Capítulo 37 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

Salida en familia I

Ángela G.:

Tocan el timbre y luego la puerta.

− ¡Ángela! −Mi corazón da un vuelco al reconocer la voz de mi abuelo.

− ¡Jesús! mi familia está loca −Murmuro abriendo.

Veo al abuelo tras el umbral con su guardaespaldas personal, este último mira hacia dentro como si no pudiese creer que un Grant viviese aquí.

−Abuelo −Sonrío encantada hasta que veo su expresión. Me hago a un lado con cara de mierda − ¿Ahora que hice? −El abuelo es el que nunca se exalta conmigo.

Su mirada gris recae sobre la mía con seriedad.

−Ángela −Dice secamente. − ¿Qué pasa con Martina Edwards?

¡Malditos chismosos!

− ¡Qué sorpresa! alguien se fue de tarro −Ironizo.

− ¡Ángela! ¡Tenías que justo meterte en la boca del lobo no! ¡¿Qué te dije el primer día que fuiste!?

Hago memoria de todas las cosas que me dijo y con suerte recuerdo algunas. Pero ya entiendo el punto de esta conversación.

−Que tuviese cuidado con Martina Edwards…

Ouch.

− ¡Y lo primero que hiciste fue…! −Se detiene buscando la palabra adecuada− ¡ir tras ella! −Me reprende.

− ¡Pero con mucho cuidado! −Me defiendo.

−No juegues conmigo niña −Veo un dejo de diversión en sus ojos. − ¡No tienes autocontrol!

− ¡Si lo tengo! −Miento. −Pero es que… solo se dio y ya − ¡Martina ayudó mucho a calentar el ambiente!… Era la ignorada de la familia hasta esto, y ahora que hago algo diferente y me joden uno por uno. −Lo mantenemos de forma bastante normal… y prudente.

−Acéptalo, no tienes futuro siendo prudente −Gruñe. −Mira si no estas mintiendo a esa chica…

− ¡Cómo se te ocurre! −La gente se puede fijar en mí! ¡carajos abuelo! ¡Y yo no miento!

¡Tanto!

–¿Y cómo es que Christine no te ha matado? −Arruga más la cara.

−Es mi encanto −Respondo.

Miradas.

− Lo intentó. –Digo con seriedad. –Pero va…– busco las mejores palabras– asimilando el asunto lentamente.

–Eso es bueno… –Dice incrédulo. – ¿Estás segura de todo esto? Por que tu madre no te trajo al mundo para que regales tu vida.

–Sí, ya va siendo hora de que me dejen vivirla ¿no? –Digo buscando al abuelo aliado de siempre. −Demonios papi Enrique, apóyame.

− ¡Sabes que es así! ¡Pero me tiene muy preocupado este asunto!

−Estaremos bien. −Lo tranquilizo− Además ni que nos fuéramos a casar o algo así. − Gatear antes de caminar, caminar, antes de correr. −Sólo déjennos en paz seguir nuestro camino −Miro al horizonte.

Ordena su traje sin tomarme atención.

−Muy bien, me voy.

¿Ah sí?

− ¿Eso es todo? ¿y el escándalo? −No esperaba este desenlace.

−El de los escándalos es tu padre y mira como le salió −Me mira burlón y frunce el ceño −Al menos apuntas alto −silba observándome como nunca – enhorabuena, Martina Edwards… y yo que pensé que no existía ambición en ti.

¡No lo hago por dinero!

− ¡No es por interés! –me espanto. ¡¿Cómo se atreve?!

−Buen ojo, ya veremos como sale eso. Solo deja de meterte en problemas.

¡Cómo que buen ojo!

Sorprendida los veo abandonar la habitación sin agregar ni una sola palabra más sobre el tema.

Eso fue demasiado bueno para ser verdad, ¿será él el ambicioso?

Como mi jodida vida no puede ser tranquila, luego de un par de días en donde el trabajo solo se acumula, mi hermana irrumpe en la oficina.

Una tarde, abre la puerta como si tuviese un asunto de suma importancia, levanto mi cabeza mientras se acentúa el leve dolor palpitante que, a duras penas, deja que me concentre.

Reparo en su ropa. Traje oscuro, el cabello sin alisar y el rostro sin maquillar, a pesar de algunas diferencias, es probable que cualquier desconocido pensase que soy yo. Es mi versión de cabello castaño.

− ¿Cómo es que nadie te descubrió? −De seguro que esto de los disfraces son algo de familia.

−Soy tu hermana, puedo imitar hasta tu caminar −Dice con aires de listilla. – Aunque pensaron que volviste a tu color natural.

−Estás loca −Fijo mi vista de nuevo a las hojas.

Se sienta frente a mi y yo resoplo sabiendo que mi concentración no tiene retorno. Me mira fijamente – lo he pensado mucho y… me di cuenta de mi error.

No le creo.

−Solo quiero solucionar las cosas entre las dos, hermana −Pone ambas manos sobre la mesa y me mira lastimera. −Perdóname. −Me mira triste. −Se extraña tu ausencia en la mansión.

−Si claro, empezando por papá. −Bromeo.

−Bueno, él no ha dicho una palabra sobre ti, pero sabes que los demás te extrañamos.

‘’Claro, empezando por mi hermano’’ pienso. Al parecer pensó lo mismo porque se corrige.

− ¡Yo te extraño un montón! ¡Y te quiero un motón! −Gimotea.

−Y yo también, pero armaste la grande, lo mínimo es que te disculpes con todos. −Digo.

−Te lo dije, Aida no quiere… −Empieza limpiándose una lágrima.

− ¿Y a Martina? −Se queda de piedra.

− ¿Edwards? ¿Estás loca? −Abre sus grandes ojos azules con miedo.

−No. Te equivocaste y debes enfrentarlo −Digo. −O vete al demonio con tus disculpas falsas. −Intento seguir leyendo.

Resopla.

−Esa tipa me va a pegar.

−Claro que no. −Sonrío. −Martina no es así.

[…]

Martina E.:

Entrecierro los ojos en mi oficina luchando por no arrojarle mi notebook a la persona que tengo en frente. Solo porque mi madre, Noelle, me daría un sermón sobre valorar y cuidar mis cosas cuando la vea en urgencias con el equipo estrellado en algún lugar de su cabeza.

− ¿Qué quieres? −Espeto ¿Cómo es que la dejaron entrar?

−Vengo a disculparme −Alega.

Menuda disculpa, está loca.

¿Debería empezar a preocuparme de los genes locos de Ángela?

−No te creo. −Digo. La sinceridad, no es el fuerte de esa familia. Insisto.

−Te lo juro −Mueve la mano irritada. −Si no jamás pisaría este basurero. −Mira mi oficina con desprecio.

¡Bueno es una oficina pequeña! ¡Pero es mi oficina! ¡Acogedora y pequeña para mi conveniencia!

−Será un gusto para mí, sacarte de este basurero. −Me pongo de pie, cruzo el escritorio y la llevo a la salida.

− ¡Oye! ¡Oye! ¡Aush!

Será tan alta como Ángela, pero tengo práctica.

−Pídele disculpas a tu hermana mejor −Sugiero abriendo la puerta e invitándola a largarse −A mí no me interesas.

− ¡Ya lo hice! −Cierra la puerta dando un golpeteo. Joder espero que no esté la directora Díaz. −Necesito arreglar las cosas para no perder a mi hermana. −Me mira duramente−Por eso estoy aquí.

− ¿Te envió ella? −Me espanto. ¡Lo pagará caro!

−Si… −detiene lo que dice como si significara un jodido esfuerzo soltarlo−Debo pedirte perdón… por intentar sabotear lo que tenían… −Sus ojos miran los míos por un instante, es claro que no está acostumbrada a estas cosas.

Mi expresión interrogante se transforma en una risotada.

− ¿Tú? ¿perdón? −Digo. − ¡Quedó una muy grande para que confíe en tus disculpas!

−No tienes que… −Gruñe. − ¡Es la verdad! ¡no me inmiscuiré más entre ustedes, pero prométeme que la cuidarás! −su cristalina mirada me molesta, me molesta porque se ve sincera. Pero es tan mentirosa y Grant que la detesto igual.

−No sé qué es lo que te han dicho de nosotros, pero no es verdad.

− ¿De qué tu madre es impulsiva, posesiva y no entiende una negativa?

Ok, eso si es verdad.

− ¡Mi madre no se entrometerá! − Respondo evadiendo la respuesta − ¡Es todo lo que debes saber!

Me mira indignada

−No la trates mal Edwards. ¡Ya ha sido bastante duro para todos y para ella después de la muerte de nuestra madre!

¿Esta cree que soy un monstruo o qué?

− ¡Nadie la ha tratado mal! −Pierdo lo poco de paciencia que tengo.

− ¡Más te vale! −Su mirada es acusadora. −No la quiero ver contigo porque eres una Edwards y no eres digna−Sonríe desagradablemente −Pero la quiero más de lo que te rechazo. ¡Adiós! −Abre la puerta y lanza un beso creído abriendo y cerrando la palma como si fuésemos amigas y se va.

La miro con odio mientras desaparece de mi campo visual.

La seguridad de este hospital debe ser mejorada, indudablemente.

(…)

− ¡Entonces dijo adiós y ya sabes!...−Imito el movimiento. − ¡Argh la detesto! −cruzo los brazos. −No le creo.

−Yo tampoco −Dice Sam.

− Yo si −Dice Chloe. − ¿Tú que dices Maxi? −Mira al cachorro en sus brazos. Él animal se mueve inquieto y lame su rostro. Chloe lo baja y salta torpemente ladrándole a Sandy.

− ¿Maxi? −Así que por fin le puso nombre al perro.

−Máximo Décimo Meridio −Dice con aires de suficiencia.

Elevo una ceja viendo a esa dulce cosita tierna con semejante nombre.

− ¿Qué harás? −Pregunta Sam. Estamos en el parque, Chloe se divierte arrojando una pelota que ambos persiguen. Sandy atrae miradas… la vigilo como la madre humana sobreprotectora que soy, no falta el desalmado que se querrá comer a mi bebé.

−Nada−Contesto. − decirle a Ángela que no envíe pestes a mi oficina.

Sam ríe.

−Aunque lo correcto era que se disculpara −Comenta con una miradita burlona. −Ahora que se verán más seguido y eso…

−No sé de qué hablas.

−Es el precio de estar con la chica, soportar al hermano. −Susurra mirando a Chloe. – nos guste o no, la familia viene incluida…

−Tienes las mejores suegras que una persona podría pedir −Le recuerdo.

−Lo son, pero siempre estará esa comezón molesta en la espalda. −Sonríe.

Alejandro: comezón molesta en la espalda.

−Bueno, yo tengo un montón de comezones entonces. − Prefiero hacer como que no existen.

−Lo que te sirva. −Me da un golpecito divertido.

−Y ustedes que tanto susurran −Chloe nos mira con las manos en las caderas y con Sandy y Maxi atentos a la pelota sujeta por su mano.

−Que te importa −Bromeo.

− ¡Ooooh, que simpática! ¿Sam? ¿quieres jugar con la puerca de Tina? Con, la puerca… de… Tina. −Mueve la mano creída sentándose en la hierba frente a nosotras.

−En eso estoy −Responde.

Les doy una afilada mirada mientras Chloe le entrega la pelota. Sam la arroja, me sorprende lo veloz que puede ser Sandy.

−No al rencor −Canturrea Chloe acariciando bajo la sudadera de Sam. Pone cara de pervertida mientras sube la mano. Mi amiga se ruboriza.

−Mientras no se vayan a los arbustos… −Digo por si acaso, encontrándome sorprendida de estar acostumbrada a la dinámica de estas.

−Oye pero que buena idea −Responde Chloe.

−Pobre cachorrito. −Veo a esa cosita castaña que no se para de mover. Algo me dice que Sam eligió ese perro porque le recordaba a Chloe.

−Lo devolvieron por inquieto −Adivina mis pensamientos. −Así que pensé en alguien que tuviese la energía a la par.

−Pensaste bien− Son un lindo par, quizá mi amiga agote a ese perro. Sonrío cruel.

− ¡Pensaste en que agotaría a mi perro verdad? −Se indigna.

Me río. Le hago cariño en el cabello.

− ¡No soy una mascota! −Alega.

−Ya… ya… ¿quién es una buena chica? ¡Tú eres una buena chica! −Sonrío.

− ¡Si yo soy! −Celebra. − ¡Oh no! ¡Espera! −se indigna.

Sam ríe y también le hace cariño.

−Mi harem es horrible. −Murmura Chloe con el cabello desordenado.

(…)

Christine E.:

− ¿Qué? −Miro con cara de mierda el rostro condescendiente de papá.

Me encuentro sentada en su antiguo escritorio que ahora es parte de su oficina. Me mira burlón del asiento de en frente, como si quisiera leer cada expresión mía en primera plana. Se ríe.

−Llamaré a seguridad. −Gruño.

−Oh, vamos, Sólo disfruto de las ironías de la vida.

−Sería una ironía que nuestro ex director tenga un accidente. −Bravuconeo.

−Oh Christine, no te lo tomes así. −Me mira tragándose una carcajada, que no se traga y libera en mi cara.

− ¡Es suficiente! −Espeto. − ¿Qué quieres?

− ¿Por qué no me dijiste que Ángela Grant es tu yerna?

− ¡Yerna! ¿¡De qué disparates hablas!? −Me cruzo de brazos. −Solo están… saliendo. Cosas de jóvenes −Muevo mi mano como si explicase algo obvio.

−Ya… y Noelle es una amiga.

−Lo es −Sonrío. −Y también mi esposa.

−Jah, tu crees que no duraran verdad?

−Estoy segura, incompatibles como el agua y el aceite.

(…)

Salida al Spa.

Christine E.:

Veo a Noelle observar maravillada el complejo, ha venido aquí antes, pero parece que no se quitó las ganas porque actúa como si nunca la hubiesen sacado a pasear. Frunzo el ceño.

− ¡Qué lugar tan maravilloso! ¡Es tan enorme! ¡Y brillante! −exclama emocionada.

−Los he visto más grandes. −Comento. −Y brillantes.

−Ya lo creo ¡Pero aquí somos invitadas!

−Bienvenidas.

Vemos a una Angela bastante informal con Tina sonriente llevando a su mascota.

Son unas vagas. Las miro de arriba abajo, no parecen ser las señoritas que son. Indignante.

−Gracias por recibirnos −Digo secamente.

−Deberías quitarte ese traje −Dice mi esposa sacando fotos aquí y allá.

Ella también es una vaga.

−Soy Christine Edwards −Gruño. Estamos en territorio enemigo, debo estar a la altura. Miro hacia abajo mis zapatos brillantes y mi pantalón impecablemente planchado.

Aunque es verdad que no pego con el ambiente, están todos son pantaloncillos y camisetas.

−Relájate Edwards −Dice adelantándose. −Quítate unas prendas y únete a la fiesta. ¡Oh mira! −un camarero con una bandeja le entrega un vaso muy colorido. Da un sorbo. −A esto me refería −susurra exhalando aire lentamente.

Miro a Ángela de reojo, está claro que juega sucio.

Aunque bien, no se lo discuto.

−Me encargaré de nuestras cosas −Con Noelle terminaran regadas en cualquier lado.

En la suite:

Oh carajos… esta hermosa, observo la amplia habitación, hay que reconocerle a estos Grant que tienen cosas lindas…

−Muy lindo, lujoso −Opina mi esposa.

−Las he visto más lujosas – la miro aguda.

−Por dios Christine. −Dice Noelle. Acaricia mi mejilla −Diviértete ¿sí?

Mi mentón tambalea.

−Bueno está bien −Digo con los labios apretados. −Supongo que no hará mal.

−Lo necesitas −Finaliza.

−Si…

− ¿Qué necesita? −Se acerca una Tina curiosa.

−Privacidad −Bromeo. − ¿Qué tal la mañana pulga?

−Pudimos acompañar a Sandy a su terapia −Responde. −Estaban felices de verla nuevamente.

−Eso es muy bueno −Observa mi esposa.

Entrecierro los ojos, ¿qué mierda es eso?

−Así que la dejamos un rato y luego almorzaremos −Dice Tina muy contenta.

Sí, sí, esta anda muy contenta últimamente.

−Mamá ¿Aún de traje? −Se indigna. − ¡Vamos a nadar! −Arruga la frente como cuando era una mocosa de doce.

Aunque aún es mi Tina, sonrío encandilada.

−Ven aquí −La abrazo.

Ángela G.:

Paso a buscar a mis invitadas. Por la puerta veo a Christine abrazando a Tina, todo eso mientras su madre revisa los cajones de los muebles encantada. Me parecen una divertida familia, frunzo el ceño y sonrío.

El par de chicas rudas bajó la guardia.

Hasta que su madre frunce el ceño y me mira asesina.

−Adelántense, iré a vestirme. −Se va digna.

Tina camina emocionada y sin esperarme me arrastra de la mano al pasillo.

− ¡Vamos a nadar!

− ¡No olviden el protector solar! – exclama su madre.

Pero ya vamos en el pasillo… ‘’es como una cría’’ pienso.

Christine E.:

Salgo más fresca y vestida para la ocasión, espero no enamorar a nadie. Bromeo internamente.

− ¡Genial! −Dice una pervertida voz.

Pego un salto.

− ¡Noelle! ¡No saliste con las chicas! − ¡Ahora quizá donde deben estar!

−Claro que no, no necesitan niñera −Me mira con seriedad. − ¿Vamos?

Extiendo la mano y nos vamos caminando lentamente. Nos llevo a refrescarnos, detecto a Tina y Ange en un extremo lejano, bastante confidentes. Decido que las dejaré en paz y me voy con Noelle a una barra.

−Sra. Edwards, que honor. −Dice una voz dulzona a mi lado.

Miro a una Aida de gafas y sombrero. Con razón jamás la vi.

−Florent −Saludo. −Un gusto verte −Digo sin ánimo.

−Sí, que agradable. −Contesta. −También es un gusto para mi ver ese ánimo.

Me agrada Aida, libero una carcajada.

−Sra. Noelle −Inclina la cabeza.

−Aida −Dice animada.

− ¿Y Martina? −Pregunta

−Con Ángela nadando supongo…

− ¿Está con Ange? −Aida se sorprende y luego sonríe−Iré a saludarlas −Se va.

−Genial, desastre −Bromeo.

−Ya están grandes todas− dice mi esposa −Pareciese como si fuese ayer cuando discutían en la escuela −suspira.

La miro burlona.

−Yo creo que se agradan de todas formas.