Capítulo 18 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

‘’No pegan, ni juntan’’

Martina E.:

— ¡¿Cómo es que mamá te dejó a cargo?! —Insisto ¡esto es el colmo!

—Oye yo solo le envié un WhatsApp y le dije ‘’ ¿Hey tía favorita, ¿estarán más flexibles las normas del hospital ahora que estará a cargo Tina?’’

— ¿Y qué te dijo? —Pregunto curiosa. Imagino la cara de mamá.

—Que me encerraría en un calabozo.

—No me extraña— comento.

—Si, pero luego dijo ‘’cuida a Tina ¿sí?’’ y no pude negarme. Te vigilé desde las sombras. —Sonríe pícara.

—Que miedo. —Espero no haya visto más de la cuenta.

— ¿Y qué me cuentas tú? ¿qué tal estás la semana?

—Oh muy tranquilo —Miento — Así da gusto trabajar.

Chloe me queda mirando, sus dorados ojos chispean de diversión.

—Ya, y yo te voy a creer esa.

— ¿Por? —Pero si es verdad.

— ¿Cuándo te ha gustado la tranquilidad? Suena a mentirilla —Mueve las cejas. —Eres Tina Tequila.

— ¡Me dejas mal! —Le desordeno la coronilla ignorando el asunto principal.

— ¡Oye!

—Sigues siendo la mocosa de un curso menor, mamá sabe lo que hace, pero no jodas mocosa, Tina Edwards se manda sola—Digo. La torturo un poco más.

— ¡Vete al demonio Tina!

Me río, estoy aquí en el piso de Chloe conversando un rato, me vengo a poner al día todos los miércoles.

—He usted, este no es su piso. No moleste a mi psicóloga —Dice tía Gabi rodeando mi hombro con su brazo. —Los clones de Christine no son bienvenidos por aquí.

—Si directora. —Rodeo los ojos. Mi madrina está loca y la adoro— ¿Cómo está tía Char?

— ¡Muy bien! —Dice encantada. Tía Char prefiere su consulta privada. Bien por mí, ya son muchas parejas desvergonzadas que separar acá. —Ya sabes, hermosa y loca por mí, pero trato de calmarla.

—Me imagino —Sonrío. Esa mujer tiene paz en su consulta sin tía Gabi. —De seguro no podría responder en el trabajo.

Y no lo digo por ella…

— Si, en definitiva, no podría responder —Asiente. —Y yo debo dar el ejemplo —Dice.

Chloe resopla.

—Que mentirosa.

—Si no quieres trabajar el domingo honra a tu tía sobrinita. —Niega con la cabeza.

Me pregunto en qué pensaba mamá cuando la dejo a cargo de esta área, aunque todo funciona bastante bien. Miro alrededor.

—Ayúdanos Tina —Bromea Chloe viendo a mi madre llegar.

—Terremoto, terremoto 2.0… pulga. —Dice atareada —Veo que no están en sus puestos.

—Tina vino y nos distrajo —acusa mi tía. —Le dije encarecidamente que debíamos trabajar…

¡Pero…!

— ¿Y tú que haces aquí? —Pregunto. Ella pasa en su oficina, esto es sospechoso.

— Venía a agradecer a Chloe por cuidarte—Acaricia su cabello. Al parecer tenemos la misma costumbre con Chloe. —Y a…. —Lo piensa.

—Y a… —Entrecierro los ojos — ¿Ibas a molestar a mamá verdad?

Se mantiene seria, un delicado rubor cubre sus mejillas.

—Metete en tus asuntos —Se va, toca la puerta de mamá y entra dignamente.

—Esto se va a poner bueno —Bromea tía Gabi.

Niego con la cabeza, no sé como esto se mantiene en pie si están todos locos. Salgo del ascensor y ya vestida me voy a trabajar, de la puerta entreabierta de Ángela sale Dafna.

Genial, otra más.

—Ok, estaré en mi oficina, me avisas cualquier cosa.

—Si, descuida —Escucho la voz de esa desmadrada criatura vaga de Ángela.

—Buenos días —Canturreo suave cuando ella pasa.

—Buenos días —Dice secamente saliendo del pasillo.

— ¿Y tú? —Digo como saludo asomándome en la puerta — ¿Estás sola? —veo su alta silueta ordenando unos insumos, Angela es de contextura media, pero veamos ese trasero, le doy una mirada en silencio.

—Si… Hola Martina que alegría verte. — Frunce el ceño cuando subo la vista sin pudor.

—Si, siento tu alegría. —Ironizo. — ¿Dónde diablos está tu asistente?

—Faltó —Se va a sentar. Revisa unos papeles.

— ¿Ah sí…?

—Descuida. La señorita me ayudó a ordenar. —Señala a la puerta.

—Ajá, pude verla impaciente por …ayudarte —Bromeo.

Me queda mirando, deja las hojas sobre la mesa y libera una risita encantadora.

—Descuida si quiero otro tipo de ‘’ayuda’’ te llamaré. —Abre y cierra los ojos con coquetería.

—Y yo que venía a dar los buenos días… —Comento.

— Descuida no tengas miedo —Me da una mirada burlona que pretende ser tranquilizadora.

¿Yo miedo?

—No seas ridícula, es que no quiero que después quedes encantada y no me dejes tranquila. —Bromeo.

Esta vez se ríe con ganas. ¿Qué se cree?

—Te sientes muy confiada Edwards, quizá sea yo quien no te llame —Pone los codos en la mesa y se inclina a escribir. En eso lo piensa un poco. —Aunque… —Baja la voz y me da una penetrante mirada. —Gimes muy tierno —Se quita una liga del brazo y peina su cabello tan vagamente como siempre, me observa entretenida. Guiña el ojo mientras hago una mueca de desagrado, la dejo y me voy a mi puesto.

¡Yo no gimo tierno! ¡Yo gimo sensual!

(…)

Ángela

¿Qué podría hacer una tímida, respetuosa y excelente elaboradora de planes como yo?

Al momento de almorzar, veo al paciente de Tina salir, ya veo que ella prefiere encargarse de todo sola. La observo un rato, recuerdo cuando toque su lindo trasero bajo la tela negra.

—No sé si esperarte o no —Digo.

—Ordeno esto y bajaré. —Murmura —Y no me mires el trasero.

— ¿Cómo lo sabes? —Me sorprendo.

—Eres una pervertida, es lógico. —Pero qué sinvergüenza… No sé qué hago aquí en realidad.

Es la fuerza gravitatoria… enserio.

La espero y bajamos encontrándonos con los chicos.

El tumulto de gente hace que no nos escuchemos tanto.

—Me alegra que sigas viva —susurra Jo con una mirada maliciosa, mira de reojo a Tina concentrada con Trini, inclinadas mirando unas ensaladas, luego a mí.

—No es lo que piensas —Digo captando.

—Ajá, claro que no.

—Enserio no pasa nada. — ¡Juro que no!

—Ajá claro que no.

—Jo.

—Ange. —Sonríe.

—No pegamos, ni juntamos —Jo se ríe

—Es gracioso que lo digas porque últimamente siempre están juntitas.

Si supiera que es porque me vigila…

—Es por fuerza mayor —Respondo.

—Ajá fuerza mayor. —Sonríe.

Esta me joderá si sigo. Tendremos que ser más prudentes. ¡Seré más prudente!

(…)

Las piernas de Tina rodean mi cintura, me inclino hacia delante, le doy cortos besos. Nos escapamos unos minutos antes para venir a besuquearnos a su oficina.

Ella me dijo que viniese, que me convenía por un papeleo y heme aquí, engañada y feliz de estarlo.

Prudentes...

Acaricia mi trasero, abro un poco los ojos cuando lo hace por debajo de mi pantalón, me da un agarrón que me hace reír.

—Oye —Jugueteo. Me calla con un beso efusivo, siento su lengua, suspiro. — ¿Quieres llegar a segunda base? —Bromeo.

—En realidad a la tercera — susurra dándome una mordidita, cierro los ojos.

Se fuerte Ángela.

No, no soy fuerte.

— ¿Ah sí? Eso puede arreglarse —Deslizo mis labios por su cuello—Sujétate. —Susurro.

— ¿Espera qué?

—Vamos son un par de pasos al sofá —Digo apremiante. La acerco del trasero a mí y pongo mis manos debajo. Tomo impulso y la levanto.

— ¡No! ¡Espera! —Su agarre hacia mí se hace más fuerte y con eso acorta la distancia aferrando sus brazos tras mi cuello. La miro sonriente cuando retrocedo con mis manos en el lugar correcto, camino hacia atrás, me siento en un lado del sofá con ella a horcajadas sobre mí.

— ¿Extrañabas que me sentará en tus piernas?

—Extrañaba todo —Murmuro deseosa dándole una repasada. Nos besamos. Comienza a moverse sobre mí. Jadeo al sentir como roza con mi cuerpo, acaricio sus piernas, sus caderas y la acerco un poco más. Nos miramos. Ese maldito pedazo de tela…

Sería arrancarle el pantalón y ya. Miro hacia la puerta cerrada y luego a ella, su mirada me dice que desea esto tanto como yo.

—Sé lo que estás pensando, pero no alcanzaremos.

— ¿Pensabas que vendrías a dejarme con ganas de más verdad?

—Has acertado —Sonríe creída.

Miro el espacio vacío del sofá y pongo a tina ahí, cae de espaldas.

—Vamos separa las piernas —apremio. Me pongo entre ellas, me mira desde abajo. Libera una risita; la observo recostada, su cabello castaño desordenado, desperdigado por el sofá, respirando desacompasada con los labios entreabiertos…me pregunto si es justo que alguien tan mentirosa y manipuladora sea tan adorable. Dejo escapar el aire de mis pulmones viendo ese panorama.

— ¿Ángela?

— ¿Sí? — Me doy cuenta de que he estado pegada viéndola.

— ¿Estás bien?

—Si —pestañeo un par de veces. Espabilo. —No te preocupes por mí —Digo coqueta, una de sus comisuras se eleva con gracia.

—Claro que no, tú ya estás muerta.

—Eso es verdad —Me inclino a su cuello. Se ríe. —Podríamos hacer que la muerte valga la pena. — Susurro mordiendo suavemente su cuello. Me acerco a ella y le doy una suave embestida.

—No nos queda mucho tiempo. —Suspira.

—Pero si yo ya estoy muerta —levanto su polera y toco su estómago. La acaricio hasta llegar entre sus senos, me mira desafiante. Sonrío atrevida. —El tiempo no es un problema. —Le informo.

—Lo será si nos encuentran.

— ¿Relájate sí? Estás en tu oficina, en horario laboral, en una situación acalorada con una empleada que encuentras sumamente sexy, no van a pensar mal de ti. —Levanta una ceja. —Bueno si, pero eso ya lo hacían de todos modos. —Bromeo.

— ¿Ah sí?

— ¡Claro! Pero solo al principio, eres tolerable. ¡Ahora no lo arruines! —La beso, la oficina queda en silencio. Es una suerte que no venga la directora, me cuesta tener un oído en la puerta cuando martina entreabre su boca invitándome a entrar. Mis dedos juguetean bajo la curva de su sujetador, escudándome en su silencio deslizo mi mano por debajo, cubro uno de sus senos, y deslizo mi mano lentamente sintiendo como se estremece bajo mi tacto. El calor que emana de ella… su olor… escuchar sus cambios de respiración, me encanta.

—Tina —susurro. —Estas deliciosa. —La toco con suavidad, presiono un poco. Nos quedamos sumergidas ahí en el sofá ignorando incluso la puerta que se cierra en la oficina de al lado. Si estamos en silencio que se vayan al demonio.

Me acerco a ella y reparto besos por su cuello. Debo admitir que me encanta tener a Martina aquí, de esta forma, con la boca cerrada (sobre todo con la boca cerrada). Pero, de cualquier manera, solo expresándonos sin palabras. Ya quisiera sentir su cuerpo desnudo moviéndose a compás del mío sin que nadie nos moleste. Sin preocuparnos de que nos encuentren.

No creo que nos extrañen si nos retrasamos unos minutos más… jugueteo en su pantalón y toqueteo su ropa interior un poco vacilante, cuando decido bajar un poco más. Suena su celular. Pego un salto sacando la mano rápidamente de allí. Tina se ríe.

—No seas gallina, es mi alarma.

— ¡¿Cómo demonios pones alarma en un momento así?! —Susurro con el corazón en la mano, abro los ojos— ¡Dios! —Resoplo. Justo cuando pensaba puras cosas lindas de ella.

—Reacciona García, sabía que podía pasar esto. Pero me temo que la coloqué unos minutos tarde. Estamos atrasadas—Un delicado rubor aparece por su rostro.

La miro entre indignada y entretenida. Así que nos dejó unos minutos más a propósito…

‘’ ¿Sabes que casi me dio un infarto verdad? ‘’ diría. Pero no quiero que después saque el tema de que estuve a punto… Miro hacia otro lado, no quiero que me diga que no lo vuelva a hacer.

—Es muy tarde —Digo peinándome y yendo hacia la puerta. Eso le pasa por interrumpir la fiesta. Por suerte la directora no sale.

Al llegar, Astrid me pregunta que me pasó con una preocupación que me da algo en la consciencia, ella pensando en algo peligroso y yo pensando en cochinadas con Martina. ¡Malditos pensamientos!

‘’Soy una vergüenza para todo el linaje familiar…’’ pienso. ‘’Tranquila, al menos eres un orgullo para la comunidad gay’’ me digo.

Pasando la tarde viene Dafna a buscar a Astrid.

—Ange, iremos con las chicas a tomar un café ¿te sumas?

— ¿Las chicas? —Pregunto curiosa.

—Jo y trini.

— ¿Jo bebiendo café? — Río. Esto es nuevo. —Me sumaré, solo para ver eso y porque hace frío.

Bueno yo tengo calor, pero el clima, se entiende… es invierno. ‘’En tu entrepierna es verano’’ pienso burlona.

—Ok, pero solo por esta vez—Escucho. — Si sigo saliendo con ustedes no será el embarazo lo que se note.

—Comes por dos —Se ríe su prima despidiéndose de ambas.

Saliendo del trabajo no me dura mucho la felicidad del tiempo libre, me llaman de parte de papá para presentarme en su oficina de carácter urgente.

¡¿Y ahora qué querrá?! Si no fuese por ese ‘’urgente’’ no voy.

— ¡Eh! ¡García! —Escucho la voz dictatorial de Tina.

— ¿Sí? Dígame jefa —Bromeo.

—Me preguntaba si querías… —Empieza.

— ¿Hacer el amor contigo toda la noche? —Termino la oración —Si, si quiero. —Sonrío ante su expresión —Pero no puedo hoy… tengo asuntos que atender. —Realmente espero que esos asuntos valgan la pena…

Veo a los chicos saliendo. Ahora tengo que cancelar planes allá también…

—Nos vemos Tina. —Bajo la voz. —Besos donde quieras —la miro sugerente y me voy a despedir de los chicos antes de que cambie de opinión.

Maldito padre arruina planes.

[…]

— ¡¡Cómo es eso de que estás en el hospital Edwards!! —Espeta antes de que le diga hola. Mi abuelo esta sentado cerca con la mano en la frente como si ya hubiesen tenido previamente una propia discusión acalorada. Antes de que me pierda el sistema digestivo por los nervios me asalta la duda.

— ¿Y tú como sabes eso? — Digo con el ceño fruncido mirando al abuelo. No creo que él haya sido el soplón.

— ¡MANDÉ HOMBRES A SEGUIRTE! —Grita papá pegando una fuerte palmada en la mesa.

—A mí me empezó a gritar antes que a ti—Lo mira con evidente molestia—No está llevando las cosas como debiese…

— ¡¡¿Cómo debiese?! ¡¡¡Estoy rodeado de traidores!!! —ladra. — ¡Mi propia familia! ¡Confabulando con esa zorra de Christine! ¡se ríen a mis espaldas! ¡¡debe estar riéndose ahora!! —Pone cara de loco. —¡¡Todo este tiempo!!

—Christine no sabe que estoy ahí. —Le informo.

—Es lo mismo que te dije Enrique, te estás ahogando en un vaso de…

— ¡No! ¡te vas ahora mismo de ahí! —Se le marca una vena casi en medio de la frente. —¡¡Te lo he dado todo a pesar de…!! ¡¡A pesar de…!! —Se pone rojísimo. — ¡Trabajando con Christine! ¡¡¿Qué te ofreció?!! ¿¡Querías humillarme?!? ¡Eso quieres! ¡AH! —Grita embravecido. Arrugo la frente.

— ¡Christine no sabe que estoy ahí! —Repito — ¡Entiende! Y no trabajo con ella, trabaja PARA ella. —Enfatizo. ¿Cree que me junto con ella todas las mañanas a tomar el té y planificar su destrucción o qué?

— ¡Oh por Dios! ¡¿Y cómo demonios no va a saber quién eres?! ¿¡Me tomas por idiota!? —Extiende los brazos. Se sienta aireado.

—Adulteramos todo —Digo. —Estoy con otro nombre.

— Pero por favor, Ángela ¿¡en qué estabas pensado!? — Dice en tono de súplica. Al parecer lo arruiné un poco más.

—Me hago responsable de eso —Dice el abuelo. —Yo la ayudé. Christine no tiene idea de que Ángela Grant está en ese lugar, te doy mi palabra.

Papá se toca la frente y exhala, hasta la calva la tiene roja.

— ¡Es cosa de tiempo! —Dice mirando a todos lados como si la solución estuviese escrita entre todos esos trofeos, medallas y recuerdos. Pestañea rápidamente, su traje está tan desaliñado que lo hace parecer desquiciado — ¡Tú sales de ese lugar antes de que esa… se entere de que estás ahí! ¡¿Quedó claro?! —Su mano tiembla por los nervios.

—Pero papá… —Empiezo.

— ¡¿Quedó claro?! ¡¡Soy tu padre!! —Chilla pendiendo el control nuevamente. — ¡Ya es hora de que empieces a respetar!

Lo poco que había recuperado de calma se va al carajo, la rabia sube como espuma por mi garganta.

— ¡¡¿Sabes qué?!! ¡No me iré! —Digo enojada. — ¡Es mi trabajo, no te metas!

—¡¡Pero por el amor de Dios somos tu familia!! —Dice incrédulo. — ¡Si Christine se entera de que estás ahí el resultado sería el mismo! ¡O peor! —levanta el índice en advertencia. — ¡Hazla entrar en razón! —Pide ayuda a su padre.

—Christine no se enterará si no vas a montar un escándalo —Dice el abuelo exasperado — ¡Ni siquiera pienses en ir a montar un espectáculo allá Enrique! ¡Te lo advierto! —Para ser viejo el abuelo realmente asusta enojado — ¡He tenido que arreglar muchos problemas tuyos! ¡No me hagas recordártelo!

—¡¡Yo sé cuál es mi lugar!! —Ruge.

Este triste espectáculo parece un círculo vicioso de padres retando a sus hijos.

—¡¡Tú lugar no es controlar cada paso que da tu hija cielo santo!! —Dice el abuelo exasperado. —Nosotros no fuimos así contigo.

— ¡Es mi hija! —Le advierte. —Y hará lo que yo le diga. —La voz ya le está saliendo ronca. — ¡Ángela, te vas de ese hospital antes de que alguna de esas malditas Edwards se entere! ¡Es una orden! —Dice rápidamente como si eso zanjara el asunto.

Papá ha controlado cientos de aspectos de mi vida, ya estoy harta.

—No lo haré —Digo.

—Lo harás. —Respira pesadamente.

—No. Ya estoy harta. Me voy.

— ¡Pues vete! —Grita. — ¡Si te vas no pones un pie acá! ¡¡nunca más!!

— ¡VETE A LA MIERDA! —Grito abandonando mis cabales. No verlo es un premio.

— ¡AQUÍ NADIE SE VA! —Grita el abuelo. — ¡Enrique tu no tomas esas decisiones! ¡¡Este es nuestro hogar!!

Ok. Nadie está calmado y nadie se va a calmar. Abro la maldita puerta y me voy dando un portazo. Doy grandes zancadas hasta mi cuarto escuchando gritos a lo lejos. Me molesta en demasía que hayamos hecho enojar al abuelo, su corazón ya no es el de un joven, y creo que los problemas los suelo poner yo.

Tampoco es que no tenga los medios para irme al demonio, supongo que...

— ¡¿Qué pasó?! —Escucho un par de voces en mi cuarto que raramente suenan distantes en mi cabeza. Abro una gran maleta y meto mis juegos. Prioridades...

—Me voy. —Gruño.

— ¡¿Qué?! —Catalina abre sus grandes ojos azules— ¡No! —Dice. —¡No te puedes ir!

—Debiste cagarla en grande para que se escuchen gritos desde acá—Comenta Enrique algo entretenido con el espectáculo. —Bien hecho Ángela.

— ¡Cállate imbécil! —Le grito encolerizada. Como extraño esas golpizas que nos dábamos cuando niños.

— ¿¡Eh!? ¡cálmate!

—¡¡No me voy a calmar!! —Ya estoy perdiendo los estribos. —¡¡Estoy harta de que papá nos diga qué hacer!! — Tiro la ropa del trabajo a la maleta a la vista de todos, total ya no tiene importancia. Algo más de ropa y la cierro.

— ¡¿Estás segura?! —Pregunta Enrique algo incómodo. Les doy una mirada a los dos plantados mirándome con los ojos como platos.

—Es lo mejor —Digo simplemente. —Todos sabíamos que era cosa de tiempo.

Él para mi sorpresa no dice nada. Sabe que es verdad, nunca le agradé a papá. Catalina trata de convencerme hasta el final. Tengo la dicha de tener al chofer de siempre, así que en menos de cinco minutos me está esperando. Meto las maletas de la peor forma por los nervios y el chofer me pregunta dónde vamos.

—Primero sácame de aquí, vamos al centro.

Encontrar donde quedarme es lo fácil, lo difícil es estar a solas con mi cerebro luego de todo ese estrés. Me da un poco de ansiedad pensar en lo que hará papá. Ruego porque escuche al abuelo y no monte un maldito espectáculo… aunque, así como va esto si lo hará, irá a montar escandalo a Christine y luego los dos me despellejarán viva.

Quizá ahí hagan las pases y se amiguen.

¿Simplemente dejo de ir? ¿O qué diablos? ¿Qué putas madres hago?

La respuesta que viene a mi es la que estuve evitando todo este rato de pensar.

Llamo a Martina.

— ¿Eh? ¿Qué pasó? ¿Te arrepentiste? —Dice juguetona.

—Martina mi papá ya se enteró. —Le informo. Debe haber sido mi tono de voz lo que le daba seriedad al asunto porque no puso en duda nada.

— ¿Cómo reaccionó? —Pregunta.

—Bueno —Miro a mi alrededor, la habitación amoblada, silenciosa y extraña. —Ya no vivo en la mansión y creo que será mejor que renuncie. Temo por ustedes—Me sincero —Y por mi…

—No. Espera —Dice. Escucho el ruido de una puerta cerrarse— ¿Dónde estás?

—En un hotel —Camino por todo el lugar para calmarme, me asomo al balcón. —Estoy en el centro.

—Mándame la dirección.

— ¿Qué? ¡Oye! Ese no es el tema...

…