Capítulo 4 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
Aprendiendo a bailar
Martes
Tina
— ¿Entonces cómo te fue con Chloe!
— ¿Eh? — me mira Sam perdida.
— Lo de tu miedo a los ratones… me sorprende que le dijeras.
—Es que… a mamá se le salió. —Bebe de su jugo— y se enojó — en eso se ríe recordando algo.
— ¿Qué pasó? — ¿Debo sorprenderme?
—Le tome un poco el pelo.
— ¿Con qué…? — Ay Samantha, cuando se trata de Chloe vuelves a los 14 años.
—Le tomé el pelo por su nariz y su altura.
— ¿Qué tienen su nariz y su altura? —Frunzo el ceño.
—Nada — se levanta de hombros y ríe desagradablemente, lo que me indigna. —Solo quería que se enojara.
— ¡Eres muy infantil! ¡Eso no se hace! Qué tal si… ¡¿se vuelve insegura!? —Digo dudosa a lo que Sam levanta una ceja.
— ¿Chloe? ¿Insegura?
—Si bueno, eso no. Pero igual te pasas con ella.
—Y ella conmigo — Bota su caja de jugo vacía en un bote de basura.
—Si, son demasiado idiotas. ¿¡Podrían ser amigas sabes!?
—No. No hay como— dice ella llegando a la parada de autobús. —Pudiste haber llamado a tu chofer— Comenta con pereza.
—No me gusta exhibir riquezas.
—Tía Noelle ha influido en ti. — Asiente.
—Y por suerte. — Nos reímos.
Más tarde.
Entro a nuestro apartamento y beso a mamá que ve televisión con Tom en sus piernas, le acaricio el cabello y sigue ronroneando, está tan viejito que solo duerme, come y va a su caja.
— ¿No lo has llevado al veterinario?
—Christine no quiere. —Mira la televisión seria— supongo que no quiere admitir que le da miedo que tenga ‘’algo’’.
—Yo lo veo igual que siempre. — Solo pensaba en un chequeo rutinario.
—Bueno, ella es su dueña.
—Todas somos sus dueñas. — Aunque para mí es como mi hermano gatuno. —Mamá no tiene por qué enterarse— sonrío creída pensando en el crimen perfecto.
Mamá ríe y me mira entretenida.
—Que Christine no se entere.
— ¿Christine? ¿Quién es Christine?
—Yo mocosa— sale del baño del primer piso. — ¿Pasa algo? — sonríe de medio lado. — Pulga.
— ¡He crecido! — Repongo enojada — ¡Y casi te alcanzo!
—Casi. Por ende, eres una pulga. —Concluye viéndome apretar los dientes. —O quizá garrapata— dice pensativa.
—Anciana — Sonrío cruel — ¿Cómo va la jubilación?
— ¡Estoy en la flor de la vida!
— Una flor seca.
— ¡Estás castigada hasta el 2.050!
— Soy mayor de edad.
—Sigues siendo una mocosa— Se sienta. —Por cierto… —Tenemos que hablar.
— ¿Qué cosa?
Mira a mamá Noelle. Probablemente a propósito.
—Tú no tienes secretos conmigo Edwards ¿O sí? — Le advierte.
—No claro que no. — Mira a otro lado indignada. —Nadie me respeta. — Masculla. Nos reímos.
—Tenemos una fiesta en la casa de la familia.
La única razón por la que mamá desistió de vivir ahí, fue porque me ponía nerviosa lo espacioso del lugar. Sin embargo, mis abuelos me tienen una habitación y a veces voy de visita. Acompañada claro está. Me desespera hasta el comedor.
—Ya…
—Una especie de baile y celebración, amplié el área dental, la farmacia y tenemos unos cuantos nuevos amigos. — Comenta orgullosa de sí misma.
—Y eso… — Tengo una sospecha.
—Tarde o temprano serás la directora. — Dice simplemente. — Debe ser digno de ti.
—Creída— Junto los brazos. No podía dejarlo como está.
—Le dará trabajo a más gente, no lo mires a mal. — Sonríe. — Así que lleva a alguien, invita a Sam.
—Sam iría con Pao. — Rodeo los ojos.
— ¿Chloe?
— O las dos. — Sugiere mamá que había estado muy callada.
— ¿Para cuándo es?
—Un mes.
—Queda tiempo— les diré después, si me acuerdo.
—Diles que si pelean y me opacan la fiesta e incomodan a mis invitados, pasaran toda la noche en el calabozo.
— ¿Calabozo? —preguntamos con mamá Noelle sorprendidas. Mamá sonríe cruel.
— ¿Acaso pensaban que era una tierna casa de té?
— ¿Dónde están? — ¡Quiero verlos!
—Subterráneo. — Dice simplemente.
— ¿Han metido a alguien ahí? — Pregunto. Su cara me dice un fuerte y claro ‘’Si’’
Quedamos pasmadas, nos miramos de reojo. Exhala y comienza…
—Cuando era pequeña entraron a robar, un par de jóvenes, papá perdió la cabeza y los encerró allí a oscuras mientras llegaba la policía.
—Qué miedo el abuelo. — Me río.
—Entraron por el lado más cercano a mi habitación. — Se levanta de hombros. — Si me pasara contigo los dejo ahí una semana.
— Me sonrojas. — Ironizo.
— Descuida, luego de eso no entra nadie ni con el portón abierto. —Se carcajea de lo más creída.
—Me indigna tu persona. — Dice mamá mirándola amenazadora.
— Pero me amas.
—Nunca pensé que se podía sentir las dos cosas a la vez — Se ruboriza un poco. Sonrío viendo a mis locas madres mirarse con desagradado y amor. Una levemente psicópata y otra levemente moralista. Supongo que se mantienen a raya.
Pobre de mí.
Sábado.
Samantha
— ¡¿Dónde rayos estás?! —grito al celular.
— ¡Que te importa! — escucho de vuelta. — ¡¿Y se puede saber cómo rayos conseguiste mi número?!
—Martina— Digo simplemente. —Son las seis, ¡trae tu trasero acá! — Le espeto enojada.
—Traserito. — Corrige.
—Bueno. — Rodeo los ojos. —Traserito. — Exhalo agotada. Chloe me agota.
— ¡Ruégame! —Podría ver su cara de burla. Le corto la llamada.
30 minutos después.
— ¡No tenías que cortarme así! — Reclama cuando mamá Fer nos deja. Se recuesta en mi cama con violencia. Me produce irritación ¡acabo de ordenar y la dejó fea!
—Sal de mi cama.
— Ni que fuera tan cómoda. —Se sienta. Nos miramos con desagrado, observo sus horribles ojos, me aparta la mirada.
— ¿Qué toca ahora?
—Reprobaste el paso dos, tienes que pasar el 60% y vas en el 50%
Inhalo mucho aire, cabreada, genial. Simplemente genial.
— ¿Qué toca ahora? — Vuelvo a preguntar.
— ¡No me hables así! — Se enoja. — Tienes que aprender a bailar.
—Ni de coña. —Me da vergüenza.
—Y como pensé que no querrías hacerlo aquí, ¡nos vamos de juerga! — Celebra.
—Ni de coña. — Repito.
—Deja de ser tan putamente aburrida, tómalo como práctica.
Tiene razón.
—Está bien ¿Dónde vamos? No bailaré con ningún idiota.
—Estuve consultando a mamá …
— ¡No metas a ninguna en esto!
— ¡Yo no sé dónde van las jóvenes lesbianas! Soy heterosexual— Se apunta. Hago un ruidito de incredulidad. Me mira tan amenazadoramente que cierro la boca.
—Iremos al centro de la ciudad, al barrio más gay de la vida y entraremos, beberás y cuando sientas confianza bailarás y punto.
—Claro, Paola se enterará y pensará que la estoy engañando.
—No le voy a contar.
—Tenemos conocidas …
—Conocidas tan aburridas como ustedes. Además, dije bailar, no follar. ¡Así que vístete para la ocasión! — Sonríe lanzándome una lata de cerveza. Mi frigobar hace rato pasó a ser una puta cantina.
—Me quito la ropa de arriba quedando en polera de tirantes, antes de proseguir, me giro y Chloe me mira de reojo mientras bebe.
— ¿Qué? —pregunta con curiosidad.
—No mires.
—No me produces nada, tranquila— se ríe.
—No se trata de eso. — Me ruborizo. — Me da vergüenza.
— ¡Pero qué ternura! — Me toma el pelo.
— ¡Lárgate! ¡Espérame afuera!
Chloe
Salgo riéndome y la puerta se cierra tras de mí.
— ¿Todo bien chicas? — Ah es tía Fer. Creo que sólo se turnan en venir para cuidar mi vida y no tener que darles explicaciones a mis madres.
—Bien, a la niña le da vergüenza desvestirse frente a la pura e inocente Chloe.
—No la culpo. — Se ríe.
—Pero si tenemos lo mismo. —Tía Fer se ruboriza un poco antes de decir por lo bajo.
—Es lo mismo, pero no es igual. — Se va.
— Je je son iguales. — Me enternezco. Creo que es porque Sam admira mucho a Tía Fer.
— ¡Ya! —Escucho.
—Genial —Entro, cierro la puerta y la miro. Se ve igual que siempre, jeans, polera, un abrigo y ya. Después de todo, sigue haciendo calor.
— ¿Qué? — dice quedamente.
—No sé, algo de ti se ve bien— pero no sé qué … eleva las cejas escrutando mis ojos.
—Lo digo desde la más profunda heterosexualidad— Dejo en claro.
—Claro que sí. — Se sienta. — ¿Vamos ahora?
—No. Repasaremos el paso dos. Me da miedo que me estampes un golpe en la pista de baile.
—Si no te pasas no.
La miro por un minuto completo.
—Definitivamente eres una imbécil sin remedio. — ¿¡Pasarme en qué sentido?! Sam se queda en silencio.
—Bueno la paciencia va mejorando— asiento— ahora dime algo sin vacilar como idiota con dudas y nos largamos.
Piensa un rato.
—Perdona por burlarme de ti— la miro estupefacta ¿de qué habla? — no creo que ni tu porte ni tu nariz estén mal. —Sus ojos azules me transmiten sinceridad, luego aparta la mirada avergonzada.
—Estás perdonada pequeña Sam —Me mira— pero tú invitas la primera ronda. —Sonríe y levanta los hombros como diciendo ‘’no hay remedio’’ — … sigo pensando que pareces vocalista de banda satánica.
— ¿Ahora es satánica?
— Era para darle emoción. —Hago un puchero, trata de tener la boca cerrada y se le escapa una risotada.
— ¿Qué?
—Nada.
—Ahora sigamos. Aún es temprano. —Saco una cerveza. Tengo mis licores en casa de Sam, cuando apruebe o repruebe, los sacaré…. ¡Junto con el frigobar! Ajaja.
— ¿Y por qué no me dices tú uno a mí?
—Pero si tú quieres aprender a ser gente— bromeo. —Nadie se niega a Big Boss Chloe. — Pongo ‘’boquita de pato’’ se le escapa una carcajada.
— Que mierda… — Se ríe a regañadientes. —Pero me refería a un ejemplo para aprender.
—Bien, bien.
En el primer piso.
— ¿Acabo de escuchar la risa de Sam? — Fer mira al techo.
—Sin duda— Sandra frunce el ceño. — Me gustaría saber qué ocurrió para que se toleren. Siento que antes Chloe no había venido tan seguido.
—Creo que fue después de que le fue a pedir disculpas. De todos modos, Sam se ve mejor anímicamente. Antes parecía muerta. — susurra.
—Son buenas niñas.
—Ya pasaron los 20 años, es hora de que empiecen a comportarse como adultas— recita solemnemente Fernanda. — Igual deberías ir a verlas, no confío en que aún no se maten.
Sandra
—Mi turno— Río. Subo al dormitorio de mi bebé y escucho por la puerta.
—Tus ojos son muy bonitos, como un azul oscuro, contrasta con tu cabello. —Quedo pegada de los pies al pasillo.
—Gracias— escucho una voz sobreactuada de Sam. Chloe ríe.
—No te creas la gran cosa invocadora de Satán.
Niego con la cabeza, no escuche nada; en la semana iré por un lavado de oídos. Toco la puerta y entro.
— ¿Todo bien chicas?
—Claro que sí. — Sonríe Chloe. — ¿Puedo sacarla a pasear?
—No soy un perro.
—Hm, está bien. Cuídense… ¿Dónde van?
— ¡A bailar! — Chloe mueve los brazos como si estuviese revolviendo algo. Me río, aunque mis ojos no ocultan la extrañeza de todo esto. Sam no ríe habitualmente, Sam no hablaba con Chloe, Sam supuestamente no bailaba… solo falta que cocine algo y no haga un incendio.
—Lo que pasa es que me insultó y me está pagando el favor. — Sam asiente con pesar.
—Está bien. — Le doy una última miradita a Sam.— Pórtense bien.
Sam.
—Estoy segura de que intuye algo y me preguntará. — Susurro a Chloe cuando mamá cierra la puerta.
—Pues dile la verdad Sam, es tu madre no tu enemiga.
—Me da…
— ¿Vergüenza? Vergüenza hay que tener para bailar como tú. — Bromea.
— ¡No empieces!
—Pero hoy quedarás una experta. O al menos veré bien donde tienes parálisis. —Le doy con la almohada.
—Oye ¡cuidado con mi pelo!
—Tienes coleta. — Me sorprendo. Vaya…
—No puede ser que recién lo notes. —Me mira sorprendida. — Volvamos al paso uno … — Me rio.
—Vete al diablo.
Bajamos y veo a mis madres reírse de algo. Me gusta que sean tan confidentes e íntimas.
— ¿Eh? — mamá Fer nos mira.
—Emm saldrán hoy amor. —Escucho. Chloe las mira con interés, la mayoría de las veces prefiero no preguntarme qué diablos pasa por su mente.
—A bien, cuídense. — Nos mira. — ¿Y a dónde van?
Me ruborizo, que vergüenza reconocer esto.
—A bailar. — Susurro. Chloe abre los ojos más entretenida, le pego un codazo.
—Me debe un favor. — Sonríe con malicia.
—No confío en ti— Bromea mamá como siempre con ella. Me mira— Pero cuídala, su madre me matará si le pasa algo.
— ¿Y yo? —Reclamo
—Tú eres la mayor y más madura. — Chloe asiente.
—Te cuidaré no te preocupes. — Saca fuerza con su brazo. El que apenas varía de volumen. Nos reímos.
— ¡No se rían! — gimotea.
Ya fuera del local.
—Wooow. — Se sorprende Chloe con las luces. Mira una fila llena de chicas de nuestra edad. Algunas nos miran, otras siguen en los suyo, hay de todos los estilos posibles. La verdad no había venido aquí antes, he salido a otros lugares con Pao o a comer y eso es todo.
—Vamos a la fila, este lugar me gusta. — Sugiere.
—Hmm...
— ¿Estás bien?
— Si descuida.
— No te asustes, no te violarán— sonríe Chloe— aunque deberías decirme tú eso a mí.
—No te asustes, no te violarán.
—Oh descuida. — Mueve la mano como si estuviese afectada, sonrío y miro por sobre su cabeza la fila.
— ¡Eso es descortés! — Se enoja. — ¿Cuánto mides? Eres más alta que Tina y Leito.
—1.73 m. — Susurro.
—Vaya, regálame 1 cm — Ironiza.
— ¿Y tú? —Bajo la mirada.
—1.60 cm. — Asiento y avanzamos.
Adentro hay sillones, unas cuantas mesas y barras, pero casi todo es espacio vacío lleno de luces. Me molestan un poco, ¿será la costumbre?… tratando de ignorar la puta luz azul que me da en el rostro me giro y veo la barra. Compro dos licores y le alcanzo uno a Chloe. Me agacho para que me oiga.
—La deuda.
—Ah cierto— Leo sus labios y nos vamos a sentar.
—Bien — Sube un poco el tono. — Cuando estés preparada dilo.
—No es para tanto. — Me irrito.
—Oooh, ¡Sam está On fire! — Niego con la cabeza incrédula.
—Salgamos luego de esto.
— ¿Tienes el mismo miedo de Tina? — Se sorprende.
—Un poco, es el gentío lo que no me gusta.
—Par de raras antisociales.
—A ti te falta un miedo de esos. —Bromeo, Chloe ríe, en eso coloca un rostro de terror. Miro alrededor pensando que había visto a alguien que le desagrade.
— ¿Qué pasa?
— ¿Hiciste una broma? — Sonríe incrédula.
— ¡Chloe! — Me enojo— Me asustaste.
—Pensé que viste a alguien con quien tenías problemas. — Aclaro.
— Aaah, no le desagrado a mucha gente que yo sepa. — Levanta los hombros bebiendo. — Bueno la peor está al lado mío. — Sonríe.
Sonrío y sigo bebiendo.
Luego de un vaso más, vamos a la pista, me pongo frente a ella y bailo tragando saliva y mirando a los lados. Chloe se pone de puntitas.
— ¿Oye no te vas a desmayar verdad?
—No tranquila. — Susurro. —Es un miedo controlable.
—No me lo dijiste cuando te pregunté.
—Es que me daba más vergüenza …
Me mira pensativa y sigue bebiendo. Estamos así unas horas, después de dos vasos más dejé de beber… cuando empecé a sentirme mareada. Chloe por otra parte ha ido unas veces más, y ahí está, tan parecida a cómo es siempre. Aunque siempre es hiperventilada… La observo bailando, se mueve con gracia y naturalidad, debe ser la costumbre.
—Oye— Me tocan el codo. Se acerca una chica un poco más baja que yo— ¿Es tu novia?
—Eh… no. —Digo no muy segura. ¿Chloe se enojará? Ella recién se percata de nosotras.
— Es linda. — Sonríe simpáticamente. Chloe naturalmente sigue bailando y prefiere preocuparse más de su vaso. ¡Yo no sé qué hacer!
— ¿Quieres bailar con ella? — Pregunto sintiéndome imbécil.
—Sí. — Ríe. Asiento y me acerco a la oreja de Chloe.
—Oye, ella quiere bailar contigo ¿Qué diablos le digo?
— ¿Y tú? —Pregunta. La chica parece darse cuenta porque atrae a una chica rubia.
Supongo que está zanjado.
Bailamos un rato, converso con ella, una tipa normal que estudia y está desestresándose un poco. Miro a Chloe a ratos de reojo, me siento un poco mal, se supone que ella no viene a estos lugares…
— ¿Es tu algo?
—No. — La miro sorprendida.
—Es que no paras de mirarla.
—Lo siento, es que a ella no le van las chicas. — Aclaro.
—Humm, entonces deberías rescatarla — Sonríe. —Mi amiga va con todo. —Entonces veo como sus brazos se acercan por detrás de la espalda de Chloe y la acercan. Puedo ver que su espalda se arquea hacia atrás y me adelanto tomándola del brazo.
—Bueno, fue divertido. — Sonrío hablando fuerte. —Pero ahora viene conmigo. —Le atraigo con un poco de violencia.
—Perdón. —Susurro cuando la chica deja de mirarnos y prefiere seguir con su amiga. Veo como cuchichean y la chica asiente. — No pensé que se propasaría. —Supongo que para ella fue chocante.
—Gajes del oficio— Dice simplemente— me debes unas cervezas.
Aprovechando que se me pasó un poco el efecto compro un par.
— ¡Salud! — celebra Chloe. — Debo admitir que me encantó la música.
—Si— prefiero la electrónica que las de moda…
En eso nos sonreímos y bailamos las horas que queden, trato de seguir a Chloe, aunque es difícil, ¡soy muy tiesa para esto! Parece que mi frustración es captada porque Chloe toma mi cintura, la miro perpleja, es un poco incómodo para mí la proximidad. Y me mueve al compás…
Luego de un rato.
—Ves, lo haces bien— sonríe, sonrío algo ruborizada, prefiero dar un buen sorbo a mi cerveza.
—No me recuerdes esto mañana… —ruego.
—No tranqui— ríe y seguimos bailando. Miro sus ojos y me pierdo un poco en ellos y el efecto sedante de la cerveza en mi cerebro. Es una suerte que no me aparte la vista, supongo que es divertido de ver la soltura y la sintonía que tiene con la música. Sin querer tomo su cintura, y seguimos así…
Hasta que la luz y unos ruidos de quejas me distraen, la música se vuelve pausada y todos van a la salida.
— ¡¿Qué diablos ya terminó?! — me sorprendo.
—Acaso querías quedarte más tiempo— se ríe Chloe terminando su trago. — Que fiestera Sam.
— ¡Nada que ver! — No le voy a decir que pensaba bailar un par de canciones y volver a estudiar. ¡Ahora sólo tengo el domingo! Camino notando unos pasos desequilibrados de Chloe.
—Bueno me voy— sonríe.
—De ninguna manera. — ¿Está loca?
—Tranqui, me he ido peor.
—A sido muy irresponsable de tu parte. —Digo con desaprobación.
—No necesito tu opinión— frunce el ceño.
—Vamos— la ignoro, ya me está haciendo enojar.
— ¡¿Qué te crees que eres?! — Se indigna.
— Mamá me dijo que te cuidara— le aclaro. — Y eso pienso hacer. Nos vamos. — Elevo el tono para zanjar el tema. La miro con seriedad, Chloe frunce el ceño y luego asiente.
Llegamos a la casa y luego de lavarme los dientes voy a indicarle a Chloe donde dormir, la encuentro sentada en mi cama soltándose el cabello.
—El dormitorio para invitados que usarás…— Abre y cierra los ojos somnolienta— … ¿estás bien?
Asiente con una risita.
—Tu aspecto me hace gracia. —Diablos está ebria. Decido ignorarla.
—Es el de al fon…
—Te ves muy ruda con ese corte y esa ropa, pero eres una buena chica.
— ¡El de al fondo! ¡al lado de esta habitación! — subo el tono lo suficiente para que entienda que no quiero oír lo que dice.
—… Y te queda bien— dice bostezando y se acurruca en mi cama sin tomar atención a ninguna palabra de lo que digo. La miro perpleja y reacciono cuando ya va por el tercer sueño.
Admitiendo mi derrota me voy al dormitorio de al lado.
Al día siguiente.
Chloe.
—Carajos— pienso despertando sin abrir los ojos, sintiendo mi boca horrible, y mi frente adolorida. No molesta la luz, lo más probable es que las cortinas estén cerradas. Los abro sólo un poco para ver la sombría habitación de Sam. Recuerdo todo de golpe y entierro mi rostro en la almohada.
¡Qué diablos dije ebria! ¡Deshonor! ¡Vergüenza! ¡Ella no tiene nada de bueno! Decido dormir de nuevo esperando a que la muerte me recoja.
Pero la puerta se abre. Entra Sam y de reojo noto que me mira con la misma seriedad de siempre. Me sonrojo avergonzada, ella al parecer no lo nota.
— ¿Cómo estás?
—Con resaca— respondo con una voz seca. Me acerca un vaso de jugo.
—Estás aprendiendo— Me siento y lo recibo viendo cómo se acomoda en la silla de su escritorio— Gracias. — El jugo es como vida para mí en este momento.
—Te adueñaste de mi cama, no tienes respeto.
La ignoro casi terminándome el vaso.
…