Capítulo 21 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
Podemos
Comentario autora: vaya título de mierda... ¡meh!
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Martes.
— Paola… —le hablo mientras está con un grupo de amigas— necesito hablar contigo— susurro.
Me mira de reojo, no pongo ninguna expresión. Por dentro estoy algo complicada, pero si muestro la tristeza que tengo se dará cuenta y me evitará.
Si de algo nos parecemos es que evitamos mucho las situaciones que no nos gustan.
— ¿Y bien? — me pregunta fuera de la U.
— ¿No podría ser un lugar más personal? — no quiero hacer más escándalos aquí.
—Vamos a mi casa.
25 minutos después.
Me toma del cuello de la ropa, no digo nada, me limito a mirarla dolida, quizá me merezca lo que está pensando… por más que la violencia sea mala entiendo cómo debe sentirse. Para mi dolor, me suelta y me mira llorosa.
—Como pudiste.
—Lo siento —hay un silencio, solo escucho un hipido — no estaba pensando y tampoco la detuve— últimamente lo único que hago es ver el suelo.
—Esa… — empieza enojada.
—No es culpa suya— la corto— no es ella la que tenía que serte fiel a ti.
—Sam… — empieza. Antes de que me arrepienta de todo respondo.
—No quiero hacerte daño… no debimos haber vuelto — susurro. —No puedo ofrecerte nada, así como estoy.
—Yo no debí haber terminado— cierra los ojos llevándose la mano a la boca.
—Descuida, tenías tus razones. Las cosas pasan por algo. —La calmo. Reconozco que me dolió mucho que lo hiciera, pero aun así no quiero hacerle daño diciéndole algo feo.
—Así que… ¿te irás con ella?
—Ni siquiera sé que quiere ella. —Reconozco. Se supone que no sabe que pensar de mí.
Niega con la cabeza.
—Te vas a arrepentir— susurra.
—Quizá, quizá no. Pero aun así creo que terminar es lo mejor.
—Entonces…
—Si… terminamos. —La palabra duele.
Escucho su llanto, me gustaría abrazarla, pero supongo que lo mejor es que la deje sola. Además, en cualquier momento lloraré yo. No es fácil… nos quisimos mucho.
Paso la semana de luto, supongo que lo hago por respeto a lo que tuvimos. Además, no estoy de humor… no me está yendo en clases como me gustaría y no tengo ganas de nada. Además, el grupo que se juntaba con nosotras al parecer decidió quien era la víctima y me consta que no tengo un rostro que invoque piedad.
Por suerte tengo a Tina, ella me entiende, y es la única que me dice que he hecho bien. No es que necesite un gran reconocimiento, pero una palabra de apoyo se siente bien. Se que era lo correcto.
Tina me abraza, nos separamos y en frente pasa Chloe con un par de amigas, a pesar de estar serena no es el terremoto que solía ser.
—Tina…
— ¿Sí?
— ¿Por qué no me dijiste que dejó de ver a ese idiota?
—Para que preguntes tú, Chloe no es mala Samy— me pincha con un dedo— lo mandó al carajo en mi cara.
—Puta— gruño.
—Es una buena chica, abre los ojos o te la quito.
—Si claro.
—Oye— pone una pose coqueta— estoy buenota.
La empujo, Tina es como no sé, mi hermana perdida y tenemos un carácter de mierda, podría verla desnuda sin inmutarme. Aunque admito que su cabello castaño oscuro, sus chaquetas de cuero comunes de ver, y sus ojos almendrados con ese aire de ‘’no me preocupas’’ la hacen ver cool.
—Yo la vi primera— susurro.
Se carcajea y me mira burlona.
—Todo pasará — me consuela. Nos despedimos y camino a casa, es viernes, cada día está más helado que el anterior, recuerdo que el viernes pasado fui a ver a Chloe… supongo que hoy le permitiré descansar de mí.
Chloe.
Llego a casa, ha sido una semana relajada, sin contar el texto de Antonio haciendo como que terminase nuestra ‘’pseudo relación’’ rodeo los ojos pensativa. Supongo que los guardaespaldas de Tina lo intimidaron y no hará ninguna estupidez.
Es tan diferente la gente cuando estas en términos negativos…
Como algo y me voy a escuchar música en mi habitación, recuerdo el viernes anterior, miro la foto a mi costado. Estoy un rato admirándome, bueno la foto está linda. La autoestima es lo primero.
Escucho la puerta, y como Óscar voy a saludar.
—Oh llegaron juntas— veo a mis mamis llegar relajadas con bolsas. Y otra vez, tal como Óscar, trato de espiar las compras.
— ¿Me compraron algo?
Mamá con su característico rostro serio saca unas galletas de chocolate y de otra bolsa, una galleta con forma de huesito.
—No te acostumbres. —nos reparte.
Son 20 años consintiéndome, sin embargo, respondo…
—Claro que no— tomo mis galletitas sonriente. Mamá Ale sonríe y me pellizca la mejilla.
—Oye— digo apenas. Ríe
La puerta de la entrada se abre y llega Alejandro con cara de cansado. Ve mis galletas y sus ojos se vuelven cristalinos.
— ¿Y yo?
Mamá rodea los ojos, supongo que por nuestra edad. Sonrío traviesa y ella saca sus papitas.
—Siiii—celebra tomándolas. Corre a su habitación y luego vuelve.
—Hola Chloe, hermana querida, amada y admirada— gruño. —Ah, pero le das prioridad a tu mochila hedionda a sudor.
Me da un besito que sé que me dejará la mejilla salada. Pero asiento conforme.
— ¿Dejaste tu ropa para lavar?
—Si— asiente sentándose a mi lado.
—Apuesto a que arrojaste primero tus calcetines, luego tu bóxer y luego tus poleras y pantalones.
— ¿Cómo lo sabes? — me miran.
—Te conozco, desde el pelo, hasta la punta de los pieeees— canturreo. —Y te vi una vez.
—Ahm— sonríe.
Se pone de pie y saca una estrella de una bolsa. Va hacia el árbol de navidad.
— ¿Qué haces? —me indigno en broma. Bueno, él es el único que alcanza la punta del árbol.
—Colocar la estrella.
—Hmmm, por cierto, ¿qué haremos para navidad?
A veces nos quedamos aquí, otras vamos donde nuestros abuelos. Recuerdo una navidad en que éramos pequeños y fuimos donde tía Fer. No fue la única, pero esa fue la última. La razón: peleando con Sam rodamos en el suelo, botamos el árbol y las luces se hicieron añicos. Fue la primera vez que vi verdaderamente enojada a mamá Ale y a tía Fer. Claro, pudimos habernos electrocutado.
Puta Sam, ella empezó.
—Iremos el 24 donde tus abuelos. El 25 acá.
—Ahmm— acabo de recordar una cosa…
En una media hora atajo a mamá Ale en el pasillo.
— ¿Podemos hablar?
—Bueno— entramos a mi cuarto.
—Hace tiempo no entro aquí— sonríe.
— ¡Es porque me abandonas! — gimoteo.
—No, es porque te pones hecha una fiera si entro sola.
—Bueno tengo mi genio— miro mis uñas. —Pero mamá… — me siento en la cama y ella a mi lado. Su mirada tranquila y cariñosa me impulsan a hablar. —Tengo que… contarte algo. —Me ruborizo.
—Ya… — me mira interesada, ese interés me pone ansiosa.
—Es que… me gusta alguien… o algo así— arrugo la nariz. Maldita Samantha.
—Ya. —Frunce los labios.
—No seas celosa— bromeo.
—No lo soy, es que el amor es complicado— hace un puchero. —Y eres tan pura— me abraza. ¡¿DIJO PURA?!
—Jeje —no le voy a discutir eso.
— ¿Y cuál es el problema? — toma mi mano y le da un apretón.
—Es que… —me ruborizo. —Es una chica. —Miro nuestras manos, levanto la vista. Me mira sin expresión ¡¿Qué le pasa?!
— ¡Mamá! — ¡Houston! ¡Se nos muere la señora! Como señal de vida sus pupilas miran las mías.
Uuuufff.
— ¿Desde cuándo? —frunce el ceño, curiosa.
—Desde hace unos cuatro meses…
—Humm… ¿están saliendo?
— ¡No! — me apresuro a refutar roja. ¿Por qué diablos me pongo roja? ¡Soy súper Chloe!
—Es que… es complicado. Pero ¿te molesta? —hago un puchero, me queda mirando. Sería el colmo que mi madre lesbiana fuera lesbofóbica.
Respira profundo y me abraza.
—Claro que no.
— ¿Y por qué esas caras?
—Es que… es como si otra mujer me quitara a mi bebé— me mira con sus ojos tristes.
—Ay mamá, tú tienes un lugar especial en mi corazón. —La abrazo.
Nos quedamos así un rato.
—Chloe…
— ¿Sí?
— ¿Por qué es complicado?
—Es que… está con otra— Me mira enojada. Antes de que despotrique contra Sam me apresuro a decir. —Es decir, terminaron justo en esa fecha— aclaro. Mejor no le digo que volvió.
—Ah bien, me imagino que la otra todavía anda rondando— arruga su frente.
— ¿Es imposible? —pregunto tratando de evitar hacer caso a la punzada de tristeza.
Me mira evaluadora. Me importa mucho lo que diga… después de todo tiene más experiencia que yo. Suspira.
—Cuando conocí a tu madre también había terminado hace un tiempo y su ex jodía. —Me cuenta, la miro boquiabierta ¡Nunca me había contado eso!
— ¿¡Y cómo lo hiciste!? — ¡Dame tu secreto o gran y poderosa mami!
—No fue fácil. — Gruño por eso, quería un súper secreto que me lo hiciera todo más simple, supongo que no hay. — Ella dudaba de mí, creía que era como el resto. Y además yo estaba en ‘’algo’’ con otra —mira a otro lado incómoda— pero luego me centré sólo en ella, lo intenté y tuve paciencia y ya sabes —me mira creída— con el tiempo se enamoró de mí y me pidió ser su novia. —Eso si lo sabía.
—Es que como podía pensar que eras como las demás— me recuesto en su hombro. Pobre mamá Kate, debió haberlo pasado mal.
—El amor no es fácil— ya se puso cursi. — Más si es una chica— bromea.
— ¿Y qué me aconsejas?
—Humm, dejar que lo piense bien, pero tampoco la dejes sola. Es decir, si no hay interés mutuo la cosa no avanza. — Me mira confidente — Y que decida… tarde o temprano tendrá que hacerlo y habrá que respetarlo. —Sonríe. — Si no se enamora de ti es porque está loca.
— ¡Mamá! —me lanzo sobre ella con los ojos brillantes. ¡Me tiene en tan alta estima! —Te amo.
Aunque no significa que no odie a Sam ¡HUM!
Sábado.
Sam
Me encuentro en el sofá aburrida mirando la novela con mamá Sandra ¡como odio los dramas!, converso un rato con Tina por WhatsApp.
—Voy, vuelvo en unas horas. —Mamá Fer se coloca una chaqueta.
— ¿Dónde vas? —preguntamos a unísono con mamá. Reímos.
—Par de controladoras— se hace la víctima. —Iré donde Alejandra, estamos haciendo un fiestón.
— ¿Para cuándo? — se me escapa dudosa.
—Para año nuevo— responde revisando sus bolsillos despreocupada, ignoro la mirada de mi otra madre. —Vendrán todas, o iremos. Aún lo estamos discutiendo con Christine.
— ¡Cool! ¿Puedo acompañarte? — me queda mirando extrañada. Nunca me había ofrecido para ir con ella donde Tía Ale, más que nada porque se encuentra cierto terremoto.
—Ehh claro, pero pórtate bien.
—Si… — susurra mamá bebiendo de su té con una mirada burlona, finjo que no la veo sin embargo siento el calor en mis mejillas.
Me arreglo un poco y subimos al auto.
—Que extraño que quieras venir… — sonríe.
—Si, aprovecho de saludar a tía Ale, y ya no nos llevamos mal con Chloe. — Si es que se puede decir eso, o más bien, hay besitos de por medio. —Tengo que devolverle algo.
— ¡Excelente! Por lo menos respeten las fechas— ríe de buena gana. Llegamos y estacionamos con cuidado. Aunque creo que Óscar está dentro de la casa, hace mucho frío.
Cuando entramos saludamos y el tibio aire de la sala se siente genial. Alejandro me saluda con pocas ganas (es mutuo), nos quitamos las chaquetas con mamá y luego, cuando pregunto si puedo saludar a Chloe me apuñala con la mirada. Voy por el pasillo ignorándolo. Toco.
Me odio, es increíble que después de todo este tiempo aún me ponga nerviosa.
—Pase— escucho.
Entro y para mi sorpresa esta recostada sobre su cama leyendo un libro. No digo que ella no lea, pero tampoco esperaba tanta maravilla estando yo presente.
—Ah eres tú.
Me queda mirando y luego su libro.
—Para ti esto debe ser una sorpresa— bromea. —O quizá porno— dice bajito.
—Es un milagro verte en silencio y quieta en primer lugar.
—Ja ja— dice sin ganas dejándolo en su mesita, antes de que mire al frente me siento al nivel de su cintura.
—No te dije que te sentaras— me dice seria.
—No seas mal educada.
—Pudiste haberlo hecho en la silla del escritorio.
—Pero quería estar cerca de ti— le tomo el pelo (igual es verdad). Me inclino y ella se recarga al colchón.
—No deberíamos, ya tuvimos nuestro desliz.
—Si podemos. —Por la cara que puso me entendió. Sin embargo, se recupera fácil.
—Eso no significa que te puedas tomar ciertas libertades. — Sigo donde estoy, a un centímetro o menos de su rostro, en un rato se cansa y deja de hacer fuerza hacia abajo rozando mi boca, se siente tibio y agradable, sonríe de mala gana mirando la pared. —Apártate. —Me empuja y se sienta.
…
— ¿A qué se debe esta desagradable visita? — dice como si nada.
— ¿Vas a seguir odiándome?
—Si, entonces… ¿a qué se debe?
—A que mamá tenía que venir y aproveché el viaje diciéndole que tenía que devolverte algo.
—Muy lista, aún usas mis técnicas en contra mía. —Me mira seria— ¿Y bien?
Me inclino y dejo un besito en sus labios. No es ni apasionado como el suyo, ni tan impulsivo. Pero se siente bien, es sincero y no tengo remordimientos.
Me queda mirando.
— ¿Estuvo mal? —quizá quería algo más… loco.
—No— responde— estuvo bonito— murmura.
—No te oigo. —Bromeo disfrutando de su incomodidad.
Pero la quiebra fácilmente acercándose y devolviéndomelo, así lo hago yo y luego ella… hasta que nuestras bocas no se separan y atrapa mi labio inferior, acariciándolo y arrancándonos un suspiro. Siento su mano detrás de mi cuello y con un cosquilleo recorriéndome, la abrazo y la acerco a mí, profundizando nuestro contacto.
No sé cuánto rato dura nuestro beso; pero es largo, es lento, apasionado y volvemos a tranquilizarnos, sólo nos disfrutamos… como extrañaba besarla. Vuelvo a sentir sus suaves caricias detrás de mí cuello y yo toco su espalda delicadamente. Supongo que atrás quedaron las golpizas y empujones, ahora es alguien a quien quiero cuidar.
Nos separamos luego de un rato dándonos cortos besos.
En lugar de dejarlo así me inclino y dejo besitos en su cuello.
Chloe.
Siento sus dientes presionar mi piel.
—No te pases— jadeo sintiendo su lengua acariciarme. La dejo un ratito (zona delicada) y cuando recupero parte de la cordura empujo sus hombros hacia atrás.
— ¡Ya! ¡sosiégate! — la reto, roja. No quiero que piense que la he perdonado porque no es así. ¡Como se atreve a besarse conmigo y luego volver! Mi pobre ego.
Aunque terminó, supongo que no es tan mala…
Le robo un beso veloz y la alejo antes de que haga algo y no me niegue. Me queda mirando, se ve que acepta lo que yo haga con ella.
— ¿Eres muy dócil eh?
—No te pases —susurra. Que diga lo que quiera, esos ojos peligrosos e intimidantes con los que me miraba antes parecen haber desaparecido.
—Jeje —pincho su pecho con el índice.
—Madura.
—Como sea— la ignoro— sigo odiándote, no eres la única que no confía aquí.
Levanta sus hombros.
—Tendré que aceptarlo… pero no por mucho— me da una última mirada antes de atender el llamado de su madre. Se coloca su larga chaqueta y abandona mi cuarto.
Noelle.
Llego del trabajo, hoy soy la última, Chris y Tina se vinieron al medio día. Suena el teléfono y atiendo, es Fernanda, al parecer necesitan unas cuantas cosas.
Miro hacia el sofá. Rodeo los ojos al ver a Christine con los ojos entrecerrados y a Tina tocándole la mejilla con la punta de su pie. Está ultima la presiona con el dedo y se ríe.
— ¡Mocosa...! — antes de que ladre. La llamo.
Camina enojada y atiende la llamada, miro a Tina reprendiéndola, pone cara de cachorrita.
Aws
¡No! se fuerte Noelle. Pero al parecer Tina cuenta con más defensa. Sandy de su almohada va hacia ella y con su hocico toca su brazo. Haciendo una fuerza descomunal la sube al sofá.
—A crecido mucho— opino mirándola, ¡Es más ancha que Tina!
—Pues aquí tiene mucho espacio — sonríe abrazándola— y es muy limpia y suavecita — le hace cariño con la nariz. La cerdita se vuelve loca. Sonrío, han estado mucho juntas. Una extraña mascota, pero bueno… Tina puede permitirse eso y más. Le he inculcado todos los valores que he podido y que mis padres me dieron a mí, y Christine le ha enseñado lo que tiene que saber… y claro, se pegan las malas costumbres. Aunque siendo sincera, Tina siempre se ha parecido más a Christine, pero con un toque único y más adorable que sólo viene con ella.
— ¿Qué ocurre? Estás callada— Christine me mira de reojo a mí y a Tina del sofá.
— ¿Qué hablabas? — pregunta Tina curiosa.
—Nada, a Fernanda le faltaba carne, pero le dije… tranquila— sonríe cruel— estamos engordando un cerdo.
— ¡Si muy graciosa! — se enoja. Hasta su mascota la mira con reproche, cosa que me hace gracia.
— ¿Al final donde será?
—En casa de Fer, llevaré unas cosas luego de navidad, además no quiero molestar a los viejos. Iremos el 24— sonríe.
—Está bien— asiento— Christine me toma de la cintura. Me da un besito y luego se sienta en otro sofá.
— ¿Qué querrás para navidad Sandy? — Perdimos a Tina.
—Acaramelala— escucho.
— ¡Cállate! — gruñe.
—Tranquila, regálale algo de cuero para que haga juego contigo, maíz, bellotas, les gusta el pasto. Etc. Etc.— mueve la mano aburrida.
La miramos sorprendida.
— ¿Qué? — se ruboriza.
—Es una buena idea— comenta Tina.
La miro sonriente, lo más probable es que haya investigado sobre cerdos. Además, la puerquita se lleva bien con Tomás, no es raro que duerman juntos en la cama de Tina y en su cama en el living.
Domingo.
Chloe
—Otro año nuevo de locos— me sorprendo. Lo bueno es que irá tía Bárbara y su novio. ¡Ya voy a interrogar a ese señor! Aunque por como lo relata ella, es un ángel. ¡Pero igual! caliento agua mientras mamá Kate saca unas cosas y me aprovecha de contar lo que hablaron ayer, nuestros Ales están dormidos aún, nosotras salimos más madrugadoras.
Saca una caja de té de la despensa y respira profundo por el esfuerzo, me mira y luego se queda pegada.
— ¿Por qué estás con bufanda dentro de casa?
—Porque tengo frío. —Respondo rápido. Ella sonríe, sabe que estoy mintiendo.
La realidad es esta, me despierto como la bella durmiente que soy, me lavo la cara en el baño y antes de que despierte bien, veo una mancha roja en mi cuello, justo en medio. ¡Puta Samantha! ¡Me las pagará! ¿¡Qué quiere demostrar con esto!? Todas esas frases pasan por mi cabeza.
Además, estoy repasando y puliendo mis insultos.
— ¿Y bien? —me mira con severidad, me aparta la bufanda y con un ruidito exasperado la ordena en su lugar.
—No quiero hablar de eso.
— ¿Tiene relación con la visita de ayer?
Enrojezco. No puede ocultar su cara de asombro.
—Chloe… —empieza.
— ¡No es mi culpa! ¡No sabía que tenía el cuello así! —hago un puchero. — No volverá a pasar.
Me mira pensativa. Estoy segura de que mi marca en el cuello es la menor de sus preocupaciones.
Antes de que diga algo llega mamá Ale, nos da los buenos días y va a su puesto habitual, hoy me tocó poner la loza.
— ¿Por qué la bufanda? — pregunta echándose café.
Mientras me trituro el cerebro pensando una coartada escucho.
—Amaneció con dolor de garganta. Es mejor que se abrigue, no volveré a repetirte lo de los pies— mamá me cubre tan fantásticamente que me esfuerzo por no entreabrir la boca. Voy a mi cuarto a ponerme algo que me los cubra.
Cuando vuelvo choco con Alejandro, a diferencia de mamá a él no se le puede mentir, me mira con desaprobación, pero aun así me despeina como saludo matutino.
— ¿Y qué haremos hoy? —pregunto feliz.
—Dormir— responde mamá Kate.
— ¿Es idea mía o tú estás durmiendo mucho? —mamá Ale frunce el ceño.
—Oye, supervisarte no es tarea fácil— sonríe. Ahora que lo pienso, se ve algo decaída.
— ¿Por qué no vas a verte al hospital? —pregunta Alejandro. Los 3 la quedamos mirando.
—Estoy bien— gruñe.
—Pobre de ti que tengas algo— la amenazo.
—No siento nada diferente— dice simplemente.
Lo dejamos pasar, además ¡Que terca puede ser esta mujer! Me recuerda al abuelo. Así que dejamos de joderla y vamos al supermercado a comprar dulces para el árbol (y para mi) luego nos relajamos, en casa.
Martes
— ¡TÚ! — espeto enojadísima, estoy harta de usar bufanda. ¡Además medio mundo se dio cuenta!
— ¿Qué? — Sam abre los ojos de par en par sin enterarse. ¡No le creo nada!
Estamos en el living de su casa, po
…