Capítulo 9 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
Catalina Grant
Ángela G.:
Demacrada, ojerosa, y algo hambrienta, me despido de mi último paciente, me he esforzado por tener una actitud positiva, lo bueno es que ya me largo. Escribo feliz mientras veo por el rabillo del ojo abrirse la puerta. Ahora quién es…
—García —Escucho animadamente a una Tina entrando con unas hojas. — ¿No estás valiendo mierda verdad?
— Si. —Digo.
— ¿Si qué? —Frunce el ceño.
—Si a todo —Digo desganada terminando y guardando mis cosas. La quedo mirando y noto que me mira fijo, es raro de expresar… Martina no se ve ruda, pero hace cosas rudas.
—No me esté coqueteando Dra. —Empieza.
— ¡¿Qué?! No jodas. —Le respondo, con la que me sale.
—Dijiste ‘’si a todo’’. —Se sorprende.
— No me refería a eso… ¡Ni lo pensé! — Diablos señorita…
— Caes muy fácil —Comenta decepcionada—Venía a dejarte las evaluaciones.
— ¿Y qué tal?
—Para desgracia mía sigues. —Me entrega una hoja.
—Pero si yo te agrado Edwards —Digo mientras leo las anotaciones. Afortunadamente solo tiene una pequeña nota por una bandeja de esterilización, pero ya qué. —Genial. —Comento.
—Felicidades —Ironiza.
Sonrío aliviada y guardo mis cosas,
— ¿No estás conforme con la noticia? —Pregunto. Hemos salido un par de veces, algo le debo simpatizar.
—Me da igual.
—Creía que ya éramos intimas —Me burlo.
—Comer un par de veces no es ser íntimas. —Dice.
Bah, que aburrida.
—Y yo que pensaba que me acompañarías a comer de nuevo.
— ¿Olvidas que estoy trabajando García?
Caigo en la cuenta.
—Oh lo siento. —Me disculpo—He sido una mala influencia.
—Y una confianzuda.
—…Y una confianzuda —Repito. Debí suponer que no bajaría del Olimpo. —Lo siento, no quería hacer diferencias y mal interprete todo. —Digo. Me mira seria, levanto ambas cejas, expectante. — Disculpa por tratarte como a una persona normal —tiro al aire.
—Muy graciosa, soy una persona normal.
—Ajá si, por supuesto. —Miro mis uñas solo para levantar la vista y encontrarme con unos ojos profundos e indignados, me quedo mirándola, pensando que tal vez fui demasiado lejos. Levanto ambas cejas y aparta su vista de mí.
… guardo silencio mientras ordena sus cosas.
—Entonces a las siete de la tarde. —Dice. —No seas impuntual.
—… —Me quedo ahí sentada mirándola, yo no lo entiendo… — ¿Ah sí? — Digo.
— ¿Por qué no? —Ladea la cabeza mirándome.
Se me escapa una risotada.
—Paso por ti a las siete.
—Te espero afuera. —Murmura —Te apuras, tengo hambre. —Recupera su tonito pesado de siempre.
No sé por qué me molesto. Resoplo. Siendo sábado supongo que no hay problema, iremos a un lugar prudente y ya. Omar no tiene que enterarse, ni nadie. Una comida en paz...
[…]
—Tarde García. —Gruñe Tina
—Ha pasado un minuto con suerte —Yo no soy impuntual… tanto.
—Si como sea —frunce el ceño —Estuvo de locos la tarde, necesito carbohidratos y grasas trans.
— ¿Azúcares refinados te sirven?
—También. —comenta.
—Ok, conozco lugares ideales para eso.
Tina se pone las gafas.
—Te sigo.
La llevo a un local al que pido bastante seguido, supongo que a la princesa no le molestará. Camino mirando a los lados y ya no está. Miro hacia atrás y está observando la enorme bandeja que llevan a una mesa. Sonrío, eso también me hizo recordar el hambre que tenía.
— ¿Nos sentamos por aquí? —Apunto a la terraza, se ve fresca.
—Uuuh—Mira la comida y me mira animada. —Si vamos—Se adelanta.
— ¿No habías venido aquí?
—No.
—Ah, cierto que te vigilan —Bromeo mientras me siento y una atenta camarera me trae la carta.
—A mí nadie me vigila —Gruñe.
—Supongo que si veo hacia atrás no habrá un guardia apuntando hacia mi cabeza. —Sonrío.
—No, pero podría hacerlo yo. —Sonríe con frialdad, siento algo en mi espalda.
—Ya, pero era broma, estamos bien. —Hago símbolo de paz.
Lo piensa un poco.
—Depende. —Me dice. —Tendrías que contestar unas preguntas.
—Ay mamá —Digo medio en broma—Pero antes… —Me pongo seria, llamo a la camarera y pedimos. No debería beber tan seguido, pero yo me mato como quiero. Martina sonríe y pide.
—Oiga jefa —Bromeo— ¿Puedo decir groserías y esas cosas informales?
—Si, me vale verga —Dice. Me hace reír. — ¿Siempre has sido así de ‘’informal’’? —Pregunta con una sonrisita de suficiencia.
—Si, un poco. Me mantiene el ánimo en alto —Sonrío. — ¿Y qué dudas tienes Martina?
—Bueno, ¿conozco a tus padres?
Una vez acompañé a una amiga a yoga, justo hablaron del plexo soñar, y sólo lo recuerdo, porque diría que, en esa zona, acabo de recibir una patada con esa pregunta.
—No creo, mi padre se fue al extranjero, a Reino Unido — Digo. —Después de la muerte de mi madre. —Es un buen detonante.
—Humm ya veo, lo siento Angélica. —Dice, luego su mirada va hacia el camarero que nos interrumpe. —Aunque debo decir que debes ser de una rama muy alejada de la familia.
—Lo soy. —Digo. —Aunque el apellido tampoco es muy escaso.
—Eso es verdad. —Dice. — ¿Y tienes hermanos?
Oh mierda.
—Tengo una hermanita — Maldita mocosa brilla por su ausencia.
— ¿Se parecen? —Pregunta perpleja. ¡Oye!
—Si te refieres a psicológicamente no. —Por algo es la regalona de papá. —Físicamente sí. Se llama Catalina, tiene veintitrés.
—Y qué hace por la vida.
—Imitar a Paris Hilton. —Digo en broma. —Ahora está de viaje con su perro.
—Ah ya veo —Sonríe. No es algo extraño, hay hijos de ricos que aman gastar la fortuna de papi y papi, y hay otros como a nosotros que no nos dejan de joder nunca con responsabilidades.
—Si… es una buena chica, aún es joven— de todas formas, me llevo mejor con ella que con Enrique. — ¿Te gustaría tener hermanos?
—Oh no lo sé. —Dice Martina. —No sería malo tener un hermano o hermana para tener menos obligaciones quizá.
Interesante.
—Pobre Martina —Niego con la cabeza. Se que le reventaría mi compasión, levanto la cabeza; y ahí está fulminándome con la mirada. —Se que no hay nada que te recupere mejor que la comida. —La arreglo.
Por suerte me salvó la señorita que nos trae la comida.
Aprovechamos de conversar del trabajo mientras comemos. Como explicarlo… Martina es una pesada, pero puede ser una pesada simpática. De todas formas, me agrada, y me gusta su estilo.
—Bonita chaqueta —Digo de repente.
— ¿Eh? —Dice comiendo.
—Sólo lo pensé y salió. —Digo. —Muy roquera.
—Pensé que era tu estilo también.
—Nah, yo me pongo lo que haya que no tenga tantas florecitas y mándalas, botones e hilitos para aquí y para allá. —Martina ríe. —Independiente del color.
—Muy versátil. —Comenta.
—No me grites la vida —Bromeo. —De todas formas, en las cenas formales estoy condenada a usar vestido. —O papá dice que le da un infarto.
—Me gustaría ver eso. —Sonríe.
—Te caerías de trasero —Digo bebiendo. —Me veo ‘’fa-bu-lo-sa’’.
Reímos.
—No tengo duda —Dice Martina mirando su comida maravillada.
—No me coquetee Edwards.
—No lo hago García.
— ¿Tienes pareja? —Pregunto curiosa.
—No, nada serio. ¿Y tú?
—Nada serio —Repito. Igual es verdad, Aida no cuenta como pareja, y las chicas de una discoteca tampoco.
—Muy lista —Dice bebiendo.
— ¿Y cómo está Sandy? —Pregunto.
—Bonita y gordita. —Dice. La llaman, se excusa y atiende el celular.
Después de comer…
— ¿Me acompañas después? —Dice Martina.
— ¿Dónde? —Pregunto.
— ¿No confías en mí?
—No.
—Acompáñame o te despido. —Dice.
… Supongo que está zanjado.
Cuando salimos un auto nos espera afuera. Por suerte no es limusina, llamaría mucho la atención. Aún en esta zona de la ciudad, la gente lo asocia a celebridades.
—Bien—Digo sentada al lado de Martina. — ¿Para dónde es el secuestro?
—Iremos a buscar a mi Sandy. Luego quedo libre.
— ¿No lo hace alguien por ti?
—No, siempre lo hago yo.
—Entendido.
Demoramos un cuarto de hora, el auto se detiene y pasamos por una reja, vuelve a demorar unos diez minutos y al abrir un poco la ventana veo una enorme mansión, con un jardín estupendamente cuidado.
Así que esta es la Mansión Edwards. Trago saliva, si me pilla el abuelo estoy jodida, aunque no creo que me delate, puede que no le haga gracia… Ahora si me descubriese Christine estoy soberanamente jodida.
Bajamos del auto, ya está oscureciendo.
— ¿Me acompañas?
Caminamos por el césped y me doy cuenta de que el hermoso jardín delantero oculta un espacio techado, con una especie de corralito, veo abundante paja y barro en una zona de este.
—Aquí mi bebé puede ser todo lo cerdita que quiera —Dice cariñosamente buscándola. —Pero ¿dónde diablos estará? —Mira los montoncitos de paja y la llama.
En menos de dos minutos corre desesperadamente hacia nosotras y empuja a Martina hacia mí, en mi intento por sujetarla de sus hombros, la fuerza con la que se tambalea hace que me caiga de trasero a la paja. Ella tambalea y se queda de pie mientras yo estoy con los ojos cerrados y las palmas hacia ella. Al menos mi culo cayó en algo suave.
—Maldita sea Sandy —Digo— ¡Mi trasero! —Sandy lo soluciona moviendo contenta su parte trasera contra mí y terminándome de botar.
Martina está impertérrita, nos miramos, rompe en carcajadas y empezamos a reír.
—Menuda mascota, tenía que decirlo. —Acaricio su lomo. —Pero se nota la conexión. —Me pongo de pie dificultosamente.
— ¿Tú crees? —Pregunta mientras le coloca un gran arnés y comienza a caminar, para mi sorpresa le hace caso, va como un perrito a su lado.
—Es una cerdita muy feliz. —Opino. — ¿Aunque no necesitas ayuda para subirla?
—Sandy sabe comportarse —Dice. —Es muy inteligente, y no quiero darle la oportunidad a nadie de desear su pancita. —Me mira lastimera. —Seguridad sabe que debe protegerla.
Claro, si se extravía o roban acá es probable que no dure mucho… como un perro, por ejemplo.
— ¿Y no han bromeado con comérsela? —Pregunto.
—Tal vez, pero ya no están aquí. —Dice.
Espero que se refiera a de la mansión y no del planeta. Aunque ya me quedo claro que, con esas bromas no. Caminamos hasta llegar al auto, el chofer ni baja. Mi respuesta está cuando Tina abre la puerta y Sandy entra sin problemas, es espacioso, se sube a la parte trasera y se queda mirándonos como ‘’ ¿qué esperan? ‘’ Me carcajeo.
—Vaya —Digo.
—Por cierto —Martina me queda mirando—Lo siento por Sandy. Estoy segura de que lo siente —Dice. Yo no lo creo, pero tampoco fue la gran cosa. — ¿Te duele… algo?
—Nop —Le digo. —No me ensució de barro así que todo bien.
—Excelente —Dice.
—Pero me debes una.
Me ignora.
Subimos y vamos al edificio de Martina. Ya es conocido, lo que me sorprende es que nadie la joda por llevar un cerdo el recepcionista, atrae miradas, el recepcionista abre la puerta, pero nada fuera de lo común.
Y con eso me refiero a una vieja pituca que mire con asco o algo así.
— ¿No has tenido problemas por el cerdo?
—La primera vez que la saque a pasear —Dice. —Luego mamá les recordó su posición.
—Uy que miedo.
—Si, nadie se mete con mi Sandy —Dice.
—Genial —Sonrío.
Subimos y Martina la alimenta. Se ve tierna comiendo verduritas y haciendo ruidos de cerdo.
—Luego de esto tienes algo que hacer? —Pregunta Tina. —Me lo estaba pasando bien.
¿Eso que fue?
—No —Digo.
La puerta se abre y se me congela la espalda.
—Hola, hola —Dice una voz más suave que la de la jefa de jefas, me giro y para mi sorpresa veo a Noelle, la mamá de Tina y otra mujer, ¡que al menos me saca cinco cm! De largo cabello negro y ondulado. Piel morena. Parece de esas de los juegos olímpicos.
—Hola, mucho gusto Angélica. —Me da la mano con firmeza.
—Angélica —Río nerviosa —También.
—Ah genial, una tocaya. —Dice. Abraza a Tina y acaricia a Sandy, luego de eso la madre de Tina baja, se despiden y se van donde una tal ‘’Fer’’.
—Nos vemos amor —Dice su madre. —Adiós Angélica, cuida a mi bebé. —Canturrea.
O cuidarme de su bebé…
Luego es el turno de Martina de dejar sus cosas y al bajar la espero con Sandy.
—Si tienes que hacer ahora podemos seguir otro día —Me apresuro a decir.
— ¿Qué? Ah no, se junta con sus amigas. Ella es tía Angie, se adoran desde antes de mí existencia—Ironiza
— ¿Y cómo se lleva con tu otra madre? —Pregunto curiosa.
Martina se carcajea.
—Se toleran.
—Me imagino —Digo pensativa.
—De todas formas, mamá no es celosa.
Ese dato no me cuadra con el perfil que imaginé de Christine.
—Los celos son malos. —Asiento.
— ¿Y tú? —Dice Martina.
—Hmm no —Digo. Soy de las que se decepcionan y no dicen nada, simplemente se alejan. — ¿Y tú Tina?
Me queda mirando.
—No —Dice.
Me río. No le creo.
—La tóxica— Le tomo el pelo.
— ¡No soy tóxica!
— ¡Martina Edwards ‘’la Chernóbil’’! —Río caminando hacia atrás, hasta que levanta una zanahoria y me la lanza al estómago, caigo al sofá. Soy interrumpida por Sandy que se me echa encima con sus patas delanteras.
—La bebé no comparte —Dice enternecida.
— ¡Auxilio no respiro! —Digo mientras Sandy sigue hozando y buscando sobre mí. ¡Pesa muchísimo!
—No es mi problema —Se quita la chaqueta.
—Esto se pone bueno —Bromeo mirando apenas. Sandy se baja y me pega con su pezuña. —Auh —Gimoteo. Toma la zanahoria y se va feliz.
—Lo mereces. Vamos—Dice. —Volveré por ti temprano mi dulce Sandy —Canturrea acariciando sus mejillas.
Esta tipa solo es linda con su puerca. Sonrío. Una pareja inusual.
Salimos del apartamento, tomamos el ascensor.
—Y bien, además de ser una empleada completamente insurrecta —Dice — ¿Qué más haces por tu vida?
Bueno querida, tengo mi propia cadena de Spa, soy accionista en el negocio de mi familia y disfruto de la juerga, los videojuegos y los viajes.
No, no le puedo decir todo eso.
—Me gustan los videojuegos, lo disfruto mucho con Omar. —Digo — Tengo un pequeño negocio por ahí, y me gusta mucho viajar, si hay selva o mucha naturaleza, mejor.
—Acampar es genial —Dice —Aunque no me dejaban salir mucho.
— ¿Y eso?
—Tenía accidentes a menudo —Se excusa. La miro de reojo.
—No te ves cómo alguien torpe.
—Sólo fue mala suerte—murmura.
Pasamos la tarde noche que queda en el bar del otro día, al que fuimos con las chicas. Lo bueno de Martina es que mientras más la conoces, más digerible es, aunque entiendo que sea así. Mucha gente que conozco es increíblemente cerrada fuera de su círculo social, y mucho más con sus negocios. Debe ser por eso que no insiste en ese tema y nos pasamos hablando de viajes y de anécdotas del pasado. Tuve que omitir algunos personajes, pero en general es una colega genial.
La observo atender su celular, tiene una sonrisa pícara al escribir, sus ojos se vuelven más pequeños cuando sonríe, es un poco más morena que yo, pero deben ser sus labios sonrosados los que le dan ese aspecto tan blancuzco, eso y la ropa negra. En sí, Martina no es muy alta, tiene una espalda angosta y un aspecto algo frágil. Lo que no acompaña a su actitud, su temperamento y su vigor claro está. A pesar de tener, imagino; el puesto garantizado, jamás la he visto llegar muy tarde o vaguear en el trabajo. Si no supiese quién es, diría que es una buena empleada.
Me sobresalta mi celular, veo el nombre de ‘’Aida Florent’’ en la pantalla. Pido permiso y contesto.
—Aló—Digo dulcemente. Martina me mira burlona.
— ¡Cariño! —Escucho una voz animada. — ¡Ah que no sabes de dónde te llamo!
— ¿De dónde? —Pregunto perpleja.
— ¡De tu mansión mi vida! —Si Aida empieza a hablar con tanta alegría y expresividad sólo significa una cosa. Está celebrando. ¿Qué diablos hay que celebrar en mi casa? Nadie está de cumpleaños que yo sepa, ni de aniversario, ni de invitados del abuelo, mi papá, Enrique o míos.
Eso me recuerda a que pronto debo ir a ver a mi madre.
— ¿Cuál es la noticia? —Sonrío. — ¿Estás embarazada? —Le tomo el pelo.
— ¡Eso ni en broma Ángela Grant! ¡Me escuchas! —Se espanta Aida, ella odia ese tema, dice que se invocan los condones rotos o algo así.
Pienso un rato mientras habla, alguien se me está escapando aquí. Escucho una voz dulzona que cada día se parece más a la de mi madre.
— ¡Catalina! —Exclamo. ¡Maldita sea! ¡Ni siquiera me llamó!
Escucho un revuelo en el otro lado.
— ¡Hermanita! —Escucho. — ¡Ven a verme descariñada!
— ¡Ni siquiera me llamas! ¡¿Por qué a Aida sí?! —Reclamo como la hermana dolida que soy.
— ¡Porque justo me llamó! ¡Trae tu trasero aquí! —La imagino mirándose sus largas uñas — ¡Coloso también te extraña mucho! ¡¿Cierto mi vida?! —La escucho hacer ruidos de bebé. Escucho ‘’quién es el más hermoso’’ ‘’ ¡Tú mi vida!’’ rodeo los ojos.
—Está bien, nos vemos hermanita, espérame sobria —La molesto. —Te amo chao. —Le corto antes de que se ponga a decir mil cosas.
Miro hacia Tina que me mira entretenida.
—Mi hermanita —Sonrío. —Ha llegado de su viaje.
—Debes aprovecharla —Me guiña el ojo y se coloca su chaqueta. —Y yo debo ir a aprovechar a mi mascota.
Pido la cuenta.
—Ni pienses que pagarás tu —Dice.
—Esta va por mí, así tendrás que invitarme tú la siguiente—Sonrío.
—No cuentes con ello. —Levanta una ceja.
Caminamos hasta la entrada de su edificio y yo me voy rápidamente a la mansión.
Martina Edwards.
Subo el ascensor, abro la puerta de nuestro apartamento y al entrar me quito los zapatos.
— ¿Y tú? —Escucho. Doy un respingo.
—Christine. —Gruño.
—Mamá para ti mocosa. —Dice. — ¿Dónde andabas?
—En el bar de la esquina —Digo. —Con una compañera de trabajo.
— ¿Quién? —Levanta una rojiza ceja.
—No me jodas mamá. —Digo. —Tenía hambre.
—Y sed.
—Si —Digo feliz, me acerco y le doy un besito en la mejilla. Ella asiente.
—Esa es mi pulga.
—Esa soy yo. —Le digo, voy a acariciar a Sandy. — ¿Mamá se quedará dónde tía Fer?
—Ajá, ya no existe el respeto en esa mujer. —Toma una copa. — ¿Vino?
—Bueno —Sonrío. — ¿No te preocupan sus amigas? —Le tomo el pelo.
— ¿Ves esto? —Hace un floreo en la mano para señalarse a sí misma hasta terminar en el trasero— ‘’Culo cien por ciento natural no plastic’’. —Aclara.
—Ay por dios mamá —Me río, esta señora es un caso aparte.
—Y es por eso por lo que no soy celosa.
—Bien dicho —Digo no creyéndole nada. — ¿Cuántos?
— ¿Cuántos qué? —Pregunta leyendo unas botellas.
— ¿Cuántos de seguridad le tienes para protección? —me mira menos de un segundo, escoge una y toma un par de copas.
—Dos. —Dice sirviendo.
— ¡Pfffjajaja!
—Oye, esos son por si algún loco, loca, periodista, fan, groupie, u odia Edwards la toquen. —Me entrega la copa. Le doy un sorbo, es agradable y dulzón. No soy tan fan de los vinos como mamá, pero sin duda sabe cuál elegir para invitarme.
Ángela G.:
Al entrar al hall me encuentro con las chicas sentadas, Aida en un sillón individual y mi hermanita recostada en el de dos personas. Se incorpora y nos abrazamos largos minutos.
—Bienvenida. —Le digo.
—Ah hermanita, te tardabas —exclama dándome un sonoro beso en la mejilla. Su ropa brillante, sus uñas largas y su estupendo maquillaje, hacen de mi hermana, un mal estereotipo de niña rica. Pero es una dulzura de chica, enserio.
—Te acordaste de que tienes casa—Bromeo mientras hago cariño a ‘’Coloso’’ su Mastín tibetano. Mi hermana ama exhibir sus fotos en Instagram. Aún recuerdo como rogó a papá por una mascota, él las detesta. Hasta que mi hermano llegó con él en su cumpleaños, viendo las lágrimas derramadas de felicidad de su hija, mi padre no pudo hacer mucho. Ahora lo veo recostado en una gran cama en el sofá, es el consentido de mi hermana y sus amigas.
— ¿Y Enrique? —Pregunto.
—Ya viene, lo prometió —Dice mi hermana haciendo un fingido puchero. — ¿Dónde estabas hermanita? —Exhibe su blanca dentadura, está muy morena.
—Con mi jefa —Sonrío.
—Ah verdad que ahora trabajas, ¡que estas grande! —Exhala aire. Sus azules ojos me observan emocionados, sólo ella sacó los de mamá — ¿Y cuál es el hospital?
—Edwards —Digo. De formas, Catalina Grant no es traidora, si no sería severamente torturada por mala hermana.
Su sonrisa se congela. Hace una mu
…