Capítulo 10 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
La chica del Tinder I
Martina E.:
Camino por los pasillos del hospital el lunes, con algo de sueño, aun así el primer piso está con gente. Subo por el ascensor y al llegar camino a la puerta de en frente de la directora Diaz, la de mi oficina.
—Te estaba esperando. —Dice una voz profunda tras la silla de recepción que me hace sobresaltar, solo se puede ver el respaldo y una cabellera castaña apenas visible. Esta se gira, y deja ver a tía Gabriela acariciando una supuesta mascota imaginaria. —Bienvenida Srta. Bond.
—Tía Gabriela. —La miro sorprendida. — ¿Y esta aparición? —Bromeo. —¿Y a esta hora? —Vaya a acostarse señora.
— ¡Muy simple! Ven a verme al piso hoy, pequeña ahijada —Sonríe ufana de sí misma. —Venía a invitarte, pero no llegabas.
—De por si es temprano —Digo.
—Al que madruga Christine le ayuda. —Bromea. —Habitualmente me despierto temprano.
—No me extraña. — Una cualidad heredada a su sobrina.
—En fin, ahijadita, tengo libre de once, a doce del día. Te espero —Sonríe. —Tu madre ya lo sabe. Y con eso me refiero a Noellita.
Sonrío.
—Nos vemos entonces a esa hora. Curiosamente no tengo pacientes— reviso mi celular. La quedo mirando como ‘’tu planeaste esto verdad’’. Sonríe creída.
— ¡Nadie evitara que vea a mi ahijada! —Anuncia enérgicamente, lo que contrasta con mi flojera mañanera. Se pone de pie animada, me abraza. —Nos vemos luego. —Se despide con la mano y abandona el piso.
—Estoy rodeada de locas —Bromeo diciendo por lo bajo mientras me programo para el resto del día.
Miro hacia todos lados y saco mi celular, abro la aplicación escondida junto a otras aplicaciones de google, ‘’Tinder’’ Que tengo escondida hace un tiempo luego de que una compañera la recomendara, y veo que hay de bueno en esta jungla, juro que es curiosidad. Me hace gracia ver a varias caras conocidas, me río un rato con los perfiles, unos más directos que otros. ¡Ni yo tenía idea que el baño del subterráneo y las bodegas era el escondite perfecto de la pasión para algunos! ¡Ya verán!
…
Podría divertirme un rato, pienso revisando perfil tras perfil, algunas chicas y chicos bien monos, los infaltables tríos, los que pone mil condiciones y los que se hacen que no quieren sexo, las scorts, y uno que otro perfil original y gracioso, la egocéntrica simpaticona. No confío en esta mierda, pero si es para divertirse supongo que no hace mal. De todas formas, uso un nombre falso ya que nadie esperaría ver a una fina señorita como yo aquí.
Me río, bueno las chicas sí. Pasando nombre tras nombre hay un perfil sin foto que me llama la atención.
‘’Ángela Grant’’
Descripción. ‘’Sólo mirando, gracias. No tríos, no hombres’’.
¿Qué tendría que hacer esa tipa aquí?
Seguro es falsa, le doy ‘’Match’’ de curiosa. Pero ¿Por qué ella? En lo personal ni idea de quién es y cómo se verá. Debe ser algún pervertido del edificio que le da morbo. No imagino a una chica de esa familia como ‘’no hombres’’. Oh vaya que no, Ángela Grant debe ser una fanática religiosa, con diez hijos rubios y un marido creído.
Voy a trabajar, saludo a mis colegas, atiendo pacientes y cuando bajo por el ascensor a ver a tía Gabriela reviso mi celular. ¡Me aceptó! ¡OMG! ¡Ya veo que es un tipo de dudosa reputación haciéndose pasar por ella! ¡La curiosidad mató a Tina!
La saludo, guardo el celular y riéndome algo nerviosa toco la puerta de tía Gabi.
—Ahijadita, bienvenida —Dice animada. Al entrar veo a tía Gabi y mi madre (Noelle) tomando el té.
—Y este recibimiento —Bromeo. Beso la mejilla de mi madre y me siento al lado.
—Nada, consideramos que trabajas demasiado —Mi tía mueve las cejas. —Así que ven a relajarte con nosotras.
— ¿Y Chloe? —Pregunto, ella trabaja en este piso también
—Con Sam por ahí. —Tía mueve la mano sin interés.
Espero que no tenga que ver con el baño del subterráneo…
Y yo que pensaba que esto sería una suerte de sesión con la psicóloga. Pero no, sólo conversamos, comemos, me pregunta cosas para ponerse al día, hablamos de tía Char, lo normal. Aunque como si fuese una sesión de esas, estoy más liviana y animada que nunca. Preparada para seguir mi día laboral.
Flashback
(Sam y Tina niñas, saliendo del colegio cuando se conocían hace poco…)
—Mamá, ella es Samy —Digo presentando mi nueva amiga a mi madre Noelle.
Para mi sorpresa Sam corre sonriente hacia ella y mi madre la besa con cariño. Como si la conociese de siempre.
— ¡No sabía que estabas aquí! —Exclama — ¡Que gusto que seas tú Sam!
—Si, me cambiaron por culpa de Chloe —Dice. ¿Chloe? Solo me dijo que era una pesada que iba a su casa. — ¡Tina es genial! —Agrega.
Eso es verdad.
— ¡Noelle! —Escucho. —Me diste un susto —Aparece una mujer alta, de cabello corto y ojos azules como los de Sam, algo agitada —Vi a Sam abrazando a alguien y no pensé que serías tú. No es común verte por…— Me queda mirando. —…Ya veo. —Me da una mirada de interés. Es la segunda vez que la veo.
—Ella es mi madre Tina. —Dice Sam feliz.
Ahora son ellas las sorprendidas porque ya habíamos sido presentadas. ¡Pero si les hablé de Samantha! Tía Fer me da la mano sonriente.
— ¿Y Christine? —Pregunta.
—Trabajando, dijo que llegará más tarde.
— ¡Genial! —Dice.
—Siempre alguien se conoce aquí, es como el sello de este grupo —Dice mamá pensativa.
—Es cierto —Dice— ¿Vamos a la casa? ¡Ya llegaron las chicas! Angie no estará, Salió con Caro y su suegra —Dice burlona. —Kate y Ale sí, con los mellizos.
—Aish—Gruñe Samantha. —No puede ser.
—Si puede ser, así que nada de peleas. —Su madre levanta una ceja.
—Además ahora puedes jugar con mi bebé. —Dice mamá.
— ¡Mamá! —Me espanto, tengo una imagen que mantener. La madre de Sam de ríe y las seguimos en auto mientras hacemos caras con Sam de un espejo a otro.
Al llegar me encuentro con una casa grande de dos pisos, pero lo más impresionante es el patio, está dividido en sectores, uno detrás de la casa en donde veo se reúnen muchas personas, al lado derecho y más lejos hay una especie de mini parque, con figuras que pienso ir a ver en un rato y más al fondo de la cerca, otros terrenos delimitados, pero vecinos atrás no hay. Sólo a los lados. Sam vive muy tranquila por lo que se puede ver.
Veo unos niños corriendo a lo lejos. Juegan al pillarse mientras algunas de las presentes dan miraditas a ver si todo sigue bien y siguen en lo suyo.
Mientras nos acercamos nos ven con curiosidad ¡a una de ellas la vi una vez! cuando me fueron a buscar al orfanato. La mujer pelicastaña que parecía airear a mamá Christine.
Cuando nos saludan me las presentan una a una, alguna que otra hace un comentario ingenioso, (sobre todo la pelicastaña) ¡son bastantes! Se ve que son cercanas, incluso la madre de Sam es muy cercana a la mía, con todo el embrollo de llegar a la casa y los colegios, apenas pensaba que tía Caro sería de las pocas visitas.
Que equivocada estaba…
Lo bueno es que al menos conozco a Sam y no me quedo con cara de idiota viendo que hacen.
— ¡Hola! —Escucho a mi lado, pego un saltito viendo a una niña pecosa de largo cabello castaño sonreírme. Es un poco más bajita que yo. Un chico corre tras ella, es más alto que ambas, de cabello negro. Pero a diferencia de ella solo mantiene su cara impasible —Soy Chloe, este es Alejandro, mi hermanito.
—Soy el mayor —Dice mirándola con reproche.
—Pero por dentro soy la mayor —Dice sin cambiar su expresión.
—No. —Dice. Sólo me da la mano y ya. Se va a la mesa a ver qué comer.
—Perdónalo, es solo un niño. ¿Eres hija de tía Christine y tía Noelle?
—Si. —Digo. —Soy Martina.
—Ya decía yo— Dice. —Mis madres son ellas —Apunta a una mujer de cabello castaño rodeando con el brazo a una de cabello negro más corto. —Soy la favorita —Habla más bajo. Me río. No sé por qué no le creo. —Tía Fer es mi madrina —Sonríe.
—Entonces debes conocer hace mucho a Sam. —Comento.
Para mi sorpresa arruga su nariz y niega con las manos, como si lo manifestara tajantemente.
—No sé de quién diablos hablas.
—Ja ja —Escucho. —Así es Chloe, se cree graciosa, ignórala. —La mira con desagrado recibiendo la misma mirada. No conozco de hace mucho a Samantha, pero nunca le había visto esa expresión en la cara.
—Así es Sam, me envidia, ignórala. —Levanta la nariz y se va a comer. —Un gusto Martina.
Veo a un niño aparecer, es rubio, me mira, sonríe nervioso saluda con la mano y se va tras los otros dos.
—Ese es William, es así. —Dice sin interés. — ¡Tienes que conocer mi cuarto Tina!
[…]
Tiempo presente
Le doy un sorbo a lo que me queda de té y tocan la puerta, se abre y entra la jefa de jefas.
— ¿Y ustedes? ¿Vienen a tomar el té al hospital? Hay un lugar para eso—Mi madre Christine, levanta una ceja con indignación.
—Oh vamos, siéntate y toma una taza. —Gruñe tía Gabi.
—No espero ya nada de ustedes —Dice cerrando la puerta—Pero para un Edwards la disciplina es lo más importante.
—Por favor, quién te viera y quién te ve. —Mi madre la mira serio, tía Gabi hace como que mira el techo.
—Ella debe ser mejor que yo —Dice levantando el mentón.
— ¿Y no lo es?
— ¿A su edad? Es espectacular. —No negaré que me gustó ese comentario…— Por eso que ustedes y sus influencias hippies me asustan —Bromea.
— ¿Christine asustada? ¿de la pobre e inocente Gabi? —pregunta tía Gabriela fingiendo inocencia.
—Ya déjense de teatro, Christine vino a beber té con nosotras. —Aclara mamá.
—Pero también debo poner orden —Farfulla.
—Y lo sabemos, ahora siéntate—Mamá la hace sentarse en su silla. Mi madre, Christine intenta protestar, pero mamá le masajea los hombros y hace un ruidito de satisfacción.
—Parece que la estresada es otra —Sonrío.
Me quedo un rato con ellas, habitualmente trabajo las veo en la casa, pero a la hora en que ya sólo quiero dormir de cucharita con Sandy, ¡ah! y algunos fines de semana. Ser Odontóloga es sólo la menor de las preocupaciones que tengo aquí. Debo dar la talla en la familia.
Cuando voy a comer mi celular vibra.
‘’Ángela Grant: Hola, ¿bien y tú?’’
Miro con sorpresa la pantalla, abro los ojos de par en par.
‘’Marcela E.: Bien gracias, ¿qué tal te ha ido aquí?’’
Fue el primer nombre con M además del mío que se me ocurrió.
‘’Ángela Grant: no me quejo…’’
Me río como niña haciendo una travesura. Vibra de nuevo.
‘’Ángela Grant: es broma, me ha ido horrible ¿y a ti?’’
Me río.
‘’Marcela E.: Soy nueva, estoy un poco reacia a conocer gente por estas aplicaciones, pero puede ser divertido.’’
‘’Ángela Grant: desde luego, descuida, no soy un degenerado’’.
‘’Marcela E.: ¿Ah no? ¿Srta. Grant? ‘’ Si no me corrige, asumiré que es ella. ¡Menudo chisme!
‘’Ángela Grant: soy unA degenerada ‘’:p’’ ‘’
‘’Ángela Grant: es broma.’’
‘’Marcela E.: Ah sí muy chistosa.’’
¡Carajos! ¡Si mamá se enterase! ¡Ah no! ¡No puedo decirle a ella! ¡A Sam! ¡Pero ella no entenderá la delicadez de la situación! ¡Esto es jugoso!
Es simpática, seguimos hablando hasta que choco con una espalda.
— ¡Eh! ¡Cuidado! —Le digo, a pesar de que tuve parte de la culpa.
—Lo siento —Dice Angélica guardando el celular —Estaba despistada.
—Si, más cuidado. —Digo bravuconamente. — ¿Vas a comer?
Mira a ambos lados como si fuese pillada en algo.
—Si.
— ¿En qué estabas? —Pregunto desconfiada.
—En nada —responde rápidamente. — ¿Y tú?
—En nada.
—Bien. —Dice.
—Bien. —Repito.
Nos quedamos mirando. Reímos.
— ¿Vamos? —Pregunta inocentemente.
Bajamos al comedor y nos esperan los chicos del piso, para mi sorpresa también Sam.
—Que hay. —Dice algo atareada.
—Nada. —Miento. —¿Y Chloe?
—Eso me gustaría saber también, pero salió apurada a la hora de comer. —Refunfuña. —Dijo que no la esperemos.
—Es Chloe —Río.
—Si más le vale —Bromea —Espero que no salga con una idea loca.
—Es Chloe. —Río con preocupación…
Me vibra el celular y me hago la idiota, cuando Sam me pide que la espere reviso a ver qué tal, le doy la espalda.
—Eres una zorra. —Escucho un susurro en mi oreja. Pego un salto. Sam me mira burlona y riéndose toma su puesto.
— ¡Tú no viste nada! —Digo un poco roja. —No es nada serio.
—Ya. —Ríe. — Tú y tus cosas, ya me preguntaba porque estabas tan tranquila.
—Oye, tengo mucho trabajo aquí. Merezco curiosear al menos—Bromeo haciendo un puchero.
—Eso no te lo discuto, ¿cuídate sí? Espero que a esta edad no tenga que decir que te quedas en mi casa…
—Si. —Me sonrojo. — ¡O sea no! ¡Pero no era para eso!
— ¿Ah no? ¿La invitarás a ver Netflix? ¿Cómo se llama? ¿Ángela Grant? —Me apunta. —Grant… —Dice de nuevo pensativa. —Ese apellido lo he escuchado más de una vez…
— ¡Claro que no! ¡Ella está vetada! —Niego —Es por curiosidad. Además, seguro no es. Es el escándalo de la semana —Sonrío interesada.
Me mira con cara de ‘’a mí no me jodas’’.
—Esta vez sí que no. —Lo prometo no por primera vez, pero esta si va enserio. —Esa chica está prohibida.
— ¿Prohibida? ¿Martina Edwards tiene una chica prohibida?
¡Qué pesada que llega a ser Sam a veces!
—Si, una Grant está prohibida. —Decreto. —Y, además —Miro alrededor si hay una especie de constructora, hotel o tienda Grant. —No tendría nada que estar haciendo acá…
— ¡Aah! ¿esa es la familia que tu madre odia? Creo que la oí hablar de ellos con mi madre —Dice pensativa. —Tú sí que no temes a la muerte ¡son terribles!
—Muy probablemente no es ella—Revelo pensativa — ¿Una chica prácticamente millonaria en Tinder? Debe tener a miles en la fila.
— ¿Ah y tú porqué estás ahí? —Me refuta.
—La calentura no distingue clases sociales. —Bromeo.
—Exaaacto —Sonríe. —No te juntes por primera vez en un lugar privado. —Me apunta entrecerrando los ojos.
— ¡Claro que no! ¡Yo soy un puerco decente! —Exclamo.
Paso la tarde en el trabajo, me despido de todos. Obligo a la condenada de García a bajar la música y me voy a mi oficina.
‘’Ángela Grant: ¿Y qué tal el trabajo?’’
‘’Marcela E.: Salí hace poco, pero tengo que revisar unos informes, me imagino que ya sabes, negocios familiares’’
‘’Ángela Grant: Te entiendo muy bien, ahora voy en camino a algo parecido, estoy agotada’’
Vaya, pareciese que es ella… Decido ir al grano.
‘’Marcela E: lo siento, pero estoy curiosa, ¿Qué carajos hace una Grant en Tinder?’’
‘’Ángela Grant: Jajaja, lo mismo que tú. Agradecería que no lo publiques por ahí’’
Se que es una broma. Sonrío de medio lado.
‘’Marcela E: Quizá no debiste colocar tu apellido. Pero descuida, sólo era eso.’’
‘’Ángela Grant: Nadie se lo creería de todas formas’’.
Esa se la concedo.
‘’Marcela E.: ¿Por qué eres tú verdad?’’
‘’Ángela Grant: Si.’’
Ángela G.:
Voy molida en uno de los autos familiares, este me gusta porque pasa más desapercibido, aunque lejos de llegar a casa tengo que ir a mi otra oficina, ya que las decisiones con respecto a los Spa. pasan por mí. Sobre todo, cuando se trata de gastos. Me pregunto si podré tomar alguna decisión decente en este estado. ¡Y necesito paciencia con el contador!
Reviso mi celular para ver la respuesta de una chica que me agrego hoy, es curiosa pero simpática y un año mayor, tomando en cuenta lo poco que me hablan aquí (y no las culpo, no tengo foto) no hay nada que perder. ¡Además la foto de su torso tiene dos grandes características!
Creo que tiene razón cuando me dice que no debí poner el apellido, pero qué más da. Tengo esta cuenta hace un tiempo y no he tenido problemas. Es más, nadie me habla.
Juro que la voy a borrar…
‘’Ángela Grant: Aunque es un tema delicado en mi entorno, así que uso esto’’
‘’Marcela E.: Me imagino…’’
‘’Ángela Grant: Es lo que hay. ¿Qué me dices de ti? ‘’
‘’Marcela E.: Mi madre es un poco celosa, pero fuera de eso no hay problema con que sean chicas.’’
‘’Ángela Grant: Que tierno. ¿Y qué te gusta hacer?’’
Nos pasamos el recorrido conversando, luego debo despedirme para tomar total atención de mis negocios. Creo que esa chica me agrada, le gusta la música pesada, salir, acampar, ver caricaturas y aunque no sea de videojuegos, se lee como alguien cool.
Al día siguiente me levanto con algo de esfuerzo, el sueño se me quita cuando prendo el computador del trabajo y tengo una citación a la oficina de Christine Edwards poco después del mediodía.
Pongo una canción acorde a mis emociones. Este día tengo el privilegio de escuchar ‘’Fear of the Dark’’ de Iron Maiden.
¿Me habrán descubierto? Joder es sólo cosa de que revise mi cédula de identidad. ¡Ya sabía que el gran George Edwards no estaría siempre para salvarme! ¡Pero lo estoy pasando tan bien aquí!
— ¡Eh! ¡García! —Escucho. Miro a una Martina mirarme de la puerta contigua. — ¿Hoy tienes reunión con mi madre?
—Si, ¿sabes de qué se trata? —La miro ocultando mi preocupación.
—Si. Obvio —Sonríe cruel, se apoya en la puerta—Yo en tu lugar tendría miedo.
— ¡Carajos! —Pero si Martina me viene a joder así tan campante como siempre significa que aún no se ha enterado de nada…
—Eres cruel Edwards —murmuro. —Deberían darme un aumento por soportarte —Si no evitase a su madre ya lo habría negociado.
— Deberías estar agradecida de tenerme como compañera de trabajo —se sorprende.
Sonrío.
—Lo estoy.
Me queda mirando.
—Ya sabes, para enterarme de las noticias... —Respondo mirándola sin interés. Si no me equivoco en leer a Martina, le reventaría la indiferencia…
—No lo arregles García. —Ríe. —Ya sabía yo que me habías echado el ojo. No te culpo —Cierra los ojos con aires de superioridad. —Pero pierdes tu tiempo… le gusto a muchas.
— ¿Ah sí? —Digo un poco menos nerviosa. —Pues ¿sabes qué? también yo.
—Seguro. —Ironiza. —Los personajes de videojuegos no cuentan.
— ¡Vete al carajo Martina!
Se va riendo por el pasillo ¡Por Dios que pesada! ¡Tal vez no sea tan malo que me echen!
Aunque ese pensamiento ya no me acompaña cuando camino a la oficina de Christine Edwards.
Al llegar a su piso toco la puerta, trago saliva y entro cuando escucho un corto y seco ‘’pase’’.
—Buenas tardes, Dra. Edwards—Saludo.
—Buenas tardes, García, toma asiento. —Dice sin apenas levantar la cabeza buscando unas carpetas. Toma una rosa y busca uno. —Necesito que leas esto y firmes si estás de acuerdo.
Leo el título, parte del texto y entiendo a qué se debe todo esto.
— ¡¿Indefinida?! — ¡Genial! ¡Significa que soy digna!
Levanta la cabeza, sus verdes ojos van de mis ojos a la hoja.
—Si, felicidades, García. —Sonríe de medio lado y sigue en lo suyo. Leo cada palabra y firmo.
Salgo de allí feliz.
¡Te cobraré esta Martina! ¡Casi me mee encima!
Mi celular vibra.
‘’Marcela E.: Hola, ¿Qué tal el día?’’
¡Aaah! ¡faltan chicas como Marcela!
‘’Ángela Grant: ¡Feliz! Aún no ha terminado el día, pero ha sido excelente laboralmente, ¿y el tuyo?’’
‘’Marcela E.: Bueno. Muy tranquilo.’’
Voy a mi box a buscar mis cosas antes de bajar a comer.
— ¿Y qué tal? —Me pregunta una voz que me sobresalta.
— ¡TÚ! —Digo herida. — ¡Eres una cabrona Edwards!
Se ríe entretenida.
— ¿Pero salió bien o no?
—Si, ¡pero no me vas a devolver las uñas!
—Volverán a crecer —Dice con indiferencia.
La miro entrecerrando los ojos. ¡A veces se pasa! Se acerca juguetona.
—Me debes una.
—Yo estoy aquí por mis capacidades —digo orgullosa. ¡Ante todo soy una muy buena profesional!
—Me debes una —Me ignora. —Te haré un espacio en mi agenda.
—Claro que no. —Levanto el mentón —No sé si algún día pueda perdonarte —Me dicen la sensible.
— ¿Ah no? —Me pincha una costilla con el índice. Pego un saltito.
—Parece que no es lo único que tienes sensible —Dice burlona.
—Señorita Edwards esto es acoso laboral —Bromeo. Me tomo el atrevimiento y le pincho una costilla por jodedora.
Hace un ruidito muy gracioso.
—Uy, que adorable —Me río. La pálida piel de Martina adquiere un tinte sonrosado.
— ¡Lo pagarás caro García! —bravuconea y se va rápidamente.
Me río de buena gana. De
…