Capítulo 7 de Mi Pareja Perfecta I, de brity
La familia de Kate
Entramos por un patio bien cuidado con muchas plantas y flores, ya veo porque Kate tenía conocimientos de jardinería. En el lugar hay una mesa iluminada y veo a Leonardo sentado riéndose con una mujer de cabello oscuro algo canoso y a otro chico bastante más parecido a Gabi.
—Hola mamá— dice Kate mirando hacia adentro.
—Vaya— dice la señora parándose. — Así que tú eres Alejandra. Gabriela me ha hablado de ti. — sonríe mirando nuestras manos entrelazadas. La aprieto más.
—Espero que buenas— digo saludándola tensamente relajada. (¿Eso existe?)
—Sí, muy buenas, tranquila; siéntate. —Me hace un espacio.
Miro a Kate, es decir. Es su casa...ella sonríe y nos sentamos juntas.
—¿Qué tal? Ale— dice Leo. Aparece una mujer de cabello negro largo.
—Hola —me saluda. — Soy Valentina la esposa de Leo— sonríe. Lo miro asombrada.
—¡Estás casado! — exclamo sorprendida. No sé por qué me imaginé a un regalón de mamá.
—¡Claro! ¿Qué esperabas? ¿Qué viviera con mis padres? — se ríe y mi rostro es un poema. Kate oculta una risita.
—¡Condenada! — me mira feo. El chico de al lado de ríe.
—Opino lo mismo, deberías pegarte con una piedra en el pecho— se ríe. — Mucho gusto Ale, soy Cristian, el mellizo de Gabi. —Ahora que lo veo parece que fuera ella con pelo corto.
—No me extraña ¡qué parecido! — comento respondiendo el saludo.
—Es mi mitad femenina— se ríe.
—¡No seas bebé! — Aparece Gabi.
—Aún no te perdono que hayas estudiado algo diferente a mí— dice fingiendo llorar. — ¡Antes nos vestíamos igual!
Me río con Leo, Kate pone los ojos en blanco.
—Es que me crecieron algunas cosas que quería enseñar al mundo. — Dice coqueta.
—A mí también— se indigna.
—No las muestres por favor. — Dice creída y se me acerca.
—¡Ale! ¡Hola! — Dice dándome un beso en cada mejilla. Miro a Kate que ve a Gabriela como imaginándose mil torturas de la edad media.
Sonrío tímidamente y miro a Kate como ''que importa'' ella me mira como ''no es por ti idiota''.
Frunzo el ceño.
Llega un hombre alto y quedo de piedra. Tiene el cabello negro, que se ve claro en algunas zonas por las canas. La nariz recta algo pecosa y los ojos café claro. Kate, ya sé de dónde saliste así, y lo peor de todo... es que ya sé de dónde sacaste esa expresión de molestia con la que siempre me ves y que ahora estoy viendo frente a mí.
—Tú. — Me dice con el ceño fruncido. —Alejandra verdad.
—La misma— digo parándome. Se me acerca.
—Eres la novia de mi hija.
—Si.
—¿Qué edad tienes?
—Veintinueve.
—Eres algo menor. — Me mira con reprobación. — ¿Fumas? ¿te drogas? ¿te alcoholizas?
—No fumo, no me drogo y si bebo. — Respondo rápido. Entrecierra los ojos.
—¿De dónde la conociste?
—Del trabajo.
—¡La acosabas en su lugar laboral! — salta.
—No, en realidad leemos— digo encantada.
—No le pillo algo malo. — Se cruza de brazos. — ¡Ya sé!
—¿Qué te gusta de mi hija? — me mira como esperando a que diga algo sucio. Mis cejas se juntan con molestia.
—Me gusta porque es sincera, tranquila y espontánea. Que compartamos el mismo pasatiempo, la dedicación con la que hace las cosas... ¡Ah! y cuando frunce el ceño. — Digo un poco ida, el tipo sonríe. Recibo un codazo en la espalda y unas risas.
—Eso lo heredo de mi— dice encantado. Me giro y Kate esta ruborizada frunciendo más el ceño. No es mi culpa, es adorable ahora que lo pienso.
—Lo siento— murmuro.
—No importa. — Dice sin mirarme. —Me las pagarás.
Sonrío y le acaricio la mano, no me mira y eso me hace gracia.
—Está bien, estas aprobada— dice él sentándose. — Pero no la toques mucho. — Carraspea
—¡Pero si es mi novia! —gimoteo.
—Tú no lo entiendes— frunce el ceño Katemente— el primer bebé siempre es especial.
— Hey! — escucho tres voces.
—Daría mi vida por cada uno de ustedes— dice con solemnidad. — Pero el primer bebé te enseña mucho... y nunca es planeado— se ríe y le llega un manotazo.
—Ninguno lo fue. —Dice la mamá. —Bueno, Leo sí.
Traviesos...
—¿Y nosotros? — dicen a coro Gabi y Cristian.
—Ustedes sí que no. — Se ríe el papa tomando vino. — No sé quién se desmayó primero, si mamá o yo.
Yo sonrío. Que linda familia.
—Pobre Henry. — Se ríe Cristian
—Se supone que debería estar viajando por el caribe con mamá. —Bromea. —Pero aquí estamos, criándolo —Le llega un manotón.
—¿Y dónde está? — pregunta Kate.
—Está viendo caricaturas. ¿Quieres saludarlo antes de comer? Puedes presentárselo a Ale— su madre me sonríe.
—Suena bien— miro a Kate.
—Vamos. —La sigo. Entro en una casa cómodamente amueblada. Y veo a un niñito con cabello negro corto mirando la televisión. Está con un pijama blanco con animalitos.
—Henry— sonríe Kate. La miro asombrada por la ternura de su voz. Se gira un niño casi igual a ella. Abro la boca viendo como la abraza, los mismos ojos, la nariz, incluso tienen el mechón peinado hacia el mismo lado. Sólo que él tiene la nariz sin esas escasas pequitas que tiene Kate.
—Hola. — Me dice sonriente. Bueno en eso no se parece a Kate. Me río.
—¿Quién eres? — me mira.
—Soy Ale, la novia de Kate.
—Eres bonita.
—Gracias, tú también. —Le guiño el ojo y se ríe.
—¿Quieres ver tv conmigo?
—¡Claro! — digo feliz. Me siento feliz escuchándolo hablar sin parar de los personajes. Me parece muy lindo, con razón Kate lo extrañaba. Luego de un rato se queda pegado en las caricaturas y pillo a Kate mirándome. Me paro y camino hacia ella.
—Lo siento. Es que es simpático. — Sonrío.
—No te preocupes, Leo me tomaba un poco el pelo.
—Tu familia es genial.
—Si...— Sonríe.
—Creo que sólo trataban de ayudarte a su manera. — Murmuro— pensé que sería peor.
—Te interrogó como a una mocosa— sonríe.
—Si, pero estaba preocupado por ti.
Me mira.
—¿Así que te gusta cuando frunzo el ceño?
—Es que es la única expresión que pones. —La molesto. Frunce el ceño y me rio.
—Que cuchichean— aparece Gabi. — Mamá dice que está todo listo. —Kate se adelanta.
—Vas bien— murmura. — Sólo debes ser tú misma.
—Ajá. — Digo mirándola.
—Sabes Ale, si fueras otra te partiría la madre. — La miro asustada y ella me mira fijamente — Pensé que tal vez podrías estar jugando con ella. Pero creo que ni tu misma te das cuenta de cuanto te importa, sólo no la cagues.
—Bien— digo.
—No quiero que sufra de nuevo. — Me mira y yo resoplo, si estuviese en su lugar estaría igual de preocupada. — No quiero volver a verla así...
—No voy a jugar con ella.
—Eso espero. — Dice yéndose a sentar.
Ella tiene razón, Kate no merece sufrir y yo no soy ninguna hija de puta. Tengo que tomar esto como una actuación y ya.
¿Estaba actuando?
Resoplo otra vez.
Me siento al lado.
Siento un suave toque en mi mano. Miro a Kate observándome con evidente preocupación. ¿Qué cara puse? La miro como ''no es nada'' y ella asiente.
—¿Qué es esto? Telepatía ¡Cool! — pegamos un salto y vemos a un Cristian impresionado.
—Ah— digo. Miro de reojo a una Gabriela mirándome burlona.
—Sólo son miradas obvias— digo creída. Kate me mira con una expresión burlona.
—No soy ninguna idiota.
—Lo eres.
—No. — sonrío.
—¿Entonces? — dice el papá—¿Cuánto llevan?
—Un mes— dice Kate— Dos meses— digo al mismo tiempo.
Nos miramos.
Kate me insulta de todas las formas posibles mentalmente y sé que la tengo que arreglar yo.
—Lo que pasa es que no cuenta el mes que empezamos a conocernos— digo mirándola enojada.
Así pasamos la noche, respondiendo preguntas. Luego conversamos y bebimos algo con Leo y los padres de Kate.
—¿Se quedarán a dormir? Tu cuarto aún no ha sido profanado por Gabi— sonríe la madre de Kate.
—No sé. — Dice dudosa.
—Muéstrale tus fotos— le guiña un ojo.
—No es necesario. — Dice algo ruborizada.
—¡Quiero ver! — salto.
—Genial. — Frunce el ceño. — Ven.
Llegamos a una habitación adornada con una cama de una plaza y media, una cómoda, velador y un espejo con un dibujito.
—Es de Henry— Dice Kate.
—Que tierno— me río mirando sus líneas trazadas.
—Si —sonríe sentándose.
—¿Y tus fotos? — digo burlona.
—Pensé que lo habías olvidado— dice avergonzada, yo sonrío. Abre un cajón y me las muestra.
—Adelante, búrlate. — Va hacia la puerta. La retengo del brazo.
—¿No las verás conmigo?
—No.
Camino tomando su cintura y ella me mira horrible. Me siento un poco atrás en la cama, abro mis piernas y siento a Kate en el espacio que quedó adelante. Le sonrío apoyándome en uno de sus hombros.
—¿¡Qué haces!?— se enoja.
—No tiene gracia ver tus fotos si ti. — La aprisiono rodeando su estómago con un brazo. Ella pone el libro entre sus piernas. Lo abre.
—¡Eras como un Henry de cabello largo! — Me impresiono al ver una foto de ella en preescolar. Siento el calor de su cara. ¡Esto es tan divertido!
Veo fotos con sus hermanos, se nota que es muy unida a Leo y veo otras cuando está más grande. Me detengo en una licenciatura, debe tener unos veinticuatro, un viaje a no sé dónde, pero es preciosa la vegetación y en la última está abrazada sonriente con otra joven de pelo castaño oscuro... la he visto.
—Es...— digo.
—Si. — Se enoja. Cierra el libro de golpe y me aferro a ella por el estómago con ambos brazos.
—Estás bien...
—Si...— Se trata de levantar.
—No me mientas. — Digo mientras pone el libro en el velador con dificultad.
—Alejandra, suéltame.
—No.
Se queda callada y yo no cedo, en cambio me voy embriagando con el olor que desprende su cabello cierro un poco los ojos.
—No hagas esto. — Musita.
—¿Qué cosa? — digo embobada.
—Lo que sea que estés pensando.
—No estoy pensando en nada. — Me encantaría pensar en algo de hecho. Pero eso se va al carajo cuando mi mejilla acaricia la suya. Ella se endereza. Suspira en silencio, me deslizo por su estómago y la aferro más a mí.
—Alej...— se calla cuando beso suavemente su mejilla. Estoy como cegada, necesito más de ella... respiro profundo cerca de su cuello, sus manos recorren mis brazos. Con un suave toque deslizo los labios por su cara hasta que siento la comisura de su boca y me cosquillea todo al sentir su suavidad. Abro un poco los ojos y Kate me mira la boca concentrada. Se gira un poco y queda frente a mí. Respiro ansiosa y la beso.
Me estremezco completa, deslizo mi mano hasta ponerla tras su nuca y acaricio su cabello mientras la acerco por la cintura. Kate aumenta la profundidad poniendo una mano en mi mejilla para acercarme.
Me lleno de ella, no sé explicarlo. Siento cada parte de mi cuerpo dedicado a este momento, diría su nombre mil veces mientras la beso, pero mi cerebro ya se encarga de eso. Kate me acerca con su otra mano y yo me inclino hacía delante deseosa de más.
—Dice mamá... ah... — Nos separamos. Yo con los ojos cerrados y Kate mira el suelo dando una bocanada profunda de aire por la boca.
—¿Qué pasó? — pregunta.
—Uhm, sólo quería saber si se quedarían a dormir. Pero veo que están impacientes.
Maldita mocosa. Me hierve la cara.
Y otro lado.
—No.—Dice Kate. —Bajaremos.
Bajo las escaleras sintiéndome culpable. Es decir, hace dos días me besaba con Nicole y ahora...
Pasamos el resto del rato conversando con su familia, aunque admito que me cuesta mucho que mi cerebro me apoye. Estoy... no sé explicarlo maldita sea, pero ¡qué beso! Si no llega Gabi no hubiese parado por mucho que la puerta no estaba cerrada. Se lo agradecería, pero tengo bastante con evitar sus miradas burlonas.
Nos vamos y Kate me estira la mano.
—¿Qué?
—Las llaves.
—No.
—Bebiste.
Mierda tiene razón, resoplo y se las entrego sin mirarla, paso a tocar sus manos y trago saliva. Me siento en el copiloto y ella sólo conduce. Cuando llegamos estiro mi mano por mis llaves.
—Gracias por lo de hoy. —Musita sin moverse. Supongo que quiere hablar, la miro aún sin sacarme el cinturón de seguridad.
—No te preocupes. Fue divertido.
—Sí, pero de igual forma no tenías que hacerlo.
Me quedo en silencio. ¡Eso ya lo sé!
—Mira— baja la cabeza. — Lo de hoy fue un error, ¿olvídalo sí? — odio saber a qué se refiere.
¡Pero si me besó con las mismas ganas!
—Está bien. — Digo un poco herida.
Ella asiente, se baja y se va sin esperarme. Yo miro al frente algo perdida. Me siento como si hubiesen roto conmigo.
'' ¡Qué estupidez!'' pienso enojada quitándome el cinturón con demasiada fuerza. Aquí no ha pasado nada, lo que tengo que hacer es seguir como iba con Nicole.
El domingo me lo paso haciendo nada.
Voy el lunes con la mejor cara ensayada que puedo.
Nicole me abraza de la nada y la aprieto contra mí. ¿Maldita sea, tiene que usar un perfume tan fuerte? Pero es tan linda.
—¿Estas bien? — me dice al oído. Necesito aprender a mentir.
—Si. — susurro. — Te eche de menos.
—¿Enserio? — Me aprieta. — Entonces tenemos que vernos este fin de semana que viene ¿te parece?
—Eso suena genial.
—Entonces ahí te digo. —Me da un besito como los de siempre y se sienta. Veo a Kate pasar por mi lado sin mirarme y yéndose a sentar al suyo, me acabo de dar cuenta de lo lejos que queda...