Capítulo 8 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
Incógnita
‘’Maldita sea’’ pienso. Me incorporo y lo quedo mirando.
—Si esto sale a la luz estoy frita. —Asiente.
—Las reconoció. —Me mira. — Lo pillé de pura coincidencia, forcejeamos mucho, imagino que lo que ganaría con esa foto es suficiente para darlo todo. —Sonríe.
—No pensé…
—Exacto.
—Oye no me retes. —Me siento mal. —No iré de nuevo.
—No lo tomes a mal, Ángela, pero no creo que sea buena idea relacionarte con ella si quieres permanecer en el hospital —Me mira algo apesadumbrado. —Realmente parecían llevarse bien. Así que lo siento.
—Descuida —Digo—Vamos a lo que vinimos.
—Exacto, a menos que quieras salirte.
Lo miro y bueno, él ya sabe la respuesta.
—No, ya estamos aquí. —Me guardo la foto.
—Excelente.
— ¿Estás bien? —Pregunta.
—Si… ¿y tú?
—Estupendamente.
Llegamos y nos vamos a mi suite.
— ¿Y big brother? —Mira la puerta de más allá al entrar.
—No quiero saberlo.
—Hmm, lo que es ser de alcurnia —Bromea.
—Qué diablos, creí que los bisexuales tenían más terreno de caza. —Me siento y prendo la televisión de aburrida.
—El problema, es que ese terreno de caza no siempre nos va a tomar en cuenta —Hace como que gimotea. —Y no nos discrimines, tu amiga Martina también lo es.
— ¿Ah sí?
—Radar bisexual mi ciela. —Pone boca de patito y se quita la camisa quedando con su horrible remera de siempre. —Por cierto, creo que rompí una cámara…
—Me imagino —Digo. ¿Cuándo dinero valdrá para un medio de información? —Gracias Omar. Me salvaste de una grande. —Le reconozco.
—Está como para darme vacaciones. —Sonríe.
[…]
Viernes.
Tocan la puerta de la suite, podría decir que me tocó una cama de lujo, que ni probé porque perecí en el sofá.
Omar babea en el de al lado. La TV aún está prendida.
Abro y una Aida reluciente me sonríe.
—Ya me gustaría verme así a esta hora—Le digo haciéndola pasar.
Ve a Omar aún sin despertar y con la botella de la limusina en la mesa.
—Vaya, esa cosa es muy fuerte —Dice.
—Tiene sus propiedades—Bromeo. — ¿Me esperas?
—Si descuida. —Dice, toca el mesón— ¡Este hotel está precioso! ¡Los Grant siempre han sido mis favoritos! Aunque con Martina fui al de más al norte.
—Ya sabes, la enemistad.
—No parecen llevarse mal —Sonríe.
—No, yo no heredo odios ajenos.
— ¿Segura? Eso es bueno —Dice. —Así puedo verte en las sesiones.
— ¿Qué tal con eso? —Digo caminando al baño.
— ¡Genial! Martina apenas se ha asomado, siempre está leyendo algo. Así que cada una puede hacer lo suyo cómoda.
A decir verdad, no veo a Martina inmiscuyéndose mucho en una sesión de modelaje.
Me baño rápidamente, me visto, cubro un poco las ojeras y ondulo mis pestañas a ver si me veo más despierta. Abandonamos la habitación dejando a Omar en su profundo sueño.
Pasamos a buscar a Enrique.
Grande no es mi sorpresa al ver salir a una chica muy guapa de su puerta.
Nos quedamos mirando y simplemente toco la puerta.
Sale otra chica.
‘’Pero que mierda…’’ pienso. Aida libera una risita.
Entramos y Enrique está en bata mirando por la ventana.
—Que pasa —Digo como saludo— ¿Remojaste el ‘’tallarín’’? —Aida se ríe.
— ¡Ángela! —Me reprende. —Esa no es forma de expresarse frente a la Srta. Florent —Saluda a Aida con una reverencia.
—Dime que al menos elegiste a una Don Juan.
—Por supuesto que sí. Aunque no es ninguna de ellas. —Levanta una ceja juguetona.
—Eso es… ¿Un consuelo?
—Ya la verás, piel bronceada, ojos verdes… —Mira el amanecer.
—A esa ya la vi, estupenda elección. —Digo. Eso significa más tiempo libre para mí.
Más equivocada no podía estar, tuve que estar presente en todo porque mi hermano se ausentó. La única ventaja es que al menos podía conversar un rato con Martina y Aida. Aunque no debo dejar a merced de las hienas a nuestra nueva chica. Así que unimos fuerzas con Martina.
La excusa mía es que los hermanos Grant son tan despreocupados y creídos que, habiendo elegido a la chica, me dejaron para que solo revise lo que falta mientras se van de compras.
—Mejor así —Digo bebiendo agua por milésima vez. Veo a ambas frente a las cámaras, el día está caluroso, genial, huelo a fermentación.
—Hmm —Dice mi contraparte algo dormida.
— ¿Resaca?
—No—Dice —Sueño.
—Si quieres duerme unas horas, yo me ocupo de todo.
—Jamás. —Dice. —Volveré y estarán los bomberos… y el FBI… y….
— ¡Ni que fuese un peligro público! —Replico. Maldita Martina. Al parecer tomarme el pelo la renueva porque se acerca con una sonrisa a revisar todo.
—Quiero al mejor publicista, no. ¡A los mejores! —La escucho. —No pienso tener una perdedora, somos ganadores ¡oíste! Ga—na—do—res. —La escucho.
—We are the champions, my friends— canturreo.
— ¡Ange rescátame! —Gimotea Aida.
—Eso te pasa por trabajar para Edwards. —Digo viendo mi celular adrede.
—Qué insinúas—Dice Martina.
—Nada jefecita.
De vuelta a la ciudad.
El sábado en la noche llegamos a casa ¡Estuvo increíble! Pero Enrique ya se quería venir, cumplimos con todo, así que pusimos a papá al día y tomamos el avión.
En mi caso fue un fin de trabajado ya que a diferencia de mi hermano tengo los Spa. Pero fuera de todo me divertí bastante. Tampoco fue malo conocer otra faceta de mi jefa, ¡oh! y afortunadamente no fuimos comidilla de ningún medio de prensa…
[…]
Martina E.:
Al llegar veo los rostros bronceados de mis madres, bueno siendo exacta de mi madre Noelle, porque la señora Edwards está roja.
—Te pareces a la de ‘’Ugly americans’’, como se llamaba… ¡Callie!
—Y tú a este paso serás la anciana —Sonríe. — ¿Muy pesado?
—Un poco, si delegase trabajo probablemente no.
—Y por eso no equivoqué. —Dice creída acariciando a Sandy.
Hablando de Sandy, la fui a buscar apenas llegué, hemos estado todo el domingo juntas ¡Mi madre no me dejo llevarla! Aunque creo que la pobre se hubiese aburrido, además en casa de mis abuelos tiene para pasear a sus anchas.
—Si te hubiésemos llevado quizá con que platillo nos deleitarían. —Le dice — ¿quién esta deliciosa? ¿quién esta deliciosa? —canturrea— ¡Tú estás deliciosa!
—Por favor, mamá. —Al menos ya se lleva con ella.
La pongo al día a grandes rasgos, pero quiere que le presente todo mañana en su oficina. ¡Carajo!
Ángela G.:
El trabajo normal se reanuda, la semana vuelve a tomar su curso y tengo que asistir al hospital.
Martina sigue siendo la misma de siempre, pero al menos tengo menos miedo de ella y me saluda como una persona normal. Bastante simpática la pequeña Edwards, una lástima que no podamos frecuentarnos mucho.
Viernes.
— ¡Angélicaa! ¡Fiesta! —Dice Jo levantando los brazos y dándome con el lado de la cadera. Me hace gracia porque mide 1.55mt. como máximo.
— ¿Dónde?
—No sé, sólo la tiré, ¡Pero lo pasamos muy bien en la salida!
— ¿Vamos por ahí a alocarnos? —Dice Trini. —Ya somos tres.
Al parecer estoy dentro. ¡Denme un respiro!... no Mentira, voy.
— ¿Alocarnos? —Alfonso aparece.
— ¡Somos cuatro!
— Y si invitamos a los de aquí —Dice Trini—los vemos todos los días.
Es verdad, somos doce contándonos a nosotros y los que estaban antes.
Martina.
Son casi la una de la tarde y mi madre me tiene en la oficina con un par de ancianos más. Termino por fin de hablar, tomo agua y me siento.
—Bien hecho Dra. Edwards —Dice sin rastro de emoción—Cómo les decía, si somos capaces de…
‘’Argh’’ Me digo, escuchándola. ‘’Menos mal que es viernes’’. Cuando los abogados se retiran me queda mirando.
—No te voy a preguntar si estuvo bien, porque sé que lo está. —Digo enfurruñada. Se carcajea.
—Esa es mi pequeña.
—Iré a comer. —Informo. Olvidaba lo hambrienta que estaba. — ¿Vamos?
—Yo, ¿ir a comer al casino contigo? —Levanta ambas cejas creída.
—Sip.
—Bueno. Sólo porque eres mi hija.
Tocan la puerta. Hago un ruidito de fastidio.
— ¿Sí? —Pregunta mamá.
—Striptease a su oficina. —Dice tía Gabi.
Me río.
—Lárguese, soy casada. —Dice mamá tomando sus cosas y negando con la cabeza. —Y al frente de los hijos…— Masculla.
Pasa y nos mira hace un ruidito de sorpresa y nos abrazamos.
—Ha pasado como un mes… —Dice cerrando los ojos en paz.
—Me saludaste en la mañana.
— ¡Como un mes…! —Exclama.
—Venía a saludar, y justo a la hora de comida. —Mira sus manos.
—Tía ¿Vamos a comer? —digo en tono monocorde.
—Si. —Dice feliz. —Noelle ya debe estar allá.
Christine E.:
Ignoro a las locas y bajamos por el ascensor al casino. Debo admitir que ha sido difícil, pero he hecho de este, el mejor hospital de la ciudad.
Eventualmente me saluda mucha gente al bajar, casi seguida por Gabi que no sé cómo diablos la conoce tanta gente si debería estar trabajando en su piso.
Normalmente almuerzo con algunos directores de área y con papá o Noelle, pero será bueno para ver que rayos están sirviendo aquí, hace años no vengo. Prefiero almorzar más tarde.
Para sorpresa mía, hay bastante variedad, tanto para gente decente como uno y bichos raros como Noelle. Hablando de bichos raros…
—Buenas tardes—Digo en su oído.
—Sabía qué harías eso —Dice sentada con Chloe. —Maldita coqueta —Se sonroja. —Noelle es de las que les da ‘’algo’’ cuando le hablan al oído.
Me siento a su lado.
— ¿No hay vino aquí? —La comida está genial, pero…
—Estamos en un hospital Christine.
—Ah cierto.
—Siempre lo mismo contigo—Dice Gabi — ¿Qué harás hoy?
— No sé… ¿Qué haremos? —Le pregunto. Cruzamos miradas.
—Je, Je… —Dice. — ¿Dónde siempre?
—Yes —Digo. Nos juntamos algunos viernes en algún lado, bebemos, cotilleamos, comemos mucho. A veces vamos al zoo, a otros lugares, aunque no pienso volverla a dejar pilotar un helicóptero.
Noelle de todas formas ve a sus amigas, esa tal Angie.
— ¿Martina? —Sus ojos me mira con lentitud. — ¿Estarás en casa hoy?
—Ja ja —Dice Chloe.
—Sam y Chloe —Responde—No puedo negarme, ya sabes. —Bromea. —Las malas juntas.
—Tú eres la mala junta… —Masculla Chloe.
—Está bien, cuídense.
—Nada de guardias —Dice.
— ¡Uuuuuuh! —Dicen Chloe y Gabi. Noelle me mira horrible. ¡Tina soplona!
—New York es un lugar especial… —Empiezo.
—Ya, ¿enserio? —La mirada de Noelle es como de ‘’Yo sabía que debí vigilarla’’.
— ¡Bueno no hay más guardias! —Gruño. —Además estás con las chicas.
Tal vez uno a la distancia...
Ángela G.:
Vamos a comer, veo un grupo grande.
—OMG Christine Edwards vino a comer con los mortales —Bromea Jo.
—Eso es bueno. —Opino.
—Desde luego, invita tú a Martina. —Dice. —Acuérdate.
— ¡¿Y por qué yo?! —reclamo.
—Porque siempre te saluda, además fue tu pareja de juegos. ¿No es obvio?
—No. —Carajos, ahora no. Su madre es sobreprotectora, y no quiero llamar su atención.
Antes de salir y toco la puerta de su box.
—Pase. —Escucho.
—Eh hola, soy yo nuevamente. — ¡Carajo Jo!
—Que tal García, ya veo que no me libro de ti. —Bromea.
—Muy simpática — carraspeo y digo. —Venía a invitarte.
— ¿Qué? Oye no te emociones… —Empieza.
—No en ese sentido —Me sonrojo un poco.
— ¿Ah no?
—No molestes Edwards, vamos a ir en grupo. De los de acá, ya sabes, les dijimos a todos de este corredor. —Digo mientras me mira pensativa. —Para conocernos mejor.
—No creo, es que hoy salgo con Chloe y Sam.
—Puedes llevarlas si gustas —Digo. —Hemos confirmado seis hasta donde sé. — ¿Trabajan acá no? —Te envío la dirección.
—Ya —Dice, saca su celular —Dame tu número.
— ¿Mi número?
—Me vas a enviar la dirección por fax? —Se burla.
—Ah muy graciosa—Sonrío. Le doy mi número y me largo.
Martina E.:
—Entonces me dijo que podía invitarlas. —Les digo a mis amigas.
—Se ve simpática, pero no sé qué opinará Sam. —Chloe mira hacia atrás a Sam abrazándola.
— ¿Es la del bar del extranjero que me contaste? —Me mira de reojo.
—Ajá —Digo sin interés. Levanto la vista y noto dos pares de ojos puestos en mí. — ¿Pasa algo?
— ¿Te gusta verdad? —Dice Sam.
— ¿Qué? Nooo —Digo. Esa no me la esperaba.
—Por favor Tina, siempre que le tomas mucha atención a alguien te lo quieres servir. —Dice Sam, Chloe se ríe.
— ¡Que mamá no te oiga decir eso! —Espeto.
—Ya eres adulta joder. —Gruñe. —Si quieres ve y sírvetela.
—Primero, no quiero. Segundo, tampoco es tan fácil. —No hago milagros. —Simplemente por cosas de la vida, hemos sido forzadas a interactuar más. —Aclaro.
—Tina Tequila la forzada. —Sonríe Chloe. —Pero vamos, descuida. ¿Irán tus compas amigas?
—Claro que sí, dos de ellas. —Digo. Una conocida de la universidad, otra del trabajo. Aceptaron también. Ellas conversan animadas sobre el asunto así que supongo que es pan comido.
Ángela G.:
Le pido a Jo la dirección y se la envío a Martina. No puedo evitar notar el hecho de que su foto de perfil sea un cerdo.
Se me ocurren muchas bromas para preguntar de donde salió, pero algo me dice que no la joda con eso sí, quiero vivir.
Queda otro asunto por solucionar, ¡la prensa! Así que voy con ropa de incógnito al bar.
—Pero qué… —Pregunta Jo viendo mi gorra, mi gabardina y mis gafas al sentarme a la mesa.
— ¿Qué diablos? ¡si no es Angelina Jolie de incógnito! —Trini y Jo que llevan un rato acá beben mirándome como espectáculo.
— ¡Es necesario! —Digo. Me niego a que nos saquen una foto como la otra vez, aunque no estemos precisamente solas.
—Llamas más la atención viéndote así. —Jo apoya el codo en la mesa. —Ya siéntate.
—No deberías avergonzarte de tus amigos—Le digo en broma.
—Sólo de ti —Se burla. Pido algo.
Llegan los chicos poco después que nosotras, los demás, y para sorpresa mía un chico moreno, atlético, vestido de Jeans y camisa hawaiana.
— ¿Omar?
—Soy invitado de las chicas, no te conozco —Dice. Saluda a todos y a Jo y a Trini muy afablemente. Martina me mira burlona y sigue hablando con sus amigas.
Estoy segura de que no conversaron tanto en la piscina, ¿entonces desde cuándo tan cercanos?
A menos que…
‘’Nah’’, papá no es sobreprotector como la loca madre de Martina.
¿O que haya fallado en su misión de quedarse en la cama y fingir ser yo?
Maldito Omar, al menos salió bien… lo veo conversando con las chicas. Luego de un rato me ataja. Saca un cigarro, lo coloca entre sus labios y lo enciende.
—Las chicas son simpáticas —Dice —Está bien, ¡me descubriste! ¡Me pillaron! —Arrugo la frente— Pero no cayeron en pánico y, ¡es más! fueron bastante simpáticas. Así que antes de que llegaras ordenamos el desastre, y me acosté.
—Hmm ¿y qué les dijiste?
—Sólo que tenías cosas que hacer y que no querías preocuparlas.
—Qué lindo. —Sonrío. —Está bien, de todas formas, estamos vivos. —Bebo un sorbo. — ¿No les dijiste que soy…?
—No, no les dije que eres lesbiana. —Lo miro. — ¡Es broma! —Se ríe—Bueno, eso ya lo sabían, pero respecto a lo otro tampoco.
—Gracias, supongo —Niego con la cabeza entretenida. ¡Nuestros vasos chocan suavemente y para adentro!
Martina E.:
—Oye que genial que vinieses, ¡eres una chica normal!... bueno casi —Dice Josefa pensativa.
—Sii y es genial conocer gente fuera del área—Sonríe Trinidad—A veces me hartan los malditos dientes.
Reímos. Eso es verdad, de la facultad que algunos hablan sólo sobre los malditos dientes.
—Si —concedo— Sam me salvaba.
—Así que hablamos de todas las partes del cuerpo—Dice Sam.
—Jejeje —Dice Chloe.
—Hey Sam —Hago como que me sonrojo.
— ¡No me refería a eso!
—Si, si ya lo dijiste—Dice Chloe.
Es divertido molestar a Sam con Chloe, así que mientras Sam se sonroja más nos familiarizamos con nuestras compañeras. Los demás llegan luego de un rato y cuando ya ha oscurecido Angélica sale del tumulto de gente que ya no está preocupada de estar en sus mesas.
—Eh jefaza —Sonríe y bebe de su vaso, se sienta a mi lado muy animada. Recién conozco a Trini y a Jo y ninguna de ellas se ha referido a mí como ‘’jefaza’’.
—Estamos fuera del trabajo García.
— ¿Entonces? ¿Edwards? —Levanta una ceja.
—Sólo dime Tina y ya.
—Tina tequila —Dice Chloe levantándose y yendo al baño. Angélica sonríe burlona.
—Ya veo—Comenta. —Interesante. — Coloca un mechón castaño detrás de su oreja y observa alrededor entrecerrando sus ojos como si estuviera de incógnita. —Quería preguntarte algo.
Sé que Sam fue al baño para dejarnos solas…y quién sabe qué cosa más.
—No le creas nada a esa. —Le advierto. — ¿Qué necesitas saber?
—Todo. —Dice. Se ríe. La miro burlona.
—No te emociones García.
—Ange —Dice. —No te preocupes super estrella, me llamó la atención la cerdita de tu foto de perfil.
Me río de buena gana, me hace gracia cuando me preguntan por Sandy.
—Ella es mi dulce bebé. —Digo. Aunque debe tener ya unos buenos años encima.
—Ya veo, no imaginé que tuvieses un puerco. —Me mira con interés. Al menos no se burló ni hizo un comentario insinuando que serviría de comida.
Como los odio.
— ¿Por qué no? —Pregunto.
—Te ves rígida, los cerditos son muy cariñosos.
— ¡Yo también soy cariñosa! —Me indigno. Se me queda mirando. —Con mi puerca. —Aclaro antes de que empiece con sus bromas.
— ¿Ah sí? — coloca el codo en la mesa y acaricia su mejilla con la mano.
—Si. —Genial. —Hija del lechero.
—No aceptaré tu discriminación Edwards —Hace la mueca burlona de siempre. — ¿Eres vegana, vegetariana o algo así? —Pregunta curiosa.
—Intento ser vegetariana —Reconozco. — ¿y tú?
—Aún omnívora —Dice mirando a Sam o Chloe caminar coquetamente. —Ellas hacen una linda y extraña pareja—Dice. Me río.
—Es verdad. —Las miro, son tiernas cuando creen que nadie las ve.
—Lo que no entiendo es como pasó. —Dice. —Se toman el pelo bastante. En algún momento alguien debió enojarse. —Chismosea.
Me carcajeo de buena gana.
—Se odiaban —Reconozco. —Me crie con ellas, sus madres son buenas amigas de las mías. Por suerte termino bien. — ¡Por suerte! Bebo otro sorbo.
Me mira con una mueca de sorpresa.
— ¿Madres?
—Para que veas, hay más versatilidad de lo que tu piensas—Levanto una ceja.
—Lo imagino, Tina —Levanta ambas cejas. — Pero a mi padre desde luego no le gustaría eso. A menudo criticaba esa… forma de vida. —Ah ya veo, familia difícil.
Aunque nunca tuve problemas con los García y conocen a mis madres. Supongo que un hijo les salió homofóbico por opción y ya.
— ¿Y tú? ¿qué forma de vida piensas tener? —Pregunto. ¡Vamos mírate!
—Hmm una que me gustaría repetir —Dice sonriente— Con una chica linda que me quiera bonito. —Lo piensa un poco.
—Ooow. —Digo. —Suerte con eso —Ironizo. Soy amarga lo sé, ‘’querer’’ bonito no lo hace cualquiera.
— ¿Te han tocado malas experiencias? —Pregunta entregándole un encendedor a su amigo.
—No, estuvo rico. — Se ríe de buena gana. —Duré más con un chico supongo, la chica me salió difícil. —Río.
Maldita zorra, pero no diré eso en voz alta.
—Y eso que tienes el ejemplo de tus madres. —Comenta interesada.
—Si, son bellas juntas —Ahora que llevo años con ellas comprendo esa dinámica y vaya que se aman mucho. — Mis tías también, la tía de Chloe es mi madrina.
—Interesante, muy cercanas.
— ¿Qué piensas García?
—Ange. —Me dice —Pienso que me hubiese gustado una infancia con más… diversidad. —Dice pensativa—Así como la tuya.
—No niego que fue bueno el hecho de tenerlas, pero el contraste con la otra gente… se siente más notorio—Ay, no tanta sinceridad Martina… ‘’que la cerveza no haga lo suyo’’. Me digo.
—Que se jodan, la gente feliz no tiene tiempo para preocuparse de lo que los otros hagan. —Dice —O algo así era. —Mira al techo.
—Si algo así. —Miro mi vaso —Se me acabó mi refresco.
—Hola chicas —Se sienta el amigo de García. Él parece más García que ella ¿Serán familia?
—Que hay —Digo.
—Soy Omar—Sonríe después de mí ‘’Hola Omar’’— ¿Eres Martina Edwards?
Angélica toca su frente.
—Eh sí. —Respondo.
— ¡¿Me das tu autógrafo?! —Salta.
— ¡¿Qué?! —Angélica se sorprende, entreabre la boca y sus grises ojos lo observan con consternación.
—Oh vamos Ange, ¡es Martina Edwards después de todo! —Sonríe emocion
…