Capítulo 22 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

Única en su clase.

Ángela.

Después de presenciar un puñado de señores y señoras interpretar gráficos y presentar sus metas para este trimestre y a largo plazo decido ir a dormir. Apenas mi cuerpo toca las sábanas abandono este mundo. Es de esas noches donde sueñas mucho y amaneces con sensaciones raras, recuerdo una escena particularmente chocante en que casi fui asesinada oníricamente por Christine y Tina la dejaba, en esa cruel escena esta última se cruzó de brazos y miró hacia otro lado mientras unos guardias venían hacia mí, despierto por la alarma de mi celular cuando ellos están a punto de golpearme.

—Oh —Dice mi mente cansada al ver la hora, la siento cansada… hace un minuto eran las doce de la noche…

Al llegar al trabajo la mañana pasa eternamente.

—Vamos Ange vive —Dice Jo tan animada como siempre.

— ¿Cómo lo haces? —Pregunto bostezando. Astrid fue por unos materiales.

—Entre nos… le dicen mañanero —Dice yéndose animada.

¿Con mañanero se refiere a sexo matutino, un cigarrillo de marihuana? ¿o ambos?

—Yo quiero. —Gimoteo.

— ¿Qué quieres García? Te veo lenta —Bromea Tina pasando a mi lado. Frunce el ceño, genial, la jefa pasa justo cuando valgo vergas.

— Nada —Digo rápidamente yéndome a lo mío.

Suena mi celular, genial, mañana de locos. Lo saco rápidamente ignorando la mirada del demonio.

— ¿Aló? ¡No sabía cuándo llamarte! —Gimotea Aida detrás. — ¡Has estado desaparecida Ángela!

—Agradecería que no dijeras ese nombre alto —Respondo rápido. —Lo siento Aida —Carajos de seguro ya le tomó la anestesia al paciente… — ¡Hablamos luego! adiós —Me despido antes de que diga algo más, ya la pondré al día.

Bajo a comer y veo un tumulto, algo llama la atención. Me acerco y Aida está muy perdida en la recepción mirando a todos lados. No es de extrañar que cause esto, Aida es hermosa… y creo que famosa. ¡Pero cómo se le ocurre venir aquí! ¡Christine la conoce! Pero no sabe que nos conocemos…

—Eh Aida —Saludo. En lugar de sonreír y abrazarme como siempre, me saluda y golpea mi brazo.

— ¡Ange…! ¡Angélica! —Me reprende. — ¡Estaba muy preocupada por ti! ¡Ni señales de vida das!

Es verdad, desde que me fui de la mansión olvidé hablarle. Ups.

—Lo siento Aida. —Digo recibiendo un pequeño manotón — Es que ha pasado todo tan rápido…

—Estaba en una sesión de fotos cerca de aquí —Se acaricia un rubio mechón —Y pensaba que fuésemos a almorzar y me pongas al día ¡porque francamente…! —Junta ambas cejas.

—Lo siento Aida —Repito.

— ¡No pareciese! —Espeta — ¡Tienes a tu hermanita de los nervios, a mi preocupada…!

—Ya, ya… —Digo con tono de consuelo, no más golpes… — Te pondré al día, tengo una hora ¿vamos? —O seguirá odiándome. Aunque lo merezco, soy de las que desaparecen por un tiempo y aparecen como si nada. —He estado muy llena de cosas. —Soy una ingrata.

(…)

—… Así que me he quedado con Omar y hemos estado bien —Finalizo mi corta historia después de abandonar la mansión familiar.

—Con que ahí estabas, era obvio —Dice bebiendo de su colorido vaso y mirándome con rencor.

—Aida… perdona —Digo por enésima vez —Uno necesita un tiempo para bajar ya sabes, las revoluciones…. Pensar…

— ¡Pero nada te cuesta avisar! ¡Hasta Catalina tuvo que venir! —Miro mi plato derrotada.

—Cuando baje mi carga laboral iré —como algo, había ignorado lo hambrienta que estaba.

—Espero te alimentes bien con Omar— me observa. —Conociéndolos…

—Si y habitualmente almuerzo en el hospital… no me quejo —Digo evitando nombrar la nevera llena de alcohol y las cajas de pizza —En la casa él es el que se luce cocinando, pero aprendí otras cosas… —Digo animada. —Quizá me guste esto de vivir en apartamento o casas más pequeñas, acogedoras, privadas… —Empiezo. Aida inclina la cabeza hacia un lado como si no diese crédito. Bueno, ella es la de gustos finos. —Como sea. —Termino.

—Eres única en tu clase —Comenta —Deberías pasarte por nuestra mansión alguna vez, mi madre quedó consternada.

— ¡Oye! ¡Se prudente! —Me espanto. —Aun así, no quiero que mi familia tenga problemas, o peor, yo. —Sonrío con obviedad.

—Mamá está acostumbrada a los escándalos, dale algo con que vivir —Ríe. —No se meterá ni algo por el estilo, ni siquiera cuando tu padre y Christine eran la comidilla.

—Odio esa maldita historia —Gruño. Cada día la odio más.

Ella come entretenida.

— ¿No tendrás problemas por comer afuera? Tu jefa es un encanto. —Sonríe burlona.

—No hay problema, no es obligatorio. —Digo tranquila, hmm jugo de mango.

[…]

De vuelta al trabajo.

— ¿Dónde carajos estabas? llegas tarde —Me reprende Tina.

—Perdón Tina —¿Es idea mía o he pasado el día disculpándome? —La conversación se alargó. —Me excuso.

—Se te descontarán cinco minutos —Se va.

— ¿Es una broma? ¿no? —Miro a mi alrededor, Jo se encoje de hombros y saca materiales del mesón.

Terminando el turno me voy a casa con la duda, en la noche le pregunto a Omar si eso es posible.

—Yo creo que estaba bromeando —Responde — ¿y para qué andas recibiendo modelos en el hospital? —Pregunta burlón.

—Ella llegó. Comer ahí no es obligatorio. —Es mi maldita hora libre.

Hacemos salud.

— ¿Y si estaba celosa? —Bromea.

—No veo a Tina siendo de esas —Comento.

—Uuuh, la tiene muy en alto —Sonríe.

—No es por eso, pareciese del tipo que no deja que nada le afecte.

—Esas son las peores, suerte adivinando.

Hmm, a mí no me disgusta su forma de ser, es que a veces no se si habla en serio o bromea.

‘’ ¿Enserio me descontarás cinco minutos? ‘’Escribo, Omar finge que no le importa, pero mira de reojo.

Vibra luego de un rato, juntamos las cabezas leyendo.

‘’No idiota. Sólo no traigas a esa creída a mi hospital, bastante tengo con mamá’’.

Reímos.

—Ahí lo tienes, es un encanto esa Edwards. —Opina. — Todo estará bien mientras no te encules.

—Por favor, soy inconquistable —Sonrío. —Hay Ángela para todas.

—Si claro, si sigues así en dos meses hablarás como bebé.

— ‘’Ño’’ —Bromeo. —Lo tomamos con calma.

—Si, porque no sé qué tendrán en común ‘’Tina tequilla’’ con la ‘’princesa Bean de desencanto’’. —Se ríe de su propio chiste. —Ay me amo. —Finaliza.

—Vete a la mierda, tú serías el demonio.

—Obvio —Dice satisfecho de sí mismo. —Acompáñame a hacer la cena.

Nos quedamos ahí mientras lo miro hablar y hacer cosas como un programa de cocina. Se puede inferir que tiene práctica enseñando, me imagino que le toco hacer de profesor con sus hermanos y ahora… yo. Al menos soy buena lavando vegetales…

Es genial esto de vivir con mi amigo, o me iría al carajo en lo de calidad de vida al principio.

Hablando de eso creo ya saber a dónde irme, un apartamento por acá cerca del centro, donde todo aburre y pueda molestar a Omar seguido… ¡Aah! ¡qué grande estoy!

Al día siguiente.

Sam.

Escribo. Debo dejar constancia de todo lo que hice antes de irme a casa, Chloe amenaza con romper mi concentración, se ubica al lado de mi escritorio. No la miro, sigo escribiendo. Su mano se desliza suavemente por la madera.

Solo un poco más Samantha… pongo el punto final, sonrío y siento el peso y el calor de Chloe en mis piernas, luego no veo mis notas. Solo su perfil mientras se gira hacia mí y junta sus manos tras mi cabeza.

Quedamos de frente. Mantengo la misma expresión concentrada para escribir, ella sonríe.

—Ha sido un día agotador —Digo como saludo y esforzándome por no sucumbir ante sus ojos seductores.

—Pero ahora llegué. —Me observa fijamente.

—Tienes suerte de que haya terminado. — Sonrío. La abrazo a su vez, me inclino un poco y la beso. —Aunque me encanta que vengas a buscarme y seas tan… —acaricio sus piernas —Sensual. Pero debemos mantener compostura frente a Tina.

—Dudo mucho que Tina este preocupada por eso en estos momentos. —Hace una mueca.

Me río. Esa mujer…nada me extraña ya.

— ¿Qué sabes? —Pregunta misteriosa ante mi risa.

— ¿Qué sabes tú? —Digo en el mismo tono.

—No lo sé tú dime... —Responde recelosa. —Espero no ocultes nada a tu novia.

— ¿No he sido prácticamente una santa todo este tiempo? —Bromeo estirando la boca.

—Santa es lo de menos … —Murmura. Me da un agarrón en la entrepierna, es una suerte que tenga las piernas juntas o se pone a explorar terreno peligroso.

—Santa dije. —Suspiro. —Y mantén tus manos donde pueda verlas.

— ¿Por qué? —Bromea, sus ojos dorados tienen un brillo lujurioso. — ¿Te da miedo que las esconda en algún… lugar?

—Si —Me ruborizo. —Pero dime ¿has visto a Tina en pasos sospechosos?

—Tina en si es sospechosa —Dice. Reímos —Tal vez se está divirtiendo por ahí…

¡Maldita chicas poco prudentes! ¡Es un milagro que tía Christine no las haya visto! ¡Para qué dice que le preocupa y no hace algo al respecto!

—Demonios —Gruño. —Si sigue así…

—Así es la pasión —Comenta poética —A veces llega de quién menos lo esperas.

—Dímelo a mí… —Digo sin pensar.

—Jeje me amas.

—Lo hago —murmuro. Nos abrazamos, vuelvo a acariciar sus piernas. —Si quieres nos quedamos un rato más.

—Está bien, pero luego me acompañas a comprar un vestido.

— ¿Y eso?

—Se de muy buena fuente que los necesitaremos. —Me pregunto quién celebrará algo…

— ¿Eso me incluye?

—Claro, eres mi chica, ya sabes. —Mueve una ceja con la nariz pegada a la mía —te cuento en el camino. Podríamos ir por la ninfómana.

—Espero alcancemos. —La abrazo.

—Diez minutos Sam.

—Quince —Jugueteo en su cuello.

Tina.

— ¡Ay! —Escucho.

— ¡Shht! —Le digo. — ¡Nos pueden oír! —Murmuro enojada.

— ¡Me mordiste fuerte! —Gimotea Ange.

—Si, pero al lado está la directora, podría ser peor —Le doy ánimo. Me inclino nuevamente. No le permitiré arruinar mi tarde entretenida post trabajo.

Beso su cuello, trato de bajar el uniforme. Voy a dejar un reclamo de que estas mierdas de trajes no permiten acceso más allá que la zona del esternón

— ¿Por qué no te lo quitas mejor? —Digo con una sonrisita.

—Vete al diablo, ya me mordiste el cuello, y el pecho y… —Le tapo la boca.

—Lo siento. No me di a entender, quítatelo.

Sus castañas cejas se juntan indignadas. Frunzo el ceño, nos quedamos mirando.

—No —Dice. —Además no puedo.

—Lo harás tarde o temprano—le advierto.

—No Martina, estamos en tu oficina ¡nos van a pillar! —Abre los ojos con preocupación.

No sé de qué se asusta si ya estamos en una posición comprometedora. Ella tiene una pierna apoyada en el suelo y otra en el sofá conmigo sentada al medio, no hay que ser un genio.

—No va a ocurrir nada, la puerta está cerrada. —La miro recostada en el respaldo mirando hacia mí. La ropa algo estirada a la fuerza, el cuello arrugado y el centro del pecho al aire, algo brillante. Me inclino, la beso y vuelvo a deslizar la lengua por la blanca piel desnuda de su torso, huelo su aroma y le dejo una mordida en la piel, siento como se tensa y se estremece, escucho como suspira. Sonrío

—Se marcan —Comento burlona. Acaricio con mi mano bajo sus pechos. —Y no es lo único que se marca —entrecierro los ojos acercándome a su rostro. Creo que se ve tan linda así… a punto de ser vejada por mí.

La chica Grant ocultaba un par de jugosos secretos… le doy otro apretón.

—Estás siendo cada día más temeraria —dice con suavidad.

—Estamos… —La corrijo. Vuelvo a besarla tratando de correr ese maldito cuello en ‘’V’’. Me mira entretenida —O te la quitas o te la quito. —Ya me estoy impacientando.

— ¿No conoces un ‘’no’’ como respuesta? —Pregunta. —Nadie me dijo que Martina Edwards era tan gay.

—Yo no soy gay —Respondo. —Ahora quítate el uniforme que quiero morderte los senos.

Se ríe y muevo las cejas.

—Si… lo eres —Ironiza —Al menos se ve que sabes lo que haces.

— ¿Yo? ¿Saber lo que hago? ¿No has puesto atención acaso? —Gruño

—Si, que ternura…

—Estas mocosas de ahora ya no respetan —Bromeo lamentándome. — Veintisiete ¿verdad?

—Eh si… —Dice perdida.

—Entiendo, yo a tu edad tampoco sabía nada de la vida —Digo.

— ¿y tú?

—Veintiocho —Digo aun moviendo la cabeza con lástima.

—No jodas Martina, un año enserio.

Cierro los ojos, ya no educan a la gente como en mis tiempos. Hasta que siento el cuerpo de Ángela empujando al mío. Apenas alcanza a besarme y me corro hacia atrás. Me mira algo enojada.

—Suelta mis manos. —Por su cara, solo quiere ponerme las manos encima.

—No, aún no—La empujo con la palma y me inclino de nuevo.

Sam.

— Me pregunto si Tina comprará un vestido también—Comento caminando por los pasillos junto a Chloe después de que me pusiese al día con las novedades.

—Si, ya extraño nuestras juntas —Dice feliz. —Las de después de los veinte —Me mira con rencor.

—Ah, qué recuerdos —Bromeo. — ¿Te acuerdas cuando peleamos en una salida de campamento y terminamos sobre excremento de animal? —Aún recuerdo como mi madre, Fernanda, enojada me arrojó al río frente a la mirada indignada de mi otra madre… durante la discusión, ella aseguraba que me tenía la muñeca agarrada. Aunque era mentira, estoy segura de que le dio la peor tarea a la corriente y ya.

Al menos olía mejor cuando me sacó tiritando del agua helada. Por suerte era verano.

—Jeje tuve que usar ropa de Alejandro. —Recuerda ella. —Ese verano me di cuenta de que habías crecido, me empujaste con mucha fuerza —Hace un puchero.

Si, pero Chloe me agarro la muñeca y rodamos sobre la mierda.

Claro que se enojaron, excepto tía Christine y Tina, que disfrutaban el espectáculo mientras se echaban repelente para mosquitos en su silla plegable.

Vamos a su piso, la puerta al parecer está cerrada.

—Ves—Digo. —Se fue.

—Buh, debe estar en su oficina. No quiero pillarme una escena —Me da una miradita. —O tal vez si…

—Pervertida. —Tomo el celular—Preguntémosle y ya.

— ¡Aguafiestas! Las hubiésemos pillado enrollándose…

‘’ ¿Estás en el hospital?’’ Escribo. Miro a la loca de mi novia.

—Dice que está en la oficina —Me sorprendo de lo rápido que responde. —Descansando.

—Descansando las hormonas. —Murmura.

Tina.

Escribo a Sam, como agradezco que sea más precavida que Chloe.

—Hmm —Pienso que responder. ‘’Vengan solo descansaba un rato’’. Escribo y resoplo pensativa en el sofá. Me estiro un poco.

—Eh… ¿me vas a soltar? —Pregunta Ángela indignada.

—No dejas que me concentre —la reprendo ¡qué falta de respeto!

Quito el nudo que hice para sujetas sus muñecas. Creo que se estiraron las mangas de mi sudadera. La miro indignada.

—Esto es brutalidad laboral. —Reclama.

—No seas llorica. —rodeo los ojos. —No te vi sufriendo.

—No, pero te aprovechas de la situación, ¡no olvides quién soy! —Se indigna sobándose.

—Por supuesto. —Respondo poniéndome de pie. —Podrías ser una espía… tener cámaras, micrófonos. —Le informo yendo a servirme un trago de algo. Miro su manoseado torso, sonrío. —Ya sabes, inspección. —Estira su uniforme en la parte del cuello.

—Que desconfiada —vuelve a su expresión burlona. —Pudiste haber buscado en más lados que en mis tetas. Gracias.

—Oh, lo haré. —Digo. — ¿Quieres que inspeccione posible contrabando?

—Si claro Edwards, ven y hurguetea —se carcajea poniéndose de pie. —Aunque ahora debo irme, me harás llegar tarde.

— ¿Una cita?

Me da una miradita coqueta.

—Tal vez.

—Suerte. —Suerte con que no te vean las marcas… Hago un salud y bebo todo sonriente. —Ahora Lárgate Grant, mañana seguimos.

—Te pasaste con los besos —murmura tomando sus cosas y tapándose en vano de mi— ¿Besito de despedida?

—Claro, ven. —Digo. Se acerca y le doy un beso corto, no esperaba que me tomará de la cintura y con su lengua acariciase mis labios, la dejo entrar, nos besamos y se separa de mí, levanta una ceja asintiendo.

—Así me gustan los besos —Bromea. —Si me vas a dar unos sin ganas dáselos a alguien más. —Su mirada burlona me dice que le queda un pelo de orgullo.

Habrá que quitárselo.

—Ok —Respondo. —Claramente no entiendes tu posición.

—Por supuesto que si —Se extraña— Arriba, abajo, adelante y por qué no, detrás. —Sonríe. —Adiós Tina. —Abre la puerta y se detiene de golpe. —Hola y adiós chicas. —Desaparece rápidamente.

Ellas la ven irse y luego me miran a mí.

— ¿Qué? —Pregunto. ¿Se les perdió algo?

—Si, que agradable… —Dice Sam — Hola Tina.

—Lamentamos interrumpir tu descanso —Se adelanta Chloe. —Si es que estabas descansando…

—Obvio que sí. Solo estábamos conversando.

— ¿Conversaste con cuál? —pregunta Sam burlona.

—Pues con ambas —Me río. — ¿No querían que sociabilizara y no sé qué más?

—Carajos señorita Tequila —Dice Chloe. —Y nosotras veníamos a invitarte a comprar ropa.

—Ay no —Gruño. — Compras no, si puedo evitarlo.

—Necesitarás un vestido.

—Ya tengo vestidos.

— ¡No digas que no te lo advertí! —Se indigna. — ¡Esos vestidos no te servirán!

Intrigada la acompañamos a comprarse el maldito vestido, me sorprende que sea más recatado que de costumbre. No me dice específicamente para qué es, pero yo ya dejo estar las locuras de Chloe. Luego de ver una amplia gama de vestidos de colores estoy a punto de desfallecer.

—No. —Digo viendo la tela beige. —No atentes a tu suerte —Le digo a Sam. Que ella sea más flexible en ese asunto no significa que yo también.

—Te verías hermosa Tina. —Agrega Chloe. — ¿O este más rojizo?

—No —Digo con pánico. Si ando con rojo ¡Me veré mucho! ¡Como una antorcha! — ¡No usaré estos malditos colores, aunque mi vida dependiese de ello! —Hago maña.

[…]

Christine.

Habiendo llegado la pulga y Noelle las reúno.

—El abuelo dará una fiesta —Aviso. Me miran sorprendidas —Mis padres celebran sus 50 años de casados y por supuesto que debemos comportarnos como se espera de nuestra prestigiosa familia y ser excelentes anfitriones —Se que ambas están esforzándose en no poner caras —Así que daremos hospitalidad a los cientos de invitados de papá y mamá —Miro a Tina — Puedes llevar a las locas de remate de tus amigas o a alguna amistad. — Mi padre no lo hace un asunto muy privado que digamos... Así que me parece bien que se diviertan con sus pares.

… Y papá celebra en grande.

— ¡Tengo que probarme un vestido! —Se espanta Noelle. — ¡Y zapatos! ¡Son bodas de oro! —Se toca la frente. —Con el trabajo olvidé que tu madre lo mencionó. Bueno el regalo está en tus manos ¿qué tal te fue?

Eso ya me lo esperaba…

—Tienes tiempo—Digo antes de que se desmaye — ¿Por qué no invitas a Caro? —Sonrío muy amable. Si puedo evitarlo no las acompañaré… Noelle se demora muchísimo y he tenido carga con los preparativos.

—No lo sé… puede ser —dice animada.

—Siempre lo mismo contigo Noelle —Bromeo. —Solo debes preocuparte de cómo lucirás—muevo una ceja mirándola de arriba a abajo, de seguro se verá tan apetitosa como siempre. —Yo ya me encargué del presente, algo bello y de oro que de seguro les gustará, mis padres son tradicionales de cierta forma y creen en ciertas supersticiones, así que las honraremos — Sentencio. Evitaré que mis mujeres queden como unas desconsideradas.

Aunque lo son.

—Siempre lista —Me apunta Tina. —Gracias mamá.

—Esa soy yo. —Asiento. —Martina, nada de negro. —Digo.

Me mira con pánico.

[…]

Ángela G.:

— ¡Hola! —Digo llegando animada al apartamento. Omar está sentado con Aida en el balcón. Ella se adelanta y me abraza.

— ¡Ángela! —Dice. Me mira extrañada — ¿Tan abrigada?

Bueno un sweater encima del traje en una tarde tibia no es raro…

—El aire acondicionado del trabajo —Sonrío. —Iré a cambiarme de ropa y los acompaño. —Me voy a vestir. Al quitarme el uniforme y ponerlo a lavar por culpa de Tina, me miro en un espejo, no tengo tantas marcas, solo algunas rojas. ¡Maldita piel que trasluce todo! Resoplo. Me pongo una sudadera con el cuello cerrado y ya está.

Me uno a ellos, mientras fuman un rato.

— ¿Mucho estrés? —Bromeo a ambos. Ellos asienten. Tomo una botella que me ofrece Omar. ‘’Cada uno a su cochinada’’ pienso entretenida.

—Ni lo digas —Se lamenta Aida — ¡Estoy en una fase de odio de redes sociales! ahora alguien más las

…