Capítulo 3 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

La salida al Spa

—Entonces Sam debía descansar hoy y decidí visitarte, así hacemos un lunes diferente. —Escucho a Chloe, luego el sonido del colchón al soportar su peso, mientras tanto yo busco mi cargador bajo la cama… creo que siento náuseas.

—Sabes que siempre eres bienvenida, en este lugar sobra comodidad, pero me preocupa que vengas tan tarde.

—Mamá Kate me vino a dejar, dijo que me podía quedar si quería. —Levanto la cabeza y me devuelve la mirada pensativa. — Usó un tono distinto, ¿Se refería a hoy o para siempre? Nunca lo sabremos. —Finaliza misteriosa.

—Yo creo que para siempre—La molesto. Cargo mi celular y saco unos refrescos mientras Chloe se pone pijama.

— ¿Y cómo estaba Sam?

—Estaba bien, se fue a dormir después de que hablásemos.

Típico de Sam, dormir toda la resaca.

— ¿Y tus mamás? ¿Ale?

—Mis madres, genial. Ale cada día más cascarrabias. Él me sugirió que viniese, por cierto, te mandan saludos.

—Alejandro idiota, no sabe lo que pierde—bromeo pinchando su mejilla.

— ¿Cierto?

[…]

Ángela Grant

—Bueno y hoy que te traes. —Digo al llegar a mi cuarto. Como es día hábil sé que tendré a mi súper guardaespaldas jodiendo. Desde los diecisiete que ha sido así, cuando lo pillaron tratando de entrar, no tenía pinta de ser amigo de alguien de aquí y era de madrugada. Papá casi manda a llamar a la policía cuando, buscándolo; encontré el embrollo en el vestíbulo. Recuerdo que me apresuré a decirle a los guardias que lo dejen, usé la excusa de que lo había contratado para protegerme, papá se sorprendió porque Omar sólo era un chiquillo, muy alto, pero delgaducho y mal vestido. Los guardias se desternillaron de la risa diciendo que lo aplastarían en un segundo. Pero, por otro lado, era alguien del que yo no me escaparía. Recuerdo que como a un animal abandonado, lo aceptó con la promesa de que ‘’me hiciese cargo de él’’. Lo bueno es que Omar tiene cojones, aún recuerdo cuando salimos y unos chicos querían pelea.

Apenas teníamos 18 años…

flashback

—Omar vámonos—Digo a la salida de la discoteque, son casi las cinco y debemos llegar pronto a la mansión. ¡Teníamos permiso hasta las una!

—Pero él te molestó. —Un chico con aires de ‘’maleante’’ me tocó el trasero a la salida. Estoy segura de que estaba más intoxicado que nosotros.

—Ya le di un empujón, nos insultamos, amenazas, bla bla—que no se pueda tener una noche tranquila... — ¡Olvídalo! nos vienen a buscar dos guardias del turno de la noche.

—Hey, ven acá idiota—Extiende los brazos—Soy el puto terminator.

—Terminarán contigo terminator— le recuerdo ¡¿Qué diablos se tomó?!

El tipo tiene otro amigo más, genial, tendré que apoyar … ¡Ni modo! Me pongo al lado de Omar y se lanza el primero, mi amigo suelta un grito estruendoso y gracioso; lo empuja como si fuese un torneo de lucha, lo tira al suelo y comienza a golpearlo, el amigo quiere unirse y le pego una patada que lo hace retroceder, si hubiésemos caminado una maldita cuadra ya estaríamos calentitos en la limusina de la familia…

‘’Pero el señorito no podía irse y ya’’ Pienso molesta recibiendo un golpe con el brazo. Eso se pondrá morado, si papá lo ve me joderá y adiós vida social.

¡Me enoja tanto ese pensamiento! le pego un derechazo al amigo del que pelea con Omar, siento una mano en mi hombro y veo a un guardia de papá, con un solo movimiento deja en el suelo al chico que venía con nuestro bravucón. Pero en lugar de ayudar a mi amigo se queda mirando, lo gracioso es que Omar pelea de forma muy callejera. Da golpes secos con toda su fuerza, ¡me sorprende que no se canse! al final deja al chico en el suelo y para sorpresa de ambos, mía y del guardia, luego de forcejear, le arroja una flema enorme y chaquea los dedos.

—Así lo hacemos en mi barrio, hasta la vista baby.

Nos desternillamos de la risa con el guarda. Bastián es el que enseña artes marciales, entre risas le dice que lo entrenará, que le da vergüenza. Omar rojo y machacado se sube al auto y me ignora todo el trayecto; pero luego de que agendara tardes libres para que aprenda a luchar, su humor mejora y nos vamos a mi cuarto a hacer un after discoteque y reírnos de todo lo que ocurrió en la noche.

Al menos ninguno es rencoroso.

Presente

—Ah, pero aquí bien motivado cuidándote —bromea levantado una lata de energética como saludo.

Omar es bien fiestero, lo que nos perjudicó a la hora de tener un cable a tierra.

Aquí ninguno lo es…

—Peor es nada. —Comento, saco una cerveza y le echo limón para la resaca.

Luego de hacer una hora extra al finalizar su turno a las diez de la noche, Omar se va a su apartamento en el centro.

Martes. 8:35 am.

‘’No voy a la hora’’ me repito a cada paso que doy. Cuando subo al ascensor que por milagro está vacío, abro la puerta de mi locker, alguien al lado mío se precipita y empieza a prepararse rápidamente para salir de aquí.

—Tarde García. —Escucho con tono molesto y agitado a una Martina que rápidamente abre su casillero y se quita el abrigo.

La Edwards las tiene de tamaño regular…

¡Soy una cerda!

—Buenos días, lo siento jefa. —Digo impresionada por también verla aquí tarde.

—No me digas jefa. —Gruñe esta como si le hubiese dicho algo ofensivo. Toma sus cosas y se va rápidamente.

Me quito el abrigo viéndola alejarse, se gira y me mira igual de mal.

— ¡Apure García! —Me mira incrédula.

— ¡Si! — ¡Carajos! ¡pero si no me deja de apremiar me visto más rápido! Tomo el delantal y voy a trabajar.

Al entrar a la habitación, Emma y Cristóbal me saludan en voz baja como si estuviesen nerviosos, no creo que les preocupe si llego tarde. Mi duda se resuelve cuando una señora toca la puerta contigua a mi box, y Martina la saluda… ¡qué mala suerte!... recuerdo que a ella también le corresponde estar aquí después de todo no egresó hace mucho.

Ojalá que se detengan las atenciones con supervisión ¡qué jodida mierda!

Entro a mi lugar de atención, preparo el sillón, prendo el pc para ponerme al tanto y llamó a mi primer paciente.

Almuerzo

— ¡Casi tropecé de la impresión! —Alfonso nos comenta su mañana cuando Martina entró rápidamente y le saltó el corazón. —Pensé que venía a supervisarnos, y dijo ‘’Buenos días, González’’ y … la saludé…creo que soné estúpido.

—Ah, pero para eso no necesitas ayuda—Bromea Cristóbal.

—Si claro, jodido Myers. Dile a tu papá que la legalice.

Me río. ¡Eso Alfonso!

—Mi padre jamás aprobaría algo así.

—Uy.

—Uy— exclama Jo. La quedamos mirando.

— ¿Qué? —pregunta.

[…]

Martina

Salgo más tranquila de mi primer turno, ¡menudo día! hubiese llegado temprano… ¡Chloe y sus chismes nocturnos!

— ¿Martina vas a almorzar? —Pregunta mi colega.

—Si — sonrío.

Aprovecho de ponerme al día, bajamos y vamos al casino, luego de servirnos, nos sentamos a la mesa. Me parece que estamos cerca de los nuevos, miro a la peli castaña que llegó tarde reírse y decirle algo al hijo del político. Espero que esté a la altura, ya no me está gustando.

— ¿Qué hay? — saluda Samantha. Saluda a la colega que me acompaña y se sienta frente nuestro.

— ¡Samy! ¡Estas viva! —Sonrío viendo su ropa formal, ¡Samantha es tan pulcra! ¡ojalá evaluará solo gente como ella!

—Sobreviví —sonríe— Chloe no llega nunca así que pensé que mejor nos encuentre ella.

— ‘’Haces mal, joven aprendiz’’ —Escucho tras nosotras. Se gira y veo a Chloe frunciendo el ceño. —‘’Si vivir tú quieres, esperar a tu novia debes ‘’.

—Eh… perdón. — Se excusa. La miro apenas aguantando la risita. — ¡Pero que impaciente Samy! —Bromeo mientras Chloe se sienta.

— ¿De qué lado estás? —murmura.

—Del tuyo.

— ¡Pues ya verán! ¡No me arrepentiré de nada! —Le da un beso veloz.

—Te pones a conversar en los pasillos, tenía hambre— Dice Sam. — ¿Cómo ha estado el inicio de año Tina?

— ‘’Tila’’ —Bromea Chloe.

—Bastante ajetreado, mamá se encargó de las visitas y salidas a terreno, y yo, papeles, papeles y más papeles. Es un trabajo bueno, pero tranquilo y repetitivo.

—Al menos es tranquilo— Sam comenta. —Tu madre y tranquilo en una oración es una buena señal.

— ¡Oye! Si, al menos. —Reconozco. —Mamá haría cualquier cosa con tal de mantenerme donde sus ojos me vean, o las cámaras, yo qué sé.

Las chicas ríen.

—Descuida —Chloe me muestra unos mensajes ‘’mamá Ale: Recuerda, comer sano. No saques sólo patatas fritas del casino.’’ — ¡La mía se mete con lo más sagrado! — gimotea. Bajo la cabeza viendo su plato lleno de patatas fritas y un huevo. —El huevo es la proteína —comenta.

—Ya veo…

Nos enfrascamos en una conversación sobre comidas cuando escucho al grupo de al lado reírse estruendosamente.

— ¡Escuchaste su risa! — Explota uno mientras se carcajean y miran a la Dra. De cabello negro largo, veo a García y la de melena ponerse rojas riéndose. ¡Qué demonios!

— ¡Lo! ¡Lo siento! —Aguanta la risa y cuando trata de reírse de nuevo le sale un sonido como de un puerquito, como cuando Sandy está feliz. Vuelven a reírse, esta vez con varios del comedor.

—Este es un comedor serio—Gruño.

Chloe se ríe, Sam nos mira entretenida.

—Está empezando el año, no te pongas Christine. —Dice Chloe zampándose cinco papas embebidas en mayonesa a la vez.

—Iu.

— ¡Mi cerebro debe recibir más energía que el promedio! —Asegura.

—No lo pongo en duda. —Comento.

— ¿Qué tal tus colegas Tina? —Me pregunta Sam cortando su carne y mirando hacia la mesa. —Son animados.

—Hmm, ya ves. Trabajan bien… —Me vale.

—O sea, que no los conoces. —Dice Sam sacándole una patata a una Chloe de ojos entrecerrados.

—Sólo los supervisé, pero no.

—Para los días recreativos podrás —Sonríe Chloe. —Lástima que no nos toca juntas.

En el trabajo hay diversas actividades orientadas a la recreación y motivación de los empleados. Salimos por área, de vez en cuando. También hacen torneos deportivos, dinámicas de grupo y celebraciones en fechas especiales. Debo reconocer que mis madres, son parte importante en la implementación de muchas nuevas actividades enfocadas en el bienestar físico y mental de los trabajadores.

—Entonces estoy jodida. —Quiero a mis amigas…

— ¿Jodida? Ese no es un buen primer paso. —Bromea Chloe.

—Jeje—Digo imitándola. —Me portaré bien.

—Si claro. —Masculla Sam. —Sólo se simpática y ya. —Me mira burlona.

—Ella la sociable. —Gruño. Maldita ermitaña.

Es la hora de volver a trabajar y me adelanto mi colega del almuerzo. Lo bueno de esto, es que estás solo en tu box la mayor parte del tiempo, eso antes de que pasen algunos practicantes. Algunos, hasta música de ambiente escuchan. Lo malo, la maldita espalda; tienes que preocuparte de usar bien la altura del sillón y de tener buena postura.

Ángela

Cuando termino mi trabajo, tomo mis cosas y salgo del box, me tocan el brazo. Veo a Emma y a Josefa emocionadas.

— ¿Qué pasó? —pregunto mirando a una y luego a la otra. — ¿No? —Digo viendo a mi colega salir de su box. — ¡No me vas a decir que al fin renunció Myers! —Bromeo como saludo.

—Buen fin de turno, Ange. —Dice tuteándome el muy maldito. ¡Si supiera quién soy! —Escucha la noticia. —Camina hacia la salida digno, donde encuentra Alfonso y se largan.

— ¡Tenemos unos días recreativos! —Exclama Jo.

— ¿Y qué nos van a recrear? —Pregunto curiosa. Me preocupé tanto del trabajo que no me preocupé de los días de descanso que me podrían dar. ¡Suena genial!

—Oh, eso depende —Bromea Emma. —Pero al menos creo que es para algo de compañerismo —Dice dudosa.

Nos reímos.

—Espero que todo—Dice Trini —Imagina las posibilidades.

—Esas son mis compañeras — Dice Jo —Lo que no sabes, doctorcita—sonríe con expresión sabionda— es que, se llegó al acuerdo de un fin de semana de descanso, por turnos. —Comenta. —Es útil.

Asentimos.

— ¿Y por qué harían eso? —pregunto curiosa, suena muy liberador. Aunque no es algo que papá haría. Menos lo del fin de semana.

—Me alegra que lo preguntaras— Sonríe Jo con expresión de sabionda —Nos llevan a un lugar donde tengan convenio, ellos mejoran su fama y nosotros provocamos desmadre.

—Genial —Digo. No me causa mucha emoción, los negocios de mamá eran centros de Spa, relajación, termas, acupuntura y todas esas cosas.

— ¡Y pensar que iremos a un Spa! —Emma exclama soñadora.

— ¿Spa? —Repito sorprendida ¡qué inusual!

Eso no es bueno para mí.

—Si —A Jo le anima mucho la idea — No sé cómo lo hacen, porque tienes los gastos pagados y estás al pie de la montaña. ¡Mi hermana es enfermera en una clínica y dice que soy una zorra suertuda! ¡Hoy le contaré que iré a un maldito Spa! ¡Y tiene una barra genial con escenario para la noche!

Se adelanta dando saltitos felices y se despide con una seña de la mano, la devolvimos.

—En realidad es uno que tiene más servicios que esos, ya sabes, amigos de los Edwards, deben estar forrados —Dice Emma mirando hacia la puerta de donde salió. — Pasarán preguntando acá, dejan un encargado.

Temo lo peor.

—Ah, que entretenido—Miento. De todas formas, creo que también me emociona más el escenario y beber algo, odio los masajes, rodajas de pepinos en los ojos y esas cosas. — ¿Y qué Spa es? — pregunto.

—El que está fuera de la ciudad, por el sur. Ese de la fachada de arquitectura estilo futurista al entrar a la ciudad, ‘’ ¿Dreams?’’

Mantengo mi expresión a pesar de la sorpresa y asiento hasta que ella entra a su box. Ese Spa lo conozco, lo que no sé es cómo rayos no me he enterado de esto todos estos años. Quizá porque una vez grité al teléfono que no me jodan todo el día, que para eso puse gente a cargo. Aunque he tenido que darles tiempo a los negocios de mi madre, me confié en lo bien que funcionaba sin mi intervención.

Es hora de mover el trasero.

Mi madre amaba sus centros y pasaba tiempo en ellos, recuerdo que siempre estaba de pie, corriendo por aquí y por allá, tenía muchas visitas y aun así alcanzábamos a verla la mayoría de los días. Digo mayoría porque era una mujer ocupada.’’ Y ahora entiendo por qué…’’ me digo pensando en que este último mes no me he portado del todo bien con eso.

Me siento aireada en mi escritorio

Busco en mi larga lista de contactos el número personal del director de la cadena de Spa Dream y lo llamo.

Escucho su largo saludo y le pregunto todo lo que sabe sobre ese supuesto viaje. Me dice que sabe que ha ocurrido desde siempre porque hacíamos convenios con empresas. Pide información a la administración de ese centro en específico y avisan que me llamarán ¡es el colmo! Se asegura de nuevo de que no haya ningún problema y corta.

Atiendo a mis pacientes y antes de que terminé mi turno mi celular vibra. Me llama el administrador del Spa; me da los detalles y al parecer es algo que viene años repitiéndose…soy una maldita pajera. Sería más notorio que cancele esa salida y que la deje pasar para no despertar sospechas. Al parecer nadie se molestó en revisar que ahora el nombre de la firma que tiene mi apellido y no el apellido de soltera de mi madre. O quizá ni les importó, de todos modos, no tentaré a mi suerte.

Secretamente, pido que la foto del recibidor salga por ese fin de semana de allí. Al menos la foto mía a la derecha de mi madre. ¡Si la ven estoy frita!

—Señorita, es tradición. ¿Está segura? Es una visita importante. —Empieza tímidamente

—Si —Digo nerviosa, tengo que terminar de cerrar mis fichas antes de la hora. — ¡Quita esa foto! luego seguiré la tradición—ironizo. ¡Más le vale sacarla! — ¡La primera clase también!

—De inmediato —Escucho.

Aunque lo positivo de todo esto, es que puedo estas a mis anchas en ese lugar… siempre y cuando nadie se vaya de soplón. A mi favor nadie espera que yo vaya ¡podría estar de incógnita! ¡Oh que estoy pensando! Justo iba a tener mi primera salida laboral con mis colegas ¡y yo que me estaba adaptando!

—Dra…

‘’No sé si quiera máscaras de barro y pepinos en los párpados’’ pienso. No me gusta mucho que me toquen. Pero podría tomar algo con las chicas, de seguro el bar tendrá una luz tenue, unas gafas y listo ¡el crimen perfecto! Y un gorro, es una suerte que empiece a ponerse más fresco para esta época, debo usarlo a mi favor…

— Dra…

‘’ ¿Y qué rayos? ¿Enserio hay aguas termales? Sin duda ayudará a mi espalda…

—Dra. García.

‘’ ¿Y quién rayos es García?’’

— ¡Dra. Espabile!

Giro la cabeza de la pantalla a la silueta frente a mi escritorio.

Quedo blanca. ¡Es la Dra. Edwards!

Miro a la pantalla de nuevo pidiéndole a alguna deidad que devuelva el tiempo unos tres minutos si es que no fuese mucha molestia.

—No tengo todo el día.

—No… imagino que no. —Digo estúpidamente. — ¿Qué necesita?

Los ojos de la Dra. Edwards me observan algo molestos.

—Necesito los nombres de que vayan de paseo en esta ala—Dice mirando su hoja. — ¿Confirma su asistencia García?

—Si —Digo. — ¿Puedo hacer una pregunta?

—Ajá.

— ¿Es necesario que tengas que anotar tu eso? Digo… si yo fuese la jefa no me preocuparía por algo así. —Pregunto curiosa. ¡Pudo denegar esa responsabilidad a alguien más! ¡No es un paseo de curso! ¡Envíame un mail!

Escucho un gruñido del que sólo escucho algo como ‘’mi mamá…’’

La miro levantando las cejas.

—Eso… no es asunto tuyo. —Anota, la miro de reojo mientras se retira.

—Púdrete. —Murmuro escribiendo.

Termino lo que me quedaba. Bajo muy animada al subterráneo para buscar mi hermosa motocicleta. No la encuentro, en su lugar mi amigo una aparición que según él no llama la atención, como le dije que era importante actuar.

¡Por cierto estoy siendo sarcástica!

—Sra. Grant su limusina ha venido por usted. —Un caballeroso Omar hace una inclinación y con un suave movimiento de su mano apunta a la puerta abierta.

— ¿Eres idiota o te haces? —Pregunto con un rostro sereno.

—Me hago… no anda nadie por aquí ¿qué importa? Seguridad no lo notificará —informa mirando a los lados.

—Importa, hay ascensores por doquier—Miro alrededor buscando a alguien tras los autos. Algo loco, pero no imposible. — ¡y joder Omar no digas Grant! —Susurro escandalizada. — ¡Mira que venir a buscarme en la limusina familiar! — ¡es prácticamente mi hermana la que pasa en ella!

—Descuida, tampoco es que sea la ‘’grant’’ cosa. —Bromea. —Pude venir en la blindada…

—Eres un ‘’grantdísimo’’ imbécil —digo entretenida. Entro al auto, Omar se sienta frente a mí y golpea la pared. — ¿Y mi moto?

—Su motocicleta ya está en sus aposentos ‘’mi lady’’, yo mismo me encargué. —Dice con aires de mayordomo.

—No hables raro. —Gruño.

Se carcajea y mira el hospital —Es enorme —Murmura.

—Para que veas.

—Tú no tienes nada que envidiarles —Sonríe incrédulo. —Supiera tu jefa.

—Prefiero que no lo sepan y espero que colabores… por las buenas —Bromeo.

—Descuida. —parece más pendiente de su celular— No me interesan las peleas de los ricos.

—Ella empezó —gruño. Si no fuesen dinamita no tendrían problemas.

— ¿Estás segura de eso?

—No se deben mezclar los sentimientos y los negocios.

—Eso no lo sabes, yo no pongo las manos al fuego por nadie. —Bosteza.

—Ni por mí.

—Mucho menos —Sonríe —… ¿noticias? — ¿Qué come que adivina?

—Si. Me iré de vacaciones a mi Spa —Es mi turno de poner una cara burlona—Estos Edwards aman relajar el trasero en mis centros. Yo no tenía idea de que lo venían años haciendo.

—Deben ser buenos clientes, con el interés que le pones no era necesario llamar.

—Esos centros están más que a la altura. —Aclaro —La cosa es que debo ser una trabajadora más, espero no hayan mirado el cuadro pequeño del recibidor a la derecha de mamá. —¡Quiero ir con las chicas!

‘’Existe la posibilidad’’ me engaño a mi misma.

—No contaría con ello. —mata mis sueños.

—Personas peli castañas hay en todos —Le digo. —Andaré de bajo perfil.

—Mira yo sé que duele— Se relaja en el asiento de manera que queda casi acostado en la silla y me mira cómodo— Pero te pareces a tu padre, hasta tus flatulencias huelen a Grant.

Me deprimo.

—Pero si quieres ir ve. Al final solo debes procurar que la

…