Capítulo 5 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

Aprendiendo a cocinar.

Samantha.

Sábado.

Espero impaciente fuera de la puerta de la casa de mis tías. Óscar me lame las manos hasta que me rindo. Me agacho un poco y lo acaricio detrás de las orejas. Al parecer eso quería porque se queda tranquilo.

La puerta se abre y Chloe nos mira seria, sus ojos van del perro hacia mí. La miro de abajo y me enderezo, me siento un poco idiota y se me olvida que decir.

— ¿Hola? — ironiza Chloe.

—Este… si, hola. Lo siento— susurro. — Hum bueno.

— ¿Sí?

Exhalo rendida, su puta mirada me molesta y sé que la cagué.

—Escucha lo siento, estaba enojada esa mañana, pero de verdad necesito tu ayuda. No te molestaré después de que pase esto… por favor— suplico pensando en Paola. Si no jamás le pediría un favor a esta.

—Hmm — Chloe abre la puerta y puedo verla en pijama algo pensativa. Óscar entra a la casa. ¡Vamos! ¡vamos! suplico internamente. Me agacho un poco sintiendo un impulso.

—Te ves tierna de pijama. — Sonrío. Chloe se ríe negando con la cabeza.

—Definitivamente me necesitas — ¡Maldita creída! Luego sus ojos se vuelven duros— pero eso no quita que haya olvidado lo que me dijiste— trago saliva— te hablaré cuando se me pase un poco.

Noto lo vacío de la casa.

— ¿Y tía Ale? — pensaba pasar a saludarla.

—Salió con mamá. — Dice como si nada. Otra cosa llama mi atención.

— ¿No saldrás hoy?

— No ¿por?

—No sé, pensaba que salías siempre. — Me mira en silencio.

— ¡Chloe! — escucho la voz de Alejandro. — ¡Ya va a empezar!

— ¡Ya vooooy! — grita. Se dirige a mí. — Me voy, y no. Hoy me quedaré con mi mitad.

—Pero los mellizos no son… —Empiezo.

— ¡Nadie te preguntó! — sus cejas se juntan — Adiós Sam— y cierra la puerta. Respiro hondo, que paciencia. Camino a mi hogar esperando a que se le pase pronto, se supone que no es rencorosa.

Miércoles.

Estoy sentada aprovechando el calor del mediodía, Paola y su amiga están a mi lado. Esperamos a un par de compañeros que aún no salen de la prueba.

—Y entonces… — escucho a mi compañera— En la pregunta del hígado…

—Yo necesito uno de esos— bromea Chloe acercándose. Paola se extraña y me mira de reojo, sabe que nos odiamos. — Hola chicas— dice tranquilamente. Después de un débil hola mío y de mi compañera que está algo perdida me mira significativamente, como diciendo ‘’tenemos que hablar en privado’’

—Oh si— digo como acordándome de algo. —Voy y vuelvo. —Me disculpo y la sigo media cuadra más allá. Se detiene y me observa, elevo ambas cejas esperando a ver lo que dirá.

—He decidido darte una décima oportunidad— bromea. Sonrío débilmente.

—Supongo que gracias.

—Deberías estar de rodillas— se enoja— el sábado a las 4.

— ¿Por qué más temprano?

—Jeje— ríe con una cara maligna que me hace fruncir el ceño.

— ¡No me mires así! Dame tu whatsApp.

—No.

—Ahora. — Ordena.

— ¿Para qué?

— Paso número 4: cocina ¡Fight! — celebra.

—Mamá no me permite estar a menos de 1 metro del horno.

—Pero ahora serás buena y te estaré vigilando. Además… no será en tu casa, será en la mía.

—Está bien… ¿Qué haremos?

— Te envío la receta por WhatsApp. Lo que nos lleva…

—Bien — se lo doy.

Se larga y vuelvo a sentarme

— ¿Qué quería? — pregunta Pao

— Avisarme que sus mamás iban a casa.

— Ah — me mira no muy convencida.

— ¿Algún problema?

— Claro que no. Es que es raro que no se hayan matado. — Su amiga ríe.

—Estamos más adultas— digo simplemente.

—Es verdad, aunque esa siga siendo algo idiota— bromea. Sonrío.

—Lo es. —Sonreímos. Al menos el odio por Chloe nos une.

Sábado.

— ¡Mi Sam! — me abraza tía Ale. Por su espalda veo a Alejandro en el sofá dándome una mirada de reojo con evidente desagrado. Saludo a tía Kate que me da un par de palmaditas con cariño. Después de todo, ellas me han visto crecer.

— ¿A qué se debe esta visita? — pregunta mi tía.

—Emm, Chloe me invitó. —Digo incómoda.

—Imposible— dice Alejandro.

—Si lo hice— aparece Chloe del pasillo.

— ¿Qué? —Tres pares de ojos sorprendidos van de una a otra.

—Es que… — piensa Chloe.

— Le pedí un favor— me sonrojo. — Me ayuda a preparar algo para Paola. Aparto la vista.

—Aaaah— tía Ale me codea, me ruborizo más. —Chloe es buena con eso. —Sonríe. —Mientras no se tiren aceite hirviendo no hay problema. —Tía Kate asiente. —En fin, yo voy de salida.

— ¿Dónde vas? —pregunta Chloe.

—A ver a Angie, Noelle ya llegó. —Besa a tía Kate, se despide de todos y se va.

—Entonces— se pone de pie Alejandro— me largo también.

— No tienes permiso— escucho.

—Si claro, justo a ti te lo voy a pedir. —Chloe hace un puchero.

— ¿Y dónde vas?

—Donde Leo.

— ¡Mándale saludos! — dice feliz atándose el pelo. —A las 9 acá. —Bromea.

Alejandro se ríe y la abraza levantándola del suelo como si no pesara ni un gramo.

—Tú no mandas a nadie. —La baja— cuídense, la quiero en una pieza— me mira duramente. —Adiós enamorada. —Lo miro con desagrado.

— ¿Trajiste lo que te tocaba? —pregunta ajena a nuestro odio. Asiento levantando el hombro con la mochila. —Excelente.

— ¿Por qué acá y no en mi casa?

—Porque sería difícil convencer a tu mamá de que no vas a incendiar la cocina y, para darles un respiro.

—Bien pensado.

—Por supuesto.

— ¿Qué haremos?

— Jejeje — ríe feliz. — ¡Brownies! — sonrío, no voy a negar que me gustan, al parecer Chloe es de la misma idea. —Haremos la receta simple, de chocolate y nueces.

—Suena delicioso.

—Eso serán si nos resulta, y por lo que oí le darás a Paola. Lo que hace esto un desafío para ti. No puedes fallar mi joven aprendiz. —Concluye con sabiduría. Levanto una ceja. —Te daré una pequeña demostración y te iré corrigiendo.

Prepara todo y me explica algunas cosas (que se me olvidan de inmediato).

—Está todo listo, es cosa de que uses tus manos.

Sonrío.

—No quiero saber que pensaste— dice seria. —Y lávatelas.

—Allá voy— susurro.

Mientras se encarga de la mantequilla me hace batir huevos. Cuando salpican un poco en la mesa me da con una cuchara.

— ¡Hazlo bien!

— ¡Sólo fue un poco! —Aprieto los dientes. Cuando incorporo el azúcar se me resbala el recipiente. Los ojos de Chloe se oscurecen y parece justo ahora una asesina serial.

— ¡Voy a matarte! —Antes de que corra a la puerta mis piernas escocen

— ¡Cuidado idiota! — me enojo adolorida ¡estoy segura de que quedó marcado!

— ¡Con la comida no! — espeta como la loca que es. — ¡Limpia y te ayudo esta vez! —Bufa.

Me ayuda a dosificar los demás ingredientes mientras bato otros huevos, me da una nueva golpiza por comerme unas nueces. Como no tiene fe en mí, al terminar vierte la preparación en una bandeja de cristal.

—Bien— exhala y se aparta un mechón— Ahora sólo queda esperar.

— ¿Cuánto? —pregunto.

— ¿Acaso no leíste lo que te envié?

—No.

— Hum —revisa— 35 a 45 minutos. —Pone cara de pajera feliz— ya no aguanto las ganas.

—Qué asco. — Bromeo. Antes de que me golpee de nuevo con una cuchara de palo, tomo el mango y la detengo. Se enoja y levanta la otra mano, agarro su muñeca y la dejo imposibilitada.

—Ya estoy marcada gracias. — Chloe trata de soltarse inútilmente. Me mira muy enojada, sonrío victoriosa.

—Suéltame. —Hace fuerza, no lo logra, sonrío con más ganas.

—No.

Me mira complicada, hago como que suelto su muñeca, trata de escapar y la aprieto de nuevo. Se indigna con creces.

—Te odio.

—Es mutuo.

Nos quedamos mirando sumergidas en nuestro desagrado.

— ¿Todo bien? —Tía Kate nos observa, sus ojos se detienen en nuestro agarre. Nos separamos de inmediato.

—Si —digo rápido.

—Ella empezó, se aprovecha de mi porque soy más débil.

—Eso no es verdad— agrego rápidamente. — Quería golpearme.

Tía Kate ni se inmuta.

—Amm yo sólo venía por jugo — comenta más preocupada de la nevera.

—Gracias por tu preocupación— Escucho a mi lado.

Se sirve muy relajadamente.

—Ya estás vieja— dice simplemente yendo por el pasillo. No puedo evitar la carcajada.

—Tan sutil— se lamenta Chloe. —Si te queda malo estarás automáticamente reprobada y obligada a vivir sola hasta el día de tu muerte.

—Gracias por la presión.

—De nada, ahora ayúdame a limpiar. —Le ayudo, termino pasándole un trapo por la cara y escapo al living.

— ¡Eres una imbécil! — se sienta enojada.

— ¿No me invitarás un refresco?

— Bebe del plato de Óscar. —La miro amenazadora, fue ella quien me retó por eso mucho antes.

— ¡Muy bieeen! — se pone de pie— espera un poco.

—Así me gusta— me relajo un rato.

—No me agradas.

—Tú tampoco a mí.

Nos quedamos en silencio un rato.

— ¿Qué haremos la próxima semana?

— ¿Asumes que te quedó rico todo? — Dice Chloe

—Siempre. —Respondo de inmediato sin pensar.

Nos miramos.

Rompemos a reír.

—No lo tergiverses.

—No lo hice— se hace la santa.

—Mal pensada.

—No eres mejor que yo.

Nos llega un delicioso olor.

—Carajos— susurra Chloe.

—See — digo feliz. — ¿Se pueden comer calentitos?

— Hmm leí que es mejor dejarlos enfriar, aunque no era especialmente un problema. —Dice dudosa.

—Oooh— me entristezco. Me mira extrañada. Levanto una ceja interrogativa y me ignora poniéndose de pie para sacar la preparación. Sale de la cocina.

—Ven.

— ¿A dónde?

—A mi habitación, los sacaré y nos distraemos.

—Está bien… —La sigo y entro a su dormitorio. Decido vengarme y me recuesto en su cama, a diferencia de la mía, el colchón es más blandito.

— ¡Respeta mi humilde nido!

— Te jodes, ya tuve que pasar por esto. —De todos modos, ya estoy cómoda.

—Demonios— susurra tirándose al lado y revisando su celular. La miro sorprendida, es un poco incómodo…

— ¿Qué? — pregunta girándose. Sus claros ojos me observan sin entender y me alejo un poco tocando la pared.

—Nada, es que… te acostaste y…

— ¿Y qué? Nos obligaban a dormir juntas antes.

— Ya no somos niñas.

—No tengo un colchón para el suelo— dice escribiendo. —Descuida, no te violaré. —Bosteza.

—No te vayas a dormir.

—Nah, podría pasarme cualquier cosa— me mira burlona— ¡y no te daré mis brownies!

—Sólo quiero la mitad. — Aclaro. Para mi sorpresa me mira como si fuese una ladrona.

— ¡Es 70— 30% Samantha!

— ¿Qué? — me indigno— ¡yo traje los ingredientes!

— ¡Y yo el conocimiento!

— ¡Sacaste la receta en internet!

— ¡Admite que sin mí no hubieses podido!

— Bueno, supongo que no— reconozco.

— Sólo por eso aceptaré tu disculpa, gracias por darme tu parte. — Se sienta en la cama y me observa alerta, me incorporo del codo y nos quedamos mirando. Chloe velozmente salta de la cama y trata de llegar primero a su puerta. Voy detrás de ella sobre el colchón, apoyo un pie en el suelo, paso mis brazos de su espalda hasta el estómago y la arrojo a la cama.

Escucho el movimiento del colchón y salgo por el pasillo.

— ¡MALDITA SEAS SAMANTHA ADRADA!

Me río entre dientes y veo el molde sobre la mesa, toco suavemente la superficie de la mezcla ya cocida y noto que aún está tibia.

—No enfriará nunca— gimoteo.

—Creo que de todos modos está pasable — escucho a Chloe llegar con el cabello un poco revuelto. La miro con burla.

— No me olvidaré de esto. —Sonrío mirando su pelo.

—Me vengaré— susurra agarrando un cuchillo y cortando en cuadros — Sólo espera y verás…

—Espero— le tomo el pelo. Me mira de reojo.

—Quiero un pedazo. — Miro unos pedazos de nueces que se ven apetecibles.

—Jeje— ríe Chloe con malicia.

— ¿Qué pasa?

— No contabas con mi astucia. — Dice abriendo la nevera y sacando un helado de vainilla. Lo sirve sobre dos contundentes pedazos de brownies.

—Que delicia— digo enamorada de semejante manjar. ¡Debo reconocerle esta!

—Gracias, me lo dicen seguido.

— Tú no — Rodeo los ojos.

Suelta su característica risita estúpida y se sienta en frente. Me alcanza el plato, se lo agradezco y empezamos a comer.

— Esta bueno— sonrío muy feliz y orgullosa de mí misma.

— …Dno puefdo— dice con cara de placer.

—Traga primero idiota. — Me quejo. Traga de una manera poco sutil.

— ¡Déjame! —Sigue comiendo con una sonrisita estúpida en la cara. Me hace gracia.

— Entonces ¿aprobé? — sonrío.

— Si felicitaciones— Asiente — tienes 9 de 10 por malgastar ingredientes. PERO — eleva el tono con una brusquedad que me hace mirarla mal, sonríe orgullosa de sí misma— debes practicar. Sólo sigue las recetas al pie de la letra, sería bueno que sorprendieras a tu amada con una comida y demás seres queridos con algo de vez en cuando.

—Si — sonrío— gracias Chloe. —Me llevo un poco más del postre a la boca, levanto la cabeza masticando y miro la cara de Chloe estupefacta. Elevo las cejas, interrogante.

— ¡Nunca pensé que te oiría decir eso!

— Nunca más lo oirás— le dejo muy en claro.

Lunes.

—Es para ti— Pao me mira casi impactada y lo recibe, decide probar un trozo, su cara lo dice todo.

— ¡Está muy bueno! ¿¡De verdad lo hiciste tú!?

—Si — sonrío orgullosa. —Probaba un nuevo hobby. —Mentira.

—Pues deberías hacerlo seguido— su sonrisa es reluciente. — Es lo tuyo. ¡Y yo pensaba que de verdad no podías cocinar nada! — Cuando pasa su profesor a la sala de clases me toma las caderas y me da un besito tierno en la mejilla.

—Hablamos después. —Se va rápido. Doy pasos a la biblioteca como si caminara sobre una nube. ‘’Hablamos después’’ ‘’hablamos después’’

2 horas después.

—Uf— Paola se sienta a mi lado en biblioteca. — El profesor se pasó con la hora.

—Ese viejo siempre es así— susurro. Toca mi antebrazo, la miro.

— ¿Qué harás hoy?

—Nada. — Digo de inmediato.

— ¿Te parece estudiar hoy?

—Me parece bien — si claro… estudiar. — ¿En mi casa?

—Está decidido— bromea, me río bajito y seguimos en lo nuestro.

6 horas después.

Abrazo a Paola antes de dormir, se gira y me da cortos besos.

—Extrañaba esto— susurra.

—Yo también. —La beso con ansias colocándome de a poco sobre ella.

—Oye— se ríe juguetona. — Ni lo pienses.

—No lo pienso— bromeo besando detrás de su oreja. Oliendo su aroma, hace tiempo que no estábamos así.

En eso corre su cabeza de donde estaba y me besa apasionadamente. Acaricio bajo su ropa vaticinando lo agotada que estaremos mañana en clase.

Miércoles.

El martes parecía que caminara sobre felicidad, ahora miércoles me doy cuenta de que seguimos igual. Pero está dando su brazo a torcer… pronto volveremos ¡Ánimo Sam!

—Puaj escucho— me giro violentamente para ver la cara que usa Chloe siempre que tiene alguna estupidez desagradable que decirme.

— ¿Qué?

Chloe.

— ¿Ese es el saludo que recibo por venir a verte? — le tomo el pelo. — Es un gran honor para ti mortal.

—Ojalá sea la última— me mira cruel— ¿Qué se te ofrece?

—No. Eres tú quien quiere algo. — Le revelo.

— ¿Qué? — me mira como si estuviera loca.

—Ese el paso 5, o el primero de tu segunda mitad, como lo quieras ver. — Asiento. —Ahora será más complicado.

— ¿Entonces el paso 5 es que yo quiera algo de ti? — se ríe como si hubiese dicho que vi elefantes rosas.

—Si, debes invitarme a algo — Su rostro cambia de burla a incredulidad. — Tú tarea es hacerme pasar una divertida tarde para que se me olvide que eres una imbécil. Si se me olvida a mí, quizá a tu novia también. — La ilumino. —Siéntete orgullosa joven Samantha, irás con la presidenta del consejo de psicología y la presidenta del centro de carreras humanistas— hincho el pecho— cualquiera querría tu posición.

—Qué bueno porque yo no.

—No es mi problema, aún puedes renunciar y quedarte a medio camino.

Nos miramos con advertencia, así como midiendo quien tiene mejores fundamentos. Probablemente Sam ya haya probado algo de frutos por su cambio de comportamiento, pero yo sé (y seguramente ella también) que si baja la guardia todo seguirá como está y es probable que lo que sea que haya pasado quede como un recuerdo.

Así que gano yo. Sonrío ante la exhalación de Sam.

—Hecho.

—Excelente. — me cruzo de brazos. Like a big mamma Chloe.

—A qué hora nos vemos.

— ¡Déjame pensarlo! Se desespera.

—Está bien, estoy en tu WhatsApp— Miro a Sam pensativa ¡seguro que no tiene nada la muy imbécil pffjajjajaj! —Como sea una visita a la biblioteca te parto la cara. — Le advierto, ya bastante tengo con dedicarle parte de mis sábados.

— ¡No iba a decir eso! — se enoja.

— Si claro cómo no. —Me giro— Adiós pequeña.

Horas después.

Estoy en clases aburrida escuchando al profesor, el lápiz se balancea en mi mano por pura costumbre de moverme. Además, este curso no me gusta mucho, exhalo mirándolos, son los más empollones retraídos.

Mi celular vibra. ‘’ ¡Ya se me ocurrió algo!’’ leo. Pongo los ojos en blanco.

Sam.

‘’Así no se hace una invitación pequeña Sam…’’. Miro hacia el frente a mi profesor, le bajo el brillo a la pantalla de mi celular, y lo pongo al lado del cuaderno antes de escribir.

‘’ Carajos… ¿quieres ir al zoo? ‘’ pregunto. Hace mucho no voy. Tina me tiene abandonada con la Universidad. No la culpo.

Vibra mi celular nuevamente.

‘’ ¿Me vas a presentar a tu familia? ‘’ —Niego con la cabeza apretando la boca.

‘’ ¡No te pases imbécil! Si o no.’’

‘’ Me parece interesante, así que sí. Hace tiempo no voy… ‘’ Sonrío, vibra de nuevo. ‘’ Más te vale que lo pase bien, ¡piensa en los detalles! ‘’

¿Detalles? ¡¿Qué diablos quiere?!

Antes de que le responda, mi profesor me mira con cara de demonio, hace un comentario de que nadie está obligado a entrar en su clase y sigue. Guardo el puto celular avergonzada.

Chloe.

— ¡YA LLEGUÉ! — grito entrando a la casa. Ni idea de si llegue primera, a las 18:00 hrs. empiezan a llegar todos.

— ¿Enserio? — bromea mamá. — Ni se notó— ¡Carajos siempre tan malvada!

—Te acusaré a mi dulce mamá Ale. — Miro sus burlones ojos amarillos.

— A tu madre me la sirvo de postre.

— Pervertida. —Hago como que me ruborizo.

— He llegado— escucho a mamá, Oscar pasa por las bolsas haciendo ruido.

— ¡Mamaaaaá! —Gimoteo yendo hacia ella. Le abrazo haciendo pucheros.

— ¿Eh? ¿Qué pasó? — me abraza. Mamá Kate recibe las bolsas.

—Mamá me está maltratando y haciendo comentarios obscenos de tu persona. — La acuso.

— ¡Cómo que obscenos! — frunce el ceño. Mamá se ríe.

—Sólo dije que te servía de postre. — Puedo asegurar que a mamá se le ruborizaron las mejillas.

— ¡No le abras los ojos a nuestra pequeñita! — Muero de amor abrazándola. Mamá es mi aliada, siempre.

— ¡Mamá! — pongo los ojos brillantes. — El sábado voy a salir y …

—No.

— ¡Pero mamá! — lloro— Tendré que pagar con mi cuerpo— pongo cara de sufrida. Mamá Kate se ríe.

— Pobre del que reciba la paga— bosteza.

— ¡No me quieren! — lloro.

— ¿Bromeas? — dice mamá.

—Si— digo feliz— ¡Gracias! — me voy con el bolsillo más abultado.

En la mesita de la cocina.

Alejandra

—No la consientas tanto— dice Kate.

—Está en edad de disfrutar la vida— digo simplemente. —Además que pida dinero significa que no la ha invitado ningún estúpido— agrego con malicia.

— ¿Y si la invitase una chica? — Preguntas torturadoras de Kate.

—Espero que ninguna estúpida— miro mis manos.

Escucho una risita.

—Eres increíble. — me apunta como acusándome— no podrás protegerla de eso.

—No. Pero quiero que, si tengo que aguantar a alguien, la quiera de verdad como la chica divertida y bella que es. Igual que a mi bebé. — Agrego por Alejandro.

—Ah y así críticas a papá…

— ¡Yo no amenazaría con una escopeta a nadie! — me río.

—Sólo te molestaba— me mira con dulzura. —Pienso igual que tú.

—Lo sé — sonrío mirándola bien, la amo.