Capítulo 22 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity

Capítulo final

Kate

— ¿Cómo...? ¿Cómo...? — Ale recupera un poco de color y una vena se asoma por su frente. — ¡¿Cómo qué están?! ¡Están! ¡Cielo santo! ¿¡Están!?

Mi madre libera una risita nerviosa. Aunque por el brillo de sus ojos, está haciendo lo posible por no saltar de la emoción y llamar a todos.

—Es la genética amor. — Sentencio.

— ¡Dios mío! me desviví pensando en cómo podérmelas con uno ¡y son dos! — Coloca sus manos en la cabeza como una loca. — ¿Cómo rayos lo haremos Kate? ¡Somos primerizas!

La verdad no lo había pensado, me dejé llevar por la felicidad ... y ahora recuerdo que los mellizos de mis hermanos fueron (son) un suplicio.

—Nadie nace sabiendo ser madre. — La mira mamá, Ale la observa con tragedia. — Les costará al principio, pero valdrá la pena cada noche no dormida.

—¿De qué rayos sirvió trasnochar para criar a Gabi? — Bromeo. Ale reprime la risita.

— ¡Tu hermana tiene todo el encanto de tu madre! — Sonríe. — ¡Ahora dejen de torturarme y gritémoslo al mundo!

—Oye, ¿no deberíamos decirlo nosotras? — Pregunto amenazante. Más le vale que no se chive.

¡Aunque admito que muero por ver la cara de papá! ¡Y de Leo!

— ¡Y lo harán!

— ¿Cuándo sabremos qué son? —Consulta Ale ajena a nuestra conversación.

—Un niño y una niña. —Decimos con mamá a unísono antes de que la doctora abra la boca.

— ¿Cómo lo saben? — Pregunta Ale y ella a la vez.

—Tradición. — Decimos con tono monocorde.

—Increíble. — Responden ellas, se miran y ríen.

—Bueno, hay que pensar positivo. — Sonríe Ale. — Es más, iré a comprar cigarros. —Bromea.

—Ni si quiera lo intentes. — La amenazo.

—Hazte responsable. — Dice mamá con los brazos cruzados.

—Por supuesto que lo haré, son mis bebes. —Baja la voz. —Ojalá no sea un par muy inquieto ...

Nos miramos temiendo lo peor.

—Son mellizos. — Dice la doctora mirando la pantalla. — Así que como dicen, no es improbable que sean de distinto sexo. —Se dirige a Kate. — Es normal que los síntomas de tu embarazo sean más exagerados. Tienes una cantidad más elevada de hormonas.

—Te pondrás enorme. — Dice mamá bajito. La miro enojada, no quiero ni imaginármelo. Aunque tener a Ale me supone un tremendo alivio.

—Le recomiendo no faltar a sus controles, estos embarazos suelen ser de mayor riesgo. — Ale se vuelve a poner blanca. —Tenía que decirlo. —La mira preocupada. — Es el protocolo.

—Ah. — Dice con un hilo de voz. Se toca el cabello mirando al vacío, la miro preocupada, mamá va al rescate.

—Tranquila. — Dice posando la mano detrás de su espalda. — Yo no tuve problemas, aunque nacieron un poquito antes.

—Sí, saldrá bien. — Suspira.

—Ale ... — Digo.

Mamá le dice algo al oído. Ella abre los ojos de golpe, sonríe y me mira con esos ojitos tan brillantes.

—Lo importante es que todo salió bien. — Vaya parece que sufrió un golpe de adrenalina. —Debemos tener todo listo para nuestros bebés.

—La familia crece. — Anuncia mamá. — ¡Al fin seré abuela! ¡Y de dos!

Algo me dice que mamá será de esas abuelas que los hará engordar cinco kilos por visita.

Nos mira.

—No me hagan sufrir tanto tiempo y anúncienlo pronto.

— ¡Lo prometemos! — Decimos a unísono.

En casa.

—Aún no lo creo. — Dice Ale mirando el techo.

— ¿Estás bien?

—Sí, es que ... menuda ironía. — Se ríe. —Pero estoy más que feliz. — Me atrae hacia ella. — ¡Ojalá se parezcan a ti!

—Quizá. — Concedo.

—Te advierto que soy mala con los nombres ... creo que si es uno bonito estará bien. —Acaricia mi vientre.

—Hmm. — Pienso. — Déjame a mí los primeros. — ¡¡Ya quería que lo dijera!! — Pero ...

—Pero ...

—Tú elige los segundos nombres.

—Déjamelo a mí. — Sonríe. Me besa, me siento tan amada. Cierro los ojos y me dejo querer.

[…]

Christine.

—No puedo creerlo. — Susurro revisando mis correos.

Mi padre después de meses quiere que trabaje de nuevo en el puto hospital, afirmando que seré tratada como una más, sin sorpresas. No dice nada con su habitual ironía de enojado, pero tampoco algo que represente afecto. ¿De qué se trata esto? ¿¡Está loco!? No le creo.

Miro pensativa el correo con Tomás en mis piernas, gato del demonio, por suerte lo cepillo si no lo tiraría por la ventana.

— ¿Qué debería hacer? — Canturreo acariciándole detrás de las orejas.

Ahora que lo pienso, los gatos no son tan horrendos como pensaba.

Un timbre se oye en mi rescate.

— ¿Quién será? — Digo sabiendo la respuesta mientras Tom levanta su cabeza con atención. — Sí... tu otra mamá. — Digo bajito. — Pero no le digas.

Bien, parezco loca. Déjenme soñar

Me pongo de pie y abro la puerta, le sonrío a Noelle y elevo una ceja coqueta. Libera una risita ruborizada y mira mis ojos, en un segundo estiro los brazos y me abraza del cuello, retrocedo y cierro la puerta, Tom nos mira desde un sofá. Sé muy bien que está esperando a que Noelle lo salude o si no, nos ignorará unas horas.

Reparto cortos besos en su boca y cerca de esta. Se ríe y cuando paramos un poco nos abrazamos un rato ... hasta que Tom se acerca haciéndose el imbécil, Noelle se separa y lo carga. Genial, estúpido gato.

Cuando voy por algo para beber ella aún camina con él como si meciera a un bebé.

— ¿Qué cuentas? — Dice con voz suave dejándolo en el sofá.

—Hum — Le alcanzo un vaso y bebo un sorbo del mío. Noelle me mira curiosa.

Amo su mirada curiosa.

— ¿Entonces?

—Es papá. — Me siento a su lado. — Quiere que vuelva al trabajo, como una más. — Sonrío.

—Creo que todos tenemos claro, que en tu caso ser ''una más'' allá es imposible.

—Sí... pero eso dice él. —Veo un cuadro de la pared. —Es solo una oferta de trabajo.

—Deberías tomarlo. — Escucho, giro mi cara rápidamente.

—Di que me extrañas ahí Noelle. — Dejo el vaso en la mesita y la acerco de la cintura. — Extrañas mi presencia cerca. — Beso su mejilla. — Mirarme, vigilarme y amarme en secreto.

—Maldita egocéntrica, ¡solo digo que eres tan pesada que es mejor pesada conocida que por conocer! ¡¿Entiendes?! — Sin embargo, deja que la bese.

—Ya veré si acepto o no. — Beso su cuello.

—Acepta. — Dice en un tonito que no acepta un no.

— ¿Y eso? — Me sorprendo, hasta que lo veo en sus ojos y tomo mi oportunidad. — ¿Tanto miras a la puerta de mi consulta? — Y ahí está, rojísima.

— ¡Nada que ver! — Espeta indignada. Sonrío desagradablemente.

—Noelle por favor, quedamos en no mentirnos.

— ¡Cállate! Eso va para ti.

—No es justo. — Miro mis uñas. — No reprimas lo que sientes. — Recito con voz suave

Se queda en silencio.

—Solo ve. — Escucho luego de unos minutos.

—Si me lo dices así, es difícil decir que no. — Le sonrío mientras me mira de reojo, sé que, en el fondo, está feliz por la noticia.

La verdad yo iba a negarme, pero tenerla cerca es mejor que cualquier plan maligno que tenga papá. Me mira con los ojos brillantes y acaricia mi mejilla, trago saliva, eso me hizo sentir algo nerviosa, es algo que nunca sabrá.

— ¿Entonces ...? — Bromeo para disimular. — ¿Qué somos?

—Dentro de poco, compañeras de trabajo. — Me mira aguantando la carcajada. Hija de ...

—Bueno, alguien querrá ser mi algo más. — Espeto orgullosa. Hasta que esta vez soy ya la que termina viendo el techo de espaldas en el sofá.

—Ni en broma. — Noelle se recuesta sobre mí un poco asesina.

Esto me gusta. La miro creída.

—No me jodas Noelle ... tengo algo que pedirte. —La miro transmitiendo sinceridad.

— ¿Ah sí? — Sus mejillas se ruborizan

—Sí...

— ¿Qué es?

— ¿Podrías alimentar a Tom, está esperando en la cocina?

Sus manos, que acariciaban suavemente mis hombros, los azotan contra el sofá, va a darle de comer mientras me regocijo en mi dulce broma, oh sí.

[…]

Gabriela.

Despierto y le doy una nalgada al cuerpo desnudo a mi lado.

— ¡Aush! — Gruñe Charlotte adormilada.

— ¡Llegaremos tarde!

— Cinco minutos más. — Abraza la almohada y sonríe relajada.

—No es mi culpa que andes calenturienta en la noche. — Le advierto como la mujer abusada en la relación que soy.

Abre un ojo, asesina.

—No te vi negándote.

—Es porque soy entregada, obediente, sumisa, calmada, tranquila ... — Empiezo. — Respetuosa, paciente ...

—Ya ... — Me calla. — Entendí.

—Iré a hacer el desayuno. — Digo dolida. Hasta que antes de que me levante, toma mi cintura y termino recostada con ella en la cama.

—Abrázame. — Dice bajito.

—Amor, enserio. Vamos a llegar tarde. — Van a empezar a sospechar de nuestra ninfomanía. De todos modos. La abrazo ¡es tan linda! me dan ganas de entre pellizcarla y apretarla ¿O apretarla mientras la pellizco?

Comienza a besarme el cuello. Oh dios, camino sin retorno ‘’¡Danger!’’ ‘’¡Danger!’’ ‘’¡Danger!’’

— ¿Por qué pones esa cara? — Charlotte se carcajea.

— La piscina comienza a llenarse. — Digo cortante.

— ¡¡Ay, Gabi!! – se queja en mi cuello con una risotada ... me dio cosquillitas. — Siempre sales con tus cosas raras.

—Es que mis neuronas te aman. —Le doy un beso apasionado. — ¿Quieres jugar? — Muevo las cejas. — Grr.

—Siempre. — Bromea ruborizada.

Una hora después.

MEDIA HORA DE RETRASO, JESÚS, MARIA, JOSÉ, LOS ÁNGELES, ¡VIRGEN DE LA GUADALUPE!

¡Me van a echar! ¡Me van a echar! ¡Me van a echar! Llego con mi uniforme arrugado y el cuello con manchas sospechosamente sexys, corro al ascensor y me miro al espejo preguntándome; Gabriela. ¿Por qué eres así?

—Tarde Rivares. — Veo a una idiota de cabello rojo con una libreta.

— ¡¿QUÉ HACES AQUÍ?! — Exclamo feliz provocando un sobresalto en la gente adormilada.

—Somos colegas. — Sonríe Christine entre mis brazos, me sorprende que me abrace también a mí.

—Se sienten tan bien tus abrazos. — Bromeo estilo damisela con la mejilla apoyada en su hombro.

—No te vas a salvar de la lista de atrasados. — Me mira con maldad.

— Por favor, Christine ¡En el nombre del amor! — Gimoteo. La miro con los ojos brillantes y ella levanta una ceja, sostenemos la mirada por largos minutos.

—Yo no te he visto. — Dice colocando la lista tras su espalda.

— ¡Te amo! — Beso su mejilla y me voy corriendo. Antes de entrar a consulta escucho su voz reprobatoria.

—Tarde Noelle, Amonestada. — La veo anotar en su lista con una sonrisa pesada. Aunque como está de espaldas a mí, claramente veo que nada más hizo el amague.

— ¡ES TÚ CULPA! — La mira Noelle roja.

—No debiste irte en la noche. — Dice sin más dándole la espalda.

—Te odio.

—Por favor compórtate, estamos en el trabajo. — La mira de reojo con desaprobación. Camina por el pasillo y Noelle entra enojada, ni siquiera me mira cuando azota la puerta.

Rodeo los ojos, estas no cambian. Es su forma de decirse te quiero.

Suena mi celular ¡Carajos! ¡Dejen a esta sensual asalariada ganarse el pan!

— ¿Alooó? — Canturreo

—Gabriela, ¡hay cena el sábado diecinueve! ¡Adiós te amo! — Mamá me corta.

Si esta así de emocionada ... Algo deberán anunciar.

'' ¡Carajos, ojalá no esté embarazada! No más Henrys''. Bromeo internamente.

A la hora de almuerzo, me pongo de pie para ir por Noelle.

— ¡Eres una idiota!

— ¡Carajos solo es un día!

— No te atrevas a decirlo, ¡y son diez horas! ¡¿Cómo puedes ser tan egoísta?!

—No se va a morir. — Escucho la voz atareada de Christine. Pego mi frente contra la puerta, par de idiotas, esto ya se extrañaba.

—No puedo creerlo. — Salgo y Noelle está indignada.

— ¿Qué ocurre Noelita? — Digo aburrida acercándome. Christine aguanta la risotada y Noelle la mira asesina.

—Respóndele Noellita. — Dice cruel.

—Se le olvidó alimentar al gato.

— ¡Tan pronto adoptaron! — Me sorprendo. — Claramente no sirven para eso.

— ¡Jódete! — Me responden coloradas.

—No se va a morir, llegando en la tarde lo alimento.

—Que no se te olvide. — Noelle arruga la nariz.

— ¿Cómo se te ocurre? — Le sigue Christine. Esto no va a parar ...

—Iré a comer. — Digo negando con la cabeza.

— ¡Oye espérame! — Escucho la suave voz de Noelle.

— ¡Yo no te anoté! — Se enoja Christine.

— ¡¿Cómo que no la anotaste?! ¡¿Y a mí sí?!

Christine la mira atentamente y luego de unos segundos abre la boca

—Sí.

— ¡Argh! — Me enojo. — No te anotó ¿Podemos ir a comer?

— ¿Enserio? ¿Es verdad lo que dice Gabi, Chris?

Ella cruza los brazos y le pone más atención a la manga de su delantal.

— ‘’Seh’’.

— ¡Chris! — Se emociona Noelle.

Genial, ahora se pondrán a follar en el pasillo.

— ¿Qué esperabas? — Dice ésta sin mirarla. — Sería una estupidez volver si te echan.

— ¡O sea, que volviste por mí! — Noelle se ruboriza y le brillan los ojos.

—Bueno, ha sido un gusto. — Christine se gira con orgullo. — Cuídense.

Me dan risa.

[…]

Alejandra.

Kate salió con Caro y Elisa, después de hacerle prometer que andaría con el celular cargado y amenazar a ambas, (que no entendieron el porqué de mi actitud) me recuesto en la cama a meditar.

Dos …

Dos ...

Dos ...

Dios, solo espero que no sean como Gabi y Cristian. Son unos buenos chicos, pero muy inquietos y yo quiero estar a la altura de los míos. No me lo perdonaría si algo les ocurriese por mi negligencia ... Y diablos, Kate ... a Kate no le puede pasar nada o yo me muero.

Tengo tantos miedos y estoy tan ansiosa a la vez, si alguien me diera la opción de que todo salga bien con seguridad pagaría lo que fuese.

Sonrío con los ojos cerrados.

Los pequeños serán preciosos, ya me imagino al pequeño Alejandro, lo puedo ver como un niño tan dulce como Henry ... la niña, me produce todo un misterio. Por un lado, podría ser una pequeña Kate, por otro, prefiero no pensarlo. Suelto un par de carcajadas, es curioso poder idealizar a mi hijo, pero a mi hija no. Antes de dormir, supe que a Kate le pasaba lo mismo y ella ya tenía la corazonada que eran dos y le asusta. Eso no es bueno, así que le sugerí que se distraiga y con el dolor de mi corazón, que se aleje de mí una tarde.

No es de posesiva, es de miedosa.

Carajos, ahora comprendo el porqué de la actitud de Fer, tan apegada a Sandra cuando estaba embarazada. Antes podía salir sola, luego no quería apartarla de vista.

Quizá yo también necesite distraerme.

Sin pensarlo tomo mi celular y me lo coloco en la oreja esperando respuesta.

— ¿Aló? — Escucho a Fer. — ¿Ale?

—Fer, mi amor ¿Cómo estás? — Sonrío

—No te va a funcionar desgraciada. — Bromea. —Estoy jugueteando con mi hermosa bebé. — Me río al escuchar cómo le hace mimos.

— ¿Y Sandra?

—Salió con unas amigas, le hará bien.

—Kate igual. — Sonrío. — Hoy es día de distraerse.

— ¿Entonces por qué no vienes? ¿Tú que dices Sam? — Juguetea, se me sale una risita.

— Llego en cuarenta minutos, tenemos mucho de qué hablar.

—Oh, eso suena interesante ¡Te espero!

Cincuenta minutos después.

—Kate está embarazada. — Dejo salir luego de minutos en silencio con Sam en mis brazos. Fer abre los ojos más de la cuenta y queda petrificada. Por suerte tengo a la pequeña jugueteando con mi polera.

—No... — En eso su sonrisa crece a una enorme— ¡CARAJOS ALE! ¿CUÁNDO ESPERABAS DECIRMELO? — Su emoción me da risa y Sam se ríe al verme.

—Lo supimos hace poco. — Cuento emocionada moviendo las piernas. La pequeña es tan linda, tenemos una conexión especial de tía a sobrina, aunque no sea de sangre, yo la siento así. — Y eso no es todo ...

— ¡Ah no condenada! ¡¿Qué más te guardas?! — Se emociona pasando su brazo por mi hombro feliz y acariciando a la bebé.

—Son dos ... — Digo bajito.

Ahora sí que Fer queda con la boca abierta.

—Mierda Ale ... Oh mierda. — Se empieza a reír

— ‘’ ¿Y a ti qué bicho te picó?’’

—Es que me da risa, estoy muy feliz por ti y por mí como tía. — Me da un codazo de complicidad. — Pero carajos ... Siempre te sale lo más difícil ¿eh? — Se sigue riendo.

—Eso perra, búrlate. — Me indigno. — No les digas a las demás aún.

—Descuida.

Nos quedamos en silencio sonriendo.

— ¿Tienes miedo? — Pregunta de repente.

—Mucho.

—Me lo imagino. En estos momentos, queda ... esforzarse, dar lo mejor y disfrutar la etapa. — Dice acariciando la mejilla de Samantha. — Espero que todo salga bien Ale.

—Sí gracias, eso espero también. — Me sincero preocupada, ella me observa.

—No le contagies la preocupación a Kate. Ella ya tiene suficiente con los cambios que experimenta su cuerpo y su humor.

—Eso me dijo su madre, que no demuestre mis temores.

—Tiene razón. Si te comportas como que todo está bien ella se relajará y eso les llegará a tus hijos también.

Mis hijos … exhalo mucho aire.

— ¿Y cómo te sientes ahora? ¿Tienes ansiedad?

—Únicamente quiero que crezcan sanos. — La miro un poco emocionada, ella sonríe comprendiéndome. — Realmente quiero que sean felices y según mi suegra y mi prometida. — sonrío. —Serán un chico y una chica.

— Tendrás uno de cada uno ¿eh? — Se ríe mientras me palmea la espalda. — No hay problema Ale, ustedes lo harán bien yo lo sé. Además, la familia de Kate, jamás las dejaran solas. Es más, hasta creo que ustedes tendrán que alejarlos. — Bromea.

—Sí. Aunque aún no lo saben. En dos semanas lo anunciaremos, después de la ecografía.

—Será genial. — Baja la voz. — ¿Kate ha estado muy terrible?

—Casi me morí cuando se desmayó en el trabajo. — Trago saliva. — No quiero que ande sola ...

—Entiendo.

—Amanece con malestares, a veces no almorzamos en la cafetería porque el menú le dan ganas de vomitar. —Digo recordando el día de los mariscos.

—Guau ...

—Y otras anda bastante emocional.

—Trata de no cagarla. — Comenta rápidamente Fer. — Una vez le dije a Sandra q se veía ''bonita gordita''— Me empujó y se fue a la habitación llorando.

—Imbécil. — Me río

—Yo me emocioné porque dentro de ella estaba mi bebita. — Carga a Sam. — Pero ella lo vio de la peor forma.

—Uy. — Me asusto.

— ¿Y hasta cuándo trabajará? ¿Seis meses?

—No lo sé, ahora que lo pienso nunca lo hablamos ...

—Sandra se agotaba muy rápido después de los cinco meses. — Empieza, la miro con una ceja levantada. — Kate tiene dos.

Kate.

— ¡Vamos a beber! — Sonríe Elisa.

—Ahora que lo dices hace tiempo no lo hago. — Sonríe Caro

—Eh ... yo paso. — Digo poniéndome de pie. — Me tengo que ir.

— ¿Te controlan?

—Claro que no. — Digo seria, Ale no es ninguna enferma.

—Pero Kate ... — Caro hace un puchero.

—Antes eras chévere. — Empieza Elisa

—Sí... ¡¿Te llego la edad?! — Escucho. Levanto una ceja irritada.

— ¿Quién se supone que me sacará a rastras? — Elisa finge que llora.

—Caro. — Respondo caminando.

—Te obligaremos. — Dice esta última.

— ¡Si! — Me iban a llevar a rastras cuando exploto.

— ¡No puedo!

—Oye ... que ocurre, antes te reías. — Gimotea Elisa.

— ¿Estás mal del estómago? — Pregunta Caro.

— ¿O de otra cosa?

— ¿Te hicimos enojar?

—Sabes que no te obligamos. — Elisa me guiña un ojo. —Tanto.

— ¿Qué ocurre Kate? — Caro hace un puchero

—Sí... nunca te habías negado.

Mantengo la boca cerrada pensando que decir. Incluso mi vientre está algo más prominente, no puedo creer que lo hayan dejado pasar. Aunque con unas catorce semanas no es mucho.

—No puedo beber porque ...

—Porque ... — Repiten a unísono.

—Yo ...

—Yo. — Bromean.

—Estoy ... — Me miran raro

—... Embarazada. – Confieso.

...

— ¡¿QUÉ?! – Grita Caro

—Es una broma ... — La mira Elisa. — ¿O no? — Abre los ojos sorprendida.

—No es ninguna broma. No puedo beber por esa razón, estoy embarazada.

—No ... — Dicen ambas

...

— ¡KATE! ¡KATE! ¡OH, DIOS! ¡OH, DIOS! —Caro se tapa la cara y en un movimiento rápido me abraza. — ¡No puedo! ¡¡No puedo creerlo!! Si es una broma, te juro que no te la perdono.

—No es ninguna broma ... —Murmuro

—Kate ... — Elisa sonríe. — ¡Felicitaciones! — Me aprieta y besa mi frente. — Perdón bebé, pero tu tía es un desmadre. — Toca mi vientre. Me río un poco emocionada, últimamente todo hace que salgan lágrimas de mí.

—Creo … que alguien más merece las disculpas.

—Como que alguien más ... — Caro abre la boca cómicamente. — ¡NO! — Grita.

—Mierda Kate ¿¡¡Son dos!!? — Elisa pone ambas manos en sus sienes.

—Sí. —Sonrío. — Son dos.

—Esa Ale ... yo te dije que te cuidaras. — Bromea Elisa

—¿Y cómo lo tomó? Debe estar muriend

…