Capítulo 14 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

En la boca del lobo I

Christine E.:

Llego un poco mareada. Fue divertido, ya hacía falta una noche de soltera sin ese par de pesadillas. Había mucha gente que no veía hace tiempo.

Entro a mi suite. Veo que el bar fue usado con más de un vaso, así que la mocosa tiene sus secretos… eso o es alcohólica. Camino a su cuarto y la cama está intacta, la mía está tal cual como la dejamos. Sólo veo el vestido sobre ella y la ropa desperdigada de su maleta. Leyendo las huellas sólo se cambió de ropa.

Me siento un rato y pido infusiones para relajar mi cuerpo antes de irme a dormir. Mañana vuelvo a casa, espero que Noelle se comporte más que mi hija al menos.

Cuando el servicio trae lo que pedí me pregunto si esperarla o no. Como la temperatura del agua puede bajar mucho decido que se vaya al carajo. En eso Martina abre la puerta.

— ¿Estás viva? —Pregunta.

—Claro que si —Bebo un poco de té— ¿Dónde estabas? —Noto que está con su ropa casual.

—En el buffet. —Dice sentándose a mi lado. — ¿Me das?

—Hay otra taza, no toques la mía. —Menos si ese vaso lo usó otra persona.

—Eres un amor —Exhala.

—Ya dormiste en mi cama, mi espacio pulga —Bromeo. —Y eso que no vimos películas de terror.

— ¡Ya no les temo! ¡Me gustan! —Espeta.

—Si, sí. —Digo. — ¿Con quién estabas? —No, no sirvo para guardarme las cosas.

Veo sorpresa en sus ojos, sin embargo, lo esconde bien.

—Vi a una amiga y me acompañó a cambiarme. Luego fuimos a comer —Dice. —No la conoces.

— ¿Sólo eso?

Ríe.

— ¿Quieres más detalles?

—Cuidado pequeña demonio. —La señalo. —Creeré en ti. —Mentira, quiero saber quién carajos era. —Imagino que no era Aida. —Te estaré vigilando rubia.

—Claro que no, no perdería la oportunidad de ser el centro de atención. —Toma su taza y se sirve —Descuida, no pasó nada. Solo fue la excusa perfecta para largarme.

—Me imagino. —Cambio de tema dejando ese para más adelante. Después de todo son nuestras últimas horas en este viaje.

Al día siguiente nos devolvemos. Está igual que siempre, con cara de rata revisando su celular a ratos, pero eso ya es pan de cada día, malditos millennials.

Cuando por fin llegamos a la mansión, Noelle nos recibe sentada con Sandy. La cerdita corre hacia su ama y a la vez su salvadora de que no esté en las cocinas.

Camino hacia mi esposa.

—Debiste correr hacia mí —Digo pensativa a su lado. ¿Cómo es posible que la cerda se emocione más que Noelle?

—Ay vamos—Me abraza, rodeo su espalda y milagrosamente mis manos quedan sobre su trasero, miro sus ojos tan cariñosos como siempre, observa mi rostro con esa expresión de fascinación tan característica de ella — ¿no viniste a poner orden?

—Cuenta con ello —La beso, me acerco a su oído y susurro —Ya verás insolente.

Me da un golpecito y cuando Tina se pone de pie se abalanzan.

— ¿Cómo lo pasaron? —Besa su mejilla.

—Nos hiciste falta —Gimotea Tina con su cara pegada a la suya.

—Eso es mentira y lo sabes. —Bromeo.

— ¿Ah sí? Pues devuélvanse —Se hace la dolida.

—Si me devuelvo, me devuelvo contigo —Dejo un beso en su mejilla, ella sonríe.

Comenzamos a besarnos.

—Aish ya empezaron. —Dice Martina.

Nos reímos con la sonrisa casi pegada en la boca de la otra.

—Mocosa envidiosa arruina momentos, es mi Noelle.

—Es mi madre.

—Es mi esposa.

—Es mi madre favorita.

— ¿Qué? Diviértete regando plantas entonces, paz y amor. —Me río.

—No te metas con mis plantas —Noelle me pincha la mejilla con el índice.

Algo me dice que extraña golpearme.

—Ya no puedes, te denuncio —Digo. —Alerta amarilla. —Susurro cuando Tina va con Sandy a la casa a ver a sus abuelos.

Pestañea dudosa.

— ¿Qué?

— ¿Qué no te aprendiste los códigos? —Espeto.

Verde: Tina se porta bien.

Amarilla: Sospecha de alimaña interesada.

Rojo: Alimaña confirmada.

—Tu y tus idioteces de mujer controladora —Se toca la frente.

— ¡Pero Noelle! Fuimos a la fiesta, se escabulló y cuando llego veo dos vasos y no me dijo quién —Me indigno. —Yo no sé en qué parte pensó que podía tener vida secreta. Aunque no sentí otro olor —Me toco el mentón.

—No es secreta, quizá sólo invitó a alguien y ya. —Dice sin importancia. —Me parece lindo que se distrajera un rato con alguien.

— ¿Lindo?

—Christine, déjala ser. Él día que temes tarde o temprano llegará, quieras o no. —Bosteza —Eso depende de Tina.

—No sé de qué hablas. —Bravuconeo.

—Lo único que lograras siendo así, es que Tina no te cuente nada. —Me advierte. —Eso logran los padres controladores.

—Yo no controlo. —Reclamo.

—Okey —dice

— ¿y tú? — Gruño. — ¿Dónde andabas?

—Con las chicas —Sonríe, caminamos directo al hogar de mis padres. La miro de reojo, amo el brillo de sus ojos —Ayer nos vimos, conversamos mucho, nos pusimos al día ¡y no has oído a Fer cantar en karaoke! —Se exalta.

—Oh por Dios no. Prefiero que me agrade aún. —Bromeo. Ella se ríe

—Aunque me hacías falta.

Esa es mi Noelle.

—Te lo compensaré—Digo cuando entramos, la abrazo y ella se recuesta en mi pecho. La acerco hasta oler su cabello —Te haré pasar un buen rato. —Susurro en su oído.

—Christine —Dice quedamente.

—Aunque fue genial dormir sin tu trasero estorbando.

—Vete al demonio —Responde. —Se que lo extrañaste.

(…)

Martina E.:

Camino a saludar a mis abuelos. Mi abuela, Darlene, me abraza, besa mi rostro y me pregunta cómo nos fue, le cuento y recalco mi capacidad de soportar a su hija, el abuelo ríe y fuma de una pipa. Lo miro ahí, tan tranquilo y despreocupado.

Aunque sea un traidor.

Cuando mis pervertidas madres aparecen, comemos y el abuelo, como todos los días, luego de la sobremesa avisa que irá a su oficina. Me quedo unos diez minutos y me levanto con la excusa de ir al baño. Temo que, si digo realmente lo que haré, mi madre, Christine, quedaría muy curiosa.

Y no, no es que quiera armar un escándalo, sólo quiero saber el por qué.

Toco la puerta, después de un ‘’pase’’ entro y lo veo ahí leyendo.

—Abuelo —Digo quedamente.

—Martina ¿Qué ocurre?

—Necesitaba hablar contigo en privado, lejos de tu hija.

—Entiendo —se carcajea —Dime.

— ¿Por qué dejaste que Ángela Grant trabajara con nosotros? ¿Por qué encubriste y protegiste sus papeles de identificación? —Pregunto si preámbulos. Si quiere delicadeza que no confabule a nuestras espaldas.

Me queda mirando sobre el marco superior de sus lentes, pasan los segundos, recuesta su espalda en la butaca, resopla.

— ¿Puedo preguntar cómo te enteraste?

—Si, es una chiquilla muy… especial. —Digo. Ni a patadas le diría que por Tinder. —Este fin de semana tuve el placer de verla junto a su hermano mayor. ¿Lo conoces?

—Si —Dice. —No deberías preocuparte por eso.

—Entonces que mamá se preocupe. —Digo sonriente. —Permiso, voy y vuelvo.

—Ya no te pongas así—Gruñe.

Doy unos pasos y me inclino en su escritorio.

—Entonces, excelentísimo señor. ¿Qué está pasando?

—No hay ningún plan más allá —Dice girando las muñecas y dejando los papeles en su escritorio. —Sólo quería ingresar y ya. ¿Trabaja bien? Tú debes saber eso, ¿qué tal?

—Si, a veces se manda sola, pero hace lo que debe. —Reconozco.

—Bueno, eso es lo que hay, su abuelo, un viejo amigo mío. —Me mira a los ojos —me lo pidió, y no pude negarme. Además, sólo es un trabajo.

—Que acomedido —Digo con ternura.

—No heredes odio ajenos Martina, ya sabes cómo es tu madre. Es por eso por lo que yo manejo la verdadera documentación de esa chica.

—Ese tipo no es un encanto y lo sabes. —Me refiero al padre de Ángela.

— ¿Enrique hijo? ¡Es un idiota! Pero no lo culpo, recibimos una crianza parecida.

—La crianza es una cosa, ser un imbécil es opcional —Gruño.

—Si, como sea —Dice —Si quieres puedes despedirla.

—No es tan así la cosa. —Carraspeo incómoda. —Yo no me mando sola.

Él sonríe.

—Y eso es lo que te hace diferente a tu madre, ella ya la tendría de patitas en la calle.

—Si bueno, es una chica agradable —Digo dándole una mirada rápida a sus hojas. —Pero fue turbio todo —Hago un puchero —Me mentiste.

Levanta las cejas tan hipócritamente como mamá cuando le replico algo.

—Esconder detalles no es mentir.

—No te pongas Edwards —Me toco el puente de la nariz. Se carcajea.

—Tómalo como un favor, tampoco es que Ángela este en los directivos. Aunque bien podría estarlo —Dice pensativo. —Tiene la formación adecuada, el capital y como otro detalle su abuelo se casó con mi prima hermana.

Entreabro la boca por la pura sorpresa. Ya me tienen harta estos ‘’detalles’’, siento una incomodidad en el estómago, por suerte no compartimos sangre.

‘’ ¿Me hubiese importado si no? ‘’ me pregunta mi parte pervertida.

—Es broma, lo de su familia son los hoteles, mueblería, Spa, bienes raíces, y les va bastante bien. No joderá —Toca el dorso de mi mano con la suya. —Yo creo que lo hace por amor al arte y nada más.

— ¿Enserio su abuela es tu prima?

—Me temo que es verdad. ¿Por qué? —Ahora él es el evaluador, frunce el ceño.

— Por nada —Digo seria. —Me quedaré callada, pero sólo por que hace bien su trabajo y no quiero ser la mala. —Me cruzo de brazos. Lo miro a los ojos. — ¿Algo más que contar?

—No te pongas así.

—Me voy, gracias por un minuto de su tiempo —Digo con voz monocorde. Niega con la cabeza y me voy.

En realidad, no estamos enojados ni nada. ¡Pero condenado anciano! ¡Haciendo planes a escondidas con el de Ángela! ¡Argh! ¡Y ahora se supone que es mi prima política, o lejana o algo así! ¡AHHH! Esto se puso raro.

‘’No se puede confiar en un Grant’’ dice mamá. ‘’Tal vez quería comprar tu silencio con besos’’… ‘’ ¿Y si no?’’ Me respondo. No sería la primera interesada, aunque ya se me ha dicho por varios lados que ella no necesita recurrir a algo así.

¡Mientras trabaje bien que se vaya al carajo! ¡Asunto zanjado!

Paso el resto del día con mis madres y Sandy. Luego volvemos las cuatro al apartamento.

Al día siguiente.

—Buenos días —Escucho una voz conocida.

—Hola —Digo un poco agotada. Hoy es de esos días que duermes bien, haces tu vida normal, pero por alguna razón te levantas cansado.

—Ah cuanto animo —Escucho de nuevo esa voz conocida. —También me alegro de verte.

—Nojodas Gra… García — Miro a ambos lados del pasillo.

En qué momento me puse a encubrir a esta, la miro de reojo indignada ¡no lo merece!

—Ups. —Dice. Al parecer ella se levantó de excelente ánimo. La miro estresada y me largo.

Ángela G.:

‘’ ¿Bueno y a esta que le pasa? ‘’ Decido dejarla sola y seguir con lo mío, Martina es todo un misterio.

La veo alejarse, y yo que quería un besito de buenos días.

Al momento de almorzar las chicas se sientan animadas.

— ¿Saben qué? Deberíamos hacer algo. —Empieza Jo. — hemos estado flojos con las salidas.

— ¿A qué te refieres? —Pregunta Trini.

—A que trabajamos duramente, salimos poco, pobrecitos nosotros. —Dice aliñando su ensalada.

— ¿Quieres desmadre? —responde ella.

—Si, algo fuera de la ciudad, ya saben, hacer una barbacoa o algo por la tarde, al aire libre —Se explica— Algo que implique algo verde, y con eso me refiero a árboles. — Levanta la vista interesada.

—Puede ser —Dice dudosa.

—Suena tranquilo—Dice Alfonso.

—Suena a que me hace falta­­­— dice Emma.

—Suena a mugre —Dice Myers.

— ¿La tierra le daña la piel señorito? —Lo molesto.

—Jódete —Responde.

—De todas formas, quiero ir—Digo motivada ignorando al imbécil.

—Esa es mi Ange —Dice Jo. —Díganles a todos, siempre llegan menos.

—Es verdad —Ríe Trini— con que vayan algunos de acá, ¡eso estará genial!

La quedamos mirando.

— ¡Aaaaaaah! —Decimos tiernamente

— ¿Qué? —Gruñe.

— Nos quieres —Digo encantada.

—Somos tus amiguitos, sólo dilo —Dice Jo.

—Bueno veamos quien va y si somos suficientes al menos vamos un día. —Dice digna.

—Ojalá resulte—Dice Emma.

En la tarde.

Llego después de trabajar a mi morada.

—Bienvenida —Escucho al entrar.

—Ya me preguntaba dónde andabas —Digo.

—Eso es mentira.

—Si—Reconozco. Omar se sienta en mi cama.

—Como te fue en tu viaje. —Mueve las cejas.

—Súper —Digo guardando mis cosas

—Aaah ¿Alguna novedad?

—Nada, todo controlado. Christine no me vio, estaba Martina.

— ¿Y no te delató? Era el momento.

—No.

— ¿Y eso?

—Le simpatizaré —Digo mirando la tv mientras me quito los zapatos.

—…Ángela.

Miro la tv.

—Dime —Digo despreocupada.

— ¿Le gustas o qué?

—Claro que no —Respondo. —Le dije la verdad y ya, me dijo que me estaría observando o no se qué.

—Uy —Bromea. —Como sea, esa es una buena noticia. ¿Y estuvieron solas?

—Eh…

—Ángela… —Ríe. —… no me digas.

—Solo se dio. —Trato de controlar cualquier rubor en mi rostro. Si supiera que fui un poco acosadora…

—Mira la que te guardabas.

—Nada de eso, sólo es… jugueteo. —Esquivo su mirada burlona.

—Y eso que pensabas que te odiaba —En eso dice evaluador — ¡Chicas! siempre haciéndose las que no quieren, nosotros lo zanjamos y ya. —Hace un movimiento con las caderas.

—No sé de qué carajos hablas.

—…Y todos ganamos—Me ignora. — ¿Irás el sábado?

— ¿Cómo lo sabes?

—Las chicas dicen que soy simpático —Sonríe.

—Acaparador de amigas —Sonrío—Podríamos ir juntos.

—Si no me dejas tirado genial.

—Como se te ocurre

— ¿Invitarás a Martina?

—No, pero puede que alguien lo haga —Me siento al lado. No quiero ser yo quién lo haga, me ha ignorado como nunca luego de devolvernos.

—Seh—Toma el joystick— ¿Jugamos?

Eso no se pregunta. Lo necesito después de este día.

[…]

Martina E.:

—Hmm no sé —Digo a Josefa. —Quizá sea divertido.

—Ah vamos, es una tarde por si te motivas. —Se va. Me pregunto si es buena idea, lo dejo al humor con el que me levante.

Ese mismo sábado, a las 12 de la tarde recibo un inesperado, pero no tan inesperado whatsApp.

‘’ Tina paso por ti a las tres’’ Chloe.

—Genial —Gruño.

‘’No he confirmado aún’’ Respondo con pereza tirada en la cama, mi enorme puerca apenas se inmuta, me costó subirla. Vibra mi celular.

‘’ ¡Vamos! Me invitaron y Sam fue donde su tío ¡Eres mi única esperanza! ‘’

‘’ ¿Desde cuándo tan tímida?’’ Respondo con pereza y me quedo tirada ahí, sin ganas.

Después de más o menos una hora tocan mi puerta.

—Pulga, el terremoto. —Dice mamá más pendiente de atender su llamada.

Chloe la mira con reproche y cuando ella se va, corre y se lanza sobre mí. Sandy abre un ojo indignada.

—Ay —Digo flojamente con ella encima.

— ¿Anemia? —Bromea. — ¡Acompáñame! ¡Será divertido!

— ¿Y Samy? —Pregunto esforzándome hasta en hablar. En estos tiempos ya es novedoso verlas separadas.

— ¡Fue a ver a su tío! Dijo que me cuidaras.

— ¿Yo? ¿Cuidarte a ti? —Sonrío y le toco quedamente la pierna mientras se sienta al lado —Sam está loca.

—Jeje —Dice. — ¿Elijo tu outfit? Si te queda como el vestido no saldrás virgen de allí—Dice pensativa.

—Oh por favor, no. Mi virginidad —Digo con tono aburrido. Ya no queda ni la raíz de esa flor.

—Sólo serán unas birras junto a la naturaleza ¡Hace tiempo no salimos!

—No tengo ánimo —Levanto apenas la cabeza.

— ¿Qué pasó con esa alma aventurera y rebelde?

—Fue devorada por el capitalismo. —Bromeo.

—Claro que no, acompáñame. Se te pasará en el camino.

—Yaya —Digo sentándome mientras me pesa cada vez más el cuerpo. — ¿Vienes en auto?

—Claro que no, a mí me llevan o no puedo beber —Esta mujer…

Me levanto y me digno a prepararme un poco, mojar mi rostro y sacar una chaqueta.

—Ya vamos —Digo más despierta—Vamos un rato ¿oíste? Nada de amanecer en la playa.

—Así no se puede. —Dice. —Ni Alejandro me apoya.

— ¿Y está vivo? —Tiempo sin saber del mellizo bueno.

—Si y espero que virgen. Deberías ir a casa, a mis madres les encantará verte.

Sonrío, es verdad. Me daré una vuelta por allí.

—Si, he desaparecido un poco. —Reconozco.

—Bah, sigues aquí —Dice Chloe. —No te librarás de mí.

Eso ya lo sé.

Vamos en auto a las afueras de la ciudad, se ve más gente divirtiéndose. Pasamos por los grupos siguiendo las indicaciones y llegamos donde estaban todos. Hay algunos alrededor de una parrilla, otros bajo un árbol, algunos fumando, Jo y Trini en una banca mirando un celular.

—Hola chicas —Digo quedamente. Mientras pasamos saludamos a un par

—Martina— Levantan la cabeza, luego cuchichean viendo una foto. No quiero saber…

Luego veo a Ángela y Omar sentados en la raíz prominente de un árbol, los saludo y me quedo con Chloe. Tomo algo para beber y me animo a escuchar.

En un rato Ángela se levanta y anuncia que irá por algo para beber, cuando su amigo le pide una, varios también se animan, libero una risita burlona, sonríe negando con la cabeza mientras se escuchan risas y peticiones hasta de una botella de vino.

—No podré con tantas…

—Te ayudo —Digo quedamente. Feliz de tener una excusa para no participar de la conversación, caminamos en silencio.

—Que acomedida —Susurra. Nos damos una miradita rápida y miramos hacia al frente.

—Cállate o me arrepentiré. —Respondo de igual manera.

Se queda en silencio y toma unas latas de cerveza y refrescos, las deja en la mesa y me entrega una botella de vino.

—Lleva esto. —Dice más pendiente de meterse latas en los bolsillos de la chaqueta. —Es extraño verte en esas pintas después de la semana anterior —Comenta —Es como si hubiese dos Martinas.

—Irónico si lo dices tú — Ya no sé cuántas Ángelas van…

Caminamos de vuelta.

—Tampoco me delates —Sonríe, sus grises ojos recorren mi rostro, la miro impasible.

—Descuida, al parecer somos varios en la familia encubriéndote. —Se detiene por un instante, luego camina a mi lado, no necesita apurarse mucho teniendo las piernas largas… recuerdo cómo se veían con el vestido.

‘’ ¡Martina!’’ Me digo sorprendiéndome a mí misma.

— ¿Hablaste con tu abuelo? —Doy un respingo.

—Si, tiene la misma versión que tú.

—Es que no hay otra— dice adelantándose— ¿Quieres encontrar algo mal?

Frunzo el ceño.

—No, pero no se puede confiar en un Grant—Digo pensando en lo que dijo mi madre. Miro a mi lado y la noto observándome fijo, mantiene su expresión, aunque puedo notar un dejo de molestia, sus labios se aprietan y me mira hacia el frente, por suerte los demás apenas nos toman atención.

—Creo que estas siendo injusta —Dice—No todos somos iguales... aunque nos parezcamos.

Sonrío.

—Y vaya que se parecen.

—Si fuese por eso yo te compararía por cómo eres con tu madre. —Levanta apenas el índice señalándome.

—No lo hagas, ya todos lo hacen. Ni siquiera entiendo por qué, si no me llega ni a los talones. —Escucho un resoplido, se inclina para entregar la encomienda a los demás.

—El punto es —Dice sirviéndose y bajando la voz aparentando casualidad—que no es mi culpa lo que haya pasado. —Da un sorbo. —Solo quiero ser tu amiga —Sonríe maliciosa.

Me río. Payasa, si no fuese por sus comentarios idiotas ni le hablaría.

—Ya vuelves a ser tú. —Dice.

—He tenido mucho trabajo —Miento.

—…Y desconfianza. —Baja la voz.

—Tal vez. —Reconozco. Junta las cejas.

Chloe al parecer no tiene problemas para arreglárselas sin mí, conversa muy entretenida y cuando llegan las chicas de la mesa se quedan con Omar y Jo. Miro de reojo a Ángela, solo sabe reírse de las idioteces de estos, pienso un poco en lo que acaba de suceder. De que la chica lo ha hecho bien lo ha hecho, no tengo quejas de su trabajo, aun así no le daría confianza absoluta, mamá no es ninguna imbécil e imagino que lleva modos y crianzas de su familia. Supongo que no me queda nada más que ser observadora. El asunto de los besos no es importante, estoy segura de que ambas lo hacemos por una evidente… especie de atracción. Me ruborizo un poco por mis pensamientos, pero de que es jugueteo, lo es… Y así se va a quedar.

Chloe.

Contesto un whatsapp y recibo mi inocente refresco de agua, lúpulo, levadura y malta.

—Gracias Ánge —Digo. Ella hace una mueca creída.

—Ah que sensual —Bromea Omar.

—Estas mujeres man —Digo

…