Capítulo 19 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Semana de locos
Kate.
En el baño
—Hmm. — Dice Ale sonrojada mirando cómo me recuesto en la bañera.
—El espectáculo no es gratis. — Bromeo. — Desvístete.
—Pero no mires.
—Ale ... — Me mira desabrochándose la blusa. — Te conozco entera.
—Sí... — Se la saca.
—Tienes una mirada muy fuerte ¿Te lo han dicho? — Me observa nerviosa quitándose los jeans.
—Sí... tú. — Sonrío cómoda. — Unas cuantas veces.
—Es que no tienes cara de bañarte acompañada —Dice quitándose todo, estiro los brazos y se sienta con cuidado quedando adelante mío.
La abrazo y reparto besos por su mejilla.
—Pero es que es contigo. — Susurro en su oreja
—Mi Kate. — Susurra. Se gira y me besa, Ale me hace sentir tan bien, no es que no pueda hacer nada sin ella ... pero no valdría la pena hacerlo si no está conmigo, la amo.
La aprieto más y nos quedamos abrazadas por un buen rato, la verdad no me importa.
—El agua se está enfriando. — Suspira Ale.
—Se nota. — Le toco los senos.
— ¡Oye pervertida! — Me río
—Por cierto, Ale. En unas semanas nos vamos a la playa ...
—Sí... — Me mira de reojo.
—Mi bikini está viejo ...
— ¿Quieres que vayamos?
—Ajá, y también llevemos algunas cosas. Ya sabes... para comer.
—Está bien. — Bosteza.
— ¿Estás muy agotada?
—Sí. — Dice moviendo su cabeza hacia atrás. — Pero estoy preocupada por Angie. Cuando está triste, o deja de ser funcional o es muy funcional.
— ¿A qué te refieres?
—A que, o será una masa sin vida en su sofá, o estará todo el día en el trabajo.
Alejandra
Luego de casi quedarme en el departamento con Kate decidí que no puedo faltar a mi palabra, además, mi amor necesita descansar y ocupar toda la cama. Sonrío sola mientras conduzco. Me estaciono fuera de la casa de Angie y entro, la muy idiota no cerró el portón, Juan me recibe saltando, le acaricio la cabeza como puedo, está muy loco. Entra a la casa y toco la puerta.
—Pase. — Escucho sin ganas.
— ¿Y si soy un ladrón?
—Juan lo sabría.
—Ah. — Mierda, cierto.
Entro y veo a Angie en el sillón con los ojos cansados frente a una botella de algo. La miro levantando una ceja.
—No estoy ebria si esa es tu pregunta, fue ayer. — Se queda en el sillón y me siento al lado.
—Angie ...
— ¿Cómo está? — Me mira triste.
—Mal.
—Sí, soy una mierda.
—Pero si tú no tuviste la culpa.
—Pero aun así ... debí haber terminado con esto hace tiempo. — Supongo que habla de su amiga. —Lo dejé estar y me afectó cuando menos tenía que hacerlo.
—Angélica no es tu culpa. — Elevo la voz. —La idiota esa debería estar agradecida de que no seas una perra rencorosa.
—Estoy jodida Ale, no sé qué hacer... — Sus ojos brillan. —Si Caro quisiera volver, la confianza no será la misma. Quizá debería continuar sin ella. — Resopla. Toma la botella, se la quito y la dejo al lado mío.
—Perra. — Bromea.
—Estás enamorada de ella no seas imbécil, ella es una buena chica, algo celosa, pero hay cosas peores ... creo. —Le doy un codazo, sonríe. —Recupérala vieja ... — Me mira. —Ese es el mensaje de Gabi.
—No sé como ...
— ¿Vamos a cantarle una serenata? — Sonrío.
— ¿Te imaginas? — Suelta una carcajada.
—Nos tirará agua caliente. — Nos reímos.
—Ya, pero enserio Angie, llevan días sin hablarse, búscala, ella tiene la última palabra.
—Si me dice que no quiere volver me muero. — Se abraza las rodillas.
—Si no que se joda, se va a arrepentir si lo hace, eso te lo prometo. — Digo enojada. — Por mientras sigue con tu vida y deja el alcohol.
—Fue un momento de debilidad …
— ¿Has ido a trabajar?
—No...
—Mueve el trasero y sigue con tu vida Angie.
— ¿Tú qué harías sin Kate? —Me mira desafiante. Siento mi estómago y mi pecho contorsionarse.
—Me tiro de un puente... ¡Pero esto es sobre ti!
—Ajá. — Me mira como si ganara la discusión.
—A lo que voy es que una mujer inocente no tiene por qué sufrir, no te tortures. — Acaricio su cabello.
—Pero Ale. — Dice triste con su mejilla en las rodillas, se ve hasta infantil. Eso hace que me dé un poco de rabia, sé que Caro debe estar triste, pero me molesta que esto le pase a mi amiga, ella no tiene la culpa y carajos, ¡al diablo Caro! ¡debió haber como mínimo sospechado que había algo extraño!
Nos quedamos conversando, trato de subirle el ánimo, Angie sonríe, pero seamos sinceras, sé que si yo estuviese en su lugar sería pura actuación.
Con el estómago revuelto y unas ganas locas de patear algo llego al apartamento, Kate está sentada en la cama supongo que conversando. No tengo a Caro como contacto y ahora quizá no me acepte. Así que le estiro la mano.
—No hagas estupideces. — Me mira.
—Solo una. — Le ruego con la mirada. — Por favor, Kate.
Sus labios se adelgazan y me entrega el celular. Escribo como loca, aprieto enviar y se lo devuelvo.
''Caro deja de ser tan imbécil y habla con Angie, tú no estás segura de que te engañó, no te hagas. Así que mueve ese culo antes de que la pierdas ¡O le presentaré una amiga!''
— … ¿O le presentaré una amiga? —Me mira Kate, niega con la cabeza. — Te odiará.
—Es para que se apure, además, Angie es bien popular. — Me enojo.
—Cierra el pico y acuéstate.
— ¿Estás enojada?
—No debiste decirle eso.
—No me importa. — Arrugo la nariz quitándome el pantalón. — Y por retarme no me pondré pijama. — Me acuesto.
—Ale yo sé que te molesta, pero es mejor dejarlas solas.
—No quiero. — Digo dándole la espalda. — No es justo lo que le está pasando a Angie, si me pasara a mí me muero. —Reclamo enfurruñada.
Kate se apoya sobre mi hombro, me gira y la miro con el ceño fruncido. Coloca la mitad superior de su cuerpo sobre mí.
—Ale …
—No. — Hago un puchero.
—No llores.
—No lloro. —Gimoteo.
— …
— ¡Es que no es justo! —Reclamo, seguro que Angie ahora está sola, llorando por Caro, me da tanta rabia. Kate me acaricia la mejilla, en eso reprime una sonrisa.
—Si te pasara a ti, mato a Nicole.
— ¿Qué te hace pensar que Nicole me besaría a la fuerza?
—Eres muy inocente.
—Tú, eres muy … ¡muy tú! — En eso me aprieta una mejilla.
—¡Aush! ¡Aush! ¡Aush! — Me quejo.
—No me discutas Alejandra. — Me suelta la mejilla un poco enrojecida.
—Ah. — Me quejo, tomo ambos lados de su cintura y antes de su cara se torne sorprendida nos giro quedando yo sobre ella. — Y tú no me des órdenes. — Me inclino, le doy un besito, al separarnos me impresiona que Kate me responda con el carácter que tiene, pensé que reclamaría; me inclino de nuevo y nos besamos largo rato.
[...]
Christine
—Está bien. — Digo atareada.
— ¿Pero de verdad quieres? — Pregunta Enrique.
Putos conciertos de música clásica. Mi madre me obligaba a ir y ahora este tipo.
—Por supuesto. — Digo con toda la emoción que me caracteriza.
—Excelente, te veo el viernes a las siete de la tarde. — Corta mientras abro un poco más los ojos de lo debido.
Me mato el día con Noelle.
El viernes a las cinco estoy recostada en mi mesón, exhalo un poco, me siento estresada. Ni siquiera tengo ánimo de salir de aquí, generalmente lo hacía para molestar a Noelle, pero hoy no podremos salir, ni besuquearnos, ni podré ver su rostro mientras hago que se ponga nerviosa.
Tocan la puerta, la ignoro. La tocan de nuevo
— ¿Seh?
—Soy yo. — Escucho la voz de Noelle.
—Adelante. — Levanto un poco la cabeza.
Ella entra y me mira.
—Te ves pésimo.
—Gracias. — Estúpida Noelle, yo siempre me veo perfecta.
— ¿Estás muy estresada?
—Un poco. Siéntate en la camilla. — Le ordeno.
— ¿Q- Qué? — Frunce el ceño con duda.
—Siéntate en la camilla. — Me pongo de pie.
—Pero si no me duele nada. — Se sienta y me mira expectante mientras me acomodo el estetoscopio.
—Nunca se sabe. — Repongo con maldad.
…
—Tienes los latidos de una joven de dieciséis. — Me sorprendo.
—Que esperabas. — Dice orgullosa.
Esperaba desnudarte … me acerco y oigo sus latidos acelerándose, la miro cómplice y se ruboriza.
—No te creas … — Masculla.
—El cuerpo no miente. —Susurro con mi boca a un palmo de su cuello, le beso suavemente la zona y me abraza.
Al separarnos nos miramos a los ojos. La miro hasta que siento una sensación de culpa en el estómago, trago saliva. Esto es para mejor …
— ¿Está todo bien?
— ¿Por qué lo preguntas?
—Te ves como si algo te molestara.
¿En qué momento empezó a leerme así?
—No es nada importante. — Me mira preocupada. — Confía en mí.
—Es raro que tu ex enemiga te diga eso. — Bromea
—Pero ahora no somos eso. — Digo coqueta depositando un suave beso en su boca.
— ¿Y qué somos?
Siento un escalofrío en mi espalda, no debí decir eso. No ahora.
—Supongo que amigas. — Digo estúpidamente. Los ojos de Noelle se oscurecen.
—Si …
El ambiente se vuelve incómodo, tocan mi puerta y me separo aun mirándola.
—Pase. — Digo fuerte.
Entra Enrique con rostro sonriente. Genial ¿Podría ponerse peor?
Ajeno a toda nuestra incomodidad camina hacia mí y me besa la mejilla. Luego saluda a Noelle.
—Espero no interrumpir su junta de amigas.
—Eh … no. — Escucho.
—Hum, iré con Enrique a un concierto. —Noelle me mira sorprendida, sabe que odio eso.
—Sí. — Dice él emocionado. —Llegaremos tarde.
—Eh, Sí. Vamos. — Miro a Noelle. — Nos vemos...
—Nos vemos. — Dice con el rostro lleno de dudas.
Angie.
— ¡Vamos! ¡Vamos! — Animo a Alisa, la única de sus amigas que siguió viniendo.
—Uff. — Dice dejando la barra. — ¡Por fin!
—Es el doble de lo que levantabas cuando llegaste. — Digo orgullosa.
—Tú levantas mucho más. — Gimotea.
—Pero yo soy cool.
—Y te has estado quedando muchas horas. — Mi sonrisa se congela.
—Sí … me gusta mi trabajo.
— ¿Está todo bien?
—Eh, sí … —Me sonríe no muy convencida. — De todos modos, descansa esos músculos. — Me golpetea el hombro.
—Sí … claro.
He estado viniendo todos los días, voy a casa a alimentar a mi bebé y en la noche llego a jugar con él, pero es que si me quedo sentada siento que se me saldrán las lágrimas.
— ¿Quieres salir a comer hoy?
—Yo … — No estoy muy segura.
—Tranquila, sé que tienes novia. — Sonríe, me da una punzada en el pecho. — ¿O no?
— …
—Ya me quedó claro. — Me mira y me da unos golpecitos. — Todo estará bien …
—No lo creo. — Mis ojos se vuelven brillantes.
—Te hará bien distraerte, prometo no violarte. — Me río.
—Está bien.
—A las ocho. — Bromea guiñándome un ojo.
—Sí … — Coloco más discos en la barra y ejercito un rato.
Me baño, me coloco ropa de recambio y espero a Alisa. Carajos me duelen los músculos, me he estado pasando con esto; pero han pasado días y no sé nada de ella. No sé qué hacer, no me responde el celular y siento que si voy a verla será peor. Al final le he hecho caso a Kate y le di su espacio … pero esto me está amargando más y más.
— ¿Lista? —Pego un salto
—Hey, hey, grandulona. —Se ríe. — Es difícil pensar que le tengas miedo a algo.
— ¿Ah sí? La verdad es que tengo varios miedos.
— ¿Cómo cuáles? — Me mira interesada y sorprendida.
—Hmmm las arañas, las aves … los payasos. — Ella se ríe.
—Te imagino corriendo de un payaso. — Sonrío e inevitablemente me acuerdo de que Caro se encargaba de las arañas que entraban a la casa.
Niego con la cabeza
— ¿Y qué haces por la vida? —Pregunto.
—Soy profesora de historia. — Sonríe.
—Vaya, no lo hubiese imaginado.
— ¿Por qué?
—Tienes cara de matemática o algo así. — Se ríe y seguimos conversando, comemos y descubro que en realidad es una buena chica, es coquetona de personalidad, pero cumplió su palabra. Eso es importante para mí.
[…]
Christine.
— ¿Y cómo lo pasaste? — Escucho. Sonrío tan falsamente como se puede.
—Excelente. — Al menos descubrí que puedo evitar dormirme.
—Magnífico. — Asiente. —Me lo he pasado muy bien contigo.
—Sí, yo también.
—No sé por qué dejamos de vernos …
Aish, aquí viene
—Deberíamos vernos más seguido.
—Recuerda que trabajo. — Acoto rápido. Una vez a la semana, no me pidas más esperpento.
—Sí … — Llegamos a mi edificio. — Aquí nos despedimos. — Sonríe.
En eso se inclina y me besa, se lo devuelvo algo insegura y le sonrío incomoda al finalizar. Él sonríe tipo príncipe azul y se dirige a su auto.
Bostezo, que cansada estoy, llego, me lavo los dientes (con énfasis) y caigo dormida apenas toco la cama.
[...]
Angie
Una semana sin saber de ella, una maldita semana … esto es difícil de admitir, pero si yo estuviera un su lugar, igual la hubiera visitado. No es como que puedas odiar a alguien que amas, así como así... y eso me pone de un humor horrible.
Por lo menos, tengo buenas instancias para distraerme, estuve una tarde con Ale, otra con Alisa, que por cierto es muy graciosa. Otras con Noelle, con mi mejor amiga es con quien puedo sacar a flor de piel toda mi pena, aunque ella también estaba algo rara, pensativa más bien. Juro que, si esa maldita ricachona la hace sufrir, conocerá mi furia, aprovechando de que necesito descargarme.
Desayuno temprano, tratando de no recordar el rostro adormilado de Caro, forzándome a no mirar la silla de al lado. Un movimiento me sorprende y miro sorprendida la silla solo para reírme de ver a Juan mirándome, nunca hace eso. Observo sus bigotitos raros, me imagino que los heredó alguna raza de su larga mezcolanza.
—Te dije que la única regla es que en la mesa no. — Hace un ruidito de molestia.
—No seas mañoso. — Y ahí es cuando los perros usan ese maldito poder para que te den lástima, veo sus ojos tristones.
— ¿No creo que extrañes a la gata verdad? — Me mira. ¿Me entenderá?
Bueno, un día que no obedezcamos las reglas no importa. Dejo mi desayuno más adelante por si el mantel se arrastra y de todos modos, no tengo hambre, agarro a mi pequeño amigo y lo acaricio.
— ¡Ven aquí con mami! — Esto es algo que nadie tiene que oír. Le doy besos y lo termino abrazando.
—No se te ocurra irte nunca … —Suspiro, ojalá las mascotas fueran eternas. A pesar de su pequeño tamaño, mi hijo está envejeciendo.
…
—Llegaste tarde. — Escucho a mi lado, veo a Alisa calentando.
—Oh, es que jugaba con Juan.
— ¿Y cómo está el bebé? — Lo conoció hace unos días. Ahora que recuerdo, ¡ese desgraciado me engañó!
Perro manipulador y condenadamente adorable.
—Está bien, cuesta creer que tenga seis años ya. —Digo feliz.
—Pero si lo sacas a trotar, es obvio que se verá, así como tú. — Me da un golpecito y va a las barras.
—Sí … — Aunque trota un kilómetro, luego lo traigo en brazos.
— ¿Quieres hacer algo en la tarde?
—Pensaba trabajar …
—Mírate. — Me mira con reprobación. —Estás ojerosa, algo delgaducha, además, se nota el doble por tu altura, necesitas reír. — Y se apunta como si fuera mi salvadora.
— ¿Qué propones?
—Llenarnos de chatarra y ser unas fofas. — Dice con seguridad. — Luego bebamos y riámonos de las locuras de la lesbianidad en el bar … también irá una amiga creo. — Encoge los hombros. —Mientras más, mejor.
—Suena bien. — Murmuro.
—Genial de hecho.
A las seis nos vamos caminando, por suerte encontramos personal, así que mi trabajo está más relajado. Aunque estos días no le dejé mucho que hacer a la nueva, creo que está feliz de que me tomara la tarde.
— ¿Bebes cerveza exclusivamente? — Escucho a mi lado.
—Yo diría que, de todo... solo que es mi favorita.
—Podríamos ser rebeldes. —Mueve las cejas con maldad, me río. Doy una ojeada al lugar y capto una cortina de cabello oscuro. Me giro con tanta velocidad que me suena el cuello, aprieto los labios viendo a Caro mirándome ceñuda. ¿Ahora qué hice?
No importa, no puedo evitar estar tristemente feliz.
— ¿Qué pasa? — Alisa me mira y sigue mis ojos.
— ¿Quieres que te espere?
—Por favor. — Susurro y camino hacia Caro.
…
—Hola. — Digo con el corazón latiéndome a mil por hora.
— ¿Qué hacías?
— ¿Cómo? — Levanto una ceja.
—Te estás viendo con ella verdad. — Mira sus pies. — No puedo creer …
—Caro. — Y así es como la tristeza es reemplazada por rabia ¡Su actitud es tan injusta! — Basta.
—No puedo estar sin ti. — Mira sus pies y sube la vista con una mirada que sospecho Juan le enseño.
—Yo tampoco. — Le digo. — Carolina yo nunca te engañaría, yo te amo. — Para que darle más vueltas.
—Eso no fue lo que yo vi.
—Tú no estás segura de lo que viste.
— ¿Me estás llamando loca?
—No, digo que te estás apresurando.
—No sé …
— …
—… ¿Y si volvemos? – Me mira triste.
Nada me haría más feliz que eso, pero ese dejo de inseguridad en su mirada me hace considerarlo.
—No.
— ¿Qué? Acaso estás … — Mira enojada al fondo a Alisa que está sentada dándole atención a su celular.
—Es por eso mismo. — Caro me mira sorprendida. — Si vas a pensar que cada vez que no estoy contigo te estoy engañando entonces estamos perdiendo el tiempo, no voy a ser tratada como una cualquiera.
—Pero … Angie yo no dig …
—Si lo dices, en el fondo lo dices y me hace daño. — Miro mis pies profundamente apenada. — Es horrible que esto haya terminado por una estupidez. —Paso el dorso de mi mano por mi rostro y me limpio una lágrima traicionera. — Pero yo no merezco ser tratada así …
—Angie …
—Lo siento Caro, te amo demasiado … pero no podemos volver de esta manera.
Caro cierra los ojos, deseo tanto acercarme y abrazarla. Sin embargo, sé con seguridad que si me aproximo a menos de un metro, no la voy a dejar ir, aunque ella me pusiera una cámara en la ropa. Pero eso no está bien, también tengo que amarme a mí misma.
Siento como que la vida se empeñara en castigarme.
— … ¿Está todo bien? Si quieres lo dejamos para otro día … — Mi nueva amiga me mira preocupada.
—No, vamos. Lo necesito. — Si voy a casa lloraré demasiado.
—Está bien, pero si quieres hablar, o estar sola … Dilo
—Descuida. — Sonrío. — ¿Sabes que eres genial?
—Me lo dicen todos los días, incluyendo mis alumnos. — Asiente. — Bueno algunos, otros me dicen maldita viej …
—Está bien. — Me rio. Malditos mocosos...
Noelle.
Es raro para mí no habernos juntado en esta semana, Christine se ve cada día peor, esquiva, cansada, como si hubiese envejecido unos años. Constantemente la veo pensativa, ya ni siquiera ha peleado con el personal, ¡o conmigo! Esto ya me está deprimiendo. Parece una verdadera doctora y esta chica no es así. Arrugo la nariz. Entra a su consulta y ni me mira.
La odio por momentos, luego aparecen recuerdos en mi memoria y viene a mí una sensación cálida que no me gusta nada, me aterra.
—¡Argh! — Maldita Christine.
— ¿Por qué no hablas con ella? — Gabriela levanta una ceja.
—No sé … — En el fondo no es como si fuésemos algo.
—Claro, se hablan, se molestan, salen a pasear se dan besitos y probablemente follan como locas y no son nada. — La miro roja y enojada, Gabi encoge los hombros y va a recepción.
—Es que ya fui … — Le hablo a la nada. Apareció ese tipo con cara y peinado de hijito de papi. No me suele gustar ese tipo de gente, al menos Chris tiene esa mirada rebelde … mis tripas se retuercen.
—Tenía que gustarme la chica mala. — Susurro dejando caer mi mejilla contra la mesa. Siento que si pregunto mucho, me encontraré con algo que no quiero.
…
Escucho un golpeteo en la puerta, debe ser la desalmada de Gabriela.
— ¿Tienes hambre? — Oigo su voz mandona, rasposa y dura.
— ¿Qué haces aquí? — La miro enojada y me pongo roja.
—Trabajo aquí. — Dice seria estudiándome el rostro. — ¿No irás?
—Sí, tengo una hora para ir al comedor, gracias. — Maldita jodedora.
—Te estaba invitando. — Se cruza de brazos.
—Jódete.
— ¿Estás bien?
—Sí. — Arrugo la nariz.
—Noelle, no hagas maña.
—Vete Christine.
Escucho un resoplo con molestia y la puerta abrirse y cerrarse de golpe.
Inmediatamente me siento culpable conmigo misma.
Christine.
¡Estúpida Noelle! Pateo un basurero.
—Oye no dañes la propiedad del hospital. — Gabriela me mira con desaprobación, la miro peor.
—Es tu amiga, ¡no la entiendo! — Cruzo los brazos.
—Pregúntale ¡¿Qué aquí nadie conversa las cosas?! — Se espanta.
—Difícil será que le pregunte algo si no habla. — Dejo salir enojada.
—''Cuando las mujeres no suenan es porque piedras traen''. —Frunzo el ceño, menuda loca
…