Capítulo 4 de Slynner, de Astnelly

Intento de escape

Slynner

Ya debo irme.

Debo y necesito salir de este lugar, he pensado en ello mucho. En tantas posibles salidas.

Hay dos. Una puerta secreta, ruta misteriosa. Y la puerta de donde entre. Justo estoy delante de ella.

En la ruta secreta no se a que lugar me llevaría. Pues, tampoco es que vaya a averiguar tal cosa.

Una vez la abrí, escaleras. No distinguía mucho.

Y en dado caso, saliera de allí no se a donde iría. No he visto a mis padres ir por allí, en las veces que han entrado por las cajas y papeleo.

A trabajar.

Iré por la puerta rara. Me vale que no sea seguro. Además, aprovechar la oportunidad que tengo me favorece.

Mis padres no están, mi hermana está más aún encerrada en su cuarto. Temo que escuche el ruido del tercer piso. Si no es así, me quedaría aquí hasta que muera.

Dinero.

Otro problema más, no tengo, ni tengo la más mínima idea de como conseguirlo. A menos que... Salga y me robe un poco. Se darán cuenta, pero yo estaría muy lejos.

Tap, tap, tap.

Un caminado conocido escuchó. Es mi hermanita, mi tan preciada... ¡Qué preciada ni que nada!

—¿Para que vienes? —Le pregunto estando en la puerta.

—Necesitad dinero. ¿Cierto? —responde.

Es como si leyera mi mente, eso es imposible. Tal vez lo que quiera es molestarme. Apenas es un bebé, un bebé malo. Con once años se cree mucho, la verdad.

—Si, ¿me lo darás?

—Claro, soy tu hermana.—dice con ese tono de superioridad.

Después, abrió la puerta con un suave: ¡click!

De un empujón, me aparte dándole espacio. Allí estaba, esa enana rubia.

Nos miramos, parece que no bromea. Esta sería, su mirada hacia mi, era como si yo fuera un vagabundo.

—Te daré un poco. Papi dice que no le de dinero, a mi hermano.—Busco en su bolsa que, casualmente, llevaba con ella. —Me preocupas, hermanito, te alcanza para un vuelo y comida.

Extendió una gran cantidad de Pearlings, y a como dice, alcanza para un vuelo.

—Te lo agradezco. Aunque no es gratis. —Acepte las Pearlings. Necesitaba ingresos, me los dieron, no hay modo de negarse.

—Nada es gratis. En cuanto no estés, haré lo que más me gusta.

—Eso sé. No cambias, igual gracias, hermanita.

Pegó una vuelta, como si nada pasará, cerro la puerta y me dejó sólo.

Estoy listo, ya tengo plan y dinero.

Como aquella vez, en medio de unas cajas, ahí la puerta rara. Abrí y... Me meo, literal, tengo ganas de ir al baño.

Ya que, seguia igual de oscuro. Di el primer paso, y dio un chirrido, crugio un poco. Comenze a descenden, más y más. Entre más bajaba, más negro se ponía a mis ojitos.

Miedoso soy, me andaba cagando de miedo. Peor con mis necesidades.

Llego a los últimos escalones. Toco suelo, para variar, otra puerta. Suspire, tome la cosa circular que cuelga de la puerta, la gire y...

Pasto. Aire.

Analizando más, estaba en las piscinas. Donde hay baños.

No dude en entrar a los baños, debía encargarme de una necesidad de liberar impurezas de mi cuerpo. Después de eso, también debía asearme. Por lo tanto, tome una ducha y me puse la misma ropa que cargo.

El dinero lo coloque en mis bolsillos, trate de asegurarlos con todo lo que tenía.

Patitas para que las tengo.

Corrí. Di zancadas para no ser visto.

Adiós casa, llegue a los estacionamientos. Me agachaba entre los autos, cada uno grande o pequeño.

Llegué a lo último que había, las escaleras de la entrada a casa. Ya sali.

Estoy completamente en la calle, en donde vi como la enana se enredaba en los arbustos. La calle llena de autos pasando, dejando su humo en toda mi carota. A la suerte deje a mi cabeza, que recordará el camino para el aeropuerto.

A lo que sepa yo, camino. Primero era aquí recto. Si es que llegó a las calles principales, la guardería, centros comerciales y hoteles.

Sentía miradas encima mío, iba tranquilo. Tope con personas, no quería terminar en el suelo. Me fijaba en el concreto que en la gente al lado mio.

Reconozco algo, una parada de bus. Cobrarían poco, ¿por que no?

Espero, hasta que llegue un bus que me guíe al aeropuerto.

Funciono eso a que estuviera como loco en las calles. El conductor me pregunto: ¿a donde vas?,  le dije que al aeropuerto. Con suerte, no sería el único con aquel destino.

Las ruedas del bus girando van, girando van...

Es un bonito lugar donde vivo. Mi familia no era de aquí, si no de otro sitio, en donde iré a refugiarme y ganarme la vida.

Aeropuerto.

Zumbido de aviones, ver arriba se volvía normal, llama la atención hacer tal acción.

Pague al conductor del bus.

A como pueda, debo pedir el vuelo. Entre. Sin equipaje, mi presencia era suficiente. Por instinto, vi a otros comprando boletos en un lado, teniendo en cuenta lo visto, eso hice.

Según yo, es normal que chicos de mi edad hagan esto. Lo raro es que no lleve equipaje conmigo.

Un panel grandote indicando el número del vuelo, en cada número, el nombre del destino.

Mi turno llega, después de andar parado en una fila larga, casi infinita, puse mi cuerpo enfrente del mostrador.

—¿A donde se dirige? —me dice la encargada.

—Dragons village, tome mi pasaporte. —Por suerte me recordé de traerlo.

—Serían 2 350 Pearlings. Número del vuelo: 1820.

Di el dinero que corresponde. En manos ya tenía mi preciado boleto. Faltaba esperar mi hora de partir.

Así fue como teniendo quince años, emprendi un vuelo a otra isla.

Por lo que se dice, es segura bajo protección de dragones. Viviré bien allí.

Llegó la hora de volar, subí el avión, ansioso de ser la primera vez en solitario. Sentado estuve en mi asiento asignado. En la ventana, buen lugar.

Máximo dos a cuatro horas de vuelo.

Dormido quede, por eso no recuerdo el tiempo. Aterrizaje en Dragons Village.

Cada uno bajaba a su modo. Con prisa o no, el destino era este.

El aire es diferente, pude notar la abundancia de más demonios que humanos aquí. Los dragones eran de colas gruesas y largas, con cuernos sobresalientes si son adultos. Como cabras. Dependiendo de la raza, me imagino yo. No se nada de dragones.

Encontrar departamentos.

La opcion que elegí fue la económica. Tenía cocina, baño y un cuarto pequeño. Eso sirve. Un séptimo piso tampoco es malo, mejor para la vista.

Viendo mejor, este lugar es aún más limpio. Tan sólo llegando hay pasto con una variedad de plantas o flores. A medida que caminas, se transforma en ciudades, conservando espacios para vida silvestre.

Algo equilibrado, en otras partes deben ser diferentes, me imagino.

Cambiando de tema, busque trabajo. No le tuve miedo a la solicitud de empleo, sin experiencia, arranque en mesero de un restaurante.

Así estuve en unos meses.

Te digo que no dure mucho en este lugar. Mi padre empezó a buscarme.

Ignore.

Cosa que fue mala decisión.