Capítulo 1 de Slynner, de Astnelly

Slynner

Una mujer caminaba con prisa. Trataba de mantener su compostura, antes de descontrolarse por completo y perder paciencia. Su destino, la puerta de un amplio cuarto, estaba justo enfrente de ella. Aquella mujer parecía cercana a lo que se encontrase detrás de la puerta.

Los sobrinos. La mujer era ni más ni menos que la tía de unos niños. Esa era Gely. Siempre trataba de llegar temprano a la guardería aunque, esta vez, los planes estarían arruinados.

La alarma que debía despertarlos, solo era ruido de fondo para esos dormilones que gozaban un largo y sustentoso sueño. El bulto acurrucado en cama propia, entre las sabanas cubriendole, suelta un quejido.

A duras penas, pega un salto de su comoda cama. El niño camino unos pasos, suficientes para cruzar, llega al otro lado. La dueña de la cama era de su hermana, Snyn. Quien aún en el quinto sueño se entrontaba. Su hermano, Slynner asoma su mano colocándola en su cabeza acariciando, de manera brusca la melena rubia de Snyn, trata despertarla.

Snyn despierta disgustada, no quería levantarse. Slynner, el hermano, le ordena que lo haga.

Así como despiertan, así bajan las escaleras. Recorren un largo pasillo, el cual, los lleva a la cocina. La tía Gely les tenía listo su desayuno, sin importar el humor que tuvieran, terminan devorandolo. Con la barriga llena y el corazón contento, como todos los días de su existir, realizaron la misma rutina. Cepillarse, vestirse y salir.

Se montan al coche. Cinturones puestos. Motor encendido y salir rumbo a la guardería.

La ruta habitual seguía igual, nada diferente, solamente el tráfico matutino. Autos aquí y allá. Tuvieron que estacionar el automóvil, porque la guardería estaba en el otro lado. Y para cruzar a aquel lado, tenían que pasar por un lugar muy antiguo. Un castillo. El cual era rodeado de una leyenda de la ciudad de Rainbow City. Conocido por su tamaño majestuoso, especial y mágico. Una razón más para cuidarlo.

Cruzar por ese sendero era refrescante, más en una mañana. Ver el césped en tus pies, las rocas sonar mientras caminas; pájaros cantarle a los cielos, llenarte de aire los pulmones con los árboles... Simplemente algo que representa a Rainbow City, la naturaleza.

Llegando estaban al castillo, el gran castillo del que todos hablan. Aunque no era algo nuevo para él, siempre fue un momento muy satisfactorio de presenciar. Con admiración quedó parado ahí, clavo sus iris azul marino en la figura, queriendo estar más tiempo allí. Su deseo.

Quizás solo fueron cinco minutos, para al pequeño, fue una larga hora de su vida. Mal momento, ya no estaban.

Gely sostenía a Snyn en manos, dejando a Slynner libre. Y para cuando el pequeño se da cuenta, no vio a nadie con él. Corrió. Debía alcanzar.

Hizo lo que pudo, correr. Correr hasta salir del sendero. Llegar a calle, lo que significa cruzar, estar en la banqueta y así evitar que terminar atropellado. Como si le hubieran dicho a la gente: impide el paso, lo hacen. Al estar preocupado, más las personas que se atraviesan, cae. Se tropieza.

Persona extraña.

El extraño de capucha larga, rostro desconocido, se volvía terror para nuestro pequeño. En gesto amable, el extraño extendió su mano agachandose un poco.

—¿Estas bien, pequeñin?—le pregunta el extraño.

Aún sin dar respuesta, Slynner toma la mano de aquel hombre. Por fin estaba de pie de nuevo.

—Estoy bien. Gracias, señor.

Voltea su cuerpo de niño, empezaba a retomar el camino para llegar con su tía pero...

—¡Espera, S-Pequeñin!—alza el extraño interponiendo su cuerpo en el camino de Slynner. -Será mejor que te acompañe, estas sólo, es peligroso que niños como tú vayan así sin más.

Siguio sin responderle, asintio en señal de un si. El sujeto ladea la cabeza y sonríe. Con un chasquido, alcanzan a su tia, quien estaba en un mar de preocupación hasta ese momento. Al verlo suspira y lo abraza. En una conversación, le agradecía a aquel hombre y este solo asentia en silencio, mira a Slynner, le sonríe. Cuando el sujeto se marchaba, Slynner solo le vio la espalda hasta desaparecer de su visión.

—¡Vamonos, Sly! No te distraigas, no quiero que vuelvas a perder.

—Ya voy.

Siguieron la ruta. La Guardería.