Capítulo 23 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Especial
Reviso mi reloj las cinco y media de la tarde, Kate ha tenido que ordenar unos papeles y llevo esperándola media hora. Los niños debían de haber llegado hace dos horas al menos, ambos tienen la regla de que no deben tocar nada de la cocina mientras no llegamos; así que le dejamos colaciones, afortunadamente entienden la orden y no hemos tenido más percances que algunos vasos rotos.
Reviso mi celular la foto con ellos, un día particular en que recorrimos un cerro en familia y decidimos descansar en un riachuelo cercano. Sonrío recordando que a Kate se la comieron los mosquitos y que les enseñamos a nadar a ambos. Chloe aprendió de inmediato, insisto en que si le interesa algo es impresionante, el problema es el interés. Paso las fotos viendo pálido cuerpo de Alejandro colgado de un árbol. Los niños son tan felices si los sacas a pasear ...
O al menos los míos.
—Ya vamos. ¿Qué haces?
—Miro las fotos. — Susurro. — Avanzo una y sale Kate durmiendo, llena de picaduras y un hilo de baba recorriendo su mejilla. Me congelo mirando su ceño horriblemente fruncido detrás de mí, estos años esas expresiones han dejado una marca en su frente.
¡Borra eso!
—No. Te ves adorable. — Pego un salto del asiento, salgo y voy al ascensor. Me sigue y enfurruñada se sube al auto.
—Kate ...
...
—Kate ...
...
—No te enojes por eso. — La miro hastiada. — A mí me gusta.
¡¿Cómo te puede gustar eso?!
—Eres tan bella que así te ves más humana. — Sonrío.
—No te vas a salvar. — Finge enojo.
—No es como si se la mostrase a alguien.
—Bien ...
—Te amo. — Muevo las cejas.
...
—Y yo a ti. — Susurra.
Llegamos a casa y abro la puerta, una sombra se me abalanza. Una linda y cariñosa sombra café.
—¡Mi bebé! — La abrazo. Chloe tiene la costumbre de ser la primera en recibirme del trabajo, me suelta y sonríe traviesa. Mientras recibe un beso de Kate, yo camino al cuarto de estar donde Alejandro pinta unas siluetas. Me agacho detrás de él y beso su sien, sonríe y veo como pinta delicadamente respetando las líneas.
—Es un trabajo muy bonito. — Me sorprendo. Enserio que está muy pulcro para un niño de ocho años. Él pone expresión de orgullo. — ¿Es de la escuela?
—Sí, tenemos que llevarlo el viernes.
— ¿Pintabas con Chloe?
—Sí, ahí está el suyo. — Señala su cuaderno. Lo tomo mientras ella está en la cocina diciéndole mil palabras por minuto a Kate. Lo abro y sonrío al ver un trabajo completamente diferente.
—Ella no se dedicó mucho. — Dice él frunciendo el ceño.
—Claramente no. — Ahogo una risita al ver líneas hechas sin ganas.
—¡Mamá! —Se acerca y me mira con reprobación. — ¡Respeta mi privacidad!
— ¿Privacidad? —Levanto una ceja. — Tienes ocho años, tú no tienes privacidad.
—Claro que sí. — Arruga la nariz.
—¡Cómo te atreves! — Actúo con dramatismo.
— ¿Por qué? — Me mira con sus grandes ojos dorados.
—¡Le escondes cosas a tu madre! — Finjo que sufro.
—¡Mamá! — Me mira complicada. Hablarás como grande, pero sigues siendo una niña mi pequeña.
—...No. — Dejo salir apenas.
—¡Mamá! — Gimotea, sale corriendo a su habitación. Kate suelta una risita sacando unas cosas de la nevera.
En eso llega y me pasa más cuadernos.
—¡No llores! — Aprieta el mentón como siempre que se aguanta. La miro con ternura, es una buena niña.
— No lloro. — Sonrío. — Tengo a la mejor hija.
—¡Mamá! — Me mira emocionada. Me río.
—¡Ven aquí! — La atraigo de sorpresa y reparto besos por su rostro mientras se ríe con fuerza. En eso nos cansamos y nos miramos con la misma idea, tomamos a Alejandro y le hacemos lo mismo.
—¡Aghr! ¡No! — Reclama, sería más convincente si no se hubiese quedado recostado en mis piernas.
— ¿Cómo les fue hoy? — Le pregunto abrazándolo mientras Chloe se sienta a mi lado y se recarga en el sofá.
—Bien. — Sonríe. —Jugamos mucho en educación física, ni siquiera Chloe discutió con la maestra.
—Los quemados son divertidos. — Sonríe acariciando sus palmas con maldad.
—Y ganó. — Alejandro la mira como si no lo creyera. — ¡Era difícil acertarle! ¡su tamaño le ayudó!
—¡¿Cómo te atreves?! — Lo mira indignadita. — ¡Tengo un físico envidiable de mujer! Me río con Ale.
—Supongo que están listos para salir ... — Los miro, Alejandro está aún con uniforme y Chloe entre una mezcla de su falda y la parte de arriba del pijama.
Ellos corren emocionados de inmediato a su habitación dejando el cuarto de estar un caos de cuadernos.
— ¿Llevamos algo? — Me observa Kate mientras recojo los cuadernos.
—Pasemos al supermercado
—Me gusta tu trasero.
—No hablábamos de eso. — Jugueteo.
—No importa. — Eleva una de sus comisuras.
Me acerco lentamente y cuando llego se nos escapa la risita, le doy un besito.
—Te amo. — Déjenme, ningún te amo es suficiente.
La mirada de mi esposa se ablanda, creo que valora nuestros te amo tanto como yo, ninguno está dicho por costumbre o sin pensarlo, me nace decírselo y sé que ella lo sabe.
—Yo también te amo. — Me besa.
Sentimos unos pasos y miramos a Chloe lista sentarse en el sillón.
—¡Alee!
—¡Ya voy! — Lo vemos correr hacia su hermana, mientras estamos abrazadas. — Es que me abrochaba. — Mira sus zapatillas. — ¿Vamos?
Nos miran.
— Sí – Sonrío. — Pero primero a comprar. — Sus miradas brillan.
— ¿¡Nos compran algo!? — Saltan a unísono.
Allá veremos.
—¡Nos portaremos bien!
—Eso espero.
—¡Lo prometemos!
—Está bien ¡pero no hablen así! — Gimoteo.
—Oh … — Dicen apenados. Kate se ríe.
—Vamos al auto. — Abre la puerta saliendo primera, los veo correr detrás de ella. Cierro todo y me siento en el copiloto.
—El cinturón.
—Ah. — Digo sin interés, Kate me mira reprobatoriamente.
—Debes dar el ejemplo. — Sonríe Chloe burlona.
—Bien, bien. — Les doy en el gusto colocándomelo.
— ¿Ahora entiendes pequeño Alejandro? — Escucho atrás.
—Tú eres la pequeña aquí.
—¡No! ¡¿Cierto mamás?! — Se apoya entre los asientos. Un momento ...
—Chloe ponte el cinturón de seguridad. — Escucho a Kate.
—Pero no me puedo mover. — Arruga la nariz.
—Es por tu bien. — Digo mirando el paisaje.
— ¿Y si quiero hablar?
—¿Qué tiene que ver? — La miro.
—Necesito moverme ... para darle emoción.
—Le darás emoción después, póntelo.
—Está bieeeen. — Se queja.
Diez minutos después.
—Quédense los 3, será algo rápido. — Sale Kate del auto.
—Yo quier ... — Digo.
—Lo sé. — Me guiña el ojo.
—¡Yo! ¡Dulces! ¡Chocolates! ¡Galletas! — Salta Chloe del asiento. ¿Qué no se había puesto cinturón?
—Nooo, ¡patatas fritas! — Exclama Ale.
—Captado. — Sonríe Kate. — No se acostumbren. — Les advierte. Antes de irse nos miramos de soslayo, el otro día conversamos que era bastante obvio quien hacia comer a Kate arsenales de comida dulce mientras estaba en su vientre.
—Chloe ... — Me mira inocentemente, probablemente ya lo olvidó.
— ¿Qué? — Hace un puchero.
—Ponte el cinturón.
—¡Oh cierto! — Se lo coloca con dificultad. — ¡Ahí sí! ¿Contenta? —Me mira fastidiada.
—Hey. — Me quejo. — Es por tu bien, no queremos que ante cualquier accidente salgas volando.
Alejandro se ríe, Chloe lo mira horrible.
—¡Tú te mueres sin mí! — Se pone serio, pero no le dice nada. En su lugar observa dignamente por la ventana.
—Eso es un sí. — Lo intenta abrazar y el cinturón le imposibilita acercarse demasiado.
—¡Ves mamá! ¡El cinturón destruye familias! — Me río. — Ayúdame Ale.
Él la abraza y sonríen. Yo muero de amor, son tan distintos, pero son lindos, no pelean, bueno a veces sí, pero si sucede; no duran más de cinco minutos separados. Por lo general en ese sentido con Kate, no tenemos que hacer mucho.
—¡Ahí viene mamá! — Exclama Chloe del hombro de Ale.
—No grites. — Se queja.
—Uups lo siento. — Dice tocando rápidamente su cabello, ambos miran a la ventana y ponen cara de cachorritos. Kate entra con unas bolsas y le entrega a cada uno su golosina.
—¡Siii! — Celebran.
—Gracias mamá. — Dice Alejandro.
—Oh, es verdad, gracias mami. — Dice Chloe feliz.
—De nada. — Comienza a conducir mientras yo llevo en mis piernas nuestra cerveza consentida y cosas para comer.
[…]
En casa de Fer. Kate.
Estaciono y sale Ale emocionada a abrazar a Samantha. La rodea con sus brazos y bolsas y la eleva del suelo. Chloe gruñe.
—No seas posesiva. — Levanto una ceja por el espejo, apago todo y Alejandro abre la puerta.
—Bien. — Dice cortante y sale. — Hola tú. — Mira a Sam y corre donde Fer para abrazarla. — ¡Tía!
Apenas le llega un poco más arriba del ombligo.
Irónico, Ale y Fer son las mejores amigas del mundo y sus hijas no se soportan.
Alejandro por otro lado es simpático con todos, además adora a Sandra, creo que le gusta un poco o algo así.
Sam, es el tipo de niña que le gusta leer en su habitación, prefiere pensar antes de hablar y se limita a observar con sus grandes ojos azules que la hacen ver más taciturna de lo que es. No se da con la mayoría, adora a Alejandra. Conmigo se lleva bastante bien y con Alejandro se toleran. Pero Chloe ... la entiendo completamente, a veces me recuerda a cuando Gabi iba a joderme al dormitorio. La diferencia es que yo me críe con mi hermana y aprendimos a llevarnos y a aceptar nuestras diferencias, en cambio ellas solo se ven a veces, así que es lógico que se eviten.
Además, Chloe es algo más ... huraña, no tiene paciencia y a veces puede ser mandona.
Mis Ales entran con Sam y Fer, me imagino que Sandra debe estar en el patio trasero. Aprovecho de ir a saludar mientras los demás dejan las cosas en la cocina. Chloe me mira, al parecer prefiere quedarse conmigo.
— ¿Vamos a saludar a Sandra? — Tomo su mano.
—Está bien. — Sonríe, no puedo evitar mirarla un rato, es tan linda. Es mi hija que tanto sueño me sacó por ser enfermiza, y ahora; tan enérgica y llena de vida ...
Caminamos y sonreímos viendo a Sandra dando vuelta un trozo de carne.
— ¿Estás a cargo? — Ella se gira, sonríe.
—¡Kate!, ¡Chloe!, bienvenidas ¡Sí! Lo siento por no haber ido a saludar, pero no puedo dejar solo esto, además a Fer le queda seco. — Dice por lo bajo.
—Eso es mentira. — Escucho que se abre la puerta trasera.
—Y le hechas mucha cerveza. —Continúa.
—Con cerveza todo queda rico. — Asiente.
— ¿Enserio? — Pregunta Chloe curiosa.
—¡Si! — Asiente Fer — ¿Quieres? – Bromea.
—Está bien. — Levanta sus manitos.
—Fernanda, ¡tiene ocho años! — Se escandaliza Sandra. Fer se ríe con ganas.
—Era broma, eres una niña Chloe.
— ¿Qué beben las niñas? — Pregunta.
—Té y juguito.
—Yo quería una bebida. — Reclama.
— ¿De café? — Bromea Fer.
—Eres de las mías. — Asiente Chloe estirándose orgullosa entre Fer y Ale, no les llega ni a las axilas, pero actúa como si fuese adulta.
—Usted. — La corrige Sam
—Si, así tienes que tratarme. — Asiente.
—Eres menor por un año. — La mira con desaprobación. Fer y Ale se miran como ''ya van a empezar''
—Lo de afuera no es importante. — Recita Chloe con expresión sumamente convencida.
— ¿Y eso que tiene que ver?
Antes de que Chloe abra la boca le frunzo el ceño. Entiende de inmediato que es mejor que se tranquilice si no quiere problemas. Levanta los hombros y va donde Alejandro que observa los adornos de Fer.
Alejandra
Veo a Sam bastante contrariada, sólo se calla y se sienta disfrutando la tarde. Me enternece, ella sabe que la adoro, además que lea me parece encantador. Pero que se lleve mal con mi propia hija me apena, a pesar de que estamos disfrutando mucho esta junta no puedo evitar sentir esa pequeña molestia de que estas dos niñas que tanto amo no se lleven.
Dejo a las tres señoras conversando y me pongo a su lado en la banca. Observo a lo lejos a Alejandro riéndose y corriendo de Chloe mientras está lo sigue, ella está en desventaja, pero al final, él se deja atrapar.
— ¿Estás bien? — Pregunto, ella me mira y sonríe.
—Sí ...
—Disculpa a mi hija, no es una chica mala ... solo un poco inquieta.
Se queda en silencio
—Es tan extraña ...
— ¿Extraña?
—Es distinta a ustedes tres. — Me queda mirando.
—Es que ... — carraspeo. —Salió más parecida a su tía.
—Tía Gabriela es graciosa y simpática. — Agrega.
—Chloe también lo es.
Claramente no está de acuerdo conmigo.
—Podrías darle una oportunidad. — Sonrío. — Tiene otras virtudes.
— ¿Cómo cuáles?
—Es leal, valiente, sincera, si algo le interesa da lo mejor de sí. Además, es cariñosa y sensible.
— ¿Sensible? — Me mira sin poder creérselo
—Aunque no lo creas. — Suelto una risita.
—Tía Ale. — Susurra. — Debe molestarte mucho que discutamos. — Coloca un rostro culpable, paso un brazo por su hombro, ella me abraza.
—No digas eso. — La consuelo. — Son niñas, además es natural que todos tengamos nuestras diferencias.
—Ojalá ella fuese más como tú, podríamos ser amigas.
—De seguro algo de mí tiene. —Digo creída. La pequeña Sam se ríe, mis mellizos de acercan, Chloe me mira algo molesta antes de ir donde Kate.
—A comer. — Llega Fer con unos platos, me levanto para ayudar.
Más tarde.
Chloe.
Nuestras mamás están tan felices juntas que al parecer nos quedaremos a dormir aquí y eso si es que ellas duermen. Al final me toca dormir en la habitación de Samantha junto con Ale en un colchón al lado de la cama de la pesada, creo que es algo mojigata. ¡No es mi culpa que peleemos! Si ella me discute todo lo que digo y me miran feo. Por suerte tengo a mi hermano o estaría muy aburrida aquí, con él puedo sentirme en mi hogar donde sea, además, no me dice nada. Me acepta completamente y yo a él.
Lo veo recostado en el colchón y me tiro encima.
— ¿Ya tienes sueño? — Le pregunto abrazándolo.
—Un poco. — Me mira. — Para que te pregunto a ti.
—Estoy que ardo.
— ¿Y eso?
—Palabras de la tía Gabi.
—Te pareces a ella. — Me dice por enésima vez.
—Eso dice la abuela. — Comento girando de su espalda al lado de la cama. — Yo creo que es la mejor.
—Es cool. — Dice Ale. Nos reímos.
—A veces pienso que incomodo a las mamás. — Susurro con pesar. — Mamá Ale se fue a abrazar a Sam. — Cosa que me hace sentir algo de enojo. — ¡Me ignoró toda la tarde!
—Pero es que a ella no la ve mucho. — Ale se rasca la nariz. — A mí no me incomodas y estoy seguro de que a mamá tampoco, ya sabemos cómo eres.
—Hm. — Me recuesto, él me tapa.
—Pero podrías soportarla un poco. — Me molesta. — Solo es una tarde.
—¡No puedo evitarlo! — Reclamo. — ¡Lo hace a propósito!
—Es que eres una niña pesada. — Bromea.
—No soy una niña ¡voy para la preadolescencia! — ¡Respeto! Ale se ríe y un destello travieso sale de sus ojos, ya va a joderme.
—Pequeña y pesada. — Asiente.
—¡Oye! — Reclamo. — Cállate. —En eso canturrea algo de niñita y me río tratando de empujarlo, entre nuestra habitual lucha desordenamos la cama que mamá y tía Fer nos armó. Mientras Ale chocó con la mesita de noche yo rodé del colchón al suelo. Entre risas adoloridas, se nos pasó el sueño.
— ¿Qué hacen? — Llega Sam con pijama.
—Emm ¿Jugar? — Comienza Alejandro.
—Eso ya lo sé, pero botaste mis cosas. — Lo reprende. No puedo evitar la molestia que crece en mi interior, es mi hermano. ¡Nadie que no sea mis mamás o yo lo reta!
—¡No lo retes! — Me pongo de pie enojada. Cosa que no vale mucho porque Samantha es más alta que yo ¡Carajos!
—No lo reté. — Me dice recogiendo sus cosas.
—Ahora llora porque se cayó un libro. —Ironizo. Me mira amenazante.
—No estoy llorando.
Me vale, le he discutido a gente más grande que ella.
—Amargada. —Repongo. — Nerd.
—Retrasada. — Me mira horrible. — Desesperante. Arrugo más el ceño.
—Chloe. —Murmura Ale para que me calme.
La empujo, Sam aprieta los labios y me empuja desgraciadamente más fuerte, tanto así que me bota al suelo. Me levanto con el orgullo algo roto y la empujo con todas mis fuerzas, no la boto, pero la hago enojar y se me abalanza; caímos al suelo haciendo una especie de lucha. Me defiendo con lo que puedo, hasta que cuando al parecer voy perdiendo siento los pasos de Ale al rescate.
Pero una fuerza mucho mayor separa a Sam de mí y aprovecho de encestarle un golpe cerca del estómago.
¡Ya basta! — Me separa mamá con los ojos centelleantes de ira. Pone a Sam cerca de la cama y se dicen algo; luego se gira, me ve y arruga el ceño, trago saliva.
¡No fue mi culpa! — Grito.
¡Si lo fue! — Exclama Sam enojada.
¡No lo fue! — Responde Alejandro.
¡Tú no te metas!
¡TÚ no te metas con él! — Avanzo de nuevo enojada.
—Chloe ya basta, nos vamos. — Dice mamá mirándome algo decepcionada, eso no ayuda a que mi genio mejore.
—¡Pero escucha! Nosotros sólo estábamos jugando ... — Comienzo a decir rápidamente.
—¡Silencio! Si no son capaces de comportarse como personas civilizadas se quedan en la casa. — Miro sus irritados ojos cafés y comprendo que no importa lo que diga, no me está escuchando.
Nunca escucha nada de lo que digo.
Kate.
Veo a Ale salir enojada seguida por una ceñuda Chloe y Alejandro en pijama. Habla con Fer.
—Pero ¿qué ... — Comienza Sandra.
—Apuesto a que se pelearon. —Bostezo. Miro la hora, las dos a.m. Supongo que hasta aquí llegamos. De todos modos, estuvo bueno.
—Bueno, la maternidad nos llama. — Se estira Sandra. Fernanda sale del baño algo perdida, luego ve la cara de Ale y resopla.
—¡Ayayai! la juventud.
—¡Pero! ... — Comienza Chloe. Se calla de inmediato ante la mirada de Ale, frunzo el ceño, es difícil que Ale se enoje así, normalmente soy yo la que los reprende más.
Nos miramos con Sandra, ya comprendemos la situación así que damos por finalizada la noche. Afortunadamente, no íbamos a estar mucho más despiertas.
Subimos al auto, Chloe trata de decir algo y Alejandra la calla con un atropellado ''en la casa''. Ella se sienta con el ceño fruncido y Alejandro pasa su brazo por el hombro, ella se deja confortar.
Al entrar Ale nos abre la puerta, la miro dudosa.
—Lo de siempre. — Dice cansada.
—Ah.
—Entramos al cuarto de estar y ambos mellizos se sientan, esto de todos modos no es nuevo así que se saben el protocolo. Me siento en un sofá individual, al parecer Ale ya tomo el control de la situación.
—¡Por qué siempre terminamos así! — Salta. Pongo una palma en mi frente escuchando agotada.
—¡Te dijimos que te comportaras! ¡y mira cómo te atrapo! ¡Como un animal!
—¡Ella empezó a molestar! — Se enoja Chloe, mira a Ale con los ojos centelleantes. — ¡Nosotros solo estábamos jugando ...
—¡Silencio! — Dice Ale enojadísima. — ¡Te conozco Chloe!
—¡Lo que pasa es que tú no confías en mí!
—¡Confié en ti! ¡prometiste que te comportarías y te pones a pelear! ¡Estoy muy decepcionada! Ah ya veo.
—¡Ella no empezó ...! — Alejandro la mira con el ceño fruncido.
—Tu cállate. — Se enoja. — ¡Pensé que serías más inteligente y en lugar de parar la pelea te les ibas a unir!
—¡Le estaba pegando! —Le grita enojado. Esto es nuevo, Ale nunca sube la voz, ya es muy raro que se enoje. Pero ahora lo veo en el sofá de pie frente a Chloe, mirando a su madre indignado. Alejandra pierde la paciencia.
—¡No me levantes la voz! ¡Estás castigado! ¡Ambos! — Ale arruga el ceño y apretando la mandíbula se va a su habitación lloroso.
Chloe lo mira entrar y le da una mirada a Ale de puro enojo.
—Te odio. — Susurra aguantando las lágrimas. El ceño fruncido de Ale se relaja, en su lugar la reemplaza una expresión sorprendida y angustiada.
—¡A tu cuarto! — Intervengo al ver la cara de Ale. Chloe la mira un poco arrepentida.
—Pero ... —Le da una miradita y gimotea.
—¡Ve! — Exclamo enojada. — Mañana hablaremos de tu castigo. — Controlo la voz. — A dormir.
Sus pequeños labios forman una línea recta y se va detrás de su hermano.
—Ale ...
Levanta una mano y se va rápidamente al dormitorio. La sigo, no voy a permitir que se amargue por algo así.
—¡Es una niña Ale! — Le digo cuando cerramos la puerta. – No lo quiso decir enserio.
—Pero lo dijo. — Susurra, veo sus ojos llorosos y noto cuanto le afectó. — Al final me terminaron odiando igual. — Me mira y hace que despierten recuerdos en mí de hace unos años, cuando Ale a lo que más temía era que nuestr
…