Capítulo 34 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

Dos grandes que se unen

Lunes.

Christine E.:

− ¡AHORA ENTIENDES LO QUE TE DIGO! −Grito encolerizada. ¡No se puede empezar la maldita semana en paz! ¡Ahora soy la maldita burla! ¡El jueguito de los paparazzis! ¡La comidilla de los programas de cotilleos! ¡Qué es eso de amores prohibidos! ¡Qué es eso de dos grandes que se unen! ¡Qué es eso de tal palo tal astilla ¡Qué es eso de que ahora supuestamente el puto Grant es mi consuegro! ¡Qué es eso de qué el amor es más fuerte! ¡Qué mierda tan cursi! ¡Podría esperar a que me tratasen de lo que quieran! ¡Pero que no me relacionen con esos imbéciles! ¡Oh por Dios si hasta un diario le cambio el apellido a mi hija! ¡Mi hija jamás abandonaría su apellido por esa!

¡Y LO PEOR! ¡Lo peor de todo es esa foto en donde salen ahí muy risueñas besándose! Creo que mi hija será portada de algunas revistas LGBT y letras varias, al menos por este mes.

Algo temblorosa me acerco a un mueble y me sirvo del líquido más fuerte que encuentro. El ardor hace que me concentre más en eso que en la rabia que siento. Normalmente me vale lo que me digan, ¡pero no puedo ver de esa forma expuesta a mi bebé!

Se hace un silencio.

− ¡Qué importa lo que digan madre! −Espeta Tina. −Además subieron las acciones…

− ¡No puedo creer que no te importe el honor de esta familia! −Exclamo. −Tenemos amigos, tenemos aliados, tenemos enemigos, tenemos… −Me tirita el ojo.

Papá me matará. ¡Estoy en aprietos! ¡Soy una mujer muy rica en aprietos!

Me enteré de todo esto de la peor forma, ¡Twitter! ¡Que humillación ser expuesta por esos llorones! Si no fuese porque suben la portada de la maldita revista no me entero.

−Oye −Digo ronca con cara de loca. Miro a Tina. Ella ya me mira preocupada. −La familia de esa… chica. −Tina frunce el ceño, pero guarda silencio, le conviene. −… ¿saben que se aprovecha de ti?

−Mamá −Tina pone los ojos en blanco. −Creo que sólo su hermana…. Y no se aprovecha de mí, no digas eso.

¡Mierda! Relleno mi vaso ¡Esa mocosa de la hermana podría perjudicarme! ¡Estoy en un aprieto horrible!

− ¡Les dije que fueran prudentes! −Exclamo. − Deberás tener mucha paciencia cuando consigan tu número personal. −Le advierto.

−Si bueno… me han llamado algunas veces esta mañana −Dice dudosa.

− ¡No les digas nada! −La apunto amenazante.

−Dije que tenía que ir trabajar −contesta.

−Ok. −Me siento en mi escritorio y reviso mi correo.

El secretario viene con esa cara de mojigato que trae siempre cuando afuera todo es caos y destrucción.

−No más malas noticias −Le advierto. Se devuelve. −No espera − ¡Carajo! −Ahora que ocurre.

−Es Enrique Grant Sra. Quería ‘’hablar’’ con usted. −Esas comillas con las manos me informan que probablemente este gritando como animal en celo.

−Quería. −Repito.

−Exacto, le dije que esperara unos minutos puesto que estaba usted muy ocupada.

− Genial ¿Y qué pasó después?

−Me mandó al infierno y que iba a venir él mismo.

Santa madre de la lesbianidad, adiós a la felicidad. Hola a ese dolor de dientes.

− ¡Pues que venga! −Renuncio a toda cordura. ¡Guerra es guerra! Me pongo de pie −Trae a los guardias mejores entrenados, lo más altos, lo más rudos, los más malos −Estiro mi brazo y lo muevo como si fuera un capo de la mafia. Los de la mansión se quedan permanentemente ahí y se puede prescindir de ellos, tenemos más personal. ¡No sabe en lo que se mete cuando quiere enfrentar a la gran Christine Edwards! − Si se atreve a hacer escándalo y alterar la paz de mis pacientes será lo último que hará. −Decreto. No pienso bajar mis estrellas de valoración en la internet −Quiero a tres apostados fuera de cada ascensor y piso, por si acaso −Digo. −Armados pero que nadie lo note.

−A la orden −Dice.

−Cuida esa lengua −Gruñe Tina. −Nos meterás en problemas si te dejas llevar por emociones.

Le pego a la mesa.

− ¡Eso es lo que debiste cuidar tú cuando la chica Grant te movía el culo por el box! −Grito. ¡Malditas mocosas hormonales y sexualmente activas!

El secretario abre los ojos más grandes de lo normal −Vuelve a tu lugar y avísame lo que sepas −Le ordeno. Asiente feliz de largarse de aquí, ese tipo en cualquier momento renuncia…

En no más de media hora ese imbécil alto y medio calvo abate contra las puertas de mi oficina, es una suerte que no haya gritado del primer piso a este, según seguridad solo causó asombro a las personas por el séquito de gorilas. Mis guardias lo detienen de golpe, en el momento que los suyos lo protegen de los míos.

Esto es ridículo.

−Si haces algún tipo de escándalo te haré pedazos −Saludo. −Estás es un hospital.

El rojo de rabia apunta a Tina, se pone algo morado. Genial, ahora se me va a morir en la maldita oficina y toda la prensa dirá que no cumplí con el maldito juramento Hipocrático al dejar que se muriese. No es que lo lamente, pero este tipo de sujetos terminan como mártires en bandos enemigos.

− ¡ESA!... −Apunta a Tina. Deje a Tina conmigo porque es dónde es más seguro.

−Esa es mi hija. −Termino.

− ¡ESTÁ …! ¡CON MI HIJA! −Se desespera. −¡¡Con mi hija!! −Lo dice como si la última palabra no provocase la reacción esperada. − ¡CÓMO ES ESO POSIBLE!

− ¡ESO FUE POSIBLE PORQUE TU MALDITA HIJA VINO A JODER ACÁ! −Le pego a la mesa enojada− ¡¡Nadie la llamó!! ¡¡Una característica muy de tu familia debo decir!! – Vocifero. ¡Cómo se atreve a no sacar cita antes!

−¡¡La quiero fuera de la vida de Ángela!!

−¡¡Es mutuo!!

−Eso no depende ustedes− Dice Tina tan increíblemente tranquila que me hace enojar más.

Creo que ahora somos dos personas moradas a punto de explotar.

− ¡Separadas! −Es todo lo que puedo decir.

−La enviaré muy lejos de acá. ¡Una hija… una… abominación… −Me dice rasposo con todo el veneno posible.

Eso lo he escuchado tantas veces que me importa un pepino de mar.

Hay un revuelo. Nadie ordenó a un par de guardias a adelantarse. Son detenidos por los de Enrique. Tina sonríe muy ufana. Lo que no sabe es que esos son los que la vigilan.

Los miro indignada.

¡Esta mocosa no merece el aprecio que se gana!

¡Bueno tal vez sí!

¡¡Pero estoy muy enojada con ella!!

−Soy lo mejor que le puede pasar −Junto las cejas escuchando a Martina− usted ni me conoce, y al parecer tampoco a su hija.

− ¡COMO TE ATREVES! ¡No gaste miles de dólares para que termine siendo…! ¡Eso! −Gruñe furioso por la interrupción.

− ¡El dinero no le ayudará con ‘’eso’’! −Espeta. − ¡Si no soy yo, será otra! −Dice con firmeza. − Así son las cosas.

Algo dentro de mi florece de admiración. Debo admitir que me motiva la pasión con la que Tina hace, dice y vive las cosas, pero lo oculto bien. A mí tampoco me ilusiona mucho la idea de que esté con esa mocosa, apuesto a que debe tener mañas de su padre. ¡Es inevitable!

Frunzo el ceño al ver a esa mocosa aquí.

− ¡Tú! −Gruño.

Un momento… esta no es Ángela, a menos que haya vuelto a su color de cabello natural… me doy cuenta de mi error cuando se acerca y lucen diferencias notorias, como el color de ojos. Genial, fotocopias de mi problema.

Miro a Tina de reojo, pero su expresión de desdén me dice que no le gusta.

− ¡Catalina! ¡Te dije que te quedarás en la limusina! −Se enoja este.

−Padre, estoy tan preocupada de mi hermana como tú. −Pone cara de suficiencia al más puro chantaje, me da una mirada de reojo cargada de odio. Se la devuelvo con creces, así que esta pendeja es…

Ahora entiendo muchas cosas…

−Sra. Edwards debe entender que Ángela es una joven aristócrata, excelentemente educada y de honorable familia. −Dice lentamente. Martina frunce el ceño−No puede ensuciar su buen nombre y reputación con esta… −Mira a Tina con desprecio. −Aparecida.

−Cierra el pico estereotipo barato. −Gruñe Martina de malas pulgas.

Me río.

¡Mira la cosa que quieres de cuñada!

− ¡Cómo te atreves! −Espeta esta. Su padre la mira impactado.

− ¡Pero qué educación!

−Los que irrumpieron en este renombrado hospital sin avisar son ustedes −Interrumpo la victimización. −Llegaste con un ejército de gorilas por un maldito asunto de faldas. No me jodas −Gruño ¿Qué es esto? ¿la guerra de Troya? − ¿Hay gente que si trabaja saben? −Los miro ambos para que espabilen.

−Aleja a esa de mi hija.

−También estoy en contra de esta… elección, pero si vuelves a faltarle el respeto a mi hija te destruiré sin miramientos. Están en propiedad privada −Le advierto. Dios sabe que me volveré loca si tocan un pelo a Tina. Se quedan en silencio, Enrique se soba el puente de la nariz.

− ¿Dónde está tu hija? −Pregunto.

−Ni idea −Dice. −No contesta las malditas llamadas.

− ¡Debiste ido a hablar con ella primero pedazo de mierda! −Digo. − ¿No la están obligando sabes? −intenté quitarla del medio…

− ¡Christine! −Dice con la voz cargada de odio.

−No entiendo como una cosita tan deliciosa viene de una familia tan horrenda −Dice Tina como si nada.

Catalina abre la boca pasmada.

Miro al techo. Eso lo aprendió de mí. Pudo haber salido más Noelle, pero no. Tropezando con las mismas piedras ¡me persigue la desgracia!

−Escúchame bien, nunca, pero nunca te aceptaré. −Se da importancia

−No la he pedido… − Empieza Tina, se interrumpe porque la pelinegra irrumpe, a juzgar como respira subió lo más rápido que pudo por las escaleras.

−Pa… padre, vámonos −Dice apenas. Se toca las rodillas y pide tiempo. Más del debido… La miro con desaprobación mientras da grandes bocanadas incapaz de hablar, ¿con ese estado físico quiere estar con mi hija? ¡La dejará viuda a los cincuenta!

− ¡Ángela esta mujer casi te deja en la cárcel! −Dice Catalina.

−Sí, pero igual lo merecía−Dice. −He sido tratada con respeto a pesar de eso −Miente. − ¡No es correcto venir e irrumpir así después de que me permitieron estar con Tina!

¡YO NO TE HE PERMITIDO ESO!

− ¡Hermana estas incorregible! ¡Vas a dejar esto de una vez! ¡Martina Edwards jamás tendrá mi aprobación! −Exclama.

− ¡Y tú jamás tendrás mi permiso! −Le digo. − ¡Recuerda que fuiste despedida de tu antiguo trabajo por algo muy grave jovencita! ¡Suplantación de identidad!

− ¡Pero no hizo nada malo! − Reclama Tina. −Yo la supervisé. − Ángela mira sus pies.

−No la defiendas Tina, soy tu madre. − ¡Dónde está tu lealtad maldita sea!

− ¡Mi hermana no merece ser tratada así por quién será la madre de su pareja! −Exclama Catalina tocando su hombro. −Hubiese preferido a Isolda Florent como tú suegra, pero no, la señorita tenía que fijarse en esta…

− ¡¿Cómo?! −espeta Tina mirando a su hermana de reojo. − ¿Florent?

−Catalina estás delirando −Murmura Ange. −No pasa nada ahí…

− ¡Como sea! ¡Cualquiera es mejor! −Exclama. − ¡Pensé que usted haría bien su trabajo! −Se enoja mirándome. Martina me mira asombrada − ¡Ni siquiera fue capaz de presentarle una mujer decente a su hija! −Nos mira esperando divertirse con el caos.

¡Eso lo hice como último recurso y no como una forma de aliarme con este esperpento! ¡¿Cómo se atreve?!

− ¿Qué? −Dice mirándome. A juzgar por sus ojos heridos me acabo de sepultar, cierro los ojos.

−Hay una explicación, además no pasó nada… ya hablaremos de eso. −Le digo. Sus cejas se juntan incrédulas. Ángela no quita la vista de Catalina. Excepto Enrique que resopla harto y decepcionado como si fuese mejor padre que yo.

−Pudiste haberle presentado una tú ¿qué pasó con las extranjeras? −Gruño.

− ¿Extranjeras? −Pregunta Martina a Ángela. Esta hace una mueca de incomodidad.

−No es lo que piensas…

−No sabía que aprovechabas tan bien tu tiempo −Dice Tina.

−No es así, o sea, bebimos un rato, pero...

−Excelente. −Dice veloz.

− ¡No pasó nada! ¡Cata…! −En eso la mira enojada − ¡Catalina! −Se enoja. − ¡Cómo pudiste!

−Y eso que no se ha enterado de que me enviaste las fotos. −Digo de mala gana. Ya que se pasó de lista, que se joda. Abre sus grandes ojos azules y mira a su aturdida hermana mayor que le devuelve una mirada dolida.

− ¡¡Ella fue entonces!! −grita Martina impactada − ¡Te mataré zorra!

Eso si hace que Enrique se vuelva a poner morado. Y que los guardias hasta ahora estatuas empiecen a darse miradas amenazadoras.

− El juego de niñas de acabó. Ángela, Catalina, nos vamos.

−Ya no vivo con ustedes, por si te has pasado por la casa −Dice Ángela con un rostro como si estuviese a punto de llorar −No puedo creerlo Catalina…

Ella se toca un brazo incómoda, Ángela se precipita yéndose rápidamente de allí.

Admito que siento algo muy desagradable cuando escucho un hipido cerca del ascensor, no sé ve que la familia de Ángela sea muy unida, o no sé… ni siquiera reaccionó así cuando le pegó mi guardia o cuando la intimidé un poco en casa… debe ser horrible la traición de un hermano. Aunque nunca tuve uno…

− ¡Todos ustedes con una mierda! ¡Son lo peor! ¡Me dan asco! −Grita Tina precipitándose a la salida encolerizada.

− ¡Martina! −Llamo con fuerza. Me da una última mirada, lo sé. Está herida, pero no permitiré esa relación hasta que intente todo para sabotearla. − ¡Piensa en tu futuro! ¡Piensa en todo tu patrimonio! ¡Piensa en tu abuelo! ¡Puede que quedes sin nada! ¡Piensa en tu herencia! −Extiendo los brazos. Hasta Enrique asiente, porque sabe lo que está en juego.

Me mira como si la decepcionase.

−Formo una pequeña sociedad y hago una consulta dental con ginecología, depilación y tatuajes −sonríe con frialdad. − Adiós anciana.

Voy a tener problemas.

Noelle me matará… no llegaré al apartamento hoy.

−Podemos… arreglar este problema de una vez? −Digo agotadísima.

Enrique se toca el entrecejo

−Catalina al auto.

− ¡Pero papá!

− ¡Al auto! −ordena. Hace un sonido indignado y se va rápidamente. Los tacones resuenan por el piso hasta que desaparecen en el ascensor.

Él levanta el índice para hablar, antes de que abra la boca muestro mi palma.

−Guardias, afuera. −Digo. −Todos. ¡Largo de aquí!

Se miran, unos entre ellos, otros a Enrique.

− ¿Qué esperan? −Gruño mirando a los míos ofendidas por esta insubordinación.

−Nuestro deber es que usted no sufra ningún daño. No podemos dejarla sola con este hombre y sus guardias.

−Ah, me enternecen −Suspiro con sarcasmo − ¡Largo!

−Ustedes, esperen afuera −Dice Enrique.

−Pero este hombre podría intentar dañarla −Aventura uno. Nos quedamos mirando.

Las carcajadas brotan. Enrique arruga el rostro y aprieta los dientes.

Me río más… le pego a la mesa.

−Lo siento, imaginé que te arrancaba los ojos. −Me pongo seria. –Enrique no quiero volver a verte irrumpiendo en mi hospital. −Digo. – En realidad nunca más… la cosa es bastante simple. Creo que ambos tenemos y tendremos un problema.

−No veo el problema −Dice.

−Si quieres seguir negando lo que ocurre es asunto tuyo, lo que es evidentemente es que no van a escucharnos −Me exaspero −Ya no es tiempo de amenazar con quitar la mesada ¡simplemente no tenemos poder sobre ellas! ¡El chantaje y otras personas no sirven! −Le pego a la mesa− ¡ya lo intenté!

− ¿Y qué propones? ¡No voy a permitir que se junten nuestras familias! ¡Si es necesario encierro a mi hija!

−No. Eso ya lo hicieron tus padres −Le recuerdo. −A mí tampoco me gusta la idea, mi Tina es demasiado para cualquiera.

−Sabes que no es verdad, mi hija esta perfectamente a la altura de la tuya y más. −Resopla.

−Absolutamente, nadie me va a gustar… −Y es la verdad. −Pero si pretendo obligarla a vivir sola o con quién yo apruebe la que se quedará sin hija soy yo.

− ¿A dónde quieres llegar?

−A que si vuelves a joder en este hospital llamaré a la policía. −Digo. Arruga la frente. −Se acabo Enrique, quizás tengamos suerte y se aburran en unos años. Pero si no−Lo miro con todo el odio posible, estamos hablando de un tipo que habla pestes de todas las mujeres como yo− debes saber que jamás permitiré que mi hija adopte tu maldito apellido.

− ¡¡O sea que vas a permitir esta abominación!! −Se espanta. −Creí que eras más inteligente.

−Eso no funcionará −Rodeo los ojos.

− ¡No puede ser! −Se ríe. − ¡Estás loca! ¡Apuesto a que vas por el dinero de mi hija!

Pongo los ojos en blanco. Veo la desesperación en esos ojos grises, él sabe que es verdad.

−Largo, debo encontrar a mi hija. −Apremio. Ese cerebro es un hueso duro de roer y no es mi problema desde luego.

Reviso su contacto, llamo y genial… Apagado.

‘’Cuídamela mocosa de mala familia’’ ruego. Miro hacia el frente y veo a Enrique salir rápidamente murmurando una palabrota.

Tengo asuntos más graves que atender y si tengo suerte al llegar, Noelle estará dormida.

Resoplo. Lo arruiné con permitir que pasara todo esto en mis narices. No es que en estos momentos sienta el máximo arrepentimiento, pero la cagué. En horas me llega un mensaje de Noelle. Resoplo, no, no estará dormida. Tengo que dar explicaciones…

Debí haberle instalado a Martina un GPS subcutáneo detrás de la cabeza cuando era niña.

Escribo y tomo mi abrigo.

[…]

Martina E.:

Salgo rápidamente de la oficina, miro el ascensor que ahora esta en otro piso. ¡Tengo que alcanzarla al menos a la salida del hospital! Bajo velozmente las escaleras y al salir miro a todos lados. No la veo hasta que me llama la atención una silueta cabizbaja entrando a un auto.

− ¡Ange! −Grito yendo hacia allá a trote, me queda mirando. Su rostro está muy apagado, pálido, si estuvo llorando lo oculto bien... − ¿Te ibas a ir sin mí? −Pregunto con una sonrisita. Una de sus comisuras amenaza con sonreír.

− ¿A dónde quieres ir?

−A la mierda −Digo. No es posible, pero en estos momentos suena tentador…

− ¿No te apetece un lugar más agradable? −Al menos tiene energía para bromear.

−Donde quieras −Respondo −Me acabo de quedar huérfana. −Pongo cara lastimera.

Libera una carcajada a regañadientes.

− ¡Que historia más triste! Sube.

Apago mi celular.

−No sé dónde ir −Dice sin hacer nada, toco quedamente su pierna−Catalina sabe dónde vivo… no la quiero ver −Mira la calle con los ojos brillantes −Pero si me vamos a otro lado seremos comidilla, no falta el chismoso.

−No le permitas el ingreso−Digo simplemente. − ¿Es tu hogar no? Si no estás segura ahí, no estás segura en ningún lado.

−Si… −Dice quedamente. −Vamos. −Mientras conduce, mira a alrededor con recurrencia.

− ¿Estás bien?

−Detesto la atención −mira la calle. – Ya sabes, pública.

−… Era obvio que nos descubrirían −Comento.

−Ya pasó. −Murmura.

−Llegaste rápido −Yo le avisé que su padre estaba jodiendo en la oficina…

−Corrí muchísimo, y valió la pena – Frunce los labios.

−Creo que debimos haber previsto algo así. −Fue un error pensar en que mamá iba a cambiar tan rápidamente, o superar algún rencor…

Ángela resopla. Cuando llegamos, luego de estacionar nos vamos al depto. lo más rápido y silenciosamente posible, supongo que la necesidad de un momento de tranquilidad es mutua.

−Lo siento por tu hermana −Digo. −y tu padre… −mascullo − y mi madre. −Finalizo.

No me dice nada. Me abraza y respira en mi nuca.

Ya me imaginaba que en estas situaciones no sería alguien que diga mucho. No con el comportamiento de ese par que acabo de presenciar hoy. Cualquiera se vuelve más introspectivo y silencioso en estas situaciones con una familia así.

Nos sonreímos un poco avergonzadas, quedó la grande, pero a decir verdad a pesar de todos los intentos, nos ha ido bastante bien.

− ¿Vas a besarme o no? −Dice Ange imitado mi tono de voz.

−Bueno −No me hago del rogar. Me acerco a ella y tengo que elevar un poco el talón para llegar a sus delgados labios. Sonríe y me acerca de la cintura dándome pequeñas y suaves caricias.

−Que bueno que no les resulto −Dice. Besa mi mejilla y mi cuello −No les permitiré seguirte jodiendo.

−No eches a perder el momento −Digo tocando su cabello. Resoplo −Ya veremos. − ¡Hoy esa anciana será carnada de mi madre! No es que la odie ¡Estoy furiosa con ella! Pero no me parece descabellado ni me sorprende. Lo que me molestó es que no esperaba nada de ella en este sentido, solo que no se inmiscuya, y ¡ahí sale la sorpresa y log

…