Capítulo 6 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

La invitación de Tina

Sábado.

Chloe

Camino a la entrada del Zoo. Me burlo internamente ¿con qué me decepcionará hoy mi joven aprendiz? Me conformo con el hecho de que al menos veré animalitos. Esto no es un zoo precisamente, tía Christine nos trajo una vez con Tina, recuerdo cómo me arrastraba a ver sus pingüinos. Suelto un par de carcajadas.

—Loca. — Escucho una desagradable voz.

—Déjame. — Respondo a Sam.

— ¿De qué te ríes?

— De tu cara— la molesto.

—Hmm — Camina a la entrada.

—Es broma no llores, recordaba cuando vine con Tina.

—Ah— Escucho. —Dos por favor.

—No tenías que pagarla— por algo asalté a mamá.

—Te estoy invitando— Dice simplemente. Entramos — ¿Qué te gusta ver más?

— ¡Oooh! osos, leones, pingüinos, serpientes— empiezo— monos, jirafas, ¡elefantes! — me emociono. Los labios de Sam se curvan hacia arriba. — ¡¿Qué?!

—Nada. Al final te gustan todos.

— ¡Son bellos! — respondo. Para mi suerte, los osos fueron los primeros, ¡es que son tan lindos! Es una pena que los hayan maltratado, fuera por mi tendría el patio lleno de ellos. Aunque probablemente mamá Kate me mataría. Me contento con sacarles fotos.

—Mira— río. —Los pingüinos de tía Christine. —Veo a unos 14 pingüinos, muero de amor cuando uno empolla un huevo. — Aaaaaw — me brillan los ojos. — ¡Vamos a ver al elefante Sam!

—Tranquila, no se va a mover de ahí— bromea.

—Ojalá te pegue un trompazo— comento. —No pierdo la esperanza.

—No seas tan imbécil— se ríe. Al final me da en el gusto.

…

—Vamos a almorzar— ruego muerta de hambre cuando pasa el tiempo. — Estoy usando mis últimas fuentes de energía.

—Que exagerada— rodea los ojos y vamos a un restaurant.

Media hora después.

— ¿Te vas a comer todo eso? — pregunta mirando mis dos hamburguesas, dos patatas fritas, aros de cebolla y 1 helado.

—Seh. —Repongo dándole una monumental super sayayina mascada a una hamburguesa. — ¡Y no te daré nada! — le advierto después de tragar.

—Como si quisiera —comenta mascando la suya, aunque compró menos.

—Se supone que deberías comer más— digo dudosa.

—Si— en eso sonríe, no sé por qué, pero nunca había notado los muchos detalles que comparte con tía Sandra. —Supongo que es porque eres una hiperquinética de metabolismo acelerado.

—Si puede ser— sonrío luego de soltar mi bombilla— te pareces a tía Sandra Sam.

—Es lógico— hace una mueca— ¿En qué me parezco?

—Tu cara, la forma. —La miro— los ojos, son de forma almendrada y largas pestañas como los de ella, pero azules. — La miro más— los labios y la nariz ¡Carajos como no lo noté! — Me espanto. — ¡Hasta tienes el mismo mentón!

Sonríe y se reclina relajada en el asiento.

—Pero eres menos explosiva que ella, aburrida y tu cabello y contextura es distinta— le tomo el pelo con lo de aburrida.

—Deja de decir que soy aburrida— Come un par de papitas.

—Bueno, sólo porque no trajiste un libro lo dejaré pasar. — ¡Es tan divertido meterse con ella!

— ¿Vas a seguir? — sus labios forman una línea recta— te ignoro.

—Uuuuuy— bromeo. Nos miramos un rato yo con cara de burla y ella en su habitual seriedad.

Nos reímos.

—Me desagradas.

—Si tú a mí también. —Meto aros de cebolla dentro de mi segunda hamburguesa —Ya vamos a lo que nos convoca —bromeo. Sam me observa como si no pudiese ser más puerca. — ¿Cómo terminaste saliendo con tu mejor amiga? —me carcajeo.

Me gustaba a los 18. Empezamos a los 19.

— ¿Y cómo diablos la conquistaste?

—Humm, sólo éramos más próximas que con el resto, ya sabes, contacto, después nos besábamos a ratos, luego ocasionalmente, y seguimos viéndonos muy seguido. Hasta que salimos formalmente. — sonríe.

—La conquistaste con besitos— la molesto estirando la boca.

—Quizá. — Bromea levantando una ceja.

—Eres tan aburrida que no te imagino besando. —Me sincero.

— ¿Vas a seguir?

— Bueno, bueno— la calmo. — ¿¡Vamos a ver a los reptiles después?!

—Déjame reposar hiperquinética.

—Reposa caminando — arrugo la nariz. Sam baja un poco la vista.

—Me gustan tus pequitas—me apunta.

—Déjame— me ruborizo — sé que son maravillosas.

—Te hacen ver como inocente— agrega— esconden tu verdadera personalidad.

— ¿Y cuál es mi personalidad según tú? — no le arrojes el helado Chloe, es comida…

— Eres malvada. — Se ríe terminando su bebida. —La melliza malvada como dice mamá.

Después de todo si pudo reposar esperando a que yo terminara de comer.

—Odio comer salado y no probar algo dulce después— me quejo.

— ¿Dónde diablos dejas toda la comida? — bromea caminando hacia un cerro donde hay diversas aves y el área de los reptiles.

—No sé, pero es para endulzar la vida entiendes— le digo enfurruñada. En eso se detiene y se acomoda la mochila hacia delante buscando algo. Saca un recipiente de plástico.

—Toma— me alcanza el contenido y saco una galleta— según yo están buenas. — Observo mi nueva adquisición como si fuese un objeto invaluable nunca antes visto ¡Tiene chispitas de chocolate!

— ¿Seguiste la receta? — pregunto dándole una mordida ¡Está buena!

—Si, aún siento la cuchara de palo— me mira de reojo.

— ¡Olvide traerla! — ¡Sabía que se me había quedado algo!

— ¡¿Ibas a golpearme?! — exclama estupefacta.

—Hmm. — me trago lo que iba a decir, pero la verdad es que estoy pasándolo muy bien. — No— miento— está muy buena. ¡Gracias! — le doy una buena mordida y sigo feliz el recorrido.

Horas después.

—Está oscureciendo. — escucho.

— ¡Ay que susto! — ironizo.

—Debemos irnos, no puedes llevarte ninguno a casa— bromea.

—Pero, pero ¡Osito! ¡No me olvides! — grito triste y caminamos a la salida. Luego de sacarle una foto a un mono me giro y me percato que Sam no está. ¡Carajos se fue! ¡Se fue! ¡La maldita! ¡Lo sabía! ¡iré a informaciones a ver si me rescatan! … un momento, soy una adulta. ¡No la necesito! Me dispongo a retirarme indignada cuando la veo correr hacia mí con un…

—Toma— dice restándole importancia— al menos te puedes llevar legalmente esto. — Bromea. La veo ahí plantada con un oso de felpa, sus ojos se ven más azules que de costumbre, debe ser el atardecer tras su espalda.

—Gracias— susurro tomándolo y mirándola como si fuese otra. Nunca me espere algo así de Sam— ¿Enserio es para mí? — tenía que preguntarlo.

—Si… tómalo como un agradecimiento supongo. — Evita mirarme, el aire se escapa de mi pesadamente.

Decido que no me gusta este ambiente.

—Bueno sí, es lo mínimo que deberías hacer— bromeo. — ¿He aguantado mucho sabes?

Sonríe, sé que en el fondo lo agradece.

—No tanto como yo, créeme.

— ¡Cómo te atreves! — me indigno— soy tu salvación— le aclaro.

Más allá.

Christine.

— ¿Viste lo mismo que yo? — me quito los lentes y los limpio. Recién entramos, vinimos por el recorrido nocturno y estas dos ni siquiera se percatan de que estamos mirándolas a lo lejos.

—Si— susurra Noelle. —Debe ser una broma.

—Se van a querer morir— digo por Ale y Fer. No sabremos todas cuanto han tenido que aguantar por estas dos… y ahora Sam dándole regalitos a Chloe, y Chloe mirándola de esa forma. Diablos…

—No si no se enteran. Sólo es una salida de amigas. Enemigas… — miro a mi esposa pensativa— lo que sea.

Sonrío.

—Viste exactamente lo mismo que yo vi.

—Esto se va a poner feo.

— ¿Qué cosa?

— ¿Eh? —Se pierde.

— Yo no he visto nada— sonrío significativamente. Es una suerte que cierta pulga no haya querido venir por esta vez. Noelle capta.

—Yo tampoco— toma mi brazo y nos sonreímos. Está decidido, nos haremos las pendejas.

Sam.

— ¡No exageres! — respondo. Aunque quizá sea verdad— sólo… sólo un poco.

Los ojos de Chloe me miran juguetones. Niego con la cabeza y abandonamos el lugar.

Un rato después.

—Oye— escucho a Chloe, me hace una señal que me acerque. Me inclino un poco, para mi sorpresa besa mi mejilla, retrocedo con los ojos abiertos de par en par mirándola en busca de una explicación — Me lo pase bien, tienes la nota máxima en este punto.

— ¿Enserio? —digo con la voz algo ronca. Carraspeo; me parece un tierno gesto viniendo de Chloe.

—Si— sonríe, sus ojos se ven menos agresivos— Adiós Sam.

—Adiós — digo viéndola entrar al patio de su casa.

Próximo sábado.

Chloe

—Hubieses visto a mamá— me río.

— ¿Era enserio? —Sam se sorprende. — ¿Y qué le dijiste?

—Que me lo gané en las máquinas— rio más— pero el material del oso era tan bueno que estoy segura de que sólo mamá Ale me creyó.

—Típico de tía Ale. —comenta Sam bebiendo un sorbo de su cerveza.

—Hace tiempo no me pasaba por aquí— digo pensativa. —Y la próxima semana tenemos trabajo fuera.

— ¿Qué será? —pregunta curiosa. Sonrío.

—Lo sabrás si pasas la enseñanza de hoy— levanto un dedo. Sam me mira esperando a que le diga y carraspeo.

—Eres algo taciturna y poco cariñosa. Si te tocase un codo ahora me mirarías con cara de rata electrocutada. Así que nos tocan los gestos de afecto y cariño.

— ¡¿Qué?! — sus ojos se abren al máximo— no pienso tocarte un pelo.

— No se trata sólo de eso idiota— aclaro— por ejemplo, haberme dado una galleta cuando más lo necesitaba— pongo cara de desvalida— es un lindo gesto de por sí. Básicamente quiero que te percates de los detalles, a veces una persona quiere que le abracen, necesita apoyo emocional o simplemente quiere recibir algo y tú debes darte cuenta de eso o al menos intuirlo. ¿Cómo le haces?

Sam

—En primer lugar ¿no quiero abrazar? —ironizo. — Además con la parte de los cumplidos se supone que le debe nacer. —Pienso en Paola. Aunque ella sólo me acaricia la mejilla.

—Sería lindo para ella que hagas algo de la nada ¿no crees? — levanta una ceja.

—Hmm supongo. A veces lo hacía.

— ¿Con qué frecuencia?

—Una vez… — empiezo, me siento avergonzada y me corto.

— ¡¿Cada un día?! — se espanta Chloe.

—Podríamos decir que cada dos...

— ¡¡¿Dos días?!! ¡eres la peor! — se pone de pie— esto es mucho para mí— saca una cerveza.

—No pongas excusas — bromeo.

—Sabes que las necesito. No por algo compraste más. —Se sienta. Me estudia con la mirada.

—A todo esto… ¿Eres celosa?

—Hmm no. — Supongo. — No significa que deje que me falten el respeto.

— Ah— dice tomándole más atención a la lata. —Pongamos situaciones básicas y me dices que harías ¿está bien?

—Bien— acepto incómoda.

—Estás sentada en la playa viendo el amanecer con Paola —empieza con voz poética, mi boca amenaza con deformarse y reírse. Pero la mirada de Chloe es amenazante. Es increíble lo que demuestran sus ojos por sí solos. — Y te dice algo tan sencillo como que tiene frío. ¿Qué haces?

—Eso es muy cliché. — Agrego. — Ella no sería tan idiota como para bajar a la playa donde hay viento, sin un abrigo.

— ¡Maldita sea Sam! — se enoja— ¡es una suposición!

— La tapo con la manta que hay en la arena.

— ¡No hay ninguna puta manta!

— Entonces le digo que volvamos, ¿para qué le voy a pasar el mío y congelarme yo también? —Entreabre la boca.

— ¡ERES LA PEOR!

— ¡¿Acaso está mal pensar en mí misma y en mi bienestar?!

— ¡¡No claro que no!! ¡pero estas con! … ¡con alguien que te importa idiota!

— ¡Entonces que me acompañe de vuelta, así nadie sufre!

— ¡Por qué todo contigo tiene que ser un puto debate!

— ¡Porque no soy como el puto promedio! — le respondo enojada de vuelta.

— ¡No! ¡Eres peor! — responde. Nos damos unos segundos de silencios para mirarnos y recordar lo mucho que nos desagradamos.

Sandra.

Miro irritada hacia arriba desde la cocina, sólo quería hacerme un té, pero estas ya se están gritando. ¡Para qué diablos se juntan si no se soportan! Sam habitualmente es muy callada, pero nunca ha sido desagradable con nadie y a pesar de no ser de muchos amigos, los tiene. Por si fuera poco, cae bien en general. Libero aire atareada al escucharla gritar. No sé cómo le hace Chloe para enojarla así. A ella la conozco desde que era una bebé y siempre la encontré encantadora, quizá un poco loca, pero es de familia. Es graciosa y simpática, extrovertida a diferencia de Sam. Aprieto los dientes escuchándola responder de vuelta. ¡Las sacaré de las orejas de la casa!

— ¡Entonces que por qué perdemos el tiempo! — escucho a Sam.

— ¡Agradece que sigo aquí! — responde Chloe, rodeo los ojos, toco la puerta con fuerza y la abro. Están de pie, algo rojas con una lata de cerveza en la mano. Parece una maldita pelea de ebrias.

— ¿Están bien? — señalo las latas.

—Es la primera— responden algo ronco.

—Está bien, largo las dos.

— ¿Qué? — Chloe y Sam me miran estupefactas.

—Váyanse a gritar al patio. Lleven lo que necesitan, cuando hablen como personas civilizadas, pueden entrar.

—Pero… — empieza Sam.

— Nada de peros. Andando— apremio cerrando la puerta de golpe y voy a buscar mi té.

Chloe.

— ¡Ves lo que hiciste!

— ¡Yo no hice nada! — responde.

— ¡AL PATIO! — escuchamos. Hacemos una mueca.

—Muy bien, haremos el último esfuerzo— le advierto. ¡Iba tan bien! — llevaré las cervezas al patio— vamos a lo importante… — tú lleva lo necesario para estar cómodas. Adiós. — Me retiro indignada con lo que queda del six pack.

Sam

Como la odio. Pienso llevando una frazada por si se le ocurre tener frio, algo para comer y dejo mi celular en la mesita. Volveremos más tarde. Creo que debería pedirle disculpas a mamá, llega del trabajo y nos ponemos a gritar.

Chloe.

— ¡Perdóneme tía! — gimoteo. — Es que su hija me saca de quicio.

— Tranquila, tengo práctica con ustedes. Pero diablos, ¡tienen 20 y 21 años! — hago un puchero. — Por suerte no se agarran a golpes o estarían igual que cuando tenían 5 o 9 o 12 o qué diablos. — Bufa.

— ¡Me controlaré! — ruego por el perdón de mi querida tía Sandra. Carraspeo— Aunque aquí, en confianza. — miro a los lados— Le cuento que su hija tiene la culpa— asiento. Me mira ladeando la cabeza. Sonrío convincente, hasta que dicha sonrisa se esfuma al ver a tía Sandra mirando atrás mío. Me giro y Sam me observa seria.

— ¿Qué? — Digo a la defensiva.

—Mueve tu culo afuera.

—Culito— Aclaro.

—Culito. — Se corrige Sam irritada.

—Bueno ya. — Me voy— Nos vemos.

—Nos vemos— canturrea negando con la cabeza.

Sam.

—No metas a mamá en tus idioteces— le advierto.

—Que posesiva— me mira de reojo— deberías agradecer que mami Ale te adora. —Fuera por mi… — mira sus uñas.

—Sentémonos— acomodo dos sillas de playa para que podamos vernos la maldita cara.

—Esto es vida— bromea recostando los pies. —Esclava, cerveza.

—Vete al diablo.

—Bueno sigamos— se incorpora feliz ¿Tendrá un petardo en el…? —abrázame.

—NO. —Interrumpo hasta mis pensamientos para responder con un fuerte y total NO.

—Lo vas a hacer al final de la clase— bebe un poco— es tu evaluación final de este día. O podría ser a tía Sandra, o a un extraño en la calle.

— ¿Quién podría hacer algo así? — En eso me mira de reojo y sonríe. — Hablo de personas normales.

—Mira, es sólo rodear un cuerpo con los brazos. Y no se trata de ir agarrada a alguien todo el día. Pero si puedes abrazarme a mí que te desagrado. No tendrás que hacer ni la mitad de esfuerzo con alguien a quien quieras.

Lo peor es que siento que tiene razón. Respiro pesadamente y tomo otra cerveza dándole un gran sorbo. Chloe ríe.

—Oye, oye no soy una persona tan terrible…. Y me bañé.

—Es un consuelo saberlo— bromeo.

— ¡Yo siempre huelo bien!

—No lo sé.

—Hmm — dice algo que suena como a ‘’estúpida’’ pero lo ignoro.

Luego de unos minutos

— ¿Sabes? me llama la atención. —Dice pensativa— Tía Sandra y Tía Fer son muy cariñosas entre sí. Y leí que los niños aprendían por imitación.

—Si, pero mamá Sandra no es tan cercana a los demás. Creo que mamá es su excepción. Ah y tía Noelle

— ¡Qué lindo! — exclama— ¿y tía Fer?

—Nah, mamá da cariño a casi todos— me carcajeo— desde tus madres, a las demás tías.

— ¿Y tú a quién puedes dar cariño sin problemas? — me mira curiosa.

—A mis madres. — sonrío— A tía Ale— Chloe ríe— a mi tío y antes a mi abuelo— digo suavemente. Lo adoraba…

—Bueno— susurra— supongo que eres una chica familiar y eso también está bien. — Se estira mirando el atardecer— qué bonito todo esto.

—Lo es, pero deberíamos dejar de gritar en casa. Realmente me sentí mal.

—Si yo también — dice sin mirarme, en eso ladea la cabeza y me mira, sonríe tan reluciente que me hace fruncir el ceño. — Será difícil erradicar una costumbre de 20 años.

—Si— recupero la normalidad. —Pero por último discutamos más bajo.

—Eso se oye mejor — se pone de pie— ¿es una promesa?

— ¿Eh?

—Ponte de pie no seas aburrida— dice rápido. Me paro y la miro a la luz del atardecer ¿Qué rayos querrá? Mira hacia arriba, achica los ojos por el sol, noto que son del mismo color… sonríe.

— ¿Prometes no gritarme más?

—Lo que no significa que no discutamos — aclaro. Es imposible con ella.

—Claro— asiente— no puede ser de otra forma.

Sonreímos.

—Entonces si— susurro mirando su cabello, las ondulaciones comienzan a la altura de su mentón, llegan a la mitad de la espalda y caen. Levanto la cabeza y me encuentro con sus ojos, por un instante pienso que me va a golpear por haber bajado la vista. La quedo mirando. ¿Me dijo algo?

—Entonces yo tampoco te gritaré…. tan fuerte— sonríe.

—Que consuelo— bromeo.

— ¿No me abrazaras? Sería el momento perfecto

—No lo sé— susurro. Me da vergüenza la verdad…

—Oh vamos, aprovecha ahora que no hay nadie y no pensarán que somos amigas.

—Por suerte.

Sus ojos se relajan y se deja ir hacia adelante. Choca con mi clavícula, trago saliva sintiendo su frente, su cabello, y su cuerpo. Creo que llevo unos segundos mirando la hierba del suelo, levanto los brazos (con no sé qué orden de mi cerebro) y rodeo su cuerpo con ellos. Es delgaducha, siento su cabello y no sé… es reconfortante. Chloe sigue, así como está; se nota que esto no le complica ni un poco a pesar de ser yo quien la abraza, levanto la cabeza percatándome de su olor. Es suave, me da cierta sensación de fragilidad. Pensaría que es una especie de chica universitaria tranquila y madura si no la conociera. Levanto una mano y la deslizo por su espalda tocando su cabello.

Nos separamos, y dejo mi mano culpable detrás de mí, la miro como si hubiese hecho algo imperdonable. Pero ahí está, igual de relajada, mirándome el rostro con atención.

— ¿No fue tan difícil verdad?

— Eh, un poco— carraspeo. Nos quedamos mirando un rato hasta que una de las comisuras de sus labios se eleva, no sé por qué, pero la sigo y ambas sonreímos.

— ¿Supongo que aprobé?

—Si, pensé que te costaría más.

— ¿Soy una alumna aventajada? — le pregunto.

— Claro que no. — Reímos.

— ¿Entremos? — pronto esto oscurecerá, prenderán la luz y llegarán los bichos.

Tina.

Camino emocionada a la casa de Sam, ¡había olvidado avisarle! Si es ella la que me rescata de las cenas formales de mamá y el abuelo. Recuerdo que a veces me acompañaba Chloe, sobre todo cuando Sam no podía. Espero que la cena de ahora sea más interesante y no sólo baile y sonrisitas.

Toco la puerta. Abre tía Sandra.

—Hola tía.

—Tina — sonríe— ¿Cómo estás?

—Bien, vengo a ver a Sam

—Claro sube, está con Chloe.

¿Qué? ¿Estas aún se ven? al parecer mi cara es muy sincera porque tía Sandra pone una expresión de ‘’Sí, yo tampoco sé qué diablos pasa aquí’’

—Bueno entonces iré a ver si siguen vivas.

—Suerte — agranda los ojos graciosamente.

Subo la escalera y escucho a Chloe quejarse.

—Carajos esto es demasiado para empezar— gimotea agotada.

—Aguanta, es sólo el principio.

— ¡Me va a doler todo mañana! De hecho, ya me duele…

La risita de Sam me sorprende.

—Ya. Pero después ya no te dolerá, te acostumbrarás.

Me quedo en el umbral con la mano en el aire. ¿Acaso están…?

—Bueno tú eres la que sabe— se ríe Chloe entre jadeos — Nunca había hecho esto.

— ¿Seguimos? — Abro la boca sorprendida ¡Carajos Sam!

— Ya, una más y me largo.

Toco la puerta antes de que empiecen.

—Pasa— escucho a

…