Capítulo 9 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

La fiesta de cumpleaños de Tina

Sam

Estamos con Tina en el patio bebiendo un par de cervezas, llega el auto de tía Ale con un tumulto enorme. Mamá sale y miramos curiosas mientras estacionan mal. Tía Alejandra sale rápido del auto.

— ¡Feeeer! — gimotea— ¡rescátame de ese par!

Tina y mamá se ríen. Niego con la cabeza.

—Pobre. —Escucho a mi lado.

—Debe ser horrible … —agrego.

Sale Chloe y Alejandro del auto riéndose como idiotas, ahora que lo pienso, su risa es jodidamente parecida. Decidida a no mirar a Chloe y sintiendo algo incomodo dentro de mí, veo a tía Kate bajar tan tranquila como siempre, nos saluda y se queda con Tía Caro que se abalanza sobre Alejandro. Después de todo, es su madrina. Mamá de reojo me sonríe, entiendo que hice bien en ‘’solucionar mi discusión’’ con Chloe.

—Ayúdame con las cosas hija. — Escucho a tía Ale, la veo sacando unas cervezas y nuestras miradas se cruzan, desvío rápidamente mis ojos a otro lado.

— ¿Todo bien? — pregunta Tina.

—Sí. —Bebo un sorbo. —No quiero verla simplemente.

—Cuando terminarán…— se pone de pie y se estira. —Iré a saludarla.

—Vaya.

— ¿No saludarás a tía Ale?

Carajos es cierto.

—Saludo a mis tías, luego veo al par de idiotas.

—Pesadillas— saludo.

—Pesada. —Saludan.

Sigo con lo mío. Tina se queda más tiempo, no sé cómo rayos alguien que se lleva tan malditamente bien conmigo se lleva también sin problemas con Chloe. Es cosa de ver lo próximas que son. La dejo sola y voy donde mamá que esta frente a tía Christine.

—Que hay— digo sin más.

—Sam — sonríe mamá— Ayúdame con la carne —me queda mirando, levanto las cejas. —Estás muy seria ¿todo bien?

—Excelente.

—Pensé que estarías con Tina —comenta tía Christine mirándome burlona y jugando con su copa de vino.

—Está con Chloe— sonrío fingidamente.

—Ah… ya veo. — ¡¿Es idea mía o quiere reírse?! Había olvidado en los términos que quedamos la última vez. Decido ignorarla también a ella.

Para mi desgracia mi madre me deja a cargo de la parrilla y va a la cocina a buscar cosas.

—No te preocupes por Tina— dice de repente.

—No me preocupo por Tina. —Repito con el mismo tono.

— ¿Entonces por qué no vas allá con tu noviecita? — la miro enojada, sonríe divertida.

—No es mi novia, ni siquiera me gusta, no me agrada y no quiero estar cerca de ella. —Que le quede muy claro.

—Ahm, mira tú. —Sigue como si nada.

— ¡Hola! —llega tía Noelle— se nos había olvidado el hielo— sonríe ajena a mi cara de mierda. Tía Christine la atrae de la cintura y besa su mejilla. Odio reconocer lo lindas que se ven en este momento.

— ¿Todo bien Sam? ¿esta no te está molestando?

—Un poco. — La acuso.

—Es mentira amor, hablábamos del baile de hace casi un mes.

— ¿Y qué tiene de malo?

—Parece que no quiere recordarlo.

Doy vuelta la carne, viva la carne, concéntrate en tu labor Samantha.

— ¡Ya! — llega mamá con unas cosas. Me salgo rápidamente de ahí.

— ¡Aquí estabas! — llega Tina, pone su brazo atrás de mis hombros— no te escapes putilla— bromea.

Nos quedamos conversando en una banca, me estoy controlando con el alcohol. La verdad sé que en el fondo no tengo excusa, pero tampoco quiero añadir más errores a mi lista. Miro de reojo a Chloe que sonríe mientras tía Kate le acaricia el cabello cariñosamente y va al lado de tía Ale. Ella se gira como atraída por mi mirada y me ve con molestia. Miro a mi vaso. No sé para qué esa actitud si fue sin querer.

Luego de recordar varias cosas, reírnos y planear salidas, Tina se fue con sus madres, no tolero la cara con la que ahora me mira tía Christine, no iré en un buen jodido tiempo a su departamento. Paso una media hora con mi madre, Fernanda y le aviso que me voy a dormir. Ha sido mucho para mi hoy, son 3:30 am, bastante temprano. Seguro que ellas se quedan unas cuantas horas más. Bostezo y veo el colchón al lado de mi cama. Respiro un poco cabreada, me pongo la parte de abajo del pijama y me acuesto. Miro al techo, reviso mi celular. Nada. Lo dejo bajo la almohada y espero a que el sueño venga por mí.

Y no llega.

Chloe

Bostezo al lado de mamá, bebo un sorbo de cerveza y veo a Ale entretenido con el tío de Sam. Es gracioso y simpático para su edad, siempre se han llevado bien. Maldito Alejandro que me abandonas… bromeo internamente como la hermana posesiva que soy.

— ¿Tienes sueño? — pregunta mamá suavemente. Tía Fernanda que hablaba con ella me mira curiosa.

—Humm todavía no tanto. —Mentira.

—Puedes ir a dormir si quieres. —Ofrece esta.

Siento una molestia en el estómago.

—Ya son las 4 y media, descansa. — Me dice mamá dándome un besito en la frente. ¡Mamá es tan linda! La abrazo y choco nuestras castañas cabelleras.

—Está bien, Te amo— cierro los ojos. Tía Fer sonríe, y también le doy un besito, luego le lanzo uno a mamá Kate que está con tía Caro y tía Angie.

Subo y me encuentro con el dormitorio de Sam a oscuras, prendo la luz para ponerme algo más cómodo.

— ¡Aagh! — se queja cubriéndose los ojos.

— ¡¿Aún no te duermes?!— me sorprendo. Maldita sea…

—No — susurra sin quitarse las manos.

—Hmm— tomo mis cosas y me visto en el baño. Entro y apago la luz metiéndome a mi cama preparada por mis tías, está cómoda y acogedora. ¡Aaws! las amo.

—Chloe… — escucho. La miro en la penumbra con molestia.

—Que. — Digo secamente.

—Gracias por venir hoy.

—No lo hice por ti— respondo— extrañaba a mis tías, y me gustan estas juntas. — ¿Cómo podría rechazar tanta comida y bebida?

—Supongo que sería mejor para ti que yo no esté.

—Quizás— bromeo. — Pero así son las cosas. — ¿Noto un poco melancólica a Sam o es idea mía?

— ¿Estas bien? — se me escapa.

…

—Sí. — responde.

Dada por terminada la conversación cierro los ojos y trato de relajarme.

¡Y no puedo! ¡Puta madre no puedo! ¿¡Por qué no puedo!? La puta culpa es de Samantha que no para de moverse.

— ¡Quédate quieta! — gruño. — ¡No puedo dormir si te mueves toda la noche!

—Vete al diablo— bufa— eso estoy tratando de hacer.

—Hazlo bien — respondo enojada. —Algo que hagas bien— río pesadamente. Si no puedo dormir, al menos me contentaré con molestar a esta.

—8 de 10— susurra.

—Si, pero porque fui buena. No debí aprobarte nada. —Asiento. Me doy cuenta de un detalle. —Ni siquiera completaste el último punto.

—Por qué será— susurra.

— ¡Cállate! Apuesto a que lo hiciste a propósito.

— ¿Qué cosa?

— ¡Eso!

Levanta la cabeza, veo su rostro simplemente por la luna. Se ve algo contrariada.

—Si fuese por mí no te vería nunca.

—Ajá. — No le creo nada.

— ¿Ajá qué? — frunce el ceño.

—No te creo nada

—No tengo que darte explicaciones— se enoja.

—Me largo. — Espeto dispuesta a ir al sillón, me siento en el colchón.

—En el sillón está mi tío. — Adivina mis movimientos.

—Iré con mi hermano.

—Si vas me retarán.

—Me vale— agito mi cabellera, antes de ponerme de pie con un solo brazo me mantiene sentada.

—Quédate ahí.

—No me des órdenes— tomo su antebrazo para que me suelte. No lo hace hasta que me agoto.

—Duérmete ya. — susurra.

—No puedo dormir si estas acá— dejo salir. Me ruborizo ¡sonó comprometedor! — ¡Porque no confío en ti!

Sam.

Siento como la rabia empieza a recorrer mi cuerpo, me siento muy molesta.

—Deja de hacerte la víctima, ¡yo no te obligue a besarme!

— ¡Yo no quería besarte! — dice fuerte. Le hago una mueca para que baje el tono. Mira a todos lados como si alguien estuviese escondido en el dormitorio.

—Si querías. — Digo simplemente. Me ve con desagrado. Se que está mal, pero estoy disfrutando esto, una gota de lujuria empieza a molestarme.

—Me dejé llevar, no es primera vez. — le quita importancia. ¡¿Acaso me está comparando con alguien más?!

— Si, pero… — salgo de la cama lentamente y me agacho frente a su colchón hablando, abre un poco más sus ojos y me mira estupefacta. —Ninguno te desagradaba más que yo.

Aparta la vista.

—Ninguno me desagradaba, y tú aún me desagradas. — Dice bajito sobando su muñeca.

— ¿Por qué no me miras? Hasta donde yo sé, tú no sientes vergüenza. — Diablos, estoy demasiado entretenida. Después de todo lo que me humilló estos meses, tener cierto control sobre ella se siente genial. Casi justicia.

—No siento vergüenza— me responde indignada, desvía sus ojos a la pared. Supongo que herí su ego. Estoy sentada en su colchón, si no supiera disimular, con una sonrisa. Y ella está sentada muy complicada. Mis ojos viajan de su cabello, a rostro, a su cuello, a su sweater…

— ¿Qué ves? — susurra — Tu mirada no me gusta. Apártate. — Me inclino y se va un poco hacia atrás. Con un atrevimiento que no sé de dónde salió me quedo quieta. Baja su vista a mi boca, la observo mientras sus ojos vuelven a los míos, nos miramos unos segundos y me sorprendo tocando su mejilla, es suave, ella sigue algo petrificada, se oye nuestra pesada respiración, me acerco y la beso lentamente. Después de un suave toque, los labios de Chloe se relajan y se mueven al compás acariciando los míos. Regreso mi mano al colchón, sólo para apoyarme al lado de sus piernas y quedar en frente. Me inclino y me dejo llevar, al cabo de unos segundos se transforma en un beso más apasionado, se oye sólo el sonido que hacemos al roce, la mano de Chloe me acerca del cabello y respira ansiosa metiendo su lengua. Hago un ruidito e impongo mi peso sobre ella. Para mi sorpresa, se destapa; nos separamos y respirando agitada, toco una de sus piernas y subo mi mano ansiosa a su cintura. Cierro los ojos y nos recostamos sobre el colchón besándonos.

Fer.

—Ya van a ser las 5.30 — miro mi reloj. —Debería ir a ver si las chicas se durmieron— comento. Alejandro está algo ebrio riéndose con mi cuñado y las demás me parece que también. Reconozco que soy la que tiene más aguante. Entro a la casa y subo las escaleras rogando que no haya más problemas con este par.

Chloe.

Levanto la cabeza asustada. Tengo atrapado el cuerpo de Sam debajo mío, abre los ojos y siento sus manos aun acariciando mi espalda.

—Que sucede— jadea.

—Sentí unos pasos. —Si, tengo la puta razón. A toda velocidad sintiendo como se me congela la sangre subo a su cama y me cubro con las frazadas.

— ¡Oye! — escucho a Sam. Se rinde rápido y se recuesta haciéndose la dormida. La puerta se abre y trago saliva cerrando los ojos rogando para que mi tía se invente una maldita excusa mental de porque estoy aquí acostada y su hija allá abajo. La cierra y no muevo un músculo hasta que escucho la escalera.

Respiro pesadamente.

—Bueno— carraspeo. —Que duermas bien.

—Esa es mi cama.

— ¿Y? sería muy caballeroso que me la cedas.

—No soy un caballero, esfúmate.

—No— dejamos un desastre en la de abajo. Que se joda. Sonrío y me relajo hasta que siento como se mete a la cama. Abro los ojos de golpe y me giro.

— ¡Te dije que te largues! — frunce el ceño.

—No estabas así hace unos minutos.

—Buenas noches. — Me recuesto. Sam sigue como estaba. La diferencia es que no tardamos en quedarnos dormidas.

…

Siento la luz del sol sobre mí, abro un poco los ojos, la cama esta calentita, es de día y…. es la habitación de Sam, recuerdo lo de ayer y mis latidos se aceleran del arrepentimiento. ¡¿Por qué soy así?! Lloro mentalmente. Y no es todo, tengo una pierna sobre Sam que duerme plácidamente, su respiración choca con mi coronilla. Tiene los labios más rojos de lo normal. ¡Nos van a pillar si seguimos! En eso hace un ruidito y se rasca la nariz. Me sorprendo observándola, al menos durmiendo se ve adorable.

¡No! ¡Es Sam! ¡Tu enemiga! Le pego enojada ¡Tiene toda la culpa! Despierta de un salto y me mira confundida. En unos segundos entiende la situación.

— ¡Déjame dormir imbécil!

— ¡¿Cómo me dijiste?!

— ¡Eres una imbécil! —enojada trata de dormir de nuevo.

La empujo y toma mis muñecas y sigue durmiendo.

—Quédate tranquila— dice con las cejas muy juntas.

—No me agradas. — Digo mirándola ceñuda. Frunce el ceño irritada, me ignora.

No sé, pero necesito seguir molestándola. Tomo parte de su cabello y lo deslizo suavemente en su mejilla.

—Eres desesperante— susurra, en eso libera un par de carcajadas de resignación. Niega con la cabeza y la miro idiotamente.

— ¿De qué te ríes?

—De tu persona. —Dice seria de nuevo. Su mano pasa tras mi espalda baja y me acerca.

— ¡O…! ¡Oye! — replico, me esperaba más un golpe que esto.

—Cállate.

—No me… — Se acerca y pega su boca a la mía. Trato de hablar y hace más presión, retrocedo un poco un par de veces. Me quedo quieta sintiendo que su boca antes inmóvil atrapa mi labio inferior, suspiro, se siente bien. Besa bien, para mi desgracia… supongo que un poquito más no hará daño.

Me acerco, me dejo atrapar por su calor quedando con la mitad de su cuerpo apoyado en mí. Desliza su mano por mi cintura y me besa el cuello.

Esto está mal.

—Sam — susurro. En respuesta recibo un beso más intenso bajo la oreja.

— Ah… —jadeo. —Que no se te haga costumbre. — Maldita sea no quiero seguir así— no olvides que te odio, me das asco. —gimoteo.

Escucho una risita.

—No te rías— empiezo a irritarme. Su mirada de mierda provoca que la aparte y con la planta del pie, la boto de la cama. Cae al colchón.

—Cuidado idiota— se soba el estómago.

—No me vuelvas a molestar. Escucha…— bajo la voz. —Última vez que hacemos esto.

—Entonces no te pongas coqueta.

— ¡Coqueta yo! — me enojo— jamás he sido coqueta contigo.

—No desde mi punto de vista. — se toca el mentón. — ¿Te gusta que te bese verdad?

—Me das asco— le aclaro. ¿Qué parte del asco no entiende?

Se escuchan unos pasos y miramos la puerta abrirse. Es tía Fer.

— ¿Siguen vivas?

—Por poco —respondo.

Mira a Sam — ¿Cómo terminaste en el colchón?

Más te vale mentir bien pedacito de idiota.

—Me ganó la cama— me mira.

—Pero si te acostaste primero. —Decido ir al rescate.

—Es que cuando llegué no estaba dormida, fue al baño y bueno… —sonrío — yo sólo aproveché la oportunidad.

Tía Fer ríe.

—Ya vengan a desayunar.

Bajamos y me encuentro a mamá sentada en el sofá. Le doy un besito y veo el pseudo cadáver de Alejandro tirado en el sillón grande.

— ¿Qué le pasa?

—Resaca — sonríe mamá Ale.

—Chloe— gimotea.

— ¡Hermano! —lloro— ¡no te vayas! ¿Qué será de mí, sola en este mundo retorcido y cruel?

—Me duele el estómago— llora— y la cabeza. Cuídame.

—Bueno, eso fue todo. Descansa en paz. —Digo quedamente tapándolo con su manta.

— ¡Aún no estoy muerto! — arruga la cara destapándose.

— Jeje— río, voy a la cocina y consigo una bebida isotónica.

—Toma, con el auspicio de tía Sandra— sonrío. Ale se sienta y cierra los ojos, bebe de mala gana.

— ¿Mejor?

— Hmm — dice apenas. Lo abrazo y palmeo su espalda con suavidad. ¡Me siento como la hermana mayor!

—Te dije que beber es malo, ¿Cuándo seguirás mi ejemplo? — escucho un resoplido, Sam nos ve sin interés mientras coloca cosas en la mesa.

—Envidiosa— la reto— todo porque naciste solita.

—Por suerte— susurra devolviéndose a la cocina. Frunzo el ceño y mamá nos mira como ‘’ya empezaron…’’ levanto los hombros y me preocupo por mi hermanito.

—Déjalo ahí y ven a comer— aparece mamá cargando una bandeja con comida y dejándola en la mesa.

— ¡Mamá! — me espanto— que ruda. ¡Si nos pinchan! ¡¿Acaso no sangramos?! ¡Si nos hacen cosquillas? ¡¿Acaso no reímos?! ¡si nos envenenan! ¡¿Acaso no morimos?! —recito.

Escuchamos una risita y tía Fer que viene al lado de Sam, la mira, y mis madres también.

—Que — se pone seria— eso fue gracioso.

—Es porque soy cool— asiento.

—No. — Se sienta algo incomoda.

— ¿Te duele algo? — pregunta Tía Fer.

—La pierna— se toca a costado… justo donde cargué la mía toda la noche. Le abro los ojos asesinamente a Sam que me ve de reojo. Mamá Kate me mira frunciendo el ceño justo cuando lo relajo y pongo de cara de ‘’no sé de qué habla esta extraña’’ ¡Maldita sea! ¡que no sospeche nada! —me pegué en clase.

—Ahm — dice su madre restándole importancia.

Tomo asiento, completamente ajena a estas mujeres, que gustan de mujeres.

Tina.

Aprovechando que es domingo y mis madres aún están durmiendo, veo caricaturas con Tom en el sofá. Apenas me levanté, me acompañó ¡Es tan lindo! Aunque creo que también tenía interés por el alimento. En un instante me rio por la tv y me relajo.

—Aún eres una cría— una voz me da escalofríos.

— ¡Mamá! — me cubro la oreja. Tom la mira y recibe una caricia. —No me asustes.

—Y una cobarde— termina. Va a la cocina. — Ooh, dejaste todo listo.

—Para mí amadísima mamá Noelle… y compañía— sonrío.

—Si claro mocosa— escucho. Me río cruel, después de todo, me asustó. Esto no se termina aquí.

—Así que, despertaste por fin, bebiste mucho… — Comento.

—Si — frunce el ceño.

—Los años no pasan de gusto. —Le recuerdo. Recibo un destello asesino.

—Claramente para algunas no— mira la televisión.

—Y para otras— sonrío— demasiado.

Mamá se acerca y me pongo de pie.

— ¡Anciana! — salgo corriendo. Me atrapa, toma uno de mis brazos y lo eleva detrás de mi espalda.

— ¡Aaah! — gimoteo. — ¡Morirás en el asilo!

— ¡Pero el mejor asilo! — sonríe torturándome.

—Christine… — escucho.

—Le estaba enseñando defensa personal— sonríe. Levanta un poco más el brazo.

— ¡Aaaarhgh! — me quejo, plan B Tina. Miro a mamá con los ojos brillantes.

— ¡Christine suéltala!

Me suelta y me giro.

—No te lo devolví porque soy respetuosa. — Bromeo. Mamá se carcajea bravuconamente.

—Dejen de comportarse como niñas— se enoja mamá yendo a la cocina.

—Mocosa manipuladora— escucho a mi lado.

— ¿Qué le dijiste? — escucho una voz cabreada.

—Dijo que le importaba bien poco lo que digas. —Respondo cruel.

A juzgar por la mirada que recibió mamá, he ganado este round.

Nos sentamos a comer.

—Tina. —Escucho, levanto la mirada. Mamá Noelle me mira con cariño. —Estarás de cumpleaños en unas semanas ¿Quieres hacer algo?

—Eeeeh…

—Ves no quiere nada— escucho.

—Chris…

—Es broma— ríe. —No todos los días cumples 21, hace un fiestón. —Sonrío.

— ¿En casa de los abuelos?, ¿aquí?

—Aquí sobre mi cadáver. Usa otro lugar.

— ¿Otro lugar?

— Tina, elige cualquiera— dice simplemente. Mamá sonríe y me mira con cara de ‘’aprovecha’’

—Está bien… —Supongo que invitare a la facultad. Y mis amigas.

— Y hablando de eso… — dice mi madre, Christine; sus ojos verdes se suavizan — ¿Quieres algo en especial?

—Humm — pienso, miro a Tomás— quiero una mascota.

—No.

Mamá Noelle se ríe.

— ¿Quieres un gato, un perrito?

—Hmm, tendría que verlo. Quiero sentir ese algo especial. —Recito.

—Aww.

—No quiero— se queja mamá— pide algo normal, un auto, un viaje, ¿chocolates? — ironiza.

— Oye, soy yo la que decide. — arruga la nariz.

— ¿Qué ocurre? — pregunto.

—Es que Tom está muy viejo… No quiero que le hagan daño— se ruboriza. Mamá la mira con los ojos brillantes.

—Descuida… elegiré una buena compañía, piensa que no se quedaría solo…

Me mira tocándose el mentón

—Está bien, veamos que bicho eliges.

1 semana después.

— ¡Y están todos invitados! — finalizo. Me vine a la facultad de medicina con unas amigas de mi facultad. Bruno llegó de la de ingenierías, se ve muy motivado; Sam, Paola y el resto bromean entre ellos.

—Excelente— dice feliz— ¿Me das otro pase? es para Toño.

— Bueno. ¿Toño? — me suena familiar. Le escribo a Chloe por el celular.

—Ya sabes, mi amigo… Antonio.

—Aahh — ya lo recuerdo.

—Es fan de Chloe— bromea— la presidenta de los humanistas.

—Jeje mi amiga es preciosa. —Sam me mira, con la mano de Pao entrelazada en su mano izquierda.

—Tú no tienes excusa— le advierto— vas o vas.

Levanta los hombros resignada.

—No me lo perdería por nada.

En un rato llega Chloe sonriente y se me abalanza.

Nos abrazamos, saluda a todos.

—Tú. — le dice a Sam como si fuese una mosca molesta.

—Puaj— responde, sin mirarla.

—Ya paren. Toma— le doy su pase y el de Ale.

— ¿Puedo llevar amigos?

Nos que

…