Capítulo 16 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
En la boca del lobo parte III
Martina
Paso la tarde del jueves trabajado, cuando me despego de los gráficos de la pantalla voy a mojarme la cara. Al volver miro el mueble bar y me acerco por un traguito de algo que me de energía, o ánimo, o calor, o lo que sea en realidad.
—Oye, yo también quiero.
—Ok —Le digo a Chloe sacando otro vasito.
Casi se me cae.
— ¡Chloe! —Exclamo. — ¿Cuándo entraste? O ¿Cómo?... —Miro alrededor.
—No vi a nadie afuera —Se sorprende. —O tal vez esperé a que el secretario fuese al baño —me mira misteriosamente.
— ¿Has pensado en ser espía? —Digo entregándole su vasito y haciendo salud. Me lo tomo de un sorbo y carraspeo.
Despierta ya estoy. Chloe lo pasa como si su garganta fuese un tubo de metal.
—Wow ¿te imaginas? —Dice. — ‘’Los ángeles de Tina’’, Sam es el cerebrito —bromea. —Por cierto, ella viene más tarde.
—Genial —Digo yéndome a sentar.
— ¿Muy estresante? —Pregunta Chloe. Recuerdo el día de ayer.
—Los primeros días —Digo. —Luego es más llevadero. Aunque no diré que no extraño mi box.
—Aaaw, esa es mi Tina Tequila, da lo mejor en todo lo que hace —Asiente. —Estamos todos orgullosos de ti.
—Gracias Chloe.
—De nada, tu mamá también lo cree. Le pregunté cómo lo estaban pasando. —Me cuenta ante mi mirada interrogativa.
— ¿Qué? ¿se fue de vacaciones?
—Si ¿No sabías?
— ¡Maldita Christine! —Espeto — ¡Ya me parecía raro lo de los diez días hábiles!
—Oh vamos, ya les hacía falta. —Libera una risita. —Es bueno tener a alguien de confianza.
—Si, pero ya me imagino su cara de creída —Gruño. Aunque para mi madre, Noelle, debió haber sido una sorpresa agradable. Sólo por eso no la llamo en este momento y la mando al carajo por maligna.
—Por cierto, me dejó a cargo de ti.
—Si claro.
—Enserio. — Dice indignada. Rodeo los ojos. — ¡hice seis semestres de finanzas en la San Marino! — Bromea. Niego con la cabeza, esta es un caso perdido. — Pero te ves bien, esperaba ojeras —Dice sentándose en el mismo sofá en el que estaba Ángela ayer.
Nos quedamos así hasta que llega Sam y nos distraemos conversando tanto que mando al carajo los gráficos, le sacamos la foto a Chloe y nos vamos a casa. He estado aprovechando mis tardes yendo del apartamento a donde mis abuelos. Hoy soy invitada a quedarme donde Sam.
— ¡Hemos llegado suegritas! —exclama Chloe.
—Imposible ignorarlo —Dice tía Sandra burlona— ¡Tina! ¡Qué alegría verte! — Ahora que lo pienso haces meses no vengo de visita por aquí.
—Ojalá me dijera eso —Susurra Chloe a Sam.
Cuando me ve tía Fer me abraza efusivamente, besa mi nuca y nos invita a sentarnos.
—Debes venir más seguido—Dice —Christine me dijo que te dejó con trabajo, debe tenerte muy en alto.
Si, pero aún no le perdono la mentira, me las pagará.
—Y eso que me tiene en alto— Comento. — ¡Me está explotando!
—Creo que esa frase ya la oí antes —Hace memoria. — A tu madre quejándose de lo mismo por tu abuelo —Se ríe.
Libero un gruñido. —Espero que el abuelo la haya hecho puré.
Sam y Chloe se ríen.
—Y hablando de hacer puré —Dice Sandra — ¿Hay alguien por ahí? —Mueve las cejas.
— ¡Sandra! —Ríe su esposa. —Tina tiene mucho trabajo, no es como si un chico la fuese a ver a la oficina o algo así ¿quién se atrevería?
—Tendría que estar loco —Bromea Sam. ¡Maldita Samantha!
Pongo mi cara más convincente.
—Claro, solo sé trabajar. —Digo como la esforzada mujer que soy.
Nos sentamos.
—Pero qué mentirosa —Masculla Sam
Le pego un puñetazo en la pierna cuando no nos ven. Ella se soba sufriendo en silencio.
— ¡Oye! —murmura Chloe. — ¡No golpees mi comida!
— ¡Tu comida jode!
—Le enseñaré modales —Atrae su rostro robándole un besito. Sam adolorida libera una risita avergonzada.
Tía Fer las mira burlona.
[…]
El resto de la semana transcurre tranquilamente, el fin de semana me voy donde mis abuelos, el sábado en la noche ¡se me ocurre una idea genial! Es decir, no creo que tenga esta oportunidad en meses. Mis madres están de viaje y mañana mi abuelo irá a jugar golf, de seguro que va con la abuela, como siempre.
‘’Hola’’ Saludo a Ángela. ‘’estás de suerte’’
‘’Hola ‘’ Leo de vuelta ‘’ ¡Genial! ¿Qué me gané?’’
Veo su foto de perfil; gafas y una especie de refresco con una fruta cortada, adornado con una sombrilla para cócteles. Apenas de deja entrever una camisa colorida. No se ve mucho…
Que floja con las fotos ¡no me extraña!
‘’Mañana mi abuelo saldrá al club de golf, un rato en la tarde. Me parece que irá con mi abuela.’’
‘’ ¿Y eso qué significa?’’
Entrecierro los ojos.
‘’ ¿Quieres conocer la mansión o no? ‘’ Que me quede sola de nuevo no pasará en un buen tiempo.
‘’ ¿No puedes invitarme como la gente normal?’’
‘‘Llega a las cuatro’’
No espero la respuesta, sigo arreglándole las pezuñas a Sandy, hoy es noche de chicas.
— ¿Quieres que te las pinte amor? ¿Sii? —Le digo cariñosamente. Sandy cierra los ojos y se recuesta en su cama como la consentida que es. Jugó todo el día en el patio así que imagino está cansada y solo quiere que la mimen.
Al día siguiente.
—Nos vamos, ¿segura que no quieres ir? —Pregunta el abuelo.
—Segura abuelo —Digo, beso su mejilla y sube a su transporte. Los despido con la mano mientras abandonan el terreno. Al entrar le recuerdo el plan a Sandy.
—Ya sabes que no puedes andar de soplona —Susurro. Sandy hace un ruidito, muy contenta. No sé si me entiende, pero en mi cerebro tenemos una conversación. —Aprovecha de jugar antes de ir a casa. —Le advierto.
Camina a mi lado mientras voy al cuarto de seguridad. Toco la puerta y entro, dentro están unos tipos algo aburridos, pasan tan pocas cosas aquí, que el turno se vuelve rutinario. Me dirijo a quién los distribuye por la mansión.
—Eh, Patricio —Digo. — ¿Cómo estás?
—No. —Dice. —No puedes salir sin seguridad.
— ¡Pero si no venía a eso!
—Entonces no puedes hacer una pool party. —Gruñe mirando a las cámaras. —Tus abuelos llegarán más tarde.
Él es quién tenía la ardua tarea de vigilarme cuando era una niña y adolescente, y quién se ensuciaba las manos cuando tenía que ensuciárselas. Tenemos una relación de ‘’odiostad’’.
—Vendrá una amiga del trabajo y venía a avisar para que abrieras—Me cruzo de brazos.
—En ese caso no hay problema. —Dice. —Me avisas y ya.
—Bueno.
— ¿Eh? Martina ¿Podemos jugar Ping— pong? —Dice uno más joven atareado de mirar cámaras.
— ¡¿Cómo se te ocurre?! —Dice él— ¡La mansión Edwards está invicta desde que yo asumí como jefe de seguridad! ¡Y no se romperá ese récord en mi mandato! —Dice firmemente.
Todos los presentes nos esforzamos duramente para no poner caras.
—Oh vamos Pato —Dice uno —Es domingo.
—Por mí no hay problema, esa mesa se está apolillando. —Digo. —Nos vemos —Me voy de ahí y como por arte de magia vibra mi celular.
‘’En media hora estoy allá’’
—Vamos Sandy —Digo.
Me quedo en el patio con ella hasta que al cabo de un rato aparece Ángela en su motocicleta. ‘’Es la roja’’ recuerdo el último día que estuve paseando por la ciudad…
Estiro el brazo cuando se detiene, hace lo mismo mientras la reja se abre. Al acercarse mis ojos devoran su medio de transporte.
— ¿No hay problema en guardarla un rato? —Sonríe.
—Claro que no —Digo. Ángela se baja y cuando ya está preparada levanta el pulgar.
— ¿Lista? —La miro de reojo.
—Estoy lista —asiente determinada.
Ángela:
Dejo a mi bebé y camino tras Martina, entro con ella y su mascota, el primer tour es por el jardín, ¡creo que es hermoso! Más hacia el fondo Sandy se adelanta para jugar en una especie de corral. La dejamos ahí y entramos. Miro con curiosidad las similitudes en tamaño, ellos tienen un hogar más moderno y sin tanto adorno. Mi parte favorita es el ascensor, me hace gracia, pero se ve genial. Me pregunto si los Edwards usaran las escaleras de acá, ‘’se pierden nuestras piernas de acero’’ bromeo conmigo misma.
‘’No, no es verdad’’.
—Me gusta el toque elegante pero no saturado. —Comento— algo creído, como ustedes —Bromeo.
—Si quieres llamo a seguridad —ofrece.
—Oye, yo garanticé tu seguridad, deberías hacer lo mismo. —Esta mujer…
—Yo no he prometido nada —Se sorprende.
— ¿Y tú cuarto dónde está? —Asumiré que simplemente se está metiendo conmigo.
—En el segundo piso a la derecha de las escaleras —dice.
Pasamos la parte de la escalera y ella me deja pasar en la segunda puerta. Su cuarto es amplio, pero no demasiado. Diría que Martina no es de espacios muy grandes, recuerdo lo del balcón. Deben ser las cinco, así que nos sentamos un rato.
—Aaah —Hago un ruidito de satisfacción— ¿Qué tal la semana?
—Pasó rápido —Responde—Ojalá pasen los días que quedan rápido también.
—Esperemos, ya nadie me va a decir que baje la música una vez al día. —Comento. Igual es verdad, me dicen que le suba…
—Espero no tengas ese lugar convertido en un antro. —Me advierte.
—No, descuida. —Sonrío malévolamente.
Un ruido me interrumpe, el de alguien llegando en algún vehículo. Martina se pone de pie y mira por la ventana.
— ¡Uuh! ¡Mierda! —Exclama. —Viene el abuelo
Lo pienso rápidamente evaluando mis posibilidades.
—Aunque no se si influya que el abuelo sepa que estás acá. —Escucho.
—Quizás con él no, pero a mi abuelo no le haría gracia. Se supone que tengo que ser prudente.
—No sabía que ‘’prudente’’ estaba en tu diccionario —Se ríe mirando a todos lados. —Ven—Ordena. —Si me necesita vendrá acá.
Frunzo el ceño mirándola por el tono, pero la sigo. Cuando salimos al pasillo ya se escuchan las escaleras. Creo que estoy frita, a Martina no le afecta así que ya fui buena.
Antes de preparar mentalmente la excusa que le daría al abuelo de ella, soy despedida con fuerza a la habitación de al frente. Ella junta la puerta y camina a las escaleras, baja y conversa un rato con lo que parece ser (por la voz del teléfono) su abuelo. Luego escucho a alguien bajar y en unos cinco minutos la puerta se abre nuevamente. Martina me mira desde la puerta muy ufana de sí misma.
Maldita creída, igual se puede confiar un poco en ella. Sonrío.
—Gracias Martina.
Me da una mirada coqueta y se va en silencio. Aún sonriente la sigo a su cuarto, esperamos que su abuelo se aleje un poco.
— ¿Qué pasó?
—Se le quedó algo que compro para la abuela, y no podía esperar —Rodea los ojos. —Con esta familia yo ya no me sorprendo de nada.
—Uuuf y que lo digas. — Al menos me siento más tranquila. —Gracias Tina.
—De nada, siéntete afortunada —Dice sentándose en la cama. Rodeo los ojos, al menos me deja decirle Tina—No ayudo a cualquiera.
— ¿Entonces no soy cualquiera? —sonrío.
—Oh no, eres una colega.
—Buuuh— Estiro los labios —tantos besitos para nada.
— ¿Eh? Sólo fue uno… o dos —Levanta una ceja — ¿Quieres hacer algo?
La miro sorprendida. Bueno si me lo pregunta así… ¿tercer besito?
—Eso no tenía relación con el tema anterior— aclara divertida.
—Buuuh —Me quejo tomándole el pelo un rato. Me siento cerca de sus pies, pongo mis brazos un poco extendidos entre ella y yo para evitar riesgos.
Para variar, ese pequeño acto de separación lo interpreta mal.
—Me sorprende que yo te asuste, es decir, mírate, me ganas como por diez centímetros —Frunce el ceño.
—Eso no es decisivo —Digo. —Y no me intimidas. —Levanto ambas cejas creída. —No sé que te hizo pensar eso… pero no.
— ¿Ah no?
—Claro que no —Digo aún sentada. —Eres una Edwards —Digo con toda tranquilidad. —‘’Mucho ruido, pocas nueces’’.
Entrecierra los ojos.
Para mi sorpresa se abalanza sobre mí. Antes de reaccionar sujeto sus brazos y caemos en lo que parece ser una lucha en donde probamos la fuerza de brazos de ambas. Abandono rápidamente mi expresión de incredulidad para reemplazarla por una de determinación… y esfuerzo. Quedamos al medio porque para mi sorpresa la chiquilla Edwards ejerce más presión de lo que esperaba.
—Ah, esto se pone interesante. — Murmuro apenas. Eso me pasa por bocona.
Como el honor de nuestras familias o algo así, está en juego. Me impulso con toda la ayuda que me puede dar mi espalda, mis pectorales y mis fantasmales músculos abdominales ganando espacio poco a poco. Sonrío poniendo una cara que más o menos trata de decir ‘’te lo dije’’.
Aunque admitámoslo, eso sólo fue por la ventaja de la altura, tal vez tenía razón… Fuese del porte de Martina me parte la madre. ¿De dónde saca esa fuerza?
Cuando sus brazos ya están casi sobre sus hombros, vuelve a hacer fuerza y cuando se la devuelvo caigo en la trampa. Rápidamente cede y empuja mis brazos más arriba de su cabeza, pierdo el equilibrio yéndome precipitadamente adelante quedando a palmos de su cara. Me ruborizo, no sé si por el esfuerzo o la vergüenza de sentir su cuerpo apegado bajo el mío, pero ignora mis ojos abiertos de par en par y alcanza mi boca. Junto las cejas un poco sintiendo su toque y recordando el sabor de sus labios, por el esfuerzo apenas puedo reponer el aire que me falta. Su agarre no cede, y no puedo afirmarme de los codos para tener algo de dignidad. Cuando siento la punta de su lengua delinear mi labio inferior, mi mente me manda al carajo y mi cuerpo se hace más débil.
Ok, en este punto es imposible ganar así que me entrego a este nuevo ofrecimiento, bajo la mirada, la dejo entrar un poco no esperando una nueva respuesta mucho más intensa. La beso siguiéndola con avidez hasta que su lengua comienza prácticamente a luchar con la mía. Respiro entrecortadamente cuando con una pierna me acerca hacia ella, suelta mis manos y me apoyo más cómoda, mientras acaricio su cintura con mi otra hambrienta mano.
Sus manos extendidas acarician de mi cabello con suavidad. Martina me acerca a ella como si me abrazara y con un suave impulso hacia la derecha y otro con más fuerza hacia la izquierda, levantando una pierna entre las mías, logra quedar sobre mí.
Quedo recostada de espaldas, parpadeando como idiota uniendo los cabos. Ella me mira bastante complacida apoyada sobre sus codos. Pasa su pulgar delineando mi labio inferior, siento cosquillas al sentir su caliente respiración.
—Perdiste. —Susurra. Se pone de pie y se estira levantando sus brazos, la observo mientras me siento lentamente en la cama— No vuelvas a desafiarme.
Carraspeo. No sé si tuve suerte o no, me siento un poco idiota porque yo sí me deje llevar. No sabía que Martina pudiese ser tan sugerente.
Lo bueno es que actúa como si nada hubiese pasado. Me recupero y dejo ese recuerdo en la carpeta de mi cerebro de ‘’cosas sexys por repasar’’. Conversamos hasta que se nos pasa el tiempo y me tengo que ir, es un poco incómodo acercarme así que mantengo la distancia, tomo mi motocicleta y me voy a mi hogar con una rápida despedida. Al entrar a la mansión me recibe un inusual mayordomo.
—Señorita Grant, me honra con su lésbica presencia. —Dice caballerosamente Omar.
—Ya me preguntaba dónde estabas tú. —Digo yendo directamente a mi cuarto. Por suerte, Martina me ofreció para comer, y con eso me refiero a bocadillos.
—Mucho trabajo, ya sabes. Se supone que era tu guardaespaldas personal, pero eso hace años lo olvidaron —Se toca el mentón. —No debería ser tan malditamente bueno.
—Bah —digo— Ya quisiera esa confianza. —Mascullo.
— ¿Dónde estabas? Saliste sin seguridad —Sonríe tocándose el pecho.
—Donde una amiga —Digo.
— ¿La conozco?
—Si —Entramos a mi cuarto.
—Esto es un chiquero —Dice Omar observando mi caos ordenado. —En cualquier momento tendrás un nido de algo vivo por aquí.
—A la grande le puse cuca. —Gruño agotada recostándome en la cama.
Ríe.
—Ya fuera de broma, ¿fuiste a ver alguna chica?
—Si —Digo.
—Cuenta, cuenta —Dice yendo directo a los juegos. —Ven no seas marica.
—Sólo fui a conocer la mansión Edwards. —Casi se le cae el joystick.
— ¡¿Qué?! ¡¿estás loca?! ¿te hicieron algo? —Se acerca rápidamente buscando algún signo de tortura.
—Nah, Martina me encubrió.
—Eso tendría que verlo —Dice. —Se que es simpática, pero hay favores y favores.
—Hmm…
—Hablando de favores, ¿te hizo otro favor?
—No idiota —Río
— ¿Nada de nada? —Pone cara de cachorrito.
—Bueno un besito y ya.
— ¡Lo sabía!
— ¿Enserio? ¿Por qué?
— ¡Esas miraditas! ¡Esas conversaciones privadas! ¡Qué callado te lo tenías! —Reprocha.
—Oye yo te vi haciéndote el bonito con Alfonso, ¿cómo se te ocurre? acosador —bromeo — ¿Te resultó? —Pregunto curiosa.
Alfonso es del tipo de chico joven, tranquilo y no muy hablador, pero amable. Para mi está complicado, lo más gay que conozco es Omar.
Y desde luego no se parecen, ni físicamente.
—Es un chico tímido, un hueso duro de roer —Dice pensativo. —Espero que no de erectar— comenta malvado.
— ¡Aaaargh! ¡cállate! —Me cubro los oídos.
— ¿Y qué pasa con Martina? dilo ya antes de que sea demasiado tarde.
Frunzo el ceño.
—No pasa nada sólo son besos —Digo —No estoy muy segura de que signifiquen algo. —Sigo sin saber qué diablos inferir de todo esto... creo que me confunde su actitud.
Omar ladea un poco la cabeza.
— Aunque fuese sólo por calentura, por algo los das. —Dice pensativo.
—Puede que los de y ya, hay de todo. —Con la gente yo ya no me confío.
—Pero para ella sería mucho menos complicado besar a otra que no se apellide como tú… a menos que le guste el peligro —Repone.
—Oh vamos, yo no la pondría en peligro
—Ah, pero en cuatro… —Bromea.
— ¡Oye! —Me río tirándole la almohada.
— ¿Y a que te referías con besitos? ¿Ya andan en esa? —Me la arroja de vuelta con fuerza.
—No, digamos que tuve que ver en eso las primeras veces —Me ruborizo. —Pero el otro fue jugando.
—Uy que sexy, no omitas detalles
Le cuento un poco a grandes rasgos para que deje de joder.
— ¡Que debilucha Ángela! —se espanta cuando pensé que me iba a criticar más el beso que eso. —Primero que todo deberían darte vergüenza esos músculos —Me mira indignado. —Debiste aprovechar el estirón de la adolescencia y haber hecho deporte con nosotros.
—Deja mi cuerpo sensual —Me siento. Tampoco es que esté tan fuera de forma, al menos tengo los dedos entrenados con tanto videojuego.
—Y segundo, si no sabes que quiere ¿por qué no lo averiguas?
—Ambas sabemos muy bien que eso es más perjudicial que benéfico.
— ¿Quién dice?
—Ambas. —Pone cara de que le importa un comino nuestras opiniones.
—De todas formas, con ‘’qué quiere’’ no me refería a algo más formal. Diviértete, amiga. —Dice simplemente.
— ¿Formal?
—Si, yo creo que le gustas, al menos un poquito. —Pone la palma extendida en su mejilla fingiendo sonrojarse.
—He visto catorce millones de futuros posibles, y en todas me manda a la mierda —Digo con tono monocorde.
—Inténtalo. —Sonríe. —Si dice que no que se vaya al demonio, pero no creo que te diga que no.
—Me tienes más fe que mi familia entera —Susurro.
—Obvio que sí, eso hacen los amigos —Se sienta a jugar.
— ¿Oye no dirás nada por qué es quién es?
— ¿Yo? ¿Por qué debería? no me ha hecho nada. —Encoge los hombros— Aunque más de alguna vez escuché una peste por aquí hacia esa familia —Dice. — Y si, se ve algo creída como dicen que son, pero conociéndola es bastante agradable y se puede conversar con ella. Ah, y el estilo es cool.
—Humm —Digo. — Quizás…
—Esa es mi chica. ¿Me dejarás jugando solo?
—Voy —me acerco ratamente.
[…]
Noelle
—Aaaaah —suspiro sintiendo las manos del masajista por mi espalda descontracturándome por soportar a Christine y Tina. —Esto es vida —Sonrío.
—Si—Christine está en el agua caliente, disfrutando del contenido de una copa pequeña —Espero que Tina no tenga problemas.
—Lo hará bien —Digo descuidándome de eso. Tina odia decepcionar a su madre, Christine lo sabe desde luego. Libero unos ruiditos de satisfacción, ¡haremos esto más seguido! ¡Ya nos faltaba un retiro de descanso con Chris! — ¿Segura que no querrás?
—El que me toca se muere —Dice ariscamente. —Con soportar maquilladores un par de veces cada trimestre es suficiente.
—
…