Capítulo 20 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity

La propuesta

Siento un mareo y una nube pasa por mis ojos. Me sobo los párpados.

—Creo que fui algo efusiva … — Dice Kate tomándome del codo y sentándome del sofá.

—Algo. — Ironizo. Mi corazón late a mil por segundo.

—Las mejores decisiones salen así.

—Me extraña que tú digas eso. — La miro y noto sus ojos brillantes.

—Cuando te besé por segunda vez lo hice a instinto.

— ¿Y valió la pena? —Bromeo.

—Cada mordisco. — Me guiña el ojo.

—Jajaja ¡Oh! ¡Mira la hora! debo ir a comprar cigarros …

—No trates de arrancar. — Pone una mano en mi muslo. — Y tú no fumas.

—Pero podría intentarlo … — Puaj.

—No me cambies el tema. — En eso coloca una cara triste. — Creí que también querías Ale …

Estúpida y lastimera Kate.

—Sí … — ¡Dios mío un bebé y el matrimonio al mismo tiempo! Y ya compré el anillo ¡No puedo posponerlo! Inclusive estoy en trámites de vender mi antiguo departamento. Carajos se supone que lo dejaríamos si aceptaba para diez meses más. Pero en diez meses, si todo sale bien ¡estaría prácticamente dando a luz! ¡Pasaré la luna de miel cambiando pañales! ¡Y diablos! ¡Ya estamos planeando todo a escondidas de Kate!

Mi vista vuelve a nublarse.

—Ale ¿Qué ocurre?

—Fue … un poco precipitado. —Piensa Ale ¡Piensa!

—Te ves ahogada. — Me mira como si le hubiese negado algo importante, me siento horrible, tomo su mano.

—Si tú quieres que sea ahora … será ahora. — ¡¿Qué dijiste Alejandra?!

—Pero ¿y tú?

—Nada me haría más feliz. — ¡Stop!

La sonrisa de Kate hace que se me pase absolutamente todo.

Se adelanta la boda. Caso cerrado.

— ¿Sabes? investigué un poco … —Así que no era la única haciendo cosas a espaldas de mi novia — Y no es tan caro.

—Si claro, más que nuestro sueldo …

—Tenemos ahorrado Ale déjame terminar. — Me pellizca.

— ¡Aush! ¡Maltrato a la mujer!

—Cállate. — Se ríe. — En fin, probemos la más común, es más barata. Quizá tengo la fertilidad de mi madre.

—Que es bastante. — Bromeo, me da un codazo.

—Cómo sea, te digo ahora, porque después de los treinta y cinco, será menos probable. — Su rostro se apena. — Y ya tengo treinta y tres.

—Oh mi amor, no te preocupes. — La abrazo. — Será un bebé hermoso.

— ¿Tú crees?

—Por supuesto. — La beso. — Sobre todo si se parece a ti.

— ¿Me estás coqueteando? — Me mira coqueta.

—Siempre. — Sonrío. — Prométeme una cosa.

— ¿Qué cosa?

—Si es mujer, que no se llame Gabriela. — Kate no puede contener un par de carcajadas.

—Más que prometido.

En el transcurso de la semana, había pensado sinceramente que acostarían a Kate y depositarían en ella espermatozoides del donante. Pero no. Antes de eso, es sometida a muchos exámenes, preguntas, incluyendo hepatitis, VIH y otras. Debo admitir que me asusta un poco tanta preparación, pero la Doctora encargada nos dijo que estábamos justo con la edad, que era un buen momento y varias cosas, mientras pongo cara de idiota sin entender bien el asunto de semanas, meses. Y aún no han hecho nada en Kate más que exámenes. Caros exámenes … pero como es mi amor y la vida de mi hijo o hija, pues desembucha Ale.

A pesar de que discutimos un poco, quiero pagar yo.

— ¿Y qué era lo que teníamos que hacer el lunes? — Le pregunto mientras nos acariciamos recostadas.

—Estimular ovulación. —Lee unos papeles.

—Carajos … — Dejo salir.

—Sé que han sido reiteradas visitas, pero piensa que es por seguridad.

—Claro que sí. — La beso.

—Me preocupa el donante. — Dice mirándome. Elegimos que sea todo anónimo, tampoco buscar un tipo, únicamente usaríamos lo que tienen en la clínica, que según nos han dicho, pasa por rigurosas pruebas.

—No creo que sea un asesino en serie, tranquila.

—No lo digo por eso. — Se ríe. — Espero que no sea feo.

—Kate. — Me espanto. — ¡Pero qué superficial!

—Oh, vamos. — Me mira juguetona. — ¿Quién quiere niños feos?

Nos reímos, mi amor es tan cruel, suspiro.

—Solo estás conmigo por mi cuerpo escultural y este rostro tallado por ángeles— Me señalo.

—Claro. — Dice quedamente haciéndome bullying.

—Oh, reconócelo enana. — Le hago cosquillas. Kate se ríe.

—Bueno, bueno, espera. — La suelto e inhala para calmarse. — En realidad. — Dice mientras le beso la mejilla atenta a sus palabras. — Consultaré si tienen a alguien parecido a ti.

—Recién dijiste que no quieres niños feos. — Bromeo.

—Por favor, eres hermosa. — Se gira y me acerca de la mejilla. — Y si se termina pareciendo a ti en la forma de ser, me haría muy feliz.

—Estoy de acuerdo, imagínate dos Kate. — Kate me mira indignada y comienza a hacerme cosquillas.

Esta vez me contorsiono como loca, soy mucho más cosquillosa.

— ¿Y qué nombre te gusta? — La miro.

—Hmm, quisiera seguir con la tradición familiar de nombres heredados. Claro si estás de acuerdo.

— ¿Heredados? ¿Cómo Chris y Gabi?

—El mío también lo es. — Sonríe. — La melliza de papá se llama Kate.

— ¿Tú papá tiene melliza? ¿La del campo? ¡Pero si no se parecen!

—Los mellizos no tienen que parecerse siempre.

—Oh … cierto.

—Sí y nuestro abuelo se llama Leonardo.

—Miren al idiota. — Bromeo recordando a Leo. — ¿Y cómo le pondrás si es un niño?

—Alejandro.

La quedo mirando, me ruborizo.

—Que honor.

—No llores.

—No lloro. — Gimoteo.

—Eres su madre ¿Qué esperabas?

—Tú papá se infartará. —Agrego un poco sensible.

— Que se joda. — Se ríe.

— ¿Y si es una niña?

—Tengo muchas ideas.

—El mundo no necesita más Gabrielas.

—Exacto. — Nos reímos y nos hacemos cariño mientras el sueño nos lleva. Dentro de poco, tendremos que ir dos días seguidos a la consulta, espero que todo salga bien, tengo un poco de miedo. Lo único que pido es que no ocurra algún percance.

Christine.

Despierto en mi cama, mi cabeza me duele un infierno, mi estómago sigue ardiendo y mi boca es una fosa de cadáveres. ¿Cómo rayos llegué aquí?

Me quedo tirada esperando a la muerte, la realidad me golpea y mis lágrimas vuelven a salir.

En eso la puerta se abre y mamá comienza a abrir las cortinas.

— ¡¿Te hice algo en otra vida mujer?! — Grito enojada.

—Vaya, así que tienes energía para gritar. Espero que también para ordenar.

— ¿Ordenar? — Que se cree.

— Exacto, dejaste un desastre en la oficina de tu padre.

— No me acuerdo. — Pongo una mano en mi frente. Mamá se acerca con un vaso y una pastilla. Lo bebo con desconfianza pensando en que mi estómago me lo devolverá.

—Tiraste libros, sillas, muebles, licores, la ventana …

—Joder …

—Eso supongo, ya que cuando llegamos estabas en la silla con la mejilla en la mesa y unas botellas vacías. — Me mira exigiendo una explicación.

—Si no me acuerdo nunca pasó. — Me tapo.

—Christine madura ¿Qué te ocurre? Siempre has sido difícil, pero estás saliéndote de control, desapareciste luego del brindis para beber. — Su voz se endurece, miro al vacío sin decir nada. —Bebiste toda la tarde, llegaste pasada a licor ¡¿Qué te tiene tan mal?! — Se escandaliza.

—Nada.

— ¿Ni siquiera tu madre es digna de confianza?

—Ya no te pongas así. — Odio cuando dice esas cosas.

—Vamos Chris …

—No me digas así. — Comienzo a llorar.

Mamá se calla al instante, se acuesta a mi lado y me abraza, debe de sorprenderle en primer lugar que llore. Nunca lo hice, mi orgullo tapaba todas esas debilidades. Pero ahora, se supone que me queda muy poco para dejar de fingir que me agrada Enrique y justo Noelle se entera. ¿Cómo diablos puedo tener tanta mala suerte con la persona que más me ha importado en mi vida? Aprieto los dientes, mamá me aprieta y la dejo. Me siento tan débil y sé que no soy digna de que alguien me consuele, pero carajos, no es como si tuviese tan malas intenciones. Quizá ahora Noelle renuncie y yo me quede con el estúpido hospital. Pero para eso, tendré que seguir con esto y no me va a resultar si ella está ahí … mirándome con esos ojitos tan hermosos. ¡Maldita sea! Cierro mis manos tirándome el cabello.

— ¡Christine! — Mamá me toma los antebrazos. — ¡Cálmate!

—No sé qué hacer. — Suspiro sincerándome con los ojos cerrados.

—Lo dices como si no tuvieras salvación.

—No la tengo … me odia. —Mamá me mira impresionada.

— ¿Quién te odia? — Susurra.

—Noelle … — Digo con la voz cargada de dolor. Su imagen viene a mi mente. — Yo … estoy enamorada de ella.

[…]

Dos días después.

Alejandra.

—Solo esperemos que no te llegue tu periodo. — Digo emocionada. — ¿Te dolió? — No recuerdo haberle visto hacer una mueca durante el proceso de inseminación.

—No, nada. — Entramos al ascensor. — Espero que resulte. — Se acaricia los dedos, nerviosa.

—Todo saldrá bien amor. — Suspiro. —Por suerte pudimos encontrar en la tarde.

—Cierto. — Me concede ella. — Quiero que esto sea privado.

—Lo será el tiempo que desees. — Sonrío. ¡Jamás faltaría a su confianza!

¡Sí! ¡estoy emocionada!

—Te ves muy feliz. — Kate me observa con los ojos brillantes.

—Como no estarlo. —La abrazo mientras entramos, una vecina nos mira impresionada, me río por dentro. — Nuestra pequeña familia crecerá.

—Ya seremos tres. —Mira al horizonte como si tuviese una visión. —Probablemente sea un niño … ya sabes. Ni mi tía, ni mi tío, tuvieron hijas. Papá tuvo suerte. — Bromea.

— ¡Y qué suerte! — ¡Nació mi amor! — Nunca se sabe … — comento. Kate se ríe.

—No olvidaré tu cara, debiste verla.

La miro hastiada, se refiere a que cuando llegamos al primer día de inseminación, Kate consulto si había un hombre de cabello castaño algo ondulado, me señaló y la doctora en la más extrema confidencia nos dijo ''tengo al candidato perfecto'' y sacó la foto de un tipo con cara de que no rompe un plato. Kate de inmediato no encontró nada mejor que decir '' ¡Tiene la misma cara de idiota que tú!''

—Aún estoy sentida. — Gruño. — Que vergüenza. — Lo peor es que la doctora se rio.

—Con idiota me refería a que tienes cara de no romper un plato.

La miro con el ceño fruncido.

—Si los rompes y mucho. —Encoge los hombros. — Pero si no te viera botarlos no te culparía ¿Entiendes?

—Ja ja.

—No hagas maña por eso.

Me voy digna a dormir, Kate me sujeta por las caderas. Sonrío levemente … ¡Hazte la victima Ale!

— ¿Perdón? ¿Quieres algo de esta cara de idiota?

—Alejandra … me refería a la expresión de niña buena.

—No.

— ¿Me das un besito?

Mierda, artillería pesada.

—Hmm … — Le doy un beso rápido y me giro.

—Esto no tiene nada que ver con nuestra discusión. —Aclaro.

Kate recuesta su mejilla en mi espalda.

Ay, me derrite.

—Te amo. — Pero ¡¿Cómo es capaz de algo así?!

—Oooh. — Dejo salir. — Yo más. — Me giro y la abrazo.

Soy débil.

[...]

Christine.

— ¿Cómo? ¿Eso quiere decir que eres lesbiana? — Mi madre me mira desconcertada. — Siempre pensé que eso … únicamente fue una etapa.

— ¿Nunca te preguntaste por qué no duré con ninguno? — Digo apenas. — Como sea, esto es lo que hay. Si quizá lo soy … y una muy sexy. — Me permito subirme el ánimo, el cual vuelve a decaer.

Qué importa que sea sexy si no puedo estar con quien quiero. Al final le cuento una pincelada a mi madre de lo que ocurrió.

Para mi sorpresa mamá me acaricia.

—Deberás tenerle paciencia a tu padre.

— ¿Y a ti? — Pregunto viendo sus azules ojos.

—Soy esposa y madre de un par de impulsivos que no piensan, tengo práctica.

A pesar de todo se me escapa una risita ahogada.

— ¿Qué piensas hacer? No te imagino haciendo nada. — Hace una mueca.

—Gracias.

—Creo que deberías empezar por ir a trabajar y demostrarle que estás arrepentida.

—No quiere ni verme.

—Si le gustas es difícil que por más que no quiera, esté atenta.

—Puede ser …

—Piénsalo. — Mamá me toma la nariz en broma y ruedo los ojos, sonrío suavemente y apaga la luz.

Se acuesta a mi lado.

— ¿Y tú no tienes cama? — Me quejo.

—Tengo que mantenerte alejada de mis licores. —Dice suavemente.

[...]

Noelle.

Bien, admito que pensé en renunciar, Angie me retó porque dijo que no eligiera el camino de los perdedores, que yo no había hecho nada malo y que el trabajo no puede mezclarse con lo sentimental. He venido varios días temiendo ver a Christine y mi sorpresa es que no había venido.

Hasta ayer.

En ese momento nada más verla, sentí un vacío profundo en mi pecho, ella me miró y antes de que abriera la boca, me giré hacia otro lado. Hemos estado así unos días, lo bueno es que me ha respetado y es una suerte porque necesito tiempo.

Mucho tiempo.

[...]

Una semana después.

Camino por el barrio de Angie sin que esta sepa ni lo más mínimo. Paso por su casa algo rápido, Juan es capaz de sentirme a una cuadra, pero creo que mi amada mejor amiga está trabajando.

Hoy debe ser mi día de suerte, porque encuentro a mi objetivo cerrando el portón de su jardín.

—Tú. — Gruño.

Ingrid me mira perpleja y trata de entrar a su casa, tomo rápidamente su muñeca. Seré un amor y todo, pero cuando se trata de amistad la situación cambia.

—Sale ahora mismo, tenemos que hablar.

…

Me mira fijamente.

—Mira pequeña cobarde. — Aprieto su muñeca. — Tu vida no es mi problema, si quieres vivir en el closet allá tú. — Noto como su mandíbula se tensa. — Pero le has hecho mierda la vida a quién decías que era tu amiga.

— ¿Y qué rayos quieres que haga? — Me mira impotente.

— ¿Quieres a Angie?

Me mira fijo, asiente.

—Ella ama a otra y esa es Caro. — Sus ojos se humedecen nada más decir el nombre de Caro.

—Ingrid lo siento. — Me sincero. — Pero Angie siempre ha estado para ti y no es justo todo lo que le ha pasado.

Me sigue mirando.

—Creo que como amiga deberías ayudarle y decir la verdad.

—Me matará … — Me mira

—Te mereces una buena bofetada. — Hago una mueca. —No te voy a obligar ni te llevaré del pelo. — A pesar de que me gustaría … —Pero no sé cómo puedes vivir contigo misma después de lo que le hiciste a Angie. Ella te adoraba.

—Basta. — Se suelta y la noto algo tiritona.

Entra a su casa y la miro pensativa. Es todo lo que puedo hacer, si no va en dos días la obligaré a confesar, aunque tenga que recurrir a la fuerza.

[...]

En ese mismo instante.

Angie

—Son un par de tardes. — Digo atareada bebiendo un sorbo. — Noelle es guapa.

—No te lo voy a negar. — Me mira juguetona. — Pero resulta que estoy conociendo a alguien.

— ¿Es tu novia?

—No.

—Es dentro de un hospital donde actuarás, no te descubrirá. Por otro lado, Noelle no se enamorará de ti. — Sonrío.

—Eso es lo que tú crees. — Me dice egocéntrica.

—No jodas rompecorazones. — Nos reímos.

— ¿Y yo qué gano? — Frunzo el ceño.

—Creí que éramos amigas.

—Eres la novia de una de mis mejores amigas. — Me mira Elisa. — Y debo decir que aún pongo en duda tu fidelidad. — Se acomoda un mechón crecido detrás de la oreja.

— ¡Cierra el pico! — La miro dolida. — Piensa que es para ayudar a una buena persona. Noelle no ha hecho nada a nadie.

—Solo porque me agrada. — Me mira seria. —Y porque tiene un bonito trasero.

Gruño.

No me gusta que la miren como un pedazo de carne, pero en esta ocasión servirá.

[…]

Noelle.

Me despierto sintiéndome particularmente sensible, ''será un día de mierda'' me repito a mí misma, es mejor mentalizarse antes que sufrir sorpresivamente y colapsar en un pasillo. Christine me ha dejado tranquila … dentro de mí, hay una parte que desearía que me rapte como antes. Otra, la quiere lejos; y otra, que conforma la mayor parte de mí, está demasiado triste como para pensar con claridad.

A la hora del almuerzo salgo mirando las baldosas, exhalo aire. Alguien me abraza y acaricia mi cabello, pienso que es Gabi, (aunque reconozco que el corazón me dio un vuelvo pensando en que era … otra persona) me recuesto en su cuello y hago una mueca, siento un aroma algo cítrico. Espera, Gabi usa perfumes dulces. Abro un ojo y veo la consulta de Gabi cerrada, por el vidrio se distinguen un par de siluetas... ¿Eh?

Me separo y miro a Elisa sonriendo.

—Te tardaste. — Hace una mueca ¿coqueta?

— ¡¿Qué rayos quieres?! — Me sorprendo.

—Invitarte a comer. — Me mira inocente. — ¿Somos amigas no?

— Cla … claro.

Veinte minutos después.

— ¿¡Qué!? — Grito llamando la atención de un par de personas en las mesas más cercanas. — ¡Voy a matar a Angie!

—Nunca dije que fue ella. — Me mira seria, la miro con una ceja alzada. — Bueno está bien, si fue. —Reconoce. — ¡Pero está preocupada por ti!

—Esta no es la manera. — Me siento. Si no estuviese tan jodidamente hambrienta no me comería estas patatas fritas. Pero joder ¡las amo! —No me digas que te ofreciste. — La miro con hastío.

—Noelle. — Me mira con sus ojos profundos. — Me pareces guapa. — Me ruborizo a regañadientes. — Tienes un buen cuerpo … — Miro mi plato roja. — Pero no eres mi tipo.

—Gracias. — Sonrío. — Tú tampoco el mío, pero tu aspecto despreocupado es atrayente.

— ¿Ves? Podemos ser novias falsas. — Encoge los hombros comiendo. — Angie me dijo que será en dos ocasiones. Nos daremos besitos. — Bromea tirando uno al aire coquetamente.

—No sé … — Que raro besar a Elisa. Sobre todo, cuando la has visto besando a tantas mujeres.

—Déjamelo a mí. Te iré a dejar a las puertas del hospital y luego te vendré a buscar

— ¿Y tú no tienes vida? — La miro indignada por el tono controlador que usó. — Además, no sé si aceptar.

—La mejor forma de darle su merecido a alguien es parecer feliz. —Sonríe. — … Y si tengo, pero hoy no trabajo. El viernes menos, así que saldremos.

—Hmm … —Pienso en sus palabras, me da pena que Chris nos vea así … siento una punzada de dolor a la que se antepone una de rabia. — Ok, hagámoslo. — Digo apenas pensándolo.

—Así se habla. ¿Tú casa o la mía? — Bromea.

—Ja ja. Imbécil.

—Oye, así no se trata a la novia. — Me mira. — Pasiva.

— ¡No sé de qué estás hablando! — Me pongo de pie aun cuando ella no ha terminado y me voy al hospital.

—Oh, vamos, tengo experiencia, reconozco a una de inmediato. — Bromea corriendo detrás.

Antes de abrir la puerta del hospital ocurre algo que me deja un poco descolocada. Elisa me agarra de la cintura, choco con su hombro y antes de abrir los ojos une su boca con la mía. Los mantengo cerrados y los muevo al compás de los de ella. Debo reconocer, que no sabe nada de mal, es una maldita experta.

Sería bonito si no sintiera el corazón como si en este momento, estuviera siendo apretado por un fuerte puño. Sorpresivamente me suelta y sonríe.

—Eres tierna besando, me gusta. — Se acerca. — Ahora disfruta. — Susurra yéndose.

Miro al frente sin entender y noto a Gabi y Christine mirándome estupefactas.

Cinco horas después.

— ¿En qué rayos estabas pensando!? — Me mira Gabi.

— ¿Estás enojada? — Pregunto triste

—No, esa idiota necesita sufrir más. — Agita la mano despreocupada. — ¡Lo que me impresiona es que tuvieras los ovarios para hacer algo!

—Fue idea de Angie. — Susurro.

—Miren a la grandulona. — Aprueba sonriente. — ¿Viste el rostro de Christine? — Me mira. — Pensé que lloraría, pero no … impasible. Le aplaudo lo digna. — Encoge los hombros.

Siento un peso horrible.

—Esto no me está gustando … — Unas lágrimas escapan de mis ojos.

—Oh, vamos Noelle … — Gabi me mira. — Se lo merece y según me dijiste, solo serán un par de veces.

—Me hace daño verla mal, estar mal … todo esto. — Cierro los ojos y me acaricio el puente de la nariz.

—Precisamente todo este mal es a causa de ella. — Dice con suavidad. — ¿Y con Elisa eh? — Bromea.

—No jodas. — Se ríe de mi rostro irritado.

—Ay sé que no es tu tipo … — Me mira. — ¿Muy simpática?

— ¡Jódete!

[...]

Alejandra.

A la hora de salir del trabajo tomo mis cosas rápido y me pongo de pie.

—Oye gobernada tranquila. — Bromea Nicole.

— ¡No me digas así! — Me indigno.

—Pero es que siempre que Kate tiene libre, llegas a trabajar con la intención de largarte luego.

¡Es que joder! ¡Hoy Kate se hace una prueba de embarazo! Pero no puedo decir eso …

—Es que … la amo. — Digo bajito.

Nicole sonríe con ternura.

—Ya vete.

Conduzco a mi hogar. Trago saliva, creo que estoy muy ansiosa de que me diga que si … pero si no … tendremos que volver a invertir, Kate hizo todo al pie de la letra. ¡Carajo

…