Capítulo 19 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity

Explicaciones

Sandra.

Llego a casa, fue un día bastante más liviano que los viernes anteriores, voy a la nevera y mientras mastico un trozo de fruta prendo la tv… las 6. Subo al segundo piso a ver si llego mi pequeña.

Toco la puerta.

—Pase— escucho apenas.

Me encuentro a Sam boca abajo tirada en la cama. Tomo asiento a su lado y toco su espalda, oigo un quejido.

— ¿Eh que pasa? — rio. — ¿Mucho ejercicio? —veo su barra de pesas.

—Si— gimotea— estoy molida.

—No te sobre exijas — Sam apenas se mueve, me mira sonriente y la veo más pálida. O quizá sus labios están más rojos…

— ¿Te sientes bien?

—Estupendamente, sólo agotada. Ya sabes, viernes.

—Si…

Suena mi celular, es Kate. Viene a dejarme unos papeles, supongo que hoy le toca salir más tarde que Alejandra.

—Viene Kate, te dejo. —Me pongo de pie.

—Bien.

Bajo las escaleras y abro la puerta.

— ¡Kaaate! — saludo feliz. Me agrada mucho Kate, es callada, pero cuando se trata de bromas crueles, puedo contar con ella. Amo a Noelle, pero carajos que puede ser llorona, como Caro. Estas chicas nos vinieron como anillo al dedo ahora que lo pienso.

Kate me saluda, me pregunta como estoy y de su bolso saca una carpeta y me entrega unos papeles. Como se tiene que ir rápido intercambiamos un par de oraciones y ya.

Se detiene en la puerta.

—Por cierto, dale las gracias a Samantha de mi parte, lo olvidé el otro día.

— ¿Eh? ¿Por qué?

—Fue a dejar a Chloe a la casa, como a las diez de la noche. Ya sabes, por las molestias, sabes cómo es mi hija. —Hago un enorme esfuerzo por no fruncir el ceño, trago saliva.

—Ahm, yo le digo. Por cierto ¿Qué día?

—Humm, el martes. — Me mira. — ¿Por?

Mi boca hasta ahora tiesa se esfuerza por elevar las comisuras.

—Por nada, sólo de metiche— río, ella sonríe y sale al jardín.

Entro y miro a un punto con seriedad, me llevo una mano a la boca pensativa. Ya sabía que había algo, esas miraditas, tantas visitas, ¿Cómo pasó esto? ¡Y Fer forzándolas a salir! Diablos, no sé qué pensar…

Me quedo ahí, sin saber si callarme o hablar con mi hija, no sé si dejarla ser o preocuparme, diablos ¡¿Qué va a pasar cuando se enteren?!… supongo que es cosa de ellas. Pero maldita sea ¡¿Chloe?! ¡Enserio Sam! ¡¿Chloe?! ¡¡Después de todo lo que hemos tenido que aguantar!! Aprieto la mandíbula. Recuerdo lo tierna que se veía pidiendo consejos para salir con una chica que le gustaba. Significa que lo tiene más que asumido… ¿cuánto tiempo llevarán mirándose diferente?

Sin darme cuenta ya estoy al pie de la escalera. ¡Qué demonios! ¡soy su madre! Subo dándome explicaciones de por qué debo al menos exigir una respuesta de su parte.

Me siento como esas madres terribles, pero aarggh. ¡No puedo callarme esto!

— ¡Sam! — Entro. Soné muy ruda. Me mira asustada. —Lo … lo siento, me precipité.

—Ah… — dice extrañada. Nunca le grito, es decir… nunca me sacó de quicio en realidad, salvo cuando el motivo era…

¡Carajos!

— ¿Puedo preguntarte algo?

—Eh… sí, claro. —Se sienta.

Me siento a su lado, trato de ser muy próxima, no quiero que piense que la estoy acusando.

¡Aunque sí que lo haría!

Tomo aire y boto pacientemente. Cierro los ojos y mirando al frente disparo.

— ¿El martes saliste con Chloe?

No escucho nada, la miro de reojo y me mira con pánico. Puedo sentir su temor, parece un animalito atrapado. Espero a que recupere el habla.

— ¿Quién te contó? —responde en un hilo de voz.

Cierro los ojos, boto aire.

—Así que es cierto. —Concluyo.

—Mamá… te juro que…

—Ssssht — la acallo. —Estoy completamente segura de que no lo buscaste. —No tiene ni que decírmelo. No quiero que esto se transforme en una cacería de brujas. —Es sólo que…

—Lo sé—mira sus calcetines. — ¿Fue tía Kate?

—Sólo me dijo que te de las gracias por ir a dejarla el martes.

—Maldita sea— susurra.

Nos quedamos en silencio hasta que no aguanto más.

—Lo siento, pero… ¿Cómo diablos pasó? — tengo que preguntarlo.

—No sé, luego de unos meses que nos empezamos a ver, estábamos discutiendo y de repente… — se esconde en sus rodillas, baja la voz — nos besamos… y — se calla unos segundos— traté de evitarlo y no pude. Siempre terminábamos en situaciones así.

¿Cómo íbamos a adivinar esto? ¿Lo hubiese evitado? La verdad no sé. Tengo una pelea interna.

No quiero ser como mi madre… de verdad que no. De hecho, me molesta recordarla ahora; por todo lo que tuve que pasar por su culpa para estar con Fernanda, nunca se lo desearía a mi propia hija, ni a nadie.

—Se que no está bien que me meta en tu vida... sabes que yo te apoyo en todo. —Aunque no sé si esto me gusta —Pero ¿Chloe? — la miro levantando las cejas, sus ojos se ven tristes, me siento como la peor madre. —Es que… — toco su mano. —Son tantos años viéndolas pelear, insultarse, ¡te cambiaste de colegio por ella! — sonrío incrédula. —Daba por un éxito que lleguen a los 18 sin matarse.

—Si… lo sé. Yo también.

—No te sientas mal, es que no sé qué pensar— guardo silencio — ¿Se llevan bien? — la miro de reojo. Su rostro y tez son como las mías, se parece mucho a mi… y Chloe… es tan Rivares. ¡Es como si yo estuviese con Gabi! Cierro los ojos. Atroz, sencillamente, me volvería loca, río internamente. Las cosas que pienso…

—Si, nos llevamos bien— responde— las peleas no son iguales a las de antes, y ya no podría ponerle una mano encima. — No me mira, noto un rubor en su rostro. Me enternece, me preocupa. No quiero que sufra. Chloe es tan loca, y bueno… ¿No era hetero o algo así?

— ¿Y cómo se porta contigo? — Siento una especie de sentimiento asesino acompañado con otro de culpa. No… no puedo; la vi crecer, la cargué, le hice mimos. Aún recuerdo cuando estiraba sus bracitos y me pedía galletas ¡y ahora está coqueteándole a mi hija! Ya, calma. Es una especie de cariño maternal y ganas de tirarle el pelo.

Sam carraspea, se ve complicada, prometo no preguntar tanto. ¡Pero es que se viene fin de año y esto es lo más bizarro que ha pasado!

—Es como si siguiese siendo ella misma, pero a la vez otra… somos diferentes, pero también es capaz de hacer cosas que yo no y me gusta y… —Se complica. Aprieto el dorso de su mano. Ya basta, he escuchado suficiente.

—Ya— susurro. Me mira con los ojos brillantes. Le abrazo. Le gusta, le gusta mucho y no sabe qué hacer. Supongo que aquí, no tengo más que decir. No es correcto que me meta. Es rara la sensación dentro de mí, sé que ha estado con más chicas, pero no lo tomé tan personal como esta. Puede ser la confianza, puede ser que la conozco, puede ser que es por lo cercana que es su familia a esta, puede ser otra cosa… suspiro. No quiero escuchar a mi instinto, supongo que tarde o temprano tendré que hacerlo.

—No le digas a mamá— escucho.

—Soy una tumba.

Nos quedamos en silencio.

—Tarde o temprano se enterará ¿Lo sabes? —Es probable que se lo tome mejor que yo.

Eso creo.

—No quiero que sea ahora— escucho— no sé qué pasa…

— ¿Es por Paola? —Asiente.

—No fuerces las cosas— me limito a decir— no fuerces nada.

—No. — murmura.

Lunes

Sam.

Camino preocupada hacia donde estudia Chloe. No puedo contarle algo así por celular, necesitamos conversar esto, porque al menos yo, no quiero que alguien más se entere. De verdad que me gusta, ya no puedo negarlo, me encanta estar con ella, no paro de pensar en lo que pasó el viernes. Pero estoy muy complicada, no es tan fácil. De verdad que no es tan fácil.

Entro y para variar, tengo la capacidad de encontrármela sin ningún esfuerzo, está sentada en una banca de concreto o algo así, con Antonio, riéndose. Siento una peste en mis tripas, hago una mueca, me giro dispuesta a largarme de allí.

— ¡Sam!

Camino de vuelta, no me importa.

— ¡Oye Sam! —me siento mal, me detengo y me giro de mala gana.

Corre hacia mí.

— ¿Pasó algo?

—Si, pero estás ocupada. —La miro furiosa— hablamos después.

Aprieto la boca y vuelvo a mi facultad.

Chloe.

Me devuelvo un poco apesadumbrada.

— ¿Pasó algo con tu amiga? —pregunta Antonio.

Amiga… si claro, siento una molestia.

—No sé, hablaremos después.

—Oh, y yo quería salir contigo…

—Hoy no. — Lo corto, creo que fui muy ruda— parecía urgente. — Aclaro.

—Ahm… está bien— me ordena el cabello, me da un besito y sonrío un poco tiesa. No es el momento…

Salgo de clases, me parece que hoy ella sale a las 7 y algo. Perfecto, tuve reunión con el consejo, la espero, siempre que va a verme es porque es importante.

La veo salir con Paola. Sam me mira y sus labios se ponen rectos, Paola sólo hace la típica mueca de desagrado que ha hecho por años, ya ni me molesta, es como si me saludara de hecho. Sam le dice algo, protesta un poco y luego se va, no sin antes darme una mirada. Por alguna razón me siento como ‘’la otra’’.

Se acerca.

— ¿Y bien? — pregunto atropelladamente.

— ¿Y a ti que te pasa? — pregunta enojada. — ¿Te interrumpí acaso?

— ¡No! — la miro horrible. Tomo aire antes de que le lance la mochila. — ¿Qué ocurrió?

Ella frunce el ceño pensando en si decírmelo o no.

—Ya no es importante.

—Si lo es. ¿Qué pasó? — le corto el rollo ¡¿Es que acaso no puede decirlo y ya?!

Mira a otro lado incómoda.

—Mamá se enteró… —Dice bajito. —Sandra.

Mi primer pensamiento es ¿¡Y qué!? Luego miro su expresión, sus ojos, su boca y recuerdo todo lo que me hace sentir. Respiro y boto las cosas malas.

— ¿Y qué te dijo? —mi voz es más serena.

—No se lo tomó a mal, pero tampoco tan bien…

— ¿Ya…? —Era de esperarse.

—Sólo me preguntó cosas…

— ¿Qué cosas?

—Cosas de madre a hija— gruñe.

— ¿Entonces para qué me cuentas? — protesto. El mal humor vuelve a mí.

— ¡Basta! ¡Lo típico! — frunzo el ceño. — ¿Cómo? ¿Hace cuánto? Y cosas más personales.

—Bien.

—Pensé que te importaría. —Me da una mirada rencorosa.

— ¡Y me importa! — le aclaro, ¡Cómo se atreve! Sam me da una mirada cargada de enojo y prefiere callarse. —Supongo que no pasa nada si sólo pasó eso.

—No quiero que alguien más sepa. —Nos miramos.

—Como quieras. —No quiero sentirme mal ¡pero me siento mal! —Tranquila no seré una molestia. —Espeto.

—Me alegra oír eso — responde con crueldad. Nos quedamos mirando. Me giro y me largo de ahí. ¡Que se vaya a la mierda!

Sam.

¡Genial! ¡Eso vete!

Tomo el autobús enojada ¡odio sentirme así! Me siento tan culpable que arrojo todo cuando llego a mi habitación, me recuesto y le pido una tregua a mi cabeza. ¡La traté como a una… una…! La parte enojada de mi mente clama por el insulto. Pero no me ha hecho nada, como puedo enojarme por ese imbécil cuando yo tengo un desastre en mi vida. Quizá sería mejor que dejara todo, así como está, que no me hable más y que se quede con él. Él la hace reír y yo la insulto gratis. Siento una lágrima acusando mi debilidad y mi arrepentimiento al pensar eso, ¡Odio todo!

Al día siguiente ni siquiera desayuno, con la excusa que tenía que llegar antes, me apresuro a ir a la facultad de Chloe. No puedo dejarlo así, ¡no puedo! Como desearía que fuese mía. Gruñe mi parte posesiva; total, me puedo permitir el egoísmo dentro de mí. Pero no es así, quizá se aburra de mí actitud, quizá se haya enojado tanto que me mande al carajo.

Sé que es una hiperquinética que probablemente llegue antes que todos sin rastro de sueño, así que la busco, miro un poco ¡y ahí está! Al fondo del pasillo, conversa con un chico, se despide y cuando gira me ve. Enojada toma otra dirección, camino casi a trote tras ella. Le abrazo por la espalda.

— ¿Podemos hablar? —mi tono huele a suplica.

—No quiero verte.

—Pero yo sí. —No la suelto, la aprieto más. Nos quedamos así. Huelo su cabello y me doy cuenta de que ahora ninguna parte de mi piensa que ella es una molestia, al contrario, es como una droga, de esas que te hacen sentir feliz. No quiero que me la arrebaten.

¿Cuándo pasó esto?

— ¿Me vas a soltar o no?

—No. —No sé cómo, pero sé que reprime una sonrisita. —Perdóname.

¿Algún día le ofreceré algo más que disculpas?

—No lo sé— escucho.

—Entonces no me voy de aquí.

— ¿Te quedarás hasta las 4?

—Sí. —Respondo. Carajos, mis madres me mataran.

—No hace falta Samantha— Escucho bajito. Se separa, sé que tengo que soltarla o pareceré enferma. —Hoy estaré ocupada acá.

— ¿Y mañana? ¿Puedo verte? —me queda mirando. Le sostengo la mirada, que diga que si…

—Está bien— susurra, casi siento que se reta a sí misma. — ¿Después de clases?

—Si— digo de inmediato. El jueves tengo control, tendré que trasnochar feo.

Miércoles.

Sam

— ¡No va a venir! — estoy en el living rechinando los dientes, ¡Me dijo a 6 y van a ser las 7! ¡Lo hace a propósito!

Suena el timbre, me paro y voy a ver.

Se me pasa todo el enojo viéndola ahí plantada, algo dudosa, como si la fuese a retar. Hasta me hace gracia.

—Salí más tarde— susurra. La quedo mirando, levanta una ceja y rodeando su cuerpo la atraigo a mí. Al menos llegó. Siento sus brazos tras mi cintura, descansa su frente en mi clavícula. Nos quedamos así un rato, por suerte nadie nos interrumpe, porque ahora no puedo fingir.

—No importa. — Susurro. Chloe gira un poco su rostro y me roba un besito, nos separamos y la observo en el umbral.

…

—Podrían pasar en vez de dejar entrar el frío. — Escucho. La sangre deja de circular dentro de mi hasta que, por el tono de voz, me doy cuenta de que llegó recién, y que, por suerte; es mamá Sandra.

—Eh sí, lo siento. Adelante— me hago a un lado y cierro la puerta. Chloe la saluda, hasta que mamá la mira más de 5 segundos fijo, ella ladea la cabeza sin entender ¡¿Acaso se le olvidó lo que le conté?! Me queda mirando hasta que lo capta.

— ¡Oh! — susurra. —Eh….

Baja la cabeza, cuando espero que simplemente lo diga y ya, murmura.

—Fui una víctima.

— ¡Chloe! — ¿Por qué es así?

—Es broma, si bueno ya, nos dimos un par de besitos y qué, somos jóvenes y alocadas— Frunce el ceño mirándola desafiante.

Me acerco y la miro mal, no puede ser más no sé… ¿sumisa? Suena feo, pero no le haría mal en este momento.

Nah, así no es Chloe.

—Te voy a estar vigilando.

—Ya no lo hizo— sonríe tranquila. Me toco el puente de la nariz.

—Pesadilla— dice quedamente yendo a la cocina.

—Vamos. —Le digo con tono resignado. Podría ser peor.

—Tranquila— me dice— tía Sandra no lo tomaría en serio. —Sonríe traviesa.

—Hmm —gruño.

—Oye, oye —ríe, si algo no ha cambiado desde que tengo memoria, es que mi malestar o enojo, le rebotan a Chloe. Hasta Tina se ha asustado, pero ella ni se inmuta. En su lugar me abraza de la espalda y recuesta su cabeza en mí. —No te enojes.

—No me enojo— me ruborizo un poco. Entro con ella a la rastra.

—Oye…

— ¿Sí? —me suelta, me mira expectante.

—Cuando dije que no quería que más gente se enterase, no era porque seas una molestia. No lo eres… es que… no sé cómo van a reaccionar. —Miro al suelo, luego a sus ojos.

—Sam… como quieras, pero ¿y qué importa?

— ¿Cómo qué?... ‘’ ¿qué importa?’’ —Pregunto sorprendida ¿es que no lo ve?

—No sé tú, yo no doy explicaciones de con quien me revuelco — levanta una ceja. Claro, a veces olvido lo diferentes que somos— tu problema es que no te gusta decepcionar a nadie.

— ¡Nada que ver! — respondo.

—Vamos niña perfecta— sonríe —y no olvidemos que hace unos 3 o 4 meses— dice pensativa— estaba ayudándote a recuperar a tu amorcito.

Ahí va, sin anestesia. Esa es Chloe.

—No quiero hablar de eso. —Le corto el rollo.

—Me da igual, sabes que yo no te pido nada, no tiene gracia de esa forma. No obligo a nadie a quererme.

— ¡Pero yo si te…! —me quedo muda con la boca entreabierta, ese es el momento en que tu cerebro le dice a tu corazón que más le vale quedarse callado. Cierro la boca muy triste.

Chloe frunce los labios en el centro de mi habitación y camina hacia la puerta. Antes de que se me escape la tengo suavemente del codo.

—No.

— ¿Qué diablos quieres Samantha? — se queja.

— Que me beses. Luego que me abraces y que, si no fuese mucha molestia, te quedes un rato más. —Partir por ahí está muy bien.

Chloe

—Bien— susurro. Me atrae, no estoy muy segura, acaricia mi mejilla, nos miramos, nuestros ojos se dicen tantas cosas que ni yo entiendo muy bien, amarillo contra azul. Amarillo y azul… Abro los ojos de golpe. ¡Amarillo y azul! ¿a esto se refería tía Gabi? ¿Qué habrá querido decir?

— ¿Estás bien? — Sam frunce el ceño. Por alguna razón una extraña fuerza hace que me lance sobre ella, me sujete de su cuello y la bese con ansias. Se sorprende, me toma de la cintura sin embargo no reclama, me besa de la misma forma.

Nos separamos más agitadas.

—No sé qué fue eso, pero me gusta— dice Sam pendiente de mis labios.

—Yo menos— susurro, me acerco a besarla, sus labios están tibios, agradables, acarician los míos delicadamente. Su forma de besar es muy protectora, como si me cuidara, como si me quisiera…

Como si no quisiese hacerme daño.

—Que vamos a hacer— digo cuidando de que, al hablar, roce mi boca a la suya, se siente bien.

—No lo sé. — Dice apenas, sé que no sabe. Debe estar muy complicada, además ¿Qué quiero yo de ella?

Me separo.

—Sólo venía de pasada, quería decirte que no estoy enojada contigo— sonríe de lado— tanto… —Mas le vale no pasarse de nuevo.

—Me alegra saber eso —su forma de mirarme hace parecer que es una víctima o algo así. —me controlaré, lo prometo— juntamos nuestras frentes. Le doy un último besito, tengo cosas que hacer lamentablemente. Maldita universidad.

Sam.

Antes de salir por la puerta de mi habitación me llama.

—Samantha…

— ¿Qué? — mira a un punto de mi habitación, cuando se gira a verme siento sus ojos algo fríos, un poco tristes.

—No quiero estar toda la vida así — dice a su pesar. Se larga dejando un enorme peso sobre mí.

De esa forma, acaba de dejarme en claro que tengo que solucionar todos mis conflictos.

Al día siguiente temo perder la voz de tan poco que la uso.

—Sam… ¡Sam!

— ¿Ah? —sale ronco de mi garganta. Veo a Paola preocupada. — ¿Te pasó algo ayer? ¿Fue Chloe?

—No. —respondo. Miro mi brazo izquierdo y su mano entrelazada a la mía, le doy un suave apretón, ella me lo devuelve. Sonreímos, se recuesta en mi hombro. Descanso mi cabeza en la suya algo pensativa ¿Qué diablos voy a hacer? Yo quiero a Paola, eso es indiscutible. Pero también a Chloe, una me da tranquilidad, la conozco, se lo que dirá, como actuará y lo que quiere de mí. La otra me vuelve loca, me asusta no saber cómo va a actuar, pero me sorprende lo infinita que es su personalidad, me agota y a la vez me llena de energía. Ni yo puedo explicarlo.

Le doy un besito en la coronilla, su cabello oscuro es muy suave, huele bien, suele traerlo amarrado, termina en suaves rizos, recuerdo que siempre me gustó admirarlos. Su piel es pálida, al menos más que la de Chloe, sus ojos, de un café muy bonito, resaltan sus rasgos y sus labios algo más carnosos que los de…

Genial ¡Ahora las estoy comparando! Cierro los ojos, no cabe duda de que ambas son muy buenas chicas, yo soy el maldito problema. Además ¿Se supone que tengo que elegir? Mi parte miedosa y la que está tranquila ahora me dicen que Paola es una decisión confiable, segura, además independiente de si termina o no, nunca me haría daño. También me dice que Chloe está con alguien más y que si me quisiese no haría eso. Otra le reclama que; si fuese tan así, yo tampoco estaría tomando la mano de la chica con la que estoy ahora, reclamo que no es lo mismo, ¡estuvimos años juntas! La respuesta que me doy no me agrada nada. Entonces la vocecita reclama que Chloe es muy impredecible y todo lo que eso conlleva. Entonces me respondo con un ¿acaso eso no te gusta? Respiro, cabreada. Lo que antes me parecían defectos ahora son como virtudes, eso me cabrea, me cabrea demasiado. Yo no soy así.

— ¿Sam qué diablos te pasa? ¿te sientes mal?

—Un poco—. Respondo.

—Te ves como si te fueras a enfermar.

—No —la miro con cariño. Hasta que mi debilidad me amenaza, mis ojos em

…