Capítulo 18 de Mi Pareja Perfecta 3, de brity
Sueños Húmedos
Martes.
— ¡Mamá! — caigo en la tragedia. Tengo menos de una puta hora para pensar en qué diablos hacer.
— ¿Dime? — me mira sorprendida tras sus lentes de lectura.
Me siento confidente, miro a ambos lados, me daría vergüenza que mamá Sandra nos viera y dijera’’ sólo sé tú misma’’ antes de que diga algo ríe bajito.
— ¿Vas a preguntarme como se hacen los bebés o qué?
— ¿Qué? — me sorprendo— no, eso ya lo sé. Es que…
—Es que…
—Pues… invité a salir a una chica… — Peino mi cabello esquivando su mirada.
—Oooh, pecadora. ¿Estás saliendo del closet?
— ¡Basta! —me ruborizo. Mamá parece que está de excelente humor para bromas— Sólo que nos vemos más tarde y no sé qué hacer…
—Sólo bésala.
—Ya lo hice.
—Que rápida, como su madre— me da un codazo.
—Es que ya fuimos al cine, a comer… —Soy tan aburrida.
—Invítala a ver animalitos, no sé.
—Ya hemos ido… —recuerdo el peluche que le regale. Sonrío.
—Uy te pegó fuerte. — Me observa, se quita sus lentes. — ¿Y a beber algo?
—Mañana hay clases. ¡Eres pésima! ¿Cómo conquistaste a mamá así? —Se ruboriza. Demonios, es peor que yo.
— ¿Qué pasa? — llega mamá del segundo piso.
—Eh… — vacilamos.
—Quizá ella sepa más— Mamá Fer levanta los hombros.
—Hum no sé.
— ¿Acaso no confías en mí? —espeta dolida.
Genial, show...
—Eh… — digo cabreada— invite a salir a una chica y no se vale ir a ver animalitos, ni comer, ni el cine, ni mucho menos beber. —Miro a mi otra madre con reproche.
—Considera comer algo, eso nunca pasará de moda— sonríe.
— ¿Pero algo más? — muevo mi mano impaciente, en 20 minutos tengo que largarme.
— ¿Has conversado con ella? ¿Qué le gusta?
¡Me van a pillar!
—Pues… es bastante dinámica, es simple, entretenida, cualquier cosa le vendría bien... pero quiero no sé, sorprenderla— me ruborizo.
Silencio…
—Uuuuh— me molestan.
¡Váyanse al diablo! me pongo de pie enojada con las mejillas rojas. Mamá me toma del hombro y me vuelve a sentar.
—Quédate, si te gusta tanto esto es personal— estira sus dedos. —A ver… la chiquilla es dinámica.
—Ajá.
— ¿Tienen algo en común?
—Nada. —Respondo de inmediato. Mamá frunce el ceño… mi corazón va a saltar, si dice lo que sospecho salgo corriendo.
— ¿Y no te aburres? — pregunta desconfiada.
—Para nada. —Sonrío.
— ¡¿Qué dices?! — mamá abre sus grandes ojos azules— imagínatela con otra como ella… — pone cara de susto— necesita a una chica más loca. —Asiente. — Que la saqué de su zona de confort —mira al horizonte.
Es oficial, soy un tomate. Nunca lo había pensado de esa manera…
— ¿Cómo se llama? — pregunta mamá.
Estoy acabada.
— ¡Sandra! — mamá interviene— deja que se conozcan primero, después tráela a la casa— sonríe— le daré unas buenas advertencias— entrecierra los ojos.
—No me arruines la cita— bromeo. Iuuf, mamá te amo.
—Estamos en invierno ¿Qué tal patinar?
—No lo sé, no quiero hacer el ridículo.
—Yo creo que si no se conocen— mamá Sandra me mira de reojo— te vayas por la vieja escuela. Salgan a caminar, y luego a un café; será ideal para el frio y la conocerás mejor.
— ¡Eso! — celebra mamá. — ¿Quieres una cita conmigo? — la mira con los ojos brillantes. Nos reímos.
—Ya caí— bromea. —Pero lo tendré en mente.
Pensándolo bien, no estaría mal hablar con Chloe, no sé si la conozca tanto. Me recuerda un poco a Tina cuando me decía que la conociera más que el resto. Aunque creo que me defiendo bien si se trata de ella.
—Haré eso— sonrío.
Chloe.
—Adiós no me esperen voy de salida— camino rápido ¡llegaré tarde!
—Quieta tu ahí— me quedo congelada con una pierna en el aire. Mamá Ale se adelanta. —Tú no te mandas sola.
—Soy mayor de edad.
—Vives bajo mi techo y soy tu madre.
—Argh, no empieces.
— ¿A dónde vas?
—De salida.
— ¿A dónde? — entrecierra los ojos.
—No sé. —En serio no sé.
— ¿Con quién?
—Con… alguien.
—Chloe…
— ¿Siiii? — modo ‘’cara de gato con botas’’.
— ¿Qué te he dicho de las citas a ciegas?
— ¡No es una cita a ciegas! — me indigno. — Es una amiga de confianza. Amigo— aclaro.
— ¿Amiga o amigo?
—Amigao…
—Hmmm
—Sólo dame permiso— gruño.
—Tengo un mal presentimiento sobre esto— Ay mamá supieras.
—Iré a lugares públicos, volveré temprano, etc. Etc.
—Bien. — Toca su frente, según ella esa arruga es mi culpa. — Cualquier cosa me llamas.
—Sí. —Me giro.
— ¡Oye!
— ¿Sí?
—Mi beso. —hace un puchero. Rio, beso su mejilla y corro al autobús.
Llego pasados 10 minutos.
— ¡Lo siento! — camino rápido— fue mamá ¡Lo juro! —Sam se encuentra apoyada en la pared de una tienda. ¿Ha crecido o qué diablos?
—Sólo fueron 10 minutos. — sonríe.
—Si, pero como sea— me balanceo sobre mis pies incómoda— no me gusta ser impuntual. Cuando no son clases…
— ¿Siempre llegas tarde?
—A veces— miro mis uñas.
— ¿Y cómo es que te eligieron presidenta?
— ¿Qué tiene que ver?
—Deberías ser el ejemplo, los nuestros son los más pulcros— levanta una ceja.
—Oh, pero en nuestra facultad eso no es lo más importante. — Y le cuento sobre nuestros debates y cómo fue que salí yo.
— ¡Entonces le dije que en mi facultad no habría tolerancia con la intolerancia! —Termino contándole mi discusión con un estúpido. — aplaudieron bastantes. Así fue como gané también voto femenino— asiento. —Luego un compañero tuvo un problema con un profesor y como no le dieron solución, llamé al cese de actividades. ¡Fue genial! luego nos tomamos la facultad y llegó la policía…
—Qué miedo ¿y que dijeron tía Ale y tía Kate?
—Mamá Ale se asustó, mamá Kate dijo que, como líder, no debía abandonar a mi compañero y que con eso los profes idiotas sabrían que con nosotros no se juega— flexiono mis brazos con rudeza.
Sam
— ¡Woooh! — me sorprendo, elevo las cejas — eso no me lo esperaba— ¡Tía Kate revolucionaria!
—Sii, mamá es cool — ríe. —Y eso también nos unió como facultad, antes sólo era por carrera, ahora se eligen los representantes humanistas por voto popular.
—Y saliste tú— la miro.
—Si—Asiente.
— ¿Y porque estudias psicología? ¿Tiene que ver con tu tía? —siempre me dio curiosidad que una loca sea psicóloga.
Aunque ya no la estoy encontrando tan loca…
—Oh, joven Sam— me da un pinchazo— tiene y no tiene que ver. Sentémonos.
Me acabo de dar cuenta que estamos frente a una banca. Me siento a su lado.
—Bien… todo comenzó, cuando fui a ver a tía Gabi al trabajo, era mi cumpleaños número 13 y le pregunté que ‘’qué rayos hacía’’ y simplemente dijo… ‘’escuchar a la gente’’. Claro después me di cuenta de que era más que eso— arruga la nariz. —Digamos que hicimos algo casi ilegal y la escuché trabajar. —Sonríe— me di cuenta lo que de verdad quiso decir con escuchar… no sé por qué diablos no hace clases— frunce el ceño.
Me sorprendo mirando cada una de sus expresiones.
— ¿Qué pasaba con el paciente? — pregunto curiosa. Me mira con seriedad, en sus ojos no hay rastro de la habitual picardía.
—Había perdido un hijo. —Mira alrededor. —Era mi tía.
—Que horrible. — susurro.
—Si bueno… digamos que ese día me regaló mi vocación. —Me mira coqueta— y ropa.
Sonrío.
—Te pareces a ella.
—Me lo han dicho. Aunque no es mi culpa.
—Claro que no— río.
—Tía Gabi dice que fue castigo divino porque mamá no la aguantaba.
—Yo no creo que seas un castigo. —Respondo.
La cara que pone es un poema, me mira sorprendida.
— ¿Enserio crees eso?
—Enserio— mi voz sale ronca— creo que le das alegría a tus madres y hermano. —Cuantas veces no habré visto a tía Ale o a tía Kate reírse a regañadientes por cada cosa que hacía o decía. Aunque a mí me desesperaba, tengo que admitir lo graciosa que era para el resto.
—Que linda Sam… gracias— me empuja coquetamente con el hombro.
—De nada. —No pensé que le importara tanto… — ¿Por qué? —tenía que preguntar.
—A veces me sentía fuera de lugar— hace un puchero. —En casa todos se parecen.
—Pero tú eres la melliza malcriada— le doy otro empujoncito, mamá le dice así.
—Si— ríe.
Continuamos hablando, independiente de todo lo que pensaba de ella, tiene una personalidad bastante fuerte, una opinión firme en todo lo que cree y me sorprende la conciencia social que puede alcanzar. Es capaz de decirte algo directo y no hacerte sentir mal, sientes que quiere ayudarte, y también veo que, es capaz de hacerse notar sin esforzarme mucho.
Cuando se está poniendo muy fresco me pongo de pie y la invito a tomar algo, nos viene perfecto el café que mamá sugirió, se lo agradeceré más tarde.
—Oh my god…— escucho la voz babosa de Chloe inclinada en una vitrina de pasteles y tortas.
—Pero que …— rio.
—Déjame— pone una expresión infantil. Hace menos de 10 minutos era toda una joven adulta de 20 y ahora una pequeña de 10.
Nos sentamos y conversamos cosas más livianas. Reímos y luego de comer abandonamos el local, es de noche.
—No me di cuenta de que oscureció tanto— guardo mi celular. —Son recién las diez.
—Es invierno Sam— acaricia su estómago —tendré que bajar esto con cardio.
Me da un ataque de risa.
—Oye— me golpea.
Demonios, ¿¡acaso no lo ve!?
—Lo siento— respiro profundo. —Cardio— rio.
—Te ignoro— se enoja.
—Vamos, iré a dejarte.
—Te sigo ignorando— bromea.
Tomamos el autobús, por suerte no es rencorosa y me sigue hablando.
—Bueno ya que bajamos… — me mira de reojo. —Te ignoraré.
— ¿Pero si…?
—Es que era para amenizar el viaje.
— ¿Que me quisiste decir mocosa?
— ¡Mph! — camina hacia su casa.
—Hey, oye… —Ríe bajito. Camino detrás de ella y la abrazo de la espalda. Caminamos.
—No conseguirás nada.
—No estoy buscando algo.
— ¿Ah no?
—Bueno sí, pero ya lo logré. No me puedes ignorar. —Me separo y abre su portón. Al parecer su perro está dentro de la casa.
La miro expectante cuando camina hacia su casa hasta que escucho.
—Sería correcto que me acompañes hasta la puerta. — La sigo sonriente.
—No creo que te pase algo.
—No era por eso.
— ¿Y para qué? —se gira coqueta y me abraza del cuello.
—Oooh— canturreo bajito abrazándola de la cintura, siento cositas raras en el estómago. Me inclino y beso su mejilla.
—No hagas eso— me reprende cuando junto nuestras frentes, acerca su boca.
—Bésame— susurra estirando un poco la boca. Me inclino y nos damos un suave besito, luego otro más profundo. Cuando nos separamos, nos miramos bajo la luz de la entrada.
—Fue divertido— sonríe.
—Si… — no me pierdo detalle.
La puerta se abre. Por suerte estamos separadas… lo había olvidado.
— ¿Sam? — tía Kate frunce el ceño, junta los brazos bajo un chal.
—Eh si… la vi cerca y pensé que debía cuidarla. — Chloe me mira de reojo aguantando una risita. —Así que ahora lo hice y ahora me voy — me despido con la mano y arranco de ahí.
Tomo el autobús. Llego a casa, le doy un par de besos a mamá, ignoro las burlas de la otra y me recuesto en mi cama mirando el techo.
Chloe me produce algo que antes no había experimentado… admiración. Suspiro mirando el techo.
Jueves
Salgo de clases y espero a Tina, que llega 15 minutos tarde. Ayer no pudimos vernos, este último mes han sido especialmente duros en clases, no sé cómo lo complementa con las clases que le da su familia.
—Tarde Edwards— me enojo.
—Fue el profe— hace un puchero. —Ah, pero a Chloe no le haces problemas con la hora.
—No sé de qué estás hablando— camino a su lado.
—Se lo que pasó, somos amigas sabes.
—Traidora.
—Oye, soy tu best friend forever— pone cara de niña fresa. Reímos. — ¿Cómo estuvo?
—Genial. La verdad es que lo pasé muy bien. Espero que Chloe igual
—Ahh… no sabes lo que me dijo— me mira creída.
— ¿Qué cosa? — pregunto curiosa.
—Ah ah… — bromea.
—Oh vamos, sólo dilo.
—No fue nada —ríe empujándome— Sólo me contó un poco.
—Como quieras— repongo dolida— ¿Dónde vamos? — ¡Es tarde de amigas!
— ¿Y si cocinamos algo en casa? Tengo entendido que ahora eres toda una chef.
—Lo sé— hincho el pecho.
— ¿Chloe te enseñó?
—Si, una vez hicimos Brownies.
—Ay, ¡pero si son todas unas novias! — bromea.
—Cierra el pico, me ayudaba a… — que incómodo recordarlo…
—Por algo pasan las cosas. — Dice seria, un enorme auto se detiene frente a nosotras. — ¿Vamos?
—Eh… sí. ¿Cuándo lo pediste?
—Antes de salir.
—Ahm. —Normalmente nos vamos en taxi o autobús…
—Mamá— responde adivinando. Entramos —la semana pasada me detuvo una especie de entrevistador, quería saber cosas… de mi vida.
— ¿Por qué no me contaste?
—No quise darle importancia, además a mamá le está yendo bien, no tiene piedad en los negocios según dicen— apoya su codo en la ventana. —… como sea, cuando le conté explotó en cólera.
¿Y cuándo no?
—No la culpo— murmuro.
—A diferencia de los hijos de otras familias que gozan de la atención, ella prefiere que viva mi vida en paz hasta que sea tiempo… y sinceramente estoy de acuerdo. —Bosteza.
— ¿Y que hizo después?
—Amenazó a todo el canal, amenazó al banco por dar información, amenazó al entrevistador— ríe. —Se volvió loca. Cuando se enoja de verdad, ni mamá puede detenerla.
— ¿Enserio amenazó un banco? — me sorprendo.
—Tengo entendido que una vez retiró fondos del banco de una ex familia amiga. Casi quebraron.
—Debe ser muy rica— abro los ojos a tope. Nunca me he dado el tiempo de informarme cuanto poder tiene tía Christine— yo sólo la veo ahí, tomándole el pelo a Tía Noelle.
—Es que ese es su pasatiempo favorito— reímos bajito.
—Para la próxima solo llama— golpeo mi palma.
—Enserio no fue pesado— se estira. —Mamá es más pesada vigilándome. A veces se pasa…
—Es que eres su bebé.
—Oye, soy ruda. — me golpea. Tina quizá sea algo ruda para vestirse y actuar, pero tiene una especie de ‘’aura tierna’’ que hace que no te asuste (a menos que se enoje).
Al llegar al departamento vemos todo ordenado y vacío. Se escucha un ruidito y su cerdita sale de unos cojines hasta Tina.
— ¡Mi bebé! — se inclina palmeando su pancita, el animal hace ruiditos. ¡Que regalona la tiene!
— ¿Todavía la estás engordando? —Bromeo. Me inclino y toco su lomo, se siente raro.
—No la hagas sentir mal— la carga apenas— en unos meses ya no podré con ella. ¡Y pensar que serías enorme! — dice con tono infantil.
— ¿Qué le ves?
— ¿Bromeas? Es querible, un día me salvó de quedarme dormida. — Dice feliz. —Aunque creo que tenía hambre.
Rio. La puerta se abre.
— ¿Qué hay? Vengo y me voy— Tía Christine nos saluda rápido y sube al segundo piso. Tina va a la cocina y la vemos bajar con unos papeles.
— ¿Y cómo está tu novia? — me toma el pelo poniéndose un lápiz en la boca.
—No tengo— gruño.
—Supe que Gabriela las descubrió, ¿hasta cuándo? — ríe. —Avísame cuando le digas a Fernanda, necesito ver eso.
— ¡Mamá! — la reprende Tina.
— ¡¿Qué?! — se hace la víctima. —Me necesitarás cuando Alejandra trate de golpearte.
—Ella no haría eso— digo asustada. — ¿Oh sí?
Tina me mira insegura. Tía Christine se ríe toma sus hojas y se va.
—Esa mujer— bromea Tina. —Única en su clase.
—Si… — murmuro.
—Ay tranqui Sam, tía Ale te adora. — Sonríe.
— ¿Y qué harías si fueses ella? —Frunce el ceño, pensativa. En eso me agarra del cuello y me empuja hacia la pared.
— ¡Tina! — Digo asustada.
— ¡Tú! — gruñe— ¡te di todo mi amor y ahora te estás tirando a mi bebé!
— ¡No! —ruego. Me suelta.
—Algo como eso. —Estira sus dedos— ahora ¿comemos?
Chloe
Madrugada del viernes.
— ¡Mmhg! Te pasaste— gimoteo, jadeo y cierro los ojos. —Debiste empezar con menos.
—Te acostumbrarás— susurra Sam en mi oído. Juguetea besando y chupando mi cuello. —Puedes gemir, estamos solas.
—Si — susurro sonriente, comienza a moverse. Aprieto los ojos y me relajo en un rato.
— ¿Ves? — sonríe. Me mira unos segundos y me besa.
—No pares. —Que ni se atreva.
—No— escucho su voz cargada de excitación, empieza a moverse más rápido, entre ruidosos gemidos siento como me lubrico.
SUENA EL CELULAR.
— ¡Aaagrh! — me enojo. — ¡Estaba tan rico! —me paro indignada y comienzo a vestirme, si mi celular no fuera mi bebé lo arrojo por la ventana.
Voy al living, mamá Kate está con cara de sueño sentada en la mesa.
—Buenos días ¿dormiste mal? — bebe de su café. Sonríe perezosa.
—Buenos días nenas— bromeo — Nah, dormí bien. —Excelente diría yo— Es que no quería despertar.
—Si… necesito dormir— bosteza. Mamá Ale ríe.
—Es viernes ¡Ánimo! —dice.
—Trabajamos el sábado…
—Ups— sonríe. —Pero es hasta el mediodía amor. —Echa unos huevos a freír.
— ¡MOMENTO! — grito.
Mamá despierta
— ¡¿Qué diablos pasó?!
— ¡¿Dónde está mi hermano?! — gimoteo.
—Maldita sea Chloe— gruñe mamá— acostado, ¿Dónde más?
—El muy… —me pongo de pie— permiso.
Voy a su cuarto y abro la puerta. Sólo se siente su olor y un bulto en la cama. Me preparo, este será un clavado mortal.
— ¡¡Fuera bombaaa!! — corro y salto sobre él.
— ¡AAAH! ¡Chloeee! — grita.
—Jeje ¡buenos días hermanito! — lo abrazo y siento que me raspa la mejilla.
— ¿Por qué eres tan hiperquinética? — llora.
— ¿Por qué el cielo es azul? ¿por qué amamos? ¿por qué del por qué? — pregunto con sabiduría.
— ¿Qué diablos dijiste?
—No sé. — Ríe, hace una flexión de brazos elevándome. — ¡Wiii!
—Oye— me pongo de pie a su lado. —Te vistes, te lavas esa cara, desayunas, te afeitas y vas a la universidad ¿entendiste?
—Siempre voy— frunce el ceño.
— ¡Y por Dios pon a lavar tus calzoncillos! —En realidad no tiene ninguno en el piso, pero quiero molestar.
—Si mamá… — Asiento y me largo a la mesa mientras se viste.
—Asunto arreglado. — Me siento dignamente.
—Pobrecito— suspira mamá Ale sirviendo. Mamá Kate que está abrazada a su taza de café ríe con los ojos cerrados.
—Estás hecha un desastre — opino.
—Gracias.
Ale llega en poco tiempo, alimenta a Óscar y desayunamos como la familia de 5 que somos. Voy a clases, me repienso el sueño en la primera hora, a eso de las 10 sonrío con maldad, ¡la lujuria se apodera de mí! mientras el profesor habla le escribo a Sam.
‘’Hola Sam’’
Sam.
Dormitando en clases siento que mi celular vibra, cubro mi boca, bostezo y veo el nombre de Chloe, que inusual a esta hora.
‘’Hola Sam’’
‘’Hola, ¿Cómo estás? ‘’
‘’Con ganas de verte y tú? ‘’ leo. Sonrío suavemente un poco avergonzada.
‘’Bien, también me gustaría verte’’ me ruborizo. ‘’ ¿Qué cuentas?’’
‘’Clases… aburrida, pensando en ti, … ¿quieres que nos veamos?’’
Que directa… trago saliva.
‘’Te necesito’’ agrega.
¡¿Qué diablos le pasa?! Esto ya es sospechoso, aunque me hace feliz, no voy a mentirme.
‘’Está bien, ¿Dónde me necesitas?’’ ‘’ ¿A qué hora? ‘’
‘’Dentro y ahora.’’ Abro los ojos de golpe sintiendo un calor de los pies a la cabeza. Se me acaba de quitar el sueño ‘’Ah no espera, ¿preguntabas el lugar geográfico?’’ Suelto una risita aguda, me quedan mirando algunos, carraspeo con seriedad.
‘’Nah, ese lugar también está bien’’ sonrío jugando su juego.
‘’ ¿Te gusta? ‘’
Maldita sea ¡me gustaría ser tan directa como Chloe! Tamborileo los dedos en la mesa. Estoy roja. Recuerdo la conversación de ayer ¡Si Tía Ale supiera como me tortura su hija! Babeo.
‘’Me encanta’’ me rio bajito escribiendo. ‘’ ¿Cuándo nos vemos?’’ Ni que fuera imbécil.
‘’ ¿Qué tal ahora?’’
‘’Pero estamos en clases’’
‘’ ¿Y? es temprano, los baños están limpios y vacíos ¿Nunca has hecho una locura? ‘’
‘’ No… ‘’ que aburrida soy… ‘’Hagámoslo’’ escribo.
‘’Voy para allá’’ ¡¿Qué?! ¡¿Eso es todo?! Miro hacia el frente con no sé qué cara, pero el Dr. Me mira un milisegundo más. Chloe me escribe que está en el baño del primer piso. Con el corazón a mil me pongo de pie tratando de ser la pobre alumna que no se aguanta las ganas. Salgo y entro al baño. Camino por los pasillos.
No veo a Chloe, frunzo el ceño.
—Chloe… — digo bajito. En eso una puerta se abre y me arrastra a dentro de un cubículo. Antes de que diga algo me besa, me dejo llevar acercándola más a mí. ¡Está chica sabe cómo provocar! Lloriqueo
…