Capítulo 28 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

‘’Operación Noviazgo’’

Me quedo mirando el celular como estúpida, lo leo de nuevo por si acaso. Miro hacia al frente confundida.

Mi primer pensamiento es que Tina jamás ha mostrado interés en Paola, y que Paola tiene razones para querer alejarme de ella. Pero se supone que Tina es mi hermana y no tenemos secretos.

Siento una molestia en el estómago, ¡me irrita que nadie me haya dicho nada! aprieto los dientes.

— ¿Hey y tú? dame tu loza. — Veo a Chloe leer de reojo la pantalla, frunce el ceño extrañada y de un tirón me arranca el celular. Pone cara de sorpresa y luego me sorprende con otra que no muestra ninguna emoción.

Esa no la conocía.

Deja lo que usamos con mamá Fer y sube a mi habitación. Voy detrás de ella.

Cuando espero a que diga algo la veo colocándose la chaqueta.

— ¿A dónde vas? —pregunto.

¿Qué diablos significa todo esto? Mi corazón empieza a latir más rápido.

—A casa de Paola, a partirle la cara. —Pasa por mi lado hacia la puerta, la abrazo del estómago y la levanto.

— ¡SUELTAME! ¡SUELTAME! — grita con una voz cargada de ira.

La bajo y le tapo la boca.

— ¡Cierra el pico! ¡No quiero que mis mamás se enteren! —Con una cara peor que la mía asiente.

—Espero que no le creas o juro que no te doy otra oportunidad. —Finaliza.

— ¡¿QUÉ?! ¡¿Alguien acá podría decirme que mierda pasa?! —exploto olvidando mis intentos de pasar desapercibidas.

— ¡No pasa nada! ¡Eso es lo que pasa! — me mira enojada. Puedo ver sus amarillos ojos, ahora sí que puedo decir que van a salir fuego de ellos en cualquier momento. — ¡Si esa zorra quiere pelea! ¡Pelea le voy a dar!

—Lo que leo acá tiene más que ver con Tina que contigo.

— ¡Es mi amiga de quien estás hablando!

— ¡Y también mía! —espeto.

— ¡Entonces más te vale no desconfiar! —responde.

— ¡Muy bien! — respondo enojada. Nos quedamos mirando con el ceño fruncido.

—Llamaré a Tina— dice simplemente.

—Adelante— bostezo, cansada. No es ni hora de almuerzo y ya quiero volver a acostarme.

—Hey, ¡Tina! Es Chloe. ¡Furiosa! — exclama, la miro frunciendo el ceño. Cuando espero que tenga diplomacia escucho —Paola le dijo a Sam que fuiste tú quien trato de besarla.

La miro en busca de alguna respuesta.

— ¿Qué significa esto? — pregunto atareada. Ella corta.

—Significa que quiere guerra. —Gruñe.

— ¿Qué pasó Chloe?

Se cruza de brazos y mira a la pared.

— ¿Qué debo inferir con esto? ¡¿Qué me esconden?! — grito cabreada. Me observa tan asesinamente que me alejo un poco.

—No vuelvas a gritarme.

Trago saliva.

—Ok.

—Tranquila— dice, levanto la vista— es mentira, todo es mentira.

Me quedo en silencio procesándolo. Ninguna de las dos opciones era linda. Si fuese Tina la que hizo eso, me hubiese molestado porque es mi mejor amiga y quizá hubiese pensado que tenía la vista puesta en ella desde que estábamos juntas sin haberme dicho nada. Pero si fue Paola significa que no hay vuelta atrás.

La quiero lejos.

Exhalo mucho aire, tomo a Chloe de la cintura y antes de que diga algo (a juzgar por su expresión de sorpresa) me siento en la cama con ella sobre mis piernas. Recuesto mi mejilla en su hombro y suspiro oliendo su olor y relajándome.

Para mi sorpresa no dice nada. Debe de estar muy contrariada, o sea ¡Chloe en silencio!

—Paola debe haberla cagado de lo lindo— susurro.

—Lo hizo.

—Es decir, para que estés callada una sola vez. —sonrío débilmente.

Nos miramos a los ojos, hasta que los llameantes ojos de Chloe se apagan. Vuelven a encenderse, pero esta Chloe si la conozco, es la misma que me llama para venir a dormir luego de una fiesta.

—Bésame— le pido.

Acomodándose se gira y me da un lento beso, la sigo, siento como su mano se acerca a mi rostro y acaricia mi mejilla. Entreabre su boca y me acerco más haciéndolo más apasionado. Nos quedamos así largo rato, mi sangre comienza a recorrerme más rápido, me siento más liviana y llena de energía. Con cuidado, hago que la cabeza de Chloe quede sobre la almohada, me acomodo más al rincón y atraigo sus piernas acariciándola. Ella toma mi cintura y se pone sobre mí, su mano viaja por mi estómago y lo acaricia en suaves y pequeños círculos hasta llegar a mi vientre y vuelve a subir. Hacemos un ruidito y se separa sólo para besar mi cuello.

—Chloe— digo su nombre por impulso. Al parecer lo entiende porque repite mi nombre y de mi cuello viaja a mi boca dejando un besito tras otro.

—Sam… — dice, la miro dudosa. Y nos quedamos mirando.

Se abre la puerta estrepitosamente haciéndonos pegar un salto.

— ¡Samy! —escucho a Tina.

— ¡Tina! — la veo caminar rápidamente a mi cama.

— ¡Chloe! —bromea Chloe.

Hacemos el amague de una risa. Pero eso se va al carajo cuando me quedo mirando con mi mejor amiga.

— ¿Entonces? — susurro.

— ¡¿Qué?! ¡vas a decir que desconfías de mí! ¡soy tu compadre! —se espanta.

—Comadre— corrige Chloe saliendo de encima de mí y sentándose en la cama.

—Eso.

—… lo siento— miro a la nada. —Pero ¿qué pasó?

—Simple; estábamos en una fiesta, llegó pasada de copas con Bruno, quiso besarme y no la dejé. Decidí no decirte por su estado y porque no valía la pena interrumpir tu… — mira a Chloe de reojo—tú ‘’eso’’ que tienen. —Se levanta de hombros.

Chloe apoya la espalda a la pared y al parecer decide no meterse.

—Hmm, hubiese preferido que me lo dijeras. —acoto.

—Lo sé, pero no quería que hubiese rencor en tu vida vieja— se sienta en la cama— no hay truco.

Miro a Chloe.

— ¿Tú lo sabías verdad? —Abre un poco los ojos, levanto una ceja.

—Bueno si hablamos del saber, saber, del verbo ‘’saber’’… ¿quizá? —hace una mueca lastimera.

—No puedo creer que tengan secretitos a mis espaldas.

— ¡Lo hicimos porque te amamos! —Gruñe Tina. — ¿Qué sabía yo que tu ex estaba loca?

—Yo siempre lo supe. —Murmura Chloe. Le llega un manotón.

—No sé qué decir. —Estoy en un estado que no es ni enojada, ni decepcionada, ni triste, ni nada horrendo. Sin embargo, tampoco es que este bailando de felicidad por esto. —Supongo que ya valió verga todo. —exhalo cansada. — Debería ignorarla.

— ¿Qué? ¡yo quiero mi venganza! —Tina frunce el ceño.

— ¡Esa sinvergüenza tiene los días contados! —espeta Chloe.

Auxilio con estas dos.

— ¿Qué acaso ustedes no saben estar tranquilas!?

— ¡NO! —responden a unísono.

— ¿Qué piensan hacer? —Miro a Tina; la conozco, no quiero que cometa alguna estupidez. —Ni una palabra a tía Christine.

— ¡Ni que fuera una hijita de mamá! —La miramos burlonas. — ¡Respétenme! — se cruza de brazos. —De todos modos, no es la gran cosa como para que se entere.

—Uuuuh— decimos con Chloe. Nos empuja.

La mayor confidente de Tina, aunque no lo reconozca es tía Christine.

—Como sea, no puedo permitir que use mi buen nombre como le plazca— aclara creídamente. — ¡Después la chusma creerá que puede conmigo! — Levanta el mentón.

—Aish, ya te pusiste— gruño. —Recuerda que fue nuestra amiga.

— ¡Si me traiciona tiene que pagar!

— ¡Tina! —le paro el rollo. Me preocupa, porque si Tina en un arrebato de rabia ordena algo es muy difícil que no lo tenga. Sus guardias le obedecen en sospecho que casi todo.

Y eso es mucho para una joven adulta tan jodidamente mandona e impulsiva.

—Pues… pues— dice— supongo que una indimidadita.

—Intimidadota— susurra Chloe. Tina ríe.

—Hazlo tú. —Le digo. —Basta y sobra con tu cara de enojo. —Además esto es sobre ella después de todo.

— ¡Oye! ¡Soy hermosa! — levanta la nariz Chloemente, esta se ríe.

—Si, pero te pones diabólica enojada— hace un puchero.

—Me controlaré— promete sentándose en la cama.

Tina.

— ¡Hola! —digo animadamente al grupo de amigas de Paola con esta en un costado. —Permiso.

La tomo del cuello de su abrigo y la estampo contra la pared. Se escucha un tumulto.

—Así que chismes. —Susurro. —Elegiste mal. —Paola abre sus ojos asustada, trata de que la suelte inútilmente. Por pura diversión la alejo de la pared y estampo su espalda de nuevo. — ¿Qué debería hacer contigo? —le pregunto.

—T… Tina— dice apenas. La miro algo aburrida, es más entretenido cuando se defienden. —… os a… amigas. —logro escuchar.

—Claro que no— sonrío. —Odio a los traidores— bajo la voz y me acerco— te quiero lejos de mis amigas si sabes lo que te conviene.

Paola cierra los ojos, libera una lagrimita y trata de respirar.

— ¡Que pasa aquí! —Llega el guardia enojado, estira su brazo y trata de tocarme el hombro para separarnos.

El guardia queda estampado en la pared.

—Señorita Edwards. —Saluda uno de mis guardaespaldas.

Suelto a Paola, que tose un rato mientras normaliza su respiración.

—Suéltalo— ordeno.

El guardia se soba el pecho y queda mirando a mi guardaespaldas más pequeño. Al que apenas le llega al cuello.

—Acompáñeme. —Me dice apenas.

— ¿Para qué? —pregunta mi guardaespaldas receloso.

—Pelear es contra las normas. —Nos mira enojado.

1 hora más tarde.

— ¡¿Qué significa esto?! —grita mamá. Tras los cristales de sus lentes, sus ojos verdes amenazan con un castigo ejemplar.

— ¡Yo no empecé! — me cruzo de brazos.

— ¡Tuve que amenazar con retirar fondos a tu director de escuela, decana y al comité de ética! —espeta. — ¡Que te dije de pelear!

—Que gane— frunzo el ceño.

—Si, pero después de eso— mira al techo.

—Que no me arriesgue a una expulsión — digo atareada. — ¡No me aguanté!

— ¡Tú nunca te aguantas! ¡Por último pégale en otro lugar! ¡no al frente del guardia!

— ¡Christine! —se espanta mi otra madre hasta entonces callada. — Tina la violencia no es la solución, estoy muy decepcionada de como actuaste.

—Si mamá…— miro al suelo.

— ¿Qué pasó? —pregunta. Estoy en el Hospital Edwards en la oficina de mamá.

—Pues, Paola anda inventando chismes. —Miro a otro lado, ahora que lo pienso suena estúpido. —Dijo que la besé.

— ¡¿Qué tu qué?! —Se espanta mamá de nuevo. Mamá Noelle la mira horrible.

—No lo hice— aclaro. —Yo no beso a la fuerza— levanto el mentón— ni que tuviese que rogar.

—Eso mismo decía yo. —Gruñe mamá, esta vez mamá Noelle suelta una risita, suena su celular.

—Amores me voy. —Anuncia —el trabajo llama y ya sabes que hiciste mal. —Me dice con severidad. Bajo la cabeza no me gusta que me regañe.

—No se repetirá— susurro.

—Si claro. —Dice incrédula. —Christine, tú te encargas del castigo.

— ¡¿Qué?! ¡tengo 21 años!

—Eres mi hija hasta el fin de los tiempos y más allá. — Recita. Abre la puerta y se larga de aquí.

Miro a mi otra madre hasta entonces en silencio.

—No jodas, mamá también me regaña. —Exhala— a todos nos toca.

La quedo mirando.

— ¿Has comido? —pregunta.

— ¿Eh? —no esperaba eso— … no. Salí de mi descanso para el almuerzo a arreglar cuentas.

—Arreglar cuentas— ríe. —Tina no puedes arreglar cuentas siempre con violencia. De hecho, casi nunca— hace una mueca de desagrado.

—Sólo era una peleita de jóvenes adultas.

—Tú no eres sólo una joven adulta. —Sus ojos estudian cada parte de los míos. —Todo lo que haces habla de nuestra familia y a muchos les encantaría desacreditarnos en base a tu comportamiento.

—Lo sé. —Ahora sí que verdaderamente arrepentida miro mis pies. Es verdad, mis madres tuvieron que lidiar con mucho cuando se casaron... y cuando me adoptaron.

—Me encantaría ver a mucha gente bajo tierra, pero no se puede. —Baja la voz.

—Es mutuo— gruño. Ambas sabemos de qué tipo de gente habla.

Levanto la cabeza, sus ojos aún me observan. —Perdóname mamá. —Hago un puchero.

—Descuida. No es grave, mejor ahora que a futuro. Siéntate. —Señala el sofá en un cuarto de estar a un costado de su enorme oficina.

Me siento y ella me sirve un refresco. Para mi sorpresa en unos minutos tocan el timbre, mamá llega con unas pizzas.

— ¿Qué? ¿Me estás premiando? —me sorprendo. ¿Cuándo rayos las pidió?

—No— ríe— tenía ganas de comer pizza, ya sabes que con tu madre… —es verdad, no la iba a acompañar. Siempre que comemos chatarra en base a algo animal lo hacemos juntas. —En fin, come tu nutritivo almuerzo. —Bromea sirviéndonos.

…

—Entonces, le dijo a Samy por WhatsApp y Chloe lo vio y me llamó. ¡Por eso salí rápido el sábado! —le cuento.

—Ajá— recuerda— menuda jugada desesperada. —Bebe su refresco. —No le des importancia Tina, si Samantha cayese en creer algo como eso; ahí si te permito que le des un buen golpe.

—Copiado. —Digo imitando al jefe de los guardias de seguridad de nuestra mansión. Ella sonríe.

— Tu abuelo dice que vayas a verlo a la hora de la cena.

— ¿Y ahora a quien invitó? —pregunto sacando otro pedazo.

—Florent.

—Puaj. —Bromeo. Mamá se carcajea con ganas.

—Si es verdad, pero tiene razón con que te relacionas poco.

—Pensé que te gustaba eso — sonrío.

—Es verdad, pero ya es hora de que ´´te tires a los leones’’.

—Lo sé— exhalo. No soporto a las demás familias adineradas, así que mamá simplemente no me llevaba siempre que podía. Ahora que ya soy adulta, debo mover el trasero y hacer lo que se espera de mí.

Y con creces.

—Siempre lo has hecho bien, me tiene sin cuidado que vayas, así que soporta al viejo ese— comenta. —A mí me tenía aburrida con los putos Grant.

—Lo bueno es que aprendió la lección.

—Es un Edwards. —Mira hacia el techo. Reímos.

Claro que no; es la familia de los obstinados, nos conocen por eso.

—Iré y les enseñaré refinamiento. —Bravuconeo. Malditos mariposones.

—Ese es mi orgullo. —Levanta las cejas.

Luego de un rato charlando me pongo de pie.

—Permiso madre, iré a ver a Sandy.

—Ah, ese tocino con patas.

—Mamá— la reprendo.

—Oye, estaba durmiendo sobre mi cama. ¡Esperaba a mi esposa, no a un puerco sobre mi cama!

Aun reímos, fue gracioso.

—Ah…— me detiene de mi escapada maestra— tu castigo.

—Ouch… —me giro.

—No puedes ver televisión por un mes.

—Pero si yo no veo… —lo capto cuando hace un amague con la mano para que me largue. Sonrío y salgo rápido de ahí.

Más tarde.

Chloe.

Camino por la facultad de medicina y encuentro mi objetivo rodeada de amigas. Tomo un poco de impulso y la empujo.

— ¡Si echan a Tina por tu culpa te mato!

Sé que debería dejar esto como está, pero ¡es una zorra mentirosa! ¡Una de las más peligrosas de mi zorrímetro!

Paola retrocede un metro más o menos al momento que abre mucho los ojos y se estabiliza, sus amigas me miran con desagrado. Supongo que las han interrumpido mucho últimamente.

Se acerca con violencia.

—Descuida imbécil, a Tina nadie la va a echar, su madre es la puta dueña de todo.

— ¡No le digas puta a tía Christine! —espeto enojada— ella es simpática, amable y dulce. — ¡Como se atreve!

—Si claro— gruñe colocándose mejor la mochila. —Martina puede hacer lo que le plazca, todos lo saben. No sé qué haces aquí, no es asunto tuyo.

— ¡Claro que es asunto mío! ¡Estás ensuciando el nombre de mi amiga! — sonrío perversamente— y también mejor amiga de mi chica— muestro los dientes con dicha.

Una amiga hace un ruidito de incredulidad.

— ¿Qué? —pregunto. — ¡Vengan todas juntas o de a una! ¡Las haré puré!

Sam.

Salgo de clases con algo de dolor de cabeza. Me acabo de enterar de todo lo que pasó, como si alguien me hubiese llamado miro hacia mi izquierda, poco más allá veo a Chloe, con Paola y sus amigas. Abro los ojos como si la viese a punto de ser atropellada, y es algo así porque Paola se precipita a empujarla. Corro.

Chloe.

Me empuja con fuerza y cuando estoy en el tercer paso hacia atrás a punto de caerme me sostienen de la espalda. Miro hacia atrás a mi salvador.

Y veo a Sam.

Trago saliva, me ruborizo y para cubrirlo, carraspeo.

—Me alegra que ahora estés del lado correcto— comento. In your face Paola.

Sólo frunce el ceño y mira hacia adelante, duramente. Paola la ve de igual forma.

— ¿Qué pasa acá? — gruñe Sam, me incorporo y se queda a mi lado.

—Descuida, no iba a matar a tu noviecita.

—Como si pudieras— bravuconeo. — Por cierto, Tina jamás se fijaría en una mentirosa como tú. No tiene tan mal gusto. —Ambas me miran enojadas.

¡Tomen eso! ¡Doble disparo! (Además le tomo el pelo a Sam)

—No me ayudes tanto— dice Samantha.

—Esfúmate— dice Paola. Me revienta.

—Eres tú la que debe esfumarse y dejarnos tranquilas. —Le digo. Tina y Sam son mías; son parte de mi harem.

Bueno no.

—Yo ya dije lo que paso— dice bajito. Antes de que yo haga algo Samantha da dos pasos quedando frente a ella, que por primera vez pone cara impresionada.

—No vuelvas a decir eso, es mi amiga. —Susurra tensamente. —Y no toques a Chloe.

Esta vez ambas quedamos impactadas, aunque yo para bien.

—A nadie le preocupa tu noviecita.

—A mi si— dice Sam quedamente y luego se gira y me mira a los ojos. Entiendo que es hora de irse, levanto los hombros, ni modo.

Le haré caso solo por esta vez.

Debe tener miedo de que yo me acrimine con su debilucha ex.

Caminamos en silencio alrededor de media cuadra hasta llegar a la parada de autobús, decido hablar.

—Así que por fin reconoces que te desvives por mí.

—No se de que estas hablando— mira las puertas. Frunzo el ceño.

—Vete al demonio Sam.

—Sólo si me acompañas— bromea, pego un salto cuando siento una caricia en mi mano, levanto la vista a los azules ojos de mi salvadora. Se ven cariñosos, es raro, aún me parece tan diferente, y a la vez tan familiar…

—Me gustan tus ojos— se me escapa.

—Lo sé.

—Maldita egocéntrica— insulto con dulzura.

—Mocosa desesperante— Sonríe tiernamente.

— ¡Hmp! —miro a otro lado. Sin embargo, espero a que se baje conmigo.

—Supongo que vienes a mi casa—comento con superioridad.

—Ajá, a ver a Tía Alejandra.

—Si claro. Mamá llega en unas horas —abro el portón; entramos.

Al entrar a la casa es mi turno de tomar su mano. Es más grande que la mía, son suaves.

Sam.

Chloe descansa su mejilla en mi pecho y yo la atraigo un poco más, deslizo mis manos por su hombro, su espalda, y su cintura. Se siente bien… beso su cabello y cierro los ojos.

Nos quedamos así unos minutos.

— ¿Estás bien? — pregunta Chloe.

—No lo sé— susurro. Y es verdad, no sé cómo sentirme.

— ¿No sabes cómo sentirte? — la quedo mirando impresionada.

—Si… ¿Cómo lo sabes?

—Sólo lo sé —Ríe con malicia. Acaricio su cabello con suavidad.

Suspiro.

— ¿Chloe? — Se me escapa.

— ¿Sam?

—Te quiero… mucho. —Miro sus ojos, no quiero que por ningún motivo suene como un clásico ‘’te quiero’’ banal.

En eso sonríe más dulcemente.

—Yo también a ti.

Sonrió satisfecha…. Y algo ruborizada. Miro alrededor

— ¿Te parece ir a tu cuarto? —Es turno (para mi sorpresa) de Chloe de ruborizarse.

—Al menos invítame un trago— mira incómoda al pasillo.

— ¡Me refería a…! ¡Yo te decía!... — enrojezco incómoda. Ella se ríe.

—Vamos.

En la habitación de Chloe.

Chloe.

—Aaaah es tan fácil jugar contigo. —Comento cuando se recuesta, me tiro encima. —Ahora quiéreme. —Digo feliz.

—Como que jugar conmigo— me reprocha.

—En el sentido bueno joven Samantha— le paro el rollo.

— ¿Hay uno bueno?

— ¿Quieres morir? — gruño. Se ríe y nos gira quedando sobre mí.

Suena su celular.

— ¿Aló? Ajá, más rato ¿Puede ser? Ajá.

Frunzo el ceño hasta que mis súper oídos reconocen esa dulce voz.

— ¡Tina! —grito emocionada. Sam hace una mueca, sonrío con pesadez.

—Si, yo le digo. —Contesta mirándome severamente. Corta.

—Dijo Martina que no te metas en peleas, que lo tiene todo controlado.

Sam.

En eso Chloe arruga su pecosa nariz. Sonrío viendo su enojo, maldita orgullosa.

— ¡Me meteré en las peleas que yo quiera! ¡Y quítate! — dice de abajo.

—No tienes que reaccionar así— mi sonrisa es tal que Chloe se sienta y coloca una mano en su cintura y con la otra mano pincha mi clavícula.

— ¡No me arrepiento absolutamente de nada Samantha!

Sentada agarro su cuerpo y la apego a mí de su espalda besando su mejilla mientras se ríe.

—Tengo que irme. Me juntaré con Tina más tarde.

—Así que prefieres irte con tus amiguitas— finge molestia.

—Bue

…