Capítulo 42 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity

Especial: El Dilema De las Gabis.

Chloe.

—Chloe…

—Chloe…

—Cosas malas van a pasar. —Digo con toda serenidad. — Mi tía lo supo, mi abuela lo supo, yo lo sé, todos lo saben.

— ¡Chloe! —Sam se queja sosteniendo a los pequeños. —Necesito ayuda aquí.

—¿Tan pronto? —Bromeo dejando mi té y poniéndome de pie. Me inclino, separo a Eduardo y le coloco bien la chaqueta.

—¡Mamá al rescate! —Anuncio feliz, termino de arreglarle el gorro al más pequeñín y apenas alcanzo a acariciar su oscuro cabello cuando se va corriendo por el pasillo gritando. Martín, mira hacia atrás ansioso, Sam apenas alcanza a terminar de abrigarle y corre detrás de su hermano.

Sam los mira trágica.

—Son unos pequeños muy inquietos ¿eh? —Se queda sentada en el suelo con la espalda pegada al sofá. —Dos niños, más que suficiente para dos madres. —Me mira de reojo.

Coloco mi mano en el suelo y levando un dedo para que roce con el dorso de la suya y en una inclinación le doy un corto beso en su mejilla, me acerco a su oído oliendo su rico aroma de Sam.

—Tendremos otra. —Sentencio.

—Ni siquiera sabes si será una chica. —Intenta negociar.

—No digo que ahora. —Mentira. —Pero necesitamos una Gabi.

—¿Tan importante es? Tenemos dos hijos maravillosos—Sonríe. —Además… —mira mi vientre —necesitas descansar.

—¡Nada de descansar! ¡La fábrica se abre una temporada o no se abre más! —Me pongo de pie y voy a la cocina, llamo a los chicos, tenemos almuerzo familiar.

—Chloe… —Sam camina hasta donde estoy y antes de que diga algo ‘’Samístico’’ la interrumpo.

—¿Acaso no quieres a una niña como yo? —Gimoteo manipuladora. Miro al horizonte. —¿¡Tan terrible soy!?

—Si… — Dice. La miro asesina. —No… —Se corrige. —Tanto.

—¡Me amas! —Le informo, le robo un beso con velocidad y tomo su rostro para que sus ojos queden frente a los míos. —¡Tenemos dos hijos maravillosos! ¡hermosos de verdad! ¡los amo con mi vida! —Bajo la voz. — Pero algo ocurrió…—¡Le robo otro beso manteniendo mi mirada misteriosa! Jeje.

—No empieces con esa historia. —Sonriente mira mis labios —Tenemos media hora…

Pero estoy emocionada relatando.

—¡Dos chicos! ¡Nunca había pasado! —Dos chicos, mellizos, dos pequeños pelinegros que se parecen mucho físicamente. Martín nació primero, Eduardo después. A decir verdad, en la ecografía nos dijeron el sexo, grande fue mi sorpresa al no haber una chica.

Mi abuela Gabriela dijo que son coincidencias de la vida, que la puedo tener después, ella no tiene mellizo. Mi tía Gabriela me dijo que estaba maldita y que me haga un exorcismo. Pero después de eso ¡me dijo que me lo tome con tranquilidad!

¡Pero si no hay una Gabi cosas malas van a pasar! En eso estuvieron las dos de acuerdo mientras mi madre tomaba su té, recelosa mirándonos. Creo que prefirió no inmiscuirse… solo dijo, ‘’procura hablarlo con Sam’’ eso hice y fue un simple y rotundo ‘’no’’ de su parte.

Pero mi especialidad es ‘’la doma de Sams’’

—Estoy segura de que una hermanita les sentaría genial, podrían jugar los tres.

—Tres colegios, tres universidades —canturrea. —Tres cumpleaños.

—Dos —corrijo. —A los chicos los celebramos juntos.

—Triple regalo —Abre la puerta y toma la mano de Eduardo. —Lo siento Chloe, pero por mi parte prefiero esperar.

—¿Esperar? —Martín nos mira curioso.

Una sonrisa imaginaria malvada aparece en el interior de mi oscura mente.

—Martincito, amor. ¿Quieres tener una hermanita? —Sonrío acariciando su cabello.

—No —Dice con seriedad subiéndose al auto.

Entrecierro los ojos ignorando la sonrisa burlona de mi esposa.

—¡Una hermana! —Eduardo se lo toma mejor. —Yo si quiero.

—¡Tú eres de los míos! —Digo feliz chocando palmas cuando se sube. Les pongo el cinturón y me siento adelante.

—¡Podríamos ponerla al arco! —Sugiere Eduardo.

—O podría sostener el celular —Dice Martín.

Se miran maliciosos. Sonrío ¡eso lo sacaron de mí!

¿Cierto Alejandro?

Al llegar a casa de mis queridas suegras veo que mi madre nos espera.

—¡Abuela! —Gritan saltando a su vez.

Cuando compiten por quién entra primero a la casa abrazo a mi dulce mamá Ale.

—¿Y la señora? —Pregunto.

—Viene enseguida. Se tardaron ¿eh? —Saluda a Sam.

—Sam es muy torpe —Digo. —Tengo que salvarla de diversas situaciones… —Me excuso.

—Que mentirosa —murmura.

Los niños ya están con sus abuelas cuando llegamos. Mi suegra y madrina, Fernanda ¡la mujer más dulce del universo después de mamá! Luego su esposa, Sandra, que, a diferencia de ella, es amarga.

¡Nah! solo bromeo, también la amo ¡pero es divertido meterse con ella!

—Que hay suegrita —La veo acariciar a mis retoños, en definitiva, está enamorada de ellos. —Ve que tengo buena mano —Digo mirándome las uñas.

—No puedo negar que son bellos —Dice con Eduardo en su regazo que anuncia feliz:

—¡Tendremos una hermana!

Mamá Kate, con Martín tomado de su mano me queda mirando.

—¿Enserio?

—Eh… No —Digo sintiendo los ojos sorprendidos de todas y la mirada acusadora de Sam. —Solo… lo comentábamos. Pero no tendremos más hijos. —Nos miramos de reojo con mi amada, sonrío. —Por ahora.

—¿Le vas a seguir los pasos a tu abuela? —Bromea mamá Ale.

—¿Ustedes no quisieron tener más hijos? —Les pregunto.

—Contigo definitivamente no. —Bromea mamá sentándose a mi lado.

—Hey. —Gruño indignada ante la carcajada de mi suegra Sandra—No valoran este bomboncito, hacedor de bomboncitos, miro a mis hijos correr a mi alrededor.

¡Son tan lindos!

Sin embargo, con los dos quedamos agotadas, así que entiendo a Sam, esperaré a que estén más grandes como la pareja madura que conversan las cosas, que somos.

…

Sam

Veo de reojo a Chloe no muy convencida de lo que dice, estoy segura de que, si le quito un ojo de encima, tendré a una mocosa ruidosa e hiperquinética formándose en ese útero. Amo a Chloe, con todo mi ser, pero es que… por fin estamos un poco más acostumbradas a la vida que llevamos con los chicos, a mis 34 años creo que con eso estamos como habíamos conversado.

Tuvimos la más bella de las bodas, Tina fue nuestra madrina y luego estos pequeños, veo sus pequeñas siluetas dar vida al lugar, tienen los ojos de su madre. Son creativos, inquietos, curiosos, corren y gritan como cualquier niño. Eduardo tal vez es más inquieto, Martín siempre fue más reservado, pero es muy dulce ¡el punto es que son chicos normales!

Vuelvo a mirar a Chloe cuando salimos al patio.

Aún recuerdo como era de pequeña…

No la soportaba.

—Son niños muy bellos —Dice mi suegra, Alejandra, emocionada.

—Si… —Respondo.

‘’No me hubiese imaginado esto’’ pienso resoplando como siempre que las cosas se salen de control. Nos casamos con Chloe y ha sido un suceso…tras otro… boda, los chicos... pensaba que ahora podríamos estar más tranquilas, tener dos fue bastante para mí, me preocupé mucho por ella… ahora sale con esa cosa loca de las Gabis, Dios… está loca y la amo por eso, pero… está loca.

—¿Agobiada? —Bromea.

—Un poco —Digo. —No tengo tres brazos… —Miro la hierba del césped.

Ella asiente, recoge su castaño cabello.

—Toma algo, relájate —Dice. —Por cierto, criar a Chloe fue criar al ser más dulce del mundo.

Por supuesto que es muy dulce, Chloe es hermosa.

—Es algo inquieta, pero al final resuelve todo sola. —Dice encogiendo los hombros. Me da una mirada divertida. —Excepto cuando se trataba de ti.

—Yo quería matarla —Recuerdo.

—Eso es porque te tomaba bastante el pelo particularmente —Dice. Gruño afirmativamente en respuesta. — En casa era inquieta tal vez, pero muy simpática —confiesa burlona.

Me ruborizo indignada, si hubiese sido menos pesada tal vez nos hubiésemos llevado mejor.

Trago saliva, si hubiese sido así ¿nos hubiésemos enamorado? Básicamente eso pasó al compartir tiempo con ella. Pero… tal vez me hubiese gustado joven… joven e idiota ¿Estaríamos juntas ahora? Siento algo molesto en el estómago.

—Todo pasa en el momento perfecto —Dice ella con sabiduría —Es bueno que seas tú Sam —Concede.

Sonrío tímidamente, pero ella me mira con los ojos entrecerrados. —No la cagues. —Y me deja ahí, viéndola con los ojos muy abiertos.

Libero una risita, esto no cambia.

—¿De qué hablan? —Chloe chismosea—¿De la preciosa Gabi remasterizada?

—¿Cómo que remasterizada? —La abrazo —¿Enserio puede haber una más revoltosa que tú? —Nos vemos frente a frente.

—Una revoltosa que va a amarte ¿sabes? —Miro sus bellos ojos, puedo sentir el calor de su amor, y un pequeño dejo acusador…

—Sé que sería muy bello al final —acaricio su cabello —Una bella chica justo como tú… o un chico.

En eso me asalta una duda.

—¿Y si fuese un chico como tú? —Frunzo el ceño. ¿Se puede?

En eso sonríe como si fuese obvio.

—Mi amada Sam —Levanta un dedo como siempre que me quiere dar una lección. —¿Acaso no sabes que el gen gabrielístico… está en el brazo corto del cromosoma sexual ‘’X’’?

Pestañeo confundida. Eso jamás lo he leído en un libro de genética.

—Pero eso no imposibilita que pueda ser un chico —Lo pienso.

—El cromosoma Y hace que no se exprese —Agrega.

—¿Y si son dos X, no puede ser inhibido uno? —Pregunto con un dejo de ilusión—¿Es un gen recesivo?

—Puede ser, no creo. Pero todo depende.

—¿De qué? —pregunto recelosa. Que mentirosa...

—Depende del orden de los nucleótidos. —Agrega sabionda sobándose el mentón. — Llámalo mutación gabrielística del brazo corto del cromosoma sexual X.

Abro los ojos de par en par.

—¡No puedo creerlo! ¿así me explicarás una superstición familiar? —Libero una carcajada impactada — ¡Eres increíble Chloe! pasamos de una hija a una mutación ¿enserio?

—Exacto ¿No es divertido? —Pregunta adelantándose e inclinándose a Martín. —Cielo…

¿Enserio quiere un hijo más? por ella yo lo haría ¡Lo haría todo y lo sabe! aunque… necesito algo de tiempo, tal vez cuando los niños sean un poco más grandes.

Cierro los ojos como si fuesen recuerdos de Vietnam.

‘’Otra Gabi’’.

[…]

Sam.

—…Y eso fue lo que pasó —Digo a Tina.

—No te envidio. —De sorprendida pasa a burlona —Tres hijos —hace una mueca. — Y seguidos… no es algo para tomar a la ligera. Estaría igual que tú. —Pestañea. —Una pequeña Chloe. —Finaliza.

—Sin duda muy linda.

—E inquieta —se burla.

—¡Estuvimos a tope con los niños! —Exploto— Ahora que van al preescolar tenemos una rutina muy bonita —Resoplo. —Son maravillosos —Recuerdo el perfecto cuadro de los cuatro juntos que tenemos colgado en el sofá. — No necesitamos más.

Tina me mira entretenida.

—¿Sabes que se terminará saliendo con la suya verdad?

Pego la cabeza a la mesa.

—Sí.

—A mi me habló muy animada, espero sea capaz de esperar…

—Debe. Tenemos un acuerdo —Me indigno —¿Y qué tal ustedes?

—¡Oooh! Después de todo lo que jodió mamá para poder estar juntas diría que nos debe tranquilidad, así que los hijos son tema para otra época —dice simplemente.

—Uy ¿pero se viene boda? —Bromeo.

[…]

Hace unos meses atrás.

Martina E.:

—¡No puedo creerlo! — Dice Ángela resoplando y mirando hacia abajo. —¡Como odio que nos exponga así!

Frunzo los labios incómoda. Odio a ese tipo, es difícil decir algo cuando el sujeto en cuestión es el padre de tu novia y también el peor enemigo de tu relación.

No imagino como debe ser para ella.

Acaricio su espalda y me recargo en su hombro pensativa. En la noche, en un instante de muy mala suerte, tuvimos que ver a Enrique Grant, dando gala de lo desgraciado que puede ser, negó que tuviese una hija llamada Ángela y que ella pudiese estar conmigo.

Eso Ángela ya lo sabía por supuesto, el problema es que el tipo siente cierto placer al recibir atención de los medios y se tomó la molestia de ‘’desmentir’’ los rumores de su supuesta hija lesbiana.

Pero como ya dejó en claro, solo tiene dos hijos.

—Que se vaya al demonio —Digo finalmente. —No lo tomes en cuenta.

¿Debería hacerle una visita?

Ella me mira de reojo.

—Ni pienses en hacer algo.

Me sorprendo muy convincentemente.

—Enserio Martina no necesitamos más polémica, con suerte alguien no ve ese noticiero.

—Entendí —Digo muy a mi pesar.

Desayunamos en silencio, ahora que se lleva bastante bien con mamá ¡Al idiota de su padre se le ocurre joder! No aguanto más y le digo.

—Realmente lo siento. —No me corresponde quizá decir eso, pero no soporto verla así. —Él es el que te perdió a ti ¡y si allá no te quieren acá te amamos!... —Declaro enojada.

—Lo sé —Sonríe y me da una mirada breve —Tienes razón… estupideces. —Niega con la cabeza.

Su padre me importa un maní.

La parte en la que ella sufre es la que no me deja tranquila.

—(…) Además sin importar lo que diga, los que te conocemos sabemos quién eres realmente.

—¿Y quién soy?

—Mi chica y que les quede claro. —Me señalo, frunce el ceño. —Es broma—carraspeo— eres un miembro importante de la familia Edwards y también para las chicas, tus amigas, mis amigas, sus familias ¡diablos! ¡si es imposible no quererte! —Me exaspero —¡Y yo soy quien te ama más y ya lo dije! —Enrojezco.

—Insuperable. —Bromea, me besa—Gracias amor ¿Sabes que más me animaría? —Sonríe coqueta inclinándose y tocando mi pierna.

—¿Llegar a la hora a trabajar? —Sugiero.

—No —Besa mi cuello haciéndome cosquillas. Me río y suena el teléfono.

Ángela G.:

Con el olor de mi novia distrayéndome, no es difícil pensar en otra cosa en vez de ese viejo calvo. No puedo evitar sentir rabia, primero fue tristeza, pero creo que eso ya se acabó.

¡Estábamos tan bien! ¡Hasta que abrió la boca! Como siempre…

Me llaman. Genial es Catalina.

—¿Aló?

—¡Hermana! ¡No puedo creerlo! —Escucho su exasperada voz y alejo el móvil un poco de mi oído — ¡Acabo de verlo y estoy sufriendo un ataque! —Rodeo los ojos — ¡no le creas! ¡Él no representa a la familia! ¡el abuelo está furioso!

—Como si eso fuese cambiar algo —Gruño. Martina me mira de reojo y finge que no está atenta.

—Tal vez no, pero eres su hija y eso nunca va a cambiar.

—Eso ya ha cambiado. —Me indigno cortando.

Se que no debería tomarlas con ella, pero no quiero hablar de… ese tipo.

—¿Qué ocurre?

—Ya es tarde, vamos. —Me pongo de pie. Odio que Catalina me haya matado las pasiones, papá le arruina el día a cualquiera.

El trabajo de la mañana me distrae, todos los chicos incluidos el imbécil de Myers que ahora es nuestro amigo, pero nos seguimos odiando; hacen que deje ese tema en el fondo de mi mente.

—Ángela —Veo en el almuerzo a la madre de Tina, Noelle. —¿Cómo estás?

—Bien —Respondo.

—Eso es querida, esa es la actitud. —Acaricia mi mejilla, me da un abrazo que me llega hasta el alma y sigue acompañada de la madrina de Tina que me guiña el ojo.

—Si Ange, el departamento de psicología siempre tendrá las puertas abiertas para ti —Bromea dándome una palmada.

—Que alivio contar con ello —me río a mi pesar.

Hablando de Tina ni idea de donde está. Me voy a sentar con Jo y Trini

—¿Qué hay? —Dice Jo mirando su plato. —Quiero algo dulce.

—Nada —Hago un sonido de satisfacción en la silla. —Ya estoy acabada.

—Aún somos jóvenes —Anima Trini.

—Sí, ¿acaso Martina no te desestresa? —Bromea Jo.

—Lo hace —Sonrío. — Tuve algo de estabilidad emocional esta mañana gracias a ella... es el peso de arrastrar con esta fama —Le informo.

—Siempre humilde Ange, por eso te amamos. —Sonríe también.

Y hablando de bellezas…

—¿Han visto a Martina por aquí?

Ambas se miran sorprendidas.

—Ahora que lo mencionas solo la vi en su box en la mañana, después… se esfumó. —Dice Trini.

Jo hace con las manos como si hubiese desaparecido.

—A lo mejor recapacitó —Bromea.

[…]

A la salida del trabajo bajo a mi auto y la veo esperándome.

—Hola amor. —Dice como si nada.

—Hola —La observo curiosa —¿Dónde estabas?

—De compras —Se acerca y nos damos un abrazo apretado, me besa.

—Sí, sí… que lindas. —Escucho a mi lado. — Consíganse un cuarto

—Mamá no arruines el ambiente —Dice Tina. —¿Qué haces aquí?

—Espero a mi esposa—Se apoya en su lujoso auto y se cruza de brazos. —¿Y tú? ¿No habías pedido la tarde?

—Tenía que volver —Dice con una sonrisita.

—Mangoneada. —Sonríe su madre, me mira burlona.

Sonrío tímidamente, una sonrisa de Christine Edwards no es cualquier cosa.

Martina me lleva a mi apartamento y cuando llegamos tenemos a una visita.

—¡Hermana! —Exclama Catalina.

(…)

Martina E.:

Miro a Catalina hablar y contar lo que ocurrió. Ángela asiente y yo sospecho que está pensando en otra cosa mientras come.

Aunque de cierta forma es bueno saber que no apoyaron al intragable del padre, por otro lado; tal vez no necesite pensar tanto en eso.

[…]

Mansión Grant.

—¡¿Qué te dije de dar declaraciones públicas?! —Grita el Sr. Grant a su hijo—¡No puedo creer que me esté pudriendo y tenga que seguir tapando tus estupideces!

Esa entrevista no saldrá de nuevo, no fue fácil. Pero debo proteger los intereses de la familia Grant.

—¡Ella decidió su lugar cuando se fue! —espeta él. —¡Confraternizando con los Edwards!

—Nuestra vida familiar no será la comidilla —Le advierte el anciano —Estoy muy decepcionado de tu actuar Enrique ¡Ya estoy muy viejo para esto! ¡Estoy harto!

Tal como su hijo no puede renegar a su hija, él no lo hará con el suyo. Pero decirle que lo decepciona no es algo grato de decir. Su hijo guarda silencio, no es algo que se le haya dicho antes y al reponerse escupe.

—Al parecer tú también decidiste tu lugar ¿eh?

—¡Estoy de lado de mi familia! —Mira amenazador a través del escritorio. — Ya es hora de que hagas lo mismo Enrique, me preocupas.

El anciano lo fulmina con la mirada y abandona el cuarto.

El Sr. Grant mira a la vez a su hijo, Enrique Grant nieto, sentado en el sofá en silencio mientras él discutía con su propio padre.

—¿Tú no dirás nada? —Gruñe.

Su hijo nunca ha sido del tipo confrontador, quizá haya alguien que lo apoye en esta casa.

Él deja su libro en la mesa y le da una mirada evaluadora.

—Creo que la chusma no tiene que enterarse de nuestra vida privada. —Dice finalmente, el toque de rencor en su mirada gris le recuerda a tal punto la mirada indignada de su hija mayor, que decide no responder.

Su hijo, Enrique nunca lo había mirado así.

[…]

Martina E.:

Estoy acostada con Ángela, descansando, silenciosas en la oscuridad de la habitación, las luces de la ciudad me permiten distinguir su rostro. Sereno, con los ojos cerrados, y respirando acompasadamente entre mis brazos. Dejo un beso en su frente. Una de sus comisuras se quiebra y sonríe perezosamente.

—Es bueno que pudieras quedarte.

Hemos tenido mucho trabajo con mamá por estas épocas del año, afortunadamente eso terminará este fin de semana cuando haga su habitual cena de celebración.

—No me iba a ir—No así…

—Estoy bien, enserio.

—Me gusta estar contigo. —Digo simplemente.

—En esos casi seis años lo sospechaba—Bromea. Libero una risita.

Nos quedamos en silencio hasta que luego de unos minutos lo rompe.

—¿Me amas? —Pregunta.

—Sí. —Respondo enlazándome más a ella.

Pienso en el día de hoy…

—Mucho —Digo.

…

—¿Y tú? —Pregunto.

—Yo también te amo —Dice, cierro los ojos y escucho su suave respiración, pasan los minutos hasta que se queda profundamente dormida.

[…]

Al día siguiente.

—¿Y ya tienes tu vestido para la cena? —Pregunta Sam ayudando a Eduardo con sus zapatos.

—Iré con el negro de gala y ya —digo despreocupada. Tengo cosas más importantes de las que preocuparme.

—Tu madre dijo que te luzcas.

—Siempre lo hago —Bromeo viendo a los mellizos jugar.

—Usa uno que te recomiende —Se señala Chloe —Y todo saldrá bien.

—¿Enserio tus vestidos hacen la diferencia? —Se burla Sam

—Las Gabis sabemos cosas Sam —Dice Chloe. —Por eso es necesario…

—…que existan Gabis —Terminan la oración juntas.

Sonrío malévola.

—¿Y cómo va eso? —pregunto.

Sam me mira de reojo

—No se lo recuerdes.

—¡Cómo si pudiese olvidarlo! —exclama. —¡Sam! —demanda— ¡deja d

…