Capítulo 15 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

En la boca del lobo II

Ángela

Me sorprendo, esa revelación es algo que no pensé escuchar de Martina. Miro el resto de la habitación, ya están en la fase en que no escuchan alrededor.

— ¿Y ese repentino interés? —Me sorprendo. Hay diversión en sus ojos.

—No lo llames interés —Levanta una ceja. —Es sólo curiosidad. Iré, pero cuando no esté nadie. —Aclara.

—Eso no es problema, no suelen estar mucho allí. —‘’Dios… ¡llevaré a Martina Edwards a la mansión! estoy loca’’. Pienso sonriente.

¡Por qué hago cosas tan imprudentes!

— ¿Y tu hermano?

—Es el que menos va a mi cuarto

Martina ríe.

— ¿En qué momento acordamos que estaríamos en tu cuarto?

—Es el lugar en donde menos nos descubrirían. — Sonrío. Pienso en Catalina, mi hermanita no va siempre, puede ser un día en que salga con sus amigas.

—No es malo—Dice. —De todas formas, si me gustaría conocerla.

—Descuida, no te pasará nada —Sonrío viendo sus castaños ojos. No es algo que usualmente me importe… de hecho nunca; pero en este caso quiero que recupere la confianza en mí.

Ella me da una mirada escéptica.

— ¿Me protegerás? —Pregunta. Libero una risita.

—Claro. Podríamos decir que esta vez la que te encubrirá soy yo. —Digo. —Sólo por eso te haré el favor de ir a una de las mansiones más hermosas.

El orgullo de mis padres, de mi abuelo… no estoy bromeando. Esa mansión tiene muchos años y apenas ha sido retocada, sé que los Edwards son más de modernidades.

—Está bien, intentaré no cambiar de opinión —Levanta una ceja.

Ahora que lo pienso es una visita informal de mi jefa o algo así.

—Tienes suerte de que aún no me haya ido de allí y puedas conocerlo —Le recuerdo.

— ¿Te irás?

—Pronto —Digo. —Así que aprovecha. Te avisaré cuando se pueda.

— ¡Jah! ¡Espero no te arrepientas tú! —Dice desafiante.

—Tendrás tu tour —Bromeo ‘’por mi cuerpo’’ dice mi mente. — Quizá mañana seas tú la que se arrepienta.

Miro a Omar de reojo, maldito marica le dije que se controle. Lo veo en pose de guerra conversando como que no quiere la cosa casual, pero yo lo conozco. Le sonrío cuando nadie me ve, no sabría decir si Alfonso es de esos.

Miércoles.

‘’Era verdad o no’’ leo en mi celular.

‘’ ¿Qué cosa?’’ —Que novedoso, Martina me escribe. ‘’ ¿Lo que me dijiste de venir a mi pequeño hogar?’’ Escribo.

‘’Por lo que sé, me perdería en ese lugar sin guía’’ Responde Tina. ‘’Pero nadie puede saber, y será un rato, luego escapamos ¿ok?’’

Me da risa Martina, parece una especie de soldado. ¿Cómo que escapar de mi propia casa?

‘’Ok, será entre hoy y mañana, te aviso’’

‘’Recibido’’

Rodeo los ojos con una risita y me voy a ver al abuelo un rato. Lo encuentro en su cuarto secreto subterráneo, me pregunta detalles del trabajo, por lo que escucho no está enterado de lo de Martina así que no le daré preocupaciones adicionales. Es la salida a un hotel nuevo, lo que hace que tenga interés en el trabajo de papá y me entere de que mañana, viernes y sábado son buenas opciones.

Los viernes Enrique llega temprano, Catalina ha estado todos los días, pero suele salir a ver amistades o estar sacándose fotos en la piscina. El abuelo pasa con sus libros y a veces sale, pero en general, él es la menor de mis preocupaciones.

‘’Martina, ¿puedes mañana?’’ Salimos en la tarde, pero con unas horas imagino que será suficiente.

Jueves.

Me cambio de ropa y la espero, ella llega y abre la puerta de su casillero ignorándome.

— ¿Estás lista? —Pregunto animada — ¡Para conocer un lugar sensacional! —Me emociono.

Más que el tamaño de por si enorme de la mansión Grant, lo realmente atrayente es la basta cantidad de habitaciones y cuartos conectados que tiene. Las cocinas y el salón, ¡ah! Y los pasillos, tiene las más exquisitas obras de arte, ‘’ ¡podríamos competir con el Museo Británico!’’ dije una vez, que fue la primera vez que a papá le agrado un comentario mío.

—Si lo dices aquí cambiándote de ropa es un poco… —Gira la muñeca dándose a entender —preocupante.

—No empieces —Digo. —Tenemos al menos dos horas. —Le recuerdo el plan.

La cosa es simple, llegar, pasear y largarse antes de que lleguen todos. El personal en general no anda contando nuestras visitas de acusete, no con la cantidad que lleva a veces Catalina y una que otra amiga de Enrique.

Seguridad está más pendiente de lo que sucede afuera del recinto de todas formas, además solo será una amiga de visita.

Pido un auto y subimos, me despido ignorando la mirada preocupada del chofer. Cuando Martina avanza hasta los pilares de los barrotes para ver mejor el jardín, coloco mi índice sobre los labios y él asiente. Se retira y hace señal de que lo llame cuando necesite.

Como la cámara me vio hace unos minutos se escucha un sonido y ya esta abierto, la caseta del guardia no está a la vista. Uno de los caprichos de papá, el servicio no puede ser notado y debe pasar lo más desapercibido posible.

Doy un par de pasos para darme cuenta de que Martina vacila ante esta idea, imagino que piensa eso de que está en territorio enemigo. En sus ojos puedo ver un asomo de temor.

—Sé que no tengo tu confianza, pero trata —Sonrío con tranquilidad —Prometo que estarás en tu casa a la noche. —Digo feliz de tenerla de visita.

—Muy bien —Inhala y entra, mira a todos lados como si eso provocara una emboscada súbita de muchos guardias ninjas o algo así. Cuando se da cuenta de que no pasa nada y que lo que más llama la atención es su recelo, camina cerca de mí.

—Sujetaría tu mano —Digo sonriente. —Pero temo que eso sí que llamaría la atención aquí.

—No te aproveches de la situación.

Al entrar somos recibidas por parte del servicio doméstico. La encargada le da una mirada de curiosidad rápida y notoria que no escapa de su comportamiento chismoso habitual, así que me tranquiliza.

Luego de que le ofrezcan un par de cosas y ella las rechazase cortésmente, no escatima en miradas a todos los extremos y detalles del recibidor.

—Esto está en un nivel diferente que la mansión de mis abuelos.

—Lo imagino, ustedes tienen el ascensor y todo eso —A mi juicio el detalle más interesante —Acá es sólo escaleras, te lo advierto.

—Vamos allá —Dice — ¡Necesito entrar al baño! —Dice emocionada mirando unos cuadros y leyendo nombres abajo. — ¿Cómo es el de invitados? —Pregunta mientras subimos las escaleras.

Si sigue así pensaré que estoy en un museo.

— Como el de unos invitados normales —La miro de reojo algo perdida. —Ya sabes lavamanos…

—No me refiero a eso Grant —Gruñe. —Todo aquí tiene la pinta del palacio de Versalles.

—Eso me convertiría en una princesa —Digo con asco imaginándome con una tiara y un vestido rosa. Ella ríe.

—Si princesita—Caminamos por el largo pasillo. — ¿Puedo abrir todas las puertas?

—Si, menos los dormitorios de mis hermanos, ya sabes. —Digo divertida ante su curiosidad. Ella sin duda las abre como si hubiese gente dentro, luego pasa al baño y miro a mi alrededor por si hay Grants en la costa.

(…)

— ¿Esos son tus antepasados? —Dice viendo unas pinturas hechas a mano de la época en que el abuelo aún siquiera estaba planeado.

—Si —Veo el pasillo de los antepasados, hay unos cuadros más viejos que otros, todos impecablemente limpios y sospecho que más guapos de lo que eran. Quedamos mirando los sombríos ojos grises del antiguo inquisidor general, célebre por quemar brujas en el siglo diecisiete.

—Uy tiene cara de malo —Dice.

—Así somos —Digo creída, ella sonríe como si me pusiera en vergüenza a mi misma.

—Tú tienes una mirada gentil Ángela.

Levanto una ceja mientras abre una puerta y curiosea infantilmente.

—Bah, ustedes si que son estirados. —Mira las amplias habitaciones de invitados. — ¿Alguna vez han llenado todas las habitaciones?

La respuesta es obvia.

—No —Digo. —Quizá si invitamos a toda la familia incluyendo familiares lejanos y algunos amigos puede que tal vez. —No somos tantos —Aunque me imagino que algunos reclamarían por lo pequeño del espacio.

—Me imagino —Ironiza. —Aún me impresiono de la cantidad de riquezas que puede acumular sólo un puñado de personas.

— ¿No te acostumbras aún? —Pregunto, veo la extrañeza en sus ojos.

—El trato del servicio y el tamaño no es lo que me importan. —Sonrío como la mentalmente sucia persona que soy. —Pero sin duda la riqueza de este lugar no radica exclusivamente en el inmueble.

—Felicidades, lo descubriste —Digo misteriosa —Los objetos y piezas de arte de esta mansión cuestan mucho más que las habitaciones que decoran.

Vamos al tercer piso, bajamos a las cocinas, salón, recibidor, jardines y dejo lo mejor para el final.

— ¡No! —Exclama Martina, entramos al subterráneo, pero no es la colección de autos lo que llama su atención. — ¡Son muchas motocicletas! Mira a mi bebé —Esa es una Icon…

—No hay dos iguales —Digo.

—Claro que no —Acerca sus manos sin tocarla como si fuese una delicadísima reliquia.

— ¿Quieres andar? —ofrezco.

—Yo no sé conducir una —Lo dice como si hubiese fracasado en la vida.

—Aún hay tiempo —Digo. —Puedo llevarte a dar un paseo, pero tendrá que ser otra —Digo preocupada por el espacio —Si nos caemos no quiero rendirle cuentas a tu madre.

—Hmm— mira las demás motocicletas. —Quizá no tenga esta oportunidad otra vez … —Lo piensa. —Mamá las odia.

—Aprovecha entonces —Sonrío buscando dos cascos. —Si te sujetas bien de mi no te caerás. Le entrego uno, me pongo el mío. Me siento en una roja más grande de atrás que uso seguido, la enciendo y la animo a subirse. —Vamos Edwards, no seas cobarde.

Lo piensa un poco y se sube. Me abraza algo tímida.

—Abrázame más fuerte —Digo en un tono más grave y profundo.

—Ridícula —Gruñe. Sin embargo, su agarre en mi se siente más firme.

Siento que mi estómago se estremece, espero no sienta la pancita cervecera.

—Voooooy —Digo encendiéndola y acelerando con un poquitín de maldad, salimos al jardín.

Martina E.:

Avanzamos tan rápido que cierro los ojos pensando en que quede en la posición en la que estaba mientras Ángela avanza sola, cuando los abro, veo parte de la mansión Grant que se hace cada vez más lejana, a pesar de seguir viéndose enorme… Nos vamos por un camino con poca vegetación en dirección a la reja. Es tan rápido que ni me percato cuando volvimos a unirnos al pequeño camino que conduce a la salida.

— ¡Es genial! —Exclamo. — ¡Podría acostumbrarme a esto! — ¡Llegaría al trabajo todos los días así! aunque a mamá le dé un infarto

— ¡A mí me encanta! —Escucho — ¡La llevo para ir al trabajo!

— ¡No te he visto! —Me extraño, cuando dobla para devolverse me acerco más un poco asustada.

— ¡Oye avisa! —Digo pegada a su espalda. —Es mi primera vez.

Ángela se ríe.

—Ojalá no sea la última. Anímate —Dice— Si Omar aprendió, todos aprenden —Bromea.

— ¡Aprenderé y haremos carreras! — Digo motivada.

Mientras hablamos de carreras paseamos un rato, llegamos de vuelta al estacionamiento del subterráneo. Me quito el casco y veo a Ángela quitarse el suyo tras una maraña de cabello castaño, deja su casco apoyado mientras se peina rápidamente. La miro en silencio y reviso la hora ¡ha pasado bastante tiempo!

—Es una lástima —Digo. —Van a ser las nueve, completamos las horas planeadas —Hago un puchero. —No alcancé a conocer tu cuarto.

Ángela G.:

¡Es cierto! Dijimos que estaríamos ahí, pero con todo lo que paseamos y anduvimos se nos pasó la hora.

—Entonces tengo la excusa para que vuelvas de nuevo. —Sonrío —Me lo pasé bien —Se me ocurre una idea — ¿Y si te voy a dejar en moto? — ¡Ay! para qué me quité el casco.

Sus castaños ojos brillan.

— ¡Si! —Dice, se pone el casco de nuevo. — ¡Vamos! — Apunta hacia arriba. Sonrío, eso fue tierno. Así que me pongo el casco y luego de hacerla abrazarme más de la cuenta nos largamos de allí.

Andamos por la ciudad y tomo un desvío para demorar un poco más, en el cielo el horizonte toma tonos violetas y anaranjados mientras las luces de los focos y edificios comienzan a encenderse, pasamos por sombras de árboles y personas hasta llegar a la esquina del edificio de Martina. Pretendo volver a casa por aquí. Ella se baja, me entrega el casco, lo guardo y nos sonreímos.

—Gracias —dice. —Me lo pasé bien.

—Si, fue un jueves diferente —Sonrío, si, muy diferente… aunque es probable que apenas se vea. —Nos vemos mañana. —Digo guiñándole el ojo y saliendo despedida de ahí.

Martina E.:

Agito mi brazo y camino a la entrada del edificio, para mi sorpresa hay alguien esperándome allí.

—Vaya, vaya, ¿y usted señorita? —Me saluda mi madre condescendiente.

—Hola —Gruño—Sólo… estaba por ahí, con una amiga —Digo rápidamente.

—Yo no pregunté quién era —Mamá Noelle mueve las cejas.

— ¡Ay mamaaá! —Me quejo, sin embargo, siento un leve calor en el rostro ¡Que humillante esas miradas molestosas!

Ella se ríe bajito y caminamos al ascensor.

— ¿Y la otra? —Pregunto por bueno… esa otra.

—En casa, acostada. —En eso lo piensa un poco —Y por suerte, ya sabes que no le gusta que te expongas a peligros y esas cosas.

—El peligro es divertido,

Ella levanta ambas cejas. Entramos y me recibe Sandy.

Al día siguiente

—Gracias por asegurarte de que Chloe llegue bien a casa —Dice Sam cuando nos sentamos a comer.

—No es nada, fue divertido, hiciste falta Sam. —Digo más pendiente de mi jugo, saludo con la mano a ahora ‘’Angélica’’ y sigo en lo mío.

—Ya veo que lo fue —Bromea.

—No jodas Samy —Digo. —Es sólo una chica amable que me fue a dejar a casa.

—Que acomedida. —Dice.

— ¿Por qué no hemos andado en motocicleta? —Hago un puchero.

—Porque si fuera por tu madre o la mía, nos enviarían arriba con una armadura medieval o que se yo. —Responde.

—Eso es verdad. —Digo comiendo apesadumbrada.

—Así que, en motocicleta—Sonríe.

—Si —Ignoro la intención de joderme.

—Tú y tus fijaciones con chicos malos —Bromea.

—No te pongas vintage. Sólo es un medio de transporte.

— ¿Y los tatuajes?

—Eso fue una etapa —Bromeo. Reímos. Si es verdad Bruno estaba lleno de ellos. Lo que no me gustó fue el pasatiempo de meterse cosas por la nariz.

— ¿Qué pasa con los tatuajes? —Escuchamos. — ¡Yo quiero hacerme uno!

—Tu no resistes ni la aguja de las vacunas y vas a hacerte uno. —Le tomo el pelo a Chloe.

—Ooow —Hace un puchero. —Me haré de esos que vienen en los chicles.

Sam la acerca con su brazo y besa su sien.

— ¿Y qué te harías? —Pregunto curiosa.

—Me escribiría Samantha en una nalga —Bromea.

Reímos.

No sé si a Sam le disguste.

[…]

Terminando de almorzar subo, aprovecho el rato para pasar al baño y cepillarme los dientes. Al llegar me sorprende ver a mamá en el pasillo esperándome. Curiosamente no está ninguno de mis colegas perdiendo el tiempo afuera, como habitualmente hacen al terminar el almuerzo.

—Bienvenida —Digo enderezando la espalda más de la cuenta— es un honor recibir su magnánima presencia en este humilde box, gracias… gracias por bajar de Asgard —Recito.

—Omite la intro —Dice mamá seria —Pasa, tenemos que hablar.

—Ouch —Digo abriendo la puerta y haciendo una reverencia. Rodea los ojos y entra. Grande es mi sorpresa cuando se sienta en la silla de los pacientes y no en la mía para tomarle el pelo, debe ser un tema serio.

—Me voy de viaje pulga —Dice sin rodeos.

—Pues que te vaya bonito —Sonrío. Sonríe a su vez. —Es broma ¿Por cuánto tiempo? ¿Irás sola? —Pregunto. Si vino acá es por algo.

—Revisa tu correo —Dice. —Me iré por una semana, y no, me llevo a tu madre.

Hago un puchero, abro el correo y lo leo mientras mamá me mira en un silencio evaluador. Tengo dos, uno directamente relacionado a mi trabajo, y otro de dirección.

El primero básicamente dice que la directora Diaz se encargará de las tareas administrativas y que es la máxima autoridad para nosotros en el área mientras mamá no esté. Nada nuevo realmente.

El segundo dice algo parecido, pero se refiere al hospital en general…

…

— ¿Yo? —Me espanto. Asiente. — ¿Crees que estoy lista?

—Es una semana, no creo que nos vayamos a la quiebra. —Explica tranquilamente— Además, tienes a todos los directores para ayudarte, no estarás sola, papá te ayudará.

— ¡Genial! —Digo. —Lo haré bien—Asiento.

—Así me gusta.

—Mamá ayer no me dijo nada —Recuerdo.

—Es que no sabía. —Responde maliciosamente.

La quedo mirando, yo ya no espero delicadeza de esta mujer.

—Bueno, entonces —Ignoro esto último — ¿Eso significa que tendré que estar en tu oficina?

—Si quieres, sería más cómodo para ti y el secretario —Se levanta de hombros sin darle interés al asunto. —Pero la señorita taladra dientes tendrá que esperar.

—Hmm bueno entonces gracias por avisar con anticipación —Bromeo.

—El factor sorpresa es importante. —Sonríe haciendo un ademán de pararse — Ahora tengo que ir…

Se escucha un tumulto. Tocan y entra Ángela. Quedamos las dos de pie mirándola.

— ¡Martina tu…! —Dice rápidamente. Entrecierro los ojos ¡Impertinente!

—Ups lo siento —Dice. —Acabo de leer mi correo y…

— ¿Ves? llegó tu secretaria —Se carcajea mamá. Ángela frunce el ceño perdida. —Apóyala, ¿oíste García? —Le advierte.

—Si —Responde perdida. Mamá se va, quedamos las dos.

—Espera a que te haga pasar —Gruño.

— ¡Lo siento de verdad, es que leí y no me aguanté! —En eso sonríe burlona —Serás la jefaza de jefas. ¡Genial! ¿Puedo usar mi nombre real?

Me siento sonriente, es verdad, mamá nunca me había dejado a cargo.

—No, no puedes.

—Ouch… ¡huelga! —Dice.

—Tu cállate y apóyame —Bromeo.

— ¿Dónde? — pregunta. Levanto una ceja y le arrojo un lápiz. Lo esquiva y se va riendo.

¡¿Sólo vino a molestar?!

Al menos tengo al Abuelo.

Más tarde en la mansión.

—No cuentes conmigo —Dice mi abuelo.

— ¿Cómo qué no? —Me espanto en plena cena, ¡una viene a visitarlos y le dan la espalda!

—Es una semana, podrás sola —Responde. —Echaré un vistazo en el sistema si te sientes más tranquila.

—Ten abuelos y te sacarán los ojos —Gruño.

—La presión te vendrá bien —Dice.

— ¡Tendré que leer la infinidad de documentos que le llegan a mamá sola! —me espanto.

—Así es la vida —Dice sonriente mientras le toma más atención a la comida. — ¿No te da vergüenza pedirle ayuda a un viejo jubilado? —Se victimiza.

—No. —Respondo.

—Bah, la piedad de las mujeres Edwards —Comenta indignado. —Por cierto, no es una semana, son diez días administrativos.

— ¿Qué? — ¡Maldita sea mamá!

Al otro día me voy al turno del sábado. Pero grande es mi sorpresa al no tener pacientes, mamá me llama y resuelve todas mis dudas, me deja en claro que no la joda con los diez días y que me atenga a mis responsabilidades. Mi madre Noelle solo sabe besar mi rostro mil veces antes de irse.

—Obviamente puedes llamar —agrega.

—Bien —Gruño. — ¿Me puedo ir ya?

Voy pensativa de la oficina de mamá a buscar mis cosas al box, luego al casillero y camino cabizbaja al ascensor. Ya todos se fueron y yo sólo quiero dormir.

En la semana estoy excusada de tener que atender pacientes. Me siento en el lujoso escritorio de mamá a leer cosas que ni vienen con el hospital, afortunadamente como mamá dijo, no es algo que no sepa hacer. Lo que me impacta es que la columna de papeles nunca se detiene. Me doy cuenta de que ni siquiera tengo un horario, si no que me acomodo al trabajo que llega, el que, curiosamente, me tiene atrapada más tiempo que al resto. ¿Esto fue una artimaña a propósito? ¿O mamá siempre está así? Miro el cuadro donde estamos las tres, Sandy y Tomás, que en paz descanse.

El miércoles ya estoy extrañando el eyector de saliva. Me toco la espalda y la presiono con el puño. Me pregunto si me voy ahora o me quedo hasta muy tarde para mañana irme más temprano, en lo que demoro en pensar me interrumpe el intercomunicador.

—Señorita Edwards, la señorita Angélica García quiere verla ¿la hago pasar?

—Adelante —Digo. De cualquier manera, no espero ninguna formalidad de su parte.

Cuando pasa me sonríe animada.

—Mírate, te

…