Capítulo 13 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
Fiesta en new york parte II
En la tarde del sábado.
Ángela Grant.
Voy junto a mi hermano llegando a la sala de juntas. Abro los ojos de par en par.
— ¡Oh mierda! —Digo viendo a la Sra. Christine sentada leyendo unos papeles.
— ¿Qué ocurre? —Enrique frunce el ceño.
—Me… me duele el estómago —Digo. Así que vino ella y no Martina. — ¿Puedes asistir por mí?
—Ángela, tienes que firmar —Dice arrugando la frente.
Abro mi carpeta y firmo todo, ya lo leí de todas maneras.
—Toma, si salen con alguna sorpresa desagradable los rompes, los quemas y tiras agua bendita. —Se los entrego, el asiente.
Será un pesado y la fotocopia de papá, pero un traidor a la familia no.
—No sé si será suficiente —Dice pensativo. — ¿Enserio estás bien?
Al parecer aún no ve a la ‘’big queen’’ de los Edwards.
—Si, súper, es que almorcé mucho.
—Uf, con vestido quizá no estarías sufriendo —Ve mi traje de dos piezas.
—Parecería lápiz corrector —Bromeo. —Te lo dejo Enriquito. Bye.
Antes de que me rete por decirle así, en un lugar de semejante formalidad, desaparezco y me voy a mi suite a pasar el rato. Enrique me llama furioso para que vaya al tener problemas con algunos documentos, pero por suerte cuando llego, Christine ya no está.
— ¡Y espero verte más formal para la noche! —Espeta al llegar. — ¡Tenemos maquillador!
— ¿Te vas a maquillar? —Esto es nuevo.
—No, es para ti.
— ¿Qué? ¡Pero si soy perfecta como papito Dios me hizo!
—Aprovéchalo ¿Está bien? —Se va exhalando pesadamente.
Este tipo no me soporta, no entiendo por qué.
Antes de que me escape llega una señorita y antes de que pueda decir algo veo más gente llegar con más ropa.
— Ya compré mi traje —Me espanto.
—Considere estos vestidos, su hermano nos dijo que trajo uno poco formal para la ocasión.
— ¡Pero si pantalón y remera es lo más formal de la vida! —Reclamo.
Me mira anonadada.
—Aish—Digo. ¡Está bien! ¡Fui a ver y no me gustó nada! Así que me traje un pantalón de tela café y una remera blanca.
La moda no es lo mío…
—Hmm —Un hombre con pinta de que le gustaría Omar me evalúa —Podríamos alisarle el cabello.
— ¿Qué? — ¡No me van a venir a quemar el pelo!
Pero soy ignorada.
—Si, iluminador… —Escucho a una chica más joven, anota unas cosas en una libreta rosada. —Debe ser un vestido, tela ligera, escote amplio —Enumera viendo mis hombros y mis pechos sin pudor.
—No vengo a mostrar mis dotes —Hago maña.
— ¡Quedarás divina! —Me ignoran nuevamente.
—Déjalo en nuestras manos —Sonríe la joven. — ¡Estarás deslumbrante esta noche!
Me quedo derrotada en la silla mientras me peinan, solo falta mi certificado de pedigree.
Christine.
—Oh, vaya — Veo a mi pequeña modelar con un vestido mediano con apertura en los muslos. De frente tirantes y un escote algo pronunciado pero amplio en la base. Lo que contrasta bien con el tamaño de su cuerpo. Mi corazón da un vuelco, Tina es hermosa. Sólo lleva un pequeño collar de color plateado a juego con sus zapatos de tacón.
Maldita mocosa sobrina de su tía, lo hizo de nuevo. Pienso en la expresión de suficiencia que pondría Chloe por mi reacción. Realmente Martina se ve preciosa, juvenil, radiante y elegante.
—Te ves preciosa —manifiesto bastante sorprendida. Acostumbrada a la rudeza de sus jeans y chaquetas de cuero. —Eres un diamante en bruto… pero no tan bruto ahora —Sonrío.
—Si, si gracias, ya sé que te deje impactada. Saco lo mejor para algunas ocasiones. —Mueve una ceja con coquetería.
—Tu a todas horas te ves bellísima —Respondo… y no estoy mintiendo.
‘’Carajos, no va a faltar quién se va a enamorar’’. Me dice mi mente de madre tóxica.
—Dónde mis ojos te vean —Digo levantando el mentón. —No quiero buitres.
—Qué queda para ti, ya he visto cómo te observan esos señores —Gruñe. —Y no falta la señora.
—Si, pero yo soy una mujer felizmente casada. —Y más les vale recordarlo.
—Así como me cuidas nunca me casaré —Sonríe.
‘’Oh por dios, espero que nunca llegue ese día’’ me muerdo la lengua y me quedo callada. Ya siento el espíritu desdoblado de Noelle respirándome en la nuca por pensar eso.
—Como sea, vamos. —Miro mi reloj. —Nos está esperando nuestra modelo, no la hagamos esperar.
—Bah —Dice. Sonrío, sé que no soporta a Aida, aunque a mí me parece bastante simpática, es sólo una chica rica muy Florent y ya.
La recogemos en su suite, también muy hermosa, digna de ser nuestra modelo, con su vestido beige largo seguramente atraerá miradas. Me voy excelentemente acompañada y al llegar estamos un rato juntas y luego, como la noche ha sido amena, nos dispersamos. Me alegra ver a Tina cómoda relacionándose con jóvenes de diferentes nacionalidades y culturas.
Eso no significa que le saque el ojo de encima, aunque después con las copas la dejo estar un rato.
Martina E.:
Converso un rato. De reojo observo al hermano mayor de Ángela llegar, está de espaldas; así que sólo veo una calva incipiente y un traje negro, es alto, de cabello castaño igual al de Ángela, cuando mira hacia su lado a su acompañante noto su nariz larga y respingada. Realmente nunca me molesté en reparar en esa familia, ni la anterior vez que vine le tomé atención, pero ahora que he compartido con su hermana no puedo evitar comparar. Él estira su mano y recibe a su acompañante, una elegante joven de alta estatura, de cabello castaño liso y largo, ataviada con un vestido que parece ser algo grisáceo. Quizá sea pariente de ellos.
Tomo un cóctel y diviso a lo lejos un balcón enorme, lo prefiero a este hall abarrotado de gente elegante. Aún siento aversión a espacios así. Para no tener que respirar ayudada por una bolsa, me doy el tiempo de ir a tomar aire afuera y tranquilizarme un poco. Creo que mi porcentaje de ‘’sociabilizar’’ va bajando.
Ángela G.:
Harta de comentarios sobre lo linda y femenina que me veo busco a alguien que me ofrezca algo delicioso en este lugar. ¡Me siento disfrazada!
—Iré a sociabilizar —Digo ampulosamente molestando a mi hermano.
—No me hagas pasar vergüenzas —Bromea, vuelve su atención a un grupo de señores.
Que alguien le enseñe a bromear a este estirado.
Camino por el gran salón y evitando invitaciones, aglomeraciones y halagos. Busco un lugar para escapar, diviso un balcón y antes de ir ahí me saluda Aida. Frunce el ceño sorprendida.
— ¡Por dios Ángela! ¿Eres tú en realidad?
—Si, si muy graciosa.
—De graciosa nada, estás hermosa. —Me mira de arriba abajo. —Bellísima en realidad. —Sonríe —Me recuerdas un poco a Catalina. —Pone expresión de disculpa.
—Si, bueno. La sangre pesa —Digo tomando comida de un platillo de un mozo.
—Aunque siempre eres tan tú —sonríe — ¿Vamos a saludar a unos amigos?
Aida tiene, siendo humilde en cifras, ¡cientos de amigos! en todos lados, y dudo mucho que acá sea la excepción.
—Me encantaría, de verdad —Sonrío —Pero ahora iré a tomar aire un rato. Diviértete y, por cierto, te ves hermosa. —Aida siempre tan divina por la vida, es como una princesa.
Me guiña el ojo y al ser llamada por unos amigos encuentro la ocasión ideal para escapar.
Martina E.:
Me apoyo mirado la ciudad, observo los edificios y rascacielos, hay algunas personas acá, pero al ser tan espacioso por suerte disfruto un momento de calma. Me quedo unos minutos escuchando la música y sólo miro de reojo como una molesta persona se acerca. Pero al parecer está en lo suyo ya que está con un platillo comiendo un par de metros más allá.
Pasan unos minutos.
—Wow —Dice una voz conocida. La quedo mirando de reojo y noto que es la chica alta de cabello liso que estaba con Enrique Grant, está de lado y mientras mastica mira hacia abajo, levanta la mirada y observa la ciudad. Veo sus facciones con curiosidad.
Quedo con la boca abierta.
— ¿Á… Ángela? —Si no es, que vergüenza.
Mira hacia mi lado, me mira de arriba abajo, abre los ojos de golpe y carraspea.
— ¡Carajos Martina! ¡casi me matas! —Le lloran los ojos. —Mi maquillaje, estúpida. —Bromea.
Me río. Si, definitivamente es Ángela. Que alivio ver una cara conocida.
—Pensé que no vendrías —Sonríe, también parece feliz de verme.
—Lo mismo en mi caso —Digo. —Y mírate, te ves bellísima. —No puedo evitarlo, es novedoso verla así. Tiene el cabello tan brillante y castaño como siempre, aunque increíblemente liso; su rostro posee un delicado maquillaje que no arruina sus facciones, si no que las resaltan; y como apreciación final me atrevería a decir que el vestido va acorde a su figura, y a sus ojos. —Toda una princesa Grant. —Sonrío con suficiencia.
— ¡Ah! ¡ya veo de qué se trata todo aquí! —Sigue comiendo. — ¿pero sabes qué? No caeré en tu juego Edwards, yo creo que te ves hermosa y ya.
— ¿Hablas en serio?
— ¿Bromeas? tu cara parece tallada por los mismos ángeles.
—No empieces —Muevo las cejas — ¿Y qué te trae por este no humilde balcón?
—Las ganas de comer algo tranquila —Responde —No me gusta mucho rodearme de extraños —Reconoce. —Con hacer acto de presencia a ratos e invitar famosos a mis Spa. me basta.
—Entiendo —Digo. — ¿Qué tal el viaje?
—Muy agradable, mi suite tiene una vista hermosa. Dame un segundo —En eso va y vuelve con una copa de algo rosado y más comida.
—Un cóctel adecuado para la señorita —Alabo.
—Obviamente, aprende niña. —Reímos y observamos la noche. Conversamos un rato sobre la ciudad.
—Ángela imagino que te topaste con mamá —Recuerdo pensando en la mañana, no hubo necesidad de mi presencia así que me dedique a ver televisión yanqui.
—Si, la vi llegando. Dije que me dolía el estómago para que no me reconociera.
— ¿Sabes que el ocultarse no es eterno verdad?
—Si, pero esperaré a que tu seas la jefa de jefas y pan comido. —Chasquea los dedos.
—No estés tan confiada. —Le advierto. —Quizá te saque a patadas.
— ¿Lo harás? —Nos miramos a los ojos. Ladeo mi cabeza
—Tal vez. —Bueno tal vez no, pero no quiero que se confíe.
Ángela.
Martina es imperturbable, su mirada fría me invita a no pasarme de lista.
Aunque eso no significa que le haga caso.
— ¿Qué harás más rato?
— ¿Qué? —Se sorprende.
— ¿No tienes tiempo para una amiga del trabajo? —Hago un puchero fingido.
—No caeré en tus ‘’labias’’ García.
—Lo bueno es que te sabes todos mis nombres —Me hace gracia.
Rodea los ojos.
—Imposible olvidarlos.
Se hace un silencio.
—…Porque ya sabes, tus planes y eso. —Se corrige rápidamente.
—No Edwards, ya lo dijiste. Imposible olvidarme.
—Yo no dije eso.
—Uy sí. —Me divierte su incomodidad. — ¿Piensas en mi verdad? —Pregunto.
—No. —Responde.
— ¿Soy tu empleada favorita? —Pregunto por segunda vez.
—No.
— ¿Al menos de los nuevos? —Vuelvo a preguntar.
—No. —Repite.
— ¿Ni un poco de buena onda? —Molesto.
—No. —Me interrumpe.
— ¿Te negarías a ir a mi suite? — Disparo.
—No. ¡Oye espera!
—Jaja —Digo. —Ahora tendrás que acompañarme. —Bebo feliz.
—Per…
—Creí que las Edwards eran mujeres de palabra. —Busco su orgullo escondido… no tan escondido.
—Lo somos. —Responde.
—Vaya, vaya, vaya. No más palabras. —La miro de reojo. Sonrío viendo su rostro indeciso. —Aunque si quieres nos quedamos, a tu madre le encantará que seas diplomática.
Sus alargados ojos se entrecierran mientras lo piensa. La cara de Martina es algo pálida, de facciones suaves, mentón pequeño y frente mediana. Creo que le da un aire juvenil y algo adorable. Todo menos su expresión de frialdad, ver ese contraste le da una presencia característica de jovencita ruda.
Debo reconocer que es algo lindo de mirar. Me giro hacia ella.
—Es sólo para que veas la vista.
— ¿Qué vista? —Dice sarcástica.
—De la ciudad. —Levanto ambas cejas con cara de inocente. —Sin malas intenciones. —Ahora yo no sé a qué se referirán con ‘’malas’’ cuando dicen eso.
—De seguro que sí, si es que valoras tu vida —Sonríe creída. —Será mejor que me dé una última vuelta para marcar tarjeta.
— ¿Eso es un sí? —Pregunto.
—Si no estás en veinte minutos exactos fuera del salón me arrepentiré —Dice yéndose rápido.
Paso los siguientes minutos siendo la Grant perfecta. Miro de reojo a Martina ir hacia la puerta y me despido de mi hermano con la excusa de salir a tomar aire fresco y luego acostarme.
Martina E.:
Me quedo con mamá mientras mi mente libra una pequeña discusión sobre porque debería ir y porque debería no ir. Por un lado, sería divertido y si me quiero escapar, por otro escucho la voz de Samy advirtiéndome que no la cague. Aunque no sé por qué pienso en eso sí sólo es una invitación sin malas intenciones, eso considerando a qué, ella le llame mala intención. Lo que no niego es que estaría más cómoda que aquí… ¡y Dios! la chica se ve linda.
—Mamá—Llamo su atención —Iré a tomar aire afuera ¿Puedes estar sin mí?
Se inclina.
—Claro pulga, pero no desaparezcas sin avisar.
—No —Digo.
—Ni te vayas con extraños de dudosa procedencia. —Sonríe pesada.
—No —como se le ocurre, imposible. Dudosa procedencia sí, extraña no tanto.
—Ok, nos vemos.
—Nos vemos. —Digo caminando en dirección al centro del salón para luego desviarme a la puerta de salida en vez de a la mampara hacia el balcón.
Cuando doy dos pasos por el pasillo me detengo frente a la guapa chica apoyada en la pared.
—Anota esto en tu diario, Martina Edwards visitará tu suite. —Anuncio.
—Estoy impaciente —Noto su sarcasmo. ¡Desagradecida! —Estoy en el último piso.
La sigo por las escaleras hasta una hermosa puerta labrada con las siglas ‘’A. Grant’’ en la entrada. ‘’No puedo creer que estés haciendo esto’’ me dice mi conciencia. Entro y el ambiente es tan cómodo y espacioso como el nuestro y más, se nota que les gusta lo rústico y de madera. Pero no es eso lo que captura mi atención, camino entre sus comodidades hasta llegar al borde y deleitarme con la gran vista. Es hermosa, llena de luces y tonos de azules y rojizos, algo monstruosa y misteriosa, pero bella.
—No mentías —Me impresiono. Me da hasta vértigo. No envidio al que le toque limpiar los vidrios.
—Claro que no, podré tener dos vidas, pero soy la misma.
—Irónico que lo digas con esas prendas —Bromeo.
—Ya sabes a que me refiero.
—Si, pero es divertido —Observamos un rato —Puedo acompañarte hasta el final de la fiesta. —Comento.
— Uy, ¿mamá se enoja? —dice. Me da una punzada de molestia
— ¡Claro que no! Pero no quiero que sepa que estoy con una de los tuyos. —Ángela me mira sin expresión alguna.
— ¿Sabes? No puedo sacarme una cosa de la cabeza.
— ¿Qué? —Levanto una ceja.
— ¿Me ayudas a quitarme el vestido?
— ¿Qué? —No puedo evitar sentir un calor abrazador circular por mi rostro. ¡Maldita Grant con malas intenciones! ¡mamá me lo dijo! — Al menos invítame algo de beber—Le sugiero.
—Es sólo un cierre, luego me voy a cambiar y vuelvo en breve. —Se excusa. Se gira y observo su espalda. Bajo la vista de la zona de los hombros para percatarme de uno pequeño en medio de su espalda, de la zona lumbar, hasta el inicio de…
Siento las palpitaciones de mi corazón.
— Quizá pudiste haber alcanzado —Aventuro.
—Oh vamos, ¿no cualquier chica puede decir que Martina Edwards le ayudo a quitarse el vestido o sí?
—Hmm… ¿no tienes una cámara por ahí o sí? —Aventuro.
—No soy tan cerda. — Aclara.
— ¿Tan? —Pregunto. Me guiña el ojo y se señala atrás. Aquí vamos, lo hago con un poco de dificultad, no mires Martina, no quieres ver donde termina esto. Pero cuando finalizo se aleja y desaparece un rato.
— ¡Por fin vuelvo a ser yo! —Escucho. — ¡Ahora si va la invitación! —Exclama animada.
—Bah, te quedaba bien —Digo.
Vuelve con unos jeans puestos.
—Lamento decepcionarte, esto me gusta más. —Sonríe — ¿Quieres algo de beber?
—Si. No le eches nada ¿eh?
—Ya no te mate — camina a un bar enorme —Es bueno pasar el rato con una conocida.
Si, aunque no admitiré jamás que sentí alivio de verla.
Sobre todo, porque me va a joder con sus bromas.
—Gracias. ¿Vodka? —Leo la botella.
—Algo simple para empezar —Sonríe. Me lo entrega y me lleva a un estante donde tiene algunos refrescos y zumos. Luego me abandona para escoger música. —Creí que debía hacerlo por ser sábado y estar supuestamente en una fiesta. —Suena ‘’Welcome to the Jungle’’.
—Genial ¿No tendrás problemas por desaparecer?
—Claro que no, ya invité a todas las chicas guapas a mi Spa.
La quedo mirando.
—No pienses mal, es necesario que se cree la imagen de que las chicas guapas van allí.
—Si, descuida. Habitualmente nuestros clientes no son chicas guapas—Rodeo los ojos.
—Pero las que atienden si —Dice. Sonrío con suficiencia.
— ¿Siempre te han gustado las chicas? —Pregunto curiosa.
—Si—Se ruboriza—Aunque a los catorce podría hacerlo oficial —se acomoda el cabello, incómoda. —No entendía mucho, imagino que para ti fue más fácil.
—No conoces a mi mamá. —Pestañeo y me imagino recordándolo todo como si fuese una guerra pasada y yo con los ojos desorbitados. —Aún piensa que soy una adolescente y que necesito vigilancia 24/7.
Río.
—Eres su pequeña, además la única. Es un gran peso.
—Y que lo digas—Susurro.
Ángela G.:
Tengo muchas dudas, no imagine nunca este escenario a estas alturas del año. Pero me gustaría saber más, me imagino que le debo parecer tan interesante como yo a ella. O espero que sí, tenemos cosas en común, pero con realidades distintas.
Muy distintas.
—Pero te dejó tener a tu Sandy —Recuerdo.
—Si, la encontré en un camión, como mi madre Noelle ya me había dejado, ella no pudo desacreditarla. —Bebe un poco y se acerca para ver más abajo. Sin querer le doy una rápida repasada a su cuerpo ‘’ ¡Ángela!’’ Me reto a mí misma — Ellas siempre tratan de estar de acuerdo cuando se trataba de mí, a pesar de lo diferentes que son. Creo que prefirió evitar confrontaciones. —Suelta una carcajada.
—Muy sabia —Bromeo. — ¿Y tú, como evitaste confrontación para venir a territorio enemigo?
—Le dije que salí a tomar aire. —Esa es una excusa muy vaga.
—Si quieres podemos ir a algún lado —Aventuro. —Pero no me pondré vestido de nuevo— Le advierto. Sonríe burlona.
—En ese caso yo también quisiera ir a cambiarme de ropa.
—En vivo o fake. —Digo. Me da un codazo suave.
—Pero vamos después. Me gusta aquí —Le da una mirada al lugar.
Me alegra que le guste, es genial tener lujos, eso es verdad. Pero cuando estás sola encerrada, todo el día, para mi es aburrido…a menos que esté jugando. En cuanto a fiestas, las prefiero con ropa casual y sin tanta iluminación, modales y etiqueta.
Al entrar a la habitación Martina se sienta en la cama, prueba el colchón y sonríe.
— ¿Cómoda?
—Mucho —Se recuesta. Bebo un poco y me quedo mirándola, una mujer joven y hermosa, ataviada con un lindo vestido negro, recostada en mi cama en el hotel donde me estoy quedando. ¿Mejor sábado en la noche? O ¿Mejor sábado en la noche?
—Puedes quedarte si gustas —Invito.
— ¿Te imaginas? —Dice abriendo los ojos. —A mamá le encantaría.
—Le dices que te venga a buscar, es en la habitación del último piso que dice ‘’A. Grant’’ —aventuro.
Reímos.
—De locos —Dice.
—Si —Miro mi vaso. —Que mala suerte. —Susurro.
Martina E.:
Abro los ojos y miro la decoración de las luces, me siento y cambio el tema a la fiesta de hoy. Entre personas en común que conocemos me entero de que hay bastantes, aunque trabajen con mamá o el papá de ella sólo se hacen los pendejos… y yo haría lo mismo.
— ¿Me acompañas? —Digo luego de un rato.
— ¿A cambiarte de ropa? Claro.
—No habrán nudes te lo advierto.
—Con verte vestida me conformo, pero ¿qué hay de tu madre? Ella sabrá que soy la que trabaja con ustedes.
— ¿No te vio en la fiesta?
—Nah. —Dice despreocupada.
—Entonces dejemos que se distraiga, debe quedar un rato más —Digo.
La espero mientras se prepara para salir y nos vamos a donde nos quedamos con mamá. La hago pasar, le ofrezco algo para beber y mientras va al baño aprovecho de cambiarme de ropa. Decido usar la
…