Capítulo 1 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
12 años después
Sam
Entro al edificio de una de mis mejores amigas. Ahora ella es la mejor ya que la otra es mi novia. Toco el botón del ascensor dirigiéndome al último piso aprovechando de arreglarme el pelo en el espejo que este tiene. Ordeno mi chasquilla hacia arriba y el lado mientras el resto de mi cabello descansa al inicio de mis pechos. Al deslizarse las puertas voy a la derecha del pasillo.
Toco el timbre. La puerta es abierta por una mujer estilizada, vestida con un delantal blanco, levanta una ceja rojiza y yo levanto otra. Continúa mirando un poco hacia arriba hasta que.
— ¿Qué se te ofrece?
—Vengo a ver a Tina. — Sonrío. Se hace a un lado con su típica sonrisa creída, me da unas palmaditas en el hombro y me saluda más afablemente cuando entro a su lujoso hogar.
—Deja de crecer mocosa.
—Lo siento, aunque creo que ya llegué a la edad.
—Eso espero, no queremos otra Angie. Nadie quiere otra Angie. — Suelto un par de carcajadas, no sé de dónde salió ese trato tan especial que se tienen, aunque es muy divertido de ver. Yo sólo soy un par de centímetros más alta que mamá Fernanda, tampoco es para tanto.
— ¡Sam! — Sale del cuarto de al lado una mujer más baja, de cabello castaño claro, se quita el delantal y me abraza cariñosamente.
— ¡Tía Noelle! — La acerco más a mí. ¡Es tan linda y tierna! ¿Como diablos le hizo alguien como tía Christine? No creo que el dinero le ayudara mucho. ¡Nunca nos quiere contar!
Al menos la versión real.
— ¿Cómo estás? ¿Cómo están Fer y Sandra? No hemos ido hace un tiempo, ¡habrá que ponerse al día!
—Están muy bien, gracias. — Sonrío. — Creo que mamá dijo lo mismo. — Recuerdo.
— ¡Soy la peor! — busca su teléfono — llamaré a Sandra.
— ¿Cómo sabe que lo dijo ella? — Me sorprendo. —Conozco a tu madre desde antes que pensara tenerte niña. — ¡Pero si ya tengo 21! Levanto los hombros.
— ¡Ah sí! Llévate esto, Tina esta donde siempre. —Me pasa una bandejita con cosas para beber y picar.
— ¡Gracias! — Que linda, incluyó mi bebida favorita.
Dejo a mis locas tías conversando solas. Me crie de pequeña con ellas, tía Angie y tía Caro, tía Ale y tía Kate, entre otras. Así que ya tengo la costumbre de tratarlas como si fuesen mis verdaderas tías. Es muy bonito que me haya criado así en mi opinión, al final los hijos de algunas son como primos para mí. Bueno, menos ese par…
Toco la puerta con el pie y atiende Tina.
—Hey Sam.
—¿Qué hay? — Digo detrás de la bandeja.
Niega con una sonrisita. — Mamá…
—Tú madre es un amor. — Como dice mi mamá.
—No la has visto enojada. — Dice dejando las cosas en la mesita de centro, cerca de unos sofás al fondo de su cuarto. Miro la ciudad por la gigantesca ventana de la pared de al lado y me siento en un sillón al lado de ella.
—Aaaah. — Me relajo.
—Jejeje. — Se ríe creída. — ¿Me extrañaste Samy?
[…]
12 años atrás.
—Clase. — La profesora sube el volumen de su voz. — Esta es Samantha. Se incorpora a mitad de año al igual que Martina, sean amables con ella. —Veo a una niña peli castaña ataviada con una bufanda negra además del uniforme, me mira con curiosidad desde fondo del salón.
—Ve, te toca al lado de ella. —Me lleva.
Al recreo.
Carajos que incómodo. Me siento como una imbécil sin mis amigos. Maldita Chloe, ¡me las pagará!
—Hola. — Me mira expectante la otra niña nueva.
—Hola. — Respondo algo cohibida.
—Yo también soy nueva ¿Te parece estar juntas los recreos? Me siento imbécil.
Me rio
—Es exactamente como me siento yo.
— ¿Te gusta leer? — Señala mi libro.
—Hum si ¿A ti?
—Mi madre me obliga a leer algunas cosas. — Mira hacia los demás niños jugando en el patio. —Dice que es importante que sepa cosas de la familia.
— ¿De la familia? — A mi mamá nunca me dijo algo así. La miro estupefacta.
—Jeje sí, dice … — Pone una pose digna que me hace sonreír. — ‘’La familia Edwards se remonta a generaciones y generaciones …’’ —Cambio el semblante de inmediato. Me mira extrañada.
— ¿Pasa algo?
— ¿Tienes algo que ver con tía Christine?
—Es mi madre Samy. — Bromea.
— ¿Samy?
—Me gusta. — Asiente creída. Bueno, ya veo por qué tía Christine la escogió.
— ¿Y por qué el negro? — Miro su bufanda.
—Porque es guay y me gusta.
—Te queda. — Opino.
[…]
—Sí. — Digo inclinándome a comer junto con ella. —Claro que te extrañé idiota. — Nos damos un abrazo antes de seguir comiendo. — Una semana en la universidad y no hemos hecho nada. — Le recuerdo aburrida.
—Las responsabilidades Samy. — Canturrea. — ¿Y no has visto a Bruno? ¿Y a Paola? Me codea, me río despacio. Ambos son mis amigos desde que soy pequeña. Bruno mi mejor amigo (y ex de Tina) y Paola lo era junto con ella hasta que empezamos a salir. Recuerdo cuando salíamos en pareja y ahora, ellos sólo son buenos amigos, y nosotras …
—No la he visto. — Suspiro. —Está diferente.
Tina deja de comer y me mira extrañada.
—Diferente ¿cómo?
—Pues … me dice que saldrá, que hará muchas cosas y yo ‘’bueno’’ — Encojo los hombros. — Y luego no me habla hasta el otro día. —Supongo que está bien … — Pero se pone cortante.
—Oush. —Me mira como si le hubiese pegado. —Nada bueno.
— ¿Tú que crees?
—Aún no sé qué espera, no te humilles amiga. —Bebé un poco de su vaso. — Ya sabes lo que opino de todo esto.
—Tina. Ella me gusta.
—Y a mí también. —La miro. — Como amiga ¿eh? — Agrega burlona. — Pero no me termina de convencer, nunca lo hizo … no le digas.
—Sí, sí. — Ya me lo ha dicho como 9 veces.
—Debimos haber seguido como amigas las 3 ¡Pero tú y tu calentura! — Me golpea.
— ¡Oye! — Se lo devuelvo y dejamos todo desordenado.
[…]
Kilómetros más allá
Chloe
— ¡Noooooooooo! — Suelto un amargo y rasposo lamento cargado de dolor y sufrimiento.
— ¿Qué pasa? — Pregunta mamá Ale poniéndose unas hawaianas con rapidez y mirando a todos lados.
—Se me cayó un cereal — Gimoteo.
— ¡¿Tenías que ser tan dramática?!
— ¡Es un cereal! — Me enojo. — Ustedes me enseñaron el valor de las cosas.
—No es para tanto. — Se queja mamá poniendo un pie en el suelo y recogiéndose un mechón de cabello castaño. Se escucha algo como ‘’Crunch’’
— ¡Noooooooo…!
— ¡Cállate Chloe! — Sale Alejandro de su habitación.
—Son las 5 p.m. — Lo miro horrible. —Menuda siesta te diste.
—Almorcé mucho. — Se sienta al lado mío y me sonríe. Ah mi hermanito, es tan lindo.
—Te amo. — Le lanzo un beso de broma.
—Hubiese sido tierno si no viese cereal molido en tu boca.
Mamá se ríe.
— ¿Y cómo estás para mañana? — Pregunto emocionada. ¡Mi hermano compite en natación por su universidad y yo soy su manager!
—Todo bien. — Sonríe pasando una pierna sobre su rodilla. Diablos, Alejandro está inmenso, le llego al pecho. ¡Llegué tarde a la repartición de hormonas del crecimiento!
—Te irá bien. — Dice mamá Ale. ¿Quieres que te vaya a ver?
— ¿Y mamá Kate? —Pregunta.
—Irá al hospital a ver a tu abuelo… — Nos quedamos en silencio.
—Deberíamos ir después de la competición. — Comento preocupada. Ale asiente.
—Eso estaría muy bien. — Sonríe. — Pero descuiden, el viejo es fuerte. ¿Ya les conté cuando me amenazaba con la escopeta? — Nos reímos recordando y antes de que mamá comience a relatar, la puerta del patio se abre. Se escucha la voz de mamá y el ajetreo que hace el perro de Ale, Óscar. —Hola familia. — Sonríe mamá Kate, entrando mientras Óscar corre hacia nosotros. Es de tamaño mediano, blanco con negro y de cabellos de tamaño medio. Se pasea moviendo la cola frente a cada miembro, y se queda con Ale.
—Hola. — Canturreamos todos apenas ¡puto calor! Besa a mamá y se sienta al otro lado mío. Mamá Ale se pone de pie y le entrega un refresco.
—Gracias. — Suspira bebiendo y reposando el vaso en su mejilla. — Se supone que está terminando el verano y no puedo más con este calor.
¿Qué hacen hoy?
—Descansar, mañana compito. — Dice Ale.
—Irme de juerga, mañana compite Ale.
— ¿Y eso que tiene que ver?
—Nada. Pero quería que suene bonito. —Mamá Kate niega con la cabeza.
—¿Cuídate sí? ¿Con quién vas?
—Con mis amigas, Dani y Javi. Irán varios de la Universidad. — Sonrío. —Creo que viene Tina.
La conocí en las reuniones familiares de nuestras madres. Es simpaticona, tenemos una linda amistad.
—Ah bien, supongo que estás vigilada. — Bromea.
— ¡Lo dices como si no tuviera juicio!
—No tienes juicio. — Bromea mami Ale. Alejandro se ríe burlón.
—No te burles maldito gigantón. — Le pincho la costilla.
—Si va Tina quizá vaya Sam. — Me toma el pelo.
—No lo sé. — Arrugo la cara. Nunca me agradó, y nunca me va a agradar, mamá nos deja hablar. (Ya nos deja ser con respecto a ese tema)
[…]
4 horas después.
Christine.
Saco un refresco de la nevera, aprovechando que Sam se fue hace una hora al menos, me visto como vagabunda asolada por el calor. ¡Por suerte hoy trabajé hasta la tarde! No sé cómo los jóvenes tienen energía para salir con este clima. A mis 48 años ya no quiero más batalla que el controlar mi hospital y otros negocios que me dejó papá. ¡No sabía que fuesen tantos!
—Hola tía. — Escucho del sofá.
—Hola Chloe. — Digo apenas caminando por el calor.
Un momento …
— ¡Chloe! ¡¿Qué haces aquí?! ¿Cómo entraste?
— Vengo a buscar a Tina y tengo unas llaves mágicas.
— ¿Enserio? — Levanto una ceja.
—No. Tía Noelle me dejó entrar. —Suelto un par de carcajadas, me recuerda mucho a la enferma de su tía. Irónicamente, mi pequeña es muy amiga de ella.
Aunque Tina tiene eso de caerle bien a casi todos.
— ¿Van a salir?
—Es una fiesta de la universidad, de bienvenida ya sabe. Como presidenta del centro de estudiantes de la facultad humanista… —Hincha su pecho. — Es mi deber llevar por el mal camino a todos. Incluidos a los ñoños científicos, ya que es de todas las facultades.
—No te atrevas a llevar por el mal a camino a mi Tina, tiene mucho que hacer.
Tina decidió matricularse en una carrera de salud, y por supuesto seguir con nuestra gran y maravillosa tradición familiar. Ingresó el mismo año que Sam a la misma universidad, si bien no estudian lo mismo, ahora son inseparables. Además, mi ex pulga va dos veces a la semana al hospital para que yo le enseñe lo mismo que me enseñó papá en su tiempo.
‘’Que el negocio prospere con amor y dedicación’’
Además de un profesor particular, dos veces a la semana de economía y finanzas. En mi opinión, la peor parte. Al menos ya pasó la parte de idiomas …
Chloe entro a los 19 a la facultad de humanismos, así que está en segundo (no hace falta decir la carrera, la de la loca tía) y Alejandro que la sigue hasta al baño, va en segundo también, pero de informática.
—Tranqui, confíe en mí. —Sonríe Chloe.
Nos miramos.
—Ni en un millón de años.
— ¡Chloe! —Llega Tina y se abrazan
— ¿Estás lista para el descontrol? — Canturrea Chloe.
Ya sabía yo.
—Cuida a mi pequeña. — Noelle acaricia la coronilla de Tina. Aunque claro, Tina ya la pasó en altura.
—Está en buenas manos. — Sonríe galantemente. — Iremos con amigos, amigos dispuestos a soportar a una aburrida estudiante de Odontología. — La pincha.
— …Y dos de medicina. — Asiente Tina.
— ¿Cómo que dos de medicina? — La mira dudando lo peor.
—Irá Sam con su novia.
— ¡Argh! ¡Muy bien! — Arruga su pecosa nariz. Me rio, me parece increíble que se tengan tanto puto desagrado. No parece normal. — Tengo que dar el ejemplo como presidenta.
— ¿Cómo pudiste ser presidenta estando sólo en segundo? — Tina codea su costilla.
—Porque soy popular. — Mira sus uñas. — ¡Y escucho la voz del pueblo! —Levanta su brazo izquierdo sacando un intento de músculo.
—No des pena. — La molesto. — ¿Y tú novio? — Pregunto recordando al último chico que la fue a dejar.
—No sé de qué me habla.
Nos reímos. Chloe y sus novios de turno. Tina le acaricia el hombro.
—Hoy encontraremos otro.
— ¡Exacto!
—Sobre mi cadáver. — Ya he tenido que aguantar mucho. — El último no me gustó.
—Christine no seas posesiva. — Escucho. Hago un puchero que oculto con orgullo.
—A ti no te gusta nadie. — Sonríe Tina acomodando su chaqueta de cuero.
Como si alguien estuviera a su altura …
Horas después.
Tina
— ¡Encargaste hasta Jello Shots! — Grito para que se oiga mi voz sobre la música al ver mesas llenas de ellos.
— ¡Ese fue el alcohólico del secretario! — Grita apuntando a un tipo de lentes con una botella sobre la mesa. — ¡Un buen tipo!
Él la ve y le da alcohol de la botella mientras un montón de gente grita. Luego llega mi turno, supongo que habrá que adaptarse …
Me llega un mensaje de Sam avisándome que llegará en una hora. Irán cinco, incluyendo a Bruno. Por mi parte hay una buena disposición para ser amigos, espero que con los tragos no le baje el sentimentalismo.
Bebemos y seguimos bailamos, me encuentro sobre una mesa hasta que a lo lejos veo la silueta de Sam, Pao tomando su mano, una compañera amiga de ellas que he visto un par de veces y dos chicos. Levanto la mano y como no me ven, bajo y corro hacia ella.
— ¡Samy! — La saludo y luego a los demás.
— ¡¿Dónde estabas?! — Grita.
— ¡Con Chloe! — Oculta una mueca de desagrado que no le funciona, niego con la cabeza sonriendo. No sé porque se odian si ambas son buenas chicas. Me giro para buscarla con la vista y veo a un chico hablándole en el oído y ella riéndose coqueta. Sam levanta las cejas como diciendo ‘’ya no’’, Pao se ríe y la arrastra a la mesa de tragos.
Esta Chloe… voy a bailar con los tres restantes.
Bailamos por horas y cuando se acabó todo decidimos ir a mi apartamento que me parece es el que tiene más dormitorios. Uno para Samy y su novia, otro para los chicos y supongo que Chloe dormirá conmigo. Nuestra otra amiguita se fue antes.
—No me toquetees. — Bromea Chloe con un vaso de algo mientras Bruno conduce.
—Oh, tranquila ni que las tuvieras tan grandes. — Le sigo el juego. Bueno Chloe es del tipo más delgaducho. — ¿Se puede saber que estás bebiendo?
—Vodka. — Dice sin más metiéndose un hielo a la boca. —Para no amanecer con resaca.
—Estoy segura de que no funciona así. — Dice Paola.
—Oh, bueno. No hay que desperdiciar. — Se toma todo lo que queda de un sopetón.
—Preparen la bolsa. — Dice Samy mirando por la ventana aburrida.
—¡Qué te importa! —Masculla Chloe mirándola mal.
—No empiecen. — Advierto. Miran a lados opuestos.
— ¿Avisaste que íbamos?
—No. — Se ríe Tina. —Pero no se enojan, entremos despacio, ando con llaves.
Entramos en silencio hasta que, a Chloe ebria por un comentario de Toño, el amigo de Bruno le da un ataque de risa y le tapamos la boca. Sólo nos encontró Tom, pero confío en que no irá a despertar a mamá.
—Bien, acá ustedes, no hagan ruido. — Le tomo el pelo a Samy que me empuja con una risita.
—Acá nosotras y ustedes la puerta de al fondo. — Susurro a los chicos.
— ¿Seguras que no quieren intercambiar? — Dice Toño mirando con interés a Chloe.
—Ella está conmigo. — Digo coqueta. Chloe me mueve las cejas.
— ¿Enserio? — Pregunta. Asiento. — A ver bésense.
—Oye, no te vamos a hacer una porno. — Me río.
—Para dormir en paz. — Pone cara de cachorrito.
—Ay ya. — Acerco a Chloe y bajo la cabeza para darle un besito rápido. Ella ni se inmuta. —Listo.
—Jejeje adiós. — Dice con Bruno arrastrándolo.
—Bye bye. — Canturrea Chloe.
—No te pongas coqueta ahora.
—Oye. — Mueve la mano. — Tú andas abusando de la ebria, debería darte vergüenza. — Dice quitándose los zapatos. —Préstame un pijama.
Le arrojo uno negro.
—Eres una Addams. — Sentencia. Nos reímos bajito.
[…]
Al día siguiente.
Despierto algo tarde y veo a Chloe ya vestida mirando televisión ¡cómo puede ser así si ayer estaba ebria! ¡Mínimo una resaca!
—Hello princesita. —Sonríe. Me trato de sentar y siento una punzada. ¡Carajos!
— ¿Agua?
—Por favor. — ¡Ah! ¡Lo mejor del mundo!
Tocan la puerta y abre mamá.
—Hola tía Noelle. — Sonríe Chloe. Maldita, odio su inexistente resaca y su inagotable energía.
—Hola Chloe. — Sonríe. — Vengan a desayunar. —Gruño. — Les hará bien.
— ¡Genial! — Salta de la cama, la mueve tanto que me siento peor.
— ¿Y mamá?
— Fue a casa de tus abuelos, deberías ir más tarde.
—Sí … —Después de una ducha claro está.
Bajamos a desayunar y para mi sorpresa están mis cuatro invitados felices compartiendo y comiendo. Mamá Noelle no puede ser más linda.
—Perdona por no avisar. —Recojo un par de tazas.
—Tranqui. Lo importante es que tengan donde quedarse y que no les pase nada.
— ¡Adópteme! — Salta Chloe recibiendo una que le alcanzo.
— ¡Oh por dios no! —Dice mamá haciéndonos reír. Chloe se ríe viéndonos hasta que ve a Samy y ambas facciones se endurecen. Estúpidas, ni con resaca se detienen.
Suena el celular de mamá y seguimos en lo nuestro. Tenía razón, comienzo a sentirme bien.
Jueves de la semana siguiente.
Sam
Me retiro de mis clases, Pao aún está extraña, no entiendo. Pensé que estábamos bien … Ni se me ocurre una razón para que esté así, traté de preguntarle hoy y me dice que debería como mínimo sospecharlo.
En el trayecto a casa repaso muchas cosas, no suelo salir mucho. Es más, solo ella me saca de casa, soy del tipo que prefiere quedarse leyendo, o viendo películas. Tampoco me quedo perdiendo el tiempo en otros lugares que no sea la universidad. Esa es mi vida, universidad y casa. Puede que sea muy aburrida; pero ella también es parecida en cuanto a costumbres, así que no debe ser eso. La única diferencia es que en mis ratos libres suelo hacer algo de ejercicio.
— ¿Todo bien hija? —Veo a mamá mirando a mi dirección. ¡No me di ni cuenta que había llegado!
—Oh, sí, sí. Lo siento. — Sonrío convincentemente.
Mamá no me cree nada, sus azules ojos me taladran.
—Escucha, hace días que estás así. ¿Está todo bien con Pao? ¿Quieres hablarlo?
—Hmmm. — Digo complicada. —No, solo … cosas que pasan.
Sigue sin creerme.
—Escucha ...
—Fernanda. —Mamá le da una mirada significativa.
—No es nada. — Termino el asunto. — Enserio.
—Ah, bien. — Mamá se desordena el pelo de la coronilla, tiene esa costumbre; sé que quiere decir algo, pero mi otra madre es bien tajante con que debo ser más independiente. Supongo que el que yo sea hija única le preocupa.
— ¡Ah por cierto! — Mamá se saca la mano del cabello recordando. — ¡El sábado haremos algo en la casa, es nuestro aniversario número veintidós! — Acerca a mamá feliz y besa su boca rápidamente. —Estás cordialmente invitada. —Me rio.
—Gracias, lo pensaré. —Bromeo. Tomo una fruta y me dispongo a subir al segundo piso.
— ¿No vas a comer? — Mamá Sandra mira mi pobre fruta.
—No, no tengo mucha hambre. —Subo rápido.
[…]
Abajo.
—Definitivamente tienen problemas. — Fer mira la escalera.
—Es normal, supongo.
—No sé …
—La sobreproteges. — Sandra besa su mejilla. —Acompáñame a comprar cosas para el fin de semana. — Le guiña un ojo.
—Me está coqueteando enfermera. — Mueve las cejas Fer, la atrae más a su cuerpo.
—Sí, pero no ahora. — Le da un golpecito.
[…]
Sam
Me recuesto en la cama y pongo una mano en mi frente. Le doy una mascada a la manzana y me cuesta pasarla por la garganta. Son dos años … dos años y no sé qué le pasa. En la fiesta estaba tan cariñosa como siempre, aunque ahora que lo pienso no tanto…
Cuando recién empezamos éramos mejores amigas, quizá estar tanto tiempo juntas nos unió de esta manera, las cosas solo se dieron … ¡Diablos! No quisiera perderla ni como novia ni como amiga, hemos vivido muchas cosas … y hemos hecho muchas cosas, sonrío. Y no sé, nos conocemos hasta los defectos.
Vibra mi celular y abro un ojo.
‘’ ¿Podemos hablar el sábado? ‘’
‘’ ¿A qué hora? ‘’ escribo.
‘’ ¿En la tarde? ‘’
No puedo faltar a la comida de mis mamás.
Al menos ellas tuvieron suerte… que maldita envidia. Le escribo a mamá para que me diga cuando empieza su comida. Mi celular vibra de nuevo y la respuesta es a las seis de la tarde.
‘’ ¿Puede ser antes de las seis?
…