Capítulo 9 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Preguntas a la pesada
Noelle
Rememoro estos meses que han pasado, creo que ya se me hizo costumbre aguantar los comentarios y la pesadez de esa perra que ya tiene la mejilla endurecida de tantos golpes.
Pero como ya no me echaron del trabajo acepto que simplemente no puedo caerle bien a todo el mundo y ya.
Recuerdo un poco mientras voy en el ascensor
[...]
Mes 1
— ¿Eres tonta? Bofetada
—Ríete como mujer. Bofetada
—¡Qué asco! Bofetada
Mes 2
—No te atendería ni aunque estuvieras muriendo. Bofetada
—Porque puedo pagarlo. Bofetada
—Aprende a comer. Bofetada
Mes 3
—Los animales van a morir igual. — Dice viendo mi menú vegano. Bofetada
—Odio a los gatos. Bofetada
— ¿A eso fuiste a la universidad? Bofetada
[...]
Respiro cansada, maldita perra. Lo positivo es que no repite las frases con las que recibe golpes, es como un infinito ente que cada vez inventa algo nuevo y horrible que decir. Los colegas que antes estaban pasmados, ya se acostumbraron y a lo más, nos miran con desaprobación, pero nadie dirá nada, porque nadie se mete con esa perra y saben que la culpable no soy yo de todas formas.
Veo la palma de mi mano en el ascensor … que estresante.
Se detiene en el piso cuatro, miro las teclas y no se abre, de hecho, sólo está marcado el cinco.
Se apaga la luz y es reemplazada por otra tenue, como es de mañana no me da tanto miedo.
… Mentira.
— ¡Oh, por dios no! — Exclamo perdiendo el control, apretando todos los botones que veo, los de emergencia ni siquiera funcionan, me estoy acordando de varias películas de terror, y está un poco oscuro. Me molesto en mirar alrededor con cara de muerte y veo al mismísimo ''Lucifer'' mirándome aburrida.
— ¡¿Por qué estás tan tranquila?! ¡Vamos a morir! ¡Vamos a morir! — Mis ojos se llenan de lágrimas. Hasta que siento un dolor en la mejilla y lloriqueo mirando a Christine con la mano extendida.
—Cálmate. — Dice como si nada. — Esta mierda tiene generador propio y funciona automático en urgencias. Me temo que demorarán un poco, a menos que sepan que yo estoy aquí. —Se da aires.
— ¡De algo que sirvas! — Lloro más. Me mira con desprecio.
—¿Eres claustrofóbica?
—No. — Es lo único que me falta …
— ¿Te da miedo la oscuridad?
No le respondo, se asoma una mueca de burla.
—Eso es un ''Sí'' ¿No te da vergüenza?
—Vergüenza hay que tener para ser tú. — Me enojo.
Nos quedamos en silencio. Miro a otro lado, ya bastante tengo con la penumbra para ver a ese ente maligno lleno de oscuridad.
Detecto un movimiento y la miro rápido, no confío en ella. Está marcando algo en su celular.
¡¡Claro los celulares!! Miro el mío.
No tengo señal.
— ¡Nooo! — Lloro.
—Cállate. —Escucho.
—De todas las personas ¡por qué tú! ¡¿Qué he hecho en mi vida pasada señor?!— Gimoteo mirando hacia el techo.
—Eres bastante egocéntrica, ser puro de bondad. — Ironiza.
— ¡Al menos soy mejor que tú! — Me enojo.
—Nadie es mejor que yo.
—Cualquiera es mejor que tú. —Respondo
—Cuanto desprecio... ¿Cómo era eso?... — Dirige la vista hacia mí. —Ama a tu prójimo.
—Yo no te amaría ni a palos. — Me apoyo quedando frente a ella y lo más lejos posible.
—No tenías que tomarlo tan literal. Yo tampoco me fijaría en ti.
—No me importa. — Aclaro, en lugar de eso hace una mueca malvada viéndome.
—Eres algo baja, te vistes muy casual —Mira mis zapatillas. — Eres miedosa, chillona y pierdes el control fácilmente, además de violenta.
—Vengo a trabajar no a modelar. — Me quejo. — Además, podré ser simple, pero tú eres una perra desagradable que siempre critica todo.
—La crítica es el camino a la perfección.
—Eso no existe. — Me cruzo de brazos.
Suena su celular.
—Por fin, ya me estaba llegando tu olor. — Bromea — ¿Aló? Sí, si no fuera mucha molestia. — Ironiza. — Ajá, dile que está despedido.
— ¡La gente necesita el dinero para comer! — Le grito.
—Y yo voy tarde a trabajar por su maldita culpa. — Corta la llamada.
— ¡Eso puede esperar!
—Tiene que hacer su trabajo y yo el mío. — Me mira enojada.
— ¡Estas cosas pasan!
— ¡Pero si tú eras la que estaba llorando! — Me grita perdiendo la paciencia.
— ¡Sí, pero estos son miedos personales! — Le grito.
—Patéticos miedos personales.
[...]
Gabriela.
Rememoro el particular momento en que conversé con la hermanita de Charlotte, y salgo a llamar a la siguiente persona, Humm, atrasado. Frunzo el ceño.
En eso se ve un tumulto, me acerco. Hay unos tipos con casco afuera del ascensor y la técnico en enfermería con unas listas mirando algo asustada hacia allá.
— ¿Qué ocurre? — Me apoyo en el mesón de atención.
—Se echó a perder un ascensor y dentro está la señorita Christine. Nos despedirán a todos. — Exclama asustada.
—Humm … — Comento. Escucho unos gritos.
—Y no está sola. — Apunto, es bastante obvio quien más está ahí.
Se abre la puerta, dejando oír parte de la discusión acalorada que se formó dentro.
— ¡Tú eres patética! — Grita Noelle, pasando rápido e ignorando a todos que miran un poco intimidados.
Christine pasa igual y entra a su consulta cerrando fuerte la puerta.
—No pienso ir a dejarle la lista. — Traga saliva la señora. — Temo por mi trabajo cada vez que lo hago.
—Dudo que así pueda atender a alguien. — Observo.
—Derivaré sus pacientes de la mañana.
—Espera. ¿Podrías hacerme un favor? No tendrás que ni hablarle a la bruja. — Negocio. Me mira con interés.
…
Noelle.
Vuelvo del baño, ya son las once de la mañana. Admito que el trabajo se llevó la rabia que tenía.
—Hum, señorita Noelle. — Dice la señora de recepción.
— ¿Sí? Dígame.
—Podría llevar estas listas por mí. — Sonríe. — La miro con duda hasta que veo el nombre.
—Eh … —Como decirle que no...
— ¡Por favor! ¡A ti no te echará! — Suplica.
— ¿Por qué dices eso? — Pregunto un poco enojada.
—Porque ya no lo hizo.
Me pongo en su lugar, ver a esa perra así de enojada y dejarle la lista. Tiene razón... suicidio.
Llego y toco la puerta y no atiende. ''La perra se hace del rogar'' me quejo, la abro, total sé que pacientes no tiene y su lugar está vacío. Dejo la puerta entreabierta por si me ataca, así todos lo verán.
Me quedo pegada observando, es como la consulta de todos, pero más bonita, en una esquina hay unos libros, unas plantas artificiales y al fondo adornos … ¿De pingüinos? Me acerco y sonrío mirando el grupito.
¡El pingüino bebé es taaan lindo!
— ¿Se puede saber qué haces paseándote aquí? — Pego un salto escuchándola muy cerca de mi oreja. Veo sus ojos verdes extrañados e indignados, se acomoda un mechón de su cabello castaño rojizo.
— ¡Nada! ¡Yo ya me iba! sólo me mandaron.
—Este no es tu trabajo. — Frunce el ceño yendo a la puerta. ¡Oh no, la va a echar! Dejo la lista en su escritorio.
— ¡No espera! — Tomo su brazo con ambas manos.
Me mira sorprendida.
— ¡No la eches! — Hago un puchero. ¡Pobre señora!
—No la iba a echar. — Me mira. — Sólo la iba a retar.
—No lo hagas, ¿por favor? — Digo sintiendo esas palabras raras en mi boca.
— ¿Me estas pidiendo un favor? —Me mira incrédula.
—Eh ¿sí? — Me enojo conmigo misma, mi parte orgullosa considera hasta que la echen no más.
—Noelle.
La miro tan sorprendida que suelto su brazo.
— ¿Si? — Susurro.
—Este no es tu trabajo, tienes que atender a tus pacientes, se está aprovechando de ti ¡y tú te dejas! Eres débil y manipulable. — Se enoja.
— ¡Es lo que hay! —Me enojo. — Además, mírate, ¡nadie te aguanta! ¡No la puedes culpar!
Me mira pensativa.
—Sólo hago mi trabajo.
—Y lo haces mal. — Me quejo. — ¡Te guste o no, te relacionarás con todo tipo de gente igual!
Da un par de pasos hacia mí y retrocedo chocando en el mesón de los pingüinos.
—No te atrevas a decir que no sé hacer mi trabajo.
—E - está bien. — Digo mirándola asustada.
Me mira pensativa y la miro dudosa.
— ¿Me puedo ir? — Sugiero.
—No. — Cierra la puerta, trago saliva.
[...]
Gabriela.
Carajos llevan demasiado tiempo adentro y se acaba de cerrar la puerta, o la mató, o están haciéndolo.
Me acomodo un mechón inteligentemente, mi diagnóstico es …
Amor apache.
Acaricio mi mentón, eres una genio Gabriela ¡por eso Charlotte se enamoró de ti!
Noelle
—La miro plantada en el suelo mientras se sienta en su cómoda silla.
—Siéntate.
— ¡Pero si no me duele nada! — Me quejo.
Se ríe bajo.
—No lo repetiré.
—Bien. —Me siento y la miro perpleja.
—Mira, la situación es … que podrás devolverme el favor.
—Pero si no la ibas a echar. — Acoto.
—Ahora sí, así que cállate. Como decía, necesito que hagas algo por mí.
Que se vaya la señora ¡No me importa!
—Esa mujer cría sola a sus tres hijos, su marido la abandonó y por eso tomó el doble turno. — Me mira sin rastro de emoción.
— ¡Pobrecita! — Gimoteo.
—Exacto, ahora la echaré porque no pones de tu parte.
— ¡Si lo hago! — Lloro
—Bien, la cosa es … que mi padre me encomendó un trabajo antes de heredarme el hospital.
''Que no se lo dé por favor'' Pienso.
—Sabe que me cuesta relacionarme con gente ineficiente. — La mira horrible. — … Y quiere que invite a un trabajador a la casa a cenar, para que le dé su opinión personal sobre mí.
—Eres una bruja, nadie trabaja bien contigo porque re-jodes y desechas a la gente como si fuera un objeto, ojalá inhalaras monóxido de carbono. — Opino.
— ¡Cállate! ¡Vas a decir exactamente lo opuesto a eso si sabes lo que te conviene!
—Tú papá no te creerá, por algo te dio esa tarea. — Me cruzo de brazos. — Y yo no soy una mentirosa.
—Ahora lo vas a ser.
—No.
—Piensa en la pobre mujer. — Levanta una ceja.
¡¡¿Qué debo hacer?!!
…
—Está bien. — Todos mis instintos me dicen que es una pésima idea. Pero si hubiesen echado a mi madre o a mi padre del trabajo hubiese sido desastroso. ¡Esa señora está sola y tiene tres!
Christine sonríe.
La miro pensativa. — Te advierto que no se comer con 12 tenedores, 54 cucharas y 24 cuchillos. —No sé cuántos usa la clase alta pero que no me joda.
—Comemos con uno de cada uno, a lo más dos. ¿Sabes usar los servicios verdad? Si quieres come con la mano como lo haces normalmente, pero se verá feo.
—Te odio … pone de tu parte.
—A ver. — Dice pensativa ignorándome. — No vayas formal, así pensaran que eres una amiga.
—No tientes a tu suerte. — Bromeo.
— … Que es lo último que querría ser. — Bromea.
La miro y me río.
—Bien, estamos de acuerdo en algo.
—Ajá, a las … siete y media afuera del hospital el viernes, no llegues tarde.
—Soy impuntual.
—Odio la impuntualidad.
Nuestras miradas son de dureza.
Y gana ella.
—Bien. — Me quejo.
—Perfecto, ahora lárgate. Tienes media hora de retraso.
—Por fin. — No le voy a dejar decir la última palabra.
Gabriela.
Mientras me despido de un paciente. Noelle sale y me sorprende que no tire prácticamente la puerta, Christine sigue con su trabajo.
A la hora del almuerzo la interrogo curiosa.
— ¿Entonces si no vas o llegas tarde la señora se va?
—Sí... — Dice revolviendo su comida un poco alicaída.
Me pregunto si será buena decirle que en realidad la señora tiene dos hijos y un marido amoroso que la viene a buscar siempre. Decido que no.
— ¿Y qué cosas lindas y positivas de ella dirás? — Me río.
Noelle pone cara de tragedia.
— ¿Tiene?
—Humm, es una bruja, pero siempre llega a la hora. — Apunto.
—Y eso es todo. — Nos reímos.
En eso sonríe y me mira con los ojos brillantes.
— ¡Tiene pingüinos!
— ¡Cool! eso sí suena bien … Aunque dudo que la haga merecedora del hospital ese detalle.
—Entonces no sé. — Se enoja Noelle y empieza a verse las puntas de su cabello. — Es lo único bueno que tiene su persona.
—Nadie puede tener tan pocas virtudes, es que ustedes se pasan gritando. — Apunto.
—Por la mierda, tengo las puntas partidas. — Dice más pendiente de ella, luego deja caer el mechón que va a parar a su estómago. Sopla hacía arriba y mira con odio atrás mío.
—Córtatelas luego. — Me quejo sabiendo quien está pasando detrás de mí silla.
—Hace tanto calor que se me reseca todo. — Dice mirando sus brazos descubiertos.
— ¿Todo? — Me río.
—Ay, Gabriela. — Se queja con una risita.
—Aunque es verdad. — Admito. — Atiendo con polera a menos que el paciente tenga muchos problemas.
Nos ponemos a comer y se me prende la ampolleta sobre mi cabeza (según yo), esa que sólo me ilumina cuando se trata de Charlotte o una buena amiga, o mi familia.
—Deberías preguntarle. — Le aconsejo. Me mira, ladea un poco la cabeza y se ríe de buena gana.
—No. — sentencia.
—Vamos treintona.
—Cállate. Me veo de veinticinco — Pone pose coqueta.
—Pero tienes treinta y tres. — La miro con burla.
—No te darás ni cuenta cuando tengas treinta. — Me mira feo. — Y tu novia aún no tenga veinticinco, pervertida.
—Jaja, pero tengo la actitud de veinteañera. — Bromeo.
…
— ¡Noelle me cambiaste el tema! — Refunfuño dándome cuenta de que desvió la conversación. Se ríe.
—Si haces mal tu trabajo, no servirá de nada. Así que si vas a pasar tantas molestias ¿por qué no hacerlo bien? — Le digo.
—Siento que mi trabajo pende de un hilo cada vez que me habla. — Se sincera.
—Ya no te echó. — Le concedo. — Simplemente ve, toca su puerta y pregúntale que mierda de bueno tiene.
—Si me echa tendrás que alimentarme todo lo que me cueste encontrar trabajo.
—Hecho. Charlotte egresa el viernes, si encuentra trabajo pronto, quizá ella me mantenga a mí y yo a ti. — Me río.
—Muy lista.
[...]
Caro.
— ¡Vamos, vamos! ¡Di que sí! — Me mira Angie, desde abajo.
—No sé. — Bromeo sobre ella en el sofá de su casa.
Juan se sube y se acuesta en el cuello de Angie, nos reímos.
—Juan está de acuerdo. — Sonríe Angie. — Lo conversamos anoche.
—Bueno si Juan está de acuerdo...
—SIII.
— ¡No celebres aún! — Me enojo. — Pero Angie, vives muy lejos, yo vivo más cerca del centro y sé que no quieres dejar esta casa … —Asiente. — No estamos mal quedándonos de casa en casa. — me levanto de hombros.
—Pero así no tendríamos que llamarnos, solo llego y veo tu hermoso rostro. — Recita.
— ¡No lo lograras diciéndome cosas lindas!
— ¡Rayos!
La miro pensativa, es verdad que suena como a un sueño vivir con ella y esas cosas, total hemos estado meses juntas en el mismo lugar y congeniamos bien. Pero le tengo cariño a mi apartamento... y Angie no dejará su casa, este fue el hogar de sus padres. La casa es linda y tiene buen patio. Su perro se estresaría en mis cuatro paredes mucho tiempo... y ambas tenemos auto...
—Está bien.
Angie sonríe de inmediato.
—Pero, ayúdame a venderlo.
—No te preocupes. — Me abraza, se le va a olvidar...
—Espero que sepas lo afortunada que eres, es decir. — Angie levanta una ceja, carraspeo digna. — Por la inmensa suerte de ser mi novia y que deje mi preciado departamento sólo por ti.
—Es que me amas.
—Bueno sí. — Me quejo en broma.
—Pesada. — Se ríe dándome besitos. — Todo lo mío es tuyo, menos Juan.
—Y todo lo mío es mío— Bromeo. — Menos Antonieta, esa ofrecida.
—Con buen gusto.
—Lo aprendió de mí.
—Sí, te doy la razón. — Me sienta y me carga por el pasillo.
— ¿Qué crees que haces?
—Celebrar.
—No he dicho que quiero.
— ¿Y?
—Voy a golpearte, ¡ahora soy fuerte!
—Qué miedo.
Antes de que le pegue manotones me tira a la cama y toma mis brazos.
—Ya sabía qué harías. — Se burla besándome el cuello.
— ¡Argh! Espera y verás. — Me río abrazándola y nos besamos, Angie me hace cariño, lentamente, por todo el cuerpo hasta que de repente...
— ¡Ya sé! — Salta de la nada.
— ¡Mierda Angélica estoy caliente!
—Ya, pero si me dices así suenas a enojada. — Se asusta.
—Estoy enojada.
—Es que, podríamos hacer una inauguración. — Dice feliz.
— ¿Quieres una excusa para beber verdad?
—Un poquito. — Se ríe quitándose la polera.
—Oh, baila y te pongo billetes. — Bromeo. Se ríe.
—Claro, invitemos amiguitas. — Me mira creída.
Me giro y la dejo abajo.
— ¡No te atrevas si quieres vivir! — Me quito la polera.
—Ay, baila tú. — Dice en un susurro.
Le guiño el ojo moviendo las caderas y me quito el sostén. Entreabre la boca ceñuda.
—Se te escapa la baba.
Se cubre la boca.
— ¡Mentirosa...! — Me mira indignada, me río. — Es que, eres tan sexy.
—Lo sé, lo sé. — Repito orgullosa. Hasta que caigo sobre la cama y siento la piel desnuda de Angie. ¡Sí, a la celebración! ¡Sí, a la inauguración! ¡Si! ¡Ah, te amo!
Noelle.
Salgo del trabajo, Gabriela del ascensor me levanta el pulgar dándome ánimo antes de que cierre.
Hija de …
Toco su puerta, ándate, ándate, ¡ándate ahora que puedes! ¡Ves! se marchó.
Cuando me dispongo a correr por mi vida se escucha un ''pase''.
Entro un poco complicada, ¿a qué era que venía?
— ¿Qué quieres? — Me mira sobre unos papeles.
—Eh … — Consigo decir, frunce el ceño
—Fonoaudiología está arriba. — Vuelve a lo suyo.
— ¡No!
—No grites.
—Cállate. — Lloro.
— ¿Qué haces aquí? No me digas que me extrañas porque soy delicada de estómago.
—No bromees. — La miro asqueada, me mira enojada y deja los papeles en la mesa. — Vengo a... preguntarte una cosa. — Miro mis pies profundamente arrepentida.
— ¿Qué cosa?
—Humm, ¿Qué se supone que tienes de bueno?
Me mira seria
…
Empieza reírse.
— ¡¡No te burles!! — Enrojezco de golpe, miro hacia abajo maldiciendo a mi suerte y a Gabi.
—Lo siento, fue una pregunta estúpida, o sea mírame. — Bromea.
La miro y sí, me imagino que habla de su atractivo.
—Me refiero a por dentro, qué es como lo opuesto a lo que tienes por fuera. — Le digo cruel.
—Al menos reconoces que soy hermosa. — Dice creída, la miro sin podérmelo creer. — Es un buen paso... siéntate.
—No me mangonees. — Refunfuño sentándome.
— ¿Y bien? — Me ignora. — ¿Qué es lo que tienes?
—No te voy a decir eso. — Me avergüenzo.
—Lo sabré de todas formas.
—Pues, que eres puntual y humm. — Ahora que lo pienso. — Tienes buena presentación personal. — Enrojezco mirando mis rodillas esperando su risa.
En su lugar me mira seria.
— ¡Lo único bueno que tienes son tus pingüinos! — Me enojo por haber dicho lo anterior.
…
—Siempre quise uno de mascota, pero papá decía que estaban mejor en su habitad.
—Tiene razón. — Concedo. —Además, te verías rara regurgitando la comida en su boca.
Se ríe.
La miro con desconfianza ¿Lo anterior fue una conversación?
—Bien, supongo que estoy obligada a ayudarte.
—Está bien ¿Qué edad tienes?
—Veintinueve. — Me mira pensativa. — Tú debes tener unos cuarenta y cinco. — Dice cruel.
¡Qué infantil!
—Treinta y tres, perra. —Me enojo. —Serías la primera persona que me agrega años.
Me mira con desprecio.
— ¿Qué te gusta hacer? — Me preparo psicológicamente para oír algo horrible.
—Déjame adivinar; crees que voy a Spas de belleza con mis amigas millonarias, tengo una persona diferente en mi cama cada noche, golpeo a mis empleados y me río haciéndole la vida imposible a la gente.
—Ajá. — Asiento. Al menos las últimas dos estoy segura de que sí. — No olvidemos el atractivo novio salido del solarium, cornudo y de adorno. —Apunto.
Aprieta la mandíbula, la miro interrogante, ¡¿Qué esperaba que pensara?!
—Bueno, admito que hubo un tiempo que fue así, pero no tenía más de veintidós años.
— ¿Y qué te hizo recapacitar?
—El aburrimiento y haberme atrasado unos años.
—Oh … Ya veo ¿Y ahora cómo eres?
—Siempre me ha gustado mucho leer, me apasiona mi carrera. Me gusta la fotografía, sobre todo de animales, así que voy muy seguido a safaris y de viaje para verlos. — La miro atenta y bastante sorprendida. — También cocino.
— Que lindo. — Me enojo, así que es humana. — Pero eres pesada por naturaleza.
—Ya lo acepté. — Encoje los hombros.
—Necesitas terapeuta.
—No gracias.
— ¿Tienes pareja? — Pregunto, ¿si tiene quizá vaya a la cena no?
—Creo que había dicho que soy pesada por naturaleza.
—Ah, ya veo, nadie te aguanta y eso que yo soy un amor y no te soporto. — Asiento orgullosa de mi deducción.
— ¿Quién te dijo semejante mentira? — Me mira asqueada.
—Mis amigas.
—Te de
…