Capítulo 13 de Mi Pareja Perfecta I, de brity

Convénceme

Bajamos a desayunar, con Gabi y Kate acompañaremos a sus padres a buscar no sé qué.

—Vamos ¡no puede ser tan malo! y son como 20 minutos de viaje. — Dice Gabi feliz. — Entonces Ale ¿Cómo estuvo la noche?

—Fue hermosa— Kate pone los ojos en blanco mientras conduce.

—¿Qué hicieron? — bromea Gabi.

—Oh, bueno... — digo feliz.

—No hace falta que lo sepa.— Murmura Kate

—¡Qué aburrida eres!— Se queja ella, asiento y Kate nos hace ''ley de hielo''.

Diez minutos después:

—Ale, ¿te interesa un trato?

—¿Un trato?— me giro del asiento del copiloto.

—¿Sabes a qué le tiene miedo Kate? ¿Sabes cuál es su comida y su color favorito? ¿Hasta qué edad durmió con su peluche?

—Cierra el pico— arruga la nariz.

—¿Qué pides a cambio? Oh, gran y poderosa fuente de información— bromeo. Kate frunce el ceño.

—Oh, ven y lo sabrás— me guiña el ojo.

—Bueno si es por Kate.— Me río sacándome el cinturón.

—Alejandra, ¡quédate donde estás!

—Condenada posesiva. —Se queja Gabi. Me acerco a Kate y le doy un besito en la mejilla.

—Estoy conduciendo— entrecierra los ojos.

—Por eso— digo dándole otro. ¡Aaaah! me encanta, y otro y otro y otro.

—Te mataré.— Dice con la boca apretada.

—No si no me atrapas— digo coqueta.

—Hey no lo hagan en el granero.— Escucho de atrás.

—¿Tienen granero y todo eso?— la miro interesada. (No en el granero lo juro) Kate sonríe negando con la cabeza.

—Claro, siempre que vamos vemos los animalitos, caminamos por el bosque, nos dan miel, mermelada, carne. Pero aléjate de los panales joder, pregúntale a Cris.

Llegamos. Veo un enorme campo con una casa grande y varias otras construcciones de madera.

—¿Tuvieron buen viaje?— bromea el papá viendo a Kate. Ella gruñe.

Nos reciben dos señores y un par de tipos, uno tiene sospecho que la edad de Kate y el otro como el de leo. De hecho, se parecen a Leo. Retengo una risita. Le tomaré el pelo más rato, quizá por eso no vino. Saludamos.

—Es un placer— me dice el último, ese que se parece a Leo pero sin la barbita esa que se dejó. Me besa el dorso de la mano, lo miro asombrada Kate frunce el ceño y me aprieta (mortalmente) la mano.

—Aléjate Carlos.— Se indigna.

—No sabía que estaba contigo— me mira haciendo un puchero.

—Maldito coqueto— masculla caminando.— Iremos a ver el bosque— avisa llevándome a la rastra.

—Hey, tranquila, te recuerdo que a mí eso no me va.

—Tú cállate aún no te perdono la del auto.

—Es que me gustas.— Mascullo. Ella no me mira a los ojos.

—¿Yo no te gusto?— pregunto de repente.

—No es eso, ya lo hablamos...— ah sí..., miedo. Kate se recarga en mi hombro y yo la abrazo recargándome en el otro.

Nos quedamos así, en medio de arbolitos sintiendo nuestro calor. Estos son los momentos que no me gusta terminar, empiezo a mecer a Kate, rayos, nunca pensé que ella me iba a gustar tanto, ¡si la odiaba cuando tomé el ascensor mi primer día! Incluso ahora ese acto de pesadez me parece tierno.

—¿Sabes? No tenías que ser tan pesada.— Suelto de repente.

—¿Qué?— levanta una ceja mirándome.

—Cuando te pregunte la dirección a la oficina— hago un puchero.

—¿Dirección?—me mira como si estuviera hablando en chino. ¡Espera! ¡Ni siquiera me miró!

Me siento ignorada.

—¿Recuerdas cuando estabas en el ascensor leyendo unas hojas y te preguntaron una dirección?...—digo herida.— Y apuntaste a informaciones— busco una pisca de reconocimiento en sus ojos.

Hasta que la encuentro.

—Ah ¿eras tú?— dice algo avergonzada.

—See — me indigno.

—Bueno, de todos modos tenías que dirigirte allí, no joderme la mañana— mira hacia otro lado. — Ya tenía suficientes problemas en la cabeza.

—Fuiste una pesada.— Digo en seco. Me imagino que problemas...

—Lo soy.

—Si es verdad. — Acepto. Trata de soltarse y la aprieto más buscando sus labios, ella me abraza del cuello.

—¿Ya se te pasó la rabia? — Dice besándome más.

—Ah— suspiro— no. Tendrás que compensármelo— La empujo a un árbol y pego mi nariz a la de ella. Ella me mira los labios y luego los ojos.

—¿Y qué deseas? — me mira. Ay... siento algo bajar.

Le doy una mirada lujuriosa por todo el cuerpo.

—¿No es obvio? — Kate sonríe. Es esa sonrisa que nunca había visto pero, que no desaparezca; me causa tantas cosas.

—Convénceme.

Pego mi cuerpo con fuerza al de ella y gime despacito mirándome, la beso con intensidad y tomo una de sus piernas y la acaricio debajo de su muslo.

—Kate— digo con una calentura horrible pasando mi mano por su trasero— hagámoslo.

—Estamos en el bosque. — Me separo respirando algo agitada. ¡No me dijo que no!

—¿Y si vamos al auto? — Sugiero besándole el cuello más concentrada en sentirla

—Piensa— gime— no podemos acá, calmémonos. — Dice roja.

—Puta vida— lloro. Se ríe, me da un besito.

—Vamos, nos buscarán...

Volvemos y encontramos a los padres y tíos de Kate. Gabi se está riendo y gira la cabeza.

—Hey, no era enserio lo del granero. — Susurra.

—Sólo conversábamos— digo mirando hacia los demás como atendiendo la conversación.

—Por dios, están rojas— me dice irónica. Enrojezco dándome cuenta. Se ríe y me abraza del hombro. La abrazo algo avergonzada, no puedo creer que le dije hagámoslo (¡ahahaha! de todos modos no me arrepiento)

Camino de vuelta:

—¡Tengo hambreee! — Patalea Gabi atrás.

—¡Tienes veintitrés maldita sea! — Se queja Kate— juro que si llego a tener un hijo no le daré la maldición de tener hermanos.

—¡Oye! — se indigna— ¡soy la única hermana que tienes y tendrás!

—Por suerte— dice más atenta al volante.

—Así que si llegas a tener hijos...— dice acercándose al medio de los dos asientos.

Yo miro el paisaje, que lindo está el paisaje.

—Ale no te hagas la pendeja.

—No me hago la pendeja— digo haciéndome la pendeja.

—Bueno ¿y tú qué opinas?

—Que está lindo el paisaje. — Me cruzo de brazos. Kate se ríe bajito.

—Que poco maternal— bromea Gabi.

—Soy muy joven. — Digo creída.

—¿Y después? — me pregunta.

—Seré muy vieja.

—¿Y si se parece a Kate? — ¡Mierda! La miro pensativa.

—Mordiste el anzuelo— dice feliz.

—¡Claro que no! —me indigno.

—Me gustaría que se parezca a ti— dice Gabi con un puchero.

—Oh, ¿y eso por qué? — pregunto. Kate arruga la nariz, sin embargo, no nos mira.

—Es que somos muchos cadáveres, en cambio el tuyo tendría la piel más bronceadita. — Ahora es Kate quien desvía la vista rápido.

—Vaya, capturé otro pez— dice creída su hermana.

—No sabía que te gustara mi piel— sonrío

—Nada que ver. —Kate enrojece.

—No estas siendo sincera— me acerco y le doy un par de besos en la mejilla.

—Siéntate derecha. — Dice ocultando una risita. Nos mira rápido.

—No vuelvo a conducir yo. Nunca más.

—No me dejaste traer mi auto. — Me indigno

—¿Para qué? — levanta una ceja.

—Así no conduces— digo feliz.

—Si hubiese sabido que tu nivel de madurez está cerca del de mi hermana lo hubiese considerado.

—Hey— me enojo.

—Hey— me mira Gabi

—Hey— nos decimos, nos reímos. Kate niega con la cabeza.

Llegamos y resopla aliviada.

—¿Tuvieron bien viaje?— pregunta su papá. Lo mira y hace una mueca entrando a la casa. Entonces mira a Gabi ella sonríe y él la mira con una risita. Ahora veo porque es tan regalona.

—¡Qué consentida! — me río.

—Ventajas de ser pocas mujeres, además, Kate no venía mucho. — Encoje los hombros.

—Muy lista. — Digo entrando a la casa. Abrazo a Kate por la espalda.

—No te me escapes.

—Sólo me iba a sacar la chaqueta.

—Te acompaño.

—¿Qué? ¿ahora no puedes vivir sin mí? — ironiza en la escalera.

—No. — La veo ruborizada entra al dormitorio, se la quita y la cuelga. Me mira.

—¿No te sacarás la tuya?

—Tengo frío.

Se acerca y me baja el cierre, la miro interrogante, me la quita y la cuelga al lado. ¡Mandona!

—¿Nos recostamos un ratito?— me molesta.

—Pensé que no lo pedirías— Digo abrazándola por la cintura.

—No te emociones, tenemos que bajar a ayudar después.— Masculla. La abrazo y nos tapamos con el plumón. Le doy besitos en la mejilla.

—No te perdonaré las del auto.

—Como si pudiera arrepentirme— Digo apoyándome de un codo. Me besa la mejilla y me empieza a acariciar el estómago, corro la cara y la beso. Me empuja el hombro hasta atrás y se pone sobre mí. ¡Qué mejor forma de luchar contra el frío! Acaricio su mejilla y ella mete su lengua.

—Ah, Kate— suspiro entre besos. Escondía una naturaleza muy ardiente que estoy dispuesta a explotar. Le hago cariño y tomo su mejilla separando mis piernas y uniéndolas por detrás de ella. Baja a mi cuello y yo sonrío con los ojos cerrados, siento mi cuerpo despierto para ella, mis senos reaccionan y la acerco a mí mordiéndome el labio. Kate se separa y suspira echándome aire caliente, me besa el cuello y me lo muerde suavemente, yo me tenso...

—Demonios, no me tortures así— digo a punto de llorar.

—En realidad si me gusta tu piel.— Dice bajito.

—Lo sé. Ahora sigue.— La molesto.

—Y si nos vienen a buscar y nos pillan...— se interrumpe.

—Desnudas — muevo las cejas traviesa. Entrecierra los ojos coquetamente.

—Suéltame. —Mira mis piernas.

—No.— jugueteo. Nos quedamos así un ratito. Miro la hora...

—¿Bajamos?

—Si vamos.— Levanta el torso y la empujo hacia abajo de nuevo con las piernas, me mira interrogante y la beso de nuevo.

—Ahora si.— Se ríe y me lleva de la mano.

—¡Suéltense!— Aparece Leo con una taza de algo.

—Déjanos.— Hago un puchero.— Por cierto Leo.— Le doy un codazo— tus primos son iguales a ti.

—Ni lo menciones.— Se indigna.— ¿Te besó uno la mano?

—Si— responde Kate— ese hijo de... —Leo se ríe.

—¿Si?— la mira burlón.

—Nada.— Camina al patio.

—Está celosa— bromea

—No entiendo por qué.—Aunque me hace feliz, eso no lo voy a negar.

—Cuando a uno le gusta alguien cualquiera puede ser enemigo— dice misterioso. Yo sonrío.

—Bebe un poco con nosotros— dice feliz. Supongo que no hará mal, seguramente Kate querrá estar con sus padres.

Me siento con Leo, Valentina y Cristian. Ella es todo lo que dijo Leo, tiene un gran carácter, pero lo mira con ternura, se ve el amor que se tienen, y Cris... joder, sigo pensando que es Gabi con cabello corto y algo de barba. Nos quedamos un rato y tuve que soportar la interrogación, pero de todos modos, fue divertido... aunque tuve que mentir un poco; hasta que nos llegó olor a asado y llegamos flotando al patio. Me hace gracia ver a Kate con un cartón avivando la llama.

—Veo que estás encargada. — Me acerco bebiendo.

—Sí y estoy pasada a humo. — Dice concentrada dando vuelta los cortes.

—Pero el olor me hace agua la boca— digo famélica. Me mira con una sonrisita.

—No estás pensando algo sucio ¿verdad? — Le susurro acercándome y abrazándola por detrás

—No...— Se ruboriza.

—Tú tampoco eres muy buena mintiendo— observo.

—Al menos soy mejor que tú. — Masculla.

—¡Oooh! — digo pesada y la aprieto, le doy un beso en la mejilla y otro y otro y otro. (Este deporte es para mí.)

—Te meteré el pincho si sigues. — Me amenaza acariciando mi rostro con el suyo.

—Si me lo metes tú, seguro me gustará. — Digo con una sonrisita.

Nos quedamos mirando.

Rompemos a reír.

—Mierda que desesperado. — Digo entre risas.

—Eres especial— Niega Kate con la cabeza moviendo la carne.

—¡Eh! tortolitas, pueden descansar— Aparece Cristian.— Mi turno.

¿Cómo nos dijo?

Nos sentamos con la mamá de Kate.

—Veo que les está yendo bien. — Me dice cuando Kate desaparece por la puerta en busca de cervezas.

—Si, la verdad es que nunca hemos estado mejor. — Miro hacia donde salió.

—¿Fue difícil? —Rememoro cada momento.

—Si...— suspiro.

—No quiero que sufra de nuevo...— veo su mirada preocupada.

—Ni yo...— Me toma el hombro.

—Se ven muy cariñosas— me molesta. Enrojezco, se ríe.

—Cuídala, es mi orgullo, como cada uno de mis bebés. — Suspira.

—Lo haré, es una mujer muy hermosa en todos los sentidos— digo un poco embobada viéndola regresar. Ella sonríe y recibe una cerveza y yo tomo otra.

—Gracias— digo abriendo la lata y bebiendo.

—Y díganme... ¿Cada cuánto se ven?

—Todos los días. — Decimos ambas, o sea trabajamos juntas.

—Me refiero a que no sea trabajo. — Exclama apuntándonos con un dedo.

—Casi todas las tardes— digo al notar el silencio de Kate. ¿Acaso olvidó que somos compañeras de lectura?

—¿Y las que no?— me mira.

—Ah pues, yo salgo con mis amigas.— Digo bebiendo.

—¿Kate las conoce?

—No— hago un puchero— pero me encantaría presentárselas. —Pongo cara de ''acéptame una cita'' y me mira como ''ya quisieras'' ¡Agrh!

—Llévala del pelo— dice bebiendo sin mirarnos y Kate pone cara de ''gracias, mamá''. Me río bajito, eso fue muy Gabi.

—Suena bien. — Comento traviesa. —Pero supongo que algún día aceptarás. ¿Verdad cariño?

Por su mirada ya me ha golpeado unas veinte mil veces.

—Ya veremos— masculla.

—¿Oye y qué pasó con Carolina y Elisa?— Le pregunta su mamá de repente. Yo bebo extrañada.

—Sólo hemos hablado un poco, no he aceptado sus invitaciones.

¡Esperen! ¡¿Qué?!

—Quizá de verdad quieran arreglar la situación Kate, el rencor no es bueno y necesitas a tus amigas.

—… No sé— dice dudosa.

—Y no estará la buena para nada— hace una mueca.

—Hmm si, tal vez...

—Además— la interrumpe mirándome, yo me siento blanco de miradas de mamá e hija.— Puedes llevar a tu novia. — Kate me mira y yo ''¿Ah?''.

—Lo pensaré. —Dice bebiendo.

—Eso espero— y va donde está el papá al frente de Cristian.

—¿Qué fue eso?

—¿Me estás interrogando? — Me mira levantando una ceja.

—No...— frunzo el ceño. —Es tu vida— mascullo. Me mira

—Son, mis amigas de antes, quieren hablar. — Dice mirando hacia el frente. —Supongo.

—¿Y no quieres? — pregunto.

—No lo sé... parecen arrepentidas, pero tampoco puedo olvidarlo.

—¿Qué tal un ''beneficio de la duda'‘? — Apunto

—Si, puede ser, pero...

—¿Pero?

—No quiero verlas y toparme con ella— dice, y yo siento un malestar estomacal con sólo acordarme.

—Soy rencorosa y punto. — Masculla como si yo fuera a decirle algo.

—Bueno si no le avisan supongo que de verdad están arrepentidas— digo tragándome el malestar, si aparece la mato a golpes, al diablo el pacifismo.

—Habrá que intentarlo entonces— resopla.

—Pero si tienes problemas me llamas, llego como sea con una bazuca—. Digo un poco en broma sin mirarla, supongo que para cegar mi preocupación. Toma mi mano suavemente y la miro sorprendida.

—Estaré bien.

—Lo sé— Suspiro. — No eres tú quien me preocupa.

—Eres tan...— me mira con una sonrisita de complicidad.

—Lo siento.

—No era negativo...

—Entonces gracias— jugueteo un poco. Sonríe me mira la boca.

—¿Me lo das? — pido coqueta, sonríe y hace una mueca con los ojos hacia el frente. Pongo cara de duda me giro ¡y están todos mirándonos!

—Qué vergüenza— Digo mirando, Kate se ríe.

—Vamos, empezaron sin nosotras.

Nos acercamos y el olor me deja babeando.

—¡Ay! estaba bonito. —Se indigna Gabi.

—No sé de qué hablas— Dice Kate más pendiente de la carne.

Me abrazan del hombro.

—Te estoy vigilando— Es el papá.

—No hice nada.

—Eso espero.

—Papá, tengo treinta— dice Kate más pendiente de comer. ¡Defiéndeme mejor treintona!

—Sólo bromeaba. —Me acerca carne.

—Oh tío, eres el mejor.— Mascullo hambrienta.

—Como que tío.

—¿Prefieres suegro? — levanto una ceja. Se queda pensativo. Kate suelta una risita.

—Déjalo.

—Eh, Ale ¿quieres? — Gabi me ofrece carne con el tenedor.

Kate la mira asesinamente. — No mal enseñes a mi novia. —Luego nos ignora. Gabi se ríe y yo como algo ruborizada. Pasamos la tarde con todos, Henry volvió de donde un amiguito y me quede con él un rato. Me lavo los dientes y voy a la habitación, veo a Kate abrochándose el pijama. Bajo la vista a ese maligno botón suelto en medio de sus senos.

¡Ay, qué linda vista!

—Alejandra no me mires así.

—Ah— digo pegada. ¡Botón malo! miro hacia sus ojos y me mira inquisitiva.

—Lo siento— murmuro. Dándome vuelta.

—No me molesta— escucho bajito.

—Entonces...— Pongo el pestillo, ''a cruzar el río'', me giro y Kate me mira, nos quedamos pegadas unos segundos hasta que algo detona en mi interior. ¿Quizá adrenalina?, doy unos pasos hasta llegar a ella, la abrazo y la beso, Kate me acaricia el rostro, entre suspiros le desabotono el pijama y le arranco la polera.

—Ale que...— Se interrumpe cuando le beso entre los senos con ansias, subo a su cuello mientras le arranco el pijama, ¡que sabor de mujer!, exhalo. Camino con ella de espaldas a la cama y nos recuesto sobre ella, con los brazos rectos a sus costados bajo la vista y me acabo de dar cuenta que la deje sin nada. Beso sus senos ¡Oh por dios que lindos! Y mientras succiono uno de ellos deslizo a su pantalón respirando ansiosa.

—Ale— escucho un gemido, la miro mientras los llevo a la altura de sus rodillas.

Cuando pienso que se va a enojar por semejante acto de calentura me sorprendo cuando empieza a desabotonarme mi propio pijama sin quitar la vista de mis ojos.