Capítulo 21 de Mi Pareja Perfecta 2, de brity

Cambio de planes

Nos quedamos mirando. Yo con la boca cerrada, las cejas rectas, los ojos muy abiertos aún sin poder creérmelo y Kate probablemente sin digerirlo. Pestañea y lentamente sus comisuras se elevan formando una sonrisa; no sé cómo demonios, pero mi cara imita sus acciones, hasta que nos sonreímos mutuamente y ella se lanza encima de mí.

El resto rompe en aplausos y debo admitir que me sorprendí, se me olvidó que estaban aquí.

— ¡No puedo creerlo! — Exclama Leo.

— ¡Dijo que sí! ¡Dijo que sí! — Salta Gabriela golpeando la mesa.

—Mi bebé se va a casar. — Escucho un gimoteo de mi futura suegra.

¡Estoy comprometida!

—Kate. — Suspiro entre toda la emoción sin soltarla. A pesar de que estamos en el suelo. — Te amo.

—Yo también a ti. — Susurra débilmente. Miro su rostro lloroso y el brillo que hay en sus ojos, la beso sintiendo algo especial, inexplicable.

Algo nuevo.

—Ya sabía que valías la pena. — Asiente el pesado de su padre.

Nos ponemos de pie y le coloco el anillo a Kate un poco avergonzada entre los aplausos de su familia y las bromas de Gabi.

Solo puedo sonreír.

Dos horas después.

Kate.

Después de que se me pasara la impresión y la sorpresa ... ¡De verdad no me lo esperaba! ¡por eso tantas visitas a mi casa! Aunque Ale siempre se ha llevado bien con todos ellos.

Debo reconocerlo, soy un poco cliché, quizá sean las novelas románticas que leía o no lo sé, pero no esperaba que Ale incluso se arrodillara... admito que lo había fantaseado antes.

Suspiro.

Miro mi anillo, veo la piedra azul que lo adorna, dejo algunas lágrimas salir, después de todo. Hoy es nuestro día y todos los demás... sin pensarlo mucho acaricio mi vientre, pensando en si funcionó o no y en lo que representaría tener dos asuntos que tratar. Trago saliva, supongo que esperaré a ver qué pasa.

Oigo unas risas y la puerta de nuestra habitación de vacaciones se abre, Ale me sonríe del umbral y yo lentamente me giro del balcón, camina hacia mí y yo no aguanto y corro hacia ella. Me levanta del suelo y nos damos un abrazo largo, de esos que dicen tantas cosas ... lo necesitábamos en privado.

—Te amo. — Digo llorosa por enésima vez … nunca me cansaré de decirlo.

—Y yo a ti. —Susurra. — Sé que puede ser idiota la pregunta, pero ¿lo hice bien? — Me mira preocupada y luego dirige la vista a sus pies. Reprimo mi sonido de ternura y acaricio sus manos.

—Fue perfecto, así como únicamente puedes hacerlo tú. —Ay no. Malditas lágrimas

—Kate … — Sonríe lentamente y se ruboriza. — No me la dejaste nada de fácil. — Se recupera.

— ¿Por qué? — Elevo una ceja coquetamente.

— Porque eres jodidamente perspicaz. — Cruza los brazos. — Siempre adivinas lo que pienso, es un milagro que esto no.

—Ni se me pasó por la cabeza que lo planeabas. — Ale se sienta en la cama y me deja un espacio, me siento al frente de sus piernas, nos abrazamos y acaricio su mejilla con la mía. — ¿Es idea mía o así estábamos cuando nos besamos por primera vez?

—Sí... — Ale abre un poco más los ojos y sonríe abiertamente. — Es verdad ¡Así fue! — Pone cara soñadora. — ¿Y qué estás esperando? — La molesto. Me mira de reojo y se ríe algo nerviosa.

— ¿Te da vergüenza? Recuerdo que no te costó nada abusar de mí en ese momento. — Me victimizo.

En realidad, la molesto un poco para que se atreva.

— ¡Pero si tú te acercaste también! — Enrojece.

— Ni que fuera de fierro. —Me indigno.

—Pero caSí. — Me molesta.

— ¡¿Cómo puedes dec …?! — Me besa. Estúpida Ale, la amo. Se separa un poco, sonreímos y nos volvemos a acercar.

Pero esta vez Gabi no nos interrumpe.

Ale me recuesta en la cama y se coloca suavemente sobre mí, nuestro beso aumenta de intensidad, acaricio el borde de sus jeans del extremo de sus caderas, hacia el centro pero sin propasarme de ir más allá.

Me separo dándole besos cortos.

— ¿No deberíamos esperar después del matrimonio? — Sugiero. Se ríe roncamente besándome el cuello con impaciencia.

—No. — Susurra. Me rio un poco hasta que me muerde el cuello, le desabrocho el pantalón y nos giro, dejándola abajo y le arranco la blusa sin cuidado.

Nos besamos como almas que lleva el diablo mientras ahora ella, me quita la ropa a mí.

— ¿No nos oirán? — Escucho a Ale mientras me baja el pantalón.

—Tendremos que ser más silenciosas. — Le aclaro bajándole los suyos. — ¿Dejaste la puerta con seguro?

—Eh … — Me mira culpable, ya sabía yo … la miro fingiendo estar enojada y voy a cerrarla, cuando me quiero devolver, el peso de Ale, me presiona contra la puerta mientras sus manos me acarician.

—Oye. — Digo juguetonamente. Se ríe con suavidad, me doy vuelta y nos besamos, mi espalda choca con la madera, espero que no se haya escuchado.

Rato después.

—No tan fuerte. — Suspiro. Se están escuchando golpecitos.

—Oh, no importa. — Dice Ale más preocupada de darme placer.

—No, oye. — Empieza a moverse mucho, siento su pulgar acariciarme. — ¡Ale! — Le muerdo el cuello para que no me oigan gemir. Me esfuerzo minutos para que no se note y me parece que más le gusta, hasta que caigo rendida apoyándome en su hombro, le beso el cuello notando la fina capa de sudor que la recubre.

—Idiota. — Digo cansada. Ha sido un largo día.

— ¿Quieres seguir? — Pregunta Ale como por instinto.

—Ah no, jovencita. — Bromeo. — Hemos llegado hasta aquí. — Me mira con una media sonrisa retrocediendo a cada empujón que le doy hasta que cae a la cama, me apoyo con ambas palmas rodeando su cuerpo y acaricio su nariz con la mía. — Así que acepta a las consecuencias. — Bajo lentamente besando su lindo cuerpo, la amo, amo cada parte de ella.

—Kate. — Suspira cuando llego su entrepierna.

— ¡Shht! —Le advierto. Ale se cubre como puede la boca, con la mano izquierda.

[...]

Christine

Asunto pendiente número 1

Entro a la mansión de mi familia, se encuentra desolada y claro, son las una de la mañana. Me topé con la sirvienta que prácticamente me crio junto con mis ajetreados padres, le sugerí que se fuera a descansar.

Probablemente esto se pondrá feo.

Tomo el ascensor pensando en que decir y decido no dejar de ser yo. Sí... soy terrible pero clara. Conozco tanto a mi padre que sé que aún se encuentra en su oficina, preocupado de controlar todo y no contratar alguien que le ayude y no lo culpo, soy igual de desconfiada. Quizá ahora no tengo a nadie más que mamá para confiar.

Sin darme cuenta llego a la puerta, inhalo pensando en muchas cosas, en la locura que voy a hacer. No puedo creer que llegué a este punto. Me río amargamente y toco.

—Pase. — Escucho la voz extrañada de papá.

—Hi. — Saludo como si nada.

— ¡Christine! No te esperaba hasta mañana, tenemos una cena. ¡Está todo listo! — Refriega sus palmas con emoción como siempre que sus negocios resultan satisfactorios.

—Sí, de eso quería hablarte …

Él sonríe, se toca parte del canoso cabello con petulancia. Me recuerda a mi hace un tiempo.

—Espero que sea porque vendrás acompañada de Enrique. —Me guiña el ojo. — Si es por eso únicamente es hasta mañana. —  Bromea confidencialmente; hago una mueca similar a una sonrisa.

—Descuida, mañana llegaré con él. — Exclusivamente por el hecho de que tengo que zanjar un asunto de inmediato. Pero hoy no vengo a eso, ese es el punto dos.

— ¿Y bien? —Me mira expectante mientras saco un sobre.

—Es mi carta de renuncia.

…

— ¡¿Qué?! — Su rostro se crispa por la sorpresa

—Eso.

— ¡Pero tú eres la cabeza del hospital!

—No. Ese eres tú, yo soy la que trata … trataba. —Vuelve a sorprenderse. — De serlo.

— ¿Cómo que tratabas? ¡¿Qué es más importante que el sueño de toda tu vida?!— Mi pecho se aprieta y exhalo, cuando vuelvo a atender la conversación no para de hablar.

— … ¡No entiendo tu actitud! ¡Me rogabas que te lo cediera desde que eras niña! ¡Qué rayos te sucede Christine!

— … — Veo como camina en círculos tras su escritorio, hablando sin parar.

— Sé que no me lo ibas a dar después de la cena. Sé que me lo darás algún día, pero si espero a ese día y sigo haciendo méritos y méritos voy a empezar a perder todo lo que tengo. Acabo de perder. — Mis ojos arden. — A alguien muy importante por conseguir esa maldita firma para ampliar el lugar y me di cuenta tarde de que no lo necesito tanto como a ...

—Ah, ¿estás haciendo esto por un tipo? — Me mira como si no se lo pudiera creer.

Inhalo, exhalo. Y así sucesivamente. Respiro profundo

— ... Yo... me enamore de una chica papá. — Abre los ojos de golpe y vuelve a achicarlos, veo la vena que se le suele asomar cuando se enoja. — Bueno es mayor que yo. — Sonrío. No le diré que es Noelle o perderá su trabajo. — Y para mí, vale más que el hospital.

—Christine. — Se sienta y se sirve un trago de lo que parece brandy. — Es … una estupidez.

— No.

— ¡SI LO ES! — Grita.

—No. — Que sueñe si quiere asustarme, aunque me da pena que reaccione así. Quiero largarme … — Si te sirve de consuelo ya la perdí. Renuncio y no quiero el hospital. — Salgo apresuradamente y veo a mamá mirándome del pasillo, seguro que los gritos de papá la atrajeron. Sin decir nada, ni mirarla siquiera; voy al jardín, tomo mi auto y conduzco a mi departamento. Sera mi propio secreto lo que llore hoy, después de todo es mi familia y nunca me faltó nada. Se vienen días más difíciles aún.

No quiero más.

Nunca me había dado cuenta de lo sola que estaba, hasta que conocí a Noelle y ahora, debe estar con esa … Trato de no divagar. Porque juro que chocaré a propósito si eso sucede.

Asunto pendiente número 2.

Esto de estar sin trabajo no está mal. Me parece que estar tan preocupada y ansiosa por el futuro hizo que no diera todo de mí en las cosas como debía, no disfruté el día a día como Noelle. Sonrío a mi pesar, incluso mi carrera la he desaprovechado. Creo que pediré empleo en un lugar normal, haré por primera vez un trabajo del que me sienta orgullosa y sea una más del montón … o lo más parecido que se pueda.

Miro mi vestido perfectamente colgado en el closet. Así como conozco el protocolo, sé que papá aún me quiere ahí en esa fiesta fingiendo que todo está bien. Que hay un romance de cuentos con el otro niño rico, casi un príncipe. Mi última acción buena del día, en que probablemente sea la última vez en mucho tiempo que vea a mi padre, será fingir felicidad y que todo le salga bien. Así a nuestra manera le doy las gracias por todo, soy su hija y puede seguir contando conmigo.

Sin embargo, Enrique, terminaremos esto hoy mismo.

[…]

Noelle.

Salgo del trabajo, miro la puerta de Christine, odio que sea tan irresponsable... no es nada mío y aún pienso de la misma forma como cuando la retaba. Que estúpida soy.

Justo cuando veo a Gabi salir, me abrazan por la espalda.

—Hola amor. — Me susurra, me da un escalofrío.

— ¡No aparezcas así idiota! — Maldita Elisa. La miro con molestia mientras se ríe. Gabi sonriendo la abraza.

—Oye petarda, no hace falta que te pongas cariñosa hoy. —Bromea Gabi mientras mi falsa novia juega con su cabello.

— ¿Y eso por qué?

—No vino. — Comento sin mirarlas y camino a mi casa.

Para mi sorpresa corren hacia mí, estando yo al medio, cada una pasa su brazo por mi hombro abrazándome y deteniendo mi escape.

—Un momento. — Dice Gabi.

—No tienes por qué terminar la fiesta.

— ¿De qué rayos hablan?

—Anímate Noellita. — Comenta la pesada de Elisa.

—No me digas así.

—Como sea, distráete. No puedes estar así por siempre. — Me mira seria, después de todo ... somos amigas.

—No sé.

—Vamos a conversar, bebamos, comamos, ¡bailemos arriba de las mesas! — Celebra Gabi mientras una familia pasando, la mira extraño. —Era broma. — Arruga la nariz.

—Imbécil. — No reprimo la carcajada. Par de enfermas, me hacen sentir mejor. — Vamos.

— ¡Esa es mi Noellita!

— …

[…]

Christine

Saludo a Enrique. Me lleva muy ufano por mi propio Hall. Bueno, ya no lo es … Papá sonríe como siempre, claro si no tuviese una mirada fría y unas ojeras enormes me lo creería, mamá me mira con cara de que tenga compasión; en lo personal, esto ya me lo esperaba.

—La pareja más distinguida de este lugar. —Nos guiña el ojo el padre de Enrique.

Maldito calvo.

—Somos amigos papá. — Dice él con los ojos brillantes.

Bien, este tipo no es una mala persona y agradezco que respete mi espacio, pero no. Es justo para él que luego de esto termine toda la estupidez.

Luego de eso, solo son sonrisas, bebimos, comimos y nos reímos con gente que desde luego Enrique y yo, (pertenecemos a la misma sociedad) hemos visto un par de veces al año desde que tenemos edad para influir en el éxito de la familia. Ya sea con logros escolares, o simplemente lucirnos por nuestro encanto … o algo así, tratándose de mí.

—Enrique, necesito hablar contigo.

—Claro. — Sonríe exhibiendo por lo que parece ser un nuevo blanqueado de dientes.

Salgo al balcón y me sigue.

— ¿Entonces? — Coloca un rostro coqueto a propósito.

—Nada, quería … pedirte disculpas. — Aush, eso sonó horrible.

— ¿Por? No tienes por qué pedir disculpas. — Arruga la frente.

—En realidad sí … escucha, no debimos salir ni nada, lo hacía porque … —No echaré lo de papá a perder. — Quería olvidar a alguien. — Digo rápidamente. — Aunque no somos nada, te hice creer algo que no es.

— ... — Es curioso, pero por primera vez, no tiene algo que decir, eleva las cejas en señal de restarle importancia, estira un poco los labios en una mueca y se larga.

Bah, ¿y mi escena de novela dramática?

Me preparé hasta por si se ponía ''hijito de papá'' y no ocurre nada.

— ¿Christine que ocurre? — Entra papá. — Enrique salió rápido y se fue.

—Ve a consolarlo entonces. — Me indigno. Enrojece y abre la boca

— ¡Acabamos de cerrar un contr …!

—Acabas. — Le aclaro, yo ya no tengo nada que ver. — ¿Teniendo su firma ya es tuyo no?

—Sí, pero esto no es lo que esperaba. — Y ahí sale a flote la personalidad Edwards.

—A veces las cosas no son como uno las espera papá. — Digo apesadumbrada. — No todo se puede planear. — Dejo mi copa y me voy.

Sin duda el asunto pendiente número tres, será el más complicado y el más triste de todos.

Inhalo, exhalo. Me doy ánimo. Es una mejor terapia que atiborrarme de alcohol de nuevo. Lo que más me motiva a no beber es mamá, no quiero ver esa expresión tan preocupada nuevamente en su rostro … y un poco en esa pesada de Gabriela, pero nunca se lo diré.

Conduzco tranquilamente por la brillante noche de la ciudad, esta es una de las razones por la que prefiero la ciudad a la naturaleza, amo ver las luces de los edificios y focos, siento que me dan vida, supongo que el ruido es un contra.

Cuando se me permite pasar al estacionamiento me acomodo en un lugar casi vacío, veo una botella de vodka en el suelo del asiento del copiloto, niego con la cabeza, que vergüenza. La tomo y al frente veo unos contenedores de reciclaje.

Vamos Edwards tu primera buena acción del día.

Salgo del auto, lo aseguro y camino lentamente como si la botella pesara mucho … la boto y se oye el ruido de los vidrios chocar, es algo terrorífico tomando en cuenta que está casi oscuro y completamente vacío.

Veo una caja a mis pies y levanto una ceja ¡Con un demonio! ¡¿La gente puede ser tan retrasada que no ve la palabra ''cartón'' rayada al frente!? Hmm, no es asunto mío, no tocaré la mierda de otros. Me giro y mando todo al carajo, doy un paso y escucho un ruido muy agudo. Me quedo de piedra, vamos Christine, finge que no oíste nada.

Otro sonido, suena algo extraño en una caja cerrada, trago saliva y la abro, esperando no ver lo que creo que veré.

Ahí está... Miro con asco una cosa peluda que me mira expectante, sus ojos brillan a la sombra de la noche y su cara se mantiene impasible hasta que deja salir un seco y cansado maullido.

—No puede ser … — Susurro viendo su pelaje gris, está algo opaco, debe ser por lo flaco. Mañana pasan a recoger la basura. Supongo que esto era la basura de alguien, siento un dejo de rabia. Odio a los gatos, pero eso no significa que los trate mal, simplemente los quiero lejos. Me pongo de pie y lo miro como si lo odiase, me incorporo y camino de vuelta, mis pasos se hacen más lentos a medida que maúlla como si me llamara.

— ¡Argh! ¡¿Por qué a mí?! — Gimoteo en mi soledad.

Me devuelvo rápidamente, tomo la maldita caja y lo llevo conmigo al ascensor. Me mira fijamente y pone una patita blanca en un extremo … vuelve a maullar.

—No ganaras nada bola de pelos, mañana te vas. — Le aclaro. Caigo en otro detalle ¡Estoy hablando con un gato!

Al entrar, abro bien su caja y la observo … nada. Parece que el plan era que muriera encerrado.

—Hum— Supongo que querrá comer …

Le dejo un recipiente con agua por mientras y bebe con absoluta confianza, se nota que estaba sediento. Levantando una ceja y preguntándome que rayos pasa aquí, saco una presa de pollo y la hiervo. ¡No tengo más!

Lo miro mientras la carne se cocina, es gris con patitas blancas, parecen zapatos … o botas ficticias. Sería una bola de pelos más presentable si estuviese más gordito. Arrugo la nariz; lo llevaré temprano al veterinario … no es que me importe, únicamente quiero que no me contagie alguna de sus asquerosidades. Además, es muy pequeñito, espero no pisarlo en la mañana.

Luego de una media hora le dejo la carne tibia y me voy a dormir, más le vale que se comporte y no sea un mal agradecido.

[…]

A la mañana siguiente.

Noelle.

Antes de entrar a mi consulta, miro por el rabillo del ojo hacia atrás, justo la puerta de en frente... nada. ¿Por qué no viene? muy hija del jefe podrá ser, pero entonces ¡para qué estudió medicina la muy idiota! Niego con la cabeza, no tiene nada que ver conmigo. Cerebro por favor te lo pido, supérala. Entro y saco de mi cabeza cualquier pensamiento que vaya directo a … esa.

[…]

Christine.

—Agradece que no te tiro a la basura. —Digo con la boca apretada. Le doy una ojeada en el asiento del copiloto mientras se apoya en la caja. El muy hijo de puta me dejó un regalo en la alfombra. ¡No me acordaba que estos bichos también tienen sus necesidades! Tengo tan poca experiencia en esto … recuerdo que papá tenía un perro, un hermoso pastor alemán, pero los empleados hacían todo. Nunca tuve que encontrarme con algo como eso. ¡Argh!

Entro a la veterinaria sin saber muy bien que hago ahí.

—Hola. — Me atiende una mujer en traje verde.

—Hola. — Digo secamente. Esto tiene un olor levemente desagradable, como el que olí esta mañana al encontrarme a este enano durmiendo en mi cama, específicamente en mi cuello. Lo vuelvo a mirar asesina. Pero ahí está, inocente mirando a todos lados.

— ¿Hay algún problema con su mascota?

—No es mi mascota. — Aclaro. — Lo encontré en una caja anoche y quiero saber cómo está. — Me mira como si le dijera algo falso y noto que retiene una sonrisa.

—Está bien, el doctor lo atenderá en unos momentos, mientras tanto. ¿Nombre?

— ¿¡Qué!? — La miro asombrada.

—Necesito hacerle una ficha … — Me mira.

—Carajos … — Dejo salir, lo miro y el gato me sorprende haciendo lo mismo y maullando. Vamos por parte … ¿Este pequeñín es macho o hembra?

…

—No sé qué es. —Digo bajito.

Por suerte esta veterinaria abrió recién y no viene nadie. Ella con paciencia lo toma de su caja y le echa una mirada, el gato me mira. No podría describirlo, pero estoy segura de que fue con reproche.

¿Estoy volviéndome loca o qué?

—Es macho.

Genial, lo que me faltaba. Otro idiota que tolerar … pienso un poco, tiene cara de …

—Tomás. — Digo sin más. El gato no dice nada, pero como me miro bien, supongo que … ¿Le gusta?

—Pensé que demoraría más. — Me mira asombrada. — ¿Apellido?

— ¿¡Apellido!? — Me espanto, ¿¡esta cosa tendrá mi apellido!? — ¡¿Qué rayos significa esto?! — Ella se ríe y me mira casi con ternura.

—Es para asociarlo a su dueño, en este caso dueña. Pueden haber más Tomás.

—Edwards. — Digo enojada. Sonríe.

Veo como garabatea en la hoja ''Tomás Edwards'', suelto una carcajada irónica. De ser un gato abandonado en la basura a un Edwards. No la cuentas dos veces pequeño espanto.

Al e

…