Capítulo 5 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

La vida de Martina Edwards.

Martina E.:

Flashback.

—Bienvenida a su hogar, Srta. Edwards —Dice un hombre de rostro sereno ataviado de traje negro mientras se abren unas enormes puertas; detrás suyo, se logra ver una gran habitación rodeada de escaleras.

Abro los ojos de par en par. No esperaba tanto lujo, trago saliva asustada ‘’ ¡¿dónde me metí?!’’ Pienso imaginando que estoy aquí por error y que todo fue un sueño. Mis rodillas tiemblan, una mano suavemente toca mi hombro, mami Noelle se agacha un poco.

—Tómalo con calma querida, a mí me pasó lo mismo. —Susurra. Asiento y camino tras mamá algo cohibida. Me siento como si no encajara ni un poco aquí.

— ¡Señorita Martina! ¡Bienvenida! —Dice una señora de traje sonriendo afablemente. Inmediatamente muchas personas a mi paso me saludan como si fuese algo así como de la realeza o una celebridad.

‘’ ¡Ya me arrepentí!’’ Pienso al borde del colapso. ‘’ ¡Voy a vomitar!’’

— ¡Martina! —Se acerca un hombre alto de traje, muy parecido a Christine. Su cabello laminado me recuerda que él fue quien me atendió en el hospital.

—Gracias por recibirme —Digo colorada— Y por atenderme —Murmuro. Miro mis pies, me siento pequeña.

Hasta que una voz interrumpe.

— ¡Lo siento! Me atrasé, pacientes. —Mi otra madre, Christine llega rápidamente sacándose la chaqueta, es recibida por una de las tantas personas que me saludaron.

— ¿No puedes llegar a la hora el día que tu hija viene a conocer la casa de la familia? —Noelle la mira de reojo entrecerrando los ojos.

—Ups, lo siento. —Me guiña el ojo, sonrío a regañadientes. Al menos ya no soy el centro de atención.

Su padre sonríe.

—Ya te comportas como un médico decente.

— ¡Padre! —Se espanta. —Si vuelves a decir eso frente a mi hija te vas a un asilo.

Sus ojos verdes chispean, se prepara para responder, pero es interrumpido por la que ahora es mi abuela, carraspea.

— ¿Pasamos a comer? —Los mira reprendiéndolos.

—Mejor—Gruñe Noelle.

¿Qué diablos con esta familia? La línea recta que formaban mis labios se debilita para arquear las comisuras hacia arriba y los sigo. Caminamos lo que me parece una eternidad, para tratarse del hogar de una persona y llegamos a un comedor (si es que así le llaman aquí) inmenso, la mesa es ridículamente grande.

—Pulga, te informo—Christine aparece a mi lado. —Te sentarás a nuestro lado, y para que no te pierdas seguirás ese orden, en cuanto a las comidas no te preocupes, imítame y ya está.

— ‘’ ¿Dónde fueres, haz lo que vieres?’’ —Recuerdo esa frase.

—Muy inteligente, pequeña sifonáptera.

— ¿Qué diablos es eso?

—Tú—Bromea despeinándome. Baja la voz nuevamente. —Los de traje negro son guardaespaldas, las de traje gris son mucamas, la de ropa normal y delantal es la que está a cargo de todas… lleva una eternidad aquí. Y si ves a un viejo chiflado afuera, es el jardinero…

— ¿Uno solo para todo este lugar? —Me sorprendo ¡El patio es inmenso! ¡Y está muy bien cuidado!

—Dijo que si contratábamos más jardineros les cortaría el cuello con las tijeras. Además, hay sistema de riego.

¡¿Qué carajos con la gente que trabaja aquí?!

— ¿A—algo más?

—Mucho más. Pero por ahora, sólo se tu misma. Es tu casa después de todo.

— ¿M—mi casa? — ¡¿CASA?!

—Bueno, mansión —Christine no le da importancia.

— ¿Y el apartamento?

—También vives ahí. ¡Ah! y otras residencias distribuidas en todos los continentes. Ah y un par de islas. Me gustan las islas —Dice sonriendo al aire. —Tomaremos vuelo pronto.

— ¿Vuelo?

—Si, tenemos un…

—No sigas—Me espanto. Ya estoy pensando que todo esto es una cámara indiscreta.

—Digiérelo rápido pulga. —Sonríe—No pareces alguien con problemas para adaptarse.

— ¿Estás de joda? ¡Sólo falta la puta hada madrina diciéndome que soy la princesa de Genovia o algo así! —Susurro roncamente. Cuando me doy cuenta de que se me sale la palabrota me tapo la boca y miro asustada alrededor. Ella está carcajeándose. ¡Se supone que ella no sabía que me sabía esa!

—Nunca lo imagine así, pero está buena —Ríe—Cuida esa lengua de tu abuela. Ahora comamos.

—No sé comer con 10 tenedores. —Digo de inmediato. Para mi sorpresa parpadea curiosa en dirección hacia mí ¡¿Esperaba que sí?!

—Lo siento. —Me disculpo.

—No… es que tu madre dijo algo parecido una vez. Vaya… dios las cría y Christine las junta— Sonríe creída.

—No nos conocimos gracias a ti.

— ¿No? — Pregunta ignorándome. Entrecierro los ojos.

—Se ve que tienen una buena relación­— ¡¿Qué?! — pero no nos la quites—Dice la abuela. Su sonrisa, hace que me relaje. Se ven buenas personas, por un momento pensé que me retarían hasta por mi forma de caminar.

—Martina, mi pequeña —Dice el abuelo, me sorprende que siendo tan duro se dirija a mí de esa forma y me mire tan cariñosamente. — ¿Estás a gusto?

—A mí no me decías eso —Bromea Christine haciéndose la dolida.

—Es que ya me rendí contigo.

— ¡¿Qué?!

— ¡Oh por dios, ustedes dos!… ¡paren ya! —Dice la abuela. Río entretenida. Noelle los ignora y mira unos cuadros.

—Si, muchas gracias por recibirme —Digo cortésmente.

—Es tu casa—asiente él—Está todo el personal enterado y están a tu disposición. Me preocupé de organizar tu agenda con Christine.

Mi madre, Noelle; por fin pone atención en la conversación. No tengo que ser muy intuitiva para saber que algo no le agrada.

Abro los ojos imaginándome tanta cosa junta.

— ¿Agenda? —Pregunto perdida.

—Si, pero no te preocupes por eso, aprenderás todo lo necesario.

¿Todo lo necesario?

Noelle carraspea.

—No te preocupes Pul… Tina. —Dice rápidamente Christine. —No es nada del otro mundo, y tendrás tiempo libre.

Vaya, que consuelo…

A final de cuentas si era del otro mundo. Bostezo y miro arriba de la puerta, dejé un reloj para no atrasarme jamás. El abuelo y mamá Christine odian la impuntualidad… cierro los ojos. Vuelvo a recordar cuando llegué a esta casa.

— ¡Incorrecto! —Escucho, me sobresalto nuevamente. Mi institutriz de protocolo, cultura social y buenos modales es la peor. Es recta, seria, siempre usa ese vestido gris oscuro que me deprime y te mira como si su cabeza no pudiese inclinarse. —De nuevo o no comes.

Miro mi comida, ya se está enfriando y lo peor es que no estudié para esto. Era más divertido el profesor de inglés de hace una hora.

—Oh por dios, nunca me había costado tanto. —Levanta una ceja. —Pero te puliré joven Edwards, ya lo verás. Haré de ti una dama…

—No me interesa ser una dama —Gruño ya harta. ¡Odio esto!

— ¡No interrumpas! ¡Una joven de la familia Florent es capaz de comer perfectamente a los tres años y tú tienes ocho y no sabes levantar una taza!

—Bueno, yo no soy una Florent. —Gruño.

— ¡No me hables en ese tono! ¡es sumamente descortés!

— ¡Levantar la voz en la comida también! —Le espeto.

— ¡Cómo te atrev…

— ¿Qué está pasando aquí? —Tomando en cuenta la voz y el tamaño en el que se abren los ojos de la vieja, ese es el abuelo.

— ¡Sr. Edwards! —Se inclina—Lamento que haya tenido que presenciar esto, estamos teniendo problemas con la lección.

—A ver. —Dice acercándose. Para mi sorpresa toma una silla y le pide un momento a solas. Nos mira como si le hubiésemos ofendido a la madre y se retira.

—Deja de hacer ese mohín —me mira burlón.

—Odio a esa mujer —me descargo. —Vieja estirada.

Se ríe.

—Es fácil, sólo es costumbre.

—No me gusta que me griten —Estiro el labio inferior.

— ¡Oye! ¡A mí me pegaban en las manos! —Hace como que gimotea mostrando el dorso de sus manos.

— ¡Y no me pondré un corset! —Me descargo.

— ¿Corset? —Pestañea curioso.

—Esa niña creída, Aida. Dice que todas usan corset para moldear su figura —Hago en tono de burla la pose característica de diva que usa. —Prefiero respirar ¡muchas gracias!

—Oye no te parezcas tanto a tu madre—Gimotea. —Y no hace falta que uses esas cosas, en nuestra familia dejamos esas prácticas en el 1.800 d. C—Guiña un ojo.

—Bueno. —Miro mis rodillas apesadumbrada. Mis ojos brillan.

—Oye preciosa, que pasa. —Sus cejas de arquean.

El abuelo siempre está de buen humor para mí, y ya no sé qué hacer con tantas cosas que me regala. ¡Pero esto es muy agotador, aún no veo mi tiempo libre!

—Perdón, soy pésima. —Digo—Ni siquiera se levantar una taza.

—Eso es lo de menos, yo te enseñaré. —Dice de pie, es alto... me apunta — ¡Todos los días que se pueda! ¡comeremos juntos Martina Edwards!¡y serás un genio! ¡cómo tu abuelo! —Me sorprende que levante el mentón Christinemente. Sus facciones con angulosas, y sonríe muy seguro de sí mismo.

—Es de mala educación ponerse de pie durante la comida —Lo reprendo en broma —Y no apuntes con el dedo.

Se sienta derrotado.

[…]

A partir de ese día, almorzaba al menos 4 veces por semana con el abuelo, no tardé mucho en comer correctamente, hasta hacerlo parte de mí. Lo peor de todo es que ya casi ni lo uso.

Unas semanas después en el departamento de mamá.

— ¡Pulga! —Llega mamá Christine rápidamente después del trabajo, muy ufana de sí misma para variar. Esta semana me quede en el apartamento más cercano al centro.

—Que tal, longeva señora. —Digo sin ganas.

— ¡Qué pasa con ese ánimo!

—Estoy cansada —Me tiro en el sofá con Tom. — ¿Cuándo tendré tiempo libre?

— ¿Qué? ¿no empezaste a practicar … idiomas?

— ¡Esa es una obligación!

— ¿Y baile?

—Obligación —Digo.

—Aprende a disfrutar tus nuevos hábitos Tina—Se sienta y hace un ruidito de satisfacción. —Además el idioma lo elegiste tú.

Dejo escapar la pregunta que me ronda en la cabeza toda esta mañana.

— ¿Cómo pudiste con todo? —Ella se toma su tiempo, pensativa.

—Te vas a acostumbrar… por otro lado es más llevadero cuando sabes todo lo que tienes que hacer… y hablando de acostumbrarse, tenemos que discutir sobre lo más importante, tu educación.

— ¿Qué?

—Ya estás lista para asistir a una escuela a tu altura. —Dice recuperando la jovialidad. —Conocerás chicos como tú.

—Soy una chica normal.

—No. Ya no. ¡Eres una Edwards! —Se pone de pie y automáticamente recuerdo al abuelo— y como tal recibirás una educación digna de tu apellido, ya lo hemos conversado con papá y…

— ¿Mi opinión no cuenta verdad? —Gruño. Sigue ignorándome.

—Irás a un instituto en Suiza…

—Espero que no sea esa mierda de la que tanto hablan los chicos ricos de las clases de socialización.

Christine me mira fijamente.

—Ahora tú eres una chica rica. ¿No te gusta?

Miro a Tomás y rasco su mejilla, presiona su cara contra mis uñas.

—No quería decir eso… agradezco todo lo que me has dado.

—Tina… el dinero no llega solo. —Dice simplemente. —Necesitas socializar, aprender a ganarlo, aprender a crear activos, no te puedes quedar quieta. Al menos no uno de nosotros, debes enfocarte en el crecimiento, no en mantener el ritmo ¿entiendes? ¡socializar te abrirá puertas! Debes pensar a largo plazo, algún día serás adulta y no estaremos para ayudarte. ¿Entiendes?

—Más o menos. —Digo apesadumbrada.

—No hemos logrado todo esto comportándonos como idiotas con todo en bandeja. El dinero es el instrumento que te ayuda a navegar por la vida. Tus errores costarán más que los de la mayoría de los chicos con los que tienes clase. Aunque les duela —Se carcajea.

—No te ofendas, pero me sorprende que caigas tan bien —Le tomo el pelo un poquitín, pero es verdad que me impresiona lo agradable que es cuando me presenta gente, conoce muchísima. Yo pensaba que solo mamá Noelle la tragaba.

— ¡Bah! soy una actriz maravillosa. —Dice. —Aunque si es verdad que muchos me agradan y me siento cómoda con toda esa gente, al fin y al cabo, me crie y formé cerca de mucha de esas personas, las mismas que te ayudan cuando tienes aprietos, el chico simpático y pobre sin aspiraciones de la esquina no te servirá. Pero si la Florent creída. ¿Entiendes? Hay excepciones, pero son escasas. —Mueve la mano restándole importancia.

Me ha presentado a tantas personas que no puedo recordar todos los nombres y apellidos… han sido tantas lecciones que no las recuerdo todas…

—Mi cerebro tiene capacidad normal. —Me sincero.

—Con eso me basta, ten más confianza en ti misma campeona. No lo has hecho nada mal.

— ¿Ah no?

—No. Lo has hecho a tu ritmo, mientras avances, está bien para mí.

Nos quedamos mirando, ella asiente y yo asiento.

A partir de ese entonces, estudié sin rechistar, fingí tanto ser sociable, que terminé siendo sociable. Repasé una y otra vez como bailar, caminar, comer y hablar. Hice caso en todo a mi madre y a mi abuelo, tanto que fui unos meses para conocer ese instituto en Suiza. Nunca en mi vida, vi una escuela con tantas actividades extraprogramáticas. Ni parecida a la escuela del orfanato, en donde si bien, fue una buena experiencia, no te enseñaban ni la mitad y pasabas más horas sentado en tu pupitre.

Volví a nuestra ciudad para pasar el verano con mis madres. Un día, aproximadamente las una de la madrugada, me despierto para ir al baño del apartamento y abro la puerta por si Tomás quiere dormir aquí hoy.

— ¡La estás alejando de mí! —Escucho. Una sensación muy mala me recorre el cuerpo al reconocer la voz de mamá Noelle.

— ¡Tú no entiendes! ¡Ella decidió ir por cuenta propia!

— ¡Sabes que lo haría sin rechistar! ¡Apenas tiene los 9 años y te quiere mucho! ¡Te admira! ¡No te aproveches de eso! —Su voz es llorosa, mamá Noelle se quiebra cuando se enoja… siempre me ha dado mucha pena verla llorar.

—Noelle yo no me estoy aprovechando ¡ya te dije como son las cosas! —Escucho a mamá Christine irritada. — ¡Sabes perfectamente donde te metías!

— ¡Si lo sé! ¡Pero tú y tu padre le están quitando su infancia!

— ¡Yo y mi padre queremos lo mejor para Tina! ¡Su infancia sigue ahí! Sólo… sólo tiene responsabilidades…

— ¡Más responsabilidades que cualquier niño!

—Ella no es cualquier niño, es mi hija. —Mi madre lo dice con tanto orgullo y seguridad que me pesa el doble el estómago y no sé por qué.

—No peleen… —Digo tan bajo de las escaleras que apenas se escucha.

— ¡No la vi en meses Christine! —Dice enojada. —No la trajimos aquí solo para que cargue con tu dinastía o que se yo. ¡Quiero que sea feliz y que tenga a sus madres con ella!

—Nos tendrá siempre —Dice Christine serenamente, está oscuro y puedo ver a la luz de la luna que entra por el ventanal, que sus ojos brillantes miran directamente los de Noelle.

—No siempre y lo sabes —Murmura Noelle hipando. —No quiero perderme su adolescencia sólo porque viajó al otro lado del mundo a aprender sobre economía.

—Oh vamos… amor —Susurra Christine.

—No me digas así —Se cruza de brazos. —Quiero a mi hija en la casa.

—Noelle.

—Promételo.

—Sabes que no puedo…

—Si puedes, tú todo lo puedes, no me vengas ahora con que tu padre te controla.

—Por supuesto que no.

—La quiero acá donde pueda verla y protegerla.

— ¿Es sólo eso lo que te molesta? —Escucho decir suavemente a mi madre. —Yo también leí ese periódico...

— ¡No me hables de ese puto periódico conservador de mierda! —Mi madre, Noelle comienza a hipar nuevamente.

Mi otra madre se acerca y la abraza.

—Si le tocan un pelo Christine… te juro, te juro…

—Noelle —Escucho suavemente —No le harán nada. Esa clase de gente solo lo hace para vender, no les importa nada más que recibir dinero propagando un mensaje controversial y manifestando su postura de odio… que les importa lo que nosotras de verdad sintamos.

—Si, pero hay gente que apoya eso y lo sabes. ¿Olvidas a tu amiguito del hospital? Bueno, fue muy amable en conceder una entrevista…

—Ese perro Grant cada vez tiene menos peso y sus muebles son cada vez más horrendos—Susurra Christine medio en broma besando su sien. Escucho una risita suave. —No le pondrá un dedo encima a Martina, ni enviará gente de su mismo credo a hacerlo. Puedes estar segura.

Me acerco al respaldo de la escalera, ¿Quién es ese ‘’Grant’’? me suena familiar, creo que lo he escuchado alguna vez.

— ¿Y cómo estás tan segura?

—Porque nuestros padres se besan el culo, aunque papá jura que yo no sé. Y segundo más importante —Su voz se torna tan turbia que me asusta —Si toca a mi hija soy absolutamente capaz de cualquier cosa… y él también tiene hijos.

—No digas eso… son sólo niños. —Mamá se espanta.

—Cuando grandes serán la misma mierda, no seas compasiva.

—No puedo…

—Lamentablemente nuestro caso dio pie a mucho debate, por nuestra posición. No esperes que todos estén de tu lado. Dirán cosas horribles, simplemente ignóralos. Ninguno tiene los cojones para venir aquí y decírtelo en tu cara. Además de que seguridad los arrasaría… antes de los abogados.

—Pero ese periodista me llamó…

—Ese periodista no te molestará nunca más.

—Dime que no lo…

—Como se te ocurre. —Dice Christine burlona —Sabes que yo sería incapaz…

—No empieces. —Noelle se suena la nariz. —A veces me asusta de lo que eres capaz.

—Sólo debes saber esto. Haría cualquier cosa por ustedes dos… Y Tomás. —Mamá ríe.

Miro esa escena enternecida, creí que sus vidas eran perfectas.

—Yo no quiero que ustedes tengan problemas por mi culpa. —Digo un poco más fuerte.

Pegan un salto tan sincronizado que aún me miran abrazadas.

— ¡Tina! —Mamá Noelle se cubre la boca.

— ¿Escuchaste todo? —Mamá frunce el ceño.

—Si. —Me sincero.

Me sorprende como vuelve a la misma expresión creída de siempre.

—Tú madre te ama mucho. —Dice sin más —Pero debes saber que nuestra relación no es tan débil para que la quiebre una pulga.

— ¡Christine! —Mamá le toca el hombro impactada. —Cielo nada es tu culpa, es sólo que…

—Si tanto te preocupa… —Digo pensativa —Puedo tomar clases particulares acá. —Antes de que mamá Christine abra la boca disparo mi sugerencia.

—Aunque me gustaría estudiar en un colegio de acá si no te molesta. Puedo aprender lo necesario en casa y si quieres que tenga contacto con otros chicos ricos, lo haré.

— ¿Sin rechistar? —Mi madre me mira con seriedad.

—Sin rechistar. —Prometo.

En ese entonces no sabía que saldría ganando a mi amiga más cercana.

Me acerco a mi madre aun hipando y la abrazo, nos abrazamos las tres por minutos. Sugiere que durmiésemos las tres juntas y como ninguna va en contra de sus deseos, fuimos. Suben las escaleras y la dejo adelantarse.

— ¿Así que harías cualquier cosa por mí? ¿eh? —Susurro a mi pelirroja madre.

—Sabes que te adoro pulga, no me hagas repetirlo. Ah, y estas castigada.

— ¡¿Por qué?! — ¡¿Sólo me despierto en la noche y me castigan!?

—Por metiche. —Sonríe cruel —No podrás jugar videojuegos por un mes.

— ¡Pero si yo no tengo videojuegos!

—Entonces te compraré unos y no te permitiré usarlos. —Se adelanta con el mentón levantado.

—Esa mujer... —Gruño.

Luego de eso, fui matriculada a la escuela donde conocí a Sam el primer día de clases. Fueron los mejores años de mi infancia.

Me levanto, miro mi rostro en el espejo, pálido, delgado. Una cortina de cabello castaño cae por mi cuello hacia delante mientras lavo mi rostro. Lo seco y me miro. Unos brillantes ojos café me devuelven la vista en la penumbra, algo alargados. Mi nariz pequeña, mis labios… rosas. Bostezo y me quito la bata. Me pasé con la hora, tendré que apurarme para trabajar, hoy llegan los nuevos de odontología y debo recibirlos.

Para mi sorpresa suena mi celular, mi madre ya debe estar en el hospital.

— ¿Aló? —Una voz más ronca que la de la niña de mis recuerdos responde el celular. Supongo que a los 28 años debería cambiarme algo.

—Eh Dra. Pulga —Dice mamá.

—Mamá… —Suspiro. ¿Cuándo cambiará? Al menos tiene el tacto de decírmelo en privado…

—No hace falta que te presentes hoy, descansa. Ya me ayudaste much

…