¿Cómo crear un personaje memorable?
Por tía FriBuk ·
Un personaje perfecto suena irreal: correcta, sano y absolutamente olvidable.
Preguntate. ¿Somos así las personas?
Los personajes que nos acompañan años después de cerrar el libro no son perfectos. Son reales. Los recordamos como si los hubiéramos conocido: ¿Cómo hablaban? , qué los hacía reír, qué amaban u odiaban, qué decisión y pensamiento nos dejó con el corazón en la mano.
La buena noticia es que crear un personaje memorable no depende de ningún talento secreto. Depende de conocerlo bien. Vamos por partes.
¿Por qué un personaje perfecto no funciona?
Porque nadie es así. Un personaje que siempre hace lo correcto, nunca duda y lo sabe todo puede ser admirable, pero rara vez es interesante. Lo que nos acerca a un personaje son sus grietas: sus miedos, sus manías, sus contradicciones.
Alguien puede ser valiente para defender a un amigo y cobarde para decir «te quiero». Puede ser generoso con todo el mundo menos consigo mismo. Eso es una persona. Lo otro es un folleto. ¡Incluso tía fribuk tiene sus momentos!
Pregúntate en qué se equivoca tu personaje, qué parte de sí mismo esconde y qué haría que perdiera la calma. Ahí empieza lo bueno.
¿Qué quiere tu personaje y qué se lo impide?
Todo personaje memorable quiere algo. Puede ser enorme, como salvar su mundo, o pequeño, como que su madre lo escuche por una vez. Lo importante es que lo quiera de verdad.
Justo enfrente de ese deseo, pon un obstáculo: un miedo, otra persona, una regla, su propio orgullo. La historia nace en ese choque entre lo que el personaje quiere y lo que se lo impide.
Después piensa hasta dónde llegaría. ¿Mentiría? ¿Traicionaría a alguien? ¿Renunciaría a algo que ama? Las decisiones difíciles dicen más de un personaje que diez páginas de descripción.
Y te lo digo con cariño: si tu protagonista no quiere nada, el lector tampoco va a querer seguir leyendo.
¿Qué detalles hacen inolvidable a un personaje?
A veces es un detalle: una frase que repite, un objeto que nunca suelta, la forma en que se ríe, cómo se toca el pelo cuando miente.
Esos detalles funcionan como una firma. El lector los reconoce, los espera y, con el tiempo, los asocia con el personaje. No necesitas muchos: uno o dos bien elegidos valen más que diez adjetivos. No le cuelgues un llavero de rasgos.
Mira estos ejemplos:
1. Joven mago con una cicatriz en la frente. ¿A quién lo asocias?
2. El Chavo del 8: Su gorra a cuadros con orejeras y su barril.
3. Mary Poppins: Un paraguas con cabeza de loro en el mango.
4. Luffy (One Piece): Un simple sombrero de paja con una cinta roja.
5. Wolverine: Tres garras de metal que salen de cada uno de sus puños.
6. Indiana Jones: Su látigo y sombrero fedora de explorador.
El tip de tía FriBuk: déjalo suelto
Crea a tu personaje y déjalo interactuar en tu imaginación o en tu escrito. Ponlo en una situación cualquiera (una fila del supermercado, una discusión, una mañana en que todo sale mal) y observa qué hace. Incluso júntalo con otro personaje y deja que interactúen.
Verás cómo, poco a poco, empieza a tomar decisiones que no tenías planeadas y su historia se va desarrollando sola. Es una de las partes más hermosas de escribir.
Sí, a veces te va a desobedecer. Es buena señal: significa que está vivo.
Preguntas para conocer a tu personaje
Antes de escribir, responde estas preguntas. No todo tiene que aparecer en la historia: basta con que tú lo sepas.
• ¿Qué es lo que más desea en este momento?
• ¿Qué es lo que más le asusta?
• ¿Qué secreto no le ha contado a nadie?
• ¿Qué hace cuando está nervioso o enojado?
• ¿Qué diría de él su mejor amigo? ¿Y su peor enemigo?
Y no, «es misterioso» no es una personalidad. (Le pega un reglazo a la mesa*)