Capítulo 12 de Mi Pareja Perfecta I, de brity

¿Y mi besito de buenas noches?

—¡Qué frío! — tirito.

—Si— dice— menos mal iluminaron la entrada. Toca el timbre.

—No me sueltes.

—Aprovechada.

Abre la mamá de Kate.

—Kate, Alejandra, bienvenidas.

Kate la saluda.

—Un gusto verte por aquí otra vez Ale— me sonríe.

—El gusto es mío— digo disfrutando el placer de la temperatura del living. — ¡Qué calentito! — susurro extasiada.

—¿Pasaron mucho frio? Las esperábamos antes. — Me hago la pendeja saludando al resto.

—Cuando llegué al departamento de Ale aún estaba en polera— se queja Kate cruzándose de brazos.

—Kate, acusete. — Me indigno. Sale Henry del pasillo.

—¡Tía Ale! — corre a mí.

—Henry, ¿me extrañaste? — Lo aprieto.

—Siii, les conté que me leíste un cuento ¿Me leerás hoy?

—Claro, si nos dejan...— Espero que no hagas tantas preguntas.

—¿Segura? — dice Leo— ¿dejarás sola a Kate?— bromea

—Ella puede vivir sin mí... un rato.

—Te golpearé— murmura cerca.

Tocan el timbre y aparece su padre.

La abraza de inmediato, algo me dice que por él Kate no se fuese nunca.

—¿Cómo te va Alejandra?

—De maravilla ¿y a usted?

—Excelente, traje licores. — Dice feliz.

Viejo alcohólico.

—¡No me mires así! se habían acabado en la despensa.

—Ah ya veo.

—Me sorprende que no fueran a ese paseo de invierno, Leo tampoco fue. — Nos mira.

—No nos gusta el frío...— hago con una mueca.

—Pero podían darse calor humano— dice Gabi. La miro de reojo y me molesta de lejos con una expresión burlona.

—Tomen asiento. — Dice mi suegra feliz. (Déjenme) Nos da una copa de vino, perfecto para el frío.

Me siento al lado de Leo y de Kate.

—La trajiste, ¿Cómo lo hiciste? — masculla Leo.

—No hice nada. — Susurro

—No te creo. — Susurra a su vez.

—Lo juro. —Reclamo.

Kate nos mira. Sonreímos, me levanta una ceja.

—Nada— digo convincente. Frunce el ceño.

—Amor no te enojes. — Se ruboriza y me habla al oído.

—No te pases.

—Oh, claro que me pasaré, pero no aquí. —Frunce el ceño y me mira con odio, me asustaría si no tuviera las mejillas rosadas. Mis ojos brillan.

—No perviertas a mi hermana Ale— me mira Gabi traviesa.

—No iba a hacer nada. — Me miro las uñas.

—Compartiré habitación con ustedes— dice feliz. Ambas ponemos una cara de mierda, aunque sospecho que por diferentes razones.

—Te jodes. — Exclama Kate enojada. La miro, ¿querrá lo mismo que yo? ¿Será que la diosa de las pajas respondió a mis plegarias?

—¡Te quedas hasta las cinco a.m. sin parar de hablar! —¡No!

—Tranquila era broma, agradece que hay suficientes habitaciones— va a la cocina fingiendo estar herida.

—¿Y tu esposa Leo? Dijiste que vendrías con ella. ¿O también fingían? — le susurro.

—¡Es mi esposa de verdad! Tiene turno hasta las diez.

—¿De qué?

—Seguridad— sonríe y pone un rostro soñador. — Aún recuerdo como nos conocimos, me dejo la cara roja una semana.

—¿Por qué?

—El ambiente de seguridad era algo... machista. Hasta que llegaron colegas femeninas— me río, ya se para dónde va esto. — Y, en fin, me enamore de mi enemiga— bromea.

—Merecido.

—Seee —Sonríe.

—Yo vi eso— se ríe Kate. — Y lo de las flores también.

—¡Cállate! — lo mira con una evidente burla.

—Eso pasa por escuchar a papá, yo te dije. — Me mira. —Leo fue con un ramo de flores a pedirle perdón y con esas le pegó de nuevo.

—Wow ¡que intensa! — me sorprendo.

—Sí, pero, en fin, le hizo bien; esos amigos de seguridad lo iban a convertir en un imbécil. — Afirma Kate.

—¿Y cómo rayos se fijó en ti después de eso?

—Fui yo mismo— sonríe. — Con el tiempo dejó de odiarme— se acaricia la barbita. —Valió la pena.

—No la dejes ir— bromeo cruel.

—Hey, en honor al parecido con Kate debes decir que soy lindo.

—Sólo por el parecido— me rio con Kate mientras la abrazo del hombro, acaricio su mejilla con la mía.

Se abre la puerta y llega Cris desabrigado.

—Olvidé la chaqueta. — hace un puchero a su madre.

—No te quejes después.

—Henry me cuidará— dice herido. — Hola Kat, Hola Ale —nos besa la mejilla y le da la mano a Leo. — ¡Melliza! —Y abraza a Gabi.

—¡Estás frío!

—Frío es tu corazón— se indigna. Nos reímos mientras sube las escaleras de dos en dos.

—Que animado debe ser esto— comento viendo a Henry aparecer.

—Es por eso que no tenemos hijos— Susurra Leo.

—Te creo— sonrío bebiendo.

—¿Y ustedes? — Pregunta. Casi escupo el vino. Kate tose.

¡Estás loco! ¡Mi juventud!

—Oh, quiero ser tío— dice Henry poniendo sus manitos en mi rodilla.

—Mírate, tú siendo tío. — Sonrío nerviosa.

—Le leería cuentos...— hace un puchero. Insisto, bendita inocencia.

—Es... es una decisión importante— le dice Kate acariciando su mejilla.

—Nosotros ni lo pensamos cuando naciste— aparece la madre de Kate sentándose con actitud de rememorar.

¡No está ayudando en nada!

—Ajá— la mira Kate haciéndola callar. Leo hace como que ve la hora.

—¡Sinvergüenzas! — Pegamos un salto. — Quiero nietos, empiecen a encargármelos ¡Me hago vieja! — se indigna.

—¡No trabajamos a presión! — Leo hace un puchero. Nosotras nos hacemos las pendejas.

—¡¿Y tú Kate?! Eres la mayor. No me digan que no se puede maldita sea, no soy estúpida.

—Mamá relájate— se ríe el papá salvándonos. — Aún están empezando el tortuoso... ¡quiero decir!... Maravilloso camino de una relación.

—Está bien. — Nos mira entrecerrando los ojos. —¡Pero se los recordaré! —Me mira amenazadora y yo me aferro a Kate, luego la mira a ella y al final a Leo. Se va donde el papá.

—Por un pelo— musita Leo. Se abre la puerta, sus ojos brillan y aparece Valentina, nos saluda y en unos minutos nos sentamos a comer.

—Entonces— me molesta Gabi sentada al lado mío mientras ve a los demás conversar. — ¿Cómo van mis sobrinos?

—Ni en mil años— me río.

—Segura— me susurra— ¿Y si Kate quiere?

La miro alarmada.

—No me jodas... ¿quiere? — Sonríe cruel

—Ella no lo descarta.

—Dios! — me espanto.

—¿Acaso la dejarías por eso? — levanta una ceja.

—Por supuesto que no, pero de todos modos no estamos juntas. —Hago un puchero involuntario.

—¿Aún juegan a las amiguitas de lectura?

—Algo así— digo masticando. — No puedo invadir su espacio.

—¿Sabes qué? Al demonio su espacio— La miro sorprendida. — Si no quiere saltar empújala, ese juego de las amiguitas es pura...

—Ya... — hago una mueca.

—Es que tienes que...— Se me acerca al oído, enrojezco.

—Gabi eres una... ¡eso es violación! — susurro. Me dan un codazo suave, Kate me mira, le doy una sonrisita.

—¿Qué traman?

—Nada— decimos a unísono.

Conversamos un rato y Henry me rapta, así que le voy a leer, contesto sus mil preguntas y bajo. Me siento con Kate. Luego de un rato...

—Por cierto, mañana iremos por la mañana al campo de tu tía a buscar unas cosas. —La mira su padre. —... Te gustará. — Me mira. —Aire fresco, comida, animalitos, y haremos un asado acá con la carne que me prometió mi hermana. — Sus ojos brillan.

—Suena bien— digo bostezando.

—Deberían dormir, hoy tuvieron trabajo— nos mira la madre de Kate comprensiva.

Dimos las buenas noches y la acompaño.

—Espera afuera. — Escucho.

—¿Qué? — ¿no querrá que duerma en el pasillo o sí?

—Me pondré el pijama.

—Ay— rodeo los ojos, aprovecho de sacar mi cepillo de dientes. Voy al baño y vuelvo. Kate hace lo mismo. Me pongo el pantalón, me quito el sujetador y me pongo el sweater de nuevo ¡Tengo frío maldita sea!

Quedo mirando la cama, es la que usaba Kate en su tierna infancia. Sonrío. La veo entrar, levanta una ceja al verme dudando al lado de la cama.

—¿Dormirás en el rincón o en la orilla? — Hay gente que considera que eso es importante.

—Rincón. — Dice de inmediato. Bingo.

—Bien —prende la lámpara y se mete en la cama, yo apago la luz de la habitación, me recuesto al lado y quedo mirándola enojada antes de dejarnos en la oscuridad.

—¿Qué? — frunce el ceño con duda.

—¿Y mi beso de buenas noches? — me pongo traviesa. Kate resopla sonrojada.

—Idiota. — Y se acuesta mirando a la pared.

—Es sólo un beso— hago un puchero.

—Yo cuido mis besos.

—No de mí.

—Especialmente de ti.

—No seas mala. — Me indigno— ¿Si te lo robo cuenta? — Kate se ríe bajito.

—Te dolerá.

—No tienes libros cerca, estas desarmada— bromeo. Se gira y nos miramos.

—¿Entonces me lo darás?

—Ven— me mira fijamente y yo avanzo, me apoyo del codo y me pongo muy cerca de ella. Noto la mano de Kate posarse en mi cintura y acercarse. Entonces me besa y yo la acerco a mí de la espalda, siento su cuerpo pegado al mío y sus suaves labios acariciarme. Son tan ricos, suspiro y me acerco con toda la intención de profundizarlo más.

—Espera, espera. — Susurra algo agitada. — Ahora entiendes porque los cuido de ti. — Dice dándome un besito tras otro.

—No lo hagas. — Pido entre sus besos. Me pongo de espaldas para apagar la luz. Me devuelvo y Kate esta sobre mi hombro.

—Vienes por más. —Bromeo besándola.

—A lo mejor— sonríe entre besos y me quedo recostada con parte de ella sobre mí. La abrazo y repartos besos por su mejilla.

Nos quedamos horas así, la disfruto tanto. Aunque mi cuerpo me pidiera más, ya tenerla cerca una noche acostaditas es un delirio... me acordaré de esto cuando tenga que dormir sola.

A la mañana siguiente:

Despierto oliendo el cabello de Kate, está respirando en el centro de mi cuello y aún me tiene abrazada.

¡Mierda Alejandra! ¡Autocontrol! ¡Ah! ¡Qué calentita está...!

—Kate— susurro. — Kate.

—¿Hmm? — Ay... me enamoré de ese tonito.

Me agacho y le doy un besito.

—Alejandra. — Murmura ronca.

—¿Sí? —le digo con la boca en su frente.

—Aprovechada. — Me da un golpecito en la cadera, desliza su mano por mi espalda, la acerco a mí y sigue durmiendo.

—Ese no cuenta como besito de buenos días. — Digo por si me escucha.

—Te jodes.

—Entonces no dejaré que te levantes.

—Voy a gritar.

—Si te beso no podrás.

—¿Tienes que siempre decir la última palabra? — frunce el ceño con los ojos cerrados.

—Si— digo feliz.

Levanta la cabeza y deja la boca expuesta ¿Quiere que la bese? ...Ay.

Me acerco y la beso, me responde y yo me acerco más, siento su mano sobre la piel desnuda de mi espalda, me acerca a ella y me pongo encima, le beso el cuello y suspira.

Será muy temprano, pero me siento muy encendida.

Le paso la lengua con total lujuria hasta llegar al lóbulo de su oreja y se lo mordisqueo mientras acaricio su estómago, paso por su vientre y siento cosquillitas ansiosas por todo mi cuerpo. Mierda esta sin sostén. La beso y meto mi lengua. Kate gime y levanta las rodillas separando las piernas. Suspiro deseosa.

—Oh, Kate. — Susurro acariciando mi entrepierna con la suya. Ella abre un poco los ojos y me mira con intensidad, nos besamos como retándonos a quien dará el siguiente paso. La presiono más fuerte y ella gime y cierra los ojos. Empiezo a dejarme llevar y la acerco por la espalda besándole la clavícula y deslizando las uñas por su piel. Se escuchan pasos por el pasillo... diablos, había olvidado que estoy en su casa.

—Hmm— musita Kate con ambas manos casi en mis senos.

—No importa— susurro libidinosa bajando a su pálido estómago y se lo beso. Que suave es, daría lo que fuera por bajar... Kate me despeina respirando interrumpidamente. Me baja un poquito hasta llegar a su vientre y deslizo mi lengua deseosa. Eleva la pelvis un poco, sonrío mordiéndome el labio y tomando su pantalón de pijama por la cintura con toda la intención de bajárselo.

Tocan la puerta, me agarro el pelo como enferma mental y Kate se ríe en silencio.

Me acuesto sobre ella haciendo peso muerto mientras me acaricia el cabello.

—¿Sí? — pregunta alto.

—¿Están despiertas? — Mierda es Gabi.

—Más que eso— murmuro, Kate me golpea la espalda.

—Sí, ¿Qué pasó?

—Es que nos iremos temprano, acuérdate que vamos a buscar unas cosas para la tarde. A sí que vístanse— dice más bajito. Me río.

—Si Kate ¡vístete...! — exclamo y escucho una risa en el pasillo. Niega con la cabeza y se levanta; cuando se sube el polerón, yo estoy sentada con las piernas entrelazadas viéndola con una sonrisa.

—No mires — me mira de reojo.

—¡Aaah! — Me quejo recostándome boca abajo.

¡Era cosa de que tocara la puerta un ratito después! ¡Argh!