Capítulo 7 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Sin mirar atrás
Charlotte
Gabi me acompaña, se sorprende al ver mi casa, bueno es grande, algo que a mamá le encanta presumir.
Abro la puerta, por suerte tengo mi propio par de llaves. Veo a mi mamá y papá que me miran como si fuese un fantasma. Gabi me aprieta la mano, y mi madre endurece la mirada al bajar la vista y ver nuestras manos entrelazadas.
— ¡Charlotte! — Trago saliva al escuchar mi nombre. Veo de reojo a Gabi mirándonos a ambas pensativa, creo que está más preocupada de ver nuestro parecido que por la situación, no sé por qué, pero su actitud me relaja.
—Vengo y me voy. — Digo mirándola a los ojos.
— ¿¡Qué!? No. ¡Tú te quedas y terminas con esto!
—Oiga, soy un ser humano. — Bromea Gabi ¡¿Cómo puede bromear en un momento así?! Papá frunce el ceño, nadie se molesta mucho en responderle a mamá enojada, mucho menos bromear.
— ¡No te estoy hablando a ti! ¡Largo!
—Yo no me voy sin Charlotte señora, y hablando de eso … — Me mira. — Amor ve a buscar tus cosas, tengo que hablar con tu madre.
—No tenemos nada que hablar. — Hasta yo diría que estoy de acuerdo ¡Mala mezcla! ¡¡Mala mezcla!!
—Ve. — La miro dudosa y ella asiente, ¿¡Cómo puede estar tan tranquila!? Asiento y me voy veloz, no voy a dejar que se terminen tirando cosas, tomo mi maleta y meto todo que tengo rápida y desordenadamente.
—Escucho unos gritos de mi madre, pero luego nada más. ¿Acaso están hablando? ¡Eso es imposible! Ni siquiera Gabi hace milagros. Quizá papá se metió, nah no lo creo.
Mi puerta se abre, conozco esos pasos, así que sigo con lo mío.
— ¿Vas a irte para siempre? — Me pregunta mi hermana con la mirada triste.
Me detengo sólo para echarle una mirada.
—Es esto o vivir subyugada a las reglas de mi madre y yo no quiero eso. ¿Lo entiendes verdad?
—Un poco. — Se sienta y veo sus ojos, ella tiene los ojos de mamá. Pero más cálidos.
—Puedes visitarnos cuando quieras. — Le digo.
—Mamá no me dejará.
—No tienes que decirle.
— ¿Cómo cuando llegabas tarde por tareas? — Muy lista, asiento metiendo un par de zapatos.
—Ya sabía yo, ¿Cómo es ella?
— ¿Recuerdas cuando mamá nos decía que debíamos ser recatadas, silenciosas y obedientes? — Asiente. — Es justo lo contrario.
Sonríe a regañadientes.
—No es una mala persona Karen. — Sonrió cerrando la maleta. La miro. — Ven aquí.
Corre a mis brazos y la aprieto, no somos las hermanas más cariñosas del mundo. Pero aun así no quiero perderla.
—Te espero. — Le digo. — Ya tienes mi número. — Digo fuera de la habitación.
Bajo y escucho a Gabi interrumpiendo a mamá. Karen la mira de las escaleras con curiosidad.
—No me importa, esas son estupideces. Ella me ama y yo la amo y eso es todo. — Entonces pone esa pose característica de ego, con actitud de ganadora y apunta a mamá. Oh no por favor …
— ¡No me arrepiento de nada vieja! — Los labios de Karen y papá de aflojan, mi hermana deja salir una risita escondida al comienzo de la escalera y papá aprieta los labios y mira a otro lado aguantándose. Me imagino que si se ríe le puede decir adiós a su matrimonio.
— ¡¿Cómo me dijiste?!— Aush, le dio a mamá donde más le duele. Bajo lo más rápido que puedo.
—No dijo nada. — Tapo la boca de Gabi antes de que la abra de nuevo, me mira frunciendo el ceño enojada. — Nos vamos. — Trago saliva un poco ida. —Adiós.
Abro la puerta y afuera me golpea la realidad de que no volveré. Me quedo un poco pegada, Gabi avanza y me mira, me imagino que ya sabe lo que siento. Estira su mano y sonrío tomando la suya.
—Es difícil verdad. — Le doy la razón conteniendo las lágrimas. En eso me abraza y me desahogo en ella. Me abraza en silencio.
— ¿Estás bien? — Me pregunta luego de unos minutos.
—Sí, lo siento, mal lugar.
—Nah, se joden. — Dice besándome la mejilla. Luego suelto una carcajada llorosa.
—Como le dices eso a mi mamá. — Le reclamo riendo.
—Lo siento, no me aguanté. — Se ríe bajito.
Gabi se separa, me seco las lágrimas y llama a un taxi.
Angie
—Caro … — comienzo. — ¿Estás segura?
— ¿Con quién crees que estás hablando mujer? — Me mira amenazante.
—Sólo me aseguraba. — Exhalo aire mirando la sala de musculación del gimnasio. Carraspeo y Caro me mira dudosa. — Entonces... ¿Cuál es tu objetivo?
—Que ninguna perra te coquetee. — Dice asintiendo.
—Me refiero para tu cuerpo. — Rodeo los ojos.
—Eeeeeh … — me mira dudosa. — Apretar. — Pone pose sexy.
—Hmmm ya. ¿Por qué no empiezas en la bicicleta unos minutos para calentar?
—Está bien. — Dice con una sonrisa hermosa, sonrió mirándola hasta que va a lo suyo.
Veo al grupito de tres que se acerca.
— ¿Cómo están? — Saludo.
—Adoloridas. — Dicen las tres. Me río.
—Bueno, ahora trabajaremos brazos. Las acompaño a las máquinas para ello.
— ¿Cómo le ha ido entrenadora? — Pregunta la rubia, sonrío algo complicada, es decir, la chica es coqueta y me da igual. Pero... Caro me matará si soy muy amable.
—Excelente gracias ¿y a ti?
—No me quejo. — Sonríe sacando unas mancuernas.
—Recuerda calentar primero.
—Oh no, no hace falta. —Bromea.
—Ah. — Digo sonriendo un poco cortada.
Me giro y veo a Caro muriendo en la bicicleta, se le acerca una chica que lleva más tiempo acá, un poco más baja que yo. Mi sonrisa se apaga al instante y me acerco.
— … Es que has estado haciéndolo como mucho peso. — Dice mirando por delante del rostro de Caro la bicicleta, me sorprendo. La perra tiene agallas para acercársele.
—Oh, ni se cómo funcionan. — Se excusa mi novia respirando agotada.
—Mira, que tal ahí. — Le cambia el peso.
— ¡Excelente! — Sonríe pedaleando con más vida. — ¡Gracias! — Dice feliz. Parece que tuviera juguete nuevo.
—No hay de qué. — Sonríe, y se va más al fondo.
—Te vi. — La miro con reproche.
— ¿De qué? — Me dice con las mejillas rojas por el esfuerzo. Por dios, se ve linda así.
—Qué linda te ves— digo ruborizada a mi pesar.
—Lo siento entrenadora. — Me mira con una ceja alzada. — ¿Podría ser más profesional? No vengo aquí a coquetear, tengo novia. — Y me ignora.
—Ya vas a ver. — Me río. — Y hablando de coquetear, no seas tan linda. Atraes perras. — Le susurro.
—No es mi culpa. — Se queja, saca una liga y se sujeta el cabello. Quedo pegada.
— ¿Qué ves? — Dice pedaleando.
—Tu belleza. — Digo enamorada.
—Buen intento. — Bromea. — Más rato. — Mueve las cejas y sigue en lo suyo mientras sigo trabajando.
Más tarde.
—Entonces. —Dijo en la habitación de mi casa besándole el cuello antes de dormirnos. Caro no responde.
— ¿Estás bien? — La miro asustada.
…
La muevo un poco.
— ¡Maldita sea Angie! — Llora. — Me duele hasta respirar.
Me da un ataque de risa.
—No te rías grandulona. —Dice enojada con los ojos cerrados.
—Oye, pesada. — Digo dándole besitos poniéndome al lado, debe estar muriendo con tanto ácido láctico acumulado. En eso estira la boquita y me mira a los ojos, mientras nos damos pequeños besitos.
— ¿Cuándo va a acabar este sufrimiento? — Pregunta convaleciente luego de unos minutos luego de que apagamos la luz.
—Si mañana vas, se te quitará bastante del dolor. — Susurro.
—Si me muevo más moriré. — cierra los ojos.
— Tú quisiste.
— Odio a esa rubia. — Dice frunciendo el ceño.
—Ni que fuera a engañarte con cualquier mujer que me mueva el trasero.
— ¡Acaso hay una! — Me dice amenazante.
—Sí. Aunque no es exactamente una mujer …
Caro me mira y escuchamos un ronroneo. Levanto las frazadas y Antonieta está pegada a mi estómago y pecho.
—No queríamos decirte … — Bromeo.
—Estúpida. — Se ríe. — Gata puta.
—Te amo. — Digo acercándome y dándole un último besito antes de apagar la lámpara y tatar de dormir sin aplastar a la gata de mi novia. En eso llega Juan celoso y se acuesta al rincón.
Duermo como una tabla para no aplastar a ninguno.
Alejandra.
—Hay cosas que no se quitan. — Ironiza Kate mirando la TV cómodamente en el sofá.
— ¡Cállate! — Lloro recogiendo pedazos de vidrio. Maldita sea se me resbalo un vaso.
— ¿Cuántos vasos llevas? — Bromea Kate.
—Da igual, compré seis más. — Porque se iban a acabar...
—Ah, cierto. — Suelta una risita.
—Una vez leí que la inseguridad y la falta de autoestima te hacen más torpe. — Dice pensativa bebiendo té.
—Bueno te conquisté a ti. — Digo creída. — Aunque quizá sea un poco insegura ¡Aush! — Exclamo, un vidrio me cortó el dedito gordo del pie. — Maldita sea.
—Se veía venir. — Kate niega con la cabeza mientras me siento y aprieto el dedo. — Te lo advertí.
—Ay sí, siempre tienes la razón. —Digo pesada.
—Sí. — Sentencia.
Voy al baño me desinfecto y me digno a usar pantuflas.
—Cómo sea, ya terminé. — Digo feliz lavándome las manos. Me siento al lado y miro fijo a Kate maravillada.
— ¿Qué? — Se queja luego de un par de minutos, veo sus mejillas sonrojadas.
—Que linda eres, ¿Por qué te empecé a gustar?
—Únicamente por tu belleza exterior. — Bromea.
— ¡Cruel!
—La pregunta sería porque no me gustarías. — Dice sin mirarme.
—Porque soy torpe. — Miro mi dedo adolorido con pesar.
—Lo material es recuperable.
— ¿Y si se me cae la tv?
—No toques la televisión. —Me advierte. — De todos modos las expresiones que pones de tristeza cuando se te cae algo es gracioso.
— ¡Hmp! — Me enojo. — Me iré a dormir. — Exclamo bajo la mirada de burla de Kate.
Me recuesto y oigo que Kate apaga todo. Se acerca y me pincha la cintura con los dedos y me contorsiono riendo, hasta que considera que he convulsionado bastante, me suelta y se pone sobre mí; la observo... pareciera que me estudia la cara con esos ojos tan bonitos que tiene. Elevo la cabeza y le doy un besito y luego otro y otro hasta que baja conmigo al colchón y nos besamos.
—Me gusta lo tierna, sincera, preocupada, considerada y amable que eres. — Dice cuando nos separamos.
— ¿Enserio? — Enrojezco.
—Y lo hermosa se agradece. — Mueve las cejas.
—No conseguirás nada. — Bromeo algo roja.
— ¡Ay! CaSí.
—Oye. — Se ríe, me sigue besando y apaga la luz.
— ¿Te dio sueño? — Pregunto.
—No, quítate la ropa. — Nos sonreímos en la penumbra.
Noelle.
Me voy a mi turno y veo a Gabi más sonriente que de costumbre.
— ¿Qué ocurrió? — Le pregunto moviendo las cejas, de todos modos, ambas tenemos un poco de tiempo libre ahora.
—Mi amor se vino a vivir definitivamente conmigo, debiste verla. — Dice con los ojos brillantes.
— ¿La acompañaste?
—Sí. — Dice feliz.
— ¿Te fue bien? — Pregunto curiosa, sé que la familia de Charlotte es algo complicada.
—Claro que no, su padre habla poco y si madre es muy mandona y preocupada del ''que dirán''
—Que mal. — Susurro.
—Sí, ¡pero mi amor tomo sus cosas y no miró atrás! — Mira al horizonte con los ojos empañados.
—Es que te ama. — Digo con los ojos empañados también. Soy una persona algo emocional y empática, me imagine la situación, que debe estar sintiendo cada una y lo feliz que está mi amiga.
—Sí y yo la amo tanto. — Dice feliz.
—Espero que su familia no la moleste.
—No me dieron esa sensación, al menos su padre no. Su madre puede seguir dos caminos, negar a su hija o tratar de al menos, dejar que sea feliz. A lo más visitándola de vez en cuando.
—Tú eres la psicóloga. —La abrazo.
—Exacto. — Se ríe. — Pero es más fácil con el resto que con una misma. — Se escucha un ruido.
—Ya es la hora, vete de mi consulta. — Bromeo a Gabi.
—Uy ya— Gimotea y se va.
Llega un paciente algo tímido.
—Hola …
—Hola —Sonrío, que raro ni siquiera lo eh llamado. — Hmm iba a llamar de inmediato. — Veo la lista. — ¿Eres Rodrigo?
— ¡Oh no! — Dice rascándose la nuca complicado. — Me mandaron de la consulta de arriba, que tenía que venir de inmediato porque lo necesitaba urgentemente.
— ¿Quién? — Lo miro bastante perdida, yo no veo que presente algún tipo de discapacidad ni por asomo. Algo tímido, pero eso es algo normal de ver en algunas personas.
—Doctora, huuum algo de Edwards. — ¿Y esa perra por qué lo habrá enviado acá si no lo necesita?
— ¿Y por qué fue a atenderse?
—Es que me duele la espalda y la cabeza, siento puntadas horribles sólo de vez en cuando. Me cuesta explicarlo. — Dice mirando sus pies. —Creo que la hice enojar.
Esa mierda de mujer prácticamente se está burlando de un paciente. Aprieto la mandíbula enojada.
— ¿Está todo bien? — Me mira preocupado.
Que sea tan cortés solo aumenta mi molestia. Me obligo a sonreír. — Espera un poco.
— Está bien.
Salgo de mi lugar y toco al frente y sale un doc. amigo de la perra, el tipo no es pesado, pero me imagino que deberá lamerle el trasero si quiere mantener su trabajo.
—Mira, necesito que atiendas a un paciente sin ningún tipo de discapacidad al menos evidenciada por mí, enviado por la perra de tu amiga por capricho personal. — Me mira un poco avergonzado.
—Bien tráelo.
—Gracias. — Sonrío cortante.
—Pase al frente. — apunto la puerta. — Ahí lo atenderá un doctor de verdad.
—Gracias. — Dice poniéndose de pie y saludando al tipo algo desgarbado.
Subo al sexto.
—Christine Edwards. — Pregunto en informaciones.
—506 — dice un tipo con menos ánimo que Angie cuando le hablo de películas románticas.
Toco la puerta. Me controlo y me sale un poco fuerte, todos me quedan mirando ¡Pero carajos que estoy enojada!
— ¡Que no sabe tocar una puerta! — Escucho de adentro.
—No perra no sé. — Digo entrando y cerrándola fuerte. Me mira como si estuviese loca. — ¡¡¡ ¿Se puede saber para qué mierda me envías un paciente que no necesita ningún tipo de rehabilitación?!!! — La miro con los ojos chispeantes.
En eso me mira y se empieza a reír.
—Fue una bromita de la mañana, el idiota tartamudeaba mucho.
A la mierda mi trabajo, nadie le da el derecho de tratar a alguien así. Le estampo una bofetada que le deja la cara mirando a un lado.
— ¡Aaaah! — Se queja acariciándosela. — ¡¡¿Quién mierda te crees que eres?!!— Se para rápidamente llena de soberbia. —Mugrosa.
Le estampo otra.
—¡¡Alguien lo suficientemente mugrosa para enseñarte modales!!— Grito enojada. Me mira acariciándose la mejilla. — No me importa si te limpias el culo con billetes, pero a mí no me vienes a ningunear ¡¡¿Quedó claro?!!
Dirige sus ojos verdes cargados de odio a mí, respira con rabia, no me devuelve el golpe, camino hacia la puerta, sería mucho pedir que me pida al menos unas disculpas así que no las espero. Cierro como si adentro hubiese ido a saludar a una amiga, aunque la gente me mira perpleja, unos cuantos del personal se encuentran en sus respectivas puertas con la boca abierta.
Ay cierto que grité.
Me dirijo a mi piso como si hubiese salido de un spa, me sirvió para aliviar tensiones. Sé que me echarán, pero como dice Gabi '' ¡No me arrepiento de nada vieja!'' Así que durante el día hago mi trabajo, después de todo mi vocación es reinsertar a la gente que lo necesita a la sociedad. Antes de ir a almorzar tomó mis cosas, no es que tenga mucho, saco una foto bastante antigua, en la que sale mi madre cuando aún estaba viva y mi padre, el también murió, pero yo era más adulta. Los observo mientras unas lágrimas se me escapan a mi pesar.
Aunque sé que no me dirían que debí controlarme si supieran la situación. Ellos me enseñaron a respetar a la gente, esa otra puta no cuenta.
También tomo una flor que me regalo Angie, la veo como una suerte de hermana mayor a pesar de ser hija única. Debí haberle dicho que le pegara a esa zorra, aunque de seguro la mata. Me río sola.
—Me llegó la noticia. — Entra rápido Gabi y se sienta en mi mesón. — ¡¡Cuéntame todo!! ¡¿Es verdad que le pegaste?!— Me mira fascinada.
—Sí— Digo un poco avergonzada, se siente raro, perdí mi trabajo y no es correcto golpear, pero me siento bien. Como si hiciera algo que tenía que hacer.
— ¡Cool! — Se ríe. — Ok, estoy siendo una mala amiga. — Me mira incómoda. — Te echaran...
—Ya veré que hago.
—Si puedo ayudarte en algo tu sólo dime. — Dice mirándome fijo. — Y vamos a almorzar, eres la nueva empleada del mes. —Esconde una sonrisa que no tarda en aparecer.
— ¡Estúpida estás disfrutando todo esto! — Me río. —Me da un poco de vergüenza. — Digo con sinceridad.
—Vergüenza hay que tener para robar. — Dice feliz. —Y estás conmigo.
—Oh, que miedo, no llevas ni tres meses aquí. — La miro con superioridad. — Recién egresada
—Pero soy linda y querible. — Pestañea coqueta.
—Sí... es verdad.
Voy un poco encorvada y me sorprenden unos cuantos golpecitos en la espalda de gente que sólo conocía de vista. Gabi va sonriente... puta. Llegan unas amigas y quieren escuchar mi historia, la cuento algo cortada. Ahora que lo pienso, parecía un perro con rabia.
—Merecido. — Dice una. — Aunque prepárate...
—No puedo creerlo ¡Doble bofetón! — Exclama Gabi feliz.
—Aún no te han despedido, así que sólo ven. — Se encoge de hombros una amiga.
—Es verdad. — Dice una tipa y se acerca más. — Christine puede ser una perra, pero quien debe echarte es su padre y él es bastante amable, bruja de hija que le salió, a menos que ella le mienta.
—Eso hará. — Dice otra.
—Como sea, sólo ven.
—Sí, eso haré … — ''No me queda otra mientras busco trabajo'' Pienso complicada.
Llego a mi apartamento y me recuesto en el sofá, busco empleos y me pongo a pensar en la perra esa, ¿Qué mierda tendrá en la cabeza para ser así? creerse superior, quizá fue muy princesita de papi, pero no creo, yo también fui muy querida. ¿Habrá nacido mala? Me río, me la imagino poniéndose en la mejilla un pedazo de carne congelada, suelto un par de carcajadas.
Sigo la semana completa como si nada, el viernes estuvo tranquilo, lunes y miércoles igual sin novedades ¡Hasta me asusta! Me atrevería a decir que el 95% de las personas que se han ido ha sido por su culpa ¿Por qué no me echa? O me humilla como lo haría, después de todo, le pegué, y se nota que se preocupa por su aspecto físico.
No es que esté pidiendo que me despidan, me gusta tener a mis amigas acá ¿Pero acaso no es raro?
Llego el jueves a mi sala, entro donde me corresponde y tengo una visita inesperadamente esperada.
— ¿Qué haces aquí? — La veo sentada en mi silla muy cómodamente como si estuviese en su casa. Me quedo de pie al lado del mesón, me mira fijo y sin rastro de emoción alguna.
—No tienes a tu suerte. — Dice. Aprieto los labios y me mira se pies a cabeza.
— ¿Qué haces aquí? — Pregunto de nuevo sin apartar la vista.
—Nada en especial, vengo a que me des las gracias por no perder tu trabajo.
—Mátate. — Digo sin más. — Si vuelves a faltarme el respeto te pegaré hasta que te salga un ''por favor'' y ''gracias''.
Se pone de pie y me intimida con la vista, ¡¿tenía que andar con tacones?! Estaré con zapatillas y le llegaré al cuello en este momento, pero no pienso perder la dignidad, estoy enojada... le mantengo la mirada.
— ¿Cómo está tu mejilla? — Suelto malvada. Mi parte racional me reprende.
—Bien. — Dice yendo a la puerta. — Te estaré vigilando. — La puerta se cierra tras su espalda.
…
—Al menos tienes salud. — Bromea Gabi comiendo.
—Al menos no te echó. — Dice mi colega de profesión.
—Al menos no te devolvió el golpe. — Dice una enfermera.
—Malditas positivas. — Me quejo.
Charlotte.
Aún estoy sorprendida, mis ojos incrédulos ven el celular y a la vez no. Escucho la puerta abrirse y sonrío de inmediato mirando a Gabi venir hacia mí, ni siquiera se detiene y salta abrazándome sobre la cama. Comienza a darme besitos hasta que me giro y quedo sobre ella.
—Gobiernate. — Bromeo dándole otro besito.
—Es que, no hay nada más difícil que vivir sin ti.
—Pero si vivimos juntas. — Le recuerdo acariciando su cintura.
—Sí, pero, ya sabes el trabajo …
— ¿Así me extrañas más?
—Estoy acostumbrada a eso. — Gimotea. — Te noté algo pegada cuando llegué, ¿está todo bien?
—Creo, mira. — Le muestro en la pantalla el mensaje de mi papá.
— ¡Wooow! —Sonríe impresionada. — ¡El viejo se iluminó!
—Algo así. — Me levanto de hombros, no era el mensaje de amor que se espera, pero al menos pagará lo que queda de mi educación, estoy muy agradecida por ello y lógicamente ya se lo hice saber.
—Tranq
…