Capítulo 15 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity
Esclava por un día
Kate
— ¿Quieres hacerlo ahora? — Pregunta Ale sonrojada y sorprendida mirándome la boca.
— No. — Sonrío cruel. — Mañana. — Quédate con las ganas.
— Y ... ¿Quieres hacer otra cosa? — Me mira bajando la mano de mi trasero a mi entrepierna.
— Hmm — Sonrío, mueve las cejas. — No.
— ¡Pero amor! — Llora
— Es broma. — Digo subiéndole el pijama tortuosamente lento.
Charlotte.
— Fue una buena tarde. — Se estira Gabi luego de que fuimos a comer unos helados. Claro salvo la vez que llegaron un par de chicos a coquetearnos.
— Exceptuando a los idiotas ... Sí. — Digo, la verdad es que odio que molesten, más cuando estoy con Gabi.
— ¡Es el precio de la belleza en este mundo cruel! — Recita, me mira del sofá. — No todos pueden tener la suerte que tengo yo. — Sonríe, es increíble que su hermosa mirada al verme no varíe jamás ni en lo más mínimo, aun cuando no tenga un buen día.
Me recuesto sobre ella.
— Ni yo. — Aclaro, acaricio su boca con la mía. Me encanta que sea tan amorosa conmigo, me invite a hacer cosas, y no deje de ser tan inquieta.
— Te amo.
—Y yo a ti. — Me acerca de la cintura. — ¿Quieres empezar a hacer un hijo rubio? — Bromea moviendo las cejas.
— ¡¿Qué dices?! — Me río.
— ¿No los quieres? — Hace un puchero.
— No lo sé, primero quiero seguir aprendiendo de ti. — La miro maravillada, me parece que es el primer paso para crear un buen ambiente, no quisiera recrear a mi familia, y a veces es difícil no traer la crianza con una misma.
— Pero también yo aprendo de ti. — Me mira coqueta mientras nos acercamos más en el sillón. — Eres más ordenada, cocinas mejor, más tranquila y no sacas de quicio a nadie.
— Pero a mí me gusta que no seas tranquila. — Me quejo
— Y a mí me gusta que seas tranquila. — Levanta una ceja
— Bien.
— Bien entonces. — Dice creída.
— ¿Qué te crees? — Me quejo en broma.
— Soy súper Gabi.
—No, eres mi novia. — La molesto poniéndome sobre ella y besando su cuello.
—Bueno sí. — Sonríe haciéndome más espacio, acaricio su estómago, bajo a su vientre y sigo bajando.
— Charlotte. — Suspira coqueta
— Creí que te encantaba que te hiciera cariñito. — Susurro repartiendo besitos por un lado de su rostro.
— ¡Claro que me gusta! — Suspira. — Aunque si me acaricias ahí ... — Voy sintiendo como moja mi mano. La saco y lamo mis dedos, me mira ruborizada.
— ¿Quieres ir a la cama? — Muevo las cejas.
— Vamos. — Dice de golpe.
La llevo y en la penumbra le quito la ropa, me agacho y comienzo a lamer.
— Oh. — Jadea. — Esto me recuerda a mi graduación.
— Sí. — Digo apretando mis labios a nivel de su clítoris a lo que la oigo gemir. — Solo que tú estabas aquí, y yo estaba preocupada de que no me oigan.
— Y tiraste la cadena para que no te oigan acabar. — Dice Gabi con una risita acariciando mi nuca. Me levanto y me besa sacándome la ropa.
— Tú y tus cosas. — Digo enamorada recostándola en la cama.
— El amor. — Suspira mientras me pongo sobre ella y la beso. Siento como me abraza. — Es tan rico tu cuerpo. — Sonríe. — Y eres rubia natural. — Mueve las cejas.
— ¡Deja de molestarme con eso! — Me sonrojo
Kate
Despierto con Ale abrazada a mí, huum se supone que tiene que hacer tooodo lo que yo quiera... Pienso malvada, observo su cuerpo enamorada. No siempre puedo mirarla, es algo más pudorosa que yo. A mí se me pasó el primer año de relación, pero ella siempre se cubre, es tan linda... eso me recuerda a que una vez nos bañamos juntas porque íbamos a llegar tarde al trabajo. Fue genial... le hago cariño. Esperaré a que despierte, amo que haga el desayuno, suena a floja, pero yo prefiero ordenar mientras ella cocina, Ale odia todo lo que tenga que ver con ropa y el piso. Así que la verdad es que no nos costó congeniar cuando empezamos a estar más juntas, ahora que lo pienso ni siquiera hemos discutido realmente. Debo darle el mérito por eso. Mientras la acaricio le doy un besito. Abre los ojos y sonríe acercándome.
—Buenos días. — Susurra besándome la mejilla.
—Buenos días. — Le acaricio su suave trasero, ¡aaaah! bendito trasero. Creo que ya sé que pediré hoy.
—Tengo hambre. — Se queja. — Sé qué esperas a que haga el desayuno yo. — Dice creída.
—Es que me gusta que lo hagas.
—¿Ah sí? — Me sonríe sugestiva. Levanto una ceja.
—Así no debería hablar mi esclava por un día— Arrugo el ceño.
—Oh, perdón mi amada Kate. — Besa mi mano. — ¿Qué deseas desayunar? — Bromea.
—Hmmm, algo dulce. Y que la cocinera no se vista. — Sonrío cruel.
...
— ¿Qué?
—Eso, que no te vistas.
—Pero Kate, ¡mis vergüenzas!
—No tienes nada de qué avergonzarte. — Además, la conozco entera que se cree. — Puedes usar únicamente una prenda si te da frio pero que no sea como un vestido y un abrigo largo. — ¡Que así no la veo!
— ¿Una blusa?
—No seas aburrida. — Bromeo. — Es verano … — Le doy una lamidita de cuello. — Ponte solo un delantal.
—Grr. — Mueve las cejas. — Está bien. — Se incorpora. — No mires ...
—Te miro.
Se cubre el trasero y me mira sentida mientras pongo los ojos en blanco y me tiro a la cama.
Cuando empieza a oler rico me suena el estómago y me levanto. Veo a Ale concentrada y sonrío al ver parte de su traserito, me acerco y la nalgueo.
— ¡AUSH! ¡Carajos! ¡¿Kate?! ¡Qué susto me diste!
— ¿Quién más va a ser? — Frunzo el ceño.
—Pero es que tus pasos ninjas no se oyen. — Me mira ruborizada. — Y ... eso fue sexy.
La abrazo y le doy un besito.
—Es una de mis partes favoritas de ti.
— ¿Y cuál es tu favorita? — Me pregunta curiosa
—Tu mirada. — Me sincero, siempre que me mira así, siento que todo está bien.
—Es que te amo ... Por favor, amor, siéntese. — Dice cortés moviendo las cejas y haciendo a un lado la silla.
—Gracias. — Sonrío, si sigue así de linda me dará algo.
[...]
Una hora después:
—Ale, estoy tratando. — Jadeo. — De leer. — Tenía que justo hoy hacerlo tan rico...
—Bueno tu querías. — Levanta una ceja indignada cerca de mi entrepierna.
—No me discutas. — Gruño.
—Me gusta cuando te pones mandona a veces y me miras con esos ojitos tuyos ... pueden pasar de la rectitud absoluta a la ternura más bella. — Suspira mirándome y besa una de mis rodillas. — Ejem, ahora a mi trabajo. — Dice coqueta bajando.
—Ah, Ale. — Cierro el libro y lo dejo en la mesita de noche.
Angie.
Estoy lavando la loza mientras espero a Caro del trabajo, aunque sale tipo cinco y son las cuatro y media ...
Miro pasar por la ventana de la cocina a Ingrid, ella es mi vecina y amiga de hace años, así que no es raro que venga, aunque a Caro no le agrada mucho ... al parecer viene apurada.
— ¡Angie! — Me abraza, la abrazo con las manos llenas de espuma, así que trato de no tocarle el pelo.
— ¿Está todo bien? — Esto es raro.
—No ... — Se separa un poco, tiene los ojos rojos. — Joel me terminó.
— ... — La miro. — Es un imbécil ... ya encontrarás a alguien que te merezca. — Le sonrío.
Ingrid es una buena chica, ha tenido sus altibajos (de los cuales me declaro culpable) pero estos años estaba comprometida con lo suyo. Llora en mi regazo y recuerdo esos días cuando estábamos en preparatoria y nos besábamos ebrias, cuando nos alejamos en la universidad, cuando nos volvimos a acercar, hasta que dijimos que simplemente eso no era sano y cada una siguió por su lado, pero sin perder la amistad, me cuida la casa y a mi mascota, y yo al igual siempre que puedo la ayudo, como buenas amigas de años.
—Gracias Angie. — Se seca los ojos mientras acaricio su cabello. — Eres la única que nunca se ha alejado de mí.
—Por supuesto que no. — Digo orgullosa. — Somos amigas de verdad. — Digo feliz, quizá por cada cosa que pasamos no es la mejor, ese es el lugar de mi pequeña y sentimental Noelle; que es como la hermanita que nunca tuve.
—Sí. — Sonríe. — A veces pienso que me equivoqué … — La miro sin saber que decir, ya es tarde, fue mi primer amor, pero eso ya pasó hace años. Cuando conocí a Caro incluso yo ya estaba bastante bien con mi vida sentimental y ahora mi corazón le pertenecen a ella.
...
—Chicas. — Escucho, Caro sonríe débilmente y me mira fijo, la miro frunciendo el ceño, no estamos en nada raro joder.
—Oh, hola, Carolina. — Dice Ingrid secándose rápido las lágrimas. — Solo quería conversar con Angie.
—Am ... está bien. — Me mira. — Me iré a poner más cómoda. — Asiento.
— ¿Te sientes mejor? — Le pregunto, me mira fijamente y yo la miro interrogante.
—Sí, gracias ...
—Si quieres conversar o quieres venir siéntete libre de hacerlo. — Le ofrezco, quizá a Caro no le guste, pero no hay malas intenciones.
—Gracias. — Me abraza. — Quizá ... pronto, debo vivir mi luto. — Sonríe apenas. Nos separamos y suelta una carcajada al ver el sillón donde Juan está dormido patas arriba.
—Sin vergüenza. — Bromeo
—Es porque tiene una dueña como tú que lo hace tan feliz. — Dice con ternura mientras yo sonrío algo azorada.
—No … no es para tanto. — Repongo.
—Créeme. — Sonríe yendo a la puerta, la dejo en el portón y se despide yendo a su casa.
Me devuelvo y veo a Caro sacándole fotos a Juan.
—Oye, pero ¡qué galán!
—A su dueña. — Bromea. Luego me saca una foto a mí.
— ¿Y eso por qué? — Me acerco y me abraza del cuello. Nos miramos a los ojos y siento como mi corazón se derrite, mi Caro... es tan linda, sincera, apasionada, sensible y a veces algo infantil.
—Porque te amo. — Acaricia mi nariz tiernamente con la suya y yo sonrío besándola. —Espera. — Se separa con una cara de indignación.
— ¿Sí? — Como se atreve a interrumpir el beso.
—No me dijiste yo también. — Mira a otro lado.
— Yo también. — Le respondo.
—Eso fue tan emocionante como decir '' iré a comprar'' — Se devuelve por el pasillo, la abrazo por la espalda.
— ¿Cómo te atreves a poner en duda mi ''yo también''? — Bromeo bajando una mano por su estómago hasta el inicio de su pantalón de pijama. Se trata de alejar, pero la acerco y beso su mejilla. Enrojece, no puedo creer que aún le siga pasando, y me gusta tanto ...
—No te creas tan fuerte, ahora también soy cool. — Flecta un brazo en señal de fuerza.
—Tu siempre has sido cool.
—No te va a servir. — Suspira mientras bajo mi mano al punto preciso y la acaricio.
—Me pones tanto Caro. — Susurro en su oído, en unos minutos jadea y me deja el cuello libre, la beso saboreando parte de su sensual cuerpo.
—Ya detente. — Se queja mientras dobla un poco las rodillas. La sujeto de la cintura y caímos suavemente, se apoya de las rodillas y con mi cuerpo hago que quede recostada de estómago.
—No es ... el mejor lugar. — Escucho mientras respiro en su oreja, con la mano que no la acaricio, dejo su trasero libre y entro suavemente.
— ¡Angie! —Exclama con los codos apoyados en la madera.
—Déjate llevar, estamos cogiendo en un pasillo. — Susurro. — ¿Y qué?
Noto como se humedece.
— ¿Te gusta que te lo haga en cualquier parte? — Digo más preocupada acariciar su interior. —Tu cuerpo no me contradice, pero tú sí. — Beso su cuello, ya sabía que le gustaba esto.
— ¿Y qué? — Escucho luego de minutos. Vaya, así que entró al juego.
— ¿Cómo que ''qué''? — Digo rasposamente y con voz prepotente entrando fuerte.
— ¡Ah!
Noto su lubricación, y como se hace espacio para mí.
—Antes te dolía un poco, y ahora pareciera que no es suficiente ¿Me estas desafiando?
—No es mi culpa. — Gimotea. Sonrió sintiendo el placer de tenerla así, agrego un dedo más.
— ¡Aaah! Angie. — Dice con la boca entreabierta, su piel deja salir mucho calor mientras la cubro con parte del mío.
—Que despierta estás. — Digo con los ojos cerrados acariciando su vulva por fuera.
—No ... no pares. — Ladea la cabeza con los cerrados, levanta el trasero
—Así. — Susurro extasiada, Caro eres tan ... ¡¡¡Argh!!! Como no se expresarlo con palabras aumento la intensidad de mis movimientos.
— ¡An! ... ¡¡¡Angie!!! ... — Exclama luego de gemir una tras otra embestida mientras siento como se contrae, saco mi mano empapada y respiro en su cuello.
—Te amo Caro. — Suspiro girándola y observando su rostro mojado, tiene una mejilla roja, debe ser donde se sobrecargo en la madera. La beso bajando su ropa y sacándome la mía aun con ganas.
—Llévame a la cama. — Hace un puchero.
—Claro que te llevaré a la cama. — Dijo con una risita cargándola, la recuesto y seguimos besándonos mientras me acomodo sobre ella y me muevo suavemente.
Ale.
No puedo creer que me preste para esto, pienso llorosa mientras siento el culo arder. Estúpida vagina que aumenta mi humedad, no la culpo, es sexy que una mujer seria y tan bella como Kate te acueste en sus piernas y me dé una lección.
Pienso eso y gimo mientras su palma choca con fuerza.
— ¡Aush! — Gimoteo, quedaré sin trasero. — ¡Ya! No merezco tanto por no dejarte leer. — Me quejo.
— ¿Qué dices? — Pregunta Kate. —Siento tu humedad en una pierna.
¡Qué vergüenza!
— ¡Nunca me habían hecho esto! — Escondo mi rostro en el colchón mientras me llega otra palmada.
— Aquí falta algo de madera. — Escucho apenas, abro los ojos de golpe.
— ¡Oye ya pagué mi deuda! — Me ha golpeado (seximente), ha hecho que le chupe lo que no tiene nombre (seximente), me ha desvestido (seximente) ¡¿Y ahora esto?!
En eso vuelve con una cuchara de palo, una plana.
—Ay, mamá. — Me aterro. — Esto es algo que nadie tiene que saber ... —Digo humillada mientras Kate se recuesta sobre mí.
— Tú crees que tengo interés en promocionarte con alguien? — Escucho mientras siento un besito en la mejilla. — Me gusta que seas tan entregada.
—No sabía que tenías ese sadismo en tu interior. — Reclamo mientras se sienta.
—No lo tenía, es la primera vez para mí.
—O sea que, ¿saco tu lado oscuro? — Pregunto mientras me acaricia el trasero, sonrío relajada y siento la madera en toda una nalga. — ¡Ah! ¡CARAJOS! —Lloro.
—Amo tu trasero. — Deja salir en un jadeo.
—Entonces déjale la forma al menos. — Lloro más.
—Oye yo sé lo que hago. — Me llega otro golpe. Me arde, me duele, estoy desnuda, entonces ¿por qué me gusta que Kate lo haga?
Cinco minutos después.
—Ale ... — Escucho a Kate recostarse al lado mío, se quita la ropa y la miro mientras me gira y me besa poniéndose sobre mí. — Eres tan linda.
Claro, estoy desculada.
—Te ensañaste. — Sentencio mientras siento las sabanas escocer mi pompis. Eleva un poco mis piernas y entra en mi sin dificultad.
—Estoy tan húmeda. — Reconozco sintiendo estremecimientos y el suave movimiento de la cama.
— Pervertida, no sabía que te gustaba esto. — Dice Kate perdiendo un poco de delicadeza en sus movimientos.
— ¡Ah! Kate ... — beso su cuello y me afirmo en sus caderas. — No me gustaba, pero ... eres tú.
Nos miramos y Kate se inclina besándome, se separa un poco sintiendo cerca de su oreja mis llorosos quejidos.
Christine
Llego al trabajo el lunes, recuerdo este sábado cuando desperté con Noelle, sonrío caminando a mi consulta ignorando las miradas curiosas. Llamo pacientes y casi al medio día me percato que la puerta de Noelle está cerrada y no entra ni sale nadie; al lado veo a su amiga despedir a una paciente.
—Oye. — Digo con malestar, en eso veo su cara sonriente ajena a mí, ensoñada mirando a la nada. — ¡Despierta! — Exclamo sin paciencia.
— ¿Nunca el solo recuerdo de alguien te ha hecho sonreír? — Suelta un suspiro y se gira a mí. — ¿Qué quieres? —Me mira burlona.
—Ya sabes a lo que vengo.
—Se te perdió Noelle. — Dice con expresión coqueta. —Hmm es posible que sepa que le ocurrió. — Mira sus uñas.
— ¿Quieres seguir trabajando aquí? — La amenazo.
—Te acusaré a mi gran amiga Noelle, y ella te odiará. — Me mira. — ¿Quieres eso Edwards? ¿Ah ¿Ah?
— ¡Ay! Dime dónde está … — Pero que persona más jodedora.
Me mira evaluadora.
—Se tomó el día libre por una gripe, ella no es así, imagino que no se puede ni levantar de la cama. — Encoge los hombros.
—Hmm.
— ¿Aún estás acá? — Me mira. —Reacciona y ve con ella, todos sabemos que te gusta. — Enrojezco.
—Si voy … ¡Y no me des órdenes! — Pone los ojos en blanco y dice el nombre de un tipo de su lista.
Voy a mi mesón y saco algunas cosas, tomo mi bolso y salgo.
—Deriva mis visitas a la Dra. Verónica. — Digo a la mujer de la entrada que asiente de inmediato.
Subo a mi auto y llego a su edificio, no sé qué miran los del estacionamiento, ¿acaso nunca han visto un Aston M.? Mi padre tiene autos mejores.
Entro como si fuese mi casa, y recibo miradas de duda, seguro que el portero no quiere problemas y supongo que no duda que puedo permitirme un apartamento aquí.
Mala seguridad.
Toco la puerta del apartamento de Noelle. La abre y la veo con un pijama verdoso y una bata celeste.
— ¿Qué haces aquí? — Pregunta sorprendida con la cara afiebrada.
—Médico a domicilio. — Se hace a un lado. Se espanta cuando saco una jeringa y una ampolla con medicamento.
—NO. — Dice de inmediato. — ¡Prefiero morir! … además, no te mostraré el trasero.
—No seas idiota. — Me enojo con ambos en la mano. — Te recuperarás más rápido y así no faltarás al trabajo.
—Ah, ya veo, no tienes a quien molestar. Bien, guarda eso, me tomaré el tiempo que mi cuerpo necesite. — La miro sin entender su actitud, es lo más práctico.
— ¿Y qué has tomado?
—Limonada. — La miro como si fuera idiota, saco unas pastillas.
— ¿Ustedes no saben de cosas naturistas? — Me mira indignada.
—Tranquila, ningún animalito murió por esto. — Que yo sepa ...
— ¿Estás segura?
—Sí. — Digo con toda la confianza.
—E ... está bien — Debería sentir un pequeño pesar ... pero quiero que se mejore.
Las toma y se recuesta.
Toco su frente, ella sigue con los ojos cerrados, carajos está ardiendo.
— ¿Cómo es que te resfriaste así?
—Soportarte me bajó las defensas. — Susurra. — ¿Cómo supiste que estaba enferma?
—Siempre lo he sabido. — Bromeo.
—Dame un respiro. — Se queja mientras me siento al lado.
— Tu amiga la insufrible me dijo. —Le respondo.
— Gabi. — Se ríe bajito y se tapa para toser. — Deberías volver al hospital. — Abre apenas los ojos, la miro atenta. — Te voy a contagiar. —Susurra cuando estoy a un palmo de su boca, pero se queda con lo demás cuando la beso.
— ¿Qué significa eso? — Me mira tiernamente.
—Que no me digas lo que tengo que hacer. — Murmuro mirándola a los ojos. Se ríe negando con la cabeza.
—Tú morirás pesada.
—Lo sé.
—Gracias. — Dice de repente, me sonrojo un poco.
—No hay de qué. — Me enojo conmigo misma por no saber expresarme bien.
…
— ¡Noelle! … — Digo en un choque de adrenalina y sinceridad, sin embargo, veo su rostro apacible. ''Se durmió'' pienso apesadumbrada, acariciando su mejilla, sonríe débilmente y duerme con la boca entreabierta. Me río, veo la hora y aprovecho de cocinarle algo.
[…]
Martes
Camino rápidamente, se supone que debo estar atendiendo a las ocho y media y faltan cinco minutos ¡maldita sea!
Llego justo y soplo quitándome mechones de la cara, en eso la puerta se abre y antes de que grite enojada siento que me abrazan, miro tras mi espalda a Noelle y automáticamente mis labios forman una sonrisa.
—Estas cosas no se hacen en el trabajo. — Bromeo, claro no sabré yo lo que es molestarla.
—Tu siempre lo haces. — Dice cediendo un poco mientras me giro, la abrazo y acaricio su castaño cabello. — Ayer creí que había soñado que venías a verme hasta que vi el almuerzo. — dice con los ojos brillantes.
—Fue una visita por vocación.
—No te hagas. — Me da un besito en el cuello, se siente tan agradable la cerco más y nos besamos.
Acaricio su cintura y siento a Noelle acercarse más a mí, respiro ansiosa entre besos.
— ¡Dra. Edwards la lis … — Miramos a la enfermera, entrecierro los ojos.
—Yo solo ¡pasaba por aquí! — Cierra la puerta.
—Deja de intimidar con la mirada.
— ¡¿Acá nadie sabe tocar una maldita puerta?! — Me quejo. — ¿Y tú? — Noelle me mira dudosa. — ¿No te sientes mal verdad?
—Un poco, estuve peor el domingo y lunes.
—No me hagas pincharte el trasero.
—Eso es porque quieres verme el trasero.
—No lo voy a negar. — Le digo sin ninguna expresión, enroj
…