les voy a tirar las orejas a ambas— finaliza. —El viernes salió con él.
—Ya lo sé— gruño. Como si quisiera que me lo recuerden.
— ¿Vas a esperar a que él le pida que sea su novia? Se ve que te molesta.
— ¡¿Y que más voy a hacer?! —me exaspero.
— Samantha — me mira horrible. — ¿Seguirás acostándote con ella?
—Sí. — bravuconeo. No tengo ni la más mínima intención en dejar de hacerlo.
— ¿Y qué harás con Paola?
—No sé— me enojo conmigo misma. —Ella quiere volver, supongo que no podré seguir escapando.
— ¿O sea que volverás con ella y te acostarás con Chloe?
— ¡Si! ¡No! ¡No sé! — pongo mis palmas en mi cabello.
— ¿Qué pasó con la chica seria? —bromea.
—Es que…— hago un ruido de molestia— ¡estaba todo tan bien!
Se queda en silencio dejándome hablar.
—Nada me garantiza que ella quiera seguir, ni me ha llamado. — me descargo. ¡¿Qué le costaba dejarme un mensaje?!
—Probablemente están peleados con Ale. —Le resta importancia. —Es su mellizo. No puedes competir con eso.
—Ese idiota— me desagrada profundamente.
—Sam.
— ¿Qué?
—Si quieres a Chloe vas a tener que ganarte a su hermano. — Me río de buena gana.
— Cero posibilidades. — me carcajeo.
—Entonces estás frita. —Me corta el rollo.
—Hmmm — frunzo el ceño.
—No me negaste que la querías— mueve las cejas— es increíble cómo cambian las cosas.
—Cállate Tina, no he dicho eso.
— ¿Ah entonces no? — la miro enojada ¡No quiero saberlo! —respóndeme una cosa.
—Que. —Se qué esta pregunta no me va a gustar…
— ¿Te gustaba de antes?
—No.
—Me parecía raro tanto odio. — Levanta un poco sus hombros.
—No me agradaba.
— ¿Por qué?
—Porque es desesperante, inquieta, infantil…— enumero. Sonríe burlona.
—Ah, pero todo eso se te olvida cuando te revuelcas con ella ¿o no?
—Te odio Tina. —Enrojezco.
—Para mí que ya te gustaba— arruga la nariz.
—Ya te dije que no.
—Y quizá a ella también le gustabas— continua sola mirando al techo pensativa.
—Basta.
—En fin, ¿Lo has hablado con tu madre?
—No quiero.
— ¿No le van a contar a nadie? mamá Noelle dice que se ven lindas. — ríe. —Que no entiende porque no salen y ya.
—No es tan simple.
—Es cosa de ponerse los pantalones— me molesta. —Oye y ¿tía Sandra no las escuchó? en su torbellino de pasión. —Me toma el pelo.
La cara me arde.
—No y no le digas así.
— ¿Qué vas a hacer?
—No sé qué hacer. Son muchas cosas…
— ¿Por qué no hablas con Chloe? —dejo de sentir las tripas.
—No quiero.
— ¿Te da miedo que te diga que no te quiere?
Guardo silencio.
—O que te quiere…
—No lo sé.
— ¿La quieres volver a ver?
Exhalo aire, maldita Tina.
—Sí. — Reconozco.
—Entonces ya tienes el primer paso— hace como si fuese un brindis y bebe de su taza.
Chloe.
— ¡¿Vas a escucharme o no?! —grito a Ale de su puerta. Le pego fuerte.
— ¡Déjame sólo!
— ¡No puedes ser tan sentimental!
— ¡¿Qué hubieses hecho tú?!
— ¡Te mato! — grito enojada. Pateo su puerta. Tiene razón, nosotros nos entendemos.
La abre furioso.
—No quiero que estés con ella, te va a hacer daño.
— ¡No estoy con ella! — ¡Basta!
—Está jugando con las dos. — Sentencia.
—No lo digas así.
Son casi las 6 y media. La puerta se abre y entra mamá.
— ¿Qué pasa? — sus ojos serios nos estudian curiosos.
—Nada. — respondo. Ale entra a su cuarto.
— ¡Argh! — me enfurezco entrando a mi cuarto.
Nuestro récord era un día, llevamos como 3. Mis ojos brillan.
Miércoles.
— ¿Podemos hablar? — estoy de espaldas al pizarrón de la sala del consejo.
— ¿Cómo llegaste aquí?
—Es cosa de preguntar. Todo el mundo te conoce. — sonríe. Recuerdo lo que me dijo Ale, frunzo el ceño.
— ¿Pasa algo?
—No. Nada.
—Chloe…
—Déjame sola.
— ¡No te he hecho nada! — aprieta los labios. Los miro y me doy una bofetada mental.
—Largo Samantha — digo con frialdad.
— ¡¿No sé qué quieres que haga?! — trago saliva. Espero que eso no tenga más de un significado.
Vuelvo al pizarrón y sigo anotando.
Escucho un ruido de molestia y a Sam abandonando el salón. Paso mi mano por mi rostro. A las 9 me niego por el celular a una salida con Antonio. Mi mente me dice que vaya, que es lo mejor. Pero no tengo ganas, estoy cansada. Mi hermano no me habla y Sam… no sé, la odio.
—Hola mamás— saludo sin ganas yendo a mi cuarto. Me recuesto en la cama.
En media hora llega mamá Ale.
— ¿Qué? — le pregunto enojada.
—Estás imposible. — se enoja— como sea, tienes visita. — Se va.
— ¿Qué haces aquí? — me enojo sentándome en la cama, ¡debí haberle hecho caso a mi mente! No hubiese estado en casa.
—Estoy acá porque van como 5 días en que no me hablas, ¡si quieres olvidarlo sólo dímelo! — se queja Sam.—Pero quiero escucharlo de ti.
Nos miramos desafiantes.
—Si Ale te ve me va a odiar más.
— ¿Cuál es su problema?
—Tú.
Se queda en silencio.
— ¿Quieres que hable con él?
—Dudo mucho que acceda... y tú no lo harías.
—Si lo haría.
— ¿Por qué?
—Pues porque, es importante para ti. — Me mira fijamente.
—No me mires así— ruego. Sam se acerca y pese a que no la miro se sienta y me abraza fuertemente.
—Sam— gimoteo. Mi mejilla descansa en su hombro. Puedo oler su aroma, mi estómago cosquillea.
—Hablaré con él— susurra. — No sé qué rayos decirle, pero si es necesario lo amarro a una silla.
Rio.
—No hace falta. — aclaro. Ella acaricia mi mejilla con su pulgar y se acerca.
—Mírame a los ojos antes de que te bese— susurra. Me sorprende que lo recuerde. Se acerca y me da un besito. Antes de que se separe me adelanto a encontrar sus labios. Acaricia mi espalda y me besa tiernamente.
No conocía esta faceta de Sam… me hace sentir segura, que Ale me va a perdonar, que me… en fin, que todo va a salir bien. Nos separamos, no puedo dejar de mirarla. Se supone que yo la odiaba.
Me gustaría preguntar qué diablos pasa.
—No quiero olvidarlo— me sincero— aunque quizá sea lo mejor.
—No. — me corta. —Yo tampoco quiero.
Se pone de pie.
—Me tengo que ir, es miércoles, y es tarde.
—Si… — la acompaño a la puerta.
—Bueno Chloe— sonreímos, ella está en el pasillo, sé que me quiere besar— ha sido un gusto, hija de la amiga de mi mamá. — recita. Rio
—Idiota— susurro. —Cuídate. —Nos damos una miradita. La puerta de en frente se abre y Ale nos mira. Pongo cara de tragedia. Samantha levanta un poco los hombros y se despide de mis madres, abandona la casa y Ale va al baño ignorándome completamente.
No pensé que valorase tanto nuestra confianza.
Viernes.
Sam.
Me sale humo de las orejas tanto pensar en una manera de abordar a Alejandro, me mandará al carajo donde sea, debo crear una situación en donde se vea obligado a aceptar. Pienso en Chloe, le dije que lo haría y eso haré.
Además, la de besitos que me dará. Sonrío babosa.
Niego con la cabeza ¡Que patética!
¡No! Esto lo haré porque di mi palabra. Hincho el pecho.
—Deja de poner caras— Tina me da un golpecito. Pedí su ayuda así que almorzamos ideando un plan. —Chloe dijo que sale a las 3 pero entrena hasta las 5pm. —Golpea la mesita.
—Entrena al lado de su facultad.
—Si, afortunadamente ingeniería está cerca de las piscinas de pedagogía.
—Bien.
—Abórdalo en la calle. Si te hace algo quedará mal.
—Pero podría seguir caminando y hacer que me ignora. — Qué es lo más probable.
Tina piensa.
—Dile que es por Chloe.
— ¿Servirá?
—Es su mitad y todo eso— mueve la mano. —Si no se detiene por Chloe no lo hará por nadie más.
—Malditos hermanos— gruño.
—Si…
A las 4:45p.m. estoy entre al autobús a su casa y la facultad donde entrena. Me pasa por unos centímetros, es alto y fácil de ver, cabello oscuro, piel muy blanca. Está con un buzo deportivo negro y una polera azul.
Es como tía Kate, pero con ojos oscuros y sexo masculino.
Atroz. Bromeo internamente.
—Hola— lo miro pasar a mi lado, sigue de largo como si yo fuese un poste de luz. Aun así, todo dentro del plan.
—Alejandro— le advierto. —Tenemos que hablar. —Camino a su lado.
—No tengo nada que hablar contigo. No me agradas.
—Pero a tu hermana si le agrado. —Se gira tan rápido que casi pienso que me va a pegar.
—Está cometiendo un error simplemente. —Siento una punzada de fastidio al ser llamada ‘’error’’.
—Sinceramente no creo que eso sea.
— ¿Y qué es? —trago saliva.
—No sé— se ríe negando con la cabeza y sigue su camino.
—Alejandro.
— ¿Qué? — sube el tono.
Alejandro.
Maldita Samantha, me molesta como un mosquito y ni siquiera es capaz de ponerle algún nombre a lo que hace o siente por mi hermana. Puta mimada.
—Sólo hablemos ¿está bien?
—No.
—No voy a dejar de ver a Chloe— me advierte. Me mira tan segura que me detengo por fin.
— ¿Por qué quieres hacerla sufrir? Vete con Paola, ¿cualquiera te sirve o no? —le pregunto con amargura.
Para mi sorpresa se acerca peligrosamente, su mirada es amenazadora.
—No vuelvas a decir eso.
— ¿Estoy mintiendo?
—Ni Chloe, ni Paola son cualquiera para mí.
—Entonces demuéstralo— digo atropelladamente.
—Eso hago ¿crees que a mí me importa que no te guste esto?
—No. —exhalo agotado. —Diría que hasta lo disfrutas.
—Y mucho. — sonríe cruel.
—Se supone que la odiabas, ¿Qué pasó? — pregunto curioso, de verdad no me cabe en la cabeza que haya pasado esto. Parece una puta broma del destino, hubiese esperado hasta a Tina. Pero nunca, nunca Samantha.
—No lo sé, nos empezamos a juntar más, y supongo que fue de a poco.
—Te gustaba desde antes.
— ¿Por qué todo el mundo insiste con eso? ¡No me gustaba!
—Yo diría que Chloe es justo tu tipo.
—No.
— ¿O sea que no es tu tipo?
—Me refería a antes— se ruboriza, río burlón.
— ¿Del 1 al 10 cuanto te gusta? — bueno, también me gusta molestar. Me mira pensativa, parece que no se lo esperaba.
—8…
— ¿Y por un miserable 8 arriesgas una relación de años? Si es así le podrías hacer lo mismo a mi hermana. —Sigo caminando.
Siento que me toca quedamente el hombro.
— ¡Está bien! ¡Diez! ¡Diez, maldita sea!
—Así me gusta. Ahora que hablamos con la verdad. ¿Qué vas a hacer con Paola?
—Es muy pronto para hablar de eso. —Me mira con seriedad. —Fueron dos años de relación y casi toda una vida de amistad.
— ¿Y qué? — respondo obstinado. —A Chloe la conoces desde que usas pañales. Toda una vida de enemistad. —Bromeo.
—Si bueno… de todos modos no puedo deshacerme de ella como si fuese cualquier cosa.
—No me gusta lo indecisa que eres. —confieso serio— ese es mi problema contigo, niñita perfecta. —La miro.
Sam se queda callada.
—Mi problema contigo no es que existas o que me desagrades, mi problema contigo es Chloe. —Camino hacia ella y retrocede un paso. — No la vas a dejar tranquila pero tampoco dejarás a la otra.
Quedamos en silencio.
— ¿Y sabes por qué estoy tan enojado? —Sam niega con la cabeza— Porque le gustas. Es mi mitad y nadie la conoce más que yo. —Miro sus azules ojos, por fin captó el problema— Le gustas de verdad y no lo puedes ver, juras que ella no siente, pero lo hace. — carajos. Que cursi, pero es la verdad.
Se queda plantada con cara de culpabilidad.
—Te juro que si le haces daño te partiré la cara. —me desahogo— No me importa que seas una chica. Ella no es tu juguete. —Aprieto los puños.
—No estoy jugando con ella— me empuja.
— ¿Ah no? — me río. — ¿Y qué harías por ella?
Sam.
Maldito hijo de puta me trata como si fuese un monstruo y me estoy empezando a sentir como uno.
—Sólo estoy acá para que vuelvas a hablarle.
—Le hablaré cuando deje de hablarte. —Siento una punzada en el pecho.
— ¡Eso jamás pasará! — grito. No me importa llamar la atención de la gente. Alejandro no es nadie para separarnos.
Me mira con seriedad.
—Responde ¿Qué harías por ella?
—Hablar contigo— gruño. —Le estás haciendo daño.
Nos miramos con odio. Se incorpora pensativo, me mira con renovado desprecio y rasca su barbilla sin afeitar. Puto vago.
— ¿La quieres?
— ¿Eh? — se me escapa. Lo miro complicada.
— ¿Quieres a mi hermana?
Nos quedamos en silencio.
Nunca habría hecho lo que he hecho con ella, ni me hubiese arriesgado así si no me importara. Me acaricio la frente dándome cuenta del problema.
—Sí. —Exhalo tristemente, siento un nudo en el pecho y en la garganta. —La quiero. —Es una especie de miedo y … no sé por qué rayos me siento feliz, sonrío culpable. Él me queda mirando y asiente.
—Lo pensaré, pórtate bien— susurra.
Chloe.
Miro al techo ignorando las invitaciones en mi celular, se supone que es viernes, día de felicidad. Suspiro con tristeza. Escucho la puerta de la casa abrirse, la voz grave de mi hermano y el tono suave y animado de una de mis madres y el otro más sereno y serio de la otra.
—Ah… — me tapo los ojos con el brazo.
Tocan mi puerta.
— ¿Sí? — pregunto apenas. ¡Ya dije que no tenía hambre!
Alejandro entra y antes de que diga algo me abraza. Mis ojos brillan, se me escapa un hipido.
—Ale…
—No seas llorona.
—Déjame— susurro. — ¿Me odias? — huelo su aroma tan familiar para mí.
—Nunca podría odiarte, mocosa.
Se queda en silencio.
—Te amo…. y no me hagas repetirlo— rio.
—Yo te amo más.
—No. —Aclara. —Yo tuve que aguantar a esa idiota.
— ¿Qué pasó? — pregunto preocupada. ¿Sam será un cadáver ahora?
—Nada— susurra. — Sólo no le digas que estamos hablando. Quiero que sufra.
—Se va a dar cuenta— sonrío. —Eres mi mejor amigo, hermano, dolor de cabeza.
—Tú eres mi mejor amiga, hermana y el más grande dolor de cabeza. —Hace énfasis en lo último. Lo golpeo.
Alejandra.
Me siento en la mesita de la cocina para acompañar a Kate. Odio lavar la loza, así que conversamos para que se haga más ameno. Ella pone unos vasos en un mantel, se escucha la puerta y nos giramos viendo salir a Alejandro de la pieza de Chloe.
— ¿Y qué tal? ¿Todo bien?
Ni que fuésemos imbéciles para no darnos cuenta de que estaban peleados.
—Si— dice algo incómodo.
—Siéntate, no has comido nada. —Kate saca unas tazas— y quítate eso de la pierna— bromea cruel.
— ¡No me separarán! — gruñe Chloe en el suelo.
—Que ridículo — responde mi esposa— ya no tienes 7 años.
— ¡Los tengo en mi corazón! — gimotea.
—Ya párate— rio.
Lunes.
Sam.
Camino a clases, espero que todo haya salido bien. Son las 8 am así que voy con tiempo. Antes de entrar me abrazan. Huelo el perfume de Chloe, acaricio su castaña cabellera tras su espalda.
—Hola— digo muy consciente de su cuerpo pegado al mío— ¿Cómo salió todo? —No sé por qué aún siento que tengo una conversación pendiente con ese imbécil.
—Excelente. Eres la mejor— susurra. Me da un besito muy camuflado en el cuello y se va a clases. Sonrío como imbécil.
— ¡Hey! — Grito con el cuell
…