Capítulo 19 de Mi Pareja Perfecta 4, de brity
Salida a casa de Tía Fer
Christine
— ¿Dónde carajos está Tina? — Pregunto sentada, Noelle está llevando su trasero de aquí allá por la cocina.
—Salió hace unas horas —Responde sentándose a mi lado tomando más atención al programa.
—Está bien que salga ¡pero debe descansar! —Replico —parece que no tuviera casa.
—Ay déjala, tiene una vida… y no me dijo a qué hora volvía.
— ¿Cuándo ha dicho a qué hora vuelve? —Enserio, esa chica siempre ha sido indomable.
—Míralo por el lado positivo, tenemos más tiempo juntas a solas. —Me da un beso y me abraza.
Nos quedamos un rato abrazadas y luego me dispongo a preparar algo, estoy harta de los vegetales de Noelle.
Mientras cocino me dan un agarrón de trasero, mi esposa saca una botella de cerveza de la nevera y la abre con un encendedor. ¡Es más puerca que la mascota!
— ¡No soy un pedazo de carne! —Ah no. Espera — ¡No soy un pedazo de fruta! —Replico.
—Ja, ja —Dice. —Podríamos hacer algo con las chicas Chris.
—Ajá. Ahí me avisas —Organizar no es lo mío. Eso es cosa de Fer y Noelle.
Me escapo al cuarto de estar y llamo a Tina.
Su celular suena, pero no lo contesta.
Noelle se asoma en la puerta.
—No lo atiende. —Digo. Levanta las cejas y muestra las palmas escaqueándose de decir una razón.
Al parecer le dejé muy poco trabajo. Dejo el maldito celular ahí.
[…]
Ángela G.:
Nos separamos un poco, aparta su mano de mi rostro. Lejos de recriminárselo me agacho un poco y abrazo sus piernas debajo de su trasero y enderezando mi espalda, nos arrojo a la cama. Se escucha un ruidito de sorpresa de Martina y se agarra de mis hombros. Me apoyo cerca de su cintura.
Sonrío. Ella levanta una ceja y se acomoda un mechón detrás de la oreja.
—No te emociones García.
—No empieces con eso.
—Te pasa por mitómana. Usaré todos los malditos nombres.
— ¿Y eso te excita? —Bromeo.
—Si, tal vez. No me hagas perder el tiempo. —Me interrumpe levantando la cabeza y volviéndome a besar. Esta no era la idea de lo que planeaba hacer esta tarde, pero ni modos, los problemas pueden esperar. La acerco más y la acaricio. Martina es de otro tipo, desliza su mano por mi espalda debajo de la ropa, baja y me aprieta el trasero.
—Uh — Digo nerviosa con una risita. Se le está haciendo costumbre.
—Ups, lo siento —Dice sin quitar su mano.
—Ni siquiera lo sientes.
—Prefiero pedir perdón que pedir permiso —Eleva una ceja con obviedad.
Su sonrisa creída es lo que me hace deslizar mi mano por su trasero. Le doy un apretón, me toca sonreír a mí. Nos besamos hasta que vibra su celular, cuando pienso que contestará le da una mirada y lo deja en la mesita de noche. Se abalanza sobre mi y nos quedamos así hasta que la oscuridad es evidente, cuando se percata echa una mirada por la ventana.
— ¿No te vas a quedar? —Pregunto.
Se mantiene silencio unos instantes para luego contestar —No lo sé, mañana tenemos trabajo y estaré cansada, sudada, adolorida, no traje ropa... —Enumera, me ruborizo.
—No dije que íbamos a tener sexo.
—jajaja es broma—dice Tina divertida—Pero si quieres no es broma —susurra.
Me río, niego con la cabeza.
—Tengo una llamada perdida de mi madre.
—Uy —Me asustó. Cuando llegó Martina apagué el celular, quizá debería prenderlo y hablar con Omar, tarde o temprano se enterará. Cuando vea que no están los juegos…
—Que se espere —Dice —De todas formas, tengo que ir a arreglar mis cosas.
—Que mal —susurro.
—Eso pasa por no avisar con anticipación. —Me advierte.
— ¿Es decir que te puedo invitar?
—Tal vez sí, quién sabe.
Eso es un sí. Martina toma sus cosas y me dice adiós rápidamente, me da un beso rápido, un comentario sarcástico para que no me emocione y se va.
[…]
— ¡Llegue y Catalina seguía con cara de funeral! —Dice Omar sentado en el sofá, yo me recuesto en el de al lado. —Pregunte que qué diablos pasada, voy a tu cuarto y cuando no veo los juegos supe que te largaste. ¿Cómo si no?
Si no hay juegos, no hay Ángela. Me llamó bastante conmocionado hace un rato. Tampoco sabía si debía quedarse o si ya estaba despedido, puesto que su labor principal, era protegerme a mí.
—Me imagino, necesitamos calmar los ánimos —Respondo
—Desde luego, así no soportas a tu padre.
—Pero mi abuelito —Hago un puchero. — Y Catalina, y coloso, y mis recuerdos —Bromeo.
—Ah, seguro que puedes volver —Dice sacando un cigarro y caminando por la habitación. — ¿Y qué diablos hago yo? ¿Estoy cesante?
Uh, no estoy segura de volver… este par de días sola ya me han hecho sentir más libre que veintisiete años. Me gusta la privacidad… aunque extraño al servicio doméstico.
—No que yo sepa. —Respondo. —No te preocupes por eso.
Revisa su celular.
—O tal vez mi misión sea llevarte a casa. —Su expresión es divertida, nos miramos desafiantes.
— ¿Lo harás? —Pregunto.
Sonríe, él no lo hará.
—Podríamos celebrar tu independencia.
[…]
Martina E.:
—Llegué—anuncio cuando me quito los zapatos. La sala esta tenuemente iluminada, mamá está con el ruido de la TV de fondo, un notebook en las piernas y los pies estirados, cruzados sobre… ¡Sandy!
— ¡No descanses tus pies sobre mi mascota! —Reto a mamá. Ella apenas cambia de expresión, sólo me mira sin interés.
—Vamos, la cerda ni lo siente.
Sandy esta quieta y aplastada, pero la verdad no dice nada. Abre los ojos, me mira y mueve su rabo. La acaricio y ella sigue ahí… cosas de Sandy.
—Como sea. —Digo. Voy a buscar algo para beber y me siento al lado.
— ¿Dónde estabas? —Pregunta.
—Por ahí de visita —Digo. — ¿Sabes que no tengo quince años verdad? —Libre soy.
—Pero hace pocos años los tenías.
—Más de diez años. — ¿Enserio? — ¿Y mamá?
—Hablando por teléfono —Responde. —Prefiero no esperarla, demora una eternidad.
Sonrío. Si es tía Caro, Ale, Angie o Sandra. Era la mejor opción.
— ¿Qué tal la vuelta al trabajo?
—Bien, me alegra que avanzaras como corresponde. El inicio y termino de año es siempre más demandante.
—Ajá, ¿me extrañaste? —Muevo las cejas mirándola.
—Si a veces —Dice —Ya sabes, mucho silencio. —Sonríe de medio lado, me mira de reojo.
Me río y me acerco a ella, pone su brazo sobre mi y miramos tv hasta que baja mamá contando los últimos chismes de Tía Sandra.
Al día siguiente.
Entro al hospital y veo a Ángela en la entrada del box mirando a ambos lados de reojo.
Pero que tipa más obvia… me ve y abre más los ojos.
— ¿Qué diablos haces? —libero un par de carcajadas —Hasta a mí me causas desconfianza.
—Cállate Martina sigo preocupada—Sonríe mirándome —Cada mañana más guapa jefa. —Murmura mirando alrededor nuevamente. ‘’Carajos Ángela esconde todo’’ pienso. Abre mi puerta —Ahora lárgate, me excitas. —Dice.
—Eres una lasciva de mierda. —Sentencio.
—Sorpresa —Canturrea.
Al parecer tuve razón, no se escuchó nada, ningún escándalo… ningún chisme de pasillo. Ha estado todo muy tranquilo y rutinario, a decir verdad.
(…)
— ¿Ves?, ya no vino —Le digo.
—Uuuf —Susurra —Estoy segura de que se la debo al abuelo.
—No es llegar y hacer escándalo. Pierde más de lo que gana —Murmuro. — ¡Es un hospital qué diablos! Acá hay seguridad.
—Si, no sé, igual papá podría ser impulsivo—Susurra.
— Eh chicas —Saluda Chloe— ¿Puedo unirme?
— ¿A qué? —Bromeo. Ángela se ríe.
—Se puso Tequila —Se lamenta Chloe. —A ustedes dos, obvio. —Mueve las cejas.
—Entonces ponte al medio —digo. Chloe abre sus grandes ojos amarillos.
—Ah, ustedes me quieren matar, me voy.
Pero Sam ya camina hacia nosotros.
— Que hay —Dice seriamente. Se queda ahí mirándonos, no se le escapa el destello burlón hacia mi persona.
—Chloe vino a coquetearnos —Digo.
—No me extraña —Dice.
— ¡Pero mi amor! —Chloe la abraza. Y junta la mejilla a su hombro. —Podré atraer a las chicas como moscas, pero yo solo espero a que termine el día para poder dormir contigo —Dice.
Ángela hace un ruido de ternura.
—Ya quisiera que me digan eso —Dice.
— ¿Qué eres una mosca? —Pregunto.
—Eres tan dulce… —Resopla.
(…)
—Si Tina, eres tan dulce —Susurra Sam cuando estamos más cerca. — ¿Qué cuentas Edwards? ¿Metiéndote en problemas?
Miro de reojo a las chicas hablar de postres casi babeando la vitrina.
—Siempre, ¿de cuál problema quieres? ¿Con chicas prohibidas o con el líder de una gran corporación? —Ironizo, nos damos una mirada. Sam abre sus grandes ojos azules mirando a Ángela.
— ¡No jodas! —Dice. — ¿Enserio? ¡¿Y tú Madre?!
En estos momentos no quiero saber en qué está, mamá tampoco se ve.
—Afortunadamente aún todo normal —Digo.
—Uh, ¿Qué harás cuando eso pase? Es cosa de tiempo.
—No lo digas —Gruño. Sam de mal augurio.
—Deberías prepararte para antes para la purga —Me da un codazo. — ¿Te gusta la chica eh?
—No tengo ni la menor idea de qué hablas. —Digo.
—Yo te lo explico. ¿Ves a la chica alta de al frente? ¿Esa de cabello castaño? ¿La ves? Si esa. —Asiente— Te gusta —Susurra burlona.
Si no hubiésemos estado en la fila le doy un puñetazo.
—Soy una jefa comprometida —Digo.
—Bastante comprometida.
—Enserio, en este hospital esta prohibido cualquier acto de discriminación —Proclamo con solemnidad. —No podemos echarla porque nuestros padres se odian, o por su apellido, o por sus lindos ojos. —Bromeo.
‘’Ni esa rica boca con la que sonríe’’ Me digo pervertidamente.
Es una suerte que nadie sepa lo que pienso.
— ¡Es que es tan romántico! Permíteme ser fan de tu historia—Dice.
Ok, no me aguanté. Le doy un pisotón.
— ¡Ah! —Gimotea— ¡Tina! Por qué te cuesta tanto admitir que eres un ser sintiente —Gruñe.
— ¿Quieres sentir mi puño? —Gruño.
— ¿Están bien? —Chloe nos mira como si fuésemos dos mocosas. ¡Somos las mayores!
—Ella empezó. —Digo.
—Samantha es una joven delicada, de corazón puro y hermosa sonrisa… —Dice soñadora. La aludida se sonroja. —Así que cuídamela —Me mira amenazadora. —Porque te encontraré donde sea.
Quedo petrificada ante el poder de sus furiosos ojos dorados. Sam tiene su demonio de la guarda.
[…]
Después de comer nos encaminamos con Ange algo justas de tiempo, las chicas subieron primeras (no pregunté y no quiero saber) e hicimos un plan con todas las situaciones posibles. Grande es mi sorpresa al mirar a la recepción y ver a Ángela de nuevo. Devuelvo la mirada tan rápido que me pudo haber crujido el cuello. No es Ángela, pero… joder es…
— ¿Catalina? —Pregunta.
Ambas la miramos sorprendidas, aunque por distintas razones… a la chica alta de cabello castaño y vestido, devolviéndonos la mirada. Si bien sus rostros son increíblemente parecidos, ella luce el cabello liso, además de las joyas y maquillaje. Sus grandes ojos azules, nos da una mirada en donde terminan las comparaciones. También inferiría que se ve menor.
Si no es su hermanita de la que me habló. Entonces esa familia tiene una genética asquerosamente dominante… o algo así.
—Wow —Digo.
— ¿Puedo atrasarme un poco? —Pregunta.
—Si —Digo. —Tienes unos minutos —Río yéndome al ascensor.
Es como la versión hetero… aunque si le digo eso me mata.
Ángela G.:
— ¡Catalina! —Susurro. Se lanza a mis brazos.
— ¡Hermana! —Gimotea. —Como se te ocurre venir aquí… ¡Eres una Grant! ¡vuelve con nosotros! —Cierra los ojos en mi pecho.
—Yo estoy muy bien acá—La tranquilizo, acaricio su suave cabello— ¿Cómo están todos en casa?
—El abuelo y papá no se hablan —Hace un puchero. —Está tan silencioso como siempre—Murmura.
Olvidaba eso, en el centro siempre hace ruido.
— ¿Y el atorrante de nuestro hermano?
—Ahí… igual que siempre. Aida preguntó por ti, quedó igual de preocupada ¡Vuelve Ángela! —Sus ojos son cristalinos.
—No quiero —Digo. —Con papá nunca nos llevaremos bien… y no me voy a volver hetero, ni tampoco una chica de casa.
Me gusta la versión de mi que estoy conociendo al estar sola.
—Descuida tampoco tenía tantas expectativas —Bromea. Reímos.
—Puedes venir a verme cuando quieras, pero si le dices a papá te vas al infierno de las hermanas. —Murmuro. Catalina era la niña acusete que iba donde papá cuando nos peleábamos con Enrique y rodábamos por el suelo del hall.
—No te preocupes por eso, una chica necesita a su hermana mayor. —Dice.
—Si, pero no te enseñaré a combinar ropa— Le tomo el pelo. Somos tan distintas…
—Descuida, esa es Aida —Sonríe. —Y yo no jugaré tus juegos.
Eso me alegra, perfecto equilibrio.
[…]
Martina E.:
Al volver al final del turno la encuentro sola, sentada, moviendo la cabeza suavemente al ritmo de la música como si no hubiese salido ya del trabajo.
— ¿Y tú qué? ¿colapsaste? ¿te resignaste? ¿te volviste loca? —Me divierto un rato.
—No —Responde. Sigue ahí como ida.
Me inclino.
—Debes irte ahora —Susurro en su oído. —Vete a descansar.
— ¿No quieres dormir de cucharita? —Sonríe como siempre, ahora parece más ella.
—No, García.
—Estoy muy solita —Bromea.
— ¿Sigues en el hotel? —Pregunto.
—Si, aunque Omar ofreció su apartamento. Será divertido —lo piensa. —Acepté.
—Si, tiene sus ventajas —Afirmo. —Ya no estarás sola.
—Aun así, me gustaría verte de nuevo. —Responde rápidamente.
La miro y eleva sus castañas cejas haciéndose la buena.
—Tú sabes que no te creo nada verdad? —Digo.
—Yo tampoco a ti —Se pone de pie.
—Quédate ahí —Ordeno. Enserio, ¡Tengo que irme pronto!
Ella sonríe acercándose a cada paso, sujeta mis caderas, me atrae a ella. Se inclina y aparto mi cara, pero ya me tiene abrazada. Cruza sus brazos detrás de mi espalda.
¡Esta chica no entiende su posición!
—Te extrañé mucho en el almuerzo —Susurra besando mi cuello. Da un par de pasos llevándome a la pared, apoyo mi cabeza y la miro preocupada, tratando de no pensar en las partes de su cuerpo que presionan las mías.
— ¿Y qué tal te fue…?
—Excelente, nos pusimos al día, sobrevivirá… —Dice —Y hablando de ponerse al día —Me da una lamida suave, termina bajo mi oreja. Hago una mueca y cierro los ojos sintiendo sus labios. —Ángela —Susurro, libero aire entrecortadamente contra mi voluntad. —Tengo que hacer.
—Si y yo también —Dice. —Pero si no tengo un poco de ti me volveré loca —Su respiración se hace más profunda. La miro con el cuello cosquilleante. Sonríe muy tranquila y se inclina un poco más quedando a pocos centímetros frente a mí. —Bésame —Pide.
—No. — Que se joda. Bajo la mirada a esos delgados y sonrosados labios, la miro de nuevo. Al parecer ese movimiento le divierte.
—Si sabes qué quieres para que lo alargas.
—No sé de qué hablas. —Sus manos dibujan un floreo en mi trasero. Trato de no pensar en ello.
—No eres la única que quiere jugar —murmura, el calor que emana de su cuerpo me distrae. Cierro los ojos y miro a otro lado. Ella baja suavemente a mi pierna y con sus dedos traza una línea llegando a mi muslo. Le da un firme agarrón y me suelta volviendo a acariciar la zona con suavidad.
Un gemido agudo se escapa de mi garganta. Siento el calor acrecentarse en mi rostro. Su dedo índice… ¡está muy cerca!
—Ángela… —mascullo.
—No te distraigas —Dice. —Bésame y terminamos con esto.
No digo nada, la totalidad de mis energías están concentradas en ignorar su cara a palmos de la mía, el problema es que me distrae la mano con la que me acaricia. Siento uno de sus dedos abandonando mi muslo y levantándose rebelde. Me toca la entrepierna de adelante hacia atrás con suavidad, lo hace de nuevo mirándome fijamente. Escucho un sonido que sale de mi boca… o de la suya. Mis rodillas flaquean, aunque sigo de pie, sujeta mis brazos. Mis manos que estaban aferradas a ella, tratando de alejarla ahora se deslizan por todo su cuerpo y la aprietan contra mí. Escucho su voz intentar ascender por su garganta, pero es enmudecida por mi boca. Nos besamos como si no quisiésemos que la otra respire. Entre besos, caricias y agarrones pierdo la paciencia. Bajo mi mano por su pantalón, delineo su trasero y comienzo a bajarlo por su trasero.
—Tina —Susurra.
—Bájatelos… —Pido casi gimoteando.
Recuerdo quién soy…
—Bájatelos, ahora. —Ordeno.
Se ríe.
—Ok… —Dice. Cuando ambas manos lo bajan con lentitud y comienzo a agacharme por la pared, escucho un toque en la puerta de al lado, mi maldita puerta…
Se los sube con velocidad y yo estiro las piernas tratando de recuperar la compostura.
Asomo la cabeza con pánico pensando lo peor, me calmo de inmediato. Es Chloe.
En este momento creo que no se me ocurre mejor persona para descubrirnos… ¡casi me infarto!
—Que gusto verte. —Suspiro. Frunce el ceño.
—Te vine a buscar, quería sorprenderte —Se lamenta.
—Si, me sorprendiste. —No puedo creer lo que estuvimos a punto de hacer, si nos hubiese visto así…
Hoy vamos a casa de Sam a una junta con los amigos de siempre. He estado desaparecida de la vida bohemia con ellas así que decidí ir.
¡Realmente tenía cosas que hacer!
Miro a Ángela tomando su mochila.
—Descuida puedo esperar —Dice. —Nos vemos Tina.
—Adiós… García.
Me adelanto.
—Te veo muy entretenida —Comenta.
—Estaba libre —Digo. —A alguien tengo que molestar.
—Si… te veo muy molesta. —Sonríe. —Tina, estás rojísima.
Me sonrojo más.
—Es… es…
—Ya, a mi no tienes que decirme nada —Sonríe tranquilizadora. —Pero te tomaré el pelo.
Eso ya me lo esperaba.
— ¿Pasamos a tu piso o qué?
(…)
Vamos a mi hogar y alimento a Sandy.
Por suerte nos encontramos con mamá quién nos lleva en su auto.
—Que genial —Dice Chloe de pie mirando sobre el techo.
—Siéntate Chloe —Gruñe mi pelirroja madre.
— ¿Ya llegaron todos? —La ignora.
—No, creo que solo van las más viciosas, por cierto, creo que tu hermano vino con tu primo, el moreno. —Ríe. —Amo la multiculturalidad de tu familia —Bromea.
—Ah, Leito —Dice. —Espero haya llegado tía Gabi… ¡a ver si se mete con nuestra familia! —La señala.
—Esperemos que no —dice mamá siguiéndole —Dijeron que era una junta tranquila así que no creo.
Al llegar tía Gabi la recibe con los brazos abiertos. Tía Fer abre y entramos a su casa, están repartidos por ahí. Sam con su madre, Sandra. Nos damos un golpe de palmas cabronamente fuerte y apenas nos separamos Chloe da un saltito y le roba un beso a Sam. Se va donde tía Ale y se lanza a sus brazos.
Sam se recupera rápidamente y sigue en lo suyo ignorando la cara de Tía Sandra.
—Increíble adaptación —Alabo en broma. —Anti Chloes.
—Si… sigo pensando que está loca —Susurra.
—No eres sincera —Le doy un codazo juguetonamente. —Oh mira, que tal Leo —Él joven se inclina teatralmente en una reverencia haciendo reír a Sam, besa mi mano y se larga. Este siempre me ha tomado el pelo desde que sabe que tengo que ver con mamá, me trata como si fuese de la realeza o algo así.
…Y hablando de esa mujer, está con Fer y Gabi, cada una con una copa de vino, atrae a mi madre y besa su cien. La señora posesividad.
—Ya era hora que aparecieras ahijada —Saluda mi madrina, junto a tía Ale, su cuñada. —Es bueno que tengas tiempo de desestresarte— me guiña el ojo antes de beber un sorbo. Recibo la mirada juguetona de Chloe.
—Si, he estado bien —Digo casual abrazando a tía Ale. — ¿Qué tal tía? —Miro su sonrisa tranquilizadora. Definitivamente esta mujer alcanzó la iluminación después de criar a esa hija que tiene.
Recuerdo que de pequeña cuando estábamos castigadas, queríamos que tía Ale nos llevase, es decir, ¡le aguantaba todo a Chloe! Pero mi madre… y tía Sandra. Ay, mamá.
Bueno, no creo por tía Kate, pero no se ve por aquí, Alejandro tampoco. Espero alcanzar a saludarlos, me hace gracia que tengan siempre la misma expresión como de concentración.
—Hace tiempo no te veíamos, veo que el hospital te sienta bien —Sonríe ella encantadora.
Un momento…
—Si… la fui a buscar, se veía que necesitaba, un respiro. —Dice Chloe malévola.
¡La mataré!
—Me imagino —Asiente imaginándose la presión. —Espero no te estreses mucho.
¿Lo creyó?
—No…—Digo. —Ya tomé el ritmo —Le regalo mi mejor sonrisa. Todas cuidamos
…