Capítulo 2 de Slynner, de Astnelly

El accidente, el castigo

Con unos pasos más, llegan a la guardería. Los pequeños fueron entregados a la encargada del lugar. Muchos más niños hacían resonar sus risas en dicho sitio, jugando entre ellos. Dando la despedida y entrar, tan pronto como sucede, de esa manera se reúnen con sus conocidos. Platicar, jugar y no hacer nada en todo el día, el paraíso de cualquier niño. Sin embargo, para otras personas, era un ajetreo sin fin.

Dejar sola a Snyn era muy peligroso, pero su hermano no estaría todo el tiempo pegado con ella. Aprovechando la oportunidad, la niña jugaba cerca de la cocina con un amigo. Divertirse era el objetivo principal y aprender cosas nuevas tampoco se quedó alejado en segundo plano. Adentrándose a la cocina, lo primero en ser escaneado cuidadosamente con sus ojos fue: papel. Anteriormente otros niños estuvieron allí, nada extraño o del otro mundo para nuestros niños curiosos.

Pero quizás fue algo planeado por otros cómplices de papá. No es olgo oficial.

A la vista, además de los papeles, en la estufa había una caja de cerillos, esto último fue tentador que llenaba lo prohibido, más que todo, las advertencias de los padres de no dejar nada al alcanze de pequeños, había sido totaltotalme omitida.

—¿Quieres saber cómo se usa?—le pregunta el amigo. Toma la caja de cerillos.-Ven, te muestro.

Consigue llamar la atención de Snyn, haciendo que ella se acerque dispuesta a ver como se usa ese trozo de madera con un círculo de color. Los pasos para usarlo eran muy simples: sacar un cerillo de la caja, cuando eso está listo, rozar un poco; lentamente con la parte "especial" Que tiene, por último, ver cómo la llama se asoma. Rápido. Y luego de ver la llama, soplar. Dejando que el fuego se disuelva. Despacio.

Turno de Snyn.

Con lo visto, repite el proceso. Toma la caja, saca un cerillo, lo raspa y listo.

—¡Mira lo hice!— señala orgullosa de su logro. Pensaba que era una niña grande, de todas formas su madre lo hacía y tía Gely igual.

Pasó un rato. Aún no lo apagaba. La llama consumía el palito de madera, lo tornaba de un tono carbón, asimismo, llegaba a la punta de sus deditos. Ese calor al entrar, en contacto con su delicada piel, le lastimó. Duele. Por instinto, suelta el cerillo.

Con suerte callo al suelo. ¿Al suelo?

—Adrián, ¿por qué la mesa se ve oscura?—Con miedo se pone detrás de Adrián, el amigo.

La flama se esparció por la mesa. Llegando al papel. Quemándose. Haciéndose más grande, más fuerte.

Salir, claro que debían salir. Por señal del cerebro, una orden indicándole a sus piernas que debían salir de ahí lo más veloz posible. Sin dudas, sólo aceptando la orden dada.

La vida no les dejaría escapatoria que fuera fácil, entre más complicado, más podría pasar. Suerte mala llegó a Snyn, durante el momento de huir, una parte de su hermoso vestido, queda prendido entre la puerta. Puerta convirtiéndose en enemiga de la niña, justamente, en un momento tan ardiente.

Intentó, intentó y siguió intentando ganarle a la fuerza de agarre desconocida de la puerta. Le gritó insistiendo: "¡Ayudame, Adrián!"

Sin respuesta. Oídos sordos hizo el mocoso. Abandonándola ahí sola.

Quedó inmobil. Entre su desesperación de salir con vida. Podía oler aire sucio, el fuego mismo acercándose, rozando su vestido, un calor inquietante.

—¡Snyn!—. A lo lejos, un grito alcanza a oír. Su hermano, Slynner. Movió cada pierna a una velocidad tan inalcanzable, la hermana era prioridad, sin importar odio u trato que reciba.

De sus pantalanes, saca una pequeña navaja. No importa el método, valía mas la vida que unos simples billetes a la basura. Corta. Despedazado la seda fina del vestido.

Tomo la mano de su hermana, casi arrastrandola, victoriosos de seguir vivos, salen de la guardería. Una multitud los esperaba enfrente, quien diría que en plena tarde, pasaría un evento así de inmenso. Un hecho causado por dos niños, un desliz.

—Yo no lo quería hacer... Perdón.

Pequeñas invitadas de agua, dándose a conocer, recorrían la mejilla de Snyn. Obvio que ella no tuvo la intención, el accidente no lo quería provocar. Daba igual la razón de sus lamentos, el que pagaría caro el plato fuerte, sería otra persona. Lo sabía muy bien.

Y si que tuvo razón.

Llevo a su hermana apoyada en su espalda. La tía no los iría a traer, por eso ellos debían regresar solos. Cada callejón era peligroso, peor para dos niños. Fuese así, no debía de haber preocupación, las calles eran seguras, al estar amenazadas las personas que piensen en hacer daño.

Los padres cerraban un trato importante con socios. Cuya presencia haría cuestionar a cualquiera sobre el trabajo de aquellos socios.

Ya en casa, la bienvenida les esperaba a los dos. La madre horrorizada pregunta el porqué del estado en el que vio a Snyn.

En cuanto a su padre, con pasos firmes, ubicaba su cuerpo detrás de los dos niños.

—Mira como esta tu hermana. Debes cuidarla como la niña que es-le dice con molestia.—Nada hacés bien, muy distraído eres. Hijos como tu no quiero en esta casa.

—Padre, yo terminaba de...

—¡Al sótano te vas!-añade.

—¡No! Al sótano no. Seré obediente ¡lo promento! Padre.—súplica. Estaba siendo arrastrado hacia el sótano. El padre con fuerza le toma el brazo, se lo llebaba. Era como si ya estuviera esperando este momento, cada paso dolía en el pecho. Slynner no fue quien hizo el accidente, no se quedó atorado y mucho menos descuido a su hermana. Injusto.

Cada vez más y más daría por finalizada su breve libertad, por algo que no hizo, ni lo haría, por más excusas tenga para darle razón al acto que no haría. Como siempre y así seguirá su vida.

—papá, no me lleves—siguió de terco reclamando, queriendo, al menos, darle un intento en que sus palabras fueran y lograran darse a oír en un corazón que, sólo tenía amor para otro. Quizás no le castigaría, quizás sus brazos no le dolerian.

En un empujón, cayó de rodillas en ese famoso cautiverio al que no quería permanecer. Verlo bastaba para darle miedo, la idea de quedar encerrado allí generaba escalofríos.

—Te quedas allí, reflexiona del mal que hiciste. Cuando lo hagas, te sacaré.

La luz quedó apagada. Ya no brillaria durante un tiempo indefinido, quien vaya-saber-que le pase. Solo es un niño. No alguien grande.

Pero, desafortunadamente, para otros ser un niño no es nada. Ser niño no te aparta de los peligros, de mentiras o castigos de una persona. Aún así, no se debe llegar a extremos grandes, los cuales pueden llegar al daño.

¿Que le espera a Slynner?

El sería fuerte, ya que el es un Phantom. No un niño humano completamente, pero de igual forma le afectará el encierro.

El tiempo simplemente pasará y pasará.