Capítulo 23 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
El aniversario de Matrimonio I
Martina E.:
— ¿Enserio nada de negro? ¡Existe la libertad de expresión! —Hago maña a mamá.
—Es una ocasión especial pulga, es la ceremonia por la iglesia, larga historia. Por una vez no vayas como si fueses a un funeral. —Responde con expresión aburrida. —O a tus aquelarres.
—Puedo llevar algo recatado… —Y negro.
—…Y si puedes saludar a nuestros invitados me sentiré muy orgullosa… —Sigue hablando.
—Hum—Me cruzo de brazos.
—No entiendo cuál es tu problema si tienes un cuerpo hermoso —Dice mamá Noelle sentándose al lado. —Cualquier color te quedará bien.
—Eso lo tengo claro. —Digo. —Pero los demás colores me dan ansiedad.
— ¡Un color te da ansiedad! ¡el vestido te da ansiedad! ¡la mansión te da ansiedad! ¡yo te doy ansiedad! ¡Todo te da ansiedad! —Explota mi pelirroja madre. — ¡Maldita generación de cristal!
— ¡Pues perdóname por ser tan ansiosa! —Esta discusión me está dando ansiedad...
—En mis tiempos te tomabas un trago de algo y hacías las cosas ¡Y mírame! ¡Normal!
La quedamos mirando.
—Ignórala —Dice mi otra madre burlona. —Aunque estoy de acuerdo en que a tus abuelos les encantará la sorpresa. —Me acaricia el cabello. —Eres su única nieta y es una ocasión especial para ellos.
Hago un puchero ¡mamá y sus cosas emocionales que me convencen! miro a Sandy, me mira a su vez recostada. Levanta su cabeza según yo, diciendo ‘’hazlo marica, es solo una vez… y aliméntame’’.
—Ok… —Miro mi pijama. —Usaré un maldito color.
—Claro que lo harás —Dice mi menos tolerante madre. — ¡Eres mi hija! ¡Debes dar el ejemplo!
—Dame un respiro —Gimoteo.
[…]
Llego a trabajar después de haber tenido un domingo con la neurótica de mamá eligiendo en vano algo que vestir para el día especial. Ya me imagino cuando me pruebe alguno, sin duda será horrible, todos los colores son horribles.
—Hola —Interrumpen mis pensamientos. Ángela sonríe dejando sus cosas.
—Hola —Digo. Me mira expectante de lo que diré— ¿Qué? — levanto una ceja muy cabrona.
— ¡Que fría! — exclama— igual me simpatizas.
—Sin tratos especiales García —Respondo para que no se subleve.
Ángela G.:
A pesar del humor tan peculiar y cambiante de Martina, paso el día bastante animada, he durado lo suficiente, ahora que lo pienso ¿de dónde saqué los ovarios? Pero qué más da. Me he adaptado perfectamente, cosa que me sorprende porque pensé que para ser un primer empleo sería difícil llevar el ritmo. Tal vez sea difícil de reconocer… pero sí, soy algo vaga.
—García —Me vienen a molestar. Ya ni me inmuto, creo que finalmente me acostumbré.
—Dígame —Miro a reojo a una Martina cruzada de brazos.
Martina.
— ¿Qué harás el fin de semana del fin de este mes? —Pregunto casual.
—Nada —Parpadea, de seguro no había hecho planes tan lejanos, es una vaga.
—Déjame el domingo. —Digo quedamente. — ¿Puedes?
—Si… pero… —Empieza.
—Y ponte algo bonito.
— ¿Qué? Pero…
—…Y no puedes arrepentirte. Eso es todo. Adiós. —Mucho planear arruina los planes, me voy hacia la puerta.
— ¡Detente! —Dice precipitándose de pie y tomando mi codo. — ¿Dé que hablas? —Sus ojos claros taladran los míos.
—Mis abuelos harán una fiesta en grande… celebrarán el aniversario de su matricidio. —Apunto con seriedad.
— ¿Estás loca? ¡Me descubrirán! — se espanta.
¿Cómo que loca? ¿Quiere verme loca?
—Puede ser, pero habrá muchas personas y no me imagino cuantas conocerán a mis abuelos, sólo para celebraciones menores hay bastantes invitados. —A nadie le importará si está ahí o no Ángela Grant ¡Por favor!
Lo piensa un poco, mueve los labios sin quitarme la vista de encima.
—Hmm no estoy segura, sabes que te acompañaría —frunzo el ceño —Pero es probable que me despidan, o que alguien me reconozca; si no te importa arruinar el día especial de tus abuelos…
—No lo harás, mamá no sabe quién eres y el abuelo estará muy ocupado. Puedes pasar por alguna joven invitada de mis amigas. —Levanto el pulgar confiada. —Habrá gente conocida probablemente.
— Lo pensaré—Dice no muy segura.
Me indigno. ¡Debería estar más que agradecida de que la considero para esto!
—Perfecto —Gruño antes de irme.
—Martina, sabes que trataré de acompañarte. —Su voz se suaviza — Pero es una situación delicada.
—Tu eres una situación delicada… —murmuro.
—Oye…
—Asunto zanjado. Buenas tardes—Escucho un resoplido. Como hoy estoy en modo ‘’ser de luz’’ no me devolveré a contestarle. Sam irá con Chloe, y yo no conozco a ninguna chica con la que me haya enrollado que ahora me quiera acompañar, o que no le dé recelo ir a algo tan… elegante. De cualquier manera y desde luego, a muchas les gustaría ir, pero Ángela tiene más práctica y yo no tengo tiempo… ni paciencia.
…Y bueno, le dejaré a favor que es divertida y ocurrente. Perfecta para distraerme.
Salgo del trabajo encontrándome con una silueta conocida.
— ¡Sam! —Digo. — ¡No me dijiste lo de la fiesta!
— ¿Y para qué ibas a querer el vestido? ¿Para trabajar? — Se ríe. ¡Sam cabrona!
—¿Qué sabes tú que otros trabajos tengo? —Bromeo— ¿Y cómo es que Chloe lo sabe?
—Hace tiempo dejé de preguntarme eso. —Hace una mueca— Debió haber sido tía Christine.
¿Cómo es posible que mi madre le cuente eso a Chloe primero?
— ¿Y los que sueles usar? —Pregunta curiosa.
—Mamá me sugirió no ir con negro, dice que les dé una sorpresa con otro color. —Aún puedo recordar su expresión…
Sam se ríe.
—Pero que buena técnica de tía Christine.
— ¿Cómo sabes que es ella?
—Es obvio, tía Noelle no diría eso. —Sonríe. — ¿Quieres ir ahora? Pero decídete.
—Puede ser… —Digo— ¿Y tú como irás?
—Con mi vestido azul marino, que es el color más claro de vestido que pienso ponerme. —Aclara mirando el creciente tráfico.
—Ve como gustes —Digo. —Yo necesitaré algún color—No llores Martina— ¿Alguna idea?
—Uno que haga juego con el de la que te acompañe ¿no? ¿A quién invitaste? —Pregunta. —A Ange…
— Tal vez — Respondo esquiva. Me mira divertida.
—Vayan con un vestidito a juego —Dice con ternura —usen brillitos y polvo de hadas…
Le doy un puñetazo en el hombro.
— ¡Qué rudas! — Chloe nos queda mirando sorprendida. — ¡Tina dejarás incapacitada a mi mujer! —Toca sus mejillas. —Por favor ¡¿alguien quiere pensar en Chloe?!
— ¡Está bien! —Gruño. —Pero tu novia es una pesada.
— ¡Vengo diciendo eso desde hace años! ¿¡y ahora te das cuenta!? —Se sorprende. Sam eleva las cejas— Tantos años de enemistad para nada. —Cruza los brazos. — ¿Y a dónde van?
—Por un vestido no negro —Digo. Chloe asiente entendiendo el dilema. —Y no tan coqueto esta vez —Digo. — ¿Cómo te dijo mamá primero que a mí?
— ¿No es obvio? ¡Las escuché hablando con tía Gabi y luego le pregunté detalles!
—Chismosa —Dice Sam. —Acosas a tía Christine.
—Así es como se hace —La apunta con sonrisa galán.
— ¿Vienes? —Creo que prefiero ignorar ese tema.
—Jeje. —Se ruboriza — Es que yo no sé no ser sensual, ni recomendar algo no sensual.
—Por eso llevamos a Sam.
—Ahora entiendo —Dice.
Nos mira indignada.
…
Tengo a mi disposición un montón de vestidos de todos los colores, tamaños y cortes. Me pruebo un buen rato algunas opciones personales (cercanas al negro) y lo que me recomiendan mis amigas ¡pero ninguno me queda bien! ¡Ninguno es como el vestido negro que está en mi habitación!
—No puede ser —Lloro como una damisela decepcionada — ¡Ninguno es como mi vestido!
— ¡Deja de pensar como hija de Satán y elige un maldito color de verdad! —Sam junta las cejas, ya harta.
—Una vez escuche que el negro nos protege del estrés emocional externo —Apunta Chloe —Ya sabes, para crear una barrera con el mundo exterior o algo así. —Lo piensa mejor — ¿o lo leí?
—Como sea, el negro es más cómodo.
— ¿Qué tal un lindo color relajante? —Sonríe. — ¡Uno verde!
—Me veré como la de Shrek —Cruzo los brazos.
—Bueno la parte de ogra ya la tienes —Se burla Sam. Le lanzaría un vestido, enserio.
Chloe busca por aquí y por allá mirándome a ratos en búsqueda de detalles. Se acerca y mira mis pechos. Ambas fruncimos el ceño.
— ¿Dónde diablos estás mirando? —Digo —Mis ojos están arriba.
—Yo tomo mis propias decisiones. —Responde concentrada. —Por la ocasión tendremos que evitar algo muy escotado —Lo piensa, hace tronar los dedos captando todo. — ¡Ya lo sé! Buscaremos un escote que diga ‘’Soy una chica decente en una reunión familiar’’ con una espalda que diga, ‘’pero me puedo escapar contigo’’ ‘’guiño, guiño’’ —Dice.
— ¿Guiño, guiño? —Repito no muy segura.
Sam se carcajea.
—Muy Tina.
— ¡Oye!
Pero Chloe ya sacó un vestido verde paliducho y me lleva al probador.
—Usa este, si no te gusta Sam me releva.
—Te entregaré uno naranjo muy intenso. —Amenaza Sam.
—No soy un maldito refresco— Lloriqueo mientras me quito la ropa y vuelvo a probarme otra por vez… no sé.
Me lo pruebo, acaba de quedarme bien a la medida, pero me veo muy… verde. Me dejo ver a las chicas.
—Soy el árbol de una maldita obra de preescolar. —Anuncio.
Sam pone una expresión de conformidad.
—Podrías usarlo. —Sonríe. —Te queda bien, bonita espalda.
— ¡Ah! — Libero un gritito de vergüenza teatralmente —Creo que por detrás se me ve la raya. — Miro bien para asegurarme y me agacho un poco frente al espejo mirándome el trasero, me agacho cada vez más, y saco el trasero, hasta lograr lo que parece una especie de twerk.
Chloe ríe.
—No va a pasar —Niega con la cabeza. —Está diseñado para eso.
—Qué vergüenza. —Dice Sam apoyada en la pared.
Omar
—Esa chica Edward es muy impulsiva —Digo incrédulo. —Es como ir a la boca del lobo, justo en el banquete —Bromeo mirando a una Ángela pensativa. Creo que se está tomando demasiadas molestias con Martina. — ¿Irás? —Voy al grano.
—Hmm se enojará si no voy —Dice.
Pues que se enoje… ¡demonios Ange! ¡sólo somos dos!
— ¿Y qué? —Digo. —Te van a pillar y perderás tu trabajo.
Se tomó muchas molestias para entrar y ahora las desperdiciará por irse con esa chica.
—Lo pensaré bien —Dice.
—Eso, ponte siempre en el peor de los panoramas. —Le advierto. Si, es mi amiga… pero para planes necesita ayuda.
—Me veo en un sótano de piedra escondido en un cuarto remoto, húmedo y oscuro en la mansión de los Edwards; con unos grilletes… —Se mira las muñecas —tal vez me empalen —Gimotea.
‘’Tina te va a empalar’’ pienso.
—No creo que sea tan terrible —Me río inseguro —¿Esos locos no tendrán cosas así en su mansión o sí? ¿Aló derechos humanos?
—Conociendo a la hija no me arriesgaría…
—Aunque que te empalen es la menor de tus preocupaciones —Bromeo.
No, no me aguanté.
Ángela.
¿Cómo puedo hacer para salirme con la mía? Me paso la noche maquinando ‘’hipotéticamente’’ como ingresar y no ser descubierta en el intento, o peor, que hacer si me encuentran. La mayoría incluye a Omar atento esperando en un auto escondido en un follaje cercano a la mansión Edwards, mientras corro hacía él con una cantidad considerable de guardaespaldas de la familia de Tina con armas y antorchas. No, arriesgarme no es una opción.
Al día siguiente me recuerdo que debo visitar a mi familia, he desaparecido un tiempo y será bueno para los ánimos… espero. ¿O quizá lo hago inconscientemente de despedida? Creo que no soy exactamente el tipo de familiar más atento. Voy a buscar unos materiales riéndome sola de eso.
—Coqueta —Dice Jo.
—No es lo que piensas. —Sonrío.
—Si, sí. —Se burla. — ¿Cómo va el amor, pequeñita?
—No sé de qué hablas —Digo.
—Esa es mi chica— —Me da una nalgada y seguimos con lo nuestro. Martina nos mira con desaprobación, pero al parecer decide que no valemos la pena porque no jode.
A la salida me cambio de ropa rápido, supongo que Catalina estará en la mansión. Las chicas se despiden mientras aseguro mi puerta.
—Adiós García —Dice Tina.
—Adiós —Digo mirándola distraída, me guiña el ojo y se va. Me ruborizo. ‘’No la mires a esa pecadora Ángela’’.
Llego a la mansión familiar. Si no fuese por el personal, esta casa pasaría vacía. Pero bueno, eso es imposible, el mantenimiento de un lugar como este requiere la participación de más personas de las que habitualmente se pensaría.
Voy al jardín, encuentro dos peli castaños bajo el sol.
—Supongo que ustedes saben que no se van a poner morenos —Saludo viendo la incipiente calva roja de mi hermano.
— ¡Ángela! — Se sorprenden. Catalina se me lanza encima y me quedo sentada con ella y mi hermano poniéndonos al día, luego de un rato voy a ver al abuelo. Con Catalina siguiéndome a todos lados porque dice que debe aprovechar todo el tiempo.
Joder ¡si me puede visitar cuando quiera!
—Abuelo —Saludo.
Frunce el ceño y queda mirándome fijo con la pipa en la boca. Me hace gracia ver que se dejó la barba. Nunca lo había hecho, al menos que yo recordase. Sonríe y se acerca con dificultad, le beso la calva.
—Hay cosas que nunca cambian —dice en tono burlón.
—Cállate y dame suerte.
Niega con la cabeza.
—Catalina, que bueno verte por aquí—Ella está más preocupada de un barco dentro de una botella, le lanza un beso haciendo sonar sus pulseras y sigue mirando detalles fascinada.
Me pone al día con los escándalos de este lugar en mi ausencia, aunque el abuelo algo pendiente de Catalina, con lo que le duran las cosas a mi hermanita, no lo culpo.
(…)
—…Entonces puedes volver cuando quieras —Termina él— tu padre también está de acuerdo y espero lamente ese incidente —Junta las cejas— ¿Dónde está Enrique?
Esta vez responde Catalina
—Salió —Dice —En la mañana.
Que novedad…
No dice nada y cambia el tema hasta la hora de la cena. Comemos viendo a mi hermano algo alicaído.
— ¿Estás bien? — Pregunto cuando se sienta.
—Me arde el cuerpo— Susurra. Enrique y el dolor no van, no tiene tolerancia alguna.
—Uy —Bromea Catalina. El abuelo nos observa entretenido cuando le toco la calva rojiza.
— ¡Aaah! —Cierra los ojos apartándose de mí.
— ¡podríamos freír huevos aquí! —Digo encantada. Se ríen.
—Mald… —Miramos al abuelo, somos reacios a tratarnos como siempre frente a él. Aunque ya lo sepa.
Catalina luego de un recorrido corto vuelve con una compresa helada y la coloca en la cabeza de enrique antes de que se queje. Libera un ruidito de satisfacción.
—Genial el peluquín —Sonrío malvada.
—Buenas tardes —Dice papá apareciendo en el umbral con una mujer del servicio doméstico. —Bienvenida —Me dice impertérrito.
— ¡Hola! —Dice Catalina animada detrás de un Enrique que solo murmura con dolor.
—Buenas —Digo secamente.
Papá me da una mirada y luego recorre la habitación deteniéndose un poco más en la cabeza de su hijo. Podríamos decir que somos la familia normal por un instante, pero antes de que tenga que irme alegando que mañana tengo que trabajar, me detiene y me llama a su oficina para atender asuntos.
‘’Ay mamá… aquí vamos de nuevo’’.
—Ángela —Dice sentándose y juntando ambas manos — ¿Has pensado en las propuestas?
—Si —Digo.
—Imagino que, no te negaras antes tamañas ofertas, podrías tener el puesto de tu jefa, en otro lugar… —Dice —Eso te daría mucho estatus. —Asiente. —Ya no tendrías que andar a las órdenes de… esa gente.
—Mira, solo llego a trabajar, cruzo un par de frases y me voy. No es que una de ellas venga y me diga que le bese el trasero o algo así —levanto una ceja con molestia. Es decir, la beso, pero el trasero aún no... —Y he conocido gente muy grata desde luego, amigos les dicen —Bromeo.
—Gente agradable puedes conocer en todos lados. —Le resta importancia.
—Si claro si soy la diosa de la sociabilización —Dios sabe que me cuesta, sólo acostumbro a ser correcta en las reuniones del club de papá o fiestas o cuanto evento se cruce. No es lo mismo que estar con amigos rascándote el trasero sin preocupaciones. ¡Eso es impagable! —De todas maneras, me gusta estar allá, y seguiré allá —Me corrijo rápidamente.
‘’ ¡Eso!¡Habla como adulta!’’ Me dice mi voz interior.
Chasquea la lengua y me mira con ambas cejas levantadas como si yo fuese un caso imposible de solucionar.
— ¿Aún no saben quién eres? —Cambia el tema, me mira de arriba abajo como si ya me hubiesen arrancado una extremidad.
—Papá —Digo —Entiendo tu preocupación—Vacilo un poco en mi puesto —Pero no son malas personas… —Su expresión cambia drásticamente. Ups la cagué.
— ¡Cómo que no lo son! —Espeta. — ¡Es una familia pecaminosa! ¡con una forma de vida pecaminosa! ¡Mentirosas! ¡Falsas! ¡Te vas a dar cuenta! ¡Volverás arrepentida! —Se vuelve a poner rojo, pero al parecer lo piensa mejor y se toca el puente de la nariz. — ¡Los estás haciendo más ricos! ¡Tú! ¡Una Grant! ¡Una de nosotros!
‘’Este dice esas cosas cuando le conviene’’ Me digo.
—Si midiésemos el índice de conformidad de cada trabajador de ellos y luego de los que tu tanto presumes no creo que ganes —Digo. —Eso te puedo decir, incluso me alimentan excelentemente bien. — Ya he visto las condiciones en que tiene a los que construyen sus complejos hoteleros, así que mejor que no apunte con el dedo.
—Ah, ya sabía yo con qué te comprarían —Pone los ojos en blanco. Cruzo mis brazos, me acaban de decir que soy una puerca que sólo piensa en la comida.
¡Y es verdad! ¡pero no tenía que decirlo él!
—Seguiré ahí, te guste o no —Gruño. —No me molesta su ‘’pecaminosa vida’’ —Hago comillas con mis manos.
—Se puede ser… como tú —Me explica. —Y no caer en esos actos.
—Si claro, y yo no voy a caer en el ‘’acto’’ —Me carcajeo con ganas. —Me quedo y es mi última palabra —Digo. —Espero que la próxima vez que hablemos en tu oficina, me ofrezcas algún trato mejor. ¿Tengo Spas sabes? Me voy decepcionada —Y no es mentira. Papá me mira como siempre que alguien no actúa de acuerdo con sus planes. Con profundo resentimiento.
En este caso podríamos decir que Martina ofrece cosas… mucho más tentadoras.
Papá se pone de pie muy ofendido.
— ¡Te arrepentirás de esto Ángela! ¡¿Por qué toda tu vida te has dedicado a contradecirme?! ¡Quiero lo mejor! ¡Christine no es tan justa como se ve! ¡Ya verás cuando se entere y se deshaga de ti!
— ¿Y quién dice que se ve justa? —Me espanto. —Espero no vayas a salirle con la fiesta —Nos miramos desafiantes. —no quiero tener por padre a un traidor —Gruño. Espero que no quiera ser mi enemigo.
— ¡Para qué si ya te tenemos a ti! —Levanta las palmas con incredulidad.
— ¡Sólo es un trabajo! —Espeto. —Me parece preocupante lo que me jodes.
— ¡Christine empezó esta discusión! ¡Dio declaraciones desafortunadas! ¡Me humilló públicamente! —Se pone de pie — ¡Mientras esté vivo protegeré la respetable posición de esta familia!
—Como sea —Gruño. —No es mi problema. Tengo que irme, se me hará tarde —Me excuso —Hasta luego papá, cuídate. Vendré de visita si no te molesta.
—Por ahora no —Dice. Moviendo la mano agotado, para que me largue.
…
— ¿Qué tal? —Preguntan mis hermanos como siempre que salgo de la oficina de papá desde hace tiempos inmemoriales.
—Agotador, pero estamos bien —Miento.
—Es bueno oír esa mentira nuevamente. —Responde Enrique.
— ¿Entonces? —Dice el abuelo. Miro a mis hermanos, a estas alturas mi trabajo ya no es ningún secreto.
—Sigo hasta que me echen —Bromeo. Mi abuelo libera una carcajada burlona.
Me quedo un rato hasta que cuando anochece, a pesar de los lamentos de mi hermana y las invitaciones del abuelo. Tengo que devolverme con la excusa de preparar mis cosas para el trabajo.
—Bien hecho Ángela. —Dice el dándome unas palmaditas antes de irme. Me ruborizo, no digo nada.
[…]
Después de otro día ajetreado, me encuentro camino a comer al lado de mi especial y demandante amiga. No puedo evitar contar las últimas novedades, de aquí, solo con ella hablo de eso.
— ¿Y qué tal? —Susurra Tina cuando nadie pone atención.
—Hmm lo mismo de siempre —Digo evitando contacto visual. —Ofertas laborales, que me vaya por bla bla motivo —No le voy a decir lo que dicen de su familia…— estaré bien. —Digo finalmente.
—Oh, t
…