Capítulo 1 de El rescate de una reina, de AmyLeah23
Una aventura que nos deja patas arriba
"Nunca debió ir con su amiga a ese bosque", fue lo que pensó Hope cuando el suelo comenzó a partirse en dos.
Mientras sus amigas salían disparadas hacia otro lado y ella se quedaba paralizada en el lugar. Lo único que pudo pensar fue: "¿Por qué me pasa esto a mí?"
Para responder eso, hay que viajar una semana al pasado e introducir paso a paso cómo llegaron a este punto:
Hope estaba un día de agosto abanicándose la cara en la acera.
A pesar de ser los últimos días del verano, el sol golpeaba con sus rayos a todo el pueblo y Hope sentía que iba a desmayarse si el otoño no llegaba pronto.
— Ay, qué horror — se tapó los rizos con la mano. — Voy rápido por los ingredientes para hacerle una fiesta sorpresa a mamá.
Tomó unos pequeños atajos para entrar a la tienda del pueblo.
Del bolsillo de su overol, sacó un papelito enrollado y se puso a buscar lo necesario.
Ella quería preparar un estofado de pollo y una tarta de fresa para el gran día.
Para festejarle su cumpleaños entre ella, su mamá, sus amigas y los amigos de sus mamás
Mientras buscaba, recordaba cómo se conocieron ambas:
Ella no nació de Rosamund Farrow; ni de manera natural ni por otros métodos. Ellas se conocieron porque hubo una gran coincidencia: ella estaba de vacaciones en las playas de California cuando decidió si tal vez era una buena idea adoptar a una niña.
Y fue una gran casualidad que, entre todos los orfanatos y entre todos los huérfanos, el destino la guiara hacia Hope.
Hope era una niña bastante especial.
¿Por qué?
El motivo es que ella no tenía registros: acta de nacimiento, registro de alguna escuela, registro de vacunas... Todo lo que debería tener una niña de su edad.
Ella quería una familia y Hope, también.
Y como esta vez el sistema no le ponía trabas para adoptar más que las visitas supervisadas.
Literalmente, la señora le inventó una nueva identidad que le daría a la niña que se llevaría a Wrightwood, un pueblo montañoso en California.
Una maravilla entre centro vacacional y residencial en donde ninguno invade de manera hostigante el espacio del otro.
Aquí había vivido desde el verano del año pasado y todo había sido pacífico.
—Tenga, señor Carrow— dijo ella, empujando un poco su bolsa con la compra.
— Hola, Hope. Es bueno ver a mi cliente favorita.
Ella asintió mientras contaba los billetes para pagar.
— Será un placer ir a tu fiesta, ya sabes que . . . bueno. . . a mí me cae bien tu mamá y tú eres amiga de mi hija. Jajaja.
Hope entrecerró los ojos.
— Ya. . . Pues lo espero ahí.
Le dio el dinero y justo cuando se iba. El señor le detiene. . .
— ¿No se te olvida algo? —y le enseña unas monedas
— Ahhhh, el vuelto.
Agarró las monedas con pena.
— Y déle estos brazaletes, un regalo de mi parte.
Agarró el obsequio y se fue de la tienda para caminar a su casa.
Su casa estaba doblando la esquina. A una calle más abajo.
Vio los brazaletes, unos de plata que tenían grabado "R.F" en un corazón.
— Wow, el señor quiere algo con mi mamá—. dijo, mirando aún los brazaletes — ¿Y si me aprovecho para pedirle fiado unos chocolates?
Ella sola cocina las comidas que planeaba preparar.
Una hora después, llegaron a la casa sus dos amigas: Natalia Sánchez y Zoe Carrow.
Su trabajo fue ayudarle a decorar la casa con globos y serpentinas.
Poco a poco empezaron a llegar los demás.
Su madre no era de tener muchos amigos, pero era querida por las personas que vivían en el pueblo.
Al ser la maestra de la única escuela primaria del lugar y en verano, daba clases en los espacios comunitarios de aprendizaje. Enseñando a tejer.
Todos se escondieron y apagaron las luces.
Y no se movieron de su lugar hasta que oyeron girar la llave de la casa.
En ese instante, todos saltaron y gritaron: ¡Sorpresa!
A la señora se le llenaron los ojos de lágrimas y corrió a abrazarla.
La fiesta estuvo entretenida, a pesar de que no le dejaban hacer ruido de noche.
Los platos llenaron rápido la encimera.
El suelo vibraba por la gente que salia a bailar y las lucecitas de disco que nadie sabía quién trajo iluminaban todo el salón.
Todos los adultos y adolescentes conversaban, mientras que Hope estaba sentada en el suelo comiendo pastel con sus amigas.
Todo iba normal: hablando de juegos web, programas e intercambiando chistes.
Hasta que a Natalia se le ocurrió la peor idea que se le pudo ocurrir:
— ¿Qué les parece si nos adentramos al bosque?
Zoe no prestaba atención. Concentrada en pintarse las uñas.
Hope estaba mirando a Natalia como si se le hubiera salido un tercer ojo.
Agarro a Natalia y a Zoe para pasar a su cuarto y cerró con llave.
— ¿Tú estás loca, Natalia? —susurró Hope. — En ese bosque pasan cosas malas.
— Sí, y además a mí no me interesa mucho eso de adentrarme a la naturaleza — respondió Zoe—. Tú sabes que yo no me despego de mi celular y no creo que haya internet en el bosque.
— Ay, por favor, ¿dónde queda su espíritu aventurero?
Hope se encogió de hombros.
No había persona con más mala suerte en el pueblo que ella. Todos los días era como si viviera en Destino Final:
Se le cayó una maceta en la cabeza, la persiguieron los perros, se le derramó café en la pierna, se atragantó con una espina de pescado y todo eso… Le había pasado en esa semana.
Ahora imagina estar en un lugar donde el hospital más cercano estaría a 2 horas de ahí y no habría señal para llamar a emergencias.
No, gracias.
Justo cuando se iban a volver a negar, vieron cómo Natalia se arrodilló y comenzó a suplicar.
— Plis. . . Se está acabando el verano y necesitamos un recuerdo juntas antes de que nos separemos inevitablemente.
Zoe rodó los ojos.
— Ash, no sea dramatica, Naty. Vamos a ir a la misma escuela en otoño.
— Pero es que tendremos diferentes clases, horarios y amigos. Y con el viaje que tendremos que hacer todos los días para llegar a la escuela media del otro pueblo. ¡Ya no nos quedará tiempo para nuestra amistad!
Zoe y Hope se miraron entre sí y luego a la lloradera que hacía su amiga.
Como si no existiera Facebook.
Como si no existieran los descansos y tomar el mismo bus a sus casas.
Pero decidieron, en ese intercambio de miradas, que le darían por su lado.
¿Qué es lo peor que podría pasar?
Pero Hope no le quitó el ojo al asunto.
Los rumores dicen que el bosque era peligroso.
Que era el hogar de lobos llegados del norte.
Los cazadores aseguran que los han visto caminar sobre dos patas.
Y un hombre que le gustaba pasear por ahí asegura que vio cómo un lobo de más de dos metros de altura se tragaba un cadáver humano.
Nadie en el pueblo está preocupado.
Piensan que solo son cuentos de terror. Que hay lobos, pero no de ese tamaño y mucho menos que se coman a la gente.
Que estarían a salvo mientras no salieran de los límites de la zona de acampado.
Entre esos incrédulos estaba la señora Rosemund, que le dejó marchar con sus amigas.
"Será una actividad sana para ti", decía mientras guardaba sus cosas unos días antes.
Pero Hope no podía dormir.
Rodaba por su cama cada, noche. Imaginando el peor escenario.
Siempre veía el peor escenario.
Porque la vida la odiaba.
Por algo fue huérfana.
Por algo casi la mata la peor tormenta del siglo.
Por algo su madre decidió que no valía la pena siquiera ponerle nombre.
Por algo ninguno de sus padres dio señales de vida y decidieron enviarla a un orfanato.
— Pero ese no es mi problema . Eso es culpa de mis padres por no valorarme — dijo en su reflexión semanal en su cama—. Porque los adultos conciben hijos hasta por accidente y luego los usan como su pelota antiestrés. Incluso los ebrios y los fumones tienen hijos. Así que voy a poner la vara así de baja para que no tengan esperanzas.
Y también en esa reflexión nocturna, decidió que debía armarse con algo.
Así que se fue con el viejo panadero, que muchos dicen que de chico tenía una afición por la caza furtiva, pero que dejó de practicar porque casi le arrancan la pierna.
Le contó su caso al panadero, porque le habían pedido comprar el pan.
El olor del pan no calmaba su ansiedad.
Y el señor seguía haciendo su masa mientras la escuchaba. A veces dejando escapar un pequeño: "ajá".
— Lo que describes suena similar a un hombre lobo.
Hope sentía que su cuerpo se sacudía violentamente.
— ¿Hombre lobo?
— Los descendientes de Licaón— escupió el hombre—. Una plaga que mata todo a su paso.
— ¿Y usted cree que. . . ?
— No, ya paso la luna llena. Pero yo me cuidaría: algunos pueden seguir siendo peligrosos y si están en el pueblo, bueno; tendré que hacer balas de plata para. . .
Un golpe seco sonó mientras el panadero gritaba de dolor.
— ¡Otra vez asustando a los niños! — gritó una mujer bajita pero con los brazos fuertes.
— Perdón, amor. La niña vino para consultarme.
— Esos chismes me tienen podrida. No dejan vivir tranquila a una.
Ella se volteó y agregó amablemente unas hogazas gratis.
— Aquí tienes, primor. Y no le hagas caso a las locuras que dice mi marido.
Ella se retiró rápido con temor de que le cayera el mazo en la cabeza por andar de preguntona.
La verdad es que ya no se podía retractar, pero por si las moscas; ella se agarró el crucifijo de plata que heredó su mamá de la abuela Petunia.
— Ahorita se lo devuelvo, es para una buena causa. — le dijo al retrato de la señora con una sonrisita tímida,
Se montó en el auto del señor Carrow y las condujo hacia la zona de los campamentos.
Ustedes pensarían que la tragedia tiene que ver con los supuestos hombres lobo, que son la causa principal del problema.
Y lo son, en buena parte, pero también lo es otro elemento que se introduciría aquella noche en el bosque:
Cuando sus padres las dejaron, ellas se fueron a sus anchas.
En realidad, solo Natalia hizo algo de senderismo.
Hope se aseguró de cocinar y recoger algunas semillas para sembrar en el jardín comunitario.
Zoe acomodó la carpa y la decoró para la comodidad de todas y luego se echó ahí durante todo el día. Solo saliendo para beber, platicar y comer.
Todo parecía normal.
Hasta que un ruido sonó en lo profundo del bosque.
Los lobos no dejaban de aullar.
No fue un minúsculo aullido que se acabó en unos segundos.
Era un coro de lobos que aullaban al unísono.
Uno que no parecía tener fin, ya que ya habían pasado media hora con tanto aullido.
Hope se puso una almohada en la cabeza y ya está.
Pero Zoe parecía estar perdiendo la cordura con cada minuto que pasaba.
— ¡Ya no lo estoy soportando! ¡No puedo creer que me esté perdiendo mi serie favorita por ir a escuchar a unos mugrosos perros cantar!
— La naturaleza así es— Natalia abrazó a Zoe. — Solo déjate llevar por ella.
Hope solo alcanzó a oír el grito de Zoe y el sonido de la cremallera de la puerta abriéndose.
Asomando un poco de luz de la luna.
— ¡Silencio! ¡Quiero dormir!
Y la cerró de golpe.
Los sonidos se apagaron.
Por unos instantes, solo se podía oír la agitada respiración de Zoe.
Y luego sintió como alguien le arranchaba la almohada de la cabeza.
— Tengo una idea interesante para hacer antes de irnos a dormir.
Hope, bostezó un poco.
— ¿Que quieres hacer?
Ya estaba a punto de cerrar los ojos y no participar en nada
Pero, de la nada oyó un libro cayendo cerca de ella.
El polvo la hizo toser y levantarse de su cama improvisada.
— Es un libro que me heredó mi abuela de Nueva Orleans — dijo Zoe, sonando casi prusimida—. Ella me lo dio en el último Mardi Gras que fuimos a visitarla, pero nunca vi razón para usarlo hasta ahora.
— Wow, es como un libro súper antiguo —dijo Natalia, pasándole un dedo—. ¿Es de vudú?
Hope le dio un zape a Natalia en la cabeza.
— Naty. Que una persona sea de Nueva Orleans, no la hace automáticamente practicante del vudú.
— Pues de hecho, mi abuela lo era. Mi papá nunca creyó en esto, pero yo sí quiero hacer algo de este libro.
— ¿Qué cosa? — preguntaron Hope y Natalia, acercándose a Zoe un poco.
— Invocar a un loa o un espíritu vudú
La única asustada esa tienda fue Hope.
Natalia estaba aplaudiendo de felicidad, como si fuera la idea más asombrosa del mundo.
— Sabes lo que haces, ¿verdad? — preguntó Hope con una sonrisa temblorosa.
Zoe se encogió de hombros.
Lo cual no ayudó al nerviosismo de Hope.
— Estaremos bien. Mi abuela solo invocaba a los loas de la familia Rada. O sea que todo tranqui.
— ¿Al menos sabes hacerlo bien?
Entonces vio un gusano salir del libro.
— Bueno, los gusanos de libro se comieron un buen cacho de libro, pero sé si mezclo con otras doctrinas de diferentes religiones que vi en internet, tal vez logre invocar a uno.
Hope igual las acompañó ya que a ella le daba miedo quedarse solita en la tienda.
Caminaron unos metros de la tienda hacia una zona donde la luna era tapada para iniciar el ritual.
Nadie sabía qué estaba haciendo: al inicio estaban como dibujando el vevé o símbolo de lo que querían invocar. Desde donde ella estaba, no se notaba la forma que tenía ni sabía cómo describirlo.
Luego, le hizo poner un tazón con las sobras del almuerzo y unas flores que cosechó por ahí. También trajo una granada que colocó como pieza principal.
Luego, sacando inspiración de la cultura griega. Su amiga le pasó un gong a Natalie y les entregó a las tres el equivalente a una cerveza de menta sin alcohol.
La experiencia era surrealista. No había otra manera de describirlo.
El gong le daba migraña, bailar descalza le hacía doler los pies y quería ir para quitarse el mal sabor de boca.
Pero sus amigas, estaban pasándola de lo lindo.
—¿Por qué me pasa esto a mí? — se preguntaba mientras el ritual seguía su rumbo.
No pasó nada.
Bueno… sí los escuchó algo, pero no fue lo que esperaban.
Mientras todo estaba en su punto más alto del ritual, sus amigas ya estaban casi bailando con más fuerza y dando fuertes gritos que se escuchaban por todo el lugar.
Hope fijó la mirada en otro lado.
Tuvo que frotarse los ojos ante lo que veía: cientos de pares de ojos brillantes la miraban desde el bosque.
¡¡AHHHH!!
— ¡¡ESO HOPE!! ¡HAY QUE LLAMAR A LOS ESPÍRITUS! —exclamó Natalia.
— ¡¡LOS HOMBRES LOBOS!! ¡¡LOS HOMBRES LOBOS!!
— ¡¡Ya te dijimos, Hope!! ¡¡Eso solo son cuentos del viejo...!!
AUUUUUU
Sus amigas por fin se detuvieron y voltearon su mirada hacia donde Hope estaba mirando.
Los lobos dejaron de esconderse.
Todos se volvieron un ejército uniforme de lobos avanzando a gran velocidad.
La mayoría eran lobos normales de color negro.
Pero había como 5 lobos que eran lo que decían las leyendas: Bestias de más de dos metros, robustas, con colmillos grandes y una mirada demasiado humana. Se relamían mientras venían hacia ellas.
Hope se paró frente a sus amigas y les gritó:
— ¡¡CORRAN!! ¡¡Y NO MIREN A...!!
Un terremoto sacudió la tierra con tanta violencia que derribó a todo el ejército lobuno.
Hope levantó la cabeza para agradecerle a cualquier dios posible cuando vio cómo la luna y las estrellas eran engullidas.
La que se las tragaba era una nube oscura que dejó todo el valle en tinieblas.
— Esto no puede ser real —dijo, observando el espectáculo ante sus ojos.
Crack Crack.
Era lo único que se oía en cualquier lado.
Bajo sus pies, Hope sintió cómo empezaban a formarse grietas que iban aumentando de tamaño.
Y justo oía pasos corriendo en otra dirección.
Ahora Hope estaba al inicio.
Con el cuerpo paralizado por el miedo, mientras todo se rompía a su alrededor.
El suelo cedió.
Hope solo pudo suspirar.
Cerrar los ojos
Y hacerse bolita para prepararse para el aterrizaje...
Pero nunca ocurrió.
En cambio, sintió cómo se elevaba por los aires.
Fue tan violento que ni le dio tiempo de analizarlo mucho cuando frenó en seco. Haciéndola saltar involuntariamente.
Cayó boca arriba.
Y vio cómo ahora estaba más cerca del cielo que antes.
Tocó la estructura en donde estaba.
Se sentía suave y cómodo.
Oyó un fuerte pisotón allá abajo, pero no se atrevió a mirar.
Solo pudo oír cómo los lobos hacían ruiditos de perro regañado.
No abrió los ojos hasta que el ruido cesó.
Y cuando los abrió, había un rostro gigante mirándola detenidamente.
— "Oh por... los dioses. Esa vaina funcionó."
Lo peor es que no sabía qué habían invocado porque puede ser que haya invocado cualquier cosa solo por los rituales tan raros y mezclados.
— "Hace siglos que nadie hace los rituales antiguos a mi nombre" — dijo la entidad poniéndola frente a su cara— "Ni como los misterios de Eleusis cayeron en las manos de una niña pequeña."
Se paró de inmediato y se puso rígida.
Solo le podía ver el rostro, pero con eso era suficiente para entrarle miedo.
En serio... Ni le grito ni le miro feo.
Solo estaba ahí.
Esperando una respuesta.
Respuestas que no le podía dar, ya que ella no había descubierto nada: solo se metió donde no debía.
Pero decirle a quien sea que invocó que tomó a broma sus ritos solo porque pensaron que no iba a funcionar era una idea hasta suicida.
— Yo... pues .... yo. Alguien lo puso en un libro que pasó de mano en mano hasta que llegó a mí — dijo a su vez que miraba la forma de escapar. — Yo... solo estaba viendo si... unirme a su culto, pero como no los encontré. Jejeje.
Ek dios se quedó analizándola con esos ojos negros.
Hubiera preferido que le gritara.
Porque si le gritara, al menos sabría qué está pensando.
Pero era bueno que no estuviera enojado, pues de otra manera, no seguiría con vida.
El dios empezó a mover sus manos.
Hope se agarró con fuerza a uno de sus dedos.
Con sus propias manos, había formado una cúpula en donde no podía ver nada más que su cara.
— Yo te recuerdo— dijo fuerte y claro.
Hope se tapó los oídos e inclinó su cabeza.
— ¿A mí, señor?
¿Qué conocería un dios de una simple mortal?
A menos que quiera decirle cuándo iba a morir. O le vaya a convertir en animal.
Mientras miraba a la divinidad, Hope se preguntaba si sería de mala educación si le pidiera que la convirtiera en cisne negro.
Esas aves se ven tan elegantes.
— Eres mi hija. Lo puedo sentir.
Con delicadeza, la divinidad la hizo descender al suelo.
— ¿Me puede decir su nombre? — preguntó Hope.
— Uno pensaría que sabrías el nombre del dios al que invocas.
Hope recordó cómo su amiga mencionaba en sus cánticos un nombre muchas veces y lo usó.
— Eres Hades, dios de .... de... del Inframundo.
Entonces cayó en cuenta de lo que dijo el señor Hades.
Ella... hija de un dios.
Eso si es inesperado... y no lo entendía.
Toda la vida, viendo las historias de semidioses como Hércules, le dio la impresión de que los semidioses debían ser como tanques humanos: fuertes, poderosos, valientes, heroicos.
Y ella... tiene salud.
Probablemente era el semidios más patético que el dios había visto.
Y luego se deprimió aún más pensando: "Probablemente no cumplía la expectativa."
O peor: no había expectativa, ya que todos los héroes son hombres.
— Yo no me siento como un semidiós — dijo con sinceridad—. Ni creo ser tan fuerte como el promedio y no he hecho nada tan fascinante.
Hades alzo una ceja.
— Tu ascendencia es independiente de tus logros — dijo Hades, agachándose—. Apreciaría que no dejaras que tu baja percepción de ti mismo haga que te metas en alguna misión suicida.
— Igual, este es un pueblo pacífico.
Volteo a ver los cadáveres de lobos.
— O bueno, lo era.
Se acercó a los cadáveres...
Trato de tocarlos, pero estos se volvieron polvo, dejando pieles de lobo.
— Puedes agarrar uno.
Hope escogio la piel del lobo más enorme. Una para ella y uno para su mamá-
Era como un gran felpudo.
Perfecto para el invierno que se avecina.
Su mamá se moriría cuando se lo mostrara con todo y cabeza.
— Uno de mis hijos vendrá pronto. Para entrenarte.
— Okey... ¿Cómo lo reconoceré?
— Lo harás, es un chico un poco mayor que tú identico a mí
"Un chico con el pelo largo y piel palida como la de un muerto... Entendido"; pensó Hope mientras guardaba todo.
— Adios, señor Hades. Nos vemos en 70 años... Si tengo suerte.
Y camino hacia su campamento mientras las nubes se disipaban a la luz de la luna llena.
Tal parece que el viejo panadero se equivocó.