Capítulo 11 de Mi Pareja Perfecta I, de brity

Lo Inevitable

Mientras Kate mueve sus labios con ternura yo no puedo hacer otra cosa que seguirla ¿Dónde estamos? Se separa y me mira, sonríe y apunta mi cara de idiota pajera feliz.

—Ves.

—¿Qué? — pego un salto. Salgo de mi mundo de ''Azúcar, flores y muchos colores''

—Mierda tienes razón— dice Nicole mirándome sorprendida. — Está bien. Supongo que he perdido— se levanta de hombros.

¿Perdido? ¡Yo no soy un objeto sexual!

—¿Kate me das otro? — Susurro feliz, o sea ¡dio la cara por mí!

—No, sólo te pago uno de tus muchos favores.

—Ah, gracias. — Me acomodo un mechón de la cara. — No tenías que hacerlo.

—Lo sé, pero ya te estaba acosando. — Su rostro se endurece y se pone a leer. Sonrío y me siento al lado a leer un rato, echaba de menos esta tranquilidad.

Llegamos al otro día, nos hablan de un viaje de la compañía, nuestra sección le tocó vacaciones de invierno. No me hace ninguna gracia. Sí, díganme aburrida; pero soy más feliz acá, donde mi culo esta calentito.

Recogen los nombres y no me inscribo.

—Hey Kate, Ale ¿no irán? — dice Diego haciendo un puchero. Nos miramos sorprendidas.

''Hahaha tenemos tanto en común'' devolvimos a la pantalla como que aquí no ha pasado nada.

—Ocupada. — dice Kate.

—Es verdad, yo también. — Le digo con una mueca de disculpa.

—Supongo que tendrán cosas que hacer en pareja. — dice Nicole sin más. La miro con reproche.

—¿Qué? Es verdad.

—¿En pareja? — Dice Diego mirándonos— Ah. Ya lo capté ustedes son...

—Si genio— masculla Kate.

—Pero si ayer estaban discutiendo. — Dice Peter. —No entiendo a las mujeres.

—Tu no entiendes a nadie— bromea Margaret—está bien chicas, me imagino que querrán conocerse mejor.

Siento mi rostro arder, mi tragedia sólo es opacada con la cara de burla de Kate a Nicole.

—¡Qué raro! Yo no lo noté. — Dice Diego. Carolina me mira horrible y sigue en lo suyo, al menos me empuja a hablar.

—Somos profesionales Diego— digo acariciándome el cabello.

—Ahora entiendo porque se quedaban hasta tarde— Dice Margaret.

—¡Hey nada que ver! — me indigno.

—Ya, pero tranquila— bromea Diego.

—No molestes— digo cubriéndome el rostro.

—Era broma— se ríe el pesado.

Miro a Nicole horrible, no tenía por qué exponernos, ¡Agrh! Ahora con Kate somos la parejita oficial acá, en casa de sus padres, con sus amigas, con su ex. Etc. ¡¿Cuándo lo seremos realmente?! Me apoyo del codo y resoplo.

—Esto apesta— digo en el almuerzo al frente de Kate ignorando las miradas de nuestro grupito de trabajo. Bueno al menos no es un clan homofóbico, sólo un grupo de malditos molestosos.

Kate me mira— te molestan a ti, yo impongo respeto.

—¿Y qué impongo yo? — veo su mueca burlona.

—Contigo es fácil tratar.

—Nada que ver, soy una piedra fría, sin sentimientos ni corazón. — Bromeo. Kate suelta una risita.

—Eres exactamente lo opuesto a eso.

—¿Y te gusta? — deja de comer y me mira, y yo la miro inocente levantando una ceja... hacemos una mueca de sonrisa.

—¿Ustedes no se aburren enamoradas? —Miramos a Leo con cara de hastío.

—Hey, en seguridad tenemos turnos distintos así que sopórtenme. — Hace un puchero, me río.

—¿Y qué cuentas Ale? — dice el comiendo.

—Que en nuestro grupito de trabajo saben que somos novias. — Kate levanta una ceja. —De mentira. — Aclaro. — Pero ellos creen que es verdad, ya sabes...

—Joder creo que sólo ustedes saben que es de mentira.

—Si bueno, pero siento sus miradas Leo— pongo cara de ''veo gente muerta'' Kate se ríe disimuladamente.

—Se aburrirán. — Dice restándole importancia. — Se vienen las vacaciones de invierno. Bueno para el que las tome— me apunta— Tus suegros esperan que puedas quedarte esta vez un par de días.

—¿Qué? — digo sorprendida, veo a Kate que mira a Leo igual

—¿Cómo es que yo no sabía nada de esto? — dice.

—Porque no vas, no llamas y hay que obligarte a aparecer. — La apunta, Kate arruga la nariz. —Ahora no tienes razones para decir que te meten novio a la fuerza— dice él. — Además...— Kate entrecierra los ojos. — Si no te decía al frente de Ale inventarías algo para no ir.

—¿No crees que ha aguantado lo suficiente? —rodea lo ojos.

—Oh vamos sólo es un fin de semana, además somos simpáticos— dice él y me mira haciéndose el niño bueno. —La casa es grande y yo iré con mi amor.

—¿Y si va ella sola? — digo encogiéndome de hombros.

—Oh vamos, eso es sospechoso. ¿Qué dirá? Que fuiste a esa mierda en la nieve de la empresa ¿mientras ella se queda acá? ¡¿Qué pareja es esa?!— dice moviendo la mano con desprecio. —Además no irá, la conozco.

Miro a Kate, esta dudosa. Pero yo también tengo mi orgullo.

—No iré.

—¿Qué? — me mira Leo.

—Sólo iría si es Kate quien quiere llevarme, ella sabe que puede contar conmigo. — Le digo mirándola. —Me parece que es lo correcto.

—Nooo, que dices ¡No irá! — dice poniendo ambas manos en su cabeza.

—Bueno, esa es mi oferta— me levanto y dejo mi bandeja vacía.

Voy al baño de nuestro piso, me lavo los dientes y sigo trabajando.

—Leo dijo que no pretendía usarte. —Dice Kate al lado de mi escritorio.

—Yo nunca dije eso— la miro.

—Sí, pero eso parecía...

—No te preocupes— Kate resopla y me da esa miradita de siempre, cierra los ojos y se va a trabajar.

Luego del trabajo me quedo a terminar mi libro, me quedan cuarenta y cinco hojas más o menos. Finalizaría si no hubiera algo carcomiéndome en la cabeza.

—Kate— digo, ella baja su libro. — ¿Por qué no quieres ir? — Probablemente me mande al carajo, pero al menos solté mi duda y ya.

—Por nada, ideas mías.

—Ideas lo suficientemente fuertes que te permiten tomar decisiones como no ir a ver a tus padres. — le digo.

—¡¿Qué te importa?!

—Me importas.

—¡¿Por qué rayos te importo?! —exclama enojada. Le levanto una ceja como ''no es obvio''

Se levanta, deja su libro antes de irse, Kate es muy buena para evadir los problemas ahora que lo pienso, dejo el libro al lado y la abrazo por la espalda. En vez de luchar contra mí se queda quieta.

—¿Qué ocurre Kate? —susurro.

—No es nada.

—Vamos soy tu compañera de lectura— le digo jugueteando con mi mejilla.

—Es que...— suspira. —Pensarás que es una estupidez.

—No lo creo. — Ella mira en otra dirección. —Creo que los he desilusionado.

—¿Qué? — me impresiono— ¡¿Por qué?!

—Aush, no eleves tanto la voz.

—Lo siento, la sorpresa.

—Es que, hace un año cuando... ya sabes— Asiento. — No sabía qué hacer, ni a donde ir, vivía en su casa. Y quede... sola. — Tomo sus manos y las coloco en su regazo bajo las mías.— No puedo olvidar la mirada que pusieron cuando me dijeron que podía quedarme con ellos. Ya soy una mujer adulta, pero, en fin, mi vena orgullosa me hace querer demostrarles que no los necesito.

—¿Y compraste el departamento... abajo... mío? — la molesto.

—Si...— dice estirando su cabeza hacia atrás con una sonrisita. Tengo que usar todo mi autocontrol para no besarla.

—¿Nunca les has preguntado?

—¿Qué cosa?

—¿Si es desilusión lo que sentían? estaban preocupados Kate, son tus padres.

—No lo sé, no suelo preguntar estas cosas— dice. Claro, esta mujer se guarda todo.

—Bueno, ahora podrías...

—¿Tú crees?

—Claro— beso su mejilla— has sobrevivido, tienes un trabajo estable, un bello apartamento, y lo mejor, es tu novia de mentira— bromeo.

—Idiota— se ríe.

—Yo sólo vi un padre y una madre muy preocupados por ti, jamás lo hubiese pensado.

—Quizá tengas razón.

—Oh por favor, ¿con quién crees que estás hablando? — jugueteo— yo noto muchas cosas, como por ejemplo... —acerco mi boca a su oído— que eres muy linda— digo secretamente. Se ríe. Nos quedamos así un rato.

—Alejandra— susurra.

—¿Hmm?

—¿Irás conmigo verdad?

—¿Eso quieres?

—Si. — Cierro los ojos, mi corazón late con fuerza.

—Iría hasta el fin del mundo contigo.

—Que romántica— susurra, la acerco más a mí.

—Leo dijo que es mañana, en la noche. Si hace mucho frio estaremos adentro de la casa.

—Por suerte, no me gusta congelarme, por eso no fui a eso del trabajo.

—Me pasa lo mismo.

—Tú te perderías en la nieve— la molesto. Me da un codazo.

—¿Cómo le haces en verano?

—Mucho, mucho bloqueador— dice tomando mis manos.

—¡Qué maravillosa vista! — Gira su rostro y veo un destello travieso en sus ojos, sonrío feliz.

—Pervertida.

—Un poco, ¿es un crimen querer verte de esa manera? —pestañeo victima mientras se gira completa. Sus manos toman mis caderas y yo ya me estoy impacientando.

—Si me miras así, quizá lo sea. — Bromea con la vista pegada en mis ojos.

—Hay cosas que no se pueden evitar. — Digo acercándome y acariciando su nariz con la mía, exhalando su aroma.

—Entiendo. —Musita recibiendo mis labios. Nos besamos, respiramos cerca de la boca de la otra y volvemos a acercarnos, tomo su rostro y meto mi lengua impaciente por sentirla. Las manos de Kate me aprietan con fuerza las caderas, muerde mi labio inferior y se acerca. Dios, no puedo retener un gemido. La necesito cerca, de verdad necesito a esta mujer en mi vida.

Nos separamos dándonos pequeños y cortos besos. Kate se inclina en mi hombro y me da un besito en el cuello, siento una descarga por todo mi cuerpo.

Se escucha a lo lejos el personal de aseo, suelta su agarre lentamente y yo a la vez cedo, ve la hora con duda.

—No puedo creer que sea tan tarde, mañana te recojo a las siete. ¿Te parece bien?

—Sí, te espero. — Me sonríe y guarda su libro. Yo hago lo mismo.

Al otro día a las 17:00 p.m.

—¡Fernanda lo siento! — gimoteo en el celular. — Pero ya dije que iría.

—A lo mío también— dice herida.

—Pero tú siempre te alcoholizas— ruedo los ojos. Se ríe.

—Bueno está bien, ¿por cuánto irás?

—Eh, no sé. — ¿era una noche o más?

—¡¿Aceptaste así no más sin preguntar?!— exclama incrédula

—Si— susurro bajito.

—Estás frita.

—No hace falta que me lo digas. Además, Nicole quería... intentarlo de nuevo, y ella le dijo que yo era su novia— suspiro.

—¿Algo así como devolver el favor?

—Exacto.

—Que conveniente— se ríe. — Pásalo bien idiota. Te llamo, ya sabes, noticias a la mejor amiga.

—Excelente— sonrío recostándome en la cama.

Nos despedimos y me recuesto un rato, pongo la alarma a las 18.00 para arreglarme con tiempo.

A las 18:30 p.m.:

—¡MIERDA, MIERDA, MIERDA! — grito corriendo a darme una ducha. Me seco el cabello desnuda.

—¡Mierda! ¡Mierda! — gimoteo buscando ropa interior.

—¡Mieeeerda! — me pongo rápido unos jeans. Polera y unos zapatos.

—Mierda— lloriqueo dándome un retoque del maquillaje acostumbrado.

Me peino y decido que estoy bien. Hora 18:55 p.m.

—¡Soy una diosa! — exclamo orgullosa, me quede dormida, pero estoy mucho más aceptable. Suena el timbre, abro la puerta y es Kate mirándome sorprendida con una chomba de lana, gorro y yo muy desabrigada.

—Te atrasaste— susurra mirándome en polera. Me hago a un lado para que pase.

—Espérame un poco— lloriqueo buscando un sweater y un abrigo.

—Está lloviendo— avisa mirando unos cuadros.

—Mierda— gimoteo.

—Salgo al living.

—¿Alejandra guardaste recambio? —hace una mueca burlona.

—¿Recambio? — me sorprendo.

—Se supone que volvemos el domingo. — Es idea mía o me está mirando con ternura.

—Oh, mierda. Dame un momento— Corro a mi habitación.

—Ya— salgo 15 minutos después con una pequeña mochila.— Estoy lista.

—Conduzco yo esta vez.— Dice saliendo.

—Genial— sonrío.

—Por cierto, ¿Quién es la de tu cuadro más grande?— pregunta mientras conduce.

—Mi mejor amiga— sonrío.

—Ah— susurra— se ven muy cercanas.

—¡Lo somos! — exclamo feliz en el asiento del copiloto.

—Ah. — Repite. Ella sigue seria. Pestañeo, es imposible que esté celosa. ¿O sí?

—Tiene novia— tiro al aire.

—Am... — su rostro se relaja. Sonrío.

—¿Por qué sonríes?

—Por nada.

—No sonrías. — Entrecierra los ojos mirándome y devolviendo la vista rápidamente hacia adelante.

—No deberías decirle eso a tu novia. — Digo coqueta.

—No hemos llegamos a casa, aún puedo golpearte.

—¡Le harás daño al bebé! — digo con dramatismo. Kate rompe a reír

—Te ganaste un sitio en el infierno.

—Te reíste, no eres mejor persona que yo— digo fingiendo estar herida. Kate sigue riendo a regañadientes.

—Ya llegamos, gobiérnate— bromea.

—Si tranqui— digo saliendo del auto y estirando mi mano.