Capítulo 11 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Segundo viernes con la pesada
Angie
(…)
—Y dime ¿en qué trabajas? — Pregunta mientras almorzamos. Eh ¡Esa sí que me la esperaba!
—Soy preparadora física. Trabajo en mi gimnasio del centro.
— ¿Es tuyo? — Me mira ella y Caro sorprendida. Tanto que hasta a mí me sorprende. ¿¡Qué no lo sabía?! Claro, con Pao ahorramos hace mucho tiempo, recuerdo que estuve viviendo con lo mínimo para gastar poco, esa misma fecha cuando casi pierdo la fe, fue que encontré a Juan en una plaza, en ese tiempo no era más que un cachorro confundido y ahora es mi compañero de años.
—Sí, fue un proyecto de mi amiga y compañera de trabajo y yo. La competencia es muy grande para pedir trabajo. — Me levanto de hombros.
—Sí, buena idea. — Dice feliz. — Y Tienes trabajo seguro.
— ¡Por eso no me cobrabas! — Se sorprende Caro.
—Claro que no te cobraría. — Me río.
—No sé si sorprenderme porque no sabías o porque vayas a un gimnasio — La molesta su mamá.
—Gracias mamá. — Caro hace un puchero.
— ¿Qué te llevó a mover el trasero? — La molesta burlona. — ¿Celos?
Miro a Caro con un asomo de sonrisa.
—Hay muchas víboras allá. — Se queja. —Además, a mi cuerpo le hace bien. — Dice comiendo digna.
Su mamá me mira levantando una ceja.
—Es normal, pero a mí no me importa. — Digo rápidamente. — Aunque ahora me gusta ver a Caro allí. — Me sincero.
—Ya me lo esperaba chiquilla, te ves seria. — Sonríe.
¿Me dijo chiquilla?
— ¿Y qué edad tienes?
—Treinta y siete — Digo mientras saco ensalada.
—Oh, se llevan varios años, no es un mal plan. A veces es mejor la diferencia de edad. — Asiente. Miro a Caro con duda, esperaba que se espantara.
—Aunque no se nota mucho. — Bromea Caro, nos sonreímos.
—¿Y que tienen planeado para el futuro?
—Eeh … — Miro a Caro. — Ni siquiera lo hemos hablado.
—Es verdad. — Dice rápidamente. — Disfrutamos el día a día mamá.
— ¡Eso suena romántico! — Dice ilusionada.
Eso sí es muy Caro, sonrío.
La verdad es que resultó ser como una hermana mayor de mi novia y algo más … explosiva y extrovertida. Caro es adorable y a veces puede ser tímida. Pero su mamá no se corta con nada, se viste algo más rudo que ella y con ropa más oscura.
La verdad me agrada, es mejor a la mujer tradicional que había esperado.
Incluso los dos días siguientes nos amenazó con un ''no hagan mucho ruido, que quiero descansar''. Mientras yo no pude aguantar la risa, Caro enrojeció y cerró la puerta de golpe con pestillo.
—Siempre molestándome. — Se queja.
—Yo creo que es simpática. — Sonrío.
—Sí, siempre pareció más mi hermana mayor. — Se acuesta al lado. Acaricio su cintura y sus caderas bajo el pijama. — Ni lo pienses.
—No iba a hacerlo. — Aunque ganas no me faltan.
— Si ibas. — Me dice coqueta acariciándome el estómago, ahí es cuando pongo el índice en mis labios mientras la pongo boca arriba, me mira curiosa hasta que bajo su pijama.
—Angie, nooo. — Susurra mirándome entre sus piernas. Tomo sus dos muñecas con una mano y empiezo a hacerle sexo oral.
—Yaa. — Suspira retándome a ratos hasta que le quito el pijama, le levanto las rodillas y le doy un monumental atracón.
—Ah. — Dice muy rasposamente elevando el pecho. En ese momento me deja de reclamar.
Esto es tan sexy, porque no puede gemir fuerte y me incita a hacerlo mejor, pero a la vez no la pueden pillar y eso me enciende tanto que le paso la lengua, la hago chupones, la beso y todo lo que se me ocurra con total libertad.
—Ahí. — Suspira apenas, abre la boca, pero no deja salir ningún sonido.
Luego de un rato cae a la cama es como si estuviera petrificada, con los ojos cerrados y la boca abierta.
Exhala aire.
—Te odio. — Deja salir. Me río bajito.
—Yo feliz. —Digo con una gran sonrisa.
—Voy al baño. — Se queja. — Me bañé de gusto.
—Debería lavarme los dientes. — Digo pensativa.
—No, te dormirás así de castigo. — Dice sonrojada yendo al baño.
Así fue como me dormí con el sabor de Caro toda la noche. El jueves su madre salió a no sé dónde, pero como mi amor no está muy preocupada debe ser porque tiene todo controlado, nos aprovechamos de regalonear un rato.
El viernes en el desayuno llego a la mesa estirándose a gusto.
—Bueno, me enamoré.
—Sí, mamá. — Dice Caro más pendiente del celular mientras sirvo agua.
— ¡Es verdad! ¡Es el elegido!
—Si mamá. — Ironiza.
—Le dirás ''papá''. — Sigue ilusionada.
—No mamá. — Dice hastiada.
—Uy amargada. — Se queja. Sonrío, yo creo que son lindas. Aunque sean distintas.
—Angie siempre eres tan tranquila. — Me mira con una sonrisa. — Y servicial. — Al ver que sirvo el desayuno. — Con razón estás con Carolina. — Me guiña el ojo.
— ¿Ah sí? ¿Por qué? — pregunta Caro
—Por qué siempre las personas simpáticas se buscan pesadas y viceversa. — Sentencia. — Imagínate con otra como tú.
[Mente de Caro]
—Eres una maldita pesada Caro.
—Tú también Caro, ¡no seas hipócrita! — La apunta con odio
—Muérete no me gustas!
— ¡Tú tampoco! ¡Perra sensible! — Se va enojada con los puños apretados.
Cada una por su lado.
[Mente de Angie]
— ¡Eres una maldita pesada Caro!
—Tú también Caro, aunque tienes buenas bubbies. — Dice colorada
—Gracias, tú también … — Se sonroja.
Se besan, escenas cachondas.
—Ajajaja. — Sonrío ida. Caros ¡Yo las amo!
—Uy la perdimos. — Se ríe mi creativa suegra.
—Siéntate. — Se queja Caro.
—Pero si era contigo. — Beso la punta de su nariz.
—Solo conmigo, no con la otra Caro. — Hace un puchero.
—Claro que no. — Me acerco rápidamente a abrazarla. — Te amo.
—Yo también. — Suspira.
—Que cursis. — Escucho.
— ¡No eches a perder el momento vieja!
— ¡Vieja es la ropa querida!
Al final en la mañana se quedó con nosotras hasta que la fuimos a dejar a su auto, se despidió de nuestras mascotas y abrazó a Caro, se nota que se quieren mucho, aunque sean distintas. Me sorprende cuando me abraza a mí.
—Sé que tengo a mi bella hija en buenas manos. Cuídate, Angie, nos vemos. — Se sube al auto y prende el motor.
— ¡Espérenme en unos meses chamacas! — Guiña el ojo y se va.
…
—Tu madre es un desmadre. — Apunto. — Me cae bien.
—Y que lo digas, por eso no te la presenté antes. — Bromea. — ¿Me ayudas a bañar a Antonieta?
—Oh no … — Lloro.
Noelle.
Salgo el viernes y bajo por el ascensor tranquilamente; feliz de que es el último día de trabajo y que el domingo veré a mis amigas, ¡ya quiero tocar el vientre de Sandra! Trataré de no llorar como la última vez, pero es que la sentí y fue hermoso.
Llego a la salida y saludo a un par de personas que entran al turno de la tarde, me dispongo a caminar a mi edificio, en realidad tengo un auto, uno promedio; pero lo uso poco porque me queda cerca el trabajo, como a Gabi. Y no tengo interés en desperdiciar mi dinero y menos ahora que mi trabajo pende de un hilo. Un hilo de cabello rojizo.
Cuando paso al frente de los autos, me tocan el hombro y me giro, Christine me mira aún con el delantal puesto deteniendo mi caminar.
— ¿Sí?
— ¿No recuerdas que hoy íbamos a pasar tiempo juntas?
Puta madre.
—Em, no. No lo recuerdo. —Sigo caminando hasta que me toma el brazo.
—Bueno ahora lo sabes, te veo con ropa cómoda así que sube al auto.
—Es viernes; ya me mataste uno, no te atrevas. — Me alejo y sigo tratando de caminar, hasta que quedo cabeza abajo.
— ¿¡Qué mierda haces!? ¡Auxilio! — Algunos nos miran raro, otros se asustan hasta que ven a Christine y hacen como que no vieron nada.
—No te muevas no tengo tanta fuerza.
— ¡Este mundo está mal! — Lloro cuando me deja al frente de un auto oscuro abre la puerta y me empuja dentro.
Cuando entra a su asiento trato de salir y la puerta está bloqueada. — Sonríe burlona quitándose el delantal.
—Ponte el cinturón.
—Espera, este es otro auto.
— ¿No voy a tener solo uno verdad?
—Ay, perdone su majestad.
—No hay problema, aun no te cortaré la cabeza.
—Necesito un cajero. — Me enojo aceptándolo.
—Argh, no te preocupes por eso, me limpio el culo con billetes ¿Te acuerdas?
—No quiero deberte nada.
—No te estoy pidiendo nada a cambio, además, entraremos gratis.
— ¿Por qué tienes ese beneficio?
—Por el solo hecho de ser yo. — Veo su sonrisa desagradable por un espejo.
—Debe ser por tu encanto. — Ironizo.
Me ignora una media hora hasta que llegamos.
—Joder estamos lejos. — Me asusto.
—Este es el mejor lugar para esconder cadáveres.
Trago saliva sintiendo el estómago algo raro.
Baja y abre mi puerta.
—Gracias. — Digo descolocada saliendo. — ¿Qué bicho te picó? — Tenía que preguntarle.
—Solo no quiero que la cierres fuerte como la otra vez. — Se queja poniéndole alarma y sacando un bolso.
—No me hagas enojar entonces. — Refunfuño.
— ''Ni mi higuis inijir initincis''. — Dice bajito. Le pego en el brazo, se soba.
— ¡Señorita Christine! ¡Qué honor!
Ella borra su expresión de molestia y va donde el tipo canoso con bigote y le habla afablemente, veo su sonrisa natural con extrañeza ¿Por qué no puede ser un poco así conmigo? Digo … ya que estoy aquí aguantándola.
Me acerco y me presento, luego nos pide que lo sigamos y entramos por otro lado, veo con culpabilidad la enorme cola que se formó en la entrada principal.
Entonces nos deja solas y Christine saca de su bolso una cámara. La miro perpleja.
—Ven. —Dice sin más.
—Oye nunca te había visto sonriendo así. — Digo adelantándome a su lado.
—Aquí me siento feliz.
—Y yo que pensaba que eras feliz cuando te golpeaba.
—No seas estúpida.
—No me insultes. — Me enojo mirando alrededor. — ¿A todo esto dónde estamos?
Se ríe.
— ¿No viste el cartel? que poco observadora.
La miro horrible.
—Es un santuario de animales, aunque papá le diga zoo. — Rodea los ojos. — Aquí vienen a parar los animales que han sido maltratados, lo más viejos como leones, elefantes, monos y osos vienen de circos, aunque ya no sea legal. Otros de tráfico, otros de zoológicos donde los tenían en pésimas condiciones, agregaron una zona para mascotas domésticas donde se puede adoptar y … ¿Por qué estas llorando?
—Pobrecitos. — Gimoteo con el alma destrozada. — Yo no sé cómo hay gente capaz de algo así.
—Bueno estamos de acuerdo en algo. En fin, abren el lugar para visitas al público y así tener fondos. Aunque solo tenemos que ver sin interferir, así se toman las mejores fotografías. —Dice con voz apasionada.
Sonrío mirándola, ella sonríe hasta que me pilla y entrecierra los ojos.
—Vamos. — Rodeo los ojos.
Así pasamos la tarde, ¡son todos tan lindos!, se pueden ver marcas en algunos, otros que se ven psicológicamente afectados. Los monitos son lindos, ¡quiero uno!, tenían también reptiles, y es que esta cosa es enorme, lo construyeron fuera de la ciudad para que cada animal tenga mucho espacio. Christine ha pasado el día moviéndose en diferentes ángulos y a veces conteniendo la respiración, me gustaría sacarle una foto como está ahora; sobre un pie enfocando un ave y pegarlas en el tablero de anuncios de todos los pisos del hospital. Decido es muy malvado hasta para ella.
Hasta que veo una barra, que separa un pequeño ambiente más profundo, a unos tres metros. Al parecer más frio, noto un aire helado y se ven restos de nieve en unas rocas, una laguna artificial y más al fondo un riachuelo, con …
— ¡Aaaaah! — Exclamo enternecida al ver a dos pingüinos bebés ¡tanta belleza debería ser ilegal! Los miro un buen rato interactuar hasta que veo a la personificación del diablo verlos con una sonrisa hermosa y embelesada. Ni siquiera les ha sacado una foto, sino que está apoyada en la barra al lado mío sin perderse detalle.
En eso agarra la cámara y mientras enfoca la escucho hablar.
—Estos de al fondo vienen de un zoológico de la ciudad en donde los tenían en una cuneta hedionda a pescado podrido. — Se queja. — Acá tuvieron a estas crías. — Saca más fotos.
— ¿Cómo lo sabes?
—Digamos que tuve algo que ver.
—Me alegro. — Le regalo un cumplido, y antes de que diga algo desagradable aprovecho de confirmar. — ¿Son emperador verdad?
—Si …
— ¡Son los más lindos! — Exclamo totalmente enamorada de los bebés. Hasta que escucho la cámara y la miro apuntando hacia mí.
— ¡¿Qué haces?! — Me sorprendo.
—Tenías cara de estúpida enamorada, lo pondré en el tablero de anuncios. — Dice sacándome más fotos a propósito.
¡Maldita desagradecida y yo que le había perdonado la vida!
— ¡No me importa! — Me enojo yéndome a otro lado, después de todo no tengo que estar con ella.
Hasta que sus brazos me detienen y rodean a cada lado y en sus manos al frente de mi veo una foto de la cámara.
Oye que linda soy.
—No está mal. — Digo orgullosa.
—La cámara no hace milagros, por más cara que sea. — Comenta mirando hacia abajo por mi hombro.
—Tenías que decir que me veo bien. — Me ruborizo.
— ''Que me veo bien''
—Pesada.
—Noelle. — Dice y me giro y quedo algo cerca, me arde un poco la cara. — Yo no saco fotos feas. — Se separa y sigue mirando el paisaje.
¡Estúpida! ¿Por qué se acerca así? esto es porque ¡obvio! me gustan las mujeres, la tipa no es fea (por desgracia) y se acerca mucho, entonces claro, soy una mujer en la flor de la vida, mis hormonas solo obedecen. Inhalo con pesadez y llevamos como dos horas recién …
—Es una lástima ver a los leones de lejos. — Comenta en lo suyo limpiando la cámara con un pañito.
—Es una lástima que no estés cerca de ellos. — Murmuro.
Me mira fijo.
— ¿Qué dijiste?
—Nada.
Niega con la cabeza.
—Y yo que te saco a pasear.
— ¡Prácticamente me raptaste!
—Siempre que tienes miedo lloras, si no lloras es porque estás bien. Así que para mí que te quejas de puro gusto.
— ¡Cómo te atreves!
Me mira petulante.
— ¿Lo estás pasando mal?
— ¡Claro que no, pero no gracias a ti! — Me cruzo de brazos. Me mira horrible y se adelanta a ver a los elefantes.
La dejo sola y me voy a ver a los osos ¡Ojalá le peguen un trompazo para que cambie de personalidad!
— ¿Está disfrutando su visita? — Veo al señor de la entrada una media hora después.
—Sí gracias, está muy bien cuidado todo. — Sonrío. — ¡Y los pingüinos se ven felices! — Digo emocionada.
—Ah, veo que con la señorita Christine comparten el amor por ellos, ¿le dijo cuáles eran sus pingüinos?
— ¿Tiene pingüinos? — Lo miro estupefacta.
—Así es.
— ¿¡Qué!?
— ¿No sabía? Es en parte sostenedora de este lugar.
Quedo a boca abierta, así que tiene corazón.
— ¿Los trajo del zoo verdad?
—Ah, veo que, si le contó una parte, llegaron bastante mal cuidados. Estuvo unos meses con una pila de abogados hasta que accedieron a vendérselos. Eran nueve, uno murió y ahora ya son once.
—Qué lindo. — Digo con los ojos brillantes.
—Sí, es primera vez que veo que trae a alguien, me alegro. —Se levanta de hombros.
—Sí, somos compañeras de trabajo … — Asiente y me habla de algunos animales. Cosa que no ayuda a que llore menos por las tristes historias.
Luego de una hora viendo animales veo su cabellera de espaldas.
—Hola. — Llego de nuevo.
—Hol … ¿Qué te pasó? — Levanta una ceja.
— ¿Por qué? ¿Qué tengo? — La miro igual.
—Tienes los ojos rojos.
—Ah, es que hablaba con el señor que saludaste, se me olvidó el nombre y me contaba como obtuvieron los animales. — Se me nubla la vista con las lágrimas solo de acordarme.
Hace una mueca de burla. — Debí haberle advertido que traía a una llorica.
— ¡Deja de molestarme! —Por suerte no me ha visto desmayada. — Además, tú también tienes corazón. —Digo feliz.
— ¿Ah sí? — Me mira divertida.
—Ajá, ¿por qué no me dijiste que los pingüinos eran tuyos?
Sonríe encogiendo los hombros.
— No es necesario que diga eso.
—Sería bonito que dijeras lo bueno que tienes. — Digo mirándola a los ojos.
—Mis medidas son …
— ¡Sentimentales! — Grito antes de saber cosas que es mejor no saber.
— Igual quieres saberlas. — Se ríe orgullosa.
—No me interesa saber cuánto te miden tus … tus ya sabes. — Enrojezco más.
—No sé. ¿Cómo voy a saber si no me lo dices Noelle?
—Nada, me voy … — Ya sabía yo que no podemos estar un segundo en paz.
Me ataja del estómago.
—Noventa y dos centímetros. —Murmura en mi oído, enrojezco.
—Ah. — Susurro. — Mira tú.
—Tú tienes pinta de ¿Noventa y cinco?
—Cállate. — Digo colorada mirando alrededor. Acabo de notar que se está oscureciendo.
Me suelta, es curioso, pero aún siento su mano presionando mi estómago.
— ¿Tienes miedo? — Dice mientras caminamos.
—No. — Hay luces …
—Entonces podemos hacer el recorrido nocturno. — Sentencia. — Hay muchos animales nocturnos.
— ¿Es necesario? — Trago saliva.
—Empieza uno a las diez y otro a medianoche ¿Cuál prefieres? — Pregunta mientras nos sentamos en unas mesas fuera de un local de comida.
— ¡Pero ambos son muy tarde! — Me sorprendo. Sonríe.
—Son las nueve ya.
—Ah. — Miro a otro lado.
—Iré por algo para comer. — Antes de que hable pone la mano en el aire en señal de que me calle y frunzo el ceño mirándola.
—Ya sé. Pasto.
— ¡No solo comemos pasto! —Me enojo. Se ríe y se va agitando con gracia su cabello.
Me siento afuera, veo las luces. Solo espero que no me devoren los mosquitos, el tiempo pasó increíblemente rápido fue un día de muchas emociones … Pienso mirando mis pies un rato.
— ¿Qué piensas? — Aparece Christine dejando comida y bebidas sobre una mesita
—En este día ¿Qué es eso? —Veo un gran sándwich.
—Descuida, ese frito es de berenjena, señala el centro, no mataron animalitos para hacer la salsa … Y como sé que no me crees. — Me pasa una carta en donde sale.
— Gra … Gracias. — Digo un poco nerviosa. No sé cómo actuar cuando se pone simpática.
—De nada, tenemos una hora. — Dice más pendiente de su comida.
…
— ¿Qué veremos en el recorrido nocturno? — Digo comiendo ¡que rico está esto!
—Hmm principalmente felinos, aves, lémures, un oso hormiguero y tienen un par de koalas.
— ¡Qué lindo! — Sonrío.
—Es verdad, es emocionante porque hay un área donde estamos protegidos, otro al aire libre y otros encerrados con aves. Habrá un guía que nos hará una introducción de cada uno … Hace tiempo que no hago este recorrido.
—Ajá. — Digo interesada. — La verdad ha sido un buen viernes. — Reconozco.
—Lo sé, no hace falta que lo digas. —Me mira creída. Pongo los ojos en blanco.
Luego de comer nos ponemos de pie y vamos a la fila, hay más gente adulta, un par de preadolescentes, ancianos y algunos con cámaras como Christine. Me aprovecho de poner mi sweater blanco.
El tour lo dirigen dos personas un hombre y una mujer, ambos cuidarán de que no se queden personas atrás, además, nos ayudarán y vigilaran. No me extraña, hay gente que es un desmadre.
Entramos al área de carnívoros donde le di un pequeño espectáculo a Christine y los demás pegando un gritito. Maldito león, no tenía que rugir así.
—Sin llorar. — Murmura Christine cuando nos quedamos algo atrás en un área segura al aire libre, me imagino que es porque los animales de aquí no están interesados en devorarnos.
—Cierra el pico.
Veo un koala de lejos que alumbran con una linterna y suelto un ruidito de ternura. Luego de unos quince minutos mientras ambos tipos hablan y la gente se ríe, siento un movimiento tras mi espalda.
Quedo de piedra.
—Christine. — Digo con un hilo de voz.
Se gira levantando una ceja con la cámara encendida.
—Hay algo atrás. — Me asusto mientras echa una ojeada.
—No veo nada.
En eso siento un aire tibio.
Me apego a ella con los ojos abiertos y me toca la espalda.
—No tienes nada. — Susurra mirándome a los ojos mientras sube y baja las manos por mi zona lumbar.
La miro complicada ¡Yo sé que no estoy loca!
Prende su cámara con una mano y alumbra atrás, suelta una risotada.
—Es una cebra, esto es raro, nunca se acercan. Quizá le gustas. —Sonríe.
La gente nos mira atraída por la luz de la cámara de Christine y luego la cebra pasa a ser el centro de atención.
—Casi te desmayas. — Se ríe. — Eres demasiado asustadiza.
—Ya cállate. — Me río un poco avergonzada, coloco un mechón tras mi oreja mientras me observa burlona. Mierda aún siento su brazo, creo
…